Arbitraje Comercial Internacional. Desde la perspectiva del usuario: ¿Son sus beneficios más teóricos que reales?

Revista Nº 22 Ene.-Jun. 2015

por Wolf von Kumberg(1) 

Sir Christopher Staughton, exmagistrado de la Corte de Apelaciones inglesa y árbitro internacional, señaló en 1995: “Nosotros como árbitros debemos asegurar que a los clientes les guste nuestro producto, de lo contrario se irán a otro sitio”. Su afirmación fue y sigue siendo cierta hoy. Los usuarios insatisfechos con el arbitraje internacional dejarán de utilizarlo y los nuevos usuarios no se materializarán, a menos que las debilidades analizadas en este artículo sean solucionadas. Un paso vital en esta dirección por parte de los árbitros y de las instituciones es enfocarse en qué esperan los usuarios del proceso y en hacer todos los esfuerzos para satisfacer esas expectativas. En este sentido, el arbitraje no es diferente de cualquier otro servicio. Para darles a los usuarios de los servicios de arbitraje lo que quieren, quienes proveen estos servicios deben conocer el problema con el fin de darle la solución requerida. Por ejemplo, un paciente que espera nervioso en la oficina del médico quiere un diagnóstico y una cura para su malestar. Pero, para poder darle al paciente lo que quiere, el médico debe revisar la historia médica que incluye revisar cuáles son los síntomas del paciente. Lo ideal sería que el médico también tuviera en cuenta otras preocupaciones del paciente, como por ejemplo el costo del tratamiento propuesto y si el paciente puede cubrirlo. Solo así el médico podrá ofrecer alternativas que satisfagan las necesidades del paciente. Como parte de su entrenamiento, los médicos aprenden a compilar información acerca de las necesidades de las personas que usan sus servicios. Sin embargo, el entrenamiento del árbitro se ha enfocado, principalmente, en aprender procedimientos arbitrales. Este es incluso el foco de la mayoría de las conferencias de arbitraje internacional a las que he asistido durante años como director legal de una empresa multinacional aeroespacial. Incluso, cuando son organizados por respetadas instituciones arbitrales, estos programas tienden a ser desarrollados por árbitros —muchos de ellos eminentes en el campo del ADR— para árbitros o para quienes serán árbitros. La mayoría de los presentadores exaltan las virtudes del arbitraje como una alternativa frente a las cortes nacionales, así como sus múltiples beneficios para los usuarios. Sin embargo, ¿son conscientes de estos beneficios? ¿Alguien les ha preguntado a los usuarios al respecto? Si no, ¿por qué no? ¿Y con qué frecuencia los usuarios pueden hablar, públicamente, en las conferencias de arbitraje acerca de sus experiencias —buenas y malas— con el arbitraje; y más importante aún, sobre sus necesidades y preocupaciones?

Sin los usuarios no habría arbitraje. Por lo tanto, si el arbitraje va a jugar un verdadero rol en la solución de controversias comerciales internacionales en la siguiente década y más allá, los árbitros y las organizaciones arbitrales deben escuchar a los usuarios. Ambos deben tomar acciones efectivas para aprender de cada usuario sus requerimientos y expectativas. Esto es esencial si el arbitraje va a satisfacer al usuario. Aunque esto suene fácil, proveer un proceso arbitral que satisfaga a cada usuario no es tan sencillo. Cualquier proceso que involucra más de una persona tiene la potencialidad de presentar problemas, conflictos y diferencias de opinión. Debido a que el arbitraje es un proceso voluntario, incluso cuando las partes acuerdan el uso de las reglas de una institución arbitral particular hay todavía acuerdo al que llegar y, por lo tanto, una gran posibilidad de perder de vista los objetivos del usuario en el arbitraje.

Mis objetivos en el arbitraje internacional

Mis objetivos en el arbitraje internacional cuando mi compañía tiene una disputa internacional con un tercero son bastante simples: alcanzar una solución aceptable, tan pronto y tan económicamente como sea posible, con la menor interrupción del negocio y de las relaciones comerciales que ya existen. ¿Es el arbitraje un medio adecuado para alcanzar estos objetivos? La respuesta es puede ser. Pero, quizás, otros procesos ADR —de solución alternativa de disputas, por sus siglas en inglés— también podrían funcionar, dependiendo de la naturaleza, tamaño y otros parámetros de la disputa. El litigio en las cortes nacionales podría también ser una opción, si en la jurisdicción se respeta el derecho y el proceso judicial no es costoso ni demorado. En definitiva, si los usuarios creen que el proceso los puede llevar a un arreglo aceptable en menos tiempo y a un menor costo que otros procesos. Decidir cuál proceso usar depende de muchos factores. Es una cuestión, como diría un dicho inglés, en la que hay que escoger a la persona apta para la tarea —horses for race courses—.

Los beneficios potenciales del arbitraje

Son muchos los beneficios potenciales del arbitraje. La pregunta de los usuarios es si estos son reales o teóricos. Los factores revisados en este artículo, al comparar el arbitraje frente al litigio, son que el primero es menos costoso, más rápido, más flexible y más privado. Adicionalmente, el arbitraje ofrece un juez neutral que no tiene las parcialidades que pueden tener las cortes del oponente. Por último, la decisión arbitral puede ser fácilmente ejecutada en otros países, lo cual no se puede decir de una decisión judicial.

Costo

A pesar que el arbitraje es considerado un proceso económico, algunos usuarios del mismo no creen que esto sea así. La verdad es que es difícil comparar el costo de resolver disputas idénticas por diferentes medios. Sin embargo, la creencia que tienen algunos usuarios del arbitraje comercial es que es un proceso que toma mucho tiempo y que no es el más eficiente desde el punto de vista de los costos, y ha sido criticado por tomar el aspecto de un litigio. Esto ocurre cuando las partes adoptan procedimientos usados por las cortes, incluyendo el discovery, uso de expertos, la deposición de testigos y largas audiencias. En mi opinión, la crítica al arbitraje relativa a que se ha asemejado al litigio judicial está bien fundada. Si bien hay un pequeño pago por iniciar un litigio ante una corte nacional, lo cierto es que los servicios relativos al uso del tribunal, los servicios del juez, del secretario y de escribiente son costos asumidos por los contribuyentes de impuestos. Esto se puede comparar con el arbitraje administrado por una institución arbitral neutral, en donde de seguro habrá un pago administrativo determinado bajo el criterio de la respectiva institución. Adicionalmente, existirá el costo del salón en donde se desarrollen las audiencias arbitrales, los servicios de los árbitros, y un escribiente —si las partes desean documentar las audiencias—, todo lo cual será cubierto exclusivamente por las partes. Se deben sumar a estos costos los honorarios de los abogados, aplicables a ambos supuestos, al arbitraje y al litigio. Desde un punto de vista estructural, las leyes modernas de arbitraje, como la Ley de Arbitraje Inglesa de 1996 y la Ley de Arbitraje de los Estados Unidos, tienen suficiente espacio para que las partes adapten los procedimientos arbitrales conforme a sus costos y duración. Efectivamente, las partes tienen diversas oportunidades en el arbitraje para tomar el control sobre la duración y el costo de los procedimientos. La primera oportunidad que tienen es cuando negocian su acuerdo comercial. Por ejemplo, pueden acordar que el arbitraje tenga un solo árbitro y estar de acuerdo con las capacidades del árbitro. También pueden definir y acordar limitar el número de declaraciones y el alcance de las pruebas —discovery—, limitándolas a los documentos más relevantes. Las partes también pueden limitar la duración de las audiencias. Adicionalmente, pueden acordar que el árbitro sirva como mediador —estipulando mantener ciertos estándares éticos—. Esto puede conducir a las partes a un arreglo mucho más rápido o al menos a reducir los temas que serán resueltos en arbitraje. La segunda oportunidad que tienen para controlar el costo y el tiempo del arbitraje es cuando se presenta la disputa, y la tercera es durante la audiencia preliminar del arbitraje. Esta última fase se refiere al momento en que las partes y el árbitro deciden sobre los procedimientos arbitrales y el cronograma de los mismos. Sin embargo, estas oportunidades a menudo se dejan pasar. Las partes, en sus acuerdos comerciales, son rara vez lo suficientemente disciplinadas para pensar de manera conjunta acerca del tipo de disputas que podrían surgir de su acuerdo, dejando de lado los detalles del arbitraje cuando se están redactando sus contratos. En lugar de pensar en ello, las partes usan normalmente una cláusula arbitral de alguna transacción previa, que por lo general no hace referencia al control del tiempo y costo del arbitraje. Cuando la disputa se presenta y se invoca al arbitraje, las partes deben escoger al árbitro y sus abogados deben acordar los detalles del proceso arbitral, así como el cronograma en conjunto con el árbitro. Sin embargo, si los abogados son norteamericanos a menudo escogerán el uso de procedimientos judiciales que tienden a alargar el arbitraje en lugar de acortarlo. Adicionalmente, el árbitro escogido por las partes puede no apreciar que tales elecciones están en contradicción con el verdadero deseo de las partes por tener un proceso económico y rápido en el arbitraje y, por lo tanto, ceden a las complicaciones procesales, en lugar de tratar de persuadirlos de adoptar medidas más sencillas que provean procesos justos y frenen la duración de la evacuación de pruebas —discovery— y de las audiencias.

Al reconocer que los usuarios se quejan por el incremento en el costo y tiempo del arbitraje comercial, algunas instituciones arbitrales han adoptado acciones para atender este problema. Por ejemplo, la CCI redactó un informe sobre el ahorro de tiempo y el costo en el arbitraje comercial internacional, mientras que el Centro Internacional para la Resolución de Disputas, la división internacional de la American Arbitration Association, presentó lineamientos para el intercambio de información sobre el arbitraje internacional, diseñadas para controlar el costo del e-discovery y el intercambio de documentos. El CEO y presidente de la AAA, William K. Slate II, ha hecho del tema ahorro de tiempo y dinero en el arbitraje el tema central de la reciente reunión de los miembros de esta asociación en Florida al final del año pasado. Sin embargo, estos esfuerzos son relativamente recientes y por lo tanto es muy pronto para medir su eficacia.

En mi opinión, es justo decir que el costo del arbitraje puede reducirse haciendo de este proceso un beneficio real para los usuarios, solo si las partes, sus asesores y representantes legales trabajan en conjunto con el árbitro para asegurar que se toman las decisiones adecuadas con el fin de que sea un proceso menos costoso.

El primer paso lo debe dar el asesor legal de cada parte, normalmente un abogado comercial, quien debe redactar el borrador del contrato tomando en cuenta los objetivos de las partes en la solución de sus controversias. Solo con esa información, el abogado comercial que negocia el contrato, y muy probablemente también lo redacta, estará atento a los objetivos de las partes en su cláusula arbitral. Las empresas deberían asegurar que sus abogados comerciales estén entrenados en arbitraje y otras formas de ADR, y por ende estos tengan el conocimiento acerca de cómo se obtienen los mejores beneficios de este tipo de procesos.

El segundo paso tiene lugar cuando comienza el proceso arbitral. El asesor legal general de cada parte debe escoger el abogado que servirá en el arbitraje basado no solo en su materia de experiencia, sino también en su conocimiento acerca del arbitraje internacional y sus actuales prácticas y procedimientos. Adicionalmente, el asesor legal general debería explicar al abogado que estará a cargo del arbitraje cuáles son los objetivos financieros y comerciales de la empresa en el respectivo proceso y además pedirle directamente que sea proactivo en mantenerlo tan simple como sea posible y evitar cualquier idea de convertir el arbitraje en un litigio.

En relación con la elección del árbitro, cada asesor legal general debe reforzar la importancia que tiene escoger a uno que no solo esté familiarizado con la materia en conflicto, sino que además este familiarizado con el manejo eficiente del proceso arbitral. Los árbitros no son elegidos para replicar la función de los jueces, aplicando estrictamente y al pie de la letra la norma de derecho, sino para satisfacer los intereses legítimos de la comunidad comercial. Esto significa que los árbitros deben ser sensibles a los expedientes comerciales del caso y asegurar que el proceso arbitral satisfaga las necesidades de las partes.

Claramente, los árbitros, las partes y sus asesores legales tienen muchas herramientas y técnicas a su disposición para controlar el costo y tiempo de su arbitraje. Para asegurar que estas herramientas y técnicas sean empleadas, el asesor legal general —o el abogado designado— de cada parte debe monitorear de cerca las actividades del abogado encargado del arbitraje, participar en las audiencias preliminares y asistir a la audiencia final.

Hay una característica importante del arbitraje que le da una ventaja significativa desde el punto de vista del costo en relación con el litigio, a saber, la limitación que existe en la mayoría de las leyes de arbitraje con respecto a las causales previstas para la revisión judicial —p. ej., apelación— de las decisiones arbitrales. En consecuencia, aún si el arbitraje no fuese más económico que el litigio, el arbitraje terminaría costando menos, porque la revisión judicial de la decisión arbitral está circunscrita a las situaciones más escandalosas.

Rapidez en la solución

Los intereses de las partes se satisfacen, casi siempre, si se obtiene una pronta resolución de su controversia. En mi lista de objetivos, bajar los costos está en segundo lugar luego de obtener una rápida solución del caso. Esto le economiza a mi compañía tiempo de gerencia, le permite la continuidad de la relación comercial con la otra parte, permite que se completen los proyectos y, definitivamente, le ahorra dinero a la empresa.

Sin embargo, una resolución rápida de la controversia no siempre se logra por varias de las mismas razones que afectan la imposibilidad de alcanzar un bajo costo. El uso de procedimientos del litigio en el arbitraje es una de esas razones, tendencia que debe ser erradicada.

Otra de las causas de un procedimiento prolongado es la actitud de los abogados que tratan de demostrar que son mejor que su contraparte, esto aleja la controversia de las partes y sus objetivos. No puedo dejar de subrayar que el rol del abogado en el arbitraje es diferente al del abogado en el litigio ante una corte. Los intereses de las partes son fundamentales en el arbitraje, pero no lo son el deseo del abogado de ganar o siquiera de ganar una pretensión, como ocurre en el litigio.

El hecho es que el arbitraje puede ser fácilmente más corto que un litigio en corte porque tiene menos normas y procedimientos que el litigio y las reglas y procedimientos del arbitraje son mucho más flexibles. El arbitraje es también menos formal que el litigio en corte y tiene menos causales para su revisión. En contraste, el litigio es muy formal y está limitado por estrictas reglas y requerimientos procedimentales que toman más tiempo completar. Asimismo, hay numerosas posibilidades de apelar una decisión final de la corte, lo que puede hacer que el litigio dure más, a pesar de los mejores esfuerzos por una reforma judicial del sistema. En muchas jurisdicciones, las apelaciones pueden sumar 10 años o más a un litigio. Los problemas de las cortes es lo que ha hecho que la mayoría de las empresas acuerden ir al arbitraje, y que aquellas que no lo hacen se vean forzadas a llegar a un acuerdo menos ventajoso únicamente por el hecho de evitar ir a una corte.

Las instituciones arbitrales pueden jugar un rol primordial en cambiar la percepción del arbitraje como un proceso lento y costoso, pues son quienes redactan las reglas de arbitraje y entrenan árbitros para manejar procesos arbitrales. Muchas instituciones arbitrales hacen énfasis en que sus árbitros procuren alcanzar de forma proactiva, en sus paneles arbitrales, una solución rápida a la controversia bajo su administración, y además les proveen las herramientas para que sea así. Las partes deben estar atentas, no obstante, ya que el manejo eficiente de los procedimientos requiere disciplina y persistencia, especialmente cuando una de las partes o su asesor sienten que es más ventajoso ir despacio.

Existen otros obstáculos para alcanzar una resolución pronta de la controversia en el arbitraje. Uno de ellos es la visión de que los árbitros no pueden ayudar a las partes a alcanzar un acuerdo incluso cuando creen que la controversia puede resolverse de forma amigable, pues hacerlo sería violar la percepción de neutralidad que las partes tienen de ellos. La otra es que los árbitros no deben servir como mediadores en la misma disputa, incluso si las partes quieren usar el procedimiento conocido como med-arb, pues hacerlo expondría al árbitro a recibir información confidencial que no sería revelada dada la privacidad del arbitraje. En mi opinión, el interés de las partes por terminar una disputa a través de un acuerdo es muchas veces más importante que obtener una decisión arbitral. A menudo hay ocasiones en las que se ha producido suficiente evidencia que indica cuál es la verdadera naturaleza de la disputa. En esos casos, cuando la animadversión no ha destruido el deseo de las partes por comunicarse, el árbitro debería ser capaz de ayudar de alguna forma para que las partes lleguen a un acuerdo. Hay muchas maneras de hacer eso y los árbitros no deberían ser reacios a adoptar este rol, dentro de los límites éticos. En mi opinión, las partes de controversias comerciales son usualmente lo suficientemente sofisticadas para aceptar que el árbitro actúe como un facilitador del acuerdo o un mediador.

Flexibilidad

El proceso arbitral les da a las partes un amplio espacio para la flexibilidad, en el cual ellas pueden decidir muchos aspectos del procedimiento, bien sea cuando están redactando su acuerdo arbitral —pues en ese momento las partes no están aún en una controversia y las partes probablemente son optimistas acerca del negocio—, o bien cuando el arbitraje ya ha comenzado. La flexibilidad no es igual en el litigio, pues este está limitado por las reglas de derecho y de procedimiento que regulan el proceso judicial. Algunas cortes han adoptado algunos procedimientos de ADR, usualmente la mediación, pero incluso esos procedimientos no son tan flexibles como el arbitraje comercial privado. Por ejemplo, en muchas cortes adheridas a procedimientos ADR las partes no pueden escoger a un mediador neutral, facilitador o árbitro.

Las partes en un arbitraje comercial internacional tienen muchas opciones. Ellas eligen si estarán o no representadas por un abogado, el lugar del arbitraje, el derecho aplicable, el alcance en materia probatoria —discovery—, el número de declaraciones, la duración de las audiencias y si el tribunal arbitral decidirá el caso en derecho o en equidad. También eligen si tendrán uno o más árbitros, y escogen el árbitro o los miembros del tribunal arbitral, con lo cual traen a la mesa el nivel de experiencia y capacidades que ellas sientan que son necesarios para resolver su controversia. Asimismo, pueden decidir si tienen árbitros de una determinada cultura o alguno que hable un idioma particular.

Lo más importante quizás es que las partes pueden acordar excluir la injerencia judicial en el arbitraje —en otras palabras, pueden acordar no tener ayuda judicial durante el arbitraje—, así como eliminar cualquier forma de revisión o apelación judicial, lo que hace del arbitraje un verdadero proceso final.

Mientras esta flexibilidad diferencia al arbitraje del litigio en una corte local o nacional, sus beneficios solo se aprecian si las partes hacen uso de ellos. Cada abogado comercial debe estar familiarizado con los procesos de arbitraje y las técnicas que harán del arbitraje un proceso eficiente en costos y tiempos, y por lo tanto será capaz de negociar las previsiones del arbitraje para que satisfagan las necesidades de las partes. Por lo tanto, hacer uso de la flexibilidad del arbitraje depende de las partes y de sus abogados ya que, en teoría, las partes controlan el proceso arbitral y lo dirigen de acuerdo a sus necesidades.

Las partes pueden escoger el uso de técnicas que aceleren sus procedimientos. Por ejemplo, el arbitraje puede utilizar archivos digitales e intercambio de documentos electrónicos, así como videoconferencias para los testigos que están ausentes. Estas técnicas reducen significativamente la duración de los procesos y controlan el costo de los viajes, a la vez que facilitan la agenda de las audiencias.

Más aún, los procesos arbitrales pueden ajustarse a la medida para resolver nuevas controversias. Consideremos, por ejemplo, el nuevo campo de la comunicación electrónica y los negocios relacionados con ella, y por lo tanto las controversias relacionadas. Las cortes de muchos países están años atrás para lidiar con estos temas creados a partir de esta nueva realidad comercial.

De esta forma, cuando las partes toman ventaja de la flexibilidad del arbitraje para diseñar los procesos que se ajustarán a sus objetivos de costos y tiempo, no tienen razón para quejarse sobre el arbitraje si se tienen en cuenta sus ventajas frente al litigio.

Privacidad

Un elemento del arbitraje que puede jugar un rol importante en la decisión de los comerciantes para escoger este mecanismo de resolución de controversias, pero que es pasado por alto, es la privacidad. Las relaciones comerciales son privadas por naturaleza y las partes tienen muchas razones para mantenerlas así, por ejemplo, por fines de protección de la propiedad intelectual, precios, desarrollo de productos, personal clave, solo por nombrar algunas de las tantas razones sensibles. Cuando una disputa surge, las compañías quieren que estos temas permanezcan confidenciales.

A menudo, también es de interés de las partes mantener la decisión arbitral fuera del escrutinio público. La decisión arbitral es de propiedad privada de las partes. No es un documento público ya que no es archivado en una corte. Sin embargo, algunos países, como los Estados Unidos, requieren que las compañías que cotizan en bolsa revelen el estado de sus litigios y arbitrajes en documentos que son archivados por la U.S. Securities and Exchange Commission —SEC—. En algunas jurisdicciones, la privacidad del arbitraje está bajo ataque. Ha habido un número importante de decisiones judiciales que han requerido la revelación del laudo arbitral. Esta es un área en la que los abogados y las instituciones arbitrales nos debemos mantener vigilantes para evitar excesos de las cortes nacionales.

Es importante, sin embargo, conocer que el arbitraje rara vez, si es que sucede, goza de confidencialidad de acuerdo a la ley. Por esa razón, si las partes quieren mantener la confidencialidad deben celebrar un acuerdo de confidencialidad para asegurar la privacidad del proceso. Deben, igualmente, celebrar este tipo de acuerdo con los testigos expertos del caso. Incluso con ello, desafortunadamente, la parte vencedora puede decidir darle publicidad al laudo arbitral, aunque esto es menos probable con los acuerdos de confidencialidad.

Sin embargo, en mi opinión, es justo decir que la confidencialidad es un beneficio importante y subestimado que a menudo se obtiene en el arbitraje.

Neutralidad

No hay nada peor para las empresas que tener que acudir a las cortes nacionales de la jurisdicción de su oponente. Este prejuicio en contra de las cortes locales de la contraparte existe incluso cuando no hay razones legítimas para dudar de la objetividad de tales cortes o de su sistema legal.

La preocupación sobre las cortes del lugar de la contraparte se intensifica si la contraparte es el Estado o una compañía propiedad del Estado. El interés del Estado en el proceso pareciera crear un conflicto de interés insuperable para las cortes locales.

El arbitraje elimina este prejuicio al permitir a las partes escoger un lugar neutral para el proceso y árbitros sin conexión con ninguna de las partes interesadas. Sin embargo, ellas deben ser conscientes de que la elección del lugar del arbitraje generalmente implica que se aplicará la ley de arbitraje del lugar escogido. Esto puede resultar más peligroso que la jurisdicción del oponente, por lo que es necesario buscar asesoría legal antes de escoger el sitio del arbitraje con el objeto de asegurar que la ley es consistente con las expectativas de las partes.

La posibilidad de escoger la composición del tribunal arbitral o que sea una institución arbitral neutral la que tome la decisión por las partes es invaluable. Se debe tener confianza en el tribunal arbitral, ya que, a diferencia del proceso judicial, las partes solo tienen una mordida de la manzana. Esta es la razón por la cual los árbitros son centrales para la percepción positiva o negativa que tienen los usuarios sobre el arbitraje y, en consecuencia, afectan las decisiones de los usuarios sobre escoger o no el arbitraje para resolver controversias futuras. Los árbitros deben ser conscientes de esto y asegurarse de adquirir el conocimiento y las habilidades necesarias para cubrir las necesidades de las partes y dejarles una impresión positiva del proceso. Lo peor que los árbitros pueden hacer es apoderarse del procedimiento e ignorar lo que las partes desean. Los árbitros que ignoran los deseos procedimentales de las partes y emiten un laudo que ninguna de las partes encuentra aceptable pueden dañar irrevocablemente la reputación del arbitraje.

Ejecución

Obtener una sentencia en una corte es emocionante hasta que descubres que por alguna razón es imposible ejecutarla o tomará toda la vida ejecutarla. La mayoría de los sistemas legales modernos tienen procedimientos de ejecución forzosa que toman casi el mismo tiempo que toma obtener la sentencia misma. Este problema se exacerba cuando es necesario la ejecución forzosa de una sentencia extranjera en la jurisdicción donde la parte que ha perdido el juicio tiene activos. No hay garantía de que tu costosa, prolongada y duramente luchada sentencia pueda ser ejecutada algún día.

El arbitraje comercial internacional tiene una ventaja definitiva sobre los litigios en cortes nacionales, haciéndolas una elección mucho más ventajosa. Debido a la Convención de Nueva York de 1958 sobre el reconocimiento y ejecución de laudos arbitrales extranjeros, el cumplimiento internacional de los acuerdos arbitrales y sus correspondientes dictámenes es considerablemente más sencillo. Esta Convención asegura que el laudo arbitral internacional será ejecutable en todos los Estados signatarios. Esta es la certeza que el comercio internacional requiere para que el arbitraje internacional prospere.

Conclusión

¿Qué puede deducir de todo esto un usuario del proceso arbitral? Tres de los beneficios del arbitraje pueden obtenerse con certeza sin mucho esfuerzo especial —neutralidad, privacidad y ejecutoriedad del laudo—. Sin embargo, los beneficios por obtener un menor costo y una solución más rápida no se obtienen de por sí y por eso es que se escuchan quejas sobre el arbitraje. Esto es una preocupación seria, ya que los costos y una solución rápida están en la mente de casi todo el mundo, particularmente durante estos duros tiempos económicos. Esto ha puesto al arbitraje comercial en peligro de perder su posición como mecanismo favorito para resolver controversias internacionales.

En ciertas instancias, la necesidad de las partes de ejecutar un laudo en una jurisdicción extranjera puede prevalecer sobre el costo y el tiempo del arbitraje, pero también puede haber circunstancias en las cuales los usuarios decidan que es mejor llegar a un arreglo —incluso en términos menos favorables— para evitar el costo del litigio y las dudas sobre las cortes nacionales de otros países. Incluso, puede haber casos en los que las partes decidan ir a juicio en un sistema de corte nacional por la importancia para ellas de apelar.

El arbitraje internacional puede ser una manera efectiva desde el punto de vista de costo y tiempo de resolver controversias comerciales. Pero esto amerita esfuerzos concertados y la concentración de todos los participantes en el proceso: las partes, sus asesores legales y representantes, la institución arbitral a cargo de administrar el arbitraje, las organizaciones profesionales de árbitros y los árbitros mismos. Todos los participantes deben estar comprometidos en que el arbitraje sea llevado a cabo de acuerdo con las pregonadas ventajas de ser más económico y rápido que un proceso judicial en corte. El futuro del arbitraje está, en consecuencia, en las manos de sus participantes.

Por supuesto, saber esto y hacer que esto pase son dos cosas diferentes. Una prioridad crítica para las instituciones arbitrales es descubrir —y luego mantener en mente de forma constante— qué quieren y necesitan los usuarios, para luego capacitar a los árbitros en técnicas que les permitan alcanzar esos objetivos.

A pesar de que nosotros los usuarios y nuestros asesores legales y abogados somos responsables también por la estructura, costo y velocidad de nuestro arbitraje, no siempre actuamos de acuerdo a nuestras necesidades. Por lo tanto, necesitamos las habilidades, fortaleza, inteligencia y asesoría práctica de los árbitros y los recursos y normas expeditas de las instituciones arbitrales para ayudarnos a mantenernos en el camino correcto hacia nuestros objetivos.

(1) Reimpresión autorizada por Dispute Resolution Journal, vol. 66. nº 4 —Nov. 2011-Jan. 2012—, una publicación de la American Arbitration Association, 1633 Broadway, New York, NY 10019-6708, 212.716.5800, www.adr.org.