“Adoptar sin debate público las Normas Internacionales de Información Financiera fue un salto al vacío”

Revista Nº 154 Jul.-Ago. 2009

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Impuestos 

Las pequeñas y medianas empresas chilenas serán los “conejillos de indias” en el crítico proceso de implantación de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), que cobró vigencia en enero del 2009 en el país austral. La medida ha generado preocupación entre los expertos, porque se tomó sin formular planes de transición, ni de capacitación para empresarios y contadores.

Carlos Paillacar Silva, director del Magíster en Contabilidad y Auditoría de la Universidad Santiago de Chile, y Juan Ivanovich Pages, director del Departamento de Contabilidad y Auditoría de Gestión de la misma institución, hablaron con la REVISTA IMPUESTOS sobre los efectos que tendrá en ese país esa decisión, que consideran como aventurera.

REVISTA IMPUESTOS: ¿Cuándo incorporó Chile las NIIF?

Carlos Paillacar Silva: En el 2009 comenzó el proceso de aplicación. Pero se va a hacer gradualmente. Hay un paquete de empresas que están obligadas a acogerlas a 31 de diciembre del 2009: las grandes corporaciones que, en Chile, se denominan sociedades anónimas abiertas. Para el resto de las sociedades anónimas, también abiertas, que transan en bolsa, se corre el plazo para el 2010. En Chile, tenemos una situación de controversia. Quien regula la mayor cantidad de empresas es la Superintendencia de Valores y Seguros. Las grandes empresas están organizadas como sociedades anónimas abiertas, obviamente para transar en bolsa. El grueso, las pequeñas y medianas empresas (Pymes), no revisten el carácter de sociedad anónima. Generalmente, son sociedades de responsabilidad limitada o negocios individuales y sobre ellas no hay pronunciamientos. Quiere decir que, desde el 1º de enero, todas las Pymes debieron acoger las NIIF. Entonces, hay una situación curiosa, teóricamente el pequeño empresario quedó obligado a aplicarlas a partir de enero y los grandes esperan.

R. I.: ¿Cómo fue el proceso?

Juan Ivanovich Pages: Hay un organismo que emite las normas en el país. Se trata del Colegio de Contadores de Chile. Y existe un organismo estatal, la Superintendencia de Valores y Seguros, que tiene a su cargo la supervisión de las grandes corporaciones (sociedades anónimas). Entre estas dos entidades hicieron un acuerdo de país conforme al cual, en Chile, se adoptaron esas normas.

C. P. S.: La particularidad es que el Colegio de Contadores, por una ley de hace muchos años, está encargado de emitir las normas contables chilenas.

R. I.: ¿Qué incidencia han tenido en el aspecto tributario las normas contables expedidas por un organismo privado?

C. P. S.: Las empresas, con toda la regulación normativa, antigua y actual, llevan una contabilidad financiera. Esta implica que deben acatar todas las normas contables para establecer sus resultados operacionales. Por otra parte, las normas tributarias fijan exigencias y condiciones de reconocimiento de ingresos y de gastos que apuntan al interés fiscal. Entonces, hay dos regulaciones paralelas. El empresario está obligado a llevar la contabilidad financiera, pero en su declaración de impuestos tiene que determinar la base imponible. En ese contexto, el problema actual del Servicio de Impuestos Internos de Chile son todas las exigencias vigentes para regular y determinar la base imponible de impuestos. La pregunta es si son coherentes y si se deben mantener de acuerdo con las NIIF. Ahí es donde el servicio de impuestos internos está trabajando para determinar si, por ejemplo, un activo debe ser depreciado de manera lineal o no.

J. I. P.: Las normas tributarias no mencionan ninguna relación con las normas de contabilidad. Solamente explican cómo depurar el ingreso y el gasto necesario y que el contribuyente determine su renta de acuerdo con aquellas.

R. I.: ¿Esa situación dificulta el proceso de fiscalización tributaria?

J. I. P.: Si bien es cierto que la letra de la norma contable no hacía referencia a lo tributario, en el fondo, los conceptos de ingresos y de gastos eran los mismos, solo que la norma tributaria precisaba cuáles se aceptaban y cuáles no y bajo qué marco. Pero, ahora, viene un problema serio, porque la contabilidad basada en las normas internacionales no va a tener nada que ver con las normas tributarias.

R. I.: ¿Cómo se está abordando este problema?

J. I. P.: Al principio, el Servicio de Impuestos internos dijo que los contribuyentes debían ceñirse a las normas tributarias, léase “llevar dos contabilidades”: una para efectos tributarios y otra para acatar las normas contables internacionales que aluden a valores razonables, al deterioro de activos, al importe recuperable, a valorizar la producción a los precios netos. Después, alguien le dijo: “pero los fiscalizadores no tienen que saber cómo se hace la contabilidad para determinar las diferencias”. En consecuencia, el Servicio de Impuestos está capacitando a sus fiscalizadores sobre las NIIF.

R. I.: ¿Promover dos contabilidades no es contraproducente para la administración de impuestos?

C. P. S.: Se planteó la idea de tener dos contabilidades. Pero pienso que la norma tributaria va a tener que mirar, después de la capacitación, los verdaderos alcances de la medida. Y a lo mejor tendrá que cambiar sus lineamientos arcaicos, entre ellos, el de seguir considerando la vida útil de un activo como el único referente para calcular la depreciación.

J. I. P.: El verdadero crecimiento de un negocio está en valores razonables, es decir, lo que valen los activos y las utilidades, y no en términos de un modelo de costos. Pero cuidado, porque si adoptáramos el modelo de las NIIF para establecer los impuestos, ahí sí que vendría la contabilidad creativa. Y los contadores tendrían que especializarse en cursos de maquillaje. Estoy hablando en forma irónica, porque éticamente no pueden hacerlo. Pero van a decir, por ejemplo, “somos una empresa de bananas y ahora hay que valorar la plantación a precio de mercado. Y la teníamos en 100 millones de pesos y ahora vale 1.000 millones de pesos”. Según la norma internacional, es utilidad. Entonces, el servicio de impuestos pide que le paguen el impuesto respectivo. El propietario dirá a su vez: “pero si no se ha vendido nada, esto es patrimonio que crece. Entonces qué se va a tomar como patrimonio con precios actualizados y qué efecto va tener en el resultado financiero”. Se trata de una situación complicada.

R. I.: ¿Cómo se enfrenta esa circunstancia?

J. I. P.: Habrá que adelantar un estudio serio y profundo del marco tributario. Históricamente, se ha hablado de aplicar una tasa al patrimonio. Y otros han hablado de implantar como tal el impuesto a la renta a las utilidades. Entonces, surge la pregunta: ¿es adecuado que si los valores de mercado de los bienes suben, se tenga que pagar impuestos? Algunos dirán que sí, porque creció el patrimonio, pero la empresa no ha tenido utilidades operacionales reales. Es un tema muy complicado.

R. I.: ¿Es un problema de reglamentación?

C. P. S.: De reglamentación y de enfoque, porque la contabilidad busca la imagen fiel. Y siendo esta el concepto relativo a identificar el valor justo, el valor correcto que tienen, tanto la empresa como cada una de sus entidades, la normativa tributaria debe apuntar a que todas las actividades que se desarrollen en la empresa respondan a un concepto, a la legítima razón del negocio. Todas las decisiones que tome la empresa, analizadas desde el punto de vista tributario, tienen que responder a ese concepto. Si alguien comenzara a valorar de una manera distinta un activo, porque la norma contable se lo permite, pero esto también le va a llevar a eludir o evadir impuestos, significa que esa decisión la está tomando, no con base en una razón legítima de negocio, sino en función de algo totalmente contrario que perjudica al fisco, y a su vez tergiversa la información de la contabilidad, porque no va a ser representativa de la imagen fiel.

R. I.: ¿Quién tiene la visión crítica sobre la adopción de las NIIF?

J. I. P.: Hay muchas críticas al proceso que se ha seguido en Chile, porque se tomó la decisión de adoptarlas sin crear las condiciones básicas para su aplicación.

R. I.: ¿Cuáles son esas condiciones?

J. I. P.: Que los profesionales de la contabilidad las conozcan y se capaciten sobre aquellas. Que se creen condiciones para que exista un garante de los valores razonables y que estos no sean arbitrio de las empresas, porque si no, se va a llegar a cualquier cifra que queramos. Que se difundan las normas. A la fecha, se ha dicho que se aplicarán las NIIF y punto. El Colegio de Contadores, por otro lado, estaba adelantando el proceso de adaptar, al lenguaje chileno, esas normas para entenderlas mejor, proceso que aún no ha sido finiquitado. Otro aspecto clave es que el empresariado debe conocer los impactos que van a tener estas normas. Los empresarios no los saben y van a gritar fuerte cuando los afecten, el día en que se apliquen a los primeros estados financieros. Las nuevas normas contables provocarán confusión en los estados financieros.

R. I.: ¿Qué actitud asumió la academia en tal escenario?

C. P. S.: Estamos preocupados del estudio, del análisis, de formar a los profesionales, y además de analizar la aplicación de la norma en situaciones prácticas. En el Colegio de Contadores se tomó la decisión de adoptarlas. Pero si analizamos situaciones específicas, propias de nuestra economía, nunca se hizo la evaluación en profundidad, si realmente era conveniente adaptar nuestras normas a las NIIF o adoptarlas directamente. Y en ese dilema, la decisión del colegio fue la de adoptarlas, pero hacer la traducción de las mismas. Y en ese proceso, entramos en conceptos que, a veces, no son propios de la realidad de nuestra actividad económica.

R. I.: ¿Qué va a pasar con los contadores de las empresas que no pueden capacitarse sobre NIIF?

J. I. P.: Se tomó una decisión de país, pero irresponsablemente, porque a los profesionales no se les dio ninguna facilidad para entrar en este tema. El ideal habría sido tener un portal en internet donde se diera a conocer el proceso de convergencia entre las normas vigentes y las NIIF, donde estuvieran todas las normas, donde se realizara capacitación a distancia con talleres y conferencias, gratuita para todos los profesionales de la contabilidad y financiada por el Gobierno.

R. I.: ¿Por qué nadie lanzó una voz de alerta?

C. P. S.: Hay un problema fundamental a nivel de país y es que nunca se discutió, ni analizó la incorporación de las NIIF en Chile. En Colombia, las normas contables emanan del poder legislativo. Y eso implica una discusión para llegar a la formulación de la ley. En cambio, la discusión en el Colegio de Contadores de Chile es entre cuatro paredes, por los doce miembros.

R. I.: ¿Qué responsabilidad tuvo el Colegio en ese proceso erróneo?

C. P. S.: En el fondo, se trató de un asunto de supervivencia del Colegio, porque su razón de existencia era la de ser el organismo generador de las normas contables, regulado y autorizado por una ley. Y si el Colegio no hubiese asumido la responsabilidad de discutir, de analizar, las NIIF, se habría quedado por fuera del debate y, prácticamente, tendría que haber cerrado sus puertas.

R. I.: ¿Por qué se apresuraron a implantar las normas de contabilidad en Chile?

J. I. P.: Primero, Chile está insertado en el mercado internacional, reporta a los mercados europeos, al mercado estadounidense, y en todas partes se están adoptando las NIIF. Entonces, íbamos a figurar como un pájaro curioso quedándonos con nuestras propias normas. Segundo, la opción de no adoptar es adaptar. El que puede adaptar la norma es el Colegio de Contadores, que no recibe recursos de nadie, como para iniciar un proceso altamente técnico. Los miembros de la comisión del Colegio trabajan ad honorem. Y así hacen las normas. Entonces, entrar en este proceso especializado era prácticamente imposible. En Chile, fuimos muy aventureros y dijimos: se adoptan 100%. No se debería haber hecho así, fue un salto al vacío, porque no estábamos preparados.