Contabilidad, gobierno corporativo y crisis:

¿Es el riesgo el eslabón perdido?(1)

Revista Nº 62 Abr.-Jun. 2015

Michel Magnan 

Concordia University 

(Canadá) 

Garen Markarian 

IE Business School 

(España) 

Introducción

Pasamos por una severa crisis económica y financiera que empezó con el colapso del mercado inmobiliario en Estados Unidos y que, en definitiva, afectó a las principales economías mundiales. Este documento analiza el rol de la contabilidad (y de los contadores) en la crisis. Sin embargo, mientras reconocemos que el papel social de la contabilidad abarca varias funciones y que la crisis involucró varios culpables potenciales, el análisis se orienta a la información financiera y al gobierno corporativo.

En las organizaciones, los mecanismos de gobierno y las estructuras de control de la administración descansan sobre la información contable para monitorear transacciones, gestionar riesgos y premiar el rendimiento. Dentro de los mercados de capitales, las evaluaciones de riesgo emitidas por agencias calificadoras, las previsiones de analistas financieros y las valuaciones de compañías por parte de los inversionistas son las que determinan la viabilidad de un banco local, con los auditores involucrados durante todo el proceso. Sin embargo, a pesar de su aparente precisión y su uso generalizado como una representación objetiva de las actividades económicas y del desempeño de una firma, la contabilidad es una construcción social (Chua 2011).

Dado que es crucial para el buen funcionamiento de los mercados, hay un extenso debate sobre su actuar en la crisis, entre inversionistas(2), banqueros(3), políticos(4), reguladores(5) y académicos(6). Se le ha culpado de ser uno de los principales causantes de la misma (Katz 2008). Desde la perspectiva de la información financiera, las críticas fueron dirigidas hacia su rol de inducir la volatilidad y la inestabilidad, la complejidad de las revelaciones, la falta de decisiones útiles, su propensión a la manipulación y su irrelevancia en la evaluación de los riesgos.

Las fallas en el gobierno corporativo abarcan desde consejos directivos que fueron inefectivos en el uso de datos contables para cumplir su función de vigilancia, hasta sistemas de control que no fueron diseñados para capturar y reflejar apropiadamente los riesgos subyacentes y las debilidades operacionales.

Por otro lado, en su defensa, han existido continuas declaraciones, según las cuales la contabilidad es meramente un mensajero no involucrado (SEC 2008; Turner 2008; Veron 2008; Badertscher et al. 2012). De acuerdo a esta posición, el proceso contable sería un inocente espectador, un simple registrador de eventos y, por tanto, la estabilidad de los mercados financieros descansa en los banqueros y reguladores, no en los contadores.

Dentro del contexto de la crisis, nuestro documento se suma a las investigaciones hechas sobre el valor razonable y las securitizations(7) (Badertscher et al. 2012; Barth y Landsman 2010; Laux y Leuz 2010; Sapra 2010), auditoría (Sikka 2009), investigación contable (Arnold 2009) y regulaciones (Humphrey et al. 2009). Además, vale la pena advertir que: primero, la mayoría de documentos publicados antes de la crisis fueron escritos como sí todavía estuvieran desarrollándose, y por ende, a menudo recaían sobre argumentos ex ante. En contraste, este análisis se beneficia de las perspectivas suministradas por estudios empíricos recientes, tanto en contabilidad, como en finanzas.

Segundo, la mayor parte de la investigación contable sobre la crisis financiera se ha enfocado en el rol jugado por el valor razonable, especialmente su potencial pro-cíclico. El documento alude al debate que rodea este tópico pero amplía el examen de la crisis a aspectos tales como la revelación y la transparencia y comprende varios mecanismos de gobierno (consejos directivos, compensación ejecutiva, auditoría) que dependen de la información financiera.

Tercero, se presenta la visión de que la medición, reconocimiento y revelación de riesgos que subyacen al desempeño financiero están dentro del ámbito de la contabilidad. En este sentido, se argumenta que se puede haber fallado en capturar y reflejar adecuadamente la incertidumbre y así, contribuir a las decisiones equivocadas tomadas por diferentes grupos de interés.

Finalmente, se discute que la evidencia que emerge de la crisis debe llevar a los accionistas, auditores, directores y reguladores a revisar o, al menos, revaluar, muchas de sus creencias a priori respecto de lo que constituye un gobierno corporativo efectivo: se evidenciaron varias grietas en la lógica subyacente a la gestión enfocada en el inversionista, la compensación ejecutiva basada en el desempeño o la contabilidad del valor razonable, lo cual no era fácilmente observable bajo tiempos de normalidad económica.

Aunque hay muchas interrelaciones entre los temas discutidos, tratamos de delinearlos tanto como fue posible, así, el documento está organizado en los siguientes apartados genéricos: en la sección uno se discute la información financiera, en la dos, contabilidad y gobierno corporativo, mientras que en la tercera se presentan las observaciones finales y las directrices para futuras investigaciones.

1. La crisis y la información financiera

“La complejidad y la falta de transparencia han sido un problema para ciertos productos innovadores dirigidos a los inversionistas” (Bernanke 2009).

El grueso de las críticas dirigidas hacia la contabilidad durante la crisis se relaciona con el uso del valor razonable en la valoración de los títulos de inversión, más notablemente su potencial pro-cíclico, que resulta en sobre-endeudamiento cuando aumentan o en una death spiral cuando disminuyen (Sapra 2010). Además, se presentan cuestionamientos sobre las revelaciones (Barth y Landsman 2010), así como sobre los aspectos de confiabilidad y verificación (Magnan 2009).

Al respecto, Mingzhe (2010) argumenta que un defecto del valor razonable es su no-integridad, especialmente en mercados ilíquidos. En consecuencia, se forma una gran trampa en la contabilidad, donde los riesgos no son propiamente divulgados y entendidos. Con premisas ligeramente diferentes, una opinión desfavorable es también expresada por Allen y Carletti (2008) y Plantin et al. (2008), quienes afirman que, en condiciones de iliquidez del mercado y bajo ciertos comportamientos de intercambio, el uso del valor razonable puede traducirse en fire sales(8), volatilidad artificial y contagio entre sectores financieros (ver también Melumad et al. 1999). Por su parte, Bleck y Gao (2010) sostienen que, en comparación a los costos históricos, el valor razonable lleva a una excesiva exposición al riesgo y al otorgamiento de préstamos de más baja calidad.

Dadas las anteriores explicaciones teóricas, un número creciente de investigaciones han tratado empíricamente estas cuestiones. Khan (2010) encuentra que el uso del valor razonable está asociado con un incremento en el riesgo de falla de todo el sistema bancario, mientras que Bowen et al. (2009) suministran evidencia adicional de que, bajo este modelo, la contabilidad puede socavar su solvencia y solidez. No obstante, los hallazgos presentados no son unánimes. Por ejemplo, Badertscher et al. (2012) no aprecian certeza estadística de que el capital regulatorio fuese afectado por las pérdidas del valor razonable, así como tampoco descubren fire sales.

Además de los debates sobre el valor razonable, las transacciones no declaradas o fuera de balance tuvieron un importante cubrimiento mediático después de la desaparición de Arthur Andersen, generando una controversia sustancial. La práctica todavía persiste en total florescencia y en 2008, por ejemplo, las securitizations pendientes sumaban cerca de diez trillones de dólares en los Estados Unidos y dos trillones en Europa (SIFMA 2008).

Un gran número de estudios citan los beneficios de las securitizations cuando se trata de reducir la incertidumbre y obtener términos financieros favorables (Barth y Landsman 2010, y Barth y Taylor 2010). En contraste, los rendimientos de la creación de valor para las entidades bancarias han sido menos claros. Acharya et al. (2010) evidencian que las pérdidas eventuales de los vehículos de inversión permanecieron más en los bancos que con los inversionistas externos y los riesgos financieros se concentraron en el sector. De hecho, Sarkisyan et al. (2009) no hallaron elementos probatorios acerca del impacto positivo de las securitizations para los bancos.

Cuando se trata de revelar aspectos sobre partesrelacionadas, aún no es claro si las revelaciones hechas por las instituciones financieras durante la crisis fueron engañosas o solo incompletas(9). En retrospectiva, sabemos que los estados financieros no presentaron adecuadamente el alcance de la asunción de riesgos por parte de los bancos y que no advirtieron de turbulencias inminentes.

La respuesta estándar a la complejidad en mercados eficientes es reforzar las revelaciones, reduciendo las fricciones y permitiendo la identificación de posiciones dentro y fuera del balance, así como las concentraciones de riesgo y las coberturas relacionadas (Ryan 2008). Pero no todos los tipos de información tienen la misma pertinencia y costos de procesamiento (Merton 1986), y los productos financieros pueden socavar tal eficiencia comunicativa. Por ejemplo, Schwarcz (2008) discute cómo al mercado le podría tomar mucho más tiempo entender un nuevo instrumento estructurado que asimilar un simple cambio en las tasas de interés hecho por la Reserva Federal (ver también Gilson y Kraakman 1984).

Ryan (2008) afirma que parte de la opacidad en los títulos estructurados se debe a la partición de instrumentos en productos financieros complejos. Aunque la teoría sugiere que la contabilidad del valor razonable suministra revelaciones más oportunas que las del costo histórico, la verificación empírica no ha sido contundente (Bleck y Liu 2007). Liao et al. (2010), por ejemplo, afirman que los valores razonables son oscuros y sujetos al riesgo de información, lanzando dudas sobre los esfuerzos por mejorar la oportunidad y la transparencia de la misma (p. ej., SFAS 157). De manera similar, Song et al. (2010) determinan que los inversionistas ajustan más sus expectativas con activos valorados al nivel 3, y sí hay problemas de gobierno dentro de la firma, la tasa de descuento es todavía mucho mayor(10).

Dadas las deficiencias en la capacidad de los estados financieros para revelar el riesgo de la firma, tal como se discutió antes, algunos han sugerido integrar reportes sobre este tema(11). Por el contrario, Pozen (2009) aboga por la creación de un informe separado destinado a las mediciones de valor razonable, esto con el fin de incrementar la transparencia mediante la cuantificación y la puesta en relieve de identificación de peligros clave. Con relación a esta última cuestión, la evidencia empírica sugiere que los valores razonables han sido manipulados, —reiteramos— dado que los instrumentos estructurados han sido, desde hace mucho tiempo, una “poderosa herramienta para inflar las utilidades de la compañía, mediante el ocultamiento de pérdidas, y por ende, de los riesgos de las operaciones de la compañía” (Hildyard 2008).

Desde una perspectiva macroeconómica, la evidencia indirecta acerca de manipulaciones es penetrante: en 2008, más del 60% de los bancos estadounidenses tenían su capital en términos de valores de mercado que eran menores a sus valores en libros (esta cifra fue solo del 8% en 2001). Mientras tanto, para estos mismos bancos, el capital valuado a nivel 1 permaneció constante al 11% durante el mismo periodo (Huizinga y Laeven 2009)(12). Por lo tanto, lo anterior es una prueba implícita de que la manipulación de activos inmobiliarios se explica por los valores razonables.

Adicional al punto de vista macro descrito, estudios a nivel de firma también sugieren que los valores razonables son propensos a la manipulación. Por ejemplo, Dechow et al. (2010) argumentan que las flexibilidades inherentes en las securitizations las hacen candidatas para decisiones discrecionales en los informes de gestión(13). De un modo similar, Dong et al. (2009) establecen que las firmas reclasifican más ganancias que pérdidas dentro del estado de resultados. Más aún, Fiechter y Meyer (2010) suministran pruebas de que los bancos que exhiben pobres niveles de desempeño pre-gestionado, reportan un tipo discrecional de big bath(14) al nivel 3 de pérdidas, llevando a subsecuentes ganancias positivas.

Debate sobre el rol de la información financiera en la crisis

En varios frentes, la información financiera experimentó un gran número de deficiencias durante la crisis, pues no dio cuenta de la incertidumbre de manera apropiada y no monitoreó, midió y reveló adecuadamente en los estados financieros el impacto de la toma de riesgos. De esta manera, se perjudicó la fiabilidad de los reportes y su relevancia. En general, hay evidencia de que los preparadores de la información, y subsecuentemente los auditores, no mostraron el juicio profesional necesario en la revelación de cifras, en la aplicación de prácticas contables y en la interpretación de las recomendaciones del Comité de Basilea (FSA 2010; Rona-Tas et al. 2010).

De ahí que, a menudo, los índices públicamente disponibles de riesgo/valuación de mercado fueran más indicativos de las incertidumbres de las empresas que sus propias revelaciones (Vyas 2011). Mientras los reportes corporativos han sido extensivos(15), largos segmentos de estos son de tipo boilerplate(16) y, en consecuencia, inadecuados para justificar las decisiones de inversión.

Una importante aplicación respecto al uso de valores razonables es que los números reportados afectan el bienestar social. Si el objetivo es promover el crecimiento, estos redundan en una inversión eficiente(17).Sin embargo, si el resultado deseado es evadir fuertes caídas económicas, tales como una death spiral, la contabilidad del costo histórico es preferible. Dado que la actual perspectiva social y regulatoria es una que busca evitar fuertes recesiones a expensas de un rápido desarrollo(18), los costos históricos señalan el camino a seguir, especialmente desde que los sistemas contables no pueden cambiar como consecuencia de modificaciones en las condiciones macroeconómicas. Como los valores razonables están destinados al entorno de contratación/inversión de las firmas, pueden ser presentados en las notas al pie de página y en divulgaciones voluntarias suplementarias. De esta manera, el mercado puede evaluar la eficacia y utilidad para la toma de decisiones de tales números.

Sin embargo, otras soluciones intermedias son también posibles. Por ejemplo, para el nivel 1 de activos hay menos preocupaciones de confiabilidad(19). Pero para los activos de escala 2 y 3, solo los costos históricos pueden ser deseables(20). El uso de estos no es perjudicial per se en la medición y evaluación del desempeño de una empresa. Así, la tenencia de activos de corto y mediano plazo a su costo histórico podría ser algo que se anhele, a medida que los rápidos horizontes de inversión continuamente podrían aparecer en el estado de resultados. Igualmente, las fluctuaciones del valor razonable de los activos no importan desde que sean mantenidos para el largo plazo.

Respecto a las securitizations, la evidencia claramente señala que los instrumentos estructurados fueron usados para esconder el riesgo subyacente de las firmas. Citibank perdió $14 billones cuando garantizó transacciones fuera del balance durante la crisis, pero en ese momento era desconocido que dicho banco tuviera una exposición potencial a más de un trillón de títulos valores de esta naturaleza, mantenidos a través de entidades de propósito especial (Sikka 2009).

La desaparición de Lehman Brothers ofreció más claridad sobre la pertinencia de la contabilidad para el financiamiento fuera del balance. Por ejemplo, un informe encargado por la Corte que manejó el caso de la bancarrota de esta corporación, concluyó que la empresa no dio razón apropiadamente de algunos acuerdos de venta y recompra que valían $50 billones (también conocidos como Repos 105), sacados del balance justo antes de la emisión de los estados financieros del cierre 2008 (Valukas 2010).

Tales resultados generan cuestionamientos acerca de la fiabilidad de los estados financieros para representar dichas transacciones y sugieren que los criterios de reconocimiento y medición del ingreso pueden haber sido muy agresivos. En perspectiva, los títulos valores en los cuales el emisor mantiene una exposición sobre los activos/pasivos transferidos (control, influencia, garantías) deben ser contabilizados dentro del balance. Este enfoque sería consistente con la directriz del IASB/FASB respecto a los contratos de arrendamiento.

La falla de no tener en cuenta el riesgo también se extendió a los auditores y los puso bajo la lupa en dos dimensiones. Primero, de forma similar a las agencias calificadoras de riesgo, están siendo culpados por dar sello de aprobación a tantas securitizations y tratos fuera del balance. Segundo, la crisis mostró que la función de auditoría debe comprender una evaluación más extensiva del riesgo, principalmente, en relación con la incertidumbre de flujos de efectivo subyacentes.

Investigaciones previas han mostrado consistentemente que la contabilidad tiene tanto poderes constitutivos como refractivos, es decir, que crea una realidad y que también la refleja (Hopwood 1987; Macintosh 2009). En ocasiones en que el valor de los activos está siendo modelado, la contabilidad de valor razonable está creando un entorno que se aproxima mucho más a los valores de mercado, en el mejor de los casos, o que suministra cifras totalmente irrelevantes, en el peor de ellos. Tales cifras no existían hasta que las regulaciones contables lo permitieron/requirieron (Woods et al. 2009).

En nuestra perspectiva, la contabilidad necesita moverse más allá de su rol tradicional de registrar los sucesos económicos y, eventualmente, debe abarcar los riesgos subyacentes. Tal papel más amplio implica no solo reportar las acostumbradas estimaciones puntuales, sino también los estimados de los perfiles de riesgo y medidas de la incertidumbre que rodean las transacciones (Borio y Tsatsaronis 2006).

2. Contabilidad y gobierno corporativo durante la crisis

“La causa raíz de la crisis yace en la ruptura de la vigilancia del accionista y los mal concebidos incentivos gerenciales” (Kashyap et al. 2008).

La contabilidad es central en el proceso de gobierno de las sociedades, desde la confianza de los consejos directivos en las cifras para tomar decisiones relacionadas con la supervisión, pasando por la interacción del comité de auditoría con los auditores, hasta el uso de los datos por parte de los comités de compensación para establecer las remuneraciones.

En esta sección, se presentan los argumentos pertinentes en este debate. Hasta el momento, la evidencia escasa, pero creciente, de políticos(21), reguladores(22) y expertos en gestión empresarial(23) sugiere que la laxitud de las estructuras de gobierno corporativo ha llevado a la crisis. Intentaremos enfocarnos en la relación de la contabilidad frente al rol del consejo directivo, los incentivos/compensación y el monitoreo externo.

Desde el punto de vista de la supervisión, los desequilibrios macro-estructurales, combinados con riesgos generados por flujos financieros agregados y movimientos globales de capital, plantearon particularmente fuertes desafíos para la gestión empresarial (Dymski 2008). En esencia, las políticas regulatorias existentes que se daban como “demasiado grandes para fracasar” dieron un incentivo a las grandes compañías financieras para no preocuparse del “riesgo extremo” (Lang y Jagtiani 2010). Además, los políticos pasaron a segundo plano durante el boom que fomentaron las empresas patrocinadas por el gobierno, tales como Fannie Mae y Freddie Mac, para comprar hipotecas subprime (Taylor 2009).

La información contable, un input clave para la efectiva supervisión regulatoria, no pareció advertir mucho sobre los problemas venideros. Al respecto, tendencias en el establecimiento de estándares han llevado a los estados financieros a enfocarse en la relevancia del valor y las necesidades de los inversionistas, potencialmente en detrimento de los requerimientos de otros stakeholders (Kothari et al. 2010). Puede ser que los reguladores no estuvieran listos para cumplir la tarea de interpretar estos reportes de las empresas, los cuales contenían algunas señales de advertencia.

Desde la óptica del monitoreo al nivel de la firma, los consejos directivos han atraído graves críticas de los participantes del mercado de capitales. Por ejemplo, el Institute of International Finance (2009) indica que “los eventos han levantado cuestionamientos acerca de la habilidad de ciertos consejos para vigilar apropiadamente a la alta dirección, y para comprender y monitorear el negocio como tal”. Asimismo, en varios casos, los sistemas de gestión de riesgos fallaron no por causa de los modelos computacionales per se, sino por causa de la administración, pues la información sobre exposiciones a peligros y estrategias no llegó a la alta gerencia (Kirkpatrick, 2009).

Más aún, la mayoría de los bancos han señalado que sus consejos no fueron apropiadamente avisados acerca de su administración de riesgos (Ladipo et al. 2008), en contraste con las expectativas y las prácticas mejor establecidas, lo que sugiere que dicha herramienta no está en el corazón de la planeación y gestión, una flagrante falla funcional.

En general, se estima que dos terceras partes de los directores de bancos no tienen experiencia bancaria (Guerrera y Thal-Larsen 2008). Además, varios de ellos, sin antecedentes financieros, toman asiento en comités de auditoría y riesgos, los cuales son conocidos por ser demandantes en términos de competencia técnica: en Lehman, por ejemplo, 7 de 10 eran CEO retirados de empresas no financieras, mientras que un productor de teatro tenía asiento en el comité de auditoría.

En este sentido, es de interés particu­lar en la estructura del gobierno corporativo complementar la función de auditoría dentro de una compañía. Recíprocamente, el poder de esta última se reduce si no hay una instancia de control que responda a las recomendaciones que genera, realizando un seguimiento a las debilidades importantes y comprendiendo las fuentes de peligro.

La evidencia indica que las respuestas de gobierno corporativo han sido específicas de cada país. Por ejemplo, ha habido numerosos casos de rotación de CEO en los Estados Unidos, pero ninguno de los bancos franceses despidió a sus altos directivos, a pesar de sus pérdidas (Erkens et al. 2012). En general, la investigación post-crisis muestra indicios confusos respecto al rol del gobierno corporativo. Así, Beltratti y Stulz (2012) no encuentran pruebas justificativas al respecto; además, sugieren que los bancos cuyos consejos administrativos fueron más amigables con los accionistas, tuvieron un desempeño peor durante la crisis, lo que implica que los banqueros fueron presionados por directores independientes para maximizar los resultados a través de la toma excesiva de riesgos.

En contraste, otros estudios muestran una relación directa entre estructuras de gobierno corporativo y crisis. Francis et al. (2009) encuentran que la independencia, en términos de conexiones al CEO, así como la experiencia financiera, predicen el desempeño de la firma. Por su parte, Chesney et al. (2010) sugieren que los bancos con consejos menos autónomos experimentaron ajustes contables más altos, confirmando la noción de independencia/desempeño. De manera similar, Vyas (2011) señala que las medidas indicativas de problemas de agencia y de gestión están vinculadas a la necesidad de ajustes contables de las valuaciones (ver también Hau y Thum 2009).

El gobierno de las sociedades no solo necesita ser interno. Erkens et al. (2012) suministraron evidencia consistente de que inversionistas institucionales ejercieron más presión hacia planes de bonificación y desempeño orientados al corto plazo. De manera similar, Manconi et al. (2010) concluyeron que los fondos mutuos de corto plazo, que fueron particularmente expuestos a las securitizations, trasmitieron la crisis.

La compensación a menudo, depende de cifras contables y existe una importante literatura empírica al respecto. A nivel de unidad de negocios, dado que los retornos sobre un bono gubernamental AAA eran inferiores a los obtenidos de un título estructurado con la misma calificación, este último era preferido (Bhagat 2008). En consecuencia, los administradores de inversión fueron premiados por rentabilidad sin haber una correspondencia con el riesgo.

A nivel de firma, algunos estudios apoyan la noción de que los estímulos a la administración tomaron parte de la crisis. Erkens et al. (2012) sostienen que la estructura de remuneración, especialmente las prebendas basadas en el desempeño, probablemente centró la atención del CEO en rendimientos de corto plazo. En este sentido, Livne y Markarian (2010) relacionan estas bonificaciones con inversiones que aumentaron los peligros de las empresas. De manera simi­lar, Dechow et al. (2010) descubren que las ganancias de las securitizations fueron tan relevantes para la compensación directiva como para otros componentes del resultado, mientras que Chesney et al. (2010) muestran que los más fuertes incentivos para la toma de riesgos están positivamente ligados a los ajustes contables por valuación (ver también Suntheim 2010). Finalmente, Bebchuk et al. (2010) advierten que los planes de compensación pueden haber inducido una toma excesiva de riesgos, en la que los inversionistas perdieron casi todo, mientras que los ejecutivos cobraron cientos de millones de dólares (ver también Bicksler 2008).

Sin embargo, la evidencia de investigación que apoya la idea de que los incentivos relacionados con la compensación favorecieron la crisis no es unánime. Fahlenbrach y Stulz (2010) señalan que los bancos en los que los estímu­los al CEO y los intereses del accionista fueron alineados apropiadamente, no superaron a sus contrapartes que no hicieron lo mismo durante la crisis. Tampoco advierten que los CEO hayan reducido sus participaciones antes de la crisis, lo que sugiere, que no fueron conscientes del deterioro de las condiciones del mercado.

Las deficiencias en el control interno han sido también subrayadas durante este periodo. La promulgación de la Ley Sarbanes-Oxley suscitó mucha atención sobre estos mecanismos y su correlación directa con la administración de riesgos. Las pruebas emergentes indican que las posiciones en derivados complejos fueron valoradas, tanto por aquellos que las crearon y/o las vendieron (los corredores de bolsa), como por los contables que orientaron la medición (Goldstein y Henry 2007). En Northern Rock, las metas basadas en el desempeño llevaron a que la información sobre hipotecas fuera reportada de manera errónea, tanto interna (consejo directivo), como externamente (mercados). Esto se debió a la desacertada comunicación entre los encargados de los controles internos y la administración (IAASB 2009).

Dentro del dominio del control, el papel de las agencias calificadoras no puede ser pasado por alto. Como la evaluación de los títulos estructurados fue un negocio muy rentable, estas entidades fueron reacias a alejar a sus grandes clientes suministrando menos que notas estelares (Rona-Tas y Hiss 2010). Además, fallaron en aislar a los analistas en las negociaciones de honorarios con los emisores de títulos, por lo que algunos simultáneamente calificaron y comercializaron con instrumentos de la misma entidad usuaria (SEC 2008). Una equivocación simi­lar se presentó con parte de los inversionistas institucionales, dado que ellos fueron los principales compradores de productos estructurados, que fueron conceptuados por estas agencias (Kregel 2008).

Sin embargo, ¿por qué los inversionistas institucionales fracasaron en determinar apropiadamente el valor y los riesgos? Una razón clave fue la falta de revelaciones y divulgaciones de información adecuada sobre estos instrumentos financieros. Así, “muchos inversionistas institucionales compraron títulos estructurados basándose substancialmente en sus calificaciones, en parte porque el mercado se ha vuelto muy complejo” (Schwarcz 2009).

Debate respecto a la contabilidad y el gobierno corporativo durante la crisis

La crisis reveló fallas en el gobierno corporativo. Los bancos concedieron malos préstamos y los consejos, agencias calificadoras, reguladores y esquemas de compensación no alineados no suministraron la vigilancia adecuada.

En este contexto, las deficiencias en la contabilidad contribuyeron a la inefectividad del proceso de supervisión. Incluso si las estructuras parecían buenas en el papel, el funcionamiento apropiado y el empoderamiento son esenciales —pues, una cuestión primordial es que la forma nunca debe ser confundida con la función—. El comité de riesgos de Lehman se reunió dos veces en el año que precedió a su liquidación y Bear Stearns estableció una comisión solo durante el último previo a su adquisición por parte de J. P. Morgan (Kirkpatrick 2009). Igualmente, los miembros independientes del consejo no eran versados en temas de operaciones bancarias y no entendieron el alcance de las exposiciones subyacentes.

A pesar de los estudios acerca de falencias en el gobierno corporativo y de debilidades en varias instituciones financieras, la evidencia empírica formal es todavía escasa y relativamente contradictoria. En términos del rol del consejo directivo, la investigación actual se ve obstaculizada por la dependencia de atributos cuantitativos y observables, los cuales pueden o no reflejar las acciones y decisiones actuales de la administración o de las reuniones de los comités. En relación con el rol de los controles, se han mencionado los errores de las agencias calificadoras e inversionistas institucionales “parásitos”, que dependían de cifras y revelaciones producidas por el sistema contable.

Con relación al rol de los incentivos y compensaciones, la evidencia aún está en construcción. Los estímu­los gerenciales a nivel de la unidad de negocio pueden haber sido erróneamente encauzados, ya que terminaron incrementando la rentabilidad por departamento (por ejemplo, a través de la venta/negociación, a través de préstamos y títulos), sin una correspondencia con el riesgo global de la firma. Este típico problema de principal-agente es esperado, dada la estructura de las comisiones en relación a los resultados (Lang y Jagtiani 2010).

En cierta medida, la crisis ha llevado a un replanteamiento de la investigación previa sobre compensación, así como de la idea según la cual las prácticas existentes fueron un motor esencial que subyacía al excelente desempeño del mercado de capitales de los Estados Unidos y al fuerte crecimiento en la productividad de este país (ver Holmstrom y Kaplan 2003).

3. Discusión y conclusión

La última década presenció escándalos financieros que hicieron surgir preocupaciones sobre las agresivas prácticas contables de las empresas. En muchos aspectos, las reformas legislativas fueron dirigidas a restaurar la confianza pública y evitar repentinas quiebras corporativas, principalmente promulgando (presuntos) mejoramientos en los procesos de divulgación de información, auditoría y en los controles internos corporativos. En aquel momento, los culpables fueron claramente señalados: codicia gerencial, expectativas elevadísimas, contabilidades extrañas, laxitud en la auditoría y los mercados de capitales hurra - hurra.

Existen indicios que el estallido de la burbuja pudo haber sido previsto y evitado. La contabilidad no fue una inocente espectadora en los procedimientos, pues interactuó en el marco de procesos existentes y el subsecuente colapso. En el fondo, si no tuviera un rol en la crisis, no habría necesidad de cambios, directrices, actividades o lecciones a ser aprehendidas para el futuro, contrario a lo que estamos presenciando en la actualidad.

Igualmente, la crisis abre varios derroteros para la investigación en contabilidad. Muchos años y un gran número de estudios científicos serán necesarios antes de que podamos entender totalmente las causas y consecuencias de la turbulencia en lo que se refiere a la profesión. Por un lado, la controversia respecto al valor razonable ha generado un debate muy acalorado. Como se discutió previamente, no ayuda el hecho de que la academia, antes y después de la crisis, no haya suministrado la orientación necesaria. ¿El uso de valores razonables propagó la crisis? ¿Se pudo haber evitado si las inversiones en bancos hubieran sido reconocidas a costo histórico? ¿Cuál es el camino a seguir desde una perspectiva reguladora y desde una política?

En esta área no solo se tiene que evaluar el rol de la utilización del valor razonable en la contabilidad, especialmente para los bancos, sino que también se necesita identificar el papel potencial de las alternativas de valoración cuando se trata del bienestar social futuro. Si el valor razonable promueve la asignación eficiente de recursos y el costo histórico modera fuertes disminuciones de los mismos, ¿cuáles son las consecuencias económicas de las alternativas contables?

Las investigaciones futuras que se dediquen al valor razonable pueden enfocarse en sus costos versus beneficios dentro del marco de la relevancia versus fiabilidad. Liao et al. (2010) sostienen que las revelaciones son opacas y suje­tas a información riesgosa, mientras que Vyas (2011) argumenta que no son oportunas. Como tal, ¿es el valor razonable oportuno e informativo? ¿Cuál es su oportunidad para la toma de decisiones? Estas son preguntas que necesitan resolverse. Además, debe indagarse también sobre la confiabilidad del valor razonable, dado que han existido varios alegatos de manipu­lación.

Por otra parte, ¿las estructuras de gobierno corporativo restringen las opciones de surgimiento de informes oportunistas, si las hubiere? Desde una perspectiva de revelación, las exploraciones en información financiera (a) urgen considerar reportes de riesgos, de tal manera que las cifras contables sean más oportunas en un mundo complejo, (b) los análisis requieren métodos y estándares de revelación claros y concisos entre empresas, que cuantifiquen las exposiciones a la volatilidad subyacente y a los factores de peligro.

Desde el punto de vista de la administración del riesgo, la crisis ofrece muchas oportunidades para futuras indagaciones. Una deficiencia es que los estudios, hasta la fecha, han mirado únicamente a los sistemas de gestión, ignorando la compleja amalgama de fuerzas que moldean su entorno. Las estructuras directivas necesitan ser examinadas en conjunto con el CEO y otros incentivos relacionados a la compensación ejecutiva, además, con mecanismos de protección, la presencia de amplios inversionistas institucionales, cobertura mediática y un contexto de litigio. Los análisis venideros deben rastrear la interacción de estas fuerzas para deducir recomendaciones claras en materia de políticas —ya que exámenes pasados han fallado en documentar los efectos más básicos de la gestión, como por ejemplo, aquellos sobre el desempeño de la firma— (ver Hermalin y Weisbach 1998).

Asimismo, a corto plazo es necesario definir estructuras económicas óptimas, cuando se trata de la prevención de las crisis, las cuales no son necesariamente iguales a las requeridas para promover el crecimiento. Los estudios sobre la efectividad de los procesos de administración y supervisión del riesgo, más allá de los controles internos tradicionales, son también muy necesarios, si los consejos directivos y reguladores han de desempeñar un rol estricto en este sentido.

Desde la investigación sobre la composición del consejo, varias preguntas precisan solución: ¿cuáles son los costos versus los beneficios de tener personas no banqueras como directores externos de los bancos? ¿Cuáles son las virtudes de tener experticia general en negocios, suministrando un punto de vista diverso y una amplia imagen de los negocios versus el costo de una falta de vigilancia financiera y de entendimiento del funcionamiento interno de los bancos? ¿Cuáles son las implicaciones de esa mezcla de experiencia y conocimientos disímiles entre los directores sobre su habilidad para vigilar la gestión a través de las revelaciones financieras?

Finalmente, desde la perspectiva de la compensación, algunos estudios han ligado las estructuras de incentivos al desempeño de la empresa durante la crisis. Sin embargo, el vínculo ineludible, a menudo profesado en los medios, sobre los estímu­los como causantes de la crisis, aún hace falta. Se debe establecer si las compensaciones llevan a opciones de inversión riesgosas, lo cual a su vez, lleva al contagio y a los efectos sistémi­cos. Generalmente, ¿cuáles son los incentivos necesarios para prevenir una crisis futura? Direccionar estas preguntas de gestión empresarial requerirá razonamientos que vayan más allá de los atributos externamente observables del director y con los cuales se pueda examinar los procesos y dinámicas de los consejos directivos.

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(1) Documento publicado en inglés como “Accounting, governance and the crisis: is the risk the missing link”, en European Accounting Review (Vol. 20, Issue 2, 2011, p.p. 215-231). Los autores autorizan la publicación de la traducción al español del mismo realizada por Nelson Dueñas y Carlos Rico Bonilla, contadores públicos de la Universidad Nacional de Colombia, quienes a su vez también autorizan la publicación de su traducción. Los derechos patrimoniales los conservan los autores y traductores.

(2) El 9 de marzo del 2009, el anterior CEO de Caisse de Depot et Placement du Québec, uno de los inversionistas institucionales más grandes del mundo, declaró que los pésimos resultados financieros de su organización en 2008 (un rendimiento de -26%), fueron causados por una tormenta perfecta de tres elementos, uno de los cuales fue la aplicación de la contabilidad al valor razonable en la medición de sus activos.

(3) En un panel de la SEC, William Isaac, ex-presidente de la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) dijo: “Tengo que decir que no puedo venir con ninguna otra respuesta más, que el sistema contable está destruyendo bastante capital, y por ende, disminuyendo la capacidad crediticia de la banca en cerca de $5 trillones. Esto es debido al sistema contable y no puedo encontrar otra explicación”.

(4) En un subcomité de la Cámara de Servicios Financieros del 12 de marzo del 2009, Paul Kanjorski, un demócrata de Pennsylvania, exigió una reversión inmediata de las reglas del valor razonable.

(5) En una conferencia del AICPA del 8 de diciembre de 2008, el entonces presidente de la SEC, Robert Cox, señaló que: “los estándares contables no son solo otro timón financiero a ser tironeado cuando el barco económi­co flota en la dirección incorrecta, en lugar de ello, son los remaches del casco y arriesgan la integridad de la economía entera removiéndolos”.

(6) Ver por ejemplo, Barth y Landsman (2010), sobre el rol de la información financiera en la crisis.

(7) Suele traducirse literalmente como titulización. Proceso propio del mercado bursátil que consiste en agrupar, según las autorizaciones jurídicas y contables, bajo un título valor o instrumento financiero, un conjunto de activos de deuda que tienen cierta homogeneidad o similitud (N del T).

(8) En el contexto local se asimi­la a ventas a remate o liquidación de mercancías. (N del T).

(9) Varios pleitos legales están pendientes frente a este asunto. Por ejemplo, un juicio de acción popu­lar fue iniciado en la Corte Superior de Justicia de Ontario contra el Canadian Imperial Bank of Commerce (CIBC) alegando, entre otras cosas, que el CIBC se involucró en adulteración fraudulenta, negligente y estatutaria en relación al grado de su exposición a los títulos subprime de los Estados Unidos (alrededor de $12 billones).

(10) Activos de nivel 1, 2 y 3 corresponden a la clasificación de la confiabilidad en el cálcu­lo del valor razonable, donde en el 1 están los datos que se han observado fácilmente en los valores de mercado, mientras que en los niveles 2 y 3 los activos son valuados de acuerdo a precios de bienes comparables o de modelos financieros.

(11) La noción de que la información financiera no integra el riesgo no es nueva. Desde el punto de vista de la banca, el Bank for International Settlements emitió un reporte, pre-crisis, en el que sostenía que: “(…) la información financiera debería suministrar un buen sentido del impacto de (…) los riesgos e incertidumbres en medidas de valuación, ingreso y flujos de caja” (Borio y Tsatsaronis 2006).

(12) De acuerdo a Basilea I, el capital de nivel 1 es la medida central de la fortaleza financiera de un banco.

(13) Barth y Taylor (2010) discuten posibles diseños de investigación que chocan con el trabajo de Dechow et al. (2010), y argumentan que no es posible identificar la fuente de manipu­lación de ganancias. (Por ejemplo, si se hace desde las suposiciones de alteración del valor razonable versus la discrecionalidad en las decisiones de negocios).

(14) Big bath es el nombre que se le da a las estrategias de manipu­lación contable dirigidas a disminuir artificialmente el resultado actual, para dar la impresión en ejercicios posteriores de una gestión que ha generado jugosas ganancias (N del T).

(15) Un pequeño ejemplo: el reporte anual 2010 del HSBC constaba de 389 páginas.

(16) Se refiere a información financiera y no financiera que se repite, año tras año, sin ningún tipo de actualización o validación, se da por sentada simplemente. (N del T).

(17) El valor razonable es útil para la valuación de empresas, el cual es un objetivo de los US GAAP (ver Statement of Financial Accounting Concepts Nº 1, con respecto a la provisión de información para decisiones racionales de inversión) e IFRS (ver IFRS Framework, capítulo 1). La valuación apropiada, a su vez, mejora la asignación eficiente de inversión.

(18) Ver, por ejemplo, los estándares regulatorios Basilea III para requerimientos de capital bancario y estimados por la OECD con respecto a las disminuciones en el crecimiento del PIB futuro.

(19) Kothari et al. (2010), en su discusión sobre la eficiencia/eficacia de usar valores razonables en los reportes financieros, observan que “el uso de valores razonables en circunstancias donde estos están basados en precios observables en mercados secundarios líquidos es consistente con los GAAP”.

(20) Sobre este punto, Kothari. et al. (2010) indican que “en la ausencia de precios de mercado verificables, el valor razonable depende del juicio de los administradores y están sujetos al oportunismo. En este sentido, advertimos de las crecientes mediciones de valor razonable sobre los elementos del balance para los cuales los mercados secundarios no existen”.

(21) En 2009, la OECD publicó un reporte de 3 fases que identificó deficiencias y recomendó cambios en las prácticas de compensación ejecutiva, administración de riesgos, consejo directivo y del ejercicio de los derechos del accionista.

(22) Jane Diplok, miembro del comité ejecutivo de IOSCO, declaró que la crisis “fue el resultado del pobre gobierno corporativo en instituciones que tenían un pobre marco regulatorio”.

(23) Nell Minnow, cofundador de Corporate Library, afirmó que “la reciente volatilidad probó que la necesidad de un mejor gobierno corporativo nunca ha sido más clara o más apremiante”.