Doctrinas, escuelas y nuevas razones de entendimiento para la ciencia contable(1)

Revista Nº 30 Abr.-Jun. 2007

Antonio Lopes de Sá 

(Brasil) 

Doctor en Ciencias Contables 

Facultad Nacional de Ciencias Económicas de la Universidad de Brasil 

1. Evolución del conocimiento contable

No existe ciencia sin teoría. Desde los comienzos de la Contabilidad hasta su época científica, se han hecho esfuerzos por teorizar sobre la elección de su objeto de estudio. Eso mismo estaba ocurriendo en la mayor parte de las disciplinas, en su proceso de transición desde una historia milenaria empírica a un estadio racional superior, o sea, a partir del siglo XVIII.

La madurez intelectual del conocimiento contable fue una consecuencia natural de la propia evolución de las ciencias consagradas al hombre.

Del mismo modo, en tiempos en que Augusto Comte había fundado la Sociología en Francia, en este mismo país, la Contabilidad tenía un reconocimiento semejante en la Academia de Ciencias.

Diversos intelectuales y estudiosos sostenían la idea de que la información se reducía solo a los conocimientos anteriormente adquiridos, siendo preciso indagar realmente en los significados que ella tenía.

Tal percepción indujo a una consideración de mayor profundidad, esencial, racional; y así surgió la “ciencia contable”, madura ya en la obra de J. P. Coffy, en 1836(2), en Francia, para luego ser extraordinariamente valorada por Francesco Villa, en 1840(3), en Italia.

Por la misma época, hacia 1837, en Brasil, ya se percibía, también, que era preciso obtener algo mejor en los estudios de Contabilidad y en Río de Janeiro surgió, entonces, un libro con el osado título de La metafísica de la contabilidad comercial, cuya autoría era de Estevão Rafael de Carvalho (1800-1846), natural de Maranhão (Brasil), que trata brevemente de la doctrina, en la parte tercera de la obra, pese a no tener el carácter de las surgidas en el mundo europeo.

A juzgar por la forma como Carvalho se refiere a la Contabilidad y a la ciencia, queda muy claro lo que él pensaba de ellas; si no le fue dado profundizar más en su obra, tal vez se debió a la prematura muerte de aquel valeroso intelectual(4), más que a la muy particular percepción que ya mostraba tener.

A comienzos del siglo XIX, en consecuencia, ya estaba arraigada la idea de que el registro contable era tan solo una expresión de la observación de hechos patrimoniales, y no el propio hecho(5).

En aquella época, ya existía la convicción de que no bastaba registrar, sino que era preciso saber qué debía hacerse con la información obtenida, es decir, no había duda de que era necesario entender qué significación tenía lo que había ocurrido con la riqueza patrimonial en movimiento y, además, qué constaba en registros e informes.

Fue así como hace cerca de 200 años estaba muy difundida la concepción de que el registro tenía apenas una relativa utilidad.

Los contadores habían entendido que solo se podía tener un conocimiento superior cuando se comprendía por qué se ejercía una práctica, y que cualquier registro y la presentación del mismo, como información, no tenía utilidad plena, si no explicaba su significado y si no permitía sacar conclusiones sobre el comportamiento del fenómeno registrado.

Se llegó a la conclusión, después de muchos siglos de simples anotaciones de los hechos en “memoriales”, que no bastaba recordar los acontecimientos ni comprobar que existieron, sino que era preciso sacar provecho de tales cosas para conocer su razón de ser, del por qué del movimiento patrimonial.

Lo cual significa, como comportamiento del patrimonio hacendal, que puede representar lo evidenciado en los informes por el registro contable, pasando este, efectivamente, a ser reconocido como objetivo científico de la Contabilidad.

Sin embargo, tales enfoques de organización del conocimiento tuvieron que pasar por todo un proceso evolutivo.

A partir de la primera mitad del siglo XIX se inició la estructuración de vigorosas doctrinas que tuvieron por objetivo conocer las relaciones que se establecían cuando había movimientos en la riqueza patrimonial.

Se buscó, por tanto, explicar hechos que eran percibidos, anotados y tenidos en cuenta como evidencias, pero cuyo significado carecía de conceptos, estudios o teorías.

La Contabilidad empezó aceleradamente a distinguirse del registro contable y a ser un poderoso instrumento de comprensión para el gobierno de los bienes patrimoniales, así como para la participación que ésta podía tener en los ambientes en que se introducía.

Registrar contablemente, según los pensadores del siglo XIX, pasó a limitarse a lo que en realidad siempre fue, o sea, un recurso especial y disciplinado para tener memoria de los hechos patrimoniales y para evidenciarlos.

El estudio científico, por consiguiente, se dedicó, como hoy cada vez más se dedica, a la explicación de lo que ocurre con la masa patrimonial en sus diversas transformaciones, reuniendo teorías que se habían derivado de teoremas y de un conjunto racional de conceptos(6).

Se comprobó, por ejemplo, que mientras el registro contable se limita a informar lo que se gastó, la ciencia determina sobre qué condiciones el gasto es o no eficaz y, por tanto, hasta qué límite puede hacerse, sin perjuicio de la vitalidad de la empresa o institución.

Los recursos superiores del raciocinio contable pasarán, por consiguiente, a ofrecer menos para que se produjesen modelos de comportamiento de la riqueza patrimonial.

El contador dejó de ser solo un “informante” para transformarse en un “consultor”, un auténtico médico de la empresa y de las instituciones, orientando y opinando sobre los destinos de las mismas.

La transformación del conocimiento contable fue una evolución natural que ya había sido tenida en cuenta desde el siglo XVI; posteriormente, en 1856, Angelo Pietra, en su obra Indirizzo degli economi [“Orientaciones económicas”] comenzó a realizar ensayos sobre conceptos esenciales (aquellos que son claves para las proposiciones lógicas que sustentan las teorías).

2. Razones científicas de la Contabilidad

La transición del conocimiento empírico (limitado a registros e informes), hacia el estudio de los fenómenos contables, se fundó en razones que vendrían a sustentar el edificio cultural doctrinario.

Para que una ciencia como tal se cualifique, es preciso que siga convenciones y cumpla requisitos especiales.

Para que un conocimiento sea calificado de científico debe fundamentarse en sólidos argumentos.

La ubicación de la Contabilidad, como ciencia, se debió al hecho de que ella misma satisface todos los requisitos convencionales necesarios para tal calificación, es decir, tener objeto propio, método específico, finalidad determinada, teoremas, teorías, hipótesis, tradiciones, etc.(7).

Fueron los adoctrinadores franceses, italianos, alemanes, especialmente, como fue el caso también del inolvidable portugués Jaime Lopes Amorim, los responsables de estructurar las bases doctrinales que conformaron escuelas de pensamiento y, estas a su vez, corrientes científicas.

El estudio del “curso del pensamiento contable”, trazado por el conjunto de avances alcanzados por esos líderes intelectuales, constituye lo que hoy nos permite ponderar las valiosas construcciones lógicas, que hicieron posible explicar racionalmente los fenómenos que se producen en la dinámica patrimonial.

Conocer la historia de la ciencia no es solo hacer memoria o tener conocimiento de los hechos ocurridos sino, especialmente, esforzarse por encontrar la esencia evolutiva del pensamiento.

Las razones que se constituyen en los fundamentos de un saber y en doctrinas son inspiraciones geniales de inteligencias superiores.

Son frutos de arduas luchas y de obstinación, de cara a las contradicciones y las envidias, como ocurrió en vida de todos los grandes personajes; basta solo recordar a Pasteur en su lucha por comprobar lo que hoy nos parece obvio, como es la negación de la generación espontánea.

No fueron menores las luchas de los líderes de las escuelas de pensamiento contable, atacando el conservadurismo de quienes estaban aferrados a las prácticas de registro y procesos empíricos.

Finalmente, luego de dos siglos de intensos esfuerzos, se llegó a la conclusión sobre la naturaleza científica de la Contabilidad en virtud de que esta tenía:

• Un objeto propio: el patrimonio hacendal;

• Una finalidad propia: el aspecto de observación específico, vale decir, el de la eficacia como satisfacción de la necesidad hacendal;

• Un método propio de observación y conducción del raciocinio para el desarrollo y la investigación: el fundado en el inductivo axiomático y no en el fenomenológico;

• Una tradición milenaria como conocimiento;

• Utilidad, como fuente de conocimiento del comportamiento del patrimonio hacendal, aplicable a un sinnúmero de funciones (crédito, inversiones, controles, etc.);

• Teorías propias, como la hacendal, la del rédito, la del valor, la de las funciones sistemáticas del patrimonio hacendal, etc., y también, una teoría general del conocimiento;

• Doctrinas científicas propias y que establecen corrientes de pensamiento como el patrimonialismo, neopatrimonialismo, hacendalismo, personalismo, etc.;

• Correlación con otras ciencias como el Derecho, la Administración, la Economía, las Matemáticas, la Sociología, etc.;

• Enunciados de verdades universales y perennes sobre los fenómenos de que trata su objeto;

• Capacidad de previsión, a través de los modelos que permiten los estimados;

• Medios para elaborar hipótesis, como las derivadas de las doctrinas de las contingencias;

• Un carácter analítico, que despliega estudios sobre la naturaleza del núcleo funcional del patrimonio hacendal, etc.

Entre las convenciones de la Epistemología, la Contabilidad, con fundamento en toda su base intelectual que se construyó para la misma, terminó por cumplir a cabalidad todos los requisitos, como conocimiento científico(8).

3. Doctrinas científicas de la Contabilidad

Determinar el verdadero objeto de estudio de la Contabilidad, en el campo de la ciencia, para estructurar doctrinas, de acuerdo con una metodología específica, fue la preocupación de diversos estudiosos; tal posición intelectual también determinó la fijación de las diversas corrientes de pensamiento.

Igualmente, con el propósito de sustentar el progreso del conocimiento, diferentes intelectuales emprendieron investigaciones, fundaron escuelas y produjeron obras de gran valor.

La disciplina contable siempre fue favorecida por una rica fuente de informaciones registradas, derivadas de observaciones sobre los fenómenos que tradicionalmente eran preocupación constante al llevar los registros, facilitando de esta forma la tarea científica.

En verdad, sabemos que todas las disciplinas del conocimiento humano se valen de registros y de manipulación de los mismos; sin embargo, la Contabilidad siempre mantuvo un importante número de informaciones obligatorias, hasta el punto de ser confundida, por el lego en la materia, como apenas una “capacidad de registrar”.

Para fijar la metodología de indagación sobre los fenómenos registrados, los líderes de esas corrientes intelectuales se preocuparon, inicialmente, por determinar cuál era el verdadero objeto de una ciencia que se derivaba del estudio de los registros contables.

La primera de ellas fue la que determinó como objeto científico la “cuenta”; tal forma de pensar originó el movimiento intelectual denominado Contismo, desarrollado con vigor en Francia, principalmente.

Se diseñaron “teorías de cuentas” y se hizo mucho por demostrar su naturaleza matemática (en Brasil se conocieron, principalmente, las teorías de José Lourenço de Miranda, Teoría algebraica del débito y del crédito; de Álvaro Porto Moitinho, Cuentas positivas y negativas; y de Américo Matheus Florentino, Teoría matricial de las cuentas).

Por el expresivo uso de mediciones de los hechos (valores), al lego siempre le pareció que la Contabilidad era una “ciencia de números”.

En realidad, en ese tiempo, los valores numéricos tan solo eran meros instrumentos (desde su aparición en Súmer, hace cerca de 6000 años, cuando los números abstractos fueron inventados por los contadores) que se aplicaban a la medición de hechos, como también ocurrió en otras ciencias (Química, Física, Biología, Biogenética, etc.).

No es el hecho de medir lo que hace matemática a una disciplina; así como, solo porque se mida en newtons una fuerza, o en ergios las partículas de energía, no significa que la Física sea una ciencia matemática; así tampoco lo es la Contabilidad, simplemente porque se mida a través de la atribución de valor los fenómenos patrimoniales.

La cuenta, el número, o ambos, son revelaciones de acontecimientos; la cuenta no es el hecho en sí que refleja, como tampoco una fotografía es en sí misma la persona que retrata; fue exactamente tal forma de ver las cosas lo que llevó a muchos estudiosos a controvertir doctrinas contables matemáticas, como fue el caso del Contismo.

Si por un lado las expresiones cuantitativas impresionaron de forma acentuada a los contistas, en cambio fue la relación jurídica la que predominó en otros (la intuición para tal enfoque es muy antigua).

La corriente de pensamiento del Personalismo, coetánea del Contismo, dependió, por tanto, de las relaciones de “posesión” que la empresa establece con las personas.

En la doctrina personalista, en vista de ello, se definió el patrimonio como un conjunto de derechos y obligaciones, conforme a lo que más se aproximaba al Derecho (solo en cuanto a su forma).

Desde el punto de vista del sentimiento de lo “mío” o lo “tuyo”, puede explicarse el surgimiento de los conceptos de “débito” y “crédito” de los registros; parece que hubo predominancia del aspecto de “posesión” sobre el de “utilidad”.

Esta corriente, además, fue objetada con el argumento de que no bastaba poseer un derecho, como condición necesaria para satisfacer una necesidad; así mismo, argumentaron los “materialistas de la Contabilidad”(9), que sobre una mercancía robada se conservaba el derecho, pero no se conseguía con la misma obtener utilidad ni convertirla en dinero; demostraron con ejemplos, en consonancia con lo anterior, que no se abona solo por el efecto de poseer un derecho sobre su duplicado, sin que este no sea recibido y convertido en dinero.

Tales objeciones fueron realizadas desde finales del siglo XIX para probar una nueva vocación, fundamentada en raciocinios más patrimoniales que personales.

Naturalmente, según el estilo de los pensamientos evolutivos, los estudios dependieron de la irrelevancia del control del patrimonio, dando lugar a otra corriente de pensamiento que fue la del Controlismo. Esta forma de pensar vinculó fuertemente los estudios contables a la administración.

Los que objetaron la visión controlista afirmaron que no es la Contabilidad la que sirve al control; el control, en cambio, sí sirve a la Contabilidad(10).

Es decir: el control es el efecto y no la causa, y la ciencia estudia fundamentalmente causas.

La búsqueda de un objeto seguro de estudio, como fundamento de un método de indagación confiable, fue la base de la multiplicación de las diversas escuelas y corrientes científicas.

Fueron multiplicándose las nuevas tendencias y así surgieron corrientes que entendían: una, que la Contabilidad se dedicaba al estudio de la utilidad (reditualismo), otra, que su objeto era la empresa y la organización (hacendalismo), etc.

Dichas corrientes conectaron fuertemente los estudios de la Contabilidad a los de la Economía. Nacieron en el seno de un conflicto de visiones entre el capital y el trabajo, influenciadas por las ideas socialistas, donde la empresa pretendía justificarse y, obviamente, las ganancias también.

El sentido de la empresa como célula, y el de la riqueza como elemento material básico para atender las necesidades de esta, asociados al sentido de la Contabilidad como ciencia del capital, generaron una visión polémica e intelectualmente preocupante en el mundo europeo.

Tanto la directriz reditualista como la hacendalista fueron influenciadas por el credo marxista, recogiendo una situación dentro de una realidad que, aunque parecía nueva, ya había agitado políticamente el mundo antiguo (bastando, para constatarlo, un estudio analítico entre las ideas y tendencias políticas de Catilina y las de Cicerón).

Aún en la primera mitad del siglo XX, sin embargo, se planteó la tesis de que la utilidad es solo uno de los objetivos en el estudio contable.

Se objetó respecto del hacenda-lismo que, al ponerse de manifiesto que no era posible sostener una doctrina de la célula social como si fuese un todo unitario, era necesario separar, para el análisis científico, lo que en esta existe de personal y lo que tiene de material, dado que la metodología, en el tratamiento de esos factores, es diferente.

En cada época, en cada escuela, la Contabilidad fue desarrollada utilizando metodologías de otras ciencias (Matemáticas, Derecho, Administración y Economía, principalmente).

Fue, sin embargo, el patrimonialismo de Vincenzo Masi, concebido en la primera década del siglo XX, el que lanzó el gran reto, o sea, el de la autonomía científica de la Contabilidad fundamentada en proposiciones lógicas rigurosas.

La concepción masiana fue la que hizo justicia y que predominó realmente, atribuyendo como objeto de la Contabilidad el patrimonio de las empresas, dando origen a la más influyente corriente de pensamiento doctrinal, como es el patrimonialismo.

Esta corriente doctrinal proclamó la autonomía científica de la Contabilidad, comprobando que estaba vinculada con muchas ciencias (como en verdad es común a cada uno de los distintos campos del conocimiento), pero que poseía objeto, finalidad y método propios(11).

En los siglos XIX y XX, la Contabilidad se enriqueció con muchos axiomas, teoremas y teorías y también con un expresivo desarrollo (a partir de la década de los sesenta en el siglo XX) de las normas de registros e informes.

El “furor normativo” que se propagó a partir de la década de los sesenta en el siglo XX, sin embargo, no sacó buen provecho de los avances científicos, pues estuvo más preocupado en servir a los intereses de grupos dominantes así como a los juegos de las bolsas de valores.

No hubo, sin embargo, un estancamiento en los estudios doctrinales, pues estos siguieron evolucionando basados en importantes teorías como la de García (teoría circulatoria), la de Mattessich, Rodríguez Requena, y, especialmente, las del neopatrimonialismo, la más reciente y tal vez la más organizada corriente del pensamiento científico en Contabilidad.

4. Nacimiento de la más reciente escuela científica: el neopatrimonialismo

Se afianzó en el siglo XX la convicción (heredera del siglo anterior) de que la ciencia contable tenía como objeto de estudio la riqueza de las empresas y las organizaciones.

El patrimonialismo de Vincenzo Masi fue, sin embargo, el que ofreció bases doctrinales de relieve, complementadas por estudios de otros intelectuales destacados que siguieron la misma tendencia, como los de Ubaldo y Dominicis, Jaime Lopes Amorim, Francisco D´Áuria, entre otros.

La evolución constante de las teorías de la contabilidad superior daría, sin embargo, otros pasos de avance.

De las construcciones lógicas que realicé, desde la elaboración de mi obra Filosofía de la Contabilidad, construí una teoría general del conocimiento contable, a partir de otras que fueron hechas a modo de introducción(12).

La aceptación de las nuevas ideas, por parte de una significativa cantidad de estudiosos generó, entonces, una nueva corriente científica, la del neopatrimonialismo.

El gran objetivo fue el de la investigación para producir modelos de comportamiento del patrimonio, que pudieran llevar a las empresas prosperidad(13).

Como no hay ciencia sin un conjunto de teorías, mis estu-dios se centraron en la organización, con bases epistemológicas, de cinco grandes estructuras teóricas, teniendo como fundamentos: el fenómeno contable (teoría de las funciones sistemáticas), la organización sistemática en movimiento interactivo (teoría de las interacciones sistemáticas), el campo de fenómenos (teoría de los campos y modelos) y la eficacia constante (teoría de la prosperidad)(14).

La preocupación, en todas esas construcciones de doctrinas, fue y continúa siendo la de establecer un conjunto de axiomas y teoremas, adecuados para el desarrollo de investigaciones que sostengan una evolución constante del conocimiento.

El raciocinio que adoptó el “neopatrimonialismo contable”, continúa siguiendo un curso de índole cartesiana, o sea, el que hace énfasis en que “la parte es lo que conduce al todo”.

La preocupación fundamental que me orientó, y sigue siendo una preocupación predominante, es la de desarrollar un método que presente el “saber pensar en Contabilidad”.

5. Fundamentos y evolución del neopatrimonialismo contable

El neopatrimonialismo contable surgió en las últimas décadas del siglo XX como una nueva corriente científica de la Contabilidad, preocupada, como se dijo, por establecer un método de raciocinio para comprender lo que sucede con la riqueza patrimonial de las empresas, y de las organizaciones de fines ideales.

Por tanto, estableció una teoría general, o sea, una organización de conocimientos que permitiera ser la matriz de todos los demás en el área específica del conocimiento del patrimonio de las “células sociales” (consideradas como empresas y organizaciones de fines ideales).

Partió de la idea fundamental de que el patrimonio no se mueve por sí mismo, y de que tanto él como sus fuerzas motoras están en constante transformación.

O incluso, como ambos se mueven —contenido y continente— también se emplea por analogía, en Contabilidad, la filosofía relativista, nacida con Galileo Galilei y desarrollada por Einstein y otros grandes exponentes de la Física.

En lo que atañe al movimiento patrimonial, además de la visión relativista, también conlleva cierta analogía con la “física cuántica”, pues queda empaquetada en varios grupos de funciones, o sea, considera que la utilidad no se limita a satisfacer solo una necesidad, sino las ocho(15).

Más aún: un fenómeno patrimonial es entendido por el neopatrimonialismo como un sistema “complejo” donde los ángulos a ser analizados son diversos.

Es de toda conveniencia, como método, bajo la óptica racional, aproximarse al máximo a los fundamentos de la lógica aplicada así como a la lógica utilizada por varias ciencias.

Parece haber una unidad de principios que tienen que ver con todo, o sea, cosas que son útiles para la comprensión de fenómenos de Física, Química, Biología, etc., y que también en Contabilidad pueden ser analógicamente acogidos, aunque la naturaleza de los hechos sea distinta.

La filosofía relativista, la cuántica y aquella del movimiento y de la transformación de todas las cosas en el universo, entonces, fueron adoptadas por el neopatrimonialismo como puntos de partida universales, para establecer la comprensión sobre las funciones de los medios patrimoniales y de las fuerzas motoras que también se mueven en espacios determinados.

Definido el contenido axiomático de movimiento, transformación y relatividad, se encontró el raciocinio adecuado como marco de referencia filosófico.

A continuación, se buscó como fundamento de las bases neopatrimonialistas las “relaciones lógicas” bajo las cuales el patrimonio se mueve, y lo que se deriva de esto como transformaciones, o sea, tratar de comprender el por qué de las modificaciones operadas, las cuales son realidades que se reflejan en las anotaciones que los registros ofrecen.

No se perdió el neopatrimonialismo en formalidades relativas a aspectos considerados “prácticos”, aislados, pero sí abrió oportunidades para que estos pudieran posteriormente ser entendidos con claridad, explicados, interpretados y sustituidos por modelos de comportamiento, a partir del conocimiento de las causas de los fenómenos (como hacen las demás ciencias)(16).

Registrar y demostrar fueron considerados en el neopatrimonialismo contable como meros instrumentos de apoyo para consolidar estudios, por tanto, de importancia solo auxiliar.

Refutó, la nueva doctrina, la tesis de que era posible diseñar una teoría científica sobre instrumentos, como si estos fuesen los objetos principales; se apoyó incluso, en lo que ya a principios del siglo XIX era motivo de advertencia por parte de los más insignes intelectuales de la Contabilidad.

Por tanto, inicialmente, como ya fue referido, se construyeron axiomas y teoremas (como verdades y proposiciones sobre estas), partiendo de las siguientes realidades:

• La necesidad humana genera una finalidad para conseguir medios patrimoniales que se dirigen a suplir lo que se necesita;

• Los medios patrimoniales constituyen una sustancia o riqueza (patrimonio) de las “células sociales” (empresas y organizaciones);

• El patrimonio no se mueve por sí mismo; necesita de agentes motores que se encuentran dentro (administradores, ejecutores etc.) y fuera de las “células sociales” (naturaleza, sociedad, mercado, tecnologías, etc.);

• El patrimonio se transforma con el movimiento;

• Todo movimiento determina el ejercicio de una función (uso de los medios patrimoniales);

• La función es, pues, la consecuencia del uso o el movimiento del medio patrimonial a través de la acción de un agente motor interno o externo;

• Cuando la función anula la necesidad, por el movimiento, produce la eficacia (se consigue lo que se desea);

Existen varias funciones definidas con finalidades específicas; todas se ejercen al mismo tiempo y de forma autónoma, en interacción, constituyendo así, un universo patrimonial en movimiento.

La organización sistemática es visión global de análisis filosófico de las funciones que orienta el método neopatrimonialista desde el nacimiento de tal doctrina.

Partiendo de esa concepción, ocho sistemas están identificados, y sobre los mismos existen teoremas enunciados y por enunciar.

La evolución continúa, la escuela se funda y una corriente organizada de pensamiento hoy escribe libros, artículos, disertaciones, tesis y trabajos de investigación de diversa índole, preanunciando una de las más vigorosas estructuras doctrinarias de toda la historia de la Contabilidad.

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(1) Título original en portugués: Doutrinas, escolas e novas razões de entendimentos na ciência contábil. Traducción de Jesús Alberto Suárez Pineda.

(2) Consagrada, en la época, por la Academia de Ciencias de Francia.

(3) La obra recibió el premio del Emperador de Austria (que en aquel entonces dominaba el norte de Italia) como la mejor obra de Contabilidad de la época. La Contabilidad ya era una cátedra de los cursos superiores en las facultades de Derecho, en tiempos del gobierno de los Habsburgo.

(4) Existe en los archivos del autor un estudio precioso sobre la obra de Carvalho, realizado por el profesor Mauricio Figueiredo, fundamentado en análisis de la obra de 1837, así como también una copia del libro original de aquel precursor nacido en Maranhão.

(5) Para detalles más profundos sobre la cuestión científica consultar la obra Teoría da Contabilidade, de la editorial Atlas, de São Paulo, 2002, 3ª. ed., y la Teoría Geral do Conhecimento Contábil, Belo Horizonte: IPAT-UNA, 1992. Traducción española por Mauricio Fernández de Castro (Teoría General del Conocimiento Contable), Madrid: ICAC (Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas del Ministerio de Economía y de Hacienda), 1997.

(6) Algunos de esos teoremas, relativos a la teoría de las funciones patrimoniales, pueden ser encontrados en el libro: Teoría Geral do Conhecimento Contábil [“Teoría General del Conocimiento Contable”] y Teoría da Contabilidade [“Teoría Contable”], ya citados.

(7) Ver sobre la cuestión, los libros: Introdução à Ciência da Contabilidade [“Introducción a la Ciencia Contable”], Río de Janeiro: Tecnoprint, 1987, Teoría de la Contabilidad [“Teoría Contable”], São Paulo: Atlas, 2002, Fundamentos de la Contabilidad general [“Fundamentos de contabilidad general”], Curitiba: Juruá, 2005.

(8) Las condiciones para la clasificación de un conocimiento científico, tal como aquí se expone, coincide con la de diversos filósofos, pero especialmente con la de Alfonso Trujillo Ferrari, en su obra: Metodología da Pesquisa Científica [“Metodología de la Investigación Científica”], São Paulo: McGraw Hill, 1982, páginas 115 y siguientes.

(9) Especialmente Fabio Besta, en su obra: La Ragioneria [“Contabilidad”].

(10) Tales argumentaciones las utiliza el emérito maestro Vincenzo Masi en su obra: La Ragioneria come scienza del patrimonio [“La Contabilidad como ciencia del patrimonio”], Padua, Italia: CEDAM, 1943.

(11) Más detalles sobre las mencionadas escuelas doctrinarias, sus autores, sus desarrollos, los presenta el autor en su obra: História Geral e das Doutrinas da Contabilidade [“Historia General y de las Doctrinas de la Contabilidad”] São Paulo: Atlas, 1997, y Lisboa: Editora Vislis).

(12) Las teorías del equilibrio del capital y de las funciones sistemáticas del patrimonio fueron las bases de la teoría general que, como consecuencia, elaboró el autor, aunque no las exclusivas para la producción de tal estudio.

(13) Sobre este tema, se sugiere consultar el libro: Moderna Análise de balanço ao alcance de todos [“Análisis Moderno del balance al alcance de todos”]. Curitiba: Juruá, 2005, y el libro del ilustre matemático italiano Salvatore Benito Virgillito, Neopatrimonialismo Contábil em base Estatística [“Neopatrimonialismo Contable en base Estadística”]. São Paulo: Alfa - Omega, 2005.

(14) Todas estas teorías continúan en proceso de evolución e investigaciones importantes están siendo realizadas por distintos estudiosos de la corriente neopatrimonialista; cuando escribió este artículo, el autor había recibido los borradores de un texto del eminente profesor Wilson Alberto Zappa Hoog, de Curitiba.

(15) Más abajo se explican (N. del T.).

(16) Dichas conquistas empiezan a realizarse, y el libro Neopatrimonialismo Contábil em base Estatística [«Neopatrimonialismo Contable en base Estadística»], del profesor Salvatore B. Virgillito. São Paulo: Alfa - Omega, 2005, constituye una muestra representativa sobre el tema.