Adopción de estándares internacionales de contabilidad

Revista Nº 6 Abr.-Jun. 2001

Samuel Alberto Mantilla B. 

Contador Público 

Director Departamento de Ciencias Contables 

Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia 

PRIMERA PARTE

Adoptar no es adaptar

Ubicación

A raíz de la ratificación del 1º de enero del 2005 como la fecha límite para ajustarse a los estándares internacionales en lo referente a contabilidad, auditoría y calificación de contadores profesionales, se ha desatado en el país una oleada de esfuerzos dispersos alrededor de tales objetivos.

Debe reconocerse que, dada la tradición legalista del país, muchos de esos esfuerzos buscan concretar lo señalado por el artículo 63 de la Ley 550 de 1999.

“ART. 63.—Armonización de las normas contables con los usos y reglas internacionales. Para efectos de garantizar la calidad, suficiencia y oportunidad de la información que se suministre a los asociados y a terceros, el Gobierno Nacional revisará las normas actuales en materia de contabilidad, auditoría, revisoría fiscal y divulgación de información, con el objeto de ajustarlas a los parámetros internacionales y proponer al Congreso las modificaciones pertinentes”. 

Existen diferentes alternativas para lograr el objetivo deseado. Algunos han preferido el camino de centrar los esfuerzos en la revisión de las normas colombianas actuales. Otros optan por centrar el análisis en los parámetros internacionales. Unos más focalizan sus acciones en las estructuras subyacentes a los diferentes esquemas. Debe reconocerse, por consiguiente, que no existe un esfuerzo concertado y una metodología aceptada por todos. El presente trabajo se ubica en la tercera alternativa: sentar las bases para participar con éxito en los nuevos esquemas globales.

Ello conduce, necesariamente, a reflexionar respecto del fallido esfuerzo del estatuto de revisoría fiscal a fin de evitar que con la contabilidad y la auditoría se repitan los mismos errores.

Hace casi cinco años Supersociedades organizó el esfuerzo de elaborar un estatuto de revisoría fiscal y le encargó al doctor Hernando Bermúdez su coordinación. La premisa básica era clara: buscar un consenso que permitiera elaborar un conjunto coherente de normas que reemplazara todas las actuales. Sin embargo, el comité seleccionado falló en su estructura fundamental: si bien en teoría daba representación al más amplio espectro, tal representación no fue equitativa y el sector gobierno se llevó ampliamente las mayorías. Con un agravante: como dentro del mismo gobierno nacional no existe consenso ni criterios definidos, las discusiones se tornaron interminables y fueron capitalizadas a partir de la base de acciones de poder.

Fallido el intento del consenso, algunos participantes del comité, liderados por el sector político de la contaduría y de manera expresa la Junta Central de Contadores, se “adueñaron” del trabajo realizado, eludiendo cualesquier reconocimiento elemental de derechos de autor. Entregaron tal proyecto a unos parlamentarios quienes fueron introduciendo sus propios aportes y realizando las “apropiaciones” del caso, hasta un punto tal que el intento de un estatuto se diluyó para convertirse en el proyecto de una nueva ley que, en concepto del Ministro de Hacienda Juan Manuel Santos, debe ajustarse a la normativa vigente lo cual “hace innecesaria una nueva regulación del tema” (Santos, 2000).

A la fecha no se sabe la suerte de dicha ley sobre revisoría fiscal: los distintos intereses en conflicto proclaman, cada uno a su manera y por sus medios, ya sea la aprobación triunfal o su archivo inevitable. Lo que sí está claro es que, aún en el evento de su aprobación, su vida útil será de menos de cuatro años dado que, como ya se mencionó, la revisoría fiscal también habrá de adaptarse a los patrones internacionales en el año 2005.

Dicen los que saben que conviene aprender de los errores. Por eso, si con la contabilidad y la auditoría no se quieren cometer los mismos errores que con la revisoría fiscal, ello implica, antes que nada, construir la infraestructura necesaria para tales fines, lo cual va mucho más allá de un comité (ojalá amplio y equitativo), o de la redacción de un nuevo cuerpo legal.

En consecuencia, valga la pena hacer una reflexión inicial sobre la infraestructura necesaria para que Colombia tenga éxito en su inserción en la globalización de la contabilidad, la auditoría y la contaduría profesional.

Entender el estado actual del proceso: globalización

En lo que tiene que ver con el tema de estos comentarios, el mundo ha recorrido etapas:

1. Normalización (legal y/o profesional): regulación dentro de las fronteras (nacionales y/o gremiales).

2. Armonización: análisis de las diferencias y similitudes entre las diferentes normas, realizado inicialmente de manera bilateral y posteriormente multilateral.

3. Internacionalización: definición alrededor de los esquemas de IASC (IASs) o de FASB (US-GAAP).

4. Globalización: la adopción de un cuerpo único de estándares de contabilidad: lo que se conoce como las versiones IASC 2000 (contabilidad financiera) e IFAC 2000 (auditoría financiera), e IFAD-UNCTAD (contaduría profesional) luego del ajuste según los requerimientos de IOSCO. Éste es el estado actual del proceso.

El artículo 63 mencionado hace referencia a la armonización. Si se piensa cumplir literalmente tal ley, el esfuerzo será vano por tardío. Poco importa por qué el Gobierno Nacional no participó, en sumomento, en los esfuerzos de armonización, si bien es cierto que la academia y algunos sectores interesados realizaron los análisis necesarios en aquellos momentos. Puede reconocerse que no recibieron la difusión o la aceptación requeridas para una empresa nacional.

Pero debe entenderse que en el momento actual el asunto es globalización o, en otras palabras, adoptar los estándares de IASC, IFAC e IFAD-UNCTAD y participar en la economía global. O cerrarse y perecer. Que quede claro: se trata de adoptar. El asunto no es adaptar. Aunque suene duro, poco importan las condiciones locales: el asunto es adopción.

Por eso la clave es el análisiscrossborder : adaptarse para participar más allá de las fronteras. O mejor aún: no se trata de adaptar los estándares según nuestras necesidades (que es la proclama nacionalista tradicional), sino de adaptar las condiciones locales para poder adoptar los estándares y participar.

Si el problema central no fuera la globalización, ahí si bastaría una nueva ley que regulara los asuntos internos. Pero el problema es otro, no es de carácter local.

¿Parámetros, normas o estándares?

Acostumbrados a versiones criollas de todo y a redactar con nuestras propias palabras los distintos elementos que conforman los problemas, el artículo en mención usa el término parámetros. No faltará la discusión estéril respecto de cuáles son los tales parámetros internacionales y volveremos a tener controversias como la que se realizó alrededor de las técnicas de interventoría de cuentas: todo el mundo ve las diferencias lexicográficas pero llega a las mismas prácticas, o se queda en los esquemas tradicionales.

En realidad, la alternativa está entre normas (legales y/o nacionales, caracterizadas expresamente por los límites nacionales derivados de la soberanía e impuestos por la fuerza) y estándares (caracterizados por el ir más allá de los límites, como expresión de la calidad buscada).

En Colombia no existe un adecuado uso de lo anterior y, sin más, se identifican las normas con los estándares. Para ello incluso se utilizan traducciones poco serias que crean más confusión. Identificar normas con estándares podría ser cierto en los círculos legales, normativos, pero no lo es en ambientes interdisciplinarios y sistémicos.

Hoy, en una economía globalizada, se impone una cultura de estandarización, frente a la cual ceden los regímenes normativos locales no solo en lo referente a contabilidad, auditoría y contaduría profesional, sino en todo el espectro amplio de los negocios (bienes y servicios).

El problema en Colombia implica, por consiguiente, una dura decisión para el Gobierno Nacional: va a seguir jugando a lo normativo, que es el camino fácil y que impone por la fuerza de la ley, pero que es inefectivo en la práctica, o va a aprender a jugar a la estandarización. Lo mismo dicho en otras palabras: ¿estará el Gobierno Nacional dispuesto a sentarse en una mesa de iguales, en aras del interés público? El problema se traslada a la estructura.

La clave está en la estructura

Si bien está claro que los estándares globales de contabilidad y auditoría son emitidos por IASC e IFAC, respectivamente, también debe estar claro que tales estándares han sido ajustados en los últimos años para reflejar la nueva realidad económica. Las versiones iniciales de IASC e IFAC corresponden a la época de la internacionalización. Las versiones actuales de los estándares, fruto de los acuerdos con IOSCO, buscan reflejar la globalización.

Lo que está detrás de los cambios ha sido la adopción de un esquema que se impone en todo el mundo, sea éste contable o no. Tal esquema está compuesto por tres elementos (FASB, 1998):

(1) organismo emisor de estándares;

(2) organismo regulador que hace forzoso su cumplimiento;

(3) organismo profesional que lo aplica.

Con una condición imprescindible: la independencia absoluta entre estos tres elementos.

Este esquema es el mismo del aseguramiento de la calidad, desde hace años aplicado en los EE. UU. vía FASB, SEC y AICPA, respectivamente, y que en la práctica ha sido la condición para que IOSCO y SEC acepten los estándares IASC, y que ha conducido a cambiar la estructura organizacional tanto de IASC como de IFAC, así como a replantear la profesión contable en el mundo vía los esfuerzos del IFAD y de UN. No se trata, por consiguiente, que cada país tenga su propia estructura sino de adoptar la estructura global. Una vez más, el problema no se soluciona con adaptaciones.

El asunto más delicado en Colombia es que los elementos que conforman su estructura de regulación contable no son independientes entre sí: todos pertenecen al gobierno y/o al Estado. El Decreto 2649 de 1993 es impuesto por el gobierno (aquí no vale la explicación de que los contadores no se pusieron de acuerdo), las superintendencias (que son gobierno), son las que vigilan, supervisan y controlan su aplicación (a la manera de las superintendencias, muchas veces contra criterios técnicos evidentes), y la Junta Central de Contadores (que es ente del gobierno) es la que se abroga la representación de los contadores. ¿Existe alguna posibilidad de que esto cambie en el corto plazo? La respuesta es afirmativa si se adoptan los estándares internacionales. Y es negativa si se pretende que el gobierno sea el que tenga la última y única palabra para todo.

Por eso el mandato del artículo 63 de la Ley 550 de 1999 no podrá ser cumplido por esfuerzos aislados, a escondidas: se requiere un trabajo integrado, de cara al país, donde todos tienen que ceder (empezando por el gobierno). La tardanza en hacer esto sencillamente tendrá como consecuencia el aislamiento económico del país. Y que no se olvide: la fecha límite es enero de 2005.

¿El todo general o las partes especializadas?

Un problema adicional, extremadamente complejo e interesante, es la definición del alcance de lo que se pretende.

En el ámbito local, se ha tenido la costumbre de legislar alrededor de una contabilidad general. En la práctica, ello ha derivado en que las normas no se pueden aplicar o en que se obliga a prácticas definitivamente obsoletas. Si esto no se soluciona en el país, se continuará obligando (por fuerza de ley) a una práctica contable obsoleta, hablando mal de los contadores, careciendo de competitividad internacional, pero no reconociendo que el problema de fondo es otro.

El Código de Comercio (D.L., 410/71), por ejemplo, diferencia entre contabilidad, libros, registros contables, inventarios y estados financieros en general (art. 48), pero luego obliga a unas estrecheces contables que hoy no tienen aceptación ni en la teoría contable ni en la práctica empresarial: “La contabilidad solamente podrá llevarse en idioma castellano, por el sistema de partida doble, en libros registrados, de manera que suministre una historia clara, completa y fidedigna de los negocios del comerciante, con sujeción a las reglamentaciones que expida el gobierno” (art. 50).

En consecuencia, el Decreto 2649 de 1993, que es el centro del problema, arrastra toda esa carga y ha sido inefectivo en la práctica. Si a ello se le agregan sus propias incoherencias, el asunto es preocupante: reglamenta, en un solo cuerpo, la contabilidad en general y los principios o normas de contabilidad generalmente aceptados en Colombia, lo cual desde el punto de vista técnico es absolutamente diferente.

Con la globalización, llegó la hora de abandonar esas teorías y esas prácticas respaldadas en la norma pero inefectivas en la práctica. Hoy está claro que contabilidad: (1) es otra cosa, (2) no es regulable en su totalidad, (3) el objeto de la discusión no es ni siquiera toda la contabilidad financiera. Incluso, lo que es sometido a regulación es la preparación, presentación y distribución de los estados financieros (auditados y con un componente alto de tecnología de la información!). Lo demás, debe permanecer única y exclusivamente en la esfera que le es propia: la técnico-contable, y no debe admitir interferencia alguna.

Por consiguiente, la tarea no es adaptar el 2649 corrigiéndolo, mejorándolo, complementándolo, etc., sino que la tarea es derogarlo (junto con todas las normas complementarias) y adoptar los estándares de IASC para las actividades cross-border, esto es, para los entes económicos que participan en mercados globales en sus diferentes niveles: locales, regionales, internacionales o mundiales.

Ello implica, lógicamente, modificar el Código de Comercio. La contabilidad tiene que salir del Código de Comercio, no es asunto jurídico, debe respetarse su autonomía técnica y, de manera especial, sus procesos de emisión y aplicación de estándares. Lo que podrá (y deberá) ser regulado (sobre la base de estándares internacionales) es la preparación, presentación y difusión de estados financieros.

Además, se debe tener muy claro que las PYMES, los entes gubernamentales, y las entidades sin ánimo de lucro necesitan otros estándares internacionales. En ello se está trabajando, también a escala global, con afanes. Es un proceso al que se deberá estar atento y no cometer el error de echar todo eso “en un mismo costal” por los afanes de tener un marco contable general.

El problema de la orientación

La contabilidad como tal sirve a diferentes intereses, dependiendo del direccionamiento que se le dé al análisis que conlleva.

La contabilidad gerencial sirve, y eso no es secreto, únicamente a los intereses de la administración interna. Por eso nunca será objeto de norma legal (y a pesar de ello algunas superintendencias intentan hacer aplicar modelos de costeo y similares).

La contabilidad ambiental recoge criterios ya sea macroeconómicos o de decisión empresarial interna (estratégicos).

La contabilidad social responde a decisiones de poder entre los diferentes grupos.

La contabilidad financiera, también sirve a distintos intereses. Ha tenido una evolución radical: de servir a los intereses del propietario/fisco (paradigma patrimonialista) ha cambiado a servir a los intereses de los inversionistas (paradigma de la utilidad para la toma de decisiones). Por eso, la orientación no es ya solamente confianza privada o fe pública (terceros), sino que se privilegia el interés público.

¿Estará dispuesto el Gobierno Nacional a jugar en la mesa del interés público, de igual a igual, con los otros stakeholders o querrá imponer porque sí el único interés alcabalero? Esto último funcionó en esquemas económicos cerrados (protegidos) pero en esquemas económicos abiertos no opera. La razón es sencilla: si se cierra a la fe pública y no se abre al interés público, se queda sin posibilidades de participar en el intercambio global de bienes y servicios.

¿Cuál profesión?

El régimen contable colombiano refuerza un esquema de contaduría pública muy vinculado con la teneduría de libros y la auxiliatura contable. Ese esquema en el mundo ha cedido su paso a la contaduría profesional donde la contaduría pública (=los auditores!) tiene una condición básica de independencia. Este cambio ha sido tan profundo y tan real que IFAC ha tenido que revisar y modificar su código de ética para contadores profesionales (IFAC, 2000).

Por consiguiente, además de adoptar estándares globales de contabilidad financiera (IASC 2000) se hace necesario, al mismo tiempo, adoptar los estándares globales de auditoría financiera (IFAC 2000) y de contaduría profesional (IFAD-UNCTAD, que no es otro que el esquema IFAC).

Esto implica separar los programas de formación de auxiliares contables y los programas de formación profesional de contadores. Pero el asunto va mucho más lejos. Conlleva una participación específica de la universidad. En cuanto a lo que se refiere a contaduría, ¿se continuará utilizando la autonomía universitaria para fomentar prácticas poco sanas? En el ámbito nacional tales prácticas podrán tener mucha acogida, máxime si es reforzado con argumentos nacionalistas y de garantía de empleo para las mayorías. Pero en el ámbito internacional no tiene nada que hacer. Si no se ajustan los esquemas, el trabajo de los contadores profesionales será para otros.

El esquema internacional hace referencia a la calificación de los contadores profesionales y está compuesto por los siguientes elementos interdependientes (UNCTAD, 1998 a y b):

1. Conocimientos y habilidades generales: estudios universitarios generales.

2. Educación profesional (técnico-contable): estudios universitarios contables.

3. Exámenes profesionales: de Estado.

4. Experiencia práctica: en la empresa.

5. Educación profesional continuada: en la profesión y/o en la universidad.

6. Esquema de certificación: en la profesión.

Por el lado universitario, además de ajustar y reforzar los programas de pregrado, será necesario mejorar la calidad y la diversidad de los posgrados en contaduría: debe evolucionarse con celeridad, satisfaciendo estándares internacionales, desde las especializaciones hacia las maestrías y los doctorados. La medida de ello será cuánto invierten las universidades en la formación de doctores en contabilidad. ¿O continuarán explotando el mercado sin invertir en él? ¿Continuarán las universidades otorgando títulos de contaduría respaldados por profesores y decanos que son recién egresados?

Por el lado de la profesión, será imperativo fomentar la certificación profesional bajo esquemas internacionales. No se puede continuar permitiendo que con pregrados nocturnos se pueda ejercer en igualdad de condiciones haciendo de todo. La profesión debe y necesita respetar la autonomía universitaria. Pero puede imponer las certificaciones, no sobre una base de obligatoriedad legal, sino por su difusión y aceptación generalizada. Por fortuna el mundo de las certificaciones es amplio y de calidad reconocida.

Vuelve a repetirse lo mismo. ¿Estarán dispuestos los diferentes grupos a sentarse en la misma mesa (la del interés público) y trabajar juntos en aras de un esfuerzo mancomunado? La discusión se traslada, entonces, a la transparencia necesaria.

La meta de transparencia

El actual reglamento contable colombiano tiene una mezcla de objetivos (nueve) y cualidades de la información contable (dos que se desdoblan en otras cuantas, de difícil enumeración). Algunos trabajos asemejan ello con estructuras de teoría contable pertenecientes a épocas de armonización.

En el actual momento de globalización, está claro que la meta es una sola: transparencia, la cual simplemente significa “apertura” (cfr. cross-border):

“Es un concepto que llama por una revelación plena y justa de la información para los constituyentes que necesitan esa información. Un mercado de capitales global, efectivo y eficiente, depende de información financiera que es confiable y comparable, independiente del país de origen. Por ejemplo, la reciente crisis de Asia generó preguntas sobre la efectividad de la contabilidad y la auditoría en los países afectados. Los críticos citaron información financiera incompleta, carencia de transparencia, estándares de contabilidad inapropiados o inadecuados y la aplicación inconsistente de esos estándares cuando existían, como los factores que contribuyeron a la seriedad de la crisis o a la demora en responder a ella. En consecuencia, se ha vuelto evidente que la meta de «transparencia» en la revelación de información a través de las fronteras es crítica para el desarrollo ordenado de los mercados globales de capital” (O´Malley, 2000).

Lo importante de esto es que permite conciliar los muy numerosos y diferentes intereses en conflicto. El asunto es, entonces, su adopción y no tanto cómo podemos expresarlo de una manera que se ajuste a las tradiciones ancestrales.

Más diferencias de fondo

En las páginas precedentes aparece un conjunto de diferencias respecto de infraestructura y de estructura que hacen necesario, en un contexto de globalización, dar el salto desde la normativa actual (basada en el Decreto Reglamentario 2649/93) a los estándares globales (basados en IASC 2000).

A continuación se enumeran otras diferencias, de carácter técnico, expresadas en las distintas estructuras conceptuales que respaldan las normas (locales) y los estándares (globales) desde el punto de vista técnico.

El Decreto 2649 de 1993 reglamenta la contabilidad en general y expide los principios o normas de contabilidad generalmente aceptados en Colombia. Su marco conceptual está contenido en el título I, que está compuesto por 4 capítulos (45 artículos). Define principios o normas como el “conjunto de conceptos básicos y reglas que deben ser observados al registrar e informar contablemente sobre los asuntos y actividades de personas naturales o jurídicas” (art. 1º). Agrega que apoyándose en ellos la contabilidad permite identificar, medir, clasificar, registrar, interpretar, analizar, evaluar e informar las operaciones de un ente económico en forma clara, completa y fidedigna. Precisa que su ámbito de aplicación son quienes por ley estén obligados a llevar contabilidad y/o quieran hacerla valer como prueba (art. 2º). Posteriormente, se refiere a la información contable y precisa las normas básicas de ésta, para luego tratar lo relacionado con los estados financieros y sus elementos.

Los principios de contabilidad generalmente aceptados (técnicamente: US-GAAP) son fruto de un esfuerzo originado en 1930 entre el AICPA y la New York Stock Exchange. En la actualidad son emitidos por el Financial Accounting Standards Board (FASB) en estrecha cooperación con la SEC. Su estructura conceptual está contenida en los Statements of Financial Accounting Concepts (SFAC), que es una serie diseñada para constituir el fundamento de los estándares de contabilidad financiera; prescribe la naturaleza, función y límites de la contabilidad y están diseñados para ser usados como guía que conduzca a estándares consistentes. No establecen estándares de contabilidad o prácticas de revelación para elementos particulares, ni son de forzoso cumplimiento bajo las reglas de conducta del código de ética profesional.

Existen seis SFAC:

• SFAC 1: Objetivos de la presentación de reportes financieros por parte de empresas de negocios.

• SFAC 2: Características cualitativas de la información contable.

• SFAC 3: Elementos de los estados financieros de las empresas de negocios.

• SFAC 4: Objetivos de la presentación de reportes financieros por parte de las organizaciones de no-negocios.

• SFAC 5: Reconocimiento y medición en estados financieros de empresas.

• SFAC 6: Elementos de los estados financieros de las empresas de negocios.

Los principios de contabilidad generalmente aceptados son, por consiguiente, un término técnico en contabilidad financiera. Comprenden las convenciones, reglas y procedimientos necesarios para definir la práctica contable en un tiempo particular. El estándar de los “principios de contabilidad generalmente aceptados” incluye no solamente guías amplias de aplicación general, sino también prácticas y procedimientos detallados. Son de carácter convencional, esto es, surgen por acuerdos de aceptación general (a menudo acuerdos tácitos) más que por derivación formal a partir de un conjunto de postulados o conceptos básicos. Los principios se han desarrollado sobre la base de experiencia, razón, cliente, uso y, en una extensión significativa, necesidad práctica. Sus fuentes son los ARB, APB, SFAC, SFAS, TB y EITF (Delaney, et. al., 1995).

Los estándares internacionales de contabilidad (mal traducidos como normas internacionales de contabilidad) se basan, en la actualidad, en:

• Framework for the Preparation and Presentation of Financial Statements [Estructura conceptual para la preparación y presentación de estados financieros], que trata con: (a) objetivo de los estados financieros; (b) características cualitativas que determinan la utilidad de la información contenida en los estados financieros; (c) definición, reconocimiento y medición de los elementos a partir de los cuales se construyen los estados financieros; y (d) los conceptos de capital y mantenimiento de capital. Aplica a los estados financieros en todas las empresas que presentan reportes comerciales, industriales y de negocios, ya sea que estén en los sectores público o privado. Una empresa que reporta es una empresa para la cual existen usuarios que confían en los estados financieros como su fuente principal de información sobre la empresa. Por consiguiente, no aplica a toda la contabilidad financiera: solamente a la presentación de reportes.

• IAS 1: Presentation of Financial Statements [Presentación de estados financieros]. Fue aprobada inicialmente en noviembre de 1994, revisada en 1991, reformateada en 1994 y revisada en 1997, siendo esta última la versión vigente. La IAS 1 que sustituye se refería a revelación de políticas de contabilidad. Actualiza los requerimientos contenidos en los estándares que reemplaza (IAS 1/94; IAS 5; IAS 13), es consistente con el Framework y, además, está diseñado para mejorar la calidad de los estados financieros presentados usando IASs mediante el: (a) asegurar que los estados financieros que señalan cumplimiento con IASs cumplen con cada estándar aplicable, incluyendo todos los requerimientos de revelación; (b) asegurar que las desviaciones de los requerimientos de IAS se restringen a casos extremadamente raros; (c) proveer orientación sobre la estructura de los estados financieros incluyendo los requerimientos mínimos para cada estado primario, políticas y notas de contabilidad, y un apéndice ilustrativo; y (d) establecer requerimientos prácticos (con base en el Framework) en asuntos tales como materialidad, empresa en marcha, selección de políticas de contabilidad cuando no existen estándares, consistencia y presentación de información comparativa (IASC, 1999).

Si se analizan aisladas, cada uno de estos tres marcos conceptuales tiene sus propias características, fortalezas y debilidades. Lo importante es revisar sus diferencias a la luz de un objetivo común (transparencia = apertura). A partir de ello, se encuentran principalmente tres grupos principales de diferencias: (1) diferencias de reconocimiento; (2) diferencias de medición; (3) alternativas; (4) carencia de requerimientos u orientación. Existen diversos trabajos que analizan en detalle esto. Debe destacarse el realizado por el FASB en relación con las diferencias existentes entre los estándares de IASC y los US-GAAP (Bloomer (1999)) y por la UNAB (Universidad Autónoma de Bucaramanga) en lo que tiene que ver con éstos y las normas colombianas.

Conclusión

Ante la globalización, existen dos alternativas: participar o encerrarse. El país debe decidir sobre el particular. Son más las ventajas que ofrece participar frente a la posibilidad de encerrarse.

Lo referente a contabilidad, auditoría y contaduría profesional debe mirarse como un todo integrado, no conviene analizarlos por separado. Existe una estructura que les da cohesión, a la cual es imperativo estar atentos.

El proceso contable ha evolucionado a través de las etapas de normalización (legal y/o profesional), armonización, internacionalización y globalización. Ya no es el momento de recorrer etapas superadas. Las razones por las cuales en el pasado no se recorrió ese proceso poco importan.

Frente al proceso de globalización, el imperativo es adoptar los estándares globales de contabilidad financiera (IASC 2000), auditoría financiera (IFAC 2000) y contaduría profesional (IFAD-UNCTAD). La alternativa de adaptar ya no funciona en un mundo globalizado.

Como se trata de estándares técnicos, debe tenerse mucho cuidado en su precisión conceptual. No es posible regular toda la contabilidad, ni siquiera la contabilidad financiera. Lo regulable es únicamente la preparación, presentación y distribución de estados financieros (auditados y con un alto contenido de tecnología de la información). Todo lo demás debe dejarse a la autonomía de lo técnico contable.

Se ha evolucionado desde la confianza privada a la fe pública y ahora al interés público. ¿Estarán dispuestos los diferentes stakeholders (gobierno, empresa, universidad, profesión) a sentarse en la misma mesa (interés público), a trabajar por el mismo objetivo (transparencia = apertura) y adoptar los estándares internacionales?

¿O continuaremos en las viejas peleas, descubriendo que la rueda gira y el agua moja, divididos de manera irreconciliable, defendiendo cada uno su propia parcela? Entre otras cosas, el aporte contable al proceso de paz es adoptar los estándares internacionales.

SEGUNDA PARTE

Adoptar para participar

Introducción

De alguna manera, este trabajo corresponde a la segunda parte de otro denominado “Adoptar no es adaptar”, relacionado con la adopción en Colombia de los estándares internacionales de contabilidad, auditoría y contaduría.

Para muchos, “puso el dedo en la llaga” y dijo cosas que son muy ciertas, pero que muy pocos están dispuestos a llevar a la práctica, dados los intereses preestablecidos que imperan.

A pesar de reconocerse lo inevitable de la adopción, las mayorías colombianas provenientes de los más diversos sectores prefieren el camino estéril de la adaptación. Preocupa que sigan aferradas a normas, armonización y adaptaciones como el camino generalmente aceptado y difundido.

Para el autor de estas líneas sigue siendo más importante la transparencia, así el precio que ella conlleve sea alto y difícil de pagar. En fin de cuentas, el norte es claro e implica un esfuerzo serio por reconstruir esta patria hoy maltrecha. Un amigo, ese que nunca falla, recuerda que a veces las soluciones no llegan porque hay quienes teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen.

Por eso, a conciencia que se habla a quienes no quieren oír y se explica a quienes no quieren ver, lo que sigue es una insistencia en la urgencia de la adopción, y un intento de avanzar un poco más en esta dirección.

¡El mundo cambió!

Muy pocos quieren entender que el mundo ha evolucionado desde una era industrial centrada en las normas (legales, profesionales, técnicas) hacia otra completamente diferente, la era informática, que se basa en la dinámica de los mercados (locales, regionales, internacionales, globales).

Algunos autores, refiriéndose al mismo fenómeno, señalan que la antigua economía proteccionista (cerrada, subsidiada, estática) cedió ante el advenimiento de la economía de mercados (abierta, competida, dinámica).

Otros hacen referencia a cómo la guerra fría (capitalismo versus comunismo/socialismo) se convirtió en un asunto de negocios internacionales a través de bloques de integración. Critican, eso sí, el aparente triunfo del neoliberalismo en los países subdesarrollados y su impacto negativo entre los más pobres.

Pero debe reconocerse, prácticamente todos están de acuerdo en que el mundo, después de los años 1980 ya no es el mismo. Las tecnologías de las comunicaciones, información, electrónica, genética y biología están transformando incluso la raíz de las mismas conciencias y están haciendo que los seres humanos vivan y negocien de unas maneras completamente diferentes.

Contabilidad, auditoría y contaduría, entre muchos, no han sido ajenas a este proceso y han tenido cambios tan radicales que es difícil identificar coincidencias con los antiguos esquemas industriales y mucho más con los viejos esquemas medievales.

¿Hacia atrás o hacia adelante?

En estas nuevas circunstancias, la exigencia es mirar y actuar hacia adelante, esto es, ser proactivos. No se entiende cómo muchos (y no solo contadores!) insisten en retornar al pasado y para ello caminan hacia atrás.

Por eso, para llegar a cuerpos normativos de alcance general realizan esfuerzos de armonización, un estilo de moda en los años 1970’s y que dio origen a IASC e IFAC.

Incluso realizan ejercicios de armonización incompletos: dejan el asunto en la comparación de conceptos lexicográficos (con malabares para equiparar culturas distintas) y en la búsqueda de diferencias para establecer distancias. Pero no están haciendo las conciliaciones contables necesarias para evaluar el impacto económico que, en los estados financieros, tienen esas diferencias.

Tales conciliaciones han sido práctica común en el mundo entero: cada vez que una empresa no-estadounidense ha querido cotizar en la Bolsa de Nueva York, ha podido presentar sus estados financieros según las normas de su país de origen, pero ha tenido que acompañarlas de las respectivas conciliaciones para explicar contablemente las diferencias.

Reitero, una vez más, que los procesos de armonización ya fueron superados. Constituyeron el problema central de comienzos de la década del 70, dado que cada país tenía sus propias normas contables y existían profundas diferencias. Pero fue superado gracias al esfuerzo de IASC que logró generar unos estándares internacionales de contabilidad que recibieron acogida en muchos países.

Sin embargo, la internacionalización contable ha sido superada dado que su problema principal era la coexistencia de dos cuerpos de estándares de contabilidad muy fuertes, el de IASC y el del FASB al lado de un conjunto de países que mantuvieron sus normas y reglamentos, entre esos Colombia. Este último conjunto, debe decirse, ni quitaba ni ponía en el escenario de la internacionalización contable. El real problema estaba en admitir ya los estándares de IASC o ya los del FASB.

Por eso apareció la etapa que se está dando actualmente, la de la globalización contable, cuyo primer paso fue revisar y reformular los estándares de IASC (conocidos técnicamente hoy como IASC 2000) en función del mercado de capitales (financiero y de valores), por exigencia de IOSCO. El proceso de globalización contable está en pleno desarrollo y se esperan sorpresas interesantes, entre ellas, estándares internacionales de contabilidad para PYMES.

Regresar al pasado es un estilo, muy respetable, pero no aporta al desarrollo de un mundo que es proactivo y gira en función de los mercados. Se hace imperativo, entonces, mirar hacia adelante, esto es, analizar y actuar en términos y contextos de globalización contable.

¿Cuál técnica?

En Colombia, se está insistiendo, desde los más diversos ángulos, en aplicar la técnica jurídica con la pretención de querer solucionar un problema cuya naturaleza corresponde a la técnica contable.

En la aplicación de este error hay muchos interesados. Las superintendencias y la DIAN tienen buena parte de culpa.

Incluso es frecuente encontrar la referencia a normas internacionales de contabilidad cuando en realidad lo que existe son estándares. Se difunde fácilmente que la norma colombiana, el Decreto 2649 de 1993, será reemplazado por una norma de aplicación internacional y universal. Tamaño error.

En la globalización, está claro que cada país mantendrá sus propias normas. La pretensión de los estándares internacionales de contabilidad está por encima de ello y buscan generar mecanismos de transparencia y circulación de información que garanticen la libre generación y el libre traspaso de la riqueza.

Las normas no van a desaparecer y menos las de tipo legal. En el nuevo escenario, su tarea principal es regular las relaciones entre personas, incluidas las relaciones económicas. Se regula la actividad comercial, los negocios, pero no la dinámica profesional y mucho menos la técnica de éstos.

Hoy, en el ámbito internacional, el estilo legal ha sido sustituido por otro completamente diferente y que implica la adopción de códigos de ética y de estándares internacionales técnicos (de contabilidad, auditoría y contaduría).

Los códigos de ética se emiten para ser adoptados, esto es, firmada la adhesión a ellos, luego de la cual surge el compromiso (y si se quiere, la obligatoriedad) de su cumplimiento. Muy diferente, entonces, al código de ética de la Ley 43 de 1990 que impone la obligatoriedad pero no se cumple.

Los estándares son niveles altos que se colocan adelante para jalonar los procesos. Lo obligatorio, si se quiere hablar así, es caminar eficazmente en su dirección. Las normas legales se imponen a la fuerza y no garantizan nada. Utilizando términos extremadamente simples, en términos de mercados los estándares son la boleta de entrada para participar. Sin boleta no hay acceso, pero solo ella no es suficiente. El negocio es otra cosa.

En el terreno de la adopción (e incluso en el de la adaptación) de los estándares internacionales (de contabilidad, auditoría y contaduría) debe utilizarse la técnica contable y no la técnica jurídica. Deben escucharse las voces de los expertos en contabilidad internacional. Y ello no se está haciendo, se continúa aferrados a las viejas prácticas de quienes, sin saber contabilidad, pretenden formalizarla legalmente a cualquier precio.

No se quiere aprender

En el país, los partidarios de la adaptación saborean su triunfalismo. Están seguros que van a lograr una nueva norma que mejore el 2649 y arregle todo. Persisten en su error, no sé si con alguna intención o sin ella.

La adaptación puede ser una salida jurídica válida dentro del país, pero no va a solucionar el problema de fondo, esto es, si se va a permitir o no que las empresas colombianas puedan acceder, de manera eficaz y competitiva, a los mercados internacionales y globales, incluso en su propio país, esto es, Colombia.

El único logro real que dará la adaptación, será cerrar aún más la economía colombiana. Asunto distinto, y que tampoco se está abordando, es buscar los medios para una adopción exitosa.

Pareciera que un mismo virus estuviera destruyendo el disco duro de lo contable en el país. Así como el sector político de la contaduría logró su triunfo de corto plazo con la nueva ley de revisoría fiscal (independiente que se apruebe o no) pero está llevando esta institución a la tumba por efecto de ineficacia e ineficiencia, el megasector jurídico está sepultando la contabilidad y con ella a las empresas y a la economía colombiana.

En ello se debe ser claro, porque el asunto no es si los contadores son o no de mala calidad, una frase trillada que se utiliza para esconder problemas, porque luego se acude a esos mismos contadores para que solucionen los problemas.

Lo que está en juego es la gestión empresarial colombiana en los mercados internacionales y globales. Por eso el primer imperativo, práctico, consiste en desligar lo contable de lo jurídico, respetando la autonomía técnica de cada una de estas dos disciplinas, porque su función social es diferente y la una no puede absorber la otra.

Por consiguiente, el verdadero sinónimo del dilema adoptar o adaptar es participar o encerrarse. Ello implica una decisión política de fondo. El problema es que en un mundo abierto (globalizado), cerrarse no es solución para nada.

En la práctica, el problema no es jurídico sino económico dado que implica sobrecostos para las empresas que van a participar en mercados abiertos: además de presentar información según normas y reglamentos colombianos (que tiene un costo), se hace necesario presentar información según estándares internacionales (que tiene un costo mayor). Hoy, en un mundo competido, ninguna empresa se puede dar el lujo de tener sobrecostos.

Y también en la práctica, el problema no está en las nubes sino en nuestro propio país. No se trata únicamente de si podemos o no ir a otros países a comprar y vender, sino si podemos o no comprar y vender en nuestro propio país. Aferrarnos a las normas legales implica perder los propios mercados locales. Y eso es más que grave.

Problemas sociales y problemas contables

La globalización, como fenómeno de la sociedad humana contemporánea, tiene muchas caras y facetas, unas mejores y otras no tan buenas, precisamente porque su presupuesto es la economía de mercados. Entender ello es urgente. Ya no sirven las soluciones que fueron eficaces en la sociedad medieval o en la sociedad industrial.

En términos de mercados, existen ciertas condiciones que es necesario asumir: competencia, riesgo, innovación, centro de atención en el cliente, entre otras. Ello se resume en una sola palabra: participar. No sirve, entonces, estar fuera de los mercados, es necesario estar en ellos. Por eso las barreras de entrada se reducen prácticamente a cero. El problema es mantenerse y tener éxito.

En la vieja sociedad industrial, burocratizada y jerarquizada, el asunto era completamente diferente: muy difícil entrar y muy fácil mantenerse. Para entrar a una empresa, y particularmente una del Estado, por ejemplo, la cantidad de requisitos de entrada era impresionante: títulos, años de experiencia, entrenamiento, hoja de vida, certificaciones, fotos, exámenes médicos y siquiátricos, pruebas sicotécnicas, recomendaciones, padrinos, inducción, afiliación al club/gremio/sindicato, etc. Pero muy difícil salir: ¿Cómo sacar un empleado? Misión casi imposible dado que está protegido por el mismo sistema (código laboral, carrera administrativa, sindicato, padrino, etc.).

En la sociedad informática, las cosas son diferentes. Los bloques de integración económica (Unión Europea, Talca, Mercosur, Tigres Asiáticos, etc.) lo que hacen es eliminar barreras de acceso entre los países participantes. Y uno de los esfuerzos principales de la Organización Mundial del Comercio está dirigido a eliminar las barreras de acceso. Ingresar a la red cada vez es más fácil, amigable y económico. Lo difícil ahora es permanecer en la red, ser competitivo y tener éxito.

En contabilidad, auditoría y contaduría es imperativo entender esos cambios. Porque no existen excepciones. Por eso el efecto de los estándares internacionales es facilitar el acceso a los mercados y generar condiciones de transparencia que garanticen el libre flujo de la información y de la riqueza. Por eso, en la nueva arquitectura financiera internacional, se les llega a dar la denominación técnica de bienes públicos y se les considera un mecanismo para hacer realidad la democratización de la riqueza.

Solamente mercados abiertos permiten que muchos puedan acceder y tener posibilidades. Los mercados cerrados facilitan la concentración de la riqueza y el poder.

Por lo tanto, hoy no puede existir indiferencia frente a los problemas sociales. Incluso hoy la pobreza se considera un obstáculo para el desarrollo de los mercados dado que entre más límites (barreras) tengan éstos, menos posibilidades de crecimiento existen. La búsqueda de soluciones a la pobreza se convierte, entonces, en un asunto de prioridades. Ya no se puede permanecer indiferente. La contabilidad, la auditoría y la contaduría no solo, no pueden permanecer neutras frente a ello sino que tienen que actuar pronta y eficazmente, en la búsqueda de soluciones a los problemas sociales más agudos.

Seguir enredando lo contable mediante formalismos jurídicos es pretender utilizarlo para perpetuar la pobreza, la ignorancia y las desigualdades sociales. La autonomía de lo contable frente a lo jurídico adquiere prioridad, dada la utilidad que tiene la información contable para el desarrollo de los mercados en el mundo actual.

¿Una sola contabilidad general?

El viejo ideal normativo de tener una contabilidad general con reglas uniformes válidas en todas partes, se derrumbó al igual que el muro de Berlín.

Una contabilidad general, basada en una sola fórmula (activo = pasivo + patrimonio) y en un solo método (partida doble) tuvo sentido en el mundo medieval, se hizo inefectiva en la era industrial, y perdió cualquier razón de ser en la era informática.

La pretención de tener principios de contabilidad generalmente aceptados fue superada ampliamente por la teoría contable moderna que llegó a demostrar cómo lo contable no era una práctica carente de justificación teórica, sino que evolucionaba utilizando fundamentaciones provenientes de otras disciplinas. Por ejemplo, las prácticas más ‘avanzadas’ de la era industrial se basaban ya en la teoría de la agencia, ya en la teoría de la supervisión (monitoreo), o ya en la teoría de la información.

El advenimiento de los estándares internacionales de contabilidad vía IASC (entre 1970 y 1990) fue el último intento serio en este sentido y tuvo que ceder ante las exigencias de IOSCO para limitarlos única y exclusivamente al mercado de capitales (financiero y de valores) bajo la denominación IASC 2000.

En una economía de mercados, debe resaltarse, la mayor dinámica radica en el mercado de capitales. Los estándares de este sistema generan un efecto de cascada (‘efecto dominó’) dado que las empresas que reciben exigencia, por ejemplo por parte de la bolsa de valores, la cumplen y luego la trasladan a quienes con ella se relacionan (proveedores, clientes, etc.). Este mismo efecto se da, por ejemplo, en el traslado de costos y presiones competitivas a través de la cadena de valor y del ciclo de vida.

Debe recordarse cómo en el ámbito internacional se han desarrollado, desde hace tiempo, otros estándares de contabilidad para mercados muy específicos. Por ejemplo, ISAR (Naciones Unidas), desarrolló una estructura teórica y práctica aplicable a empresas transnacionales; el FMI, el BID y el BIRF, entre otros, desarrollaron sistemas de contabilidad por proyectos; IFAC lo hizo para gobiernos (sector público). No es, entonces, asunto nuevo lo de distintas contabilidades aplicables a mercados específicos.

Lo que tal vez es realmente nuevo es el esfuerzo, todavía en ciernes, liderado por Naciones Unidas, de estándares internacionales de contabilidad para PYMES. Esto ya se practica, por ejemplo en el Reino Unido, donde hay un sistema específico de contabilidad para este tipo de empresas.

El hecho de que en Colombia estas cosas tengan poca difusión no quiere decir que en el mundo no se haya avanzado en estos asuntos. Esta es otra consecuencia de encerrarse: ni siquiera se tiene una cultura al respecto.

Además del hecho, inevitable, de la adopción en Colombia de los estándares internacionales de contabilidad (versión IASC 2000 y ss.) debe trabajarse en un sistema, que cumpla parámetros internacionales, de contabilidad-auditoría-contaduría para PYMES. Este sí es un campo del que se pueden obtener ventajas importantes y hacer aportes reales para el mundo desde Colombia; bajo la condición, claro está, de: (1) abandonar los esquemas medievales; y (2) liberar a lo contable de las ataduras jurídicas.

Se reitera. La dura realidad mostró que el ideal de una contabilidad general no funcionó ni siquiera en las épocas de armo-nización e internacionalización. La economía de mercados, de la cual muchos no se quieren enterar, muestra otras cosas: personalización, orientación al cliente, etc.: un sistema de contabilidad (técnico contable, no técnico jurídico) acorde para cada mercado, con interfaces que permitan el entendimiento entre los distintos mercados. El informe Jenkins (AICPA), por ejemplo, hizo un importante análisis sobre esto y planteó un programa de mejoramiento de la presentación de reportes de negocios con un centro de atención en el cliente.

El problema no es, entonces, mantener o no la soberanía del Estado o la estructura jurídica ancestral. Esa discusión no cuenta. El asunto es participar o no en los mercados internacionales y globales que, entre otras cosas, requieren de información contable transparente y oportuna para realizar negocios.

El agravante, debe reconocerse, es que estamos llegando tarde incluso a la globalización, además que no tenemos ni la fuerza ni el poder necesarios para imponer condiciones. Por eso, o adoptamos o adoptamos.

Completar el proceso

Si bien es cierto que en el mundo actual no existe una única contabilidad general de validez universal, sino distintos sistemas contables capaces de intercambiar información a través de interfaces, también es cierto que la contabilidad no es el único componente del proceso.

El proceso técnico completo tiene cuatro elementos: (1) account (cuenta); (2) accounting (contabilidad); (3) reporting (presentación de reportes); y (4) disclosure (revelación).

Una de las diferencias más importantes entre el actual reglamento contable colombiano (2649/93 y reglamentarios) es que no hace esta diferenciación técnica y mete todo en el mismo costal.

La cuenta es la unidad básica de almacenamiento y recuperación de información. Su movimiento en el tiempo permite generar los balances de cuenta. El sistema que permite acumular, procesar, clasificar, ordenar, evaluar y recuperar las cuentas se denomina contabilidad. Existen muchísimas tecnologías para ello. La partida doble no es el único medio que permite este proceso y tampoco es necesaria. Los sistemas integrados de información (ERPs, por ejemplo, o los sistemas SAP, Baan, Eduards, etc.) utilizan técnicas de sistemas mucho más avanzadas. Pretender imponer para ello la partida doble es una ingenuidad, como también lo es querer imponer cualquier otro sistema. Este es un terreno de total autonomía técnico-contable y no debe tener ninguna injerencia jurídica. Puede servir como medio de prueba pero no se le puede manipular en aras de una pretendida obtención de evidencia. Hoy la tecnología más avanzada y difundida para este sistema son las bases de datos relacionales, pero se está trabajando en otras más sofisticadas y eficaces.

El proceso de preparación y presentación de reportes es otra cosa completamente diferente. Consiste en, teniendo la información disponible (en contabilidad!), preparar reportes según los requerimientos de cada usuario. En el caso de IASC, está claro que los estándares internacionales de contabilidad hacen referencia única y exclusivamente a la preparación y presentación de estados financieros. No se meten con el sistema de contabilidad. En Colombia, todos los interesados (especialmente superintendencias y DIAN) le están metiendo la mano a la contabilidad y están generando unas inconsistencias técnicas impresionantes. Con un buen sistema de contabilidad (ojalá en bases de datos relacionales) es relativamente sencillo preparar distintos reportes, ya sea para el público (estados financieros), para impuestos (declaraciones tributarias) o para regulación (reportes para superintendencias). Eso es lo que está detrás de lo que técnicamente se denomina ‘bases comprensivas de contabilidad’.

Lo legal y socialmente regulable es, entonces, la preparación y presentación de reportes, ya se trate de estados financieros, declaraciones tributarias o informes para reguladores. El asunto no es, entonces, dañar la contabilidad para justificar la entrega de unos informes que a veces ni se sabe qué dicen o para qué van a servir.

La revelación de información es otro proceso, técnicamente diferente. Consiste en mostrar información adicional que explique o desagregue la contenida en los reportes, ya sea por vía de notas, anexos, etc. Depende, también, de las necesidades que tienen los usuarios para su toma de decisiones. Es algo que debe estar en el plano de la libertad, ya sea mediante la revelación voluntaria o mediante los requerimientos de revelación adicional. Pretender uniformarla es extremadamente complejo porque pierde su eficacia práctica. No es, entonces, un asunto de regulaciones legales sino de relaciones entre emisor y usuario de información.

En Colombia se hace urgente profundizar en este proceso que cada día tiene más fuerza en el ámbito internacional. Ha rebasado, incluso la contabilidad financiera. El uso de las bases de datos relacionales ha permitido, en la práctica de las empresas grandes, instalar sistemas de análisis basados en actividades (costos, presupuestos, administración) y en indicadores (balanced scorecard, medición del desempeño).

Cómo comenzar el cambio real

Se dijo atrás que es necesario buscar los medios para una adopción exitosa, en Colombia, de los estándares internacionales de contabilidad, auditoría y contaduría.

En la primera parte de este escrito “Adoptar no es adaptar” se anotaron con claridad algunas condiciones fundamentales relacionadas con problemas de infraestructura y estructura. Han sido considerados como muy duros y difíciles, sobre todo por la lentitud con que operan los procesos en Colombia. Habrá que pisar el acelerador y aprender a trabajar al ritmo moderno.

Adicional a ello, existen también algunas cosas eminentemente prácticas que se pueden acometer en el corto plazo y de manera ágil. Se comentan a continuación:

En el ámbito jurídico:

1. Modificación del Código de Comercio: eliminar el artículo 50 del Decreto-Ley 410 de 1971 que dice: “La contabilidad solamente podrá llevarse en idioma castellano, por el sistema de partida doble, en libros registrados, de manera que suministre una historia clara, completa y fidedigna de los negocios del comerciante, con sujeción a las reglamentaciones que expida el gobierno”. Ahí está la fuente y la raíz de los problemas:

¿Partida doble? Era útil en la época medieval pero hoy no sirve ni para negocios pequeños. Debe abrirse paso, legal, a las bases de datos relacionales, a los sistemas integrados de información y a los futuros desarrollos en la técnica contable. No se puede continuar atando una ciencia a unos caprichos leguleyescos.

¿En libros registrados? La evidencia electrónica convirtió los documentos en simples datos. Está demostrado que el fraude y la corrupción ni se evitaron ni se solucionaron mediante técnicas de registro en libros! Debe abrirse paso a la comunicación de información!

¿Historia clara, completa y fidedigna? Si la perspectiva es mirar al pasado, sirve un poco; si es proactiva, no sirve para nada! La historia que hoy interesa se trata de otra cosa y ello técnicamente se llama información financiera y no financiera, de corto y largo plazo, estratégica y operacional!

¿Con sujeción a las reglamentaciones que expida el gobierno? La nueva gerencia pública, reconocida en todo el mundo, incluso en Colombia, exige que el Estado y el Gobierno se dediquen solamente a lo que pertenece a su naturaleza y dejen en manos de particulares lo que no saben hacer! Está demostrado que el gobierno no tiene la menor idea de contabilidad! En Colombia se realizan barbaridades y atrocidades contables por imposición del Ministerio de Hacienda, de las superintendencias y de la DIAN! Una vez más: ¡autonomía y respeto para lo contable! Las regulaciones tienen otras esferas de acción.

2. Derogación del Decreto 2649 de 1993 y reglamentarios. Una cirugía que habrá que hacer de manera inevitable. Hay muchos que no quieren que se haga. Sobresalen entre ellos los mercaderes del PUC (en libros y en ‘paquetes’ de contabilidad), quienes se lucran al explotar la ignorancia de muchos.

Este sistema reglamentario cumplió su ciclo. Ya no es efectivo en las nuevas condiciones. Jugó un papel importante pero ya no se puede depender de él.

3. La nueva ley. Para las empresas colombianas (casi todas) que participen en mercados internacionales: adóptanse los estándares internacionales de contabilidad versión IASC 2000 y siguientes. Debe evitarse adoptar únicamente los actualmente vigentes. Es necesario, desde ya, abrir las posibilidades para los que vendrán en el futuro. Lo importante, se repite, es adoptar el esquema, no unos textos literarios. A fin de evitar volvernos a quedar atrasados.

4. Otra ley nueva. Que cree un mecanismo de generación de estándares de contabilidad para las PYMES que no participen en mercados internacionales, que son muchas. Un sistema necesariamente simplificado, flexible y que fácilmente posibilite una transición hacia el sistema IASC 2000 y siguientes, para cuando la PYME crezca o para cuando la PYME acceda a mercados internacionales. Aquí un asunto clave serán las interfaces, de manera que pueda existir comunicación entre estos tipos de información.

En los programas de contaduría

Como se está lejos de los esquemas internacionales, algunas cosas sencillas que permitan allanar el camino pero cuyas consecuencias son impresionantes:

1. Dejar de enseñar partida doble. Mientras la enseñanza de la contabilidad siga girando única y exclusivamente alrededor de la partida doble (relación deudor-acreedor; débitos y créditos), su único futuro será la tumba.

• Es urgente reemplazarla por las bases de datos relacionales e ingresar a los sistemas integrados de información. Cuando se hagan estos cambios, el mundo contable será otro.

2. Fortalecer la teoría contable con enfoques múltiples. No se puede continuar dependiendo de un solo enfoque porque se convierte en adoctrinamiento, tal y como ocurre hoy en el país: se vende como teoría contable a un conjunto de expresiones ideológicas, entre otras cosas cargadas de resentimiento.

• Da pena reconocerlo públicamente pero es una verdad innegable: la mayoría de programas de contaduría tienen como único ‘texto guía’ los planes únicos de cuentas. Y si no, que lo digan los vendedores de libros. Eso es lo que se está consumiendo con afanes y eso es lo que es necesario desterrar.

• En el mercado colombiano hay muchos libros ‘de contabilidad’ que se anuncian como ‘lo más nuevo y avanzado en la ciencia contable’ y lo único que contienen son copias desactualizadas de los PUCs. Vulgar engaño.

La teoría contable es otra cosa y hay bastante. Los programas de contaduría tienen la palabra.

3. Herramientas analíticas. La oferta de valor debe estar centrada en el manejo de herramientas analíticas que generen ventajas competitivas.

• Todos los contadores no pueden tener un instrumental único (activo = pasivo + patrimonio), se hace necesario acceder a instrumentales mejor elaborados y con mayor fundamentación matemática. Aprender inglés, computadores e internet ya no agrega valor: todo el mundo lo hace.

• El mundo contable moderno dispone de esas herramientas. Es urgente acceder a ellas.

Que quede bien claro: solamente los programas de contaduría que sean competitivos en esto, serán los que sobrevivirán en el mediano futuro.

4. Criterio básico para la evaluación de programas de contaduría: número de profesores vinculados de tiempo completo que tengan o estén cursando su doctorado en contabilidad.

• No se puede continuar aceptando que los decanos y directores de carreras de contaduría sean ‘profesionales exitosos’ que no tienen la menor idea de academia y que van a la universidad cuando les sobra tiempo de sus otras ocupaciones (dedicación exclusiva!).

• No se puede continuar admitiendo que los profesores vinculados de tiempo completo sean recién egresados a quienes se les puede pagar barato.

• No se puede continuar con profesores horas-cátedra que dictan clase en cuanta universidad pueden y no tienen compromiso académico con ninguna.

• Hoy la acreditación de programas de contaduría no tiene impacto social porque se está nivelando por lo bajo: existen 120 programas y solamente hay 4 acreditados. Y lo más preocupante: está cundiendo la práctica de no acreditarse bajo el argumento de que ‘no son capaces de cerrarnos a todas al tiempo dado que crearemos un problema social’.

• Se hace imperativo un cuestionamiento a las universidades como tales: usufructúan económicamente de los programas de contaduría (dan mucha plata) pero no invierten en ellos. Un asunto que es de ética y responsabilidad social.

En el ámbito social:

Se requiere un esfuerzo masivo de culturización en lo referente a estándares internacionales de contabilidad: entre empresarios, inversionistas y, de manera especial, entre la gente del gobierno (superintendencias!) y del derecho (Cortes, jueces, etc.).

Aquí se la tienen que jugar toda las firmas de contadores (BIGs, grandes, medianas y pequeñas). Tienen que invertir grandes sumas de dinero si quieren recuperar los terrenos perdidos. Ya no son suficientes las ‘medallitas’ y las ‘palmaditas en el hombro’. Es urgente que generen proyectos propios, ambiciosos, para sanear un mercado a cuyo daño contribuyeron.

Los programas de revisión de calidad a cargo de pares pueden ser un buen instrumento para el mejoramiento de la cultura social contable en Colombia, pero tienen que ser reforzados con programas publicitarios, académicos y culturales. Es hora de acciones, no se puede esperar más.

Palabras finales

Es inevitable la adopción de estándares internacionales de contabilidad, auditoría y contaduría.

También es inevitable el precio (alto y duro) que es necesario pagar para ello. Son muchas, y urgentes, las transformaciones que es necesario hacer. Son demasiados los enemigos (especialmente los ocultos) que quieren detener esos procesos.

No se trata simplemente de resolver un problema de técnica jurídica. Existen inmensos asuntos de técnica contable cuya autonomía es necesario respetar y valorar. Tampoco se trata del problema de una sola profesión de la cual con hablar mal de ella se arregla todo.

El asunto que está en juego es la participación o no de las empresas colombianas en los mercados internacionales y globales.

Y todavía más, si cerramos a nuestro pueblo para que afloren con más intensidad los problemas sociales, o si nos abrimos a las nuevas condi-ciones y luchamos eficazmente contra la pobreza y las desigualdades.

Y es necesario hacerlo ahora. Antes que la etapa de la globalización evolucione hacia otra diferente y aumenten nuestros problemas.

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