Sentencia de casación, diciembre 14 de 1992 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

REMUNERACIÓN DEL AGENTE COMERCIAL

VENTAS DIRECTAS DEL EMPRESARIO EN TERRITORIO DEL AGENTE

EXTRACTOS: «ii. 1. La exclusividad en favor del agente aparece regulada en el artículo 1318 del C. de Co., de acuerdo con el cual “Salvo pacto en contrario, el empresario no podrá servirse de varios agentes en una misma zona y para el mismo ramo de actividades o productos”. (Dest. la Sala).

Del derecho a la remuneración del agente se ocupa el artículo 1322 cuando prescribe que “el agente tendrá derecho a su remuneración aunque el negocio no se lleve a efecto por causas imputables al empresario, o cuando éste lo efectúe directamente y deba ejecutarse en el territorio asignado al agente, o cuando dicho empresario se ponga de acuerdo con la otra parte para no concluir el negocio” (Dest. la Sala).

ii. 1.1. Si bien hay quien haya sostenido que la exclusividad en favor del agente, elemento natural del contrato, acarrea para el agenciado la obligación de remunerar al agente cuando celebre un negocio que deba ser cumplido dentro del territorio asignado al primero, también, a esa remuneración, se le han atribuido otros fundamentos.

En efecto, un sector de la doctrina ve en la retribución del agente por las ventas directas una obligación del empresario por su injerencia en la órbita del agente, consumando así una especie de competencia desleal.

Otros, en cambio, sostienen que el empresario le garantiza al agente todas las posibilidades de ganancias por causa de los negocios que él ejecute en el territorio a este asignado.

Y una tercera posición justifica esa retribución por lo que constituye el propio núcleo de lo que es la agencia mercantil, pues por esta el agente asume el encargo de promover los negocios del agenciado en un determinado ramo (art. 1317 C. de Co.). Esa promoción, como es apenas comprensible, debe traducirse en el mayor número posible de contratos, por que es así como se palpa el beneficio que el agenciado obtiene del contrato de agencia. Por ello, se dice, en definitiva será difícil determinar cuales sean los contratos que en, el fondo, no tengan su causa en la actividad del agente, lo cual conduciría a observar que la ley presume que todo contrato pactado por el agenciado en el territorio asignado al agente proviene de la actividad de éste.

Como se ve, ninguna de las tesis anteriores, salvo la primera, acude a la exclusividad para explicar el por qué de la retribución a que tiene derecho el agente por las ventas directas del agenciado. O sea, por la generalidad de la doctrina no se juzga que ese derecho existe en la medida en que exista la exclusividad, pero que, no surgida o desaparecida ésta, él también debe decaer.

ii. 1.2. Con todo, el asunto no se halla íntegramente esclarecido, por lo cual resultan pertinentes estas reflexiones adicionales.

Se ha sostenido que dentro de la exclusividad en favor del agente prevista en el artículo 1318 queda comprendida la prohibición para el empresario, no solo de valerse de otros agentes dentro del territorio asignado a aquél, como reza la norma, sino también la de ejecutar negocios él mismo, por sí o por medio de sus dependientes.

Pero, bien vista la cuestión, si se acepta que la exclusividad también entraña la prohibición para el agenciado de realizar negocios en el territorio asignado al agente, se incurre con ello en una contradicción en frente de lo que prevé el artículo 1322 cuando este prescribe que el agente tiene derecho a la remuneración cuando el empresario efectúe directamente el negocio, desde luego que aquí, con toda claridad, se está dando a comprender que el empresario, bajo la apuntada condición de reconocer la remuneración, y de respetar las condiciones generales del contrato de agencia, como es obvio, sí puede ajustar contratos que deban ejecutarse dentro del territorio asignado al agente.

Si en la regla legal esa prohibición existiera también, de manera directa, para el empresario, entonces la remuneración a que este quedaría obligado en frente del agente con motivo de las ventas que llegue a atender dentro de su territorio, antes que tal, aparecería como una sanción a su cargo —así lo sugiere el recurrente—, catalogación esta que resultaría contraria al propio tenor del precepto, el cual, justamente, la califica como un derecho a la remuneración, término este que dentro del contexto normativo propio del contrato de agencia posea la específica connotación de pago o retribución por un trabajo o servicio realizado; y jamás la de sanción, pena o indemnización por la transgresión de una obligación dada.

Por lo demás, no sobra añadir que lo que el artículo 1318 reza diáfanamente consiste en que “el empresario (no puede) servirse de varios agentes en una misma zona y para el mismo ramo de actividades o productos”. Es decir, que nada determina en cuanto a su actividad directa. De manera concreta, la prohibición se circunscribe a la utilización de agentes distintos a quien es titular de la exclusividad. Pero no a la posibilidad de llevar a cabo ventas directas. Así entendido el precepto, guarda una clara armonía con el artículo 1322 en el aparte al que se viene aludiendo, porque si el empresario conserva el derecho a realizar ventas directas, el agente mantiene el suyo a que le sea pagada la correspondiente remuneración.

ii. 1.3. Situado, por consiguiente, el asunto en la perspectiva antes descrita, aflora, como consecuencia ineludible, la de que los artículos 1318 y 1322, o mejor, los derechos a que ellos se refieren, se desplazan en órbitas diferentes, las cuales ni se interfieren, ni una depende de la del otro. De ahí que si en un caso dado se pactó en contra de la exclusividad en favor del agente, o si, habiéndosela respetado al confeccionarse el contrato, llega luego a decaer por algún motivo, no por esa mera circunstancia caduca o se extingue el derecho del agente a recibir la retribución proveniente de las ventas directas cumplidas en su territorio por el empresario.

iii. En el anterior orden de ideas, sin embargo de que en el caso de autos se admita que la sociedad agenciada realizó ventas directas durante todo el tiempo en que transcurrió el contrato de agencia, y que en tal conducta es advertible una aplicación práctica del contrato que dejó de lado la exclusividad que legalmente amparaba al agente, quien, incluso, durante el contrato invocó tal derecho, no por ello cabe deducir, sin más, según el recurrente lo plantea, que ese agente también perdió el derecho a percibir la remuneración legalmente establecida en el artículo 1322 del C. de Co. y contractualmente acordada en la cláusula sexta de la respectiva convención.

Por tanto, si quedan separados los dos aspectos que el cargo primero presenta como unidos de manera consecuencial, es lógico inferir que él no puede abrirse paso, pues al Tribunal no le es endilgable la comisión de un yerro de apreciación probatoria por no haber visto de manera concatenada algo que era —y es— perfectamente escindible: Aunque se admita que el agente aceptó que durante todo el tiempo del contrato la sociedad agenciada realizara ventas directas en el territorio a él asignado, no por ello se debe seguir, forzosamente, que también decayó su derecho a que se le pagara la comisión acordada por esas ventas directas.

iv. No obstante que no fue ese el giro que el recurrente le dio al cargo, pues como se ha visto el punto lo hizo depender de la exclusividad, cabe todavía preguntar si el hecho de que el agente, durante todo el tiempo de duración del contrato, no hubiera exigido su remuneración por las ventas directas llevadas a cabo por la sociedad agenciada, puede tenerse como una aplicación práctica del contrato en el sentido de que la misma no existía en favor suyo.

Si, como se ha expuesto, la parte demandante se avino a que la sociedad agenciada llevara a cabo ventas directas en el territorio a ella asignado, ello, como también se acaba de anotar, no se traduce en la pérdida de su derecho a reclamar la remuneración contractualmente pactada. Por consiguiente, pudiendo esos dos derechos tener destinos completamente diferentes, la actitud pasiva del agente en frente de la exclusividad ningún influjo proyecta sobre el otro derecho, respecto del cual, entonces, su silencio durante el transcurrir del contrato no puede tomarse como indicativo de que se tuvo la conciencia de su no existencia. Aquí no puede hablarse de aplicación práctica del contrato justamente porque la inactividad de la parte titular del derecho está colocada en el otro extremo del carácter dinámico que tiene tal método de interpretación de los contratos: Lo que la aplicación práctica del contrato pone de presente es que la agenciada realizó constantemente ventas directas. Pero nada más. Y lo que el contrato muestra, en perfecta consonancia con la ley, es que el agente tiene derecho a un emolumento del 3% sobre el monto de esas ventas directas, sin que, dícese una vez más, su silencio para hacerlo efectivo, durante todo el tiempo de duración de la relación, por sí solo equivalga a una dejación o renuncia del mismo. Ese silencio, en materia comercial, no es sinónimo de aquiescencia tácita, y, por tal causa, el Tribunal no cayó en ningún yerro cuando no lo vio en el sentido por el que en el cargo se propugna».

(Sentencia de casación, diciembre 14 de 1992. Magistrado Ponente: Dr. Héctor Marín Naranjo).

__________________________________