Auto de agosto 21 de 1991 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

REMISIÓN DE EXPEDIENTES

UTILIZACIÓN DE MEDIOS MÁS RÁPIDOS

Magistrado Ponente:

Dr. Héctor Marín Naranjo

Santa Fe de Bogotá, veintiuno de agosto de mil novecientos noventa y uno.

Provee la Corte sobre el nuevo recurso de reposición introducido contra el auto mediante el cual se declaró desierto y se inadmitió el recurso de casación interpuesto por Roberto Pavajeau Molina contra la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar que data del seis (6) de noviembre de mil novecientos noventa (1990).

A tal fin,

Se considera

1. El impugnante justifica su nuevo recurso sobre la base de que el auto mediante el cual se decidió la reposición contiene puntos nuevos.

1.1. Entiende la Sala que el primero de ellos consistiría en haberse sostenido que “... en el memorial en que el señor apoderado del recurrente anunció el pago de los portes no se dijo expresamente que “... era su deseo el acogerse al mecanismo especial para la remisión del expediente”, aspecto en relación al cual objeta que el expediente se remitió y que no fue por correo ordinario, sino por correo aéreo, preguntándose a continuación:

“Cómo puede entonces la Corte afirmar que no cabe deducir que el expediente se remitió con sujeción a un sistema diferente del correo ordinario? Qué tendría que hacer para demostrar un hecho notorio, resplandeciente?”.

1.2. No obstante tan categóricas afirmaciones, la Sala en el auto del 6 de mayo observó que:

“...Ninguna constancia obra sobre que, tanto por parte del recurrente como de la secretaría del Tribunal, se hubiera tenido la intención de acudir al mecanismo excepcional contemplado en la regla legal únicamente (sic) reproducida. Amén de que no quedó despejado que, en este caso, el correo aéreo ofreciera las garantías suficientes y fuera más rápido que el ordinario”.

De ahí, también, que en el auto del 26 de junio expresara lo siguiente:

“En cuanto al escrito en sí, nada dice en el sentido atrás mencionado. La parte recurrente se abstuvo, en esa oportunidad, de precisar que era su deseo el acogerse al mecanismo especial para la remisión del expediente.

Y en lo relativo a la actitud de la secretaría del Tribunal, es patente cómo no estampó en el expediente la constancia que respecto de la selección de un medio distinto al ordinario exige la norma.

Conducen, pues, esas dos observaciones a decir que el mero hecho de presentar el memorial ya citado dentro de la oportunidad igualmente indicada no se infiere que la parte recurrente en casación hubiera pretendido que el expediente se remitiera con sujeción al sistema especial autorizado en el inciso 4º del artículo 132. Los parvos —y, por lo mismo, vagos— términos del memorial donde se anuncia el pago de los portes, dan pie, más bien, para pensar que el recurrente, a la sazón, andaba encaminado en dirección diferente a la que ahora se ha querido mostrar”.

En todo ello, pues, se ha dado a comprender que, en sentir de la Sala, el correo aéreo en este caso utilizado, aún siendo “recomendado”, no resulta ser ni más rápido ni más seguro que el correo ordinario. Y es que, como se cae de su peso, la especialidad del medio de remisión a que se alude en el inciso 4º del artículo 132 del C. de P. C., no la marca la vía (aérea, terrestre o acuática) que se emplee para el desplazamiento, sino la agilidad aunada a la garantía o protección con que se rodee la conducción del expediente, desde luego que el propósito de la parte cuando opta por este camino no debe ser otro que el de que éste llegue lo más pronto posible al lugar de su destino. Y también, dentro de una previsibilidad mayor que la que normalmente se estilaría cuando se emplea el correo ordinario, evitar que se extravíe o sea mutilado.

Por lo tanto, no existe allí ningún punto nuevo.

2. Y el segundo concierne al sentido y a los requisitos del inciso 4º del artículo 132, tema sobre el cual en la parte final de su escrito, al resumir las críticas que bajo tal aspecto le endilga a la Corte, dice lo siguiente:

“a) Que es ilegal exigir que el recurrente hubiese manifestado al secretario mediante una petición escrita que optaba por un medio de transporte diferente del ordinario, demostrando que era más eficaz que el ordinario... b) Que es ilegal exigir que el secretario deje constancia en el expediente de que se solicitó y aceptó la solicitud de enviar el expediente por un medio diferente del ordinario.

c) Que en consecuencia es ilegal hacerle producir a esa inventada omisión ninguna consecuencia procesal. Y d) Que evidentemente el secretario ha debido dejar constancia en el expediente de que le pagaron los portes de ida y regreso, pero que si omitió el cumplimiento de ese deber, la parte no tiene por qué sufrir las consecuencias de su yerro”.

2.1. Como quiera que toda la cuestión sigue girando en torno del alcance que le sea atribuible al inciso 4º del artículo 132 del Código de Procedimiento Civil, y no obstante lo que ya ha dicho la Corte en las dos oportunidades anteriores relativamente a lo mismo, se ha, sin embargo, de volver sobre ello. El contenido de la norma es como sigue:

“Cuando una parte solicite al secretario el envío a otro lugar por el medio más rápido que ofrezca suficientes garantías, deberá entregarle a aquél la totalidad del valor del porte, dentro de los tres días siguientes al de la ejecutoria del auto que dispuso la remisión, de lo cual se dejará constancia en el expediente”.

Se ocupa este precepto de reglamentar dos conductas: la del interesado en la remisión, y la del secretario. La del primero comprende, a su vez, dos aspectos, siendo uno la petición para que el envío se realice por un medio más rápido y más seguro que el correo ordinario, y el otro la entrega al mencionado funcionario del valor de los portes. La conducta del secretario debe encuadrarse en estos tres pasos: en primer lugar, la aceptación de la petición que se le formula. (Y no se venga a decir ahora que la norma no lo contempla y que por tanto se lo está inventando, pues si a él se le solicita, debe definir si acepta o no acepta). En segundo lugar, el recibo de los portes. Y en tercer lugar, la consignación de la constancia en el expediente.

Tales conductas constituyen el anverso y el reverso del mismo hecho —la escogencia de un medio más rápido y seguro para el envío del expediente—, y, por tanto, debe encontrarse una lógica y completa armonía entre ambas. En este orden de ideas, carece de sentido pensar que la constancia secretarial debe limitarse a registrar únicamente el hecho del recibo de los portes. Si al secretario se le ha pedido, y este ha aceptado, que el expediente se dirija por un medio más seguro y más rápido, y si, con tal propósito, se le ha suministrado el valor de los portes —valor que para ese momento debe ser conocido por la parte interesada— cómo argumentar, con lógica, que la constancia se debe restringir a este último aspecto, máxime cuando su finalidad no es otra que la de anotar o consignar en el expediente la conducta de aquella parte?

Darle entrada a semejante entendimiento significaría perder de vista que el precepto, en su construcción sintáctica, forma un todo coherente. Que sus períodos se encuentran concatenados unos con otros, sin que se adviertan separaciones o fisuras entre ellos. Que, en tal virtud, la última parte (“... de lo cual se dejará constancia en el expediente"), se conecta tanto con la entrega de los portes como con la petición elevada por el interesado. Y que, en consecuencia, la colocación de una cuña entre estos dos sintagmas con miras a que en la constancia secretarial, uno —el atañedero a la petición de la parte—, quede preterido, es ofrecer del precepto una interpretación mutilada y arbitraria pues, como es palmar, choca incluso con su propia literalidad.

Por tanto, carece por completo de justificación que se afirme que la Corte ha inventado una regla legal.

2.2. De otro lado, ni en el auto del seis (6) de mayo, ni en el del veintiséis (26) de junio, ha expresado la Corte que la solicitud de la parte interesada deba ser plasmada por escrito. Y aun cuando lo hubiera dicho, no habría en ello ningún despropósito porque lo cierto es que la norma no señala que la petición puede ser verbal. Pero eso no es lo importante en este caso. Lo que se ha debido tomar en consideración es que la Sala ha manifestado desde el primer momento que la parte recurrente en casación elevó un memorial donde anunciaba el suministro del dinero necesario “para cubrir los gastos de envío del proceso...”, memorial que fue objeto de análisis en los dos proveídos antes mencionados. Y ha sostenido que ese escrito no es suficiente para exculpar a quien interpuso el recurso de casación.

En cuanto a que el medio de transporte propuesto sea más eficaz que el ordinario, es una cuestión que brota de las propias palabras de la ley: “... medio más rápido que ofrezca suficientes garantías...”. Pero es que la Sala tampoco ha manifestado que de manera previa se le deba demostrar al secretario que el medio sugerido sea más eficaz que el ordinario. En el auto por medio del cual se decidió la reposición se dijo:

“En sana lógica, el secretario le deberá dar curso a la solicitud, en tanto que estime que el medio que se pretende utilizar reúne las condiciones pedidas en el precepto, y que, de acuerdo con ese medio, se le suministre el valor total de los portes, de manera que estos lleguen a ser cubiertos con toda exactitud...”.

Quísose, pues, dar a comprender que se trata de algo que queda deferido al prudente criterio del secretario, pero sin que, como igualmente se hizo ver en el mismo auto, el secretario pueda suplir o reemplazar al peticionario, ya que es sobre éste que sigue pesando toda iniciativa de señalar el medio y de entregarle a aquél LA TOTALIDAD de los portes de acuerdo con ese medio.

2.3. Acorde con lo hasta este momento anotado, en el caso sub júdice ninguna omisión ha sido inventada por la Corte. Y las consecuencias procesales que se han extraído son las que corresponden a los hechos tal como se presentaron.

Esos hechos, naturalmente, tienen que ver con que el secretario no dejó la constancia pedida por la norma. Pero, como es diáfano, también conciernen de manera previa y principal a la conducta asumida por la parte recurrente en casación, conducta que ya ha sido analizada por la Sala en las dos oportunidades anteriores.

Y si la Sala inadmitió el recurso no fue por falta de la constancia secretarial, sino por el no pago oportuno de la totalidad de los portes. Ya en el auto del 26 de junio se destacó la incongruencia que existe entre afirmar que la parte recurrente dio cumplimiento a la carga de manera completa, cuando esta resulta atendida de manera apenas parcial.

Que el correo aéreo se hubiera abstenido de recibir los portes de regreso por ignorar su costo es aspecto que no desdibuja la responsabilidad de la parte recurrente, según se puso de relieve en el proveído últimamente citado, lo cual, por supuesto, entraña que no se la traslada al secretario del Tribunal. Dícese una vez más: si la parte recurrente, en verdad interesada en acudir al sistema autorizado por el inciso 4º del artículo 132, averigua con anticipación en el correo aéreo por el monto de los portes con miras a entregárselo al secretario, a buen seguro que la dificultad que, se dice, luego surgió, se hubiera captado de inmediato, en un momento en que todavía podía ser superada.

Como esa parte era la titular de la carga, no puede decir ahora que la culpa es del secretario, porque desde antes era suya la improvidencia.

De ahí que en el auto del 26 de junio la Sala hubiera puesto de presente que la función del secretario reside,

“... primero, en admitir o rechazar el (medio) que la parte señala. Y luego, si lo acoge, deben recibir la totalidad de los portes dentro del término indicado en la norma. A este propósito, es completamente obvio anotar que, para los efectos de la entrega de su importe al secretario, de antemano se tiene que saber cuál sea ese valor, aspecto que, desde luego, es de la incumbencia del recurrente, por ser él quien solicita la utilización del medio especial, y por ser quien ha de sufragar los portes. Tanto es así que si más adelante, por causas no imputables al secretario, los portes no aparecen cubiertos completamente, es la parte recurrente quien debe asumir las consecuencias de la omisión”.

De manera que en el aspecto analizado tampoco hay punto nuevo.

3. En tal virtud, y como ciertamente no aparecen puntos que no hubieran sido decididos en la providencia anterior, con toda nitidez se concluye que el recurso de reposición últimamente propuesto no es procedente, como lo expresa la ley en el inciso 3º del artículo 348 del Código de Procedimiento Civil.

Decisión

En virtud de lo expuesto, se RECHAZA por improcedente el anterior recurso de reposición interpuesto contra el auto del pasado seis (6) de mayo, proferido dentro de este proceso de Blanca Isabel Ovalle Muñoz en frente de personas indeterminadas.

Cópiese y notifíquese.

Carlos Esteban Jaramillo Schloss—Eduardo García Sarmiento—Pedro Lafont Pianetta—Héctor Marín Naranjo—Alberto Ospina Botero—Rafael Romero Sierra. 

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