La mentalidad del trabajo esclavo no es una idea que se pueda extinguir muy rápido

Revista Nº 186 Nov.-Dic. 2014

Entrevista realizada por Javier N. Rojas a Manoel Toledo 

Magistrado de la justicia laboral brasilera y catedrático de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais 

En entrevista con la Revista ACTUALIDAD LABORAL, este magistrado habló sobre la realidad del derecho del trabajo en su nación.

ACTUALIDAD LABORAL: ¿Cómo es la estructura de la justicia laboral en Brasil?

Manoel Toledo: La rama de la justicia laboral de Brasil es completamente especializada. Esta empieza en el primer grado, en el que están los juicios laborales de primer grado o de primera instancia. Enseguida, tenemos los tribunales regionales del trabajo, que son órganos jurisdiccionales laborales de segunda instancia, hay 24 en el país. Y más arriba está el Tribunal Superior del Trabajo, que tiene su sede en la ciudad de Brasilia, y que funciona como una tercera instancia de la justicia laboral brasilera. Entonces es una justicia completamente especializada que cuenta con, más o menos, 3.000 jueces laborales y unos 30.000 empleados judiciales.

A. L.: ¿En Brasil es factible recurrir a la figura de casación?

M. T.: Sí es posible. La tercera instancia, que tramita el Tribunal Superior del Trabajo de Brasil actúa, fundamentalmente, examinando lo que sería el equivalente a los recursos de casación. Para nosotros, tienen otro nombre, pero sería el equivalente al recurso de casación. Es decir, recurso de naturaleza extraordinaria solamente para algunas causas del Derecho muy específicas, pero que puede conducir, en alguna medida, a la anulación del proceso judicial.

A. L.: ¿En cuál instancia se cierran los procesos laborales?

M. T.: La gran mayoría de los casos se cierra en la segunda instancia. Pero siempre está abierta la posibilidad de llegar al Tribunal Superior del Trabajo y desde ahí es factible pasar a la Suprema Corte de Justicia; es mucho más difícil, pero sucede. A mi juicio, el sistema legal recursivo brasilero es muy largo para causas laborales que tienen naturaleza alimentaria. Es decir, el trabajador, regularmente, no puede esperar tanto; necesita de una solución más rápida.

A. L.: ¿Cuánto tiempo pueden tardar las instancias primera y segunda?

M. T.: Eso dependerá solamente de la complejidad de la causa y de la realidad de cada uno de los tribunales regionales, que no es la misma. Los tribunales regionales, por ejemplo, de São Paulo, de Minas Gerais, de Rio de Janeiro, que son Estados con población más grande, tienen más carga de trabajo. Pero podría decir que hoy se tarda unos seis meses, en la primera instancia, y uno o dos años, en la segunda.

A. L.: ¿Y en qué lapso se puede resolver un asunto de casación?

M. T.: Como cuatro o cinco años. Entonces, la posibilidad de casación es algo muy complicado, porque el juicio se puede demorar muchísimo.

A. L.: ¿Es probable que un trabajador tenga acceso al recurso de casación?

M. T.: No es una cosa muy común, pero tampoco se puede decir que sea imposible. Sucede con alguna frecuencia, porque las posibilidades están algo abiertas. Incluso, un tema que hoy se discute mucho, en Brasil, es la necesidad de una suerte de uniformidad de la jurisprudencia, precisamente, para que las cosas una vez que estén debatidas y decididas, en los últimos grados (instancias), no pasen más allá de la segunda instancia. Es decir, se debate la manera de lograr que los jueces de los grados de abajo (del sistema judicial) decidan de conformidad con aquello que ya se entiende como consolidado arriba. O sea, unificar el criterio de los jueces en torno a temas de asuntos repetitivos.

A. L.: ¿Cuáles son los principales factores del mundo actual que han generado cambios en el derecho laboral?

M. T.: En las últimas décadas se han presentado como unas olas de flexibilización, es decir, de volver la legislación laboral algo más flexible. Pero, nosotros, que somos del área laboral, sabemos que esa flexibilidad, en realidad, significa precarización, menos derechos y más explotación. Y otro punto que ha generado mucha controversia es la cuestión de la tercerización, que también está relacionada con la supuesta flexibilidad, pero que, normalmente, precariza muchísimo los derechos de los trabajadores. Y esa precarización es universal, pasa en Brasil, en Argentina, en Colombia. Incluso, las dudas jurídicas (entre los distintos países) son idénticas sobre esta materia.

A. L.: ¿Cómo ha asimilado esa situación el derecho laboral brasilero?

M. T.: Todavía está en curso, porque en los años noventa hubo una gran ola de flexibilización mundial que atendió, así mismo, Brasil. Y creo que no nos recuperamos totalmente de esa ola. Todavía estamos peleando con ella. Pero hay peligro de que venga otra ola. No sé si vamos a soportar dos. Casi nos ahogamos con la primera; apenas ahora estamos saliendo a flote. Si viene la segunda ola, puede que nos hunda de una vez. A mi juicio, el derecho laboral tiene que quedar consistente, y lo más fuerte que pueda, porque es una garantía de la democracia, en última instancia. Países que tengan niveles de pobreza, por periodos muy largos, serán naciones donde la democracia estará siempre en una situación de peligro, y eso me parece muy importante que se comprenda bien.

A. L.: Frente al fenómeno de flexibilización, ¿se han modificado las normas laborales?

M. T.: Sí, En los años noventa hubo unas modificaciones, aunque no muchas. Pero siempre se está intentando en el parlamento, introducir nuevas modificaciones a raíz, justamente, de las ideas de flexibilidad. Entonces, se dice que se va a permitir la tercerización en todas las actividades, porque es bueno para la economía. Hay siempre un gran deseo de poner la economía por encima de las personas, y el derecho del trabajo no razona así. Para este, las personas deben estar por encima de la economía. Ese es el gran punto de divergencia entre los laboralistas y los economistas, porque, para ellos, la economía es todo; para nosotros, el ser humano siempre debe estar primero.

A. L.: ¿Qué impacto tuvo esa flexibilización sobre los derechos de los trabajadores?

M. T.: Se manifestó con precarización. Por ejemplo, una ley que facilitó la organización de cooperativas de trabajo lo que generó, en su época, fue una gran precarización de trabajadores que, de un momento a otro, se transformaron de asalariados dependientes en supuestos cooperados; hacían las mismas cosas y tareas, pero con un salario más bajo y con menos derechos. Era solamente una manera de retirar derechos a los trabajadores, pero su realidad laboral seguía siendo la misma, con subordinación, con dependencia; se cambió la forma para retirar derechos que la legislación confería a empleados considerados formalmente dependientes.

A. L.: Y ante esa realidad, ¿cómo actuó la justicia laboral?

M. T.: Reaccionó de manera muy eficiente, porque siempre repudió el fraude con mucha vehemencia y contundencia. Entonces, frente a una cooperativa que se percibía que no era real, sino que disimulaba a trabajadores dependientes, se declaraba el fraude y se responsabilizaba a sus organizadores. La justicia laboral brasileña siempre fue muy incisiva y muy firme en no permitir que el fraude prosiguiera.

A. L: ¿Cómo ha incidido la firma de tratados de libre comercio (TLC) en el derecho laboral brasilero?

M. T.: Ese es un tema del que casi nadie habla, porque, en realidad, sobre el derecho internacional, tanto de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como de otros, incluso, de los TLC, normalmente, muy pocos discuten en el ámbito laboral. Y eso es una equivocación. Deberíamos discutirlos más, especialmente, porque los TLC quizás sean la clave para que impidamos la precarización laboral, puesto que se pueden establecer reglas generales para todos los países. Entonces, así un país no lo quiera, hay que respetar un mínimo legal.

A. L.: ¿Es importante la tecnología para impartir justicia?

M. T.: Sin duda, porque en Brasil se está desarrollando, hace ya un tiempo, como en otros países, el procedimiento electrónico, es decir, el proceso sin papel. Desde el computador se hace todo: se entabla la demanda, se contesta. Lo único que no se hace, por ahora, es la audiencia por videoconferencia. Pero cuando lleguemos ahí, entonces, se podrá manejar un proceso desde la oficina del juez; consultar y hacer todo desde allí. El procedimiento electrónico es algo que, seguramente, llegó para quedarse y está revolucionando la manera como nosotros tenemos que entender el proceso judicial, porque para alguien de mi generación pensar en un proceso sin papel es muy difícil.

A. L.: ¿Cómo ha cambiado, en los tiempos actuales, la relación entre empleador y trabajador?

M. T.: El principal cambio es que el empleado empieza a ser entendido como ciudadano, porque Brasil es un país que tiene una historia muy fuerte y muy complicada con la esclavitud; un país donde el trabajo esclavo duró tres siglos o más. Cuando se tiene un pasivo de esa naturaleza, la mentalidad del trabajo esclavo no es una idea que se pueda extinguir muy rápido, es una idea que va pasando de generación en generación. En Brasil, el empleado siempre fue visto como alguien que debería estar agradecido, por el sencillo hecho de tener un trabajo. Entonces, por recibir un sueldo, ya debería estar contento, no reclamar nada. Esa es una cultura que siempre fue muy fuerte en Brasil. Ha ido cambiando poco a poco; avanzamos mucho, pero todavía hay muchísimo que avanzar; establecer completamente la idea de ciudadanía dentro de la empresa aún es un desafío para los brasileros.

A. L.: ¿Qué alternativas existen en Brasil para darle celeridad al proceso laboral?

M. T.: La figura del embargo electrónico, que es una herramienta muy utilizada en todos los juicios, pero particularmente en los laborales, que consiste en que el juez, desde su ordenador personal, puede hacer el rastreo de todas las cuentas, de todos los activos financieros, del deudor y, entonces, determinar por vía electrónica el bloqueo del dinero necesario para cancelar la deuda del proceso laboral. Es una herramienta que se empezó a utilizar en Brasil, más o menos, en el año 2000. Fue mejorada a lo largo de los años, y hoy está bastante consolidada. Incluso, la legislación fue modificada para incorporarla formalmente, y es una gran herramienta de efectividad en los procesos laborales. Es decir, representa una manera de agilizar el trámite de la demanda laboral.