Depreciación y su impacto en la información financiera

Revista Nº 66 Abr.-Jun. 2016

José Alejandro Fuertes 

(Cuba) 

Máster en Contabilidad. Nova Southeastern University. Miami, Florida.

Licenciado en Contaduría Pública. Universidad Central de Venezuela.

Resumen

El concepto de depreciación es usado en diferentes escenarios financieros y contables; producto de su complejidad y sus implicaciones en la información financiera, existe el riesgo de cometer errores en la toma de decisiones partiendo de análisis derivados de valuaciones que incluyen esta herramienta para distribuir el costo de los activos.

El reconocimiento sistemático de la depreciación intenta reflejar el consumo del activo durante el período en que la entidad usa dicho elemento para la producción de bienes y servicios, o para fines administrativos. Sin embargo, diferentes factores, internos o externos, así como el enfoque con el cual son evaluados los estados financieros, resaltan la carencia de la depreciación para reflejar la capacidad de la entidad para generar beneficios económicos futuros, así como para determinar el rendimiento que dichos activos han generado. Debido a esto, las Normas Internacionales de Información Financiera han desarrollado diferentes normas que ayudan a cumplir con estos objetivos, proporcionando información útil para la toma de decisiones.

Palabras clave:

Depreciación; Información financiera; Medición; Valuación.

Contenido

Introducción

1. Fundamentos básicos de la depreciación

2. Depreciación como reflejo de la posición financiera

3. Alternativas a la depreciación para reflejar la posición financiera

3.1. Revaluación de la propiedad, planta y equipo

3.2. Propiedades de inversión

3.3. Activos mantenidos para la venta

3.4. Deterioro de los activos

4. Depreciación como reflejo del rendimiento de la entidad

5. Depreciación como reserva para el reemplazo de propiedad, planta y equipo

Conclusión

Bibliografía

Introducción

Las Normas Internacionales de Información Financiera proveen a los preparadores de información, de diferentes tratamientos contables que pueden ser aplicados al mismo activo, cuando estos poseen una diferente función dentro de la entidad. El enfoque de este organismo regulador es que cada entidad le dé un tratamiento contable a un determinado activo, basado en la configuración de beneficios y riesgos que posee dicho elemento en la entidad en un determinado momento.

No todos los beneficios que puede generar un activo a una entidad fluyen de la misma manera, ni poseen los mismos riesgos, por lo que sería inadecuado valuar todos los elementos de la misma forma. Un mismo activo puede ser clasificado como inventario, propiedad, planta y equipo, propiedad de inversión, o activo mantenido para la venta. Dichas clasificaciones son basadas en las expectativas de cómo los beneficios económicos fluirán hacia la entidad, y es importante entender el papel de la depreciación en el análisis de cada una de estas valuaciones.

Los activos no son depreciados con base a su reducción de valor, sino con base en cargos sistemáticos y razonables para distribuir el costo cancelado inicialmente. Debido a las alternativas que ofrecen las Normas Internacionales de Información Financiera, tanto los usuarios como los preparadores, deben entender el impacto del uso de estas alternativas para obtener el beneficio que esperan de la información financiera. El costo del activo, ajustado por la depreciación reconocida año tras año, no debe entenderse como una representación de la realidad económica del activo, sino como una herramienta para la distribución de su costo.

1. Fundamentos básicos de la depreciación

Para entender el impacto de la depreciación en la información financiera, es necesario entender su definición. De acuerdo con el International Accounting Standard Board la “depreciación es la distribución sistemática del importe depreciable de un activo a lo largo de su vida útil” (NIC 16, párr. 6). Esta definición es contenida en la norma encargada de prescribir el tratamiento contable de la propiedad, planta y equipo, activos cuyos beneficios económicos fluirán a la entidad a través de su uso.

La descomposición de esta definición deja relucir muchos elementos que son necesarios analizar. El primer elemento es el importe depreciable, el cual es el importe del activo sujeto a depreciación. Dicho importe es el costo que se incurre al adquirir un activo, o el valor asignado de acuerdo con las políticas disponibles para la valuación posterior, como por ejemplo el valor razonable. Para ejemplificar esto, supongamos que la entidad XYZ que se dedica a la fabricación de autos, adquiere un equipo industrial para la producción de vehículos por 20.000 unidades monetarias (u.m.). Este importe representa el costo del activo en la fecha en la que este fue adquirido. En la Norma Internacional de Contabilidad propiedad, planta y equipo (NIC 16), se usa como referencia el término importe depreciable y no costo, ya que se toma en consideración el valor que la entidad puede obtener por el activo al final de su vida útil, el cual se denomina valor residual. El valor residual reduce el importe depreciable de un activo, por lo que si dentro de este caso el valor residual fuese de 2.000 (u.m.), el importe depreciable sería de 18.000 (u.m.).

Otro elemento que forma parte del concepto de depreciación es la vida útil, el cual es “(a) el período durante el cual se espera que la entidad utilice el activo; o (b) el número de unidades de producción o similares que se espera obtener del mismo por parte de una entidad” (NIC 16, párr. 6). Estos párrafos hacen referencia al efecto del tiempo y del uso que dan origen a la depreciación de los activos.

Existen diferentes métodos de depreciación tales como el método de línea recta, suma de dígitos o valores decrecientes que se enfocan en el tiempo en el cual la entidad espera utilizar el activo. Por otro lado, existe un método denominado unidades de producción que utiliza como base las unidades producidas en el período contable en relación con las unidades que la entidad espera producir mientras la entidad hace uso del activo.

Supongamos que cuando la entidad XYZ adquirió un activo y basándose en su experiencia anterior estimó que este podía aportar beneficios durante 10 años, y podía producir 10.000 unidades. La entidad XYZ, puede utilizar como base para la distribución del costo del activo tanto 10 años, como 10.000 unidades de producción. El período de vida útil, el cual será aplicado por la entidad considera factores tales como el uso esperado del activo, el desgaste normal, los límites legales sobre el bien y la obsolescencia producto de cambios en el mercado y de innovaciones tecnológicas.

Una vez determinado el importe depreciable, así como la vida útil, existen otros factores para considerar al momento de determinar la depreciación de un activo. Las Normas Internacionales de Información Financiera establecen que con el objeto de presentar información financiera relevante y que sirva para la toma de decisiones, es requerido que la entidad deprecie separadamente cada componente que posea un costo significativo de un elemento de propiedad, planta y equipo. Esto debido a que la agrupación de elementos disímiles para depreciarlos conjuntamente originaría una distribución errónea del costo total de los activos.

Siguiendo con el caso de la entidad XYZ, supongamos que el equipo adquirido posee cuatro componentes con características totalmente diferentes, con vidas útiles diferentes y con un patrón de consumo que imposibilita la agrupación de estos elementos para depreciarlos conjuntamente. Cuando estos factores están presentes, es necesario que las entidades deprecien cada componente de forma separada y no de manera conjunta.

Cuando se aplica la Norma Internacional de Contabilidad 16 (NIC 16), la selección de los métodos de depreciación requiere la utilización del juicio profesional del preparador de los estados financieros de la entidad. Debido a que la elección del método de depreciación es una estimación basada en un juicio profesional, “el método de depreciación aplicado a un activo se revisará, como mínimo, al término de cada período anual y, si hubiera habido un cambio significativo en el patrón esperado de consumo de los beneficios económicos futuros incorporados al activo, se cambiará para reflejar el nuevo patrón. Dicho cambio se contabilizará como un cambio en una estimación contable, de acuerdo con la NIC 8” (NIC 16, párr. 61).

El proceso de depreciación de un activo involucra un proceso de estimación contable, por lo que un cambio en el método de depreciación requiere únicamente de aplicación prospectiva. Las circunstancias sobre las cuales una entidad basó sus juicios para elegir las estimaciones que involucraban el cálculo de la depreciación en períodos anteriores fueron los correctos para ese momento. Un cambio en estas estimaciones se origina debido a que dichas circunstancias han cambiado en el período actual y por lo tanto en el futuro.

Debido a que un cambio en el método de depreciación no requiere de aplicación retrospectiva, la entidad no debe modificar la información comparativa de períodos anteriores en los estados financieros. La comparabilidad entre los flujos futuros que generaba el activo anteriormente, y los que generarán en el período actual y en el futuro, se verá menoscabada. Aunque es imposible comparar el gasto de depreciación entre períodos cuando los patrones de beneficios han cambiado.

En cuanto a los métodos de depreciación, las Normas Internacionales de Información Financiera, permiten la aplicación de varios. Entre estos, se encuentra el método de línea recta, el de unidades de producción o el método de cargos decrecientes.

Cuando una entidad aplica el método de línea recta, el gasto de depreciación es reconocido equitativamente durante la vida útil del activo (es decir, es un patrón constante de consumo). Bajo este enfoque de consumo, la entidad estima que los beneficios económicos del elemento de propiedad, planta y equipo se consumirán linealmente durante todos los años.

Si la entidad estima que el patrón de beneficios será consumido de una forma desigual, es decir, con mayor volumen en los primeros años y luego vaya reduciéndose, el método que mejor reflejaría este escenario es el de cargos decrecientes, así como el de suma de dígitos.

Por último, es común la aplicación de métodos basados en las unidades producidas en las cuales los beneficios esperan ser consumidos con cada unidad que la entidad produce a partir de la utilización del activo.

Una vez determinado el importe de la depreciación “el cargo por depreciación de cada período se reconocerá en el resultado del período, salvo que se haya incluido en el importe en libros de otro activo” (NIC 16, párr. 48).

El cargo de depreciación es reconocido en el importe en libros de otros activos cuando elementos de propiedad, planta y equipo son usados para la producción de inventario, o como parte del proceso de construcción de otros elementos de propiedad, planta y equipo. De todos modos, el consumo llegará a formar parte de las ganancias acumuladas de la entidad, ya que si el activo fue utilizado para producir inventario, formará entonces parte del costo de ventas cuando este sea vendido.

De igual modo si este fue usado para la construcción de un elemento de propiedad, planta y equipo, la depreciación se cargará al costo del activo inicialmente pero luego afectará al resultado del período cuando el activo construido empiece a ser depreciado una vez cumpla con los requerimientos establecidos por las Normas Internacionales de Información Financiera.

La utilización de la depreciación como herramienta contable también se vincula con la base de negocio en marcha, la cual, de acuerdo con el marco conceptual está definida como sigue: “Los estados financieros se preparan normalmente bajo el supuesto de que una entidad está en funcionamiento y continuará su actividad dentro del futuro previsible. Por lo tanto, se supone que la entidad no tiene la intención ni la necesidad de liquidar o recortar de forma importante la escala de sus operaciones” (M.C. párr. 4.1).

Para una entidad en proceso de liquidación la depreciación no es útil, ya que no estima seguir obteniendo beneficios producto del uso del activo debido a que no continuará con sus operaciones normales.

En ciertas circunstancias económicas, se deberá seguir reconociendo el gasto por depreciación. Por ejemplo, cuando el valor razonable del activo exceda su valor residual. Al adquirir un activo, la entidad estima su valor residual, que técnicamente es el valor que tendrá el activo al final de su vida útil. Es común que por el paso del tiempo, en economías con cierta inflación, el valor razonable en esa etapa de la vida del activo, sea mayor que ese valor residual estimado inicialmente. Incluso en esta situación, se deberá seguir reconociendo el gasto por depreciación.

Otra situación en la cual se debe continuar con el reconocimiento de la depreciación, se presenta cuando el activo esté sin utilizar o se haya retirado del uso. Esta premisa tiene sus excepciones, las cuales son que el referido activo se encuentre depreciado por completo o cuando se utilicen métodos de depreciación basados en el uso del activo. Esto demuestra que la depreciación refleja más el patrón de gasto que el apareamiento de beneficios económicos, ya que bajo lo descrito al inicio de este párrafo, el activo no está originando beneficios económicos, pero sigue depreciándose. El método de unidades producidas sí podría reflejar este consumo, o la ausencia de consumo, por lo anteriormente explicado.

Cuando una entidad estima la vida útil de un elemento de propiedad, planta y equipo, así como el método de depreciación, los cuales definen el cargo de depreciación, es común encontrar situaciones en las cuales el activo sigue proveyendo beneficios económicos a la entidad, pero se presenta contablemente con un valor según libros de cero. Por consiguiente, en los próximos períodos, flujos de efectivo entrarán a la entidad pero no se reconocerá un gasto asociado a su producción.

Supongamos que la entidad XYZ adquirió el 1º de enero del período 20X1 un activo por 10.000 (u.m.), y le asignó una vida útil de diez años, el gasto anual por depreciación sería de 1.000 (u.m.). El primer año, el valor según libros del activo, el importe por el cual es presentado en los estados financieros sería de 9.000 (u.m.).

Cuando pasen diez años, la entidad tendrá en sus libros un costo de 10.000 (u.m.) y habrá registrada una depreciación acumulada con respecto a este activo por un importe de 10.000 (u.m.), por lo que el valor en libros será de cero (0) (u.m.). En el año siguiente, si la entidad sigue utilizando el activo para la producción debido a que sigue en funcionamiento operativo, no registraría gasto por depreciación ya que el importe depreciable sería de 0 unidades monetarias.

Esta situación provee diferentes aristas para el análisis del rendimiento y de la posición financiera de una entidad. Primero, es necesario mencionar que la NIC 16 requiere que el método de depreciación relacionado refleje “el patrón con arreglo al cual se espera que sean consumidos, por parte de la entidad, los beneficios económicos futuros del activo” (NIC 16, párr. 60). Por lo tanto, a medida que se va acercando el final de la vida útil del activo, la entidad debe estimar que, si este seguirá contribuyendo a la producción de beneficios, es necesario realizar un cambio en las estimaciones contables.

Adicionalmente, es necesario considerar la materialidad cuando se realiza la contabilización y el análisis para el tratamiento de la depreciación contable. Este concepto, de acuerdo con el marco conceptual para la información financiera, indica que la información financiera es material cuando “su omisión o expresión inadecuada puede influir en decisiones que los usuarios adoptan a partir de la información financiera de una entidad que informa específica” (M.C., párr. CC11). La materialidad de la información está basada en la magnitud o naturaleza de la misma, o inclusive en una conjunción entre ellas.

Si el activo reconocido en los estados financieros tiene un valor según libros de importe cero, o próximo a este valor, pero la materialidad de los beneficios económicos que puede originar, así como el costo por el cual el activo fue adquirido es inmaterial, esta situación no tendrá un gran impacto en la estimación de flujos futuros por parte de la entidad.

Una vez definidos estos elementos y partiendo de dichas bases, cuando una entidad posee un activo que genera beneficios económicos, pero sin valor en libros, se debe prestar atención a los análisis que realizan a partir de estas condiciones. Sería ilógico decir que un elemento sin valor está generando importantes beneficios económicos a la entidad. Pero hay que recordar que la depreciación tampoco mide la capacidad de un activo para generar beneficios económicos futuros.

2. Depreciación como reflejo de la posición financiera

Tal y como lo incluye el marco conceptual de las Normas Internacionales de Información Financiera “Los informes financieros con propósito general proporcionan información sobre la situación financiera de una entidad que informa, que es información sobre los recursos económicos de la entidad y los derechos de los acreedores contra la entidad que informa” (M.C. Párr. OB12).

El importe por el cual un activo se presenta en los estados financieros impacta directamente a la posición financiera de la entidad. La depreciación no se relaciona con el valor de un activo, es una forma de distribuir el costo de un activo durante su vida útil, basándose en una estimación. Es importante entender esto ya que muchos usuarios pueden pensar que ese modelo (costo-depreciación) intenta reflejar el valor de un activo en una determinada fecha.

La depreciación no debe ser vista como la pérdida del valor de un activo por el paso del tiempo, esto tendría como trasfondo que la depreciación intenta reflejar el valor de un activo. Para valuar el activo existen otros procedimientos tales como la revaluación o la evaluación del deterioro.

Desde un punto de vista económico, el importe por el cual un activo es presentado, menos su depreciación acumulada, cuando el modelo del costo es utilizado, no permite a la entidad evaluar la capacidad de los flujos futuros que el activo puede generar. Pero si el activo es material y la entidad depreció totalmente el activo, y este sigue generando beneficios económicos en gran medida, el objetivo de la depreciación, el cual es la distribución del costo del activo, fue menoscabado. Debido a que es necesario proveer a los usuarios de información financiera útil, la NIC 16 requiere que la entidad revele “el importe en libros bruto de cualesquiera propiedades, planta y equipo que, estando totalmente depreciados, se encuentran todavía en uso” (NIC 16, párr. 79, Lit. b).

Este requerimiento de revelación ofrece a los usuarios la posibilidad de evaluar activos depreciables en esta condición y entender la situación actual de las entidades.

Este requerimiento no está contenido en la NIIF para las Pymes, ya que fue desarrollada con el propósito de ofrecer un marco normativo para entidades que no tienen obligación pública de rendir cuentas y, por lo tanto, los usuarios de información financiera necesitan menos información para ubicar su capital y tomar decisiones económicas. Sin embargo, si el importe de los activos depreciados totalmente es significativo, entidades que apliquen este estándar pueden optar por revelar esta situación en las notas a los estados financieros.

La limitación de costo-beneficio que se presenta al momento de emitir estados financieros, la cual es mayor para las entidades al utilizar la NIIF para las Pymes, eximen a las entidades de llevar un control tanto contable como físico de los elementos de la propiedad, planta y equipo. Similar es el requerimiento de la Norma Internacional de Contabilidad 38 (NIC 38) Activos intangibles la cual aconseja que una entidad revele “una descripción de los activos intangibles completamente amortizados que se encuentren todavía en uso” (NIC 38, párr. 128).

Para evitar una distribución no racional del costo de un activo, es necesario que los preparadores de los estados financieros eviten ver las estimaciones relacionadas con la depreciación como una actividad que ocurre únicamente cuando el activo es adquirido, mejor como un proceso en constante movimiento, debido a que las estimaciones pueden modificarse cada período. Para reforzar esta visión la NIC 16 requiere que “el método de depreciación aplicado a un activo se revisará, como mínimo, al término de cada período anual y, si hubiera habido un cambio significativo en el patrón esperado de consumo de los beneficios económicos futuros incorporados al activo, se cambiará para reflejar el nuevo patrón (…)” (NIC 16, párr. 61).

3. Alternativas a la depreciación para reflejar la posición financiera

Como se mencionó anteriormente la depreciación por sí sola es limitada para reflejar un importe que suministre información sobre la posición financiera de un elemento de propiedad, planta y equipo en los estados financieros. Para esto, las Normas Internacionales de Información Financiera ofrecen mediciones alternas que permiten la adopción de valores en los estados financieros para ofrecer información útil para la toma de decisiones, por parte de los usuarios. A continuación se mencionarán dichas alternativas y su impacto en la información financiera.

3.1. Revaluación de la propiedad, planta y equipo 

La NIC 16 permite la adopción, tanto del modelo del costo como del modelo de revaluación, para la medición posterior de activos dentro del alcance de esta norma. Cuando una entidad aplica el modelo del costo, los activos son valuados posteriormente por su costo menos la depreciación acumulada y el importe acumulado de las pérdidas por deterioro del valor. Mientras que cuando aplica el modelo de revaluación, se “contabilizará por su valor revaluado, que es su valor razonable en el momento de la revaluación, menos la depreciación acumulada y el importe acumulado de las pérdidas por deterioro de valor que haya sufrido” (NIC 16, párr. 31).

La elección de un modelo sobre otro representa un equilibrio entre relevancia y fiabilidad como criterios para la presentación de los estados financieros. Esto debido a que los valores obtenidos a través de la revaluación pueden ser menos fiables que los obtenidos a través de la medición del costo, ya que en el momento del reconocimiento inicial el importe cancelado para adquirir al activo es fácilmente identificable, sin embargo, aun cuando es menos fiable, el importe revaluado de un activo representa información más relevante para los usuarios en la toma de decisiones.

De acuerdo con esta norma de contabilidad la revaluación de los activos debe ser aplicada a cada clase de activos para impedir valuaciones selectivas. Entre las clases de activos podemos encontrar las siguientes: terrenos, terrenos y edificios, maquinaria, buques, aeronaves, vehículos de motor, mobiliario y enseres, equipo de oficina y plantas productoras, mencionadas en la NIC 16 y también por la NIIF para las Pymes. Sin esta disposición, las entidades podrían escoger cuáles activos dentro de una misma clase revalorar y cuáles no. Es decir, dentro de la clase de maquinaria pueden existir activos cuyos valores han aumentado y otros cuyos valores han disminuido en el mercado con respecto del valor registrado en los libros de la entidad. Aplicar el método de revaluación a activos selectivamente puede ofrecerle a la gerencia de la entidad la posibilidad de alcanzar la posición financiera que más se ajuste a sus propósitos, y no representar fielmente la posición financiera y resultados reales de la entidad.

Aun cuando las entidades que revalúen sus activos presenten información más relevante para la toma de decisiones, la sobrevaloración de estos es un factor que muchas entidades intentan evitar, ligado directamente con un principio contable de mucha tradición, el cual es el conservacionismo. De acuerdo con Weygandt, Kimmel y Kieso (2011), el conservacionismo consiste en pensar que la mejor opción entre varias alternativas contables es la que menos sobreestime los activos y los ingresos. Adicionalmente, el uso de valores revaluados requieren que las entidades desembolsen dinero para hacer avalúos de activos, los cuales para cumplir con los requerimientos de las Normas Internacionales de Información Financiera deben realizarse con una frecuencia que permita que el valor por el cual el activo es presentado en los estados financieros no difiera significativamente de su valor razonable en el mercado.

Cuando una entidad revalúa un activo, este hecho puede registrarse en los libros de la entidad de dos formas:

“(a) el importe en libros bruto se ajustará de forma que sea congruente con la revaluación del importe en libros del activo. Por ejemplo, el importe en libros bruto puede reexpresarse por referencia a información de mercado observable, o puede reexpresarse de forma proporcional al cambio en el importe en libros. La depreciación acumulada en la fecha de la revaluación se ajustará para igualar la diferencia entre el importe en libros bruto y el importe en libros del activo después de tener en cuenta las pérdidas por deterioro de valor acumuladas; o

(b) la depreciación acumulada se elimina contra el importe en libros bruto del activo” (NIC 16 párr. 35).

El valor por el cual una entidad revalúa un activo se usará como importe depreciable para distribuirse a lo largo de la vida útil.

De igual modo, el tratamiento del superávit por revaluación reconocido puede darse de baja en la venta o disposición final del activo, o mediante una reducción anual en el momento en el cual el gasto de depreciación es reconocido. Esto da como resultado, un cargo anual por depreciación similar al que se reconocería si el activo no hubiese sido revaluado.

Es importante mencionar que el modelo de revaluación está disponible en la NIIF para las Pymes, de acuerdo con las enmiendas que el IASB realizó en mayo del 2015. La fecha de aplicación de estas modificaciones es a partir del 1º de enero del 2017.

3.2. Propiedades de inversión 

Si una entidad mantiene activos con el propósito de generar rentas o que aumenten de valor a través del tiempo, puede utilizar el esquema de propiedades de inversión para presentar información útil a los usuarios de información financiera. Se incluyen propiedades bajo construcción o desarrollo para uso futuro como propiedades de inversión, y se excluyen los inventarios y activos usados por el dueño.

A manera de ilustración, supongamos que la entidad XYZ adquiere un edificio de 20 oficinas el 01/01/20X1. La entidad no espera usar este edificio como establecimiento para las oficinas administrativas, ni para la producción ya que posee otras propiedades destinadas a estos procesos. El propósito de la empresa, en el momento de la adquisición de este activo, es esperar que el valor del inmueble aumente con el paso del tiempo y, cuando eso ocurra, venderlo.

Para los usuarios de la información financiera, el valor razonable del inmueble representa un papel fundamental para la toma de decisiones, ya que los beneficios económicos que el activo proveerá a la entidad no vendrán de su uso, sino a través de su venta cuando el valor razonable sea favorable para realizar esta operación.

Cuando un activo es clasificado como propiedad de inversión de acuerdo con las Normas Internacionales de Información Financiera, el importe por el cual es reconocido inicialmente en los estados financieros es el precio de compra, así como cualquier otro desembolso relacionado con su adquisición. Luego de que es incorporado en la contabilidad de la entidad, la medición posterior supondrá la elección del modelo del valor razonable o el modelo del costo. Si una entidad adopta el modelo del valor razonable, “las pérdidas o ganancias derivadas de un cambio en el valor razonable de las propiedades de inversión se incluirán en el resultado del período en que surjan” (NIC 40, párr. 35). Inclusive, aun cuando utilice el modelo de costo para la medición de propiedades de inversión, las Normas Internacionales de Información Financiera, requieren que la entidad revele en las notas a los estados financieros el valor razonable de dichas propiedades de inversión.

Las propiedades de inversión son mantenidas por la entidad debido a su capacidad como inversiones. Este potencial puede fluir a la entidad en dos diferentes formas, ya sea a través del incremento del valor de activos por mantener propiedades durante el paso del tiempo, o por el recibo de ingresos generados por el uso de propiedades por parte de terceros. Para ejemplificar, supongamos que la entidad ABC adquirió un edificio por un costo de 100.000 (u.m.), pero estima que el valor de este aumente cada año, al segundo año el valor razonable es de 110.000 (u.m.). El potencial de flujos ingresará a la entidad a través de estos cambios de valor. Adicionalmente, si la entidad ABC posee un edificio, el cual está dividido entre oficinas comerciales las cuales alquila a terceros, el flujo de efectivo ingresa a la entidad a través de estas rentas.

La necesidad del IASB de crear una norma de contabilidad para este tipo de activos se debe a la percepción de que la configuración de beneficios y riesgos es diferente a la de los mismos activos en diferentes situaciones, ya sean activos mantenidos para la venta o activos ocupados por el dueño.

3.3. Activos mantenidos para la venta 

En momentos determinados, ciertas entidades toman la decisión de disponer de uno o varios activos, por lo que la presentación de dichos bienes como propiedades, planta y equipo o propiedades de inversión no representa información útil para la toma de decisiones. Como se ha mencionado anteriormente la depreciación es aplicada para activos que prestan un beneficio para la entidad. Cuando una entidad posee activos sobre los cuales mantiene planes de disposición, los flujos de beneficios económicos ingresarán a la entidad a través de la venta. Producto de la necesidad de reflejar esta disposición de riesgos y beneficios, de activos con estas características, el International Accounting Standard Board desarrolló la Norma Internacional de Información Financiera 5 (NIIF 5) Activos no corrientes mantenidos para la venta y operaciones discontinuadas.

En el momento en el cual el International Accounting Standard Board desarrolla el objetivo de esta norma, deja en claro que el fundamento es valuar a los activos mantenidos para venta, de forma singular. Es decir, distinguir su medición a la de los activos que son usados por la entidad para fines administrativos o para la producción de bienes y servicios. La NIIF 5 tiene como objetivo que “los activos que cumplan los criterios para ser clasificados como mantenidos para la venta, sean valorados al menor valor entre su importe en libros y su valor razonable menos los costos de venta, así como que cese la depreciación de dichos activos” (NIIF 5, párr. 1). Esta medición es congruente con el sentido de que los beneficios derivados del activo ingresarán a través de la venta y no de su uso.

Para el tratamiento de los activos mantenidos para la venta también es requerido que las entidades reconozcan “una pérdida por deterioro debida a las reducciones iniciales o posteriores del valor del activo (o grupo de activos para su disposición) hasta el valor razonable menos los costos de venta, siempre que no se haya reconocido según el párrafo 19” (NIIF 5, párr. 20). Esta reducción se reconoce en los estados financieros cuando en la fecha de presentación el valor de los activos mantenidos para la venta ha disminuido.

Si dicha disminución, se revierte en períodos siguientes “La entidad reconocerá una ganancia por cualquier incremento posterior derivado de la medición del valor razonable menos los costos de venta de un activo, aunque sin superar la pérdida por deterioro acumulada que haya sido reconocida, ya sea de acuerdo con esta NIIF o previamente, de acuerdo con la NIC 36 Deterioro del valor de los activos” (NIIF 5, párr. 21).

Estos requerimientos, tanto de medición inicial establecidos por la norma, como el reconocimiento de pérdidas y recuperaciones de dichas pérdidas, descritas como ganancias, son congruentes con lo expuesto de la importancia de la presentación del valor razonable menos los costos de ventas para la toma de decisiones económicas.

Para finalizar, es requerido que las entidades cesen de depreciar un activo clasificado como mantenido para la venta, expuesto de la siguiente forma: “La entidad no depreciará (o amortizará) el activo no corriente mientras esté clasificado como mantenido para la venta, o mientras forme parte de un grupo de activos para su disposición clasificado como mantenido para la venta” (NIIF 5 párr. 25).

Estos activos, no proveerán beneficios económicos a la entidad a través de su uso, por lo que la distribución de su valor a través de la depreciación no constituye un hecho relevante para los usuarios de la información financiera.

3.4. Deterioro de los activos 

Existen factores internos o externos que pueden causar el deterioro de los activos depreciables. Entre los factores internos se encuentra el daño físico del activo, la reducción de su capacidad para generar efectivo o la obsolescencia. Mientras que entre los factores externos que pueden causar el deterioro de un activo, se encuentra la reducción del valor de mercado, cambios en la normativa, en la economía o en la tecnología o el incremento de las tasas de mercado.

La valuación de activos deteriorados, utilizando un modelo de costo menos depreciación acumulada, no refleja la posición financiera de la entidad. Para evitar que la entidad presente elementos de propiedad, planta y equipo por importes que excedan los que la entidad puede obtener por un activo en los estados financieros, el International Accounting Standard Board emitió la Norma Internacional de Contabilidad 36 (NIC 36) Deterioro del valor de los activos.

El objetivo de esta norma es “establecer los procedimientos que una entidad aplicará para asegurarse de que sus activos están contabilizados por un importe que no sea superior a su importe recuperable. Un activo estará contabilizado por encima de su importe recuperable cuando su importe en libros exceda del que se pueda recuperar del mismo a través de su utilización o de su venta. Si este fuera el caso, el activo se presentaría como deteriorado, y la norma exige que la entidad reconozca una pérdida por deterioro del valor de ese activo” (NIC 36, párr. 1).

Para evaluar cuáles son los posibles beneficios que pueden fluir a la entidad producto de la tenencia de un elemento de propiedad, planta y equipo, es importante entender cuál es el concepto de importe recuperable el cual “es el mayor entre su valor razonable menos los costos de disposición y su valor en uso” (NIC 36, párr. 6). Esta definición comprende dos valores relacionados directamente con las operaciones que pueden originar el flujo de beneficios económicos de un activo.

El primero es el valor razonable el cuales el precio que se recibiría por vender un activo o que se pagaría por transferir un pasivo en una transacción ordenada entre participantes de mercado en la fecha de la medición” (NIC 36, párr. 6). Este valor está relacionado con la disposición del activo, mientras que el valor de uso el cual es “el valor presente de los flujos futuros de efectivo estimados que se espera obtener de un activo o unidad generadora de efectivo” (NIC 36, párr. 6). Este monto está relacionado con los flujos que puede producir el activo mediante su tenencia en la entidad.

Esta norma de contabilidad requiere que las entidades que apliquen Normas Internacionales de Información Financiera evalúen cada año si existen indicios de deterioro de los elementos de propiedad, planta y equipo mantenidos por la entidad. Si el importe recuperable, es decir, lo que se espera obtener por el activo a través de su uso o disposición, es menor al valor en libros, es requerido contabilizar una pérdida por deterioro del valor. Tal pérdida “se reconocerá inmediatamente en el resultado del período, a menos que el activo se contabilice por su valor revaluado de acuerdo con otra norma (por ejemplo, de acuerdo con el modelo de revaluación previsto en la NIC 16). Cualquier pérdida por deterioro del valor, en los activos revaluados, se tratará como un decremento de la revaluación efectuada de acuerdo con esa otra norma” (NIC 36, párr. 60).

Este ajuste permite a las entidades presentar estados financieros con importes de activos que no sobreestimen su valor, y es una información que permite a los usuarios tomar mejores decisiones económicas.

4. Depreciación como reflejo del rendimiento de la entidad

La distribución del costo de los activos a lo largo de su vida útil está asociado directamente con el principio de paridad de ingresos y gastos. Dicho principio establece que los gastos deben ser reconocidos cuando los ingresos son ganados. Esto permite a los usuarios tomar decisiones económicas sobre la capacidad de la empresa para generar beneficios económicos.

Sin embargo, la NIC 16 en el párrafo 62A establece que “No es apropiado un método de depreciación que se base en los ingresos de actividades ordinarias que se generan por una actividad que incluye el uso de un activo. Los ingresos de actividades ordinarias generados por una actividad que incluye el uso de un activo, generalmente, reflejan factores distintos del consumo de los beneficios económicos de dicho activo. Por ejemplo, los ingresos de actividades ordinarias se ven afectados por otra información y procesos, actividades de venta y cambios en los volúmenes de ventas y precios. El componente del precio de los ingresos de actividades ordinarias puede verse afectado por la inflación, la cual no tiene relación con la forma en que se consume el activo” (NIC 16, párr. 62A). Es decir, el método de depreciación debe reflejar el patrón con el cual los beneficios económicos del activo serán consumidos, no su asociación directa con los ingresos.

5. Depreciación como reserva para el reemplazo de propiedad, planta y equipo

La depreciación no tiene como objetivo servir para crear reservas para el reemplazo de elementos de propiedad, planta y equipo. Como se ha mencionado anteriormente el reconocimiento de la depreciación no involucra la separación de ningún fondo a alguna reserva. Aun cuando el reconocimiento de la depreciación puede ayudar al mantenimiento del capital de la entidad, ya que el reconocimiento del gasto disminuye las utilidades del período, es importante analizar este impacto.

Debido a que el reconocimiento de la depreciación disminuye las utilidades del período, la entidad poseerá menos ganancias acumuladas para distribuir dividendos. De cierto modo, esto permite mantener a la entidad con más fondos, para que cuando sea necesario los activos sean reemplazados. Sin embargo, esto no significa que la depreciación se tome como una herramienta para crear reservas. Adicionalmente, en economías inflacionarias, o que hayan experimentado un aumento en los precios específicos de propiedad, planta y equipo, los cuales sean presentados en los estados financieros usando el modelo del costo, estarán distribuyendo en las ganancias del período un costo que no se asemeja al costo de reemplazo de un activo similar, lo que reafirma la inutilidad de la depreciación para crear reservas para el reemplazo de activos.

Si una entidad está interesada en disponer de fondos para reemplazar a un elemento de propiedad, planta y equipo una vez este haya alcanzado el límite de su capacidad operativa, la entidad debe crear una reserva específica para cumplir este objetivo. Para esto, la entidad puede separar semanal, quincenal, mensual, o cada cierto tiempo, un importe de su efectivo para reemplazar el activo. El primer paso es identificar una institución financiera, en la cual mantendrá esta reserva hasta el momento que sea necesaria para la adquisición del nuevo elemento.

Posteriormente, es indispensable identificar el importe que será necesario desembolsar. El importe debe ser suficiente como para hacer frente al reemplazo del activo. Debido a que las economías normalmente experimentan cambios en los precios generales y específicos, sería un error identificar el importe cuando la reserva es creada y luego mantener dicha cantidad como la necesaria hasta el momento que sea oportuno reemplazar el activo. Esto podría provocar que en el momento de realizar el reemplazo, el importe mantenido en la reserva sea insuficiente para la adquisición del elemento que se desea reemplazar.

Para evitar esto, es necesario que la entidad fundamente dicho importe en el costo corriente del activo y lo ajuste cuando experimente cambios significativos en su valor. La periodicidad de la contribución de la entidad a la reserva dependerá de las necesidades y administración de los flujos de efectivo que la entidad tenga, adicionalmente del contrato que realice con la entidad financiera.

Supongamos que la entidad La Constructora, S.A. utiliza un equipo de producción específicamente diseñado para la elaboración de productos destinados para la venta. Debido a la importancia de este activo para el funcionamiento de la entidad, los gerentes piensan que es necesario disponer un importe suficiente para reemplazar al activo. La depreciación del equipo de producción mantenido por la entidad actualmente no garantizará ni creará los fondos necesarios para reemplazar el activo cuando esté fuera de servicio. Por más que el gasto del período haya disminuido las ganancias acumuladas cada año y, por lo tanto, se hayan distribuidos menos dividendos, esto no asegura que cuando el equipo de producción sea retirado del servicio la entidad dispondrá de los recursos necesarios para hacer frente a esta operación.

Debido a esto la gerencia decide crear una reserva para afrontar el reemplazo del activo una vez este alcance el límite de su capacidad operativa. Actualmente el valor razonable del activo, el cual “es el precio que se recibiría por vender un activo o que se pagaría por transferir un pasivo en una transacción ordenada entre participantes de mercado en la fecha de la medición” (NIC 36, párr. 6), es de 12.000 (u.m.) y estima que la vida útil restante del equipo de producción usado por la entidad es de cinco años, por lo que la entidad decide que para lograr reemplazar el activo debe abonar a la reserva 2.400 (u.m.) cada año, con pagos mensuales de 200 (u.m.).

El asiento contable para registrar estas operaciones sería el siguiente:

REVCONT66 PAG 95
 

La entidad debe monitorear el valor razonable del activo frecuentemente, para saber si es necesario hacer cambios en los pagos en la reserva. Debido a que, si hay un cambio significativo en el valor razonable en períodos futuros, la entidad dispondrá de poco tiempo para lograr crear el fondo necesario. Inicialmente la entidad puede estimar la inflación que experimenta la economía en la que se desenvuelve en los próximos años o evaluar los cambios en los precios específicos del activo, e incluir una proyección de estos valores en el importe de las reservas.

Conclusión

Una vez examinados los fundamentos básicos de la depreciación y su impacto en la información financiera, la depreciación representa una herramienta para la distribución de los costos de un activo a lo largo de su vida útil, lo cual constituye una estimación contable necesaria debido a las incertidumbres que existen en los negocios.

La depreciación no tiene el propósito por sí sola de reflejar el desgaste de un activo, intentando reflejar la pérdida del valor que ocasiona el uso y el paso del tiempo. Para esto existen otras valuaciones que tienen por objetivo presentar información útil reflejando los cambios en el uso y en el estado del activo.

Adicionalmente, la depreciación no tiene el propósito de crear reservas en la contabilidad de la empresa para reemplazar elementos de propiedad, planta y equipo cuando los elementos que existen en la entidad sean dados de baja. Para esto, la entidad puede crear una reserva de fondos las cuales sean creadas con base en el costo de reemplazo del activo basado en su valor de mercado.

La depreciación es un elemento común en la contabilidad y en el mundo de los negocios, por esto es importante esclarecer su impacto y su objetivo en la información financiera.

Bibliografía

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— (2015). Marco conceptual para la información financiera. Londres: IFRS Foundation Publications Department.

— (2009). NIIF para las pymes. Londres: IASCF Publications Department.

— (2009). NIIF para las pymes. Fundamentos y conclusiones. Londres: IASCF Publications Department.

SCHROEDER, R. & CLARK, M. (2011). Financial accounting theory and analysis: Text and cases, 10th ed., Hoboken, NJ: Wiley.