CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

Magistrado ponente:

Dr. Alfonso Peláez Ocampo.

Bogotá, ocho de octubre de mil novecientos setenta y cinco.

Mediante sentencia fechada el 1º de octubre de 1974, la Corte casó la de 16 de marzo de 1973 proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, en estos procesos ordinarios acumulados de Oscar Polanco Valencia y Alberto Velásquez Saldarriaga contra Alfonso Villa Londoño y Erasmo de J. Arango, y haciendo uso de la facultad que la confiere el artículo 375, inciso 3º del C. de P.C., dispuso que antes de dictar fallo de instancia se practicaran las pruebas decretadas en la parte resolutiva de la providencia decisoria del recurso extraordinario.

Habiéndose vencido el término de pruebas concedido para tal efecto, procede la Corte a dictar la decisión que corresponde.

PRETENSIÓN Y PRUEBAS

1. —En demanda cuyo conocimiento correspondió al Juez Cuarto Civil del Circuito de Medellín, Polanco Valencia solicitó “se declarara que los señores Alfonso Villa Londoño y Erasmo de J. Arango, el primero propietario de la empresa Expreso Belmira de esta ciudad (Medellín)…. Y ambos condueños del automotor con placas HS-63-37, son responsables, en forma directa y extracontractualmente, por los daños que ocasionó el bus de su propiedad, conducido por Bernardo Carmona García A., a otro automotor de mi propiedad, marca Volkswagen, de placas A-4-28-52, en las horas de la tarde del día 27 de junio del año de 1971, y que “como consecuencia de lo anterior, se les condena a pagarme la suma de cuarenta mil ($ 40.000.oo), valor de los daños causados a mi vehículo, tal como se acreditará, más al lucro cesante, o ganancias dejadas de percibir como consecuencia de la reclusión a un taller para los arreglos del carro de mi pertenencia, y tal como se comprobará en el curso del debate”.

2. —De su parte, Velásquez Saldarriaga, en demanda repartida el mismo juzgado, pidió se declarara que los mismos Alfonso Villa Londoño y Erasmo de J. Arango, “el primero propietario de la empresa Expreso Belmira de esta ciudad (Medellín)… Y ambos condueños del automotor con placas MS-63-37, son responsables en forma indirecta y extracontractualmente, por las lesiones que sufriera… como consecuencia del impacto que recibiera el vehículo en que viajaba acompañado del señor Oscar Polanco V., y el cual fue colisionado por el bus de propiedad de los demandados, conducido por Bernardo Carmona Garcia” y que, “como consecuencia de lo anterior, se condena a los demandados a pagar a mi patrocinado, la suma de cuarenta mil pesos ($40.000.oo) valor que corresponde al lucro cesante o ganancias dejadas de percibir durante el tiempo de incapacidad que fue de cuatro (4) meses, con un promedio mensual de diez mil pesos ($ 10.000.oo)” y la disminución de la capacidad funcional para laborar en un 40% aproximadamente, lo cual pueda estimarse patrimonialmente en unos cuarenta mil pesos ($40.000.oo)”.

3. —La causa de pedir en ambos procesos radica en la colisión del bus de placas MS-63-37, de propiedad de los demandados, manejado por Bernardo Carmona Garcia, con el automóvil marca Volkswagen, de placas A4-28-82, de propiedad del demandante Polanco Valencia, quien lo conducía, ocurrido el 27 de junio de 1971, entre las 4 y las 5 de la tarde, en la ciudad de Medellín, en el punto de intersección de la calle 50 con la carrera 65, de cuyo resultado este último vehículo sufrió graves deterioros, y el demandante Velásquez Saldarriaga notorios daños corporales.

4. —Una vez acumulados los procesos, el Juez Cuarto Civil del Circuito de Medellín decidió la primera instancia en sentencia de 20 de septiembre de 1972, por medio de la cual declaró responsables a los demandados de los daños resultantes de la colisión de los vehículos, y los condenó al pago de los suma de ($42.178.6) En favor del demandante Polanco Valencia, y a la suma de $40.000.oo en favor del demandante Alberto Velásquez Saldarriaga, “que corresponde a las ganancias que dejó de percibir durante el tiempo de la incapacidad sufrida a consecuencia de las lesiones físicas que recibió”, y además en favor de este mismo demandante al pago del “equivalente que llegue a demostrarse corresponda a un 30% de la (sic) en su capacidad funcional”.

5. Apelada esta decisión por la parte demandada, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, en sentencia de 16 de marzo de 1973, confirmó la declaratoria de responsabilidad civil extracontractual e indirecta de los demandados, y modificó las condenas pecuniarias antes singularizadas, en el sentido de reducirlas así: las decretadas a favor del demandante Polanco Valencia a la suma de $40.000.oo, como daño emergente, por daños causados al vehículo Volkswagen, y la de $9.000.oo mensuales como lucro cesante; y las decretadas en favor de Alberto Velásquez Saldarriaga, a la suma mensual de $10.000.oo, “de la cual se debe restar las cantidades recibidas por concepto de viáticos” y además al pago del “monto equivalente a un 30% de la disminución de su capacidad funcional”, condenas éstas últimas in genera.

6. —La sentencia del Tribunal fue cesada por la Corte, en la suya del 1º de octubre de 1974, como consecuencia del recurso extraordinario interpuesto por la parte demandada, con la circunstancia de que, el proceder ésta de la manera dicha decretó la práctica de pruebas estimadas necesarias, conforme se dijo antes.

PRUEBAS.

7. —De autos aparece demostrado lo siguiente:

a) La propiedad de los vehículos de las partes, así: la del Volkswagen, color crema, modelo 1956, placas A-4-28-52, en cabeza de Oscar Polanco Valencia, demandante, en la fecha del 27 de junio de 1971, de acuerdo con el informe expedido el 27 de enero de 1973 por la Secretaria de Transportes de Tránsito de Medellín, Departamento de Matrículas, Traspasos y Licencias; la del bus marca Ford, modelo 1955, color azul, rojo, verde y blanco, placas MS-53-37, en la misma fecha, en cabeza de Luis Alfonso Villa L. y Erasmo de J. Arango, demandados según informe de la misma procedencia.

b) La calidad de empleado de Bernardo Carmona Garcia, respecto del demandado Alfonso Villa Londoño, en la fecha indicada al 27 de junio de 1971, por cuya razón actuaba como conductor del bus antes singularizado, según recibo de pago de cotización al Seguro Social y planilla número 08063 correspondiente al Expreso Belmira con membrete de Villa Londoño, y además declaración de Carmona Garcia, estimados los primeros y recibida la última inspección judicial practicada por el a quo.

c) La colisión de los vehículos y la relación de causalidad entre ésta y el daño recibido por el perteneciente a A. Polanco Valencia y las lesiones sufridas por Alberto Velásquez Saldarriaga, así:

María Cristina Betancourth, en declaración recibida por el Juez en audiencia pública, dice:

“Nosotros bajábamos por Colombia, el 27 de junio de 1971, entre las cuatro y las cinco de la tarde, iban conmigo, guiando el vehículo Oscar Polanco y atrás Alberto Velásquez y yo venía adelante —íbamos a recoger una niña al centro— El venía a una velocidad normal, tanto que al llegar al cruce disminuyó más su velocidad, por el cruce. No lo sé decir la distancia, aunque venía un bus detrás de nosotros, yo no había mirado atrás, sino cuando nos bajamos para pasarnos a un carro de tránsito, el número de las placas del bus de Belmira no las recuerdo. Si fue cierto, el bus nos dio dos veces por la parte de atrás, y luego se nos pasó o parqueó al lado, de manera que los carros quedaron paralelos. Naturalmente que los daños fueron cuantiosos por la velocidad a que venía el bus de Belmira. Como lo dije anteriormente, el bus después de darnos dos golpes se parqueó al lado derecho, nosotros veníamos por la izquierda. El venía por la calzada izquierda y por la derecha iban más vehículos. La vía se encontraba seca. Prácticamente el bus frenó fue encima de nosotros. Tan duro fue el golpe que seguro venía a 80 o 100 kilómetros, venía como arriado. No tuve tiempo de preguntarle del susto. Guiando el carro el Sr. Oscar Polanco, en la parte de atrás venía Alberto Velásquez y yo venía adelante. La parte de atrás quedó completamente destrozada, toda la parte de atrás destrozada, quebrados todos los vidrios del carro, y el motor quedó inservible, el de más gravedad fue el Sr. Alberto Velásquez, que iba en la parte de atrás, inclusive lo sacamos seminconsciente del carro, y él decía que presentía que se le había fracturado la columna vertebral, y él salió todo doblado, ni siquiera podía moverse, y ya más tarde cuando fuimos a urgencias, del Seguro, que queda en la Clínica de León XIII, nos confirmaron que se había fracturado la columna. El sr. Polanco no resultó herido, y las heridas mías únicamente fueron rasguños en las rodillas y en los brazos”. Al ser preguntada la testigo: Sabe usted cuanto tiempo estuvo incapacitado el Sr. Alberto Velásquez por razón de la lesión sufrida, contestó: Aproximadamente de cuatro a cinco meses”.

Mario Guzmán Sánchez, en la misma audiencia pública declaró:

“Yo subía por Colombia hacia arriba cuando vi a un vehículo Volkswagen, que disminuía la velocidad para llegar al cruce, yo vi que un bus de Expreso Belmira, que le dio una vez y le volvió a dar, y luego el bus se le pasó al lado derecho y se pasó en forma paralela al lado del otro, de ahí vi que sacaron a un señor herido, que lo montaron en una patrulla, en el Volkswagen vi que iban dos señores y una niña. Sí el disminuyó la velocidad al llegar al cruce, por precaución, porque él llevaba la vía. Yo en ese caso no le digo la distancia, las placas si las digo, era MS-53-37, yo me fije bien y la distancia, sí era difícil que yo me diera cuenta, por la altura de la acera que yo transitaba y por la velocidad del carro. Sí pero el Volkswagen no estaba parado, estaba en marcha, yo creo que el carro le dio por exceso de velocidad dañándole toda la parte de atrás, la parte interior, yo vi los asientos desbaratados. El Volkswagen bajaba por el carrillo izquierdo pues ahí hay tres vías, y cuando el bus le pegó el primer guarapazo, le dio y volvió y le dio, y luego el bus después del segundo golpe se corrió y quedó paralelo con el carro. Si venía en la misma dirección un poco más atrás. Yo hasta el momento no sé quién sería el dueño de ese Volkswagen. Iba por la calzada izquierda, y yo subía por la derecha por el lado de allá. Se encontraba seca la vía. Ese bus no frenó, o si frenó fue contra el Volkswagen. Por el golpe si rebaja mucho la velocidad, aclaro, la velocidad, tuvo que haber sido a 56 o 70 kmts. a quo bajaba el bus de Expreso Belmira, creo que ese señor se llama Bernardo Carmona, según lo que oí. Tres personas; dos hombres y una mujer, fueron todos por la parte de atrás, (sic) bomper, en el guardafangos, la tapa del motor, y el parabrisas también se quebró, el panorámico vidrio de atrás. Ahí sacaron un señor herido, y en realidad yo no lo conocía, yo lo vi que lo sacaron como tonto, tal vez reventado algo en la cabeza o en la columna por la posición en que iba, el nombre no lo sé. En relación con la segunda pregunta, el declarante dice que aclara que el bus Expreso de Belmira le dio en dos oportunidades al carro y en la parte trasera y preguntado, si observó que el semáforo que existe en el cruce de la calle 50 con la carrera 65 estaba funcionando en el momento de la colisión, contestó que “estaba apagado” y debido a esas circunstancias fue que el Sr. Oscar Polanco mermó la velocidad para tomar las precauciones en el cruce”.

d) La Dirección de Transportes y Tránsito de Medellín elaboró un croquis y un informe del accidente, con destino al Juzgado Octavo Penal Municipal de dicha ciudad, a quien correspondió investigar las lesiones causadas a Velásquez Saldarriaga por la colisión de los automotores. En el primero aparece la calle 56 en el cruce con la carrera 65, y en el segundo una relación de los hechos del (sic) siguiente: “Choque entre dos vehículos. El primero, bus MB-53-37 no sufrió daños, conducido por Juan E. Pérez (sic.) Este y algunos testigos manifiestan que el auto frenó en seco y el bus no se pudo salir ya a la derecha. Transitaban otros vehículos. Y el auto A-4 28-82 daños en la parte trasera, conducido por Oscar Polanco V. De éste resultó lesionado levemente el Sr. Alberto Velásquez, quien se negó a suministrar más datos personales. Los conductores ambos se encuentran en el tránsito. Firma ilegible”.

CONSIDERACIONES.

8. —En las demandas acumuladas de Oscar Polanco Valencia y Alberto Velásquez Saldarriaga incoadas contra Alfonso Villegas Londoño y Erasmo de J. Arango, se invocan dos hechos como causa de la responsabilidad civil de estos últimos por los perjuicios derivados para los primeros de la colisión de los vehículos de unos y otro. El primer hecho consiste en que Villegas Londoño y Arango, en el momento del accidente, eran propietarios del automotor, tipo bus, placas Nº MS-53-37, destinado al servicio del público, para el transporte de personas, que se hallaba conducido por Bernardo Carmona García. El segundo que éste, o sea Carmona García, dependió en los demandados y era subordinado suyo, cuando ocurrió el hecho.

9. Según las demandas, el conductor del bus fue el causante de la colisión entre dicho vehículo y el automóvil Volkswagen manejado por su dueño el demandante Polanco Valencia. El bus, de propiedad de los denunciados conducido por Bernardo Carmona García, dependiente de Villegas Londoño y Arango, iba a la localidad de San Pedro o venía de ese lugar, transportando pasajeros por cuenta de sus dueños, según planilla Nº 06053 de 27 de junio de 1951, presentada en audiencia pública el 2 de marzo de 1972. Los demandados, en el momento del accidente estaban, por tanto, dedicados al transporte de pasajeros por medio de automotores, actividad ésta considerada peligrosa por la jurisprudencia, de donde se sigue que sobre Villegas Londoño y Arango, en su condición de transportadores pesa una presunción de culpa, por lo cual son obligados a reparar el daño, de acuerdo con el artículo 2356 del Código Civil.

En relación con esta norma, dice la Corte que “a la víctima le basta demostrar los hechos que determinan el ejercicio de una actividad peligrosa y el perjuicio sufrido y será el demandado quien deba comprobar que el accidente ocurrió por la imprudencia exclusiva de la víctima, por la intervención de un elemento extraño, o por fuerza mayor o caso fortuito, ya que el ejercicio de una actividad peligrosa, por su naturaleza lleva envuelto el de culpa en caso de accidente”. (XLVI, 517).

Del estudio de las pruebas aducidas al proceso, resulta que Bernardo Carmona García, conductor del bus, fue el causante de la colisión entre este vehículo y el Volkswagen. Conforme a los testimonios de María Cristina Betancourth, acompañante de Polanco Valencia Velázquez Saldarriaga, y Mario Guzmán Sánchez, quien transitaba a pie por el lugar de los hechos, este último automotor recorría la calzada a una velocidad normal, habiendo disminuido su velocidad, en previsión de que se acercaba el cruce de la calle 50 con la carrera 65 de la ciudad de Medellín. Detrás venía el bus conducido por Carmona García a una velocidad mayor de la que permitía el tránsito plural de automotores. Ochenta a cien kilómetros por hora, dice María Cristina, sesenta o setenta kilómetros anota Guzmán Sánchez. “Venía como arriado”, advierte que la primera, quien, como acompañante de los demandantes en el Volkswagen recibió el impacto que causara el bus sobre la parte posterior de este vehículo y agrega que “prácticamente el bus frenó…encima de nosotros”. Tal sería la velocidad del bus, que por la misma fuerza de impulsión hacia adelante que traía, golpeó dos veces al Volkswagen, lo que indica que su conductor había perdido el dominio del vehículo, ya que no pudo impedir el segundo golpe.

La colisión de los vehículos, provocada por Carmona García, conductor del bus, aparece ampliamente demostrada en el proceso, sin que de parte de los demandados se hubiera desarrollado una labor probatoria en contra una forma de destruir el mérito de convicción de las declaraciones de María Cristina Betancourth y Mario Guzmán Sánchez. Apenas, sí, Villegas Londoño afirmó en las contestaciones de las demandas que el piso por donde transitaban los vehículos colisionados se encontraba húmedo y resbaladizo el 27 de junio de 1971, entre las cuatro y cinco de la tarde, y que una llanta del Volkswagen había estallado por lo cual se había detenido súbitamente, pero lo anterior no fue demostrado. Ni uno ni otro demandado acreditaron que el accidente ocurriera por la imprudencia exclusiva de los denunciantes o de uno de ellos, por la intervención de un elemento extraño, o por fuerza mayor o caso fortuito, motivos éstos que eximen de una responsabilidad al autor directo o indirecto del daño en el caso del artículo 2355 del Código Civil.

10. —El segundo hecho en que los demandantes fundan la responsabilidad indirecta extracontractual de los demandados, según el hecho 8º de las demandas acumuladas, radica en que, en el momento de la colisión de los vehículos, Villegas Londoño y Arango, tenían la calidad de “empresarios” en relación con el negocio de transporte de pasajeros a que se destinaba el bus conducido por Carmona García, éste como “dependiente” o subordinado de los demandados. Expresamente los demandantes invocan el artículo 2367, inciso 3º, del Código Civil, conforme al cual “toda persona es responsable, no sólo de sus propias acciones para el efecto de indemnizar el daño; sino del hecho de aquéllos que tuvieran a su cuidado”, considerando en este caso sí de los “empresarios” por el hecho de sus “dependientes”.

En casos como el de este proceso, como tiene dicho la Corte, la responsabilidad de las personas, que emplean agentes, subordinados o dependientes, se justifica por la idea de “empresa”, porque como el patrono o el gerente obtiene provecho de la actuación de éstos, debe a su vez soportar los riesgos del negocio. El artículo 2347 ibídem extiende la responsabilidad de los empresarios, que en la ocurrencia de autos serían los propietarios del bus, a los daños ocasionados por el conductor del vehículo (XLIII, 69), y lo hace mediante una presunción de culpabilidad, la cual solo habría de cesar demostrando que “con la autoridad y el cuidado que su respectiva calidad les confiere y prescribe, no hubieran podido impedir el hecho” dañoso. “Basta que el empleado esté realizando su tarea en virtud de las órdenes del “amo”, “patrón” o “empresario”, que las dicta por la existencia de un vínculo de subordinación, para que el segundo responda del daño causado con motivo del cumplimiento de esa tarea. En esas circunstancias la culpa del empleado repercute en el empleador, quien es así el sujeto de una presunción de responsabilidad fundada en mala elección o falta de vigilancia”. (XLIII, 69). Sin embargo, en este caso, como el anterior, y siguiendo de cerca la doctrina de la Corte, el empresario demandado puede evadirse de la responsabilidad por el hecho de su subordinación probando que no ha cometido ninguna culpa o que el daño se ha debido a una causa extraña, o a fuerza mayor o caso fortuito, motivos eximentes éstos a los cuales no acudieron los demandados Villa Londoño y Arango.

11. —En relación con los daños causados al Volkswagen, vehículo éste que debió soportar el impacto del bus de los demandantes, María Cristina Betancourth y Mario Guzmán Sánchez, testigos de la colisión, citados antes, declaran así:

María Cristina: “La parte de atrás quedó completamente destrozada, toda la parte de atrás quedó destrozada, quebrados todos los vidrios del carro, y el motor quedó inservible”.

Mario: “Fueron todos por la parte de atrás, y bastante graves, consistentes, en el bomper, en el guardafangos, la tapa del motor, y el parabrisas también se quebró; el panorámico, vidrio de atrás”.

12. —Considerando que en el Volkswagen, como vehículo colisionado, viajaban su dueño, Oscar Polanco Valencia; Maria Cristina Betancourth, Alberto Velásquez Saldarriaga, y que los dos primeros no fueron lesionados, y sí el tercero, los dichos declarantes manifiestan:

Maria Cristina: “El de más gravedad fue el señor Alberto Velásquez, que iba en la parte de atrás, inclusive lo sacamos seminconsciente del carro, y él decía que presentía que se le había fracturado la columna vertebral, y él salió todo doblado, ni siquiera se podía mover, y ya más tarde cuando fuimos a urgencias del Seguro, que queda en la Clínica de León XIII, nos confirmaron que se había fracturado la columna”.

Mario: “Ahí sacaron un señor herido, y en realidad no lo conocía, yo lo vi que lo sacaron como tonto, tal vez reventado algo en la cabeza o en la columna por la posición que iba, el nombre no lo sé”.

13. —La ocurrencia de autos confirma un caso de responsabilidad civil extracontractual, indirecta, a cargo de los demandados Villegas Londoño y Arango, por cuya razón éstos como dueños del bus de placas MS-53-37, son obligados solidariamente a indemnizar el daño causado a los demandantes, en los términos de los artículos 2343 y 2344 del Código Civil.

La indemnización de perjuicios comprende el daño emergente y el lucro cesante (artículo 1613 del C.C.), pero el reconocimiento de estos factores en el caso de autos tendrá estas características.

a) En primer lugar, la condenación al pago de indemnizaciones en favor de los demandantes no pueda exceder de los términos fijados en la sentencia de segunda instancia, por cuanto los condenados en dicha sentencia de segunda instancia, por cuanto los condenados en dicha sentencia recurrieron de ella en casación y el recurso les prosperó, por lo cual la sentencia que dicta la Corte en instancia no podría serles más gravosa.

b) En segundo lugar, el monto de las indemnizaciones se hará en abstracto, porque con las pruebas aducidas al proceso no puede hacerse una regulación en concreto.

En efecto, sobre el daño emergente y el lucro cesante producido por los demandantes concluyó el juzgador de primera instancia:

“Que el daño se produjo en el vehículo de propiedad del Sr. Oscar Polanco (fotografías, declaraciones del señor Bernardo Carmona. Informe del accidente correspondiente al agente de tránsito, factura y declaración generada del señor Aníbal Zapata Loaiza, mecánico que tuvo a su cuidado la reparación de Volkswagen).

“Las lesiones de consideración sufridas por el señor Alberto Velásquez S., se demostraron con la declaración del señor Alberto Velásquez S., se designaron con la declaración del Dr. Mario Vásquez Soto.

“Los daños materiales causados al Volkswagen, ascendieron a la cantidad de $43.156.30 (factura correspondiente y declaración del mecánico citado). El promedio de entradas patrimoniales que dejó de percibir el señor Oscar Polanco V., mensualmente estuvo representado en la cantidad de $9.000.oo (Despacho 14 al señor Gerente de “Comestibles La Rosa”), sí el automóvil de propiedad del señor Polanco entró al taller del señor Aníbal Zapata, el día 27 de junio y salió el 4 de septiembre, conforme se desprende de la declaración del citado mecánico, bien puede aceptarse los dos meses que reclama al demandante, por la cantidad de $ 8.000.oo; lo que equivale a un gran total de $51.176.30.

“En cuanto a la indemnización a favor del señor Alberto Velásquez, se tiene que si éste estuvo incapacitado cuatro meses, el señor da su confesión al respecto y de la declaración del médico que lo atendió, su concordancia con el despacho Nº 15 al señor Cuarenta de la firma “Tuboplas” se tiene que dejó de percibir durante este término la cantidad de (40.000.oo). El monto correspondiente a la (sic) funcional, si bien se dijo por el médico Mario Vásquez Soto que ésta podía estar reducida en un 30 o 40% no existe en el proceso la prueba indicatoria de su representación monetaria”.

c) La factura emanada de Aníbal Zapata Loaiza (Taller Zalver), que abre folio 5 del cuaderno cuarto del proceso, según la cual la reparación del automotor Volkswagen, de propiedad del demandado Polanco Valencia, con ocasión del accidente de tránsito a que se refiere este proceso, tuvo un valor de $43.176.60, no puede tenerse como prueba, de lo que costó dicha reparación, puesto que fue presentada por el propio Alfredo Zapata Loaiza, quien es un tercero, y agregada al expediente, en el acto de rendir éste una declaración que no le solicitó. Dicha factura no fue solicitada como prueba por las partes, ni incorporada al proceso por decreto abierto del Juez, tal como ordena el artículo 163 C. de P.C.

Pero, aun más de lo anterior, la cuestionada factura carece de autenticidad, por cuanto quien la presentó al proceso no es parte, (sic) el cual se habría producido su reconocimiento (artículo 278 del C. de P.C.). Es un documento simplemente declarativo, cuyo contenido debe ser ratificado mediante las formalidades establecidas para la prueba de testigos, para ser apreciado en la misma forma que los testimonios (artículo 277-2 Ibídem).

d) Por razones idénticas, no puede tenerse como prueba el certificado de Comestibles la Rosa S.A., expedido por su Gerente Distrital, Hugo Serrano, en contestación al exhorto Nº 14 del juzgado de primera instancia, proviene de un tercero, carece de autenticidad y es un documento declarativo que, sin la debida ratificación no puede valorarse como prueba testimonial, que es el que le asigna el artículo 227-2 ibídem.

e) Igualmente, en los mismos términos no puede tenerse como prueba el informe de Libardo Calle Fernandez, dirigido al mismo juzgador, en el cual se dice que Alberto Velásquez Saldarriaga, “trabajaba al servicio de nuestra firma, desde el 1º de abril de 1969, y devengaba la suma de diez mil pesos mensuales ($10.000.oo), en salarios, comisiones, porcentajes, viáticos, etc.”, porque, aun cuando dicho informe fue resultado de un exhorto judicial, se ignora la condición jurídica de Calle Fernández en relación con la firma “Tuboplast”, y además proviene de un tercero y carece de autenticidad.

f) Polanco Valencia solicitó en la demanda que los demás dueños fueron condenados a pagarle la suma de $40.000.oo, por los “daños causados a su vehículo Volkswagen, más el lucro cesante, o ganancias dejadas de percibir como consecuencia de la reclusión en un taller para los arreglos del carro…”. Por el primer concepto, el juzgado hizo una condenación por valor de $43.178.60, pero el Tribunal rebajó ésta suma a la de $40.000.oo, que fue la pedida en la demanda incoativa.

Además de lo anterior, el Juzgado condenó a los demandados por los perjuicios representados en $18.000.oo, suma ésta equivalente a la que dejo de percibir (el demandante Polanco Valencia) en el período en que su vehículo estuvo inmovilizado por razón de los daños sufridos”.

Desechada la prueba que resultaría del (sic) de “Comestibles la Rosa” a que se refiere el punto d), que antecede, solamente queda en pie, como perjuicio recibido por el demandante Polanco valencia, de condición emergente, el destrozo sufrido por el Volkswagen en la colisión, sin que sea posible admitir la cesación de lucro alguno por esta causa, porque no se probó que recibiera alguna, derivado de empleo del dicho demandante que requiriera el uso del vehículo, o de servicio público a que éste hubiera estado destinado.

En sentencia de 10 de marzo de 1964, dijo la Corte: “Esta obligado civilmente a la reparación quien por culpa suya ha inferido agravio a otra persona. Es procura colocar a la víctima en el mismo estado que tendría si el daño no hubiese ocurrido jamás. Así, la indemnización del perjuicio exige plenitud, por daño emergente y lucro cesante. Pero no puede convertirse en fuente de enriquecimiento para quien sólo deba ser resarcido. Aparece incontrovertible en el recurso la proposición de que el daño recibido por el vehículo del actor es imputable al demandado, en los términos del artículo 2356 del Código Civil. De donde emana en derecho la pretensión fundamental contenida en la demanda. Pero no por todos los aspectos de su formulación inicial, como pasa a determinarse. Sí, en principio, la indemnización comprende así al “daño emergente como al lucro cesante (1013 C.C.), el sentenciador no deja de estar en lo cierto cuando entiende que el daño causado a un automóvil particular no envuelve el segundo elemento —lucro cesante— en razón obvia de que el vehículo no tiene por destino al servicio público, para derivar frutas: dejaría de pertenecer al servicio privado. Sin embargo, cuando se trata de resarcir el perjuicio, así sea por daño emergente nada más, la indemnización no puede limitarse al monto en dinero de las reparaciones para volver el automóvil a su estado anterior al accidente. La disciplina jurídica exige computar todos los factores integrantes de la liquidación que en concreto determina la norma patrimonial efectiva de quien reciba el perjuicio. Dentro de tales factores constitutivos del daño emergente, se encuentra, además de las reparaciones del taller, la necesidad de comparar el costo que para el dueño significa el mantenimiento y manejo de su propio automóvil, con lo que habría de pagar a una empresa pública por una locomoción equiparable, porque el servicio que el dueño recibe de su automóvil particular, si es de importancia, dista mucho de ser gratuito; representa desembolsos continuos por combustible, aceite, lubricantes y grasas, repuestos, reparaciones, etc., sin descuidar la amortización del vehículo y salarios del conductor; estimables en dinero, aunque el dueño personalmente lo maneje. De manera que sólo por el balance de todos los costos y lo que cobraría una empresa pública por análogo servicio, puede ponerse en concreto si resulta daño emergente para quien viene a quedar en responsabilidad actual de usar su propio vehículo. Puede suceder que la comparación arroja norma patrimonial efectiva; que establezca equilibrio por comparación; e inclusive que haya utilidad, o quizás que el manejo de su propio automóvil por el dueño venga a ser apenas una línea de costo de la vida el nivel de congrua subsistencia” (SVI 202).

En la ocurrencia de autos, el demandante Polanco Valencia no demostró otro daño emergente que la avería de su vehículo Volkswagen a consecuencias de la colisión de que habla la demanda, de manera que es este el único que debe tenerse en cuenta para el resarcimiento de perjuicios. Destinado como estaba el vehículo a su servicio particular no acreditó una norma patrimonial por el desembolso en gastos de automóvil de servicio público por necesidades de su oficio, de manera que por este concepto no sufrió el dicho daño, ni otro emergente. Ahora, como tampoco demostró que por sus labores u oficio o empleo usase el vehículo Volkswagen como elemento necesario e indispensable para la producción de un lucro, no puede concluirse en la cesación de ésta por efecto de tenerlo en un taller de reparaciones. No hubo aportes de lucro cesante, tomado éste como “la ganancia o provecho que deja de reportarse” (artículo 1614 C.C.). Si realiza una actividad que devenga ganancias.

De lo anterior se sigue que, demostrados el daño del automóvil Volkswagen y la relación de causalidad entre dicho daño y la colisión provocada por el bus conducido por Carmona Garcia, dependiente de los demandados, éstos deberán responder solamente por el daño emergente resultante de la del automotor a las siguientes partes; el motor, su tapa, los guardafangos laterales traseros, el guardachoque trasero, las luces traseras (lámpara y stop), el vidrio panorámico posterior, con sus respectivos tornillos, ganchos y biseles, y también a la mano de obra necesaria para reparar el vehículo “en el mismo estado que tendría si el daño no hubiera ocurrido jamás”. Como la indemnización “no puede convertirse en fuente de enriquecimiento para quien sólo debe ser resarcido”, no se reconoce el lucro cesante, porque no fue demostrado.

g) Velásquez Saldarriaga solicitó que los demandados fueran declarados responsables en forma indirecta y extracontractual da las lesiones por él sufridas a causa del impacto recibido por el vehículo en que viajaba acompañado de Oscar Polanco valencia, provocado por el bus de propiedad de los demandados, conducido por Bernardo Carmona Garcia, y que, como, a consecuencia, se les condenara a pagarle la suma de $40.000.oo “valor que corresponde al lucro cesante o ganancias dejadas de percibir durante el tiempo de la incapacidad que fue de cuatro (4) meses, con un promedio mensual de diez mil pesos ($10.000.oo) y la disminución de capacidad funcional para laborar en un 40% aproximadamente, lo cual puede estimarse patrimonialmente en unos cuarenta mil pesos ($40.000.oo)”.

El juzgado despachó favorablemente estas súplicas y condenó a los demandados a pagarle al demandante Velásquez Saldarriaga la suma de $40.000.oo, “que corresponde a las ganancias que dejó de percibir durante el tiempo de la incapacidad sufrida a consecuencia de las lesiones físicas que recibió”, y que “se le pagará igualmente el equivalente que llegue a demostrarse corresponda o un 35% de merma de su capacidad funcional”. Esta condenación tiene como fundamento probatorio, en cuanto a lo que ganaba Velásquez Saldarriaga, el informe de Libardo Calle Fernández, y el testimonio del médico Mario Vásquez Soto, respecto de la norma de la capacidad funcional de aquél, los cuales no pueden ser tenidos en cuenta como elementos de convicción sobre esos dos extremos, por los motivos expresados en la sentencia de la Corte que cesó la del tribunal, es decir, porque carecen de eficacia legal.

h) Las lesiones corporales sufridas por el demandante Velásquez están plenamente demostradas en cuanto a que fueron producidas por el choque de los dos vehículos y que como consecuencia de ellos tuvo que ser hospitalizado y sometido a tratamiento médico durante algunos meses en el Instituto Colombiano de Seguros Sociales.

Sobre lo primero abren las declaraciones contestadas de Maria Cristina Betancourth y Mario Guzmán Sánchez, ambos testigos presenciales del accidente; aquélla porque iba como pasajera del tantas veces mencionado “Volkswagen”, y el segundo porque se hallaba en el sitio en que ocurrió la colisión; ambos vieron que estaba gravemente herido, que cuando lo sacaron del automóvil, se encontraba como lo expresa María Cristina: “semiinconsciente…. todo doblado, ni siquiera se podía mover y yo más tarde cuando fuimos a urgencias del Seguro, que queda en la clínica de León XIII, nos confirmaron que se había fracturado la columna”. María por su parte, afirma textualmente: “… yo lo vi que lo sacaron como tonto, tal vez reventado algo en la cabeza o en la columna por la posición en que iba…”.

Respecto de lo segundo, el médico Mario Vásquez Soto que el día 27 de junio de 1970 (fecha en que ocurrió el accidente) “fue llevado a la sección de urgencias del ICSS, como lesionado en un accidente de tránsito, el Sr. Alberto Velasquez. Al numeral B). Contesto: Tenía un trauma con luxo fractura cervical (CS). Y conmoción medular, Dicha lesión es de carácter grave pues fácilmente pudo haber provocado una cuadriplejía al paciente”. En cuanto a la duración de la incapacidad que sufrió Velásquez como consecuencia de las lesiones que le produjo el choque, agrega al declarante: “El tiempo de incapacidad y el tratamiento, aproximadamente cinco meses y medio”. Esta aseveración está corroborada por la testigo María Cristina Betancourth al ser repreguntada así: “Sabe Ud., cuánto tiempo estuvo incapacitado el Sr. Alberto Velásquez por razón de la lesión sufrida. Contesto: aproximadamente de cuatro a cinco meses”.

En lo que se refiere a las consecuencias que para el futuro le puedan acarrear esas lesiones al demandante Velásquez, es decir, la magnitud de la pérdida de su capacidad funcional no obra en el proceso la prueba eficaz correspondiente. En efecto, como lo expuso la Corte en su sentencia del 1º de octubre de 1974 que casó la proferida por el Tribunal, ese extremo de daño referido por Velásquez no podía ser demostrado por una declaración de testigos por tratarse de cuestión científica puramente conceptual reservada por la ley al dictamen de perito (sic) ni testimonio del médico Vásquez Soto solamente tiene (sic) convicción respecto de las lesiones sufridas por Velásquez, pero carece de tal poder en cuanto dispone: “yo considero que él (Velásquez) no va a recuperar el ciento por ciento de su capacidad funcional, pues él ya recuperó lo que iba a recuperar. El perdió el 33% más o menos de su capacidad. Que en relación a la edad y debido a la lesión sufrida y a la recuperación a que ya me he referido, agrego que este joven ya no logrará más recuperación”.

Por consiguiente, la condena proferida por el juez al indemnizar los perjuicios sufridos por Velásquez tiene que ser reformada en los siguientes términos: A) En cuanto a las ganancias que dejó de percibir durante el tiempo en que estuvo incapacitado para trabajar, o logre prueba que estaba devengando antes de ocurrir el accidente y durante todo el tiempo en que padeció esa incapacidad, con un límite máximo de $40.000.oo, que fue la cantidad señalada en el fallo de segundo grado y que no podría superarse so pena de incurrir en violación de lo que estatuye el art. 357 del C. de P.C., teniendo en cuenta, como ya se dijo, que dicho demandante no apeló del fallo en cuestión; y B) Respecto de lo que corresponda a la merma de su capacidad funcional derivada del accidente, en lo que se establezca pericialmente, también sin exceder del 30% que por este concepto señaló el Tribunal, en atención a los mismos motivos que acaban de expresarse.

RESOLUCIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley, actuando como Tribunal de instancia, CONFIRMA el numeral primero de la sentencia proferida en este proceso por el juez 4º. Civil del Circuito de Medellín el 20 de septiembre de 1972 y reposa el numeral segundo de la misma, el cual quedará así:

En consecuencia, condénese in genero a Alfonso Villa Londoño y Erasmo de J. Arango a pagar a Oscar Polanco Valencia, el valor de los daños causados al vehículo Volkswagen de su propiedad, con placas Nº A4-28-32, sin exceder de la cantidad de $40.000.oo, y a Alberto Velásquez Saldarriaga tanto las ganancias que dejó de percibir durante el tiempo de la incapacidad sufrida a consecuencia de las lesiones físicas que recibió, en cantidad no mayor de $40.000.oo como el 30% correspondiente a la (sic) de su capacidad funcional.

Parágrafo. El valor de las mencionadas condenas, dentro de los límites expresados, se determinará por el Juzgado del conocimiento conforme el procedimiento que indica el artículo 306 del D. de P. C., teniendo en cuenta las bases expuestas en la parte motiva de esta providencia.

Absuélvase a los demandados de los demás cargos que se les formularon.

Condénese a los mismos demandados al pago del 75% de los costos de ambas instancias.

Cópiese, notifíquese y devuélvase.

HUBERTO MURCIA BALLEN.

AURELIO CAMACHO RUEDA.

ERNESTO ESCALLON VARGAS.

JOSE MARIA ESGUERRA SAMPER.

GERMAN GIRALDO ZULUAGA.

ALFONSO PELAEZ OCAMPO.

ALFONSO GUARIN.

Secretario.