“Por su capacidad de consumo, la Unión Europea es un bocado apetecible para los chinos”

Revista Nº 161 Sep.-Oct. 2010

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Impuestos  

La Unión Europea (UE), al igual que todas las economías del mundo, también ha enfrentado los embates de la producción china, que pasó a dominar los mercados de las manufacturas de bajo precio.

Como consecuencia de esa circunstancia, muchas empresas europeas dedicadas a la fabricación de esta clase de bienes han desaparecido en Europa, asegura Francisco Pelechá, experto español en derecho aduanero, quien en entrevista con la Revista Impuestos cuenta cómo se desenvuelve el comercio exterior en el viejo continente.

REVISTA IMPUESTOS: ¿Los certificados de origen son muy importantes en medio del auge mundial de los tratados de libre comercio (TLC)?

Francisco Pelechá: Sí, sin duda, porque en función de que en una declaración de importación aparezcan las palabras alusivas a un certificado de origen, o en cualquier otro documento que acredite el origen de la mercancía, esto va a implicar que no se paguen derechos de aduana. Entonces, si se tiene en cuenta que existen países que han firmado muchos TLC, que en la UE normalmente se llaman acuerdos preferenciales o de asociación, en la medida en que un producto se declare originario de un determinado país, al que se aplica esta medida preferencial, y la declaración de aduanas esté avalada por un certificado de origen o por cualquier otro documento similar, por ejemplo, una declaración de factura, se supone que no se paga ningún derecho aduanero.

R. I.: ¿Los certificados de origen representan un instrumento práctico de los TLC que garantiza la procedencia verdadera de una mercancía? 

F. P.: Sí, porque existe un peligro inminente con los TLC y, en general, con todos los procesos de integración, pues en la medida en que un producto se declara originario de un país, puede ser importado por otro con el pago de cero arancel de aduanas, situación en la que cabe el peligro de que aquel producto no sea realmente originario de ese país, porque este, a su vez, puede tener un acuerdo que establece el arancel cero frente a una tercera nación.

R. I.: ¿Qué puede ocurrir en tal circunstancia?

F. P.: Conviene precisar que si el importador del primer país llegase a importar directamente del tercero, tendría que pagar el respectivo arancel. Entonces, querría adquirir la mercancía a través de un segundo país con el que se tiene un acuerdo preferencial, de modo que incurriría en el fenómeno que se llama desviación de comercio o triangulación. La única forma de conjurar este peligro es mediante la expedición, por parte de las autoridades competentes o de un particular, de un certificado de origen, que permite asegurarse de que el producto no solamente estaba en el país de donde se importó, sino que, además, es originario de allí.

R. I.: ¿En Europa predomina el uso de la factura como certificado de origen o el documento emitido por alguna autoridad?

F. P.: En la UE se permite el uso de documento de circulación; tiene unas denominaciones muy variadas, pero siempre se habla de un documento que se conoce como euro uno. En el caso de la UE, lo emiten las aduanas, y en los países que han firmado acuerdos con esta, normalmente los expiden otras autoridades que no son las aduaneras, pero siempre es una autoridad pública.

R. I.: ¿Se aceptan otros tipos de certificados? 

F. P.: El sistema de autocertificación por parte del interesado, que es inherente al TLC de América del Norte y que de ahí ha pasado a muchos de los TLC que han proliferado en el continente americano, tampoco es absolutamente ignorado en la UE, porque, normalmente, para exportaciones de poco valor (hasta 6.000 euros), el propio exportador puede declarar, en la factura o en cualquier otro documento mercantil, que el producto es originario de determinado país. Además, a ciertos exportadores se les llama autorizados, quienes realizan frecuentes operaciones de ventas al exterior, ofrecen todas las garantías de que los productos que exportan se pueden considerar como originarios del país y reciben un número de autorización, y pueden acreditar documentalmente el origen de los productos que exportan, mediante una declaración suya en la factura.

R. I.: ¿El certificado de origen aclara si un producto contiene materiales de un tercer país?

F. P.: Sí. Normalmente se señala el criterio por el cual se considera que ese producto es originario de la UE, de México o de determinado país. Siempre se dirá que el producto ha sido enteramente obtenido en la UE o que ha sido producido en la UE a partir de insumos de otro país, pero que ha sido objeto de transformación sustancial allí y que, por eso, tal producto puede ser considerado como originario de la UE cuando se exporta a México.

R. I.: ¿En qué consiste una unión aduanera?

F. P.: En los intercambios de bienes, en condiciones preferenciales, dentro de la que entonces era la Comunidad Económica Europea (CEE), nunca hubo reglas de origen. Es decir, la CEE era una auténtica unión aduanera, mientras que Mercosur, el Mercado Común Centroamericano y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), si bien, la OEA las considera como uniones aduaneras, en la práctica no lo son, fundamentalmente porque no hay una política para conformar un mercado común. Cada país del Mercado Común Centroamericano, por ejemplo, puede firmar un TLC con el país que quiera. Esto nunca ocurrió en la UE. Desde 1993, la UE pasó a tener su mercado interior y ya ni se plantea este problema.

R. I.: ¿Entonces, no hubo problemas de triangulación?

F. P.: No, porque se trataba de una unión aduanera real. Claro está que frente a terceras naciones cada uno de los países europeos aplicaba el mismo arancel: el aduanero común. Por lo tanto, un importador de Francia no iba a tener ningún interés en importar a través de Alemania, pues si lo hacía, iba a pagar exactamente lo mismo que si importaba desde su propio país. Además, Francia no iba a firmar un TLC con China, pues se firmaba con la CEE o no se firmaba con nadie.

R. I.: ¿La UE regula su comercio en la actualidad? 

F. P.: Sí, se controla: se liquidan los derechos que gravan la importación. Las tarifas no son tan altas como antes. Sin embargo, los volúmenes de importaciones son enormes, infinitamente mayores de lo que podíamos registrar hace 20 años. Por tanto, la aduana, como instrumento de recaudación sigue siendo importante.

R. I.: ¿Cuál es el arancel promedio en la UE?

F. P.: Para la media parte de los productos, el arancel promedio puede ser del 1% o el 2%. Entre tanto, para los productos agropecuarios son elevadísimos; con frecuencia, la tarifa no es un porcentaje del valor en aduana, sino que es una cantidad de euros por cada 100 kilos del producto, por cada tonelada, con independencia de cuál sea el valor en aduana.