“Debemos hacer eco del trabajo decente, el parámetro ético del mundo moderno”

Revista N° 155, Sep.-Oct. 2009

 

Entrevista realizada a Andrés DaCosta H. 

por Javier N. Rojas  

Especial para la Revista Actualidad Laboral 

El nuevo gobernador del Colegio de Abogados del Trabajo, Andrés DaCosta Herrera, considera que esta organización, como uno de los principales centros del pensamiento jurídico laboral del país y, como tal, debe promover la conciencia sobre la importancia del derecho al trabajo decente.

En entrevista con la revista ACTUALIDAD LABORAL, DaCosta precisa que hoy los Estados tienen la obligación de establecer qué condiciones de empleo tienen sus ciudadanos. También habla sobre los avances en el terreno del derecho del trabajo y de la seguridad social derivados de la Constitución Política y de las sentencias de la Corte Constitucional.

ACTUALIDAD LABORAL: ¿Cuál es el papel del Colegio de Abogados del Trabajo frente a las nuevas generaciones que se forman en esa especialidad?

Andrés Dacosta Herrera: El Colegio de Abogados Especialistas en Derecho del Trabajo y la Seguridad Social ha sido una institución muy importante en el ámbito jurídico del país. Entre las ramas más recientes del Derecho, está la laboral y, en Colombia, el colegio de abogados más antiguo es el nuestro. Su importancia radica en que continúa siendo, después de más de 60 años de existencia, un centro de pensamiento jurídico-laboral del país. Quien quiera sacar una radiografía de este pensamiento y del pertinente a la seguridad social necesariamente tendrá que consultar a este colegio, la doctrina de sus miembros y su historia.

A. L.: ¿La entidad está abierta a los especialistas de todas las facultades de Derecho del país?

A. D. H.: Es una institución de raigambre profundamente democrática, donde caben todas las formas del pensamiento y egresados de distintas facultades de Derecho. Adicionalmente, hay personas que tradicionalmente defienden a empleadores o a trabajadores e, incluso, agremiados que indistintamente asesoran a trabajadores y a empleadores.

A. L.: ¿Qué desafíos enfrentan?

A. D. H.: De una parte, mantener ese centro de pensamiento académico. Lo importante es sostenerse; ahí está el desafío de las agremiaciones. Por otro lado, en un mundo de migrantes, de empresas transnacionales, que implican trabajos transnacionales, una agremiación no puede ser netamente doméstica. Uno de los grandes retos es tener apertura. Por eso, con un buen norte, se gestionó la inclusión del colegio en la Sociedad Internacional de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, que, a su turno, es el organismo mundial que asocia los gremios profesionales de cada país. Nos hicimos socios hace dos años y vamos a tener el debut colombiano en esa agremiación el próximo año, en Cartagena, teniendo en cuenta que nuestro congreso anual va a ser, al mismo tiempo, el congreso regional americano de dicha sociedad.

A. L.: ¿Qué otras metas se han previsto?

A. D. H.: El núcleo esencial del colegio es una finalidad eminentemente académica. Luego, uno de los grandes desafíos que nos hemos propuesto este año es fortalecer esa presencia. Tenemos el reto grande del congreso regional, al que vendrán profesionales del Derecho desde Canadá hasta Argentina. Pero el solo esfuerzo del congreso no es suficiente. Debemos propiciar que mensualmente exista un debate jurídico en materia laboral. Ese tema me interesa bastante, está entre los que centraré el mayor esfuerzo. Ya iniciamos, en julio, con una conferencia a propósito de los 90 años de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Entre las actividades de agosto, tuvimos una tertulia sobre la declaración de ilegalidad de la huelga, a raíz de una sentencia reciente de la Corte Suprema de Justicia. El 15 de septiembre, vamos a tener otra sobre la sociedad por acciones simplificada y sus repercusiones en materia laboral. Me propongo que, como mínimo, haya un foro académico mensualmente. El conocimiento y la academia tienen que ser universales.

A. L.: ¿Se siente representante de una nueva generación de abogados laboralistas?

A. D. H.: Me siento hijo y nieto de los fundadores y de quienes me han precedido en la institución. Y me siento hermano de las nuevas generaciones.

A. L.: ¿Han arribado nuevas generaciones al ejercicio del derecho laboral?

A. D. H.: Hernando Tapias Rocha, un profesor que aprecié mucho en la Universidad del Rosario, destacado civilista y brillante comercialista, decía que el derecho del trabajo se transmite por el ADN, porque se podían ver familias de laboralistas. Creo que eso se mantiene, pero ahora no es exclusivo. Hoy, las personas, no solamente por cercanía con una tradición de laboralistas, sino por la vocación que sienten, llegan al mundo del derecho del trabajo y de la seguridad social. Se puede apreciar una nueva ola de personas que, desde hace algún tiempo, se están vinculando a esta especialidad. Quizás, tiene mucho que ver con la Constitución de 1991.

A. L.: ¿Se ha despertado la vocación por la especialidad en derecho del trabajo?

A. D. H.: Claro que sí. Las sentencias de la Corte Constitucional, en materia de derechos fundamentales, desde 1992 hasta la fecha, mayoritariamente tienen que ver con temas laborales o de seguridad social. Eso no solamente relieva la importancia de estos aspectos, sino que indica si se está hablando de acciones de tutela, que el escenario fáctico donde se enmarca cuál es el contenido de un derecho fundamental es el laboral o el de la seguridad social. Y los derechos fundamentales tienen que ver con todas las áreas. Por eso, creo que se ha hecho llamativo, en buena parte, el estudio del derecho del trabajo y de la seguridad social.

A. L.: ¿Qué se puede hacer por la promoción del trabajo decente?

A. D. H.: Es un compromiso que involucra a toda la ciudadanía y, especialmente, a los operadores del derecho del trabajo, que son autoridades administrativas, judiciales, abogados laboristas, asesores de empresas y de sindicatos. Es algo que se teje en el día a día. En una oficina de abogados laboralistas, se reciben muchas consultas y si siempre, en lo que se recomienda, van ínsitas esas voces, se va construyendo verdaderamente ese anhelo de ir creando el trabajo decente, que sería trabajo digno en nuestro medio.

A. L.: ¿Y qué puede hacer el colegio en particular?

A. D. H.: Crear conciencia sobre la importancia de ser un centro difusor; tenemos que hacer eco de esa magna empresa que se constituye en un parámetro ético del mundo moderno. Ahora, los Estados no solamente deben preocuparse por ser los principales gestores del empleo, sino que deben analizar qué empleo se da a los ciudadanos. El empleo que se exige como estándar internacional es el que brinda un trabajo digno.

A. L.: ¿El aumento del trabajo por cuenta propia reduce la cobertura del derecho laboral?

A. D. H.: En ocasiones, eso pareciera suceder. El artículo 25 de la Constitución dice que las personas tienen derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas, pero no se refiere a un trabajo determinado, sino a cualquier persona que labore en las condiciones de independencia, de informalidad o de formalidad que existan. Las exigencias constitucionales no reparan en que sea un trabajo formalizado a través de un contrato, sino en cualquier expresión laboral. El derecho tiene mucho por hacer en esa materia.

A. L.: ¿Pero el Derecho tiene dificultades para llegar plenamente al terreno de lo informal?

A. D. H.: He ahí desafíos. En algunas latitudes, se dice: 'si la mayoría ahora es informal y el sujeto protegido solamente es el del contrato de trabajo formal, pues ampliemos la barrera de protección del ámbito laboral y cambiemos los criterios de cobertura de este para incluirlos'. Hay otros que dicen: 'dejémoslos como están, pero hagamos extensivo el alcance de la seguridad social para que realmente les llegue a esas personas'.

A. L.: ¿El Estado es el responsable de que el Derecho llegue al entorno de la informalidad?

A. D. H.: Sin duda, es el gran protagonista de los temas sociales y, dentro de estos, de los laborales, pero no el único.

A. L.: ¿Entonces, el Estado debe ampliar su capacidad de vigilancia en materia laboral?

A. D. H.: El tema toca con todo: con una obligación del Estado de ser gestor de empleo, con el esfuerzo del Estado para ser promotor de la productividad, y eso implica una gestión estatal en lo económico. El mundo está despertando a bofetones, en algunos casos, de ese modelo de Estado en retirada, minúsculo, tan solo dedicado a algunos temas específicos.

A. L.: ¿El Estado debe revisar la fórmula de regulación de las relaciones entre empleadores y trabajadores?

A. D. H.: Un Estado debe ser consciente de que la mejor de las normas laborales es aquella que sale de los interlocutores sociales, empleadores, trabajadores y Estado. Es decir, del diálogo social, concepto que es la razón de ser de la OIT y que lo ha venido acentuando desde 1999.

A. L.: ¿Qué aportó la Constitución de 1991 a la evolución del derecho laboral?

A. D. H: Hoy tenemos, desde la perspectiva jurisprudencial, un derecho laboral que da más garantías. Ahí es donde se aprecia el cambio. Sin duda, hay sentencias de la Corte Suprema de Justicia de mucha valía, después de la Constitución de 1991, pero, sobre todo, de la Corte Constitucional. Se dan nuevas pautas para interpretar lo que existía.

A. L.: ¿Qué sentencias de la Corte Constitucional destaca por sus alcances en materias laboral y de seguridad social?

A. D. H.: No hablaría de algunos fallos en particular, sino de aquellos, en materia laboral, que han establecido la primacía de los derechos fundamentales en las relaciones laborales. Son importantes, porque han generado nuevas figuras de reintegros constitucionales, que no existían antes de esas sentencias. Destaco todas las sentencias de la Corte Constitucional que han conocido la exequibilidad de la segunda parte del Código Laboral, porque ese es el nuevo derecho colectivo del país, son las nuevas reglas jurídicas en ese campo. Y en materia de seguridad social, los temas relativos a la progresividad de los derechos sociales son supremamente importantes. Eso ha implicado la prosperidad de muchas acciones de tutela.

A. L.: ¿Qué balance puede hacer sobre la integración de los ministerios de Trabajo y de Salud?

A. D. H.: Estimo que esa fusión tiene los años contados. Y en el mediano plazo, ojalá en el corto plazo, volveremos a tener un Ministerio de Trabajo y uno de Salud como entidades independientes. Actualmente, es casi imposible que el Ministerio de la Protección Social no tienda a concentrarse más en uno de los dos aspectos y en el que menos se ha enfocado es en el laboral. Se venía con una tendencia, que ahora está tratando de rescatarse, de fortalecimiento del Ministerio de Trabajo. Ese propósito quedó en veremos, debido a la fusión. En el país, hay un anhelo, desde el inicio de la década de los noventa, por tener un Ministerio de Trabajo robusto. Y con esto quiero decir, por ejemplo, un ministerio que cuente con muchas más posibilidades de patrocinar el diálogo social, de ambientar la negociación colectiva, de procurar contar con un ente administrativo que les responda rápidamente las inquietudes a empleadores y trabajadores.

A. L.: ¿Qué debe cambiar en la conciencia de trabajadores y de empleadores para lograr relaciones laborales armónicas?

A. D. H.: Se requieren cambios muy en la línea de hacer propia la necesidad del diálogo social: este es un trípode. El Estado debe promoverlo y protagonizarlo, pero no imponerlo. Eso es un imposible. La conciencia de los empleadores y de los trabajadores sobre la importancia del diálogo social es el punto donde se debe hacer mayor énfasis.