¿Cómo se ve el panorama laboral en el sector petrolero colombiano?

Revista 189 Mayo - Jun. 2015

Javier N. Rojas 

Especial para la revista Actualidad Laboral 

El 2015 se puede considerar un año crítico para el futuro próximo de la industria petrolera colombiana, porque la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y Ecopetrol deberán tomar decisiones fundamentales en torno a la proporción en que el país dividirá los recursos financieros disponibles entre los proyectos de exploración y producción petrolera, en un escenario mundial que muestra notorias señales de que se mantendrá la tendencia a la baja en los precios internacionales del petróleo. Este hecho replanteó el gasto público de la Nación y redujo la dinámica en el sector petrolero colombiano, lo cual tendrá eventuales efectos negativos en la generación de empleo en este renglón de la economía.

Rubén Darío Lizarralde, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios Petroleros (Campetrol), afirma que en el sector del petróleo se generan alrededor de 120.000 empleos directos, en labores de exploración y producción de ese recurso, y cinco más indirectos por cada uno de aquellos. Sin embargo, debido a la terminación de contratos con las firmas petroleras que operan en el país, esa cantidad se ha reducido a unos 15.000 empleos.

Además, esta situación genera un efecto en cascada en el sector, pues con “la disminución en los contratos, disminuye el empleo”, pero, además, la reducción de contratos implica la merma en las actividades

de exploración y producción de crudo, con incidencia negativa en las empresas prestadoras de servicios para la actividad petrolera, hechos que ocasionan, desde la perspectiva macroeconómica, efectos negativos en materia de ingresos fiscales y de exportaciones. El año pasado este sector fue responsable de cerca del 29% de los ingresos fiscales del país y del 50% de las exportaciones. Sostiene que “la afectación de esta cadena tiene un impacto nacional que va a incidir, por supuesto, en la competitividad del país”.

“En este momento”, afirma Lizarralde, “podríamos decir: muy interesante, porque la industria y la agricultura pueden aprovechar la devaluación, puesto que se vuelven más competitivos en los mercados internacionales. Pero como hemos debilitado el fortalecimiento del sector industrial y no hemos trabajado en el del sector agroindustrial, no podemos aprovechar esas posibilidades, que a nivel de empleo compensarían lo que se pierde por el lado petrolero”. Si estuvieran dinámicos, se podría transferir la mano de obra cesante en las actividades petroleras a aquellos sectores.

“Entonces, la economía se está debilitando”, señala. Hay sectores que pueden aprovechar esa mano de obra disponible, como el de la construcción y el de la infraestructura, pero estos son renglones más propensos a recibir impulsos de otras actividades económicas que a impulsar por sí mismos. “En la medida en que hay una economía rica, dinámica, presiona un desarrollo de infraestructura y esta, por supuesto, va a impactar en unos menores costos para los sectores productivos. Pero si esa economía no tiene dinamismo, el crecimiento y el fortalecimiento de la infraestructura se van a debilitar”, asegura.

Lizarralde piensa que Colombia depende mucho “de la generación de dinámica económica producto de un positivo impacto petrolero. Este país ha tenido el defecto de ser monodependiente. Primero fue el café y ahora el petróleo y nos conformamos con que nos vaya bien”, pero no se piensa “en los momentos de bonanza, que si eso, a lo que le estamos apostando, se debilita, como pasó con el café y está pasando con el petróleo, qué va a pasar con los otros sectores de la economía”.

En lo que resta del 2015, la pérdida de empleos en el sector del petróleo dependerá “de si Ecopetrol y su junta directiva no recomponen la inversión en exploración y no mejoramos nuestras relaciones con las regiones para sostener una producción de más de un millón de barriles diarios y si la Unión Sindical Obrera (USO) no entiende las medidas que se deban tomar, precisamente para fortalecer a un sector en crisis, podrían quedar desempleadas entre 25.000 y 30.000 personas”.

“Quiero llamar la atención de que uno de los años más difíciles va a ser el 2016. Entonces, este desangre desde el punto de vista del desempleo continuará, si no ordenamos el manejo del negocio, porque el impacto de la reforma tributaria del año anterior afecta negativamente la inversión, y este es un sector de mucha inversión y tecnología. Y el impuesto a la riqueza (creado en la reciente reforma tributaria) no solamente grava el patrimonio productivo, sino también el improductivo. Y este sector, con lo que estamos viviendo y con la disminución de la actividad, no solamente tiene, hoy, patrimonio productivo, sino también mucho improductivo: cerca del 35% de sus activos, en este momento, están inactivos. Y si seguimos con la tendencia, podemos llegar al 45%, y esto afectaría, en materia grave, el fortalecimiento económico y tecnológico del sector y, en consecuencia, la generación de empleo”, opina Lizarralde.

Y continúa: “A pesar de que no somos un país petrolero, tenemos crudo y, en la medida en que haya eficiencia, en todos los sentidos, podemos aplicar mejor los recursos y encontrar más petróleo, aumentar nuestra actividad, garantizar las reservas y, por supuesto, retomar la preponderancia del sector en la economía del país. Y si eso se vuelve a dar y lo aprovechamos para fortalecer a la industria y a la agroindustria, también se logrará robustecer las actividades relacionadas con la prestación de servicios”.

“Ecopetrol tiene que cambiar el presupuesto, sobre todo el de exploración, y hacer equipo con nosotros para mejorar las relaciones con la comunidad en las regiones y lograr mantener la dinámica de un millón de barriles diarios o más. Esa proximidad con la comunidad, primero, tiene relación con el empleo del sector, pues son muchas las empresas regionales que, en este momento, están afectadas, pero, segundo, hay mafias que se han infiltrado en las comunidades, que han extorsionado al sector petrolero, que lo han obligado a pagar más de lo que debe por la prestación de unos servicios y que, en ese sentido, tenemos que hacer causa común con el Gobierno”.

Precisa que “la Superintendencia de Industria y Comercio ha ofrecido todo su apoyo para que los servicios que se generan en las regiones se ofrezcan a precios de mercado y competitivos y no les cobren a las empresas prestadoras de servicios, ni a las empresas operadoras, 40 u 80% más de lo que les deben cobrar. Ese sobrecosto afecta el empleo, porque le resta competitividad a las empresas prestadoras de servicios y a las operadoras y al hacerlo, en muchos casos, estas prefieren cerrar pozos y no ponerlos a producir, porque es más costoso. Entonces, los cierran para el momento en que haya unas mejores condiciones”, y mientras tanto no se generan los empleos asociados a la producción petrolera.

Seguridad energética

El presidente de Campetrol insiste en que “el mejor estímulo al empleo son los contratos de exploración y de producción. En la medida en que haya contratos, no solamente habrá mayor empleo, sino que, adicionalmente, estaremos garantizando que en siete años el país no tenga que importar petróleo, con unas gravísimas consecuencias para la balanza comercial y para los ingresos fiscales”.

Anota que “cerca de dieciocho empresas se han acercado ya a la Superintendencia de Sociedades a solicitar reestructuración de sus pasivos y dos adicionales se han quebrado. Todas las empresas prestadoras de servicio, no solamente han sido llamadas (por las firmas petroleras) para negociar tarifas por sus servicios, sino que la mayoría de ellas han sido notificadas de la suspensión de contratos”.

A Lizarralde le preocupa la situación del sector petrolero en el 2016, porque será cuando se sienta plenamente el impacto de la reforma tributaria del 2014 y porque habrá una menor producción diaria de barriles de petróleo y “si no invertimos en exploración, la tendencia continuará. En este momento podemos hablar, más o menos, de 90 municipios petroleros que recibirán el impacto negativo de un sector sin dinámica suficiente”.

Para Edwin Castaño, presidente de la USO, es “indudable que la inversión extranjera ha abierto nuevos caminos y plazas laborales en el país y señala que antes del 2007, en el sector petrolero, se empleaban alrededor de 30.000 trabajadores, mientras que actualmente “estamos hablando de unos 125.000”. Pero, aclara, “son trabajos fluctuantes y, hoy, con la coyuntura de la caída de los precios internacionales del petróleo, indudablemente, las empresas del sector han empezado a analizar la necesidad eventual de reducir costos laborales mediante la disminución de beneficios o la desvinculación masiva de trabajadores”.

Esa difícil situación comenzó a evidenciarse “desde finales de noviembre y principios de diciembre del 2014, cuando se empezaron a dar los primeros indicios de la coyuntura internacional de los precios”. Anota que el problema era inevitable por “los excedentes que está generando EE UU y por el bloqueo que piensa hacer la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a la producción” de ese país, hechos que habrían de tener efecto en Colombia.

Comenta que el escenario se tornó mucho más complejo en enero del 2015, debido a que el precio internacional del crudo continúo en descenso, situación que alarmó tanto a las empresas del sector petrolero como al mismo Gobierno, dado que habían hecho presupuestos para este año con base en una proyección del precio por barril de petróleo en torno a los 90 dólares.

“Pero las empresas no se prepararon para esa situación. Consideramos que la política petrolera ha sido mal manejada por los gobiernos de turno”. Antes existía el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (FAEP) y que sumaba recursos por unos 8,5 billones de pesos; “de cada barril extraído se sacaba un poco de ese dinero y se llevaba a esa cuenta, la cual era para que en épocas de no bonanza, por lo menos, no cayera la balanza comercial del Estado colombiano y podrían echar mano de esos recursos para generar obras que pudieran mitigar el tema del desempleo y para inversión en las regiones”.

Castaño recalca que el número de empleos que genera Ecopetrol es fluctuante. De acuerdo con un estudio que realizó la Escuela Nacional Sindical, la empresa tuvo, en el 2010, 32.954 trabajadores tercerizados y 6.744 bajo contrato directo; en el 2011, empleó 32.060 mediante empresas contratistas y 7.703 directamente; en el 2012 le dio empleo a 40.250 trabajadores en la modalidad de tercerización y hubo 8.087 empleados directos; en el 2013 se subcontrataron 30.247 personas y se registraron 8.800 empleos directos. Estos datos arrojan un promedio de 41.712 trabajadores contratados a través de tercerización, cantidad equivalente a 81,09%.

En Ecopetrol, “2.400 trabajadores somos del núcleo del negocio, de operación, de mantenimiento, que nos beneficiamos de una convención colectiva. El resto, unos 6.400 trabajadores, son de la nómina directiva”. Para ellos, la estatal petrolera “tiene un acuerdo de beneficios o un pacto laboral”.

Castaño anota que en el 2014 no disminuyó sensiblemente el empleo en el sector petrolero, pues se presentaron hechos comunes como la terminación de contratos laborales con justa causa o sin justa causa, pagando, en estos casos, la correspondiente indemnización. En cuanto al Instituto Colombiano del Petróleo (ICP), Ecopetrol les canceló contratos comerciales y civiles a dos empresas que prestaban servicios al instituto, y “estas se vieron en la obligación de cancelar 557 contratos de trabajo en Bucaramanga (Santander)”.

En relación con la intención que manifestó el ministro del Trabajo, Luis Eduardo Garzón, en febrero del 2015, de buscar fórmulas encaminadas a evitar que las empresas del sector petrolero se vean abocadas a realizar despidos de personal, por efecto de la crisis de los precios internacionales del crudo, Castaño afirma que “el ministro, en la reunión que tuvimos, fue muy sincero: ya hay una decisión por parte de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP) y de Campetrol en no buscar alternativas, sino en hacer los recortes de personal que se requieran. Esa idea de mantener el empleo en las áreas petroleras no se pudo sostener”.

Propuesta desigual

Castaño reconoce que a raíz de los bajos precios del crudo, “las empresas están dejando de ganar; no vamos a decir que están en quiebra total, porque el costo de levantamiento (extracción) de un barril, todavía es rentable para muchas. Las empresas quieren trasladarles ese peso a los trabajadores. Entonces, buscan que el trabajador acepte una reducción de los beneficios laborales y que realice el mismo trabajo, pero por un menor valor”.

“Nuestra posición como organización sindical ha sido que no vamos a entregar, ni a ceder derechos, no vamos a ceder la convención colectiva, porque podríamos decir, coloquialmente: este es un negocio de cien pesos que con cinco centavos no se va a resolver. Dentro de toda esa balanza, que vale miles de millones de dólares, se puede entregar la convención, los acuerdos, se puede poner a trabajar gratis a los trabajadores, y eso no les va a solucionar, día a día, la situación a los empresarios de la industria petrolera”, afirma.

Castaño cree que las decisiones para contener el eventual aumento de la tasa de desempleo en el sector petrolero son más de naturaleza política que laboral: “Está el plan de modernización de la refinería de Barrancabermeja. A través del Decreto 2133 del 2012, el Gobierno declara de interés nacional el proyecto de modernización de esa refinería. Este generaría alrededor de 6.000 trabajos durante el periodo de construcción, que tardaría alrededor de cinco años. Pero, aparte de eso, Fedesarrollo hizo un estudio y en toda la cadena productiva, directa e indirecta, a lo largo de la construcción generaría alrededor de 40.000 empleos”.

De otro lado, considera que si no se renueva el contrato a la firma Pacific Rubiales, a partir del 2016, en campo Rubiales (Meta), una parte de ese personal que queda sin trabajo se podría contratar para realizar proyectos de investigación y desarrollo en el Instituto Colombiano del Petróleo en Bucaramanga (Santander).

Otra propuesta de Castaño, ante el despido de trabajadores del sector petrolero, consiste en que el Estado financiara una parte de esos salarios, los trabajadores aceptaran dejar de percibir una proporción de los mismos y las empresas petroleras pagaran otra parte con el fin de que tales trabajadores se vincularan a programas de recalificación de la mano de obra. Así mismo, considera que se podrían realizar adecuaciones tecnológicas a la refinería de Apiay, con el propósito de que produzca asfalto con la calidad que demandarán los proyectos de construcción de las vías de cuarta generación en el país, iniciativa que también contribuiría a crear más plazas de trabajo en el sector petrolero.

Por su parte, Juan Carlos Echeverri, presidente de Ecopetrol, recalcó en una entrevista con Caracol Radio que “no ha habido ni habrá despidos masivos” en la empresa y aclaró que hubo “unos contratos que se vencían con contratistas externos”, como en el caso de la refinería de Cartagena (Reficar), “pues ya se está terminando”, se ha cumplido casi el 99% del mismo. En “esos contratos que se vencen los trabajadores y los profesionales deben migrar hacia los nuevos negocios que se van a generar en Cartagena, en la costa Caribe y en el país, con los productos que van a salir de la refinería; esa migración es natural”.

Según Echeverri, “lo fundamental es que la estabilidad y la calidad de los empleos de Ecopetrol depende de que la empresa sea sólida. Entonces, nuestro reto conjunto con los empleados y, por supuesto, con la USO es navegar este escenario de precios bajos y mantener y solidificar la estabilidad de la compañía”.

Precisó que “Ecopetrol tiene más de 260 campos, en veinte de estos produce el 80% del petróleo y los costos de lo que se llama levantamiento del petróleo (sacarlo de la tierra) son, en muchos de ellos, de siete dólares, ocho dólares, doce dólares, diecisiete dólares; muy por debajo del nivel de 50 dólares. Ahora, en la medida en que fuimos buscando petróleo en más sitios, pues hay campos que tienen costos de 40 dólares, 50 o 60 dólares, pero son campos marginales y no son los fundamentales donde se produce el valor de Ecopetrol”.

“De manera que nosotros todavía tenemos mucho espacio de aguante y de amortiguación, pero, naturalmente, un precio de 50 dólares le pega muy duro a la utilidad por barril. Nuestra meta es producir barriles con valor, que cada uno de ellos sea rentable. Entonces, obviamente, los campos marginales se los dejaremos a otras compañías y nos concentraremos en esos campos núcleo de la empresa”, puntualizó Echeverri.

Carlos Moreno, de la Unión de Trabajadores de la Industria Energética Nacional (UTEN), sindicato que reúne a los trabajadores directos de Pacific Rubiales y a todos sus contratistas, afirma que la baja en los precios internacionales del petróleo ha afectado la operación de Pacific Rubiales en Colombia, con consecuencias negativas en materia de empleo indirecto, pues la compañía “ha anunciado el aplazamiento de algunos proyectos con el objetivo de concentrar todos sus recursos en mantener y aumentar la producción de crudo”, y cree que ese será el derrotero que sigan las demás empresas del sector durante este año.

“A partir de esa decisión, se ha hecho necesario que Pacific Rubiales aplace muchas obras dentro de los campos petroleros”, de manera que también se ha postergado la contratación de las empresas que prestan distintos servicios en aquellos (construcción de vías, infraestructura eléctrica, construcción de tanques). Igualmente, la compañía se ha visto en la necesidad de “renegociar tarifas con los proveedores para que viendo la coyuntura que está atravesando la industria sean conscientes y podamos trabajar con beneficio mutuo”.

Efectos en la contratación

“Es importante señalar que las empresas contratistas son las generadoras de esos empleos indirectos. Por lo tanto, son quienes deciden la reubicación o no de las personas que nos prestan estos servicios. Pacific Rubiales tiene unos 3.150 empleados directos, que no se han visto afectados, por el momento, y la compañía, a través de esa contratación indirecta en los campos, genera 15.000 empleos, aproximadamente”, señala Moreno.

Insiste en que, por ahora, se están viendo afectados solo los contratistas. “En la planta de 3.150 trabajadores están evaluándose cargos, por la misma coyuntura; se va a tratar de impactar en lo mínimo esas contrataciones a término indefinido y se están concentrando en optimizar los recursos que se tienen y el factor humano directo con que se cuente para compensar. Oficialmente no hay un resultado de esa evaluación y de los recortes de nómina. Esos resultados de reducción de personal dependen del comportamiento de los precios del petróleo”.

A pesar del predominio de las predicciones orientadas a que el precio internacional del petróleo conservará la tendencia a la baja, “hasta el momento, la directriz de la compañía es que se mantiene estable (la nómina), a no ser que haya factores externos que incidan en que siga bajando el precio y se tomarán otras medidas”.

“Como sindicato tenemos con la compañía unas relaciones excelentes, en las cuales se cumplen unos acuerdos laborales que se construyeron y se aplican como un salario mínimo en campo. De igual manera, estamos en continuo diálogo. En su momento, cuando se requiera hacer un recorte de personal, se tiene en cuenta al sindicato, el cual evalúa en qué condiciones van a salir las personas, dándoles unas prerrogativas y unos beneficios adicionales”.

Manifiesta que “hemos visto una reducción mínima de nuestros afiliados al sindicato, por razón de la crisis de los precios internacionales del crudo. Sí ha habido recortes de personal en las empresas contratistas, pero el indicador de nuestros afiliados evidencia que no se ha retirado un número significativo de afiliados que hoy son más de 13.000 trabajadores y unas 240 empresas contratistas del sector petrolero”.

Moreno asevera que en esta coyuntura no es tan fácil que una persona desempleada del sector petrolero logre reubicarse con prontitud, “porque las inversiones de la industria se han reducido bastante. Entonces, sí va a demorar un tiempo mayor para encontrar empleo en el mismo sector este año con respecto al 2014, aunque cada situación particular depende del perfil técnico y profesional del trabajador y de sus competencias. Lo cierto es que las compañías petroleras están restringiendo el enganche de nuevos trabajadores”.

Expresa que cada nuevo empleo que se genera en el sector petrolero lleva a que se impacte positivamente el aspecto social, porque “en cada uno de los sitios donde opera Pacific Rubiales, la idea es que se emplee la gente de la región”.

“La UTEN apoya que se genere empleo en las regiones petroleras. Hay perfiles específicos, muy técnicos, que no los tiene la gente de la región. Primero se mira si hay el factor humano requerido, según el perfil técnico, se contrata, si no se requiere que venga de otras regiones, lo cual conlleva a dar un entrenamiento a los operarios de menor cargo que estén ayudando en esas actividades y que sí deben ser de la región”, comenta Moreno y agrega que “en los pozos petroleros la mayor proporción de trabajadores es de la región”.

Con miras a mantener el empleo en la compañía, “hemos solicitado a Ecopetrol y a las entidades de Gobierno que se pueda extender el contrato o darle de nuevo la operatividad del contrato Rubiales-Pirirí a Pacific Rubiales”, una vez que termine el actual contrato a partir del 2016, porque esta empresa “cuenta con la experiencia, el profesionalismo y el músculo económico”.

“Hemos presentado varias solicitudes”, incluso al nuevo presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverri, “para que se tenga en cuenta a los trabajadores que están allá (en campo Rubiales), afiliados a UTEN, que son más de 13 mil, y nosotros podamos respaldarlos y garantizarles, como se ha hecho hasta ahora, sus derechos laborales. Sería la mejor opción para Ecopetrol, para el país entero, que Pacific pudiera seguir operando campo Rubiales” y así “se continuaría con los mismos trabajadores y con más optimismo para sacar el campo adelante y para cumplir las expectativas de producción con la técnica que puede aportar esta firma”, puntualiza Moreno.

El principal desafío del país, en materia petrolera, gira en torno a la necesidad de aumentar significativamente las inversiones en actividades de exploración, con el fin de hallar nuevos yacimientos que permitan aumentar las reservas del país, cuya duración para satisfacer las necesidades nacionales se ha calculado en 6,6 años. Sin esa nueva inversión en exploración, en condiciones más favorables para las firmas petroleras, y ante la marcada tendencia a los precios internacionales bajos del crudo, la previsión más cercana a la realidad es que no mejorarán los indicadores de empleo en este sector en el futuro próximo.

REGAZO