¿Persiste la discriminación laboral hacia la mujer?

Revista Nº 130 Jul.-Ago. 2005

De acuerdo con expertos consultados, unque la mujer ha profundizado su incursión en el mercado laboral, aún se requiere mejorar su participación en los cargos de toma de decisiones. 

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Actualidad Laboral 

Si bien el desarrollo de programas estatales y de la creciente actividad de las organizaciones no gubernamentales sobre equidad de género pueden haber mitigado la discriminación de la mujer en el mercado laboral colombiano, para algunas disciplinas todavía hace falta recorrer un largo camino.

“Las mujeres viven en permanente período de prueba en el trabajo”, afirma la ex ministra de agricultura Cecilia López, cuando describe el ambiente laboral que, en su criterio, las lleva a desplegar un esfuerzo constante, a fin de demostrar su capacidad para desempeñar a cabalidad el cargo que ejercen.

“Se debe reconocer que la mujer colombiana ha hecho tres grandes revoluciones”, destaca López y enuncia, en primer lugar, la educativa: “Hoy, en promedio, la mujer tiene un nivel educativo superior o igual al del hombre”, algo que no fue producto de una política explícita del Estado, sino de la decisión de un amplio número de mujeres que buscaron mejorar el nivel de capacitación.

La segunda revolución fue la demográfica y es considerada por la ex ministra como la más importante. Esa determinación “hizo que bajara la tasa de crecimiento del país de alrededor del 3% al 1,7%”. Hasta hace poco, explica, se consideraba una de las transiciones demográficas más rápidas en el mundo. “Lo hicieron las mujeres a pesar de los hombres y de las iglesias”, afirma, y agrega que, gracias a eso, el país no está en peores condiciones de pobreza, porque si la población estuviera aumentando al 3,5%, el ingreso per cápita estaría decreciendo de modo significativo.

La última fue la revolución laboral, adelantada, según la experta, no obstante los valores patriarcales que siguen vigentes en Colombia. “La mujer encontró en los ingresos producto de su trabajo un camino a la dignidad”, asevera López. Aclara que Colombia es uno de los países de Latinoamérica con más alta participación femenina en el mercado laboral, con una proporción importante de mujeres solteras vinculadas y con una productividad general que no decrece radicalmente con la edad.

La catedrática e investigadora Florence Thomas coincide con la tesis de que la discriminación laboral por género surge “del modelo patriarcal de la sociedad que le ha otorgado el mejor lugar a los hombres”, dada la tradición según la cual estos son los proveedores de la familia, aunque advierte que tal premisa ya no es verdad hoy en día.

Precisa que no fue el deseo de la mujer salir a competir con el hombre por un puesto de trabajo, sino que los ingresos de quien gana un salario mínimo no son suficientes para atender las necesidades de la familia, ante lo cual padres y madres deben trabajar.

La magistrada auxiliar del Consejo de Estado Bertha Lucía Ramírez no ve tan acentuada la tradición patriarcal. Llama la atención acerca de los cambios positivos de la sociedad colombiana en cuanto a discriminación por género, hasta tal punto, que se escucha cada vez más que en el mercado laboral se prefiere a la mujer por su alto grado de compromiso y de responsabilidad.

Discriminación salarial

La fuerte incursión en el mercado del trabajo no ha sido totalmente positiva para ellas, asegura López, pues, ahora, en lugar de una jornada laboral pueden tener dos o tres. En contraste, la participación de los hombres colombianos en las tareas domésticas es de las más bajas en América Latina, de modo que la crianza de los hijos corresponde en un mayor porcentaje a las madres con empleo.

De otro lado, señala López, la mujer tiene alta proporción en el grupo de los desempleados del país y en la economía informal, al igual que en el segmento de los trabajadores con bajos ingresos. Este último problema se ha agravado en Colombia y en Latinoamérica, en la medida en que ha disminuido el empleo estatal.

En Colombia, el trabajo con el Estado, explica, ha sido particularmente importante, dado que las mujeres de clase media y de formación profesional han llegado a niveles intermedios masivamente: “Uno lo ve en el Departamento Nacional de Planeación; en el Ministerio de Hacienda; en el de Comercio, Industria y Turismo; en el de Medio Ambiente, etc.”.

La discriminación por ingreso resulta evidente especialmente en el sector privado, el cual necesita una sacudida en términos de responsabilidad social, de equidad en general y de equidad de género en particular, sostiene la ex ministra. “Si el sector empresarial no siente que la inequidad es un drama del país, la inequidad de género no lo conmueve”. Afirma que el sector privado discrimina a las mujeres, sobre todo a las casadas o en unión libre.

Thomas asegura que las estadísticas internacionales señalan una diferencia alrededor del 20% entre los ingresos de hombres y de mujeres obtenidos por la misma labor. Agrega que esa brecha, en el caso colombiano, se ha situado en el 18%.

La discriminación salarial, asegura la investigadora, se evidencia particularmente en el sector privado, en el que las mujeres enfrentan el desempleo de manera más crítica que los hombres. Se estima, comenta Thomas, que alrededor del 40% de las mujeres del país son cabezas de hogar, por lo que se ven en la necesidad de aceptar un empleo sin discutir la remuneración.

Luz Karime Abadía, en una investigación de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Javeriana, logró determinar que en el sector privado colombiano “existe fuerte evidencia” de discriminación salarial por sexo, que afecta particularmente a las mujeres casadas o en unión libre mayores de 20 años.

Abadía denomina este fenómeno discriminación estadística, que se refleja en un salario menor: “Cuando hay información imperfecta acerca de las características de los trabajadores, el mercado laboral opera de manera imperfecta y los empleadores se basan en características visibles de los trabajadores, tales como raza y sexo, para tomar decisiones en cuanto al salario que va a ofrecer”, explica Abadía.

Prejuicio laboral

“Si un empleador tiene ante sí a un hombre y a una mujer igualmente productivos, capaces y con los mismos años de educación prefiere al hombre, pues cree que ella podría llegar a ser menos productiva, dado que debe estar pendiente no solo del trabajo, sino de la casa”, comenta la investigadora de la Javeriana, y precisa que, en caso de contratar a la mujer, se le remunera en menor cuantía.

“Para el 2003, las diferencias salariales entre hombres y mujeres por discriminación estadística era del 15%”. La investigadora encontró que la diferencia disminuye el 5% en lapsos de 10 años, o sea que el empleador tarda mucho en darse cuenta de la productividad real de la mujer y en ajustar el salario, de modo que pueden transcurrir 30 años para que se cierre la brecha.

El estudio de Abadía concluye, además, que las mujeres empleadas en el sector público no son discriminadas, al tiempo que no halló evidencias de discriminación en el sector privado con respecto a las mujeres menores de 30 años.

López sostiene que existe una forma peculiar de discriminación en el sector privado: “Las profesionales de altos ingresos en Colombia están viendo que llegan a ser vicepresidentes, pero pasar de allí constituye una proeza. Hay muy pocos casos. Quisiera saber cuántas mujeres están en el equipo directivo de los grandes grupos económicos del país”.

Considera que el problema no es solamente de discriminación salarial, sino de ascenso, es decir, existe un techo en la vida profesional de la mujer, que se refleja en la dificultad para acceder a los niveles más altos de dirección en las organizaciones. No obstante, destaca que en Colombia se ha logrado que lleguen de manera numerosa a los niveles medios del mercado laboral.

La investigadora Thomas también cree que las mujeres profesionales se encuentran con un “techo de cristal” para ascender a los cargos del sector privado donde se concentra la toma de decisiones, porque en apariencia se trata de una forma de discriminación que no existe. “Les hacen creer que es fácil llegar allá, pero no es verdad”.

La discriminación, sigue López, se ha sofisticado en ciertos casos, por ejemplo, “la mujer tiene que ser fuera de serie para llegar a cargos directivos importantes tanto en el sector público como en el privado”.

Maternidad como costo

La maternidad se sigue viendo como un asunto exclusivo de las mujeres y no de la sociedad. Esta concepción ejerce sobre las mujeres casadas o en unión libre una presión indebida. El embarazo suele ser visto por los empleadores como un costo propio de la mano de obra femenina.

Entre los tipos sofisticados de discriminación figura uno relacionado con el derecho a la intimidad, comenta López, pues “a los hombres les separan su vida personal de la profesional, mientras con las mujeres no ocurre así, pues las juzgan por esos dos aspectos de modo simultáneo; cualquier tacha en el aspecto personal tiene efecto en el profesional”.

En materia de costumbres sociales, comenta López, ellas han evolucionado y roto barreras, en tanto que los hombres no, ya que se han quedado sin discurso. “Las mujeres tenemos el de la equidad, el de vencer las barreras, el de ser artífices de nuestra propia vida o actoras del desarrollo”. Aclara que esta es una visión “pos feminista”, porque se plantean ideas universales. No obstante, cree muy valioso el trabajo de las feministas, pues, de lo contrario, la mujer no estaría en la mejor condición de hoy.

Considera entonces que se debe virar al “pos feminismo” sin dejar las banderas feministas, “defendiendo el tema de la equidad de género, mirar el desarrollo de la sociedad y de los valores”. Un ejemplo del discurso contemporáneo, afirma, es la llamada economía feminista, según la cual cierto grupo de mujeres de esa disciplina proponen aportes a la teoría económica con dimensión de género, entre los que sobresale la iniciativa de que la política macroeconómica debe tener un contenido social, es decir que no puede ser neutral en ese aspecto.

Comparación de ingresos

Sector público (2004)

Variable (promedios)HombresMujeres
Salario mensual$ 1.014.568$ 916.056
Horas de trabajo semanales52,843,3
Salario por hora$ 5.165,0$ 5.161,6
Antigüedad (años)5,99,4
Años de educación13,314,8

Sector privado (2004)

Variable (promedios)HombresMujeres
Salario mensual$ 346.559$ 387.228,5
Horas de trabajo semanales47,645,8
Salario por hora$ 1.805$ 2.093,3
Antigüedad (años)2,32,7
Años de educación9,811,6

Fuente: Encuesta nacional de hogares del DANE

Muestra: Individuos, hijos del jefe de hogar, empleados en los sectores público y privado

Cálculos: Investigación de Luz Karime Abadía

Facultad de Economía, Universidad Javeriana

Medidas por sexo (desviaciones estándar)

Para Cecilia López, llegó la hora de replantear el papel del hombre. Al iniciar esa reflexión, “la sociedad en general debe reconocer que la equidad de género es un valor positivo”, pues si se logra la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, se le están brindando mejores posibilidades de vida a la mitad de la población.

De otro lado, se requiere entender que la reproducción es una responsabilidad de la sociedad y no solo de las mujeres, empeño en el que legislaciones de países como Suecia han definido, por ejemplo, el compromiso compartido del padre y de la madre durante el período de lactancia de los hijos.

El gran avance, según López, sería volver flexibles los roles del hombre y de la mujer, ante lo cual advierte que el problema principal parte de que el mundo público ha sido dominado por los hombres y, en consecuencia, se considera de gran valor social ser un hombre exitoso. Entre tanto, explica, el mundo de lo privado ha sido dominado históricamente por las mujeres y subestimado socialmente.

En la medida en que los hombres asuman más responsabilidades en el espacio de lo privado y cotidiano del hogar y la mujer juegue un papel más activo en lo público, probablemente la sociedad irá atribuyéndole mayor valor a ese entorno.

Comparación de ingresos entre empleados de 20 años o más, casados o en unión libre

Sector privado (2004)

Variable (promedios)HombresMujeres
Salario mensual$ 627.742,6$ 551.984,1
Horas de trabajo semanales53,541,5
Salario por hora$ 3.006$ 3.093,7
Antigüedad (años)8,786,67
Años de educación9,310,2

Sector público (2004)

Variable (promedios)HombresMujeres
Salario mensual$ 794.966,1$ 652.732,3
Horas de trabajo semanales52,840,3
Salario por hora$ 3.906,9$ 3.734,6
Antigüedad (años)10,47,5
Años de educación9,810,4

Fuente: Encuesta nacional de hogares del DANE

Muestra: Individuos, hijos del jefe de hogar, de 20 años o más, casados o en unión libre, empleados en los sectores público y privado

Cálculos: Investigación de Luz Karime Abadía

Facultad de Economía, Universidad Javeriana

Medidas por sexo (desviaciones estándar)

 

Descalificación a priori

La catedrática Florence Thomas piensa que las mujeres no calificadas se encuentran en situación de desventaja frente a los empleadores, que suelen considerarlas propensas al chisme y a la histeria, y advierte que por el solo hecho de ser mujeres “nacen con un coeficiente simbólico negativo”.

De otra parte, señala: “Las mujeres han tenido que salir a trabajar en una coyuntura difícil, por necesidad y sin tener el nivel educativo de los hombres”. Considera, además, que ellas han llegado al mercado laboral a ejercer, en amplia proporción, tareas similares a las que realizaban en el hogar; mientras, en el campo profesional, “hay pocas, porque acabamos de nacer como ciudadanas, tenemos apenas 50 años de ciudadanía”.

Reconoce el avance hacia un entorno favorable a la mujer, pero cree indispensable ampliar su participación en los escenarios donde se toman las grandes decisiones del país, por ejemplo en los partidos políticos, que deberían contar también con una ley de cuotas.

Plantea que la sociedad debería tener una ley de paridad similar a la francesa, que establece iguales responsabilidades para hombres y mujeres o, a falta de esta, “la ley de cuotas colombiana (L. 581/2000) debería añadir una cuota de trabajo doméstico para los señores”.

Con el objetivo de profundizar los logros en equidad de género, con alcance en la realidad laboral, Thomas afirma que se debe construir más crítica en la opinión pública, a fin de desordenar los viejos mitos y promover los cambios de actitud en la vida cotidiana favorables a la igualdad de oportunidades.

La ley de cuotas, que dispone la participación mínima del 30% de mujeres en la planta de empleados de las entidades públicas, no es tan solo un cálculo mezquino, expresa la investigadora, sino que fue un logro simbólico de igualdad, de democracia.

Califica de catastróficas para las mujeres las últimas reformas laborales, porque les abrieron paso a los contratos de corta duración y a la proliferación de la figura de la maquila o de ensamble de confecciones, que se basa en el trabajo a destajo, en el que se emplean fundamentalmente mujeres jefas de hogar y sin cobertura de seguridad social.

La brecha entre el respeto de los derechos laborales de la mujer en el campo y en la ciudad es notoria, acota Thomas, pues se presentan más violaciones de los derechos de la mujer en el campo, circunstancia que obedece en parte a la violencia y a la inexistencia de organismos de veeduría. El trabajo de las mujeres campesinas es invisible, no remunerado y de jornadas hasta de 14 horas, a las que, a veces, se deben sumar otras tantas que dedican al trabajo de líderes comunitarias.

Denomina “falacia” la afirmación de que el trabajo de las amas de casa es improductivo. Hoy comienza a coger fuerza la nueva mirada del trabajo de la mujer para tomarlo en cuenta como productivo, exclama, al punto de que algunos cálculos estiman que representa el 25% del producto interno bruto del mundo.

Justicia de género

“En la rama judicial las mujeres y los hombres hemos tenido igualdad de oportunidades, dependiendo del grado de capacitación y de experiencia”, asegura la magistrada auxiliar del Consejo de Estado Bertha Lucía Ramírez. En dicho tribunal, hay siete magistradas, de un total de 27 plazas. “Hay más que en las otras Cortes”, anota.

Califica como positiva la ley de cuotas, pero cree que no debe ser determinante para la mujer, pues no le pueden asignar algún grado de prelación laboral solamente por cumplir con la norma, dado que resulta más importante, para ella, figurar por los méritos profesionales.

La magistrada comenta que al Consejo de Estado no llegan muchos casos sobre discriminación laboral por género. El Código Sustantivo del Trabajo no es preciso en este tipo de discriminación y tampoco se ha legislado sobre el asunto, afirma Ramírez, que considera que se trata de un problema latente en la sociedad colombiana, a cuyo fondo no se ha llegado.

“Ahora que la mujer está en el mercado del trabajo con el doble rol de madre y trabajadora habrá que empezar a ajustar la legislación laboral a las circunstancias actuales”, manifiesta esta magistrada. En cuanto a los medios de prueba, por ejemplo, señala que no resulta fácil demostrar un caso de discriminación laboral por género, pues se trata de una situación “gaseosa”.

Comparación de ingresos entre empleados de 20 años o más, solteros

Sector privado (2004)

Variable (promedios)HombresMujeres
Salario mensual$ 392.089,3$ 443.927,4
Horas de trabajo semanales48,946,5
Salario por hora$ 1.991,6$ 2.348,7
Antigüedad (años)2,63,1
Años de educación10,211,8

Sector público (2004)

Variable (promedios)HombresMujeres
Salario mensual$ 1.087.935$ 1.028.301
Horas de trabajo semanales53,843,1
Salario por hora$ 5.406,3$ 5.928,5
Antigüedad (años)6,211,9
Años de educación13,514,9
Fuente: Encuesta nacional de hogares del DANE

Muestra: Individuos, hijos del jefe de hogar, de 20 años o menos, solteros, empleados en los sectores público y privado

Cálculos: Investigación de Luz Karime Abadía

Facultad de Economía, Universidad Javeriana

Medidas por sexo (desviaciones estándar)

 

Aclara que la legislación debe comenzar a decantar el problema, con el fin de establecer los parámetros que permitan determinar la discriminación laboral por género, al igual que el acoso sexual y el laboral. Insiste en que el tema fundamental de estos casos es la prueba, tomando en cuenta, además, que las mujeres no están preparadas para sentar precedentes al respecto y no existen los mecanismos apropiados para interponer la queja.

La especialista en derecho laboral Claudia Wilches recuerda como un hecho curioso que el Código Sustantivo del Trabajo prohibía a la mujer algunas actividades, con el propósito de protegerla de ciertos riesgos por su menor fortaleza física y en el momento de la maternidad.

Ese episodio le permite a la laboralista recalcar que existen diferencias entre la naturaleza del hombre y de la mujer que se pueden reflejar en condiciones favorables o no, según el caso, para desempeñar ciertos trabajos. En ese mismo orden de ideas, considera inconveniente que la legislación establezca diferencias entre ellos en el campo laboral, porque así “se contribuye a la discriminación; una persona, independientemente de su género, debe tener igualdad de condiciones en el mercado del trabajo”.

Hacerlas visibles

Wilches afirma que la ley de cuotas tuvo como propósito reivindicar el papel de la mujer trabajadora y no se puede pensar que esa norma sea discriminatoria con relación al hombre: “La ley hacía falta para ver a las mujeres capacitadas, llamó la atención sobre ese grupo de población que no tenía participación, pero no creo que genere una condición especial para llegar a un cargo”.

Comparación de ingresos entre empleados de 30 años o menos

Sector privado (2004)

Variable (promedios)HombresMujeres
Salario mensual$ 318.123,4$ 369.767,6
Horas de trabajo semanales46,945,2
Salario por hora$ 1.681,1$ 2.032
Antigüedad (años)1,61,7
Años de educación9,811,8

Sector público (2004)

Variable (promedios)HombresMujeres
Salario mensual$ 678.182,8$ 798.930
Horas de trabajo semanales58,145,4
Salario por hora$ 3.057,7$ 4.260,8
Antigüedad (años)2,73,0
Años de educación12,314,6

Fuente: Encuesta nacional de hogares del DANE

Muestra: Individuos, hijos del jefe de hogar, de 30 años o menos, solteros, empleados en los sectores público y privado

Cálculos: Investigación de Luz Karime Abadía

Facultad de Economía, Universidad Javeriana

Medidas por sexo (desviaciones estándar)

 

Wilches piensa que las mujeres deben buscar, antes que instrumentos legales para tutelar el derecho al trabajo, el reconocimiento de sus capacidades mediante el mismo. De otro lado, está de acuerdo en que existen dificultades legales para probar la discriminación laboral por género, al igual que la de cualquier tipo, pues pasa “por el fuero moral de las personas”.

Bogotá ha asumido una posición de liderazgo con la aprobación del Acuerdo 91 del 2003, que establece la puesta en marcha de un plan de equidad de género para la ciudad, en el cual juega un papel destacado el derecho al trabajo.

Magdalena Barón, de la Consejería para la Equidad de Género de Bogotá, enuncia los seis derechos esenciales que promoverá ese plan: el derecho a la vida libre de violencia, a la participación en política, al trabajo digno e ingreso justo, a la salud plena, a la educación con equidad y a una cultura libre de sexismo.

La funcionaria sostiene que será un instrumento de política pública en favor de la totalidad de las mujeres de la ciudad y no solamente de la población vulnerable. Se estima, afirma Barón, que el 51% de los habitantes capitalinos son mujeres.

Además, señala que, según las estadísticas del 2003, la tasa de desempleo de las mujeres alcanzó en la capital del país el 16,5%, mientras que la de los hombres llegó al 11,4%. Advierte que por cada 10 mujeres empleadas en la ciudad existen 6 asalariadas, 3 en trabajos independientes y 3 que trabajan sin remuneración en empresas familiares.

Parece que las investigaciones relativas a la discriminación laboral de la mujer recogen más evidencias de que ese sesgo aún persiste en el mercado del trabajo colombiano, aunque también reflejan que el problema no se puede generalizar.

Es indiscutible que el país y la sociedad en general requieren de datos y estadísticas que nos permitan acercarnos y monitorear de forma más clara estos fenómenos.

Tal vez, la lección principal es que el tema requiere más estudio por parte de distintas disciplinas, con el propósito de promover un mercado laboral que ofrezca igualdad de oportunidades a hombres y a mujeres y una sociedad que replantee los papeles de ambos, tanto en lo público como en lo privado.