“Colombia tiene que defender su autodeterminación laboral”

Revista Nº 124 Jul.-Ago. 2004

Existen muchos elementos que permiten una defensa sólida, por parte de Colombia, de su normativa laboral en el marco del TLC.

Carlos Ignacio Delgado 

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Actualidad Laboral 

El reconocido catedrático internacional en Derecho Laboral, Néstor de Buenlozano, visitó recientemente a Colombia. Durante su estadía, este especialista mexicano habló con Actualidad Laboral sobre la importancia de mantener una posición firme a la hora de defender los derechos de los trabajadores en los procesos de negociación de los tratados de libre comercio (TLC).

Buenlozano destacó que existen muchos elementos que permiten una defensa sólida, por parte de Colombia, de su normativa laboral en el marco del TLC. A la vez, le recomendó al equipo negociador “no permitir la intromisión en nada que erosione su autodeterminación en materia laboral”.

ACTUALIDAD LABORAL: En materia laboral, ¿qué se tiene que defender en las negociaciones de un TLC con EE.UU?

Néstor de Buenlozano: Es mucho lo que se puede hacer, tal como nosotros lo hicimos en su momento. No creo que Colombia tenga una condición igual a la de México, en donde existe un sindicalismo corporativo al servicio de los empleadores y del Estado, situación suficiente para que los derechos de los trabajadores no sean respetados. Imagino que el sindicalismo no vive una situación boyante en Colombia, pero funciona.

A. L.: ¿Qué destaca de su participación en el proceso negociador del TLC con EE .UU. y Canadá?

N. d. B.: Si otra vez tuviera que representar a México en la discusión del acuerdo de cooperación laboral, tendría la misma posición de entonces. No me hacía gracia que tuviéramos que defender en el equipo negociador mexicano a nuestro sindicalismo corrupto y negativo. Lo hice porque así lo creí. La razón es que no podía aceptar que los estadounidenses o los canadienses nos impusieran soluciones sobre temas propios en el campo laboral.

A. L.: ¿Qué le recomendaría al equipo negociador de Colombia en el TLC?

N. d. B.: EE.UU. tiene un gran interés en firmar un TLC con Colombia porque es un mercado valioso. Pero ustedes tienen la ventaja de unos salarios bajos para competir, aunque eso sea desventajoso desde la perspectiva social colombiana. Hay muchos elementos que permiten una defensa sólida por parte de Colombia. Ojalá que no se permita la intromisión en nada que erosione su autodeterminación en materia laboral. De otro lado, el acuerdo mexicano de cooperación laboral, que no ha favorecido las pretensiones norteamericanas, es interesante para tomarlo en cuenta.

A. L.: ¿En México convive la legislación laboral tradicional con la aplicación del TLC con EE.UU. y Canadá?

N. d. B.: El TLC es un tema meramente comercial. No hay una sola disposición de ese tratado de contenido laboral. La única referencia se hace en el preámbulo, acerca de la necesidad de incrementar el empleo.

A. L.: ¿Qué destaca de la legislación laboral mexicana?

N. d. B.: Fue muy buena y un modelo para muchos países de América Latina, pero ahora estamos atrasados. Las condiciones de trabajo que se prevén en la ley no están adecuadas a los tiempos modernos. Por ejemplo, en la Constitución Política establecimos que el tiempo de trabajo era de ocho horas por seis días a la semana, o sea 48 horas. En el proyecto de ley que preparamos para el Partido Acción Nacional, que actualmente está en el poder, planteábamos la alternativa de 40 horas de trabajo.

A. L.: ¿En qué condiciones formularon esa propuesta?

N. d. B.: Planteábamos un plazo de tres años para que se fuera aplicando paulatinamente, porque si se trabajan cinco días en vez de seis, se abriría un espacio interesante para que pudiera trabajar más gente, y así resolver problemas de desempleo o, por lo menos, paliarlos. Además, el trabajador mexicano, por ejemplo en el Distrito Federal, tiene dificultades de transporte. Inclusive podríamos pensar en una semana de cuatro días de trabajo, incorporando a las ocho horas por jornada otras dos, con el objeto de que se completaran las 40 en menos días. Entonces, a esa persona que trabaja cuatro días, se le dan tres días libres para descansar. Así, no se va a transportar con la misma frecuencia, lo que significaría disminuir el problema del transporte en la ciudad de México.

A. L.: ¿Qué cambios de fondo requiere la legislación laboral mexicana?

N. d. B.: En la legislación mexicana hay que cambiar muchos aspectos en beneficio de una mayor flexibilidad en el manejo de la planta de trabajadores. Por ejemplo, si en el departamento de una empresa hay poco trabajo y en otro mucho, la salida sería traspasar personal a este último. Pero hoy en día está prohibido, pues por ley no se pueden modificar las condiciones de trabajo. Por otro lado, la reforma fundamental habría que hacerla en lo relativo a los derechos colectivos, buscar la supresión del esquema tripartito en las juntas de conciliación de arbitraje y crear jueces en lo social.

A. L.: ¿Cuáles han sido los efectos más visibles en México del TLC?

N. d. B.: El TLC entró en vigor el 1º de enero de 1994 y provocó dos efectos: el incremento de las exportaciones de México y que las personas que estaban en la frontera y en otras regiones decidieran cerrar fábricas y talleres para dedicarse a importar productos estadounidenses o canadienses. Al comienzo, se perdió mucho empleo. Luego vino el incremento de la maquila, que en la actualidad se ha perdido, porque los norteamericanos encontraron que los chinos producen más barato que nosotros. Eso nos está generando un problema muy grave.

A. L.: ¿El derecho laboral está en riesgo de perder terreno en Hispanoamérica?

N. d. B.: Eso es lo que quisieran algunos especialistas: acabar el derecho del trabajo como un derecho tutelar de los trabajadores, y, para lograrlo, están haciendo todo lo posible en el mundo y también en México.

A. L.: ¿Qué consecuencias ha tenido esa situación?

N. d. B.: Se presenta el fraude permanente en contra de los trabajadores. Esto empezó hace muchos años, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando aparecieron las empresas transnacionales y luego multinacionales, a las que les convenía trasladarse a lugares con mano de obra barata para reducir costos y evitar el pago de los impuestos de exportación. Estas empresas empezaron a crear sus propias compañías en México. Así nació el concepto de las holding, empresas que son propietarias de las acciones de unas firmas que son sus proveedoras de servicios.

A. L.: ¿Pero dónde surge el fraude?

N. d. B.: Empezó a darse el caso de que la holding no tenía trabajadores, ya que eran contratados por las empresas operadoras. Sin embargo, estas no registraban utilidades, mientras la holding sí. Eso porque el derecho de los trabajadores a participar en las utilidades está previsto en la Constitución Política. El tema de las utilidades ha sido negativo para el empresariado mexicano, que ha hecho todo lo posible por quitárselo de encima, y, ahora, quiere lo mismo con las responsabilidades laborales. Está en boga el mecanismo de las empresas prestadoras de servicios, que también opera en Colombia. Se trata de contar con trabajadores y alquilarlos por el valor de la nómina más el 25%. Como no son los trabajadores de planta de un empresario, este no tiene responsabilidades laborales. Y el que sí las tiene, no dispone de los recursos para responder.

A. L.: ¿Cómo resume la situación del derecho del trabajo en México?

N. d. B.: En este momento existe una crisis. Los problemas los resuelven las juntas de conciliación y arbitraje, cuyos presidentes son nombrados por los gobernadores, en tanto que al Presidente de la Junta Federal lo nombra el Presidente de la República. Las juntas se integran de forma tripartita, pero ya sabemos que las dos partes, los sectores obrero y empresarial, van juntos. Esta situación es muy preocupante para todos. Los sindicatos se tienen que registrar ante la autoridad, y si esta no lo hace, pues no funcionan. Todo está controlado férreamente y cada vez lo quieren controlar más.

A. L.: ¿Cómo ha cambiado el derecho del trabajo en los últimos tiempos?

N. d. B.: Se ha visto un retroceso en este campo. En el momento, hay países en que se defiende la letra de la ley, como lo hacemos en México frente a una reforma conservadora, pero, en la práctica, es una situación inconveniente para los trabajadores y sindicatos. Además, la tendencia mundial apunta a disminuir los derechos de los trabajadores. Y si pudieran desaparecer el derecho del trabajo también lo harían. En Europa, han tratado el tema a fondo y se afirma que se debe adecuar el derecho del trabajo a la realidad económica. Pero eso también es una falacia, porque en plena producción y generación de empleo, los empresarios ganaban mucho dinero.