Cooperativas de trabajo asociado

Revista Nº 114 Nov.-Dic. 2002

Carlos Hernán Godoy Fajardo 

Abogado Laboralista, consultor de empresas y catedrático universitario 

Sin autogestión son simples intermediarios y sus asociados beneficiarios del régimen laboral

Tal como se preveía, se ha producido un primer pronunciamiento de la jurisdicción laboral (por ahora a nivel de Tribunal de Distrito Judicial, el de Antioquia), descalificando la “utilización” de las cooperativas de trabajo asociado para disfrazar verdaderos contratos de trabajo (Sentencia proferida el 16 de octubre de 2001, Magistrado Ponente: Jorge Mauricio Burgos Ruiz).

1. Las cooperativas de verdad y las de mentiras

Con preocupación venimos observando, dos tendencias en esta materia, a saber:

La ortodoxa, basada en la convicción real de construir una nueva forma de trabajo, en la cual se parte de un proceso formativo en cultura y legislación solidaria, pasando por procesos reales de organización del grupo de trabajadores que se van a asociar “a través de su trabajo”, para culminar sólo después de todo ello con la parte formal (actas, registros y demás documentos y trámites).

La heterodoxa (tal como la que dio origen al fallo, aparentemente), en la cual, se limitan a usar la caparazón de cooperativa de trabajo asociado —es decir se limitan a la parte formal— poniendo al grupo de trabajadores “dizque asociados” al servicio de un tercero que dirige su trabajo subordinándolo y proveyendo todo lo necesario para el desarrollo del mismo.

Cuando en 1988 se expide la Ley 79 y en 1990 se reglamenta mediante el Decreto 460, lo que se quiso fue fomentar otra modalidad de trabajo, distinta por supuesto del contrato de trabajo, tal como en el resto del mundo se venía dando, convirtiendo a los trabajadores en empresarios de su fuerza laboral, como alternativa para que el sector productivo y de servicios pudiera encontrar en este tipo de agrupaciones una mano de obra eficiente, organizada y autónoma en cuanto a la labor misma y sus resultados. Para eso fueron concebidas las cooperativas de trabajo asociado (al igual que posteriormente las empresas asociativas de trabajo). Lamentablemente, encontramos que al lado del auge que han tenido este tipo de organizaciones, en beneficio de la economía en general y muy especialmente en el de los trabajadores asociados que las han conformado en la agroindustria, el sector de alimentos, confecciones y servicios (de lo cual se presentó un panorama muy halagador en Revista Actualidad Laboral y Seguridad Social N° 111, mayo/junio 2002), se ha propagado, también, una tendencia dañina y peligrosa, de sustituir empresas de servicios temporales por cooperativas de trabajo asociado (que sólo lo son de nombre y de forma), en busca de economías irreales y de eludir las responsabilidades propias de los empleadores.

2. Los detalles del fallo

2.1. Supuestos de hecho

Un grupo de trabajadores que se asociaron en la Cooperativa de Trabajo Asociado de Mineros de Zaragoza, Coomeizar, prestaron servicios en la mina El Limón, de propiedad de la Compañía Minera Oronorte S.A., en virtud de un contrato civil de mano de obra.

Con motivo de las dificultades económicas que afectaron a la empresa minera, llegó a adeudar la suma de 250.000.000 a la cooperativa por los servicios de sus asociados.

Ante esta situación los trabajadores inician juicio ordinario laboral contra las dos entidades como deudoras solidarias de sus derechos laborales de toda índole, en virtud del servicio prestado.

2.2. Las pruebas

El tribunal (al igual que el juez), encontraron probado que la cooperativa se limitó a suministrar la mano de obra y que la empresa minera fijó los horarios y los turnos de trabajo, suministró los elementos para la labor. Por lo tanto el personal afiliado a la cooperativa no estaba gestionando o administrando su propia empresa cooperativa sino que más bien fue enviado en misión a una empresa minera.

2.3. Las consideraciones más importantes

Para el tribunal, “...la cooperativa asumía la calidad de una especie de empresa de servicios de colocación de mano de obra o de servicios temporales como los (sic) denomina la Ley 50 de 1990, aspecto éste que si bien no lo prohíbe la ley, si está reglamentado expresamente, sin que sea esa la función que deben cumplir la cooperativa de trabajo asociado”.

Afirmó, además el tribunal: “...la prestación personal del servicio no se hizo a favor de Coomeizar directamente, ni en sus instalaciones. Ni con su maquinaria, ni como propietaria o poseedora de la explotación minera, sino a favor de la empresa Oronorte S.A., a cambio de una remuneración y con subordinación, tal como se vio”. En este caso se tipifica perfectamente el numeral segundo del artículo 35 del Código Sustantivo del Trabajo...”.

Termina el tribunal con la siguiente afirmación: “No sobra indicar, conforme a lo planteado por la jurisprudencia, que en el caso de autos la Sala no desconoce los contratos de asociación de los trabajadores demandantes con la cooperativa accionada ..., pero ello no es óbice para admitir la concurrencia de contratos a que se refiere el artículo 25 del Código Sustantivo del Trabajo...”.

3. Una lección para no olvidar

Nos parece de la mayor importancia el fallo escogido para esta ocasión, pues ha de servir para desmotivar las “malas prácticas” que se vienen haciendo con las cooperativas de trabajo asociado y a la vez fortalecer el entusiasmo de aquellos que las han convertido en verdaderas herramientas para hacer frente al desempleo galopante que tanto duele a nuestro país, generando soluciones efectivas pero basadas en verdaderos grupos autodirigidos, capaces de trabajar en beneficio de otros, pero como verdaderos empresarios de su energía laboral, en calidad de propietarios, poseedores o simples tenedores de las herramientas de trabajo, tal como en hora buena lo concibió el legislador de 1988.

No debemos olvidar que el trabajo gozará de la especial protección del estado “en todas sus modalidades” (C.N., art. 25) y por lo tanto el trabajo asociado, requiere apoyo, para consolidarse en el panorama laboral colombiano.