Economía y sistema de cuentas

Revista N° 2 Abr.-Jun. 2000

Édgar Gracia López 

Contador Público Universidad Nacional de Colombia 

Decano Facultad de Contaduría Pública Universidad de Manizales, Miembro del C- CINCO 

Introducción

Si bien están trazados caminos metodológicos, aún subsisten problemas de orden investigativo, tanto que no se puede desconocer la actual dificultad que existe para precisar las reglas epistémicas y metodológicas, que permitan la elaboración de “agregados” confiables, que den cuenta de relaciones y contenidos conceptuales pensados desde la conjunción existente entre lo micro y lo macrocontable, dificultad que se manifiesta como debilidad metodológica y que en lo fundamental se debe:

A la presencia de enfoques regulativos y legalistas que han limitado el campo de observación de la contabilidad, generando obstáculos que impiden su desarrollo y progreso científico. Desde luego, parte de esta problemática se debe a la misma juventud disciplinar de la contabilidad, que desde temprano se adentró en tendencias formales y en un ejercicio práctico derivado de una óptica donde primó la visión legal, prefiriendo el camino que básicamente se centró en la búsqueda de principios generales de aceptación, postulaciones que se confundieron con la generación de normas para la regulación de la práctica profesional. El uso exclusivo de estos enfoques regulativos, de alguna manera, han terminado por limitar el criterio profesional con serias consecuencias en la interpretación de la realidad, en especial de los hechos económicos que son la materia prima principal de las reflexiones y artefactos contables.

A la confusión que subsiste entre teoría general contable y el universo de aplicaciones, problemática que se deriva de la incomprensión existente entre ciencia positiva y ciencia normativa, que no permite establecer correctamente cuándo estamos ante la necesidad de construcciones proposicionales y cuándo ante la necesidad de lo teleológico.

En general esta debilidad metodológica de la contabilidad, se reconoce a través de observaciones “reduccionistas” que limitan la comprensión de su campo de conocimiento. Tradicionalmente se le ha observado en su forma “microparticular” planteada desde un marco institucional que la limita a aspectos regulativos, olvidando que su estudio tiene que ver con parcelas más amplias donde el concepto de entidad y significado adquiere una dimensión diferente y donde los sistemas contables entran a referir aspectos nuevos de una realidad que se presenta en forma compleja; cuyo reconocimiento explícito funda campos de conocimiento donde la contabilidad regional, intersectorial, social, nacional, de productividad, adquieren una dimensión diferente. El uso de enfoques exclusivamente regulativos adheridos a una visión reducida del campo de observación contable, no ha permitido una amplia compresión, por ejemplo, de los fenómenos de financiación en su relación con las estructuras económicas y la producción, menos del fenómeno de la valoración.

Por la vía del uso excesivo de los enfoques regulativos se han derivado obstáculos que tienen que ver con “la creencia de que el objeto de estudio contable lo constituyen las organizaciones, cuando estas solo conforman un campo de aplicación o un objeto de trabajo. Esta confusión ha hecho que la contabilidad se vea alejada del medio ambiente, pues su único nexo lo señalan los flujos monetarios de entradas y salidas, ignorando que ellos solo corresponden al contrario de flujos físicos”(1). En la práctica, este obstáculo ha derivado en la imposibilidad de establecer acertadamente los criterios y demarcaciones que resulten suficientes para determinar coherentemente los problemas y soluciones en el marco de la teoría contable.

Parte de esta problemática se debe a que la contabilidad no ha establecido correctamente una distinción clara entre términos primitivos, aquellos que utiliza de otras disciplinas, de aquellos que se derivan de estos mediante definiciones y conceptualizaciones propias de la teoría contable(2), por supuesto, ratificando su debilidad metodológica que resulta importante de clarificar para los efectos que se plantean desde el campo de la ciencia.

Sin duda en el caso contable, es urgente comprender que la realidad se ha complejizado, obligando la presencia de miradas holísticas e integrales, acudiendo al uso de instrumentos metodológicos categorialmente más sofisticados. En este sentido la perspectiva contable debe postularse desde bases programáticas y paradigmas seriamente evaluados y perfilados desde las necesidades reales del contexto. La identificación correcta de las principales problemáticas contables será el resultado de un arduo trabajo de reconocimiento teórico y doctrinal, postulado desde el dominio de la investigación científica. Este trabajo de problematización, sin duda, tendrá que asumir la complejidad que se presenta en la relación economía y contabilidad.

Economía y sistema de cuentas

Buena parte de las explicaciones que brinda la economía se soportan en el sistema de cuentas desarrollado para describir las actividades económicas. Puede afirmarse incluso que las debilidades explicativas de la economía, en gran parte, son la consecuencia de deficiencias en materia contable generadas por inadecuadas formalizaciones de los hechos económicos que se suceden en la realidad. Es importante señalar que la planificación de la economía en gran medida se soporta en el desarrollo del sistema de cuentas y balances. En este aspecto, siempre ha subsistido la preocupación relacionada con la aplicación del “principio de coherencia” que debe existir entre los modelos contables propuestos y la realidad que se describe(3).

Para explicar las estructuras y formalizaciones que acompañan a los modelos actuales de contabilidad, inicialmente, se debe comprender la dinámica de las actividades y operaciones que se dan con ocasión de la “circulación del valor económico”. En este aspecto, autores como Moisés García, encuentran “en el fenómeno circulatorio la verdadera esencia del fenómeno contable”(4), pues al efectuarse la circulación del valor se descubren no solo las leyes del intercambio en el proceso de “compraventa” sino las leyes que explican la formación, generación y distribución del excedente económico.

En la economía el transcurrir constante del intercambio de mercancías y de circulación del valor, se reconoce y explica por la dinámica de cuentas que identifican claramente los aspectos cuantitativos y cualitativos de las masas patrimoniales consideradas en un momento determinado, como tales se constituyen en la herramienta (es decir la contabilidad) sin la cual no se podrán reconocer las leyes que rigen la distribución y la acumulación. Sin las cuentas, no se podrán reconocer los principios causales y formalizaciones teóricas (categorías) que tienen la función de explicar la formación y distribución del excedente económico, planteado desde la realidad concreta de la producción y el cambio.

La construcción de sistemas de cuentas y balances, de alguna manera, es consecuencia y reflejo de la correspondiente racionalidad que caracteriza el movimiento de valores de la economía. En este sentido muchas de sus propiedades y cualidades se derivan de la concepción que se asuma al momento de describir la economía. En un sistema económico donde impera la “propiedad privada”, los sistemas de cuentas cumplen la finalidad de demarcar los hechos, regular las acciones y normar el control de la generación y distribución de los excedentes, desde un punto de vista caracterizado por una particular óptica de repartir la riqueza. La racionalidad del sistema económico de propiedad privada, de esta manera, se manifiesta contablemente en la cuenta-capital , que sintetiza y expresa los niveles de acumulación y de participación de la propiedad, en su aspecto cuantitativo y cualitativo; mediante la cuenta-capital es posible explicar las variaciones patrimoniales de las correspondientes unidades económicas que se desarrollan en contextos históricos determinados(5).

En el sistema de cuentas nacionales, por ejemplo, la cuenta capital sintetiza las variaciones de la economía en cuanto acumulación y financiación. En esta cuenta se evidencian las variaciones del patrimonio social, con ocasión de la utilización del ahorro generado por el conjunto de las unidades y agentes económicos. En la contabilidad de empresa, la cuenta capital recoge la participación de los propietarios y los excedentes que aparecen luego de las diversas operaciones y transacciones económicas, las que se establecen en relación con un marco institucional previamente propuesto.

Como categoría contable, la cuenta-capital resume los movimientos monetarios como resultado del proceso de producción, intercambio y consumo. En esta cuenta confluyen los diferentes “flujos” que se presentan debido a la rotación de los recursos monetarios, premisa fundamental e indispensable para el funcionamiento de la economía del capital(6). De esta premisa se deriva la formulación del principio básico que orienta la constitución del sistema de balances y que consiste en separar los dos elementos que integran la noción de propiedad imputada o reclamada, a saber: el elemento material poseído a partir del cual se forman las “cuentas reales” y el elemento al cual se le atribuye la propiedad, es decir los diferentes “sujetos de propiedad” con los cuales se constituyen las “cuentas personales”(7).

De esta manera las “cuentas reales” quedan referidas fundamentalmente a la estructura económica de las unidades productivas, informando sobre la disposición de bienes o valores de uso destinados para la actividad o para el consumo (inventarios destinados al consumo final), o sobre bienes intermedios destinados para las operaciones económicas y para la creación de valores. Y las cuentas personales o “cuentas financieras” que informan sobre las relaciones de propiedad. Mientras las cuentas económicas informan sobre lo que sucede en el aparato productivo, las cuentas financieras informan sobre la naturaleza monetaria de las apropiaciones. En contabilidad de empresa, se “opta por reflejar los factores de producción en el activo y deja al pasivo la composición de la estructura de propiedad. La productividad neta del activo será apropiada no con base en los factores de producción que intervienen sino en función del esquema de financiamiento, que a su vez se deriva de la estructura de propiedad”(8). Estos esquemas o formas de financiación, como fenómeno, están ligados a la “forma empresa” que en función de condiciones demandadas por la dinámica del capital, replantea permanentemente los marcos institucionales que determinan las mediciones de operación y realización del valor económico.

Es importante advertir que en el sistema del capital, el permanente movimiento de productos (mercancías) y masa monetaria, caracteriza la circulación económica que necesita del “mercado” como condición previa para la realización del valor(9). El mercado como construcción histórica significó no solo la presencia de esta institución de regulación, sino como tal también posibilitó la emergencia de una forma de medición que se planteó a partir de la segmentación de la economía en los grandes polos de la circulación, a saber: el “polo productivo” encargado de la producción y oferta de servicios y bienes de consumo y el polo de las “unidades familiares” que consumen los productos acabados y contratan con los organizadores de la producción el empleo de los factores, trabajo, tierra y capital.

De esta manera el polo “productivo” y el polo “consumo” determinó la actividad económica fragmentada en las funciones de producción y consumo que se consideran los dos grandes agregados de la economía. De tal forma la producción se empezó a caracterizar como la actividad de creación de bienes y servicios y/o como fuente de los ingresos distribuidos en la economía(10), mientras el consumo se caracterizó en “gasto” y consumo para la “inversión”.

En el marco de esta segmentación propiciada por la presencia del mercado, aparecen los flujos reales y financieros que representan dinámicas a partir de las cuales se explica la evolución y variación de las masas patrimoniales globales y particulares, que se encuentran dispuestas en un momento determinado de tiempo (período contable). En la práctica la permanente circulación de valores reales y nominales entran a constituir una unidad integrada de análisis, donde lo financiero no puede ser explicado sin lo real y lo económico sin lo nominal y donde los criterios de distribución de ambos flujos (real y financiero) resultan vinculados a la generación de valor económico y por tanto al nivel de los precios absolutos y relativos(11). De esta manera, en el sistema del capital aparece como principio básico la premisa “frente a la corriente real recibida siempre se encuentra la corriente monetaria distribuida”(12), donde los precios por obra del mercado, asumen un papel determinante.

Es pertinente expresar, que las hipótesis orientadoras de los modelos contables y que se desglosan del principio anterior, deben partir de una clara postulación de los criterios que soportan la descripción, el sentido y dinámica de la “planificación económico-social”, en los ámbitos global, regional e intersectorial, tanto en lo teórico como en lo práctico. De estos criterios, en gran medida depende la concepción a partir de la cual se confeccionan las diferentes propuestas contables; en última instancia estos criterios se derivan del “método contable” que teoriza en estricta correspondencia con la naturaleza del contexto, determinando las variables, categorías, conceptos, que resultan esenciales para la constitución de una es-tructura de balance de la economía; la visión metódica permitirá la construcción de hipótesis válidas para la construcción de modelos contables, posibilitando las explicaciones debidas en el marco de la producción, la distribución y el consumo. En síntesis el correspondiente modelo contable dependerá de las características de la realidad histórica que se esté describiendo y del contenido de las hipótesis teóricas que se hayan formulado para interpretar esa realidad(13), desde luego también dependerá de las lógicas metodológicas que se empleen para efectos de la adecuada y pertinente construcción del sistema contable a emplear, el cual, sin duda tendrá que hacer referencia a los objetivos que se persiguen con la información.

Es pertinente acotar, que las hipótesis teóricas que explican los sistemas de cuentas y modelos contables, quedan limitadas si no se comprenden en el marco de los sistemas generales de información, del que depende el diseño, ejecución y evaluación de las políticas económicas, sociales y ambientales en un nivel local, regional, nacional y global(14), igual si no se estructuran desde la consideración previa del entorno cambiante que modifica permanentemente el concepto de entidad económica y por supuesto la misma concepción de lo social.

Es importante advertir que una de las restricciones que evidencia el sistema de cuentas económicas convencionales, como parte del sistema de información general, se presenta al “no incorporar información que sea susceptible de ser expresada en términos no monetarios, dificultad que reduce el ámbito de la contabilidad, generando contradicciones en la relación de variables físicas con variables monetarias(15). En general se debe, por una parte, a la ausencia de reflexiones profundas en torno del concepto de información, del que depende la definición estricta de magnitudes a medir. Por otra parte y en relación con lo anterior, a la falta de caracterización del sistema contable de información en cuanto a la construcción de instrumentos de medición. Puede afirmarse al respecto, que “información” y “sistema de medición”, se presentan como dos conceptos estrechamente relacionados; “hasta que no interviene la medición puede hablarse de fenómeno, pero no de magnitud”(16) y hasta que no interviene la magnitud solo puede hablarse de información indeterminada.

La restricción aludida ha derivado en una fragmentación del ámbito de estudio de la contabilidad, que en general se le observa en su forma eminentemente cuantitativa y monetaria y solo relacionada con la actividad económica. Desde luego esta limitación tiene explicaciones de naturaleza histórica asociadas al mismo origen del capital. Esta restricción también puede explicarse como el resultado de una concepción que fragmenta e independiza lo natural de lo social; de allí la dificultad para unir los procesos económicos y sociales con los procesos ambientales físicos y biológicos y para establecer relación entre lo físico y lo social monetario. Los efectos no son otros que la presencia de modelos contables que resultan desfasados de la dinámica misma del contexto sobre el que se pretende informar, los cuales desvirtúan la efectividad que se requiere de las decisiones.

Positivismo contable

Parte de la problemática actual de la contabilidad tiene que ver con la imperancia de una concepción positivista que se limita a descripciones particularizadas de los fenómenos económicos y sociales que se dan en la realidad. En general los sistemas de cuentas y balances, los modelos de contabilidad nacional y de empresa, en su construcción, se descubren como resultado de una concepción positivista que basa sus descripciones en observaciones particulares de los hechos y fenómenos, fragmentando la realidad. Esta metodología de construcción termina por excluir parcelas importantes de la realidad, ignorando la relación dialéctica entre las hipótesis planteadas y la totalidad de la realidad descrita(17), situación que deriva en la presencia de estructuras contables aisladas con objetivos diversos y no congruentes, convertidas en simples formalidades que no ofrecen soluciones efectivas en materia de decisiones y articulaciones con los planes generales, sectoriales y empresariales de la economía social.

Es evidente que esta problemática incluso, se explica desde posiciones ideológicas en la medida que se ocultan relaciones fundamentales que se dan en la sociedad. El actual modelo de cuentas nacionales por ejemplo, no parte de una noción clara del patrimonio social(18), por lo que se “dificulta, entre otros, el cálculo de las correspondientes amortizaciones, ya que hay una imposibilidad real, pues no se conoce el montante de patrimonio a amortizar”(19). Frente a esta problemática, las cuentas nacionales aducen problemas de orden técnico generados en la recolección de la información, cuando en verdad se trata de deficiencias categoriales y metodológicas para retomar consistentemente la información económica y social de períodos anteriores; la contabilidad nacional se hace para el ejercicio económico, sin establecer coordinación contable de unos con otros, ya que no se registra acumulación de stock(20). Si bien se pueden admitir problemas de orden técnico para la medición del patrimonio, en el fondo subyacen razones de orden conceptual, incluso ideológico, que no permiten identificar plenamente las magnitudes de información que realmente describan y expliquen la realidad concreta.

En general podemos advertir que el modelo de cuentas nacionales “se apoya en hipótesis teóricas derivadas de la interpretación subjetiva del valor“(21), que oscurece la descripción del contexto y las relaciones sociales implícitas en los procesos de su generación y distribución. La interpretación subjetiva del valor determina como productivos fenómenos que tienen que ver con lo que la teoría objetiva denomina “esfera burocrática de la sociedad”; se incluyen por ejemplo los servicios de profesionales independientes (médicos, contadores, abogados, etc.) y la actividad de los organismos del Estado: ministerios, institutos descentralizados, gobernaciones, establecimientos de salud y de educación del Estado. Con la inclusión de los servicios mercantes y no mercantes dentro del rubro de producción, se desprende una polémica interesante que tiene relación con la categoría “trabajo”.

Mientras para una corriente de pensamiento económico, “trabajo productivo” es aquel que satisface cualquier necesidad humana, para otra corriente solo es productivo el trabajo que se convierte directamente en capital, es decir, que produce plusvalía o que sirve al capital de medio necesario para producirla y transformarse en capital.

Si bien en contabilidad de empresa el fenómeno descrito se presenta un tanto diferente, también se puede afirmar que existe una interpretación subjetiva del concepto “beneficio” que se concibe como el principio económico según el cual “los hombres aspiran en su actividad lucrativa al máximo ingreso monetario y que en particular la maximización del mismo constituye el incentivo principal en el proceso de producción”, polémica que tiene relación con la dinámica que plantea la estructura de precios en el mercado. En la práctica el beneficio como resultado, es producto de las formas que asuma el ordenamiento de los factores productivos empleados y de la consideración de los distintos sujetos de la economía, que se determina en función de las correspondientes estructuras de los mercados, los cuales definen institucionalmente las formas especiales de medición del beneficio en función de los precios.

La concepción subjetiva que se descubre en la construcción de los modelos contables, de empresa y Nación, determina que se de más importancia a la maximización del ingreso en dinero como expresión fundamental de la gestión, no interesando o desconociendo el proceso social inmerso en la dinámica de la producción; los efectos de esta problemática se manifiestan en los patrones que caracterizan la conducta empresarial y en general las decisiones económicas.

Esta tendencia subjetiva, de comprensión teórica y práctica, ha invadido los principios de la economía y de la contabilidad social. Sus recientes desarrollos plantean, que los modelos contables no deben perseguir solo la medición del beneficio sino de la actividad económica en general, entendida esta como la maximización de preferencias, susceptibles de medirse en diferentes grados; sin embargo, como tendencia resulta estancada cuando sigue reduciendo los fenómenos y hechos económicos a objetos de medición exclusivamente monetarios.

La formalidad subjetiva inmersa en la construcción de los modelos contables, en la práctica, oculta las relaciones sociales que se tejen en la formación del valor económico. De tal manera, la igualdad entre lo producido (circulación real de la economía) y lo nominal (circulación monetaria) es solo aparente. El valor monetario de entrada como resultado de la venta es igualado con el valor de salida o entrega del correspondiente bien o servicio, pero solo en términos de operación donde se utiliza el dinero como equivalente general. En el fondo de esta apariencia se oculta la verdadera naturaleza material del intercambio, donde los valores transados resultan diferentes y jamás iguales.

Lo anterior da pie para sustentar una especie de incoherencia de la contabilidad en cuanto a informar con certeza lo que sucede en la realidad económica. En la práctica, el contenido y formalización del modelo contable se estructura desconociendo una parcela de la realidad, es decir de aquella referida a la generación del valor en el proceso de producción. El modelo contable termina asimilando las transacciones de los bienes en términos de operación determinados por el proceso de cambio. Esta situación deriva en el desconocimiento que la contabilidad efectúa del “factor trabajo” como generador de valor.

El trabajo termina por asimilarse a cualquier mercancía que se compra en el mercado; “su compra y su venta no se distinguen absolutamente en nada de la compra y venta de cualquier otra mercancía”.

Desde luego las respuestas de la contabilidad, frente a los hechos económicos, son el resultado del proceso histórico del capital que ha fragmentado drásticamente el proceso de producción del proceso de cambio y de consumo, como condición fundamental para la realización de utilidades monetarias en el espacio del mercado. La estructura de balances de la economía, al interpretar esta situación, termina desconociendo el recurso humano como el principal de los activos. Se desconoce así el principal de los activos, sin el cual no tendría sentido la inversión en medios de producción.

Con el siguiente ejemplo podemos demostrar la apreciación anterior:

En nuestro ejemplo simplificado se supone que el aparato productivo está conformado por tres unidades económicas, que en el período de un mes entregan como producto la tela que se destina para el consumo final. Las condiciones son las siguientes:

1. La unidad económica (A) no posee ninguna clase de medios de producción, emplea 100 hombres para el proceso de trabajo a los que les paga 1000 u.m. El resultado del trabajo es vendido a la unidad económica (C) con una ganancia del 10% sobre los factores. Al final del proceso se efectúa un incremento de dinero en 100 u.m.

2. La unidad económica (B) seencarga de la fabricación de telares, para ello emplea 200 hombres que paga por 1500 u.m. El resultado de su proceso de trabajo lo vende a la unidad económica (C), ganando el 10% sobre los factores empleados. Al final del proceso obtiene un incremento de dinero en 150 u.m.

3. La unidad económica (C), con 300 hombres procesa su resultado final comprando la materia prima ofrecida por la unidad A y los medios de producción ofrecidos por la unidad B, que se consumen totalmente durante el proceso productivo. Al final del proceso vende ganando un 10% sobre los factores empleados y obtiene un incremento de dinero de 455 u.m., luego de desembolsar 1800 u.m. para el pago de los trabajadores.

La realización de la ganancia, de las tres unidades económicas arroja el siguiente cuadro de distribución:

 

En términos de circulación real y financiera, la estructura contable se vería de la siguiente manera, para la unidad económica (A):

Tanto para la unidad económica A, como para B y C, la circulación económica real es igual a la circulación económica financiera, en términos dinerarios, que no dice absolutamente nada sobre la formación de la ganancia como una variación de la riqueza determinada por el trabajo.

Examinando los registros contables de las unidades, tampoco se obtiene ninguna información sobre los 100, 200 y 300 hombres empleados en el proceso de producción (cuadro Nº1).

 

En los registros de las cuentas nacionales, tampoco se refleja el factor trabajo empleado en el proceso de producción de las unidades económicas consideradas.

 

 

 

El consolidado en el sistema de cuentas nacionales sería:

 

En síntesis, en los modelos contables de empresa y Nación, de su estructura, se excluye la participación real del factor trabajo en la generación del valor económico. Mediante este esquema de cuentas no se puede precisar la productividad del trabajo, el cual resulta determinado y exclusivamente reducido a simple gasto medido monetariamente.

Esta limitación del modelo contable, le significa al sistema de decisiones una mirada exclusivamente monetaria y distributiva del “valor agregado”.

En el sistema de cuentas nacionales, SCN, el valor agregado monetario, VAM, está determinado por la diferencia entre el valor monetario bruto de la producción, VMBP, y el consumo intermedio monetario bruto, CIMB:

 

En nuestro ejemplo el valor agregado de la economía después del proceso de producción, corresponde a un valor de 705 u.m. equivalentes al ingreso nacional, que desde luego no explica las aportaciones del factor trabajo que se presentan como condición indispensable para la obtención de la ganancia.

 

Reconstrucción de la contabilidad

En un esquema de balance, algo diferente, es posible incluir el “factor trabajo” el que puede ser objeto de valoración e información en todas sus manifestaciones. Por supuesto tal pretensión exigirá de nuevas postulaciones metodológicas y epistémicas, derivadas de una racionalidad diferente; conceptos como: patrimonio, riqueza, propiedad, activo, pasivo, capital, tendrán que ser reconstruidos a luz de una ética integradora y social distinta. En especial se tendrá que acudir al uso de instrumentos metodológicos que permitan un adecuado nivel de reconstrucción de la contabilidad, con el objeto de posibilitar la emergencia de nuevas hipótesis de trabajo.

Es pertinente observar que buena parte de la identificación de problemáticas fundamentales en contabilidad, será el resultado de un proceso de recontextualización de la disciplina. En este sentido la contabilidad tendrá que acudir a problemáticas planteadas por otras disciplinas (economía, sociología, administración, derecho, historia), con el objetivo de visualizar no solo la pertinencia de conocimientos y problemas planteados, sino especialmente identificando las formas a partir de las cuales se accede a determinadas soluciones; de esta manera se tendrá la posibilidad de demarcar campos de conocimiento de naturaleza interdisciplinar.

En términos de objetos de trabajo académico —por ejemplo— la contabilidad tendrá que acceder a la comprensión de “la riqueza” en su relación con la “propiedad”, acudiendo inicialmente a las explicaciones que sobre este particular brinda la economía y el derecho. Para la economía es claro que las firmas deben observarse como instrumentos de maximización de riqueza, donde hay que tener en cuenta... ¿qué se maximiza?..., ¿bajo qué restricciones se efectúa? y ¿a partir de qué estructura interna se determina?(22); para el derecho es claro, que las formas de acceso a la propiedad están mediadas por reglas contractuales que determinan y regulan formas de financiación, estableciendo relaciones que reducen el riesgo y el conflicto que genera la distribución y el control; para la contabilidad relativamente resulta claro el correspondiente modelo de registro, su consistencia y la posibilidad de derivar análisis sobre el valor presente de la empresa, pero no resulta claro su papel controlador en el marco de reproducción de la riqueza, es decir de la contabilidad como instrumento de control y predicción de comportamientos futuros de la empresa o de la entidad considerada.

En general la contabilidad ha asumido el concepto de riqueza en su forma subjetiva, connotándole diversas apreciaciones como: atesoramiento, acumulación de dinero, abundancia de bienes materiales e inmateriales, opulencia, etc. Estas concepciones, no dejan de ser el resultado de un tipo de conocimiento vulgar que en la práctica se han convertido en obstáculo para el desarrollo de perspectivas teóricas, de tal manera el acceso a una significación diferente de este concepto, no solo resulta complejo sino que su contenido tendrá que derivarse desde una amplia comprensión de lo histórico, lo lógico y lo sistémico.

Desde la perspectiva lógica, la riqueza es el resultado de la permanente interacción de procesos de trabajo y procesos sociales, donde aparecen componentes subordinados como son: el propio trabajo, el objeto al que se dirige el trabajo humano y los medios o instrumentos con los cuales el hombre influye sobre el objeto de trabajo.

Desde la perspectiva histórica la riqueza ha sido el resultado de un proceso de formación social, adquiriendo diversas connotaciones de acuerdo con los diferentes estadios de desarrollo del trabajo, de su papel productivo y de las relaciones sociales que determina el cómo producir, qué producir, cómo apropiar, cómo distribuir lo producido, incluyendo el manejo de los excedentes obtenidos y de los elementos materiales incorporados. Desde esta perspectiva, es característico de la riqueza, asumirse de acuerdo con las condiciones sociales generales que se extienden en el tiempo y que son el resultado de las relaciones imperantes en el modo de producción correspondiente.

Históricamente y en la medida que hace presencia “el intercambio comercial” se desarrolla la racionalidad correspondiente que es asumida por la sociedad para el manejo de su riqueza y reproducción. Cuando se realizan intercambios comerciales es de inferir la existencia de una porción de excedentes que se producen y no se consumen por la organización social y que son destinados al cambio. Este excedente se convierte en una nueva riqueza que se adiciona a la anterior, no solo porque es resultado del trabajo social organizado, sino también por ser incorporados a depositarios de valor que terminan por relacionarse con el poder social, significando con ello que la riqueza, por definición, corresponde también al poder que se ha logrado constituir y que se utiliza para provocar un beneficio o un favor(23).

En el capitalismo la riqueza adquiere su carácter y su definición con ocasión del proceso social de producción; este proceso que es histórico, rompió definitivamente con la asociación primitiva de los medios de producción y la fuerza de trabajo, proceso histórico por el cual aparecen propietarios de los medios de producción y asalariados; desde que aparece esta ruptura, la venta de la fuerza de trabajo no aparece como fenómeno aislado, sino como la premisa socialmente decisiva sobre la que descansa la producción de riqueza.

Del programa de investigación

Desde el punto de vista de la construcción del programa de investigación contable, el desarrollo de este núcleo teórico (relación riqueza-propiedad) es de gran trascendencia. En este sentido, inicialmente se tendrá que redimensionar la concepción de partida doble(24) la cual a través del tiempo hemos terminado por desconocer y deformar; significa empezar por descubrir que estamos enfrentados a una situación paradigmática de gran valía para la construcción de categorías contables que expliquen la realidad del fenómeno de la circulación del valor, en cuanto medición e información.

Es indudable que la “partida doble” permite el reconocimiento de cuestiones de método, de metodología, de representación, de medida, de valoración, que conducen al ordenamiento de estructuras cognoscitivas y normativas de información y medición; todo ello en el entramado de estructuras teóricas dispuestas para describir e interpretar la realidad de entornos problemáticos. Estudiar e investigar la “partida doble”, es dotar a la contabilidad del “sentido de realidad”, estableciendo sus estructuras y modelos para el cumplimiento de funciones sociales.

La partida doble como paradigma tiene un profundo significado para el desarrollo teórico de la contabilidad. El afán de organización, el mayor número de cuentas abiertas a personas y valores, la anotación de todas las operaciones, de sus resultados, tanto positivos como negativos, dio su síntesis en la cuenta capital, primer paso hacia la partida doble(25). De hecho ella es el resultado histórico del comercio y su dinámica, de las formas de asociación y representación comercial, del crecimiento de las empresas así como del incremento de sus operaciones; su desarrollo permitió una mejora en la racionalización del sistema de cuentas de la economía, pues se comprendió que para tener una visión integral y clara de todos los elementos del patrimonio y de su variación, había necesidad de agrupar los elementos de igual naturaleza, en cuentas de contenido amplio y bien diferenciado. Este desarrollo de la partida doble permitió la consolidación de la cuenta capital, que expresa el aporte del propietario y a su vez la obligación de la empresa para con su propietario (26) .

Con el surgir del capitalismo hace presencia un mundo positivo que resulta diferente al característico de relación feudal; en adelante los conocimientos y entre estos el de la contabilidad, tendrán que tener en cuenta esta nueva positividad relacionada con el mercado y el papel desempeñado por la moneda. Progresivamente se requirió del equivalente general para regular el espacio de la producción y distribución y de la contabilidad por partida doble como instrumento de medición y representación. Con el surgir de los mercados se posiciona la partida doble que aparece como posibilidad de control monetario sobre la riqueza. Desde luego hay que anotar que la utilización general de un patrón monetario no identifica a la contabilidad necesariamente como de partida doble, pero sí mediante su lógica contable se posibilita el control al “incansable proceso sin fin de obtención de beneficios esencialmente monetarios”.

Desde luego la generalización de las relaciones capitalistas, que hacen posible la universalización de la partida doble como metodología de cálculo económico y social, es el resultado de condiciones históricas que permiten la diferenciación entre riqueza y propiedad. Al respecto resulta pertinente la siguiente apreciación de Foucault en su libro “Las palabras y las cosas”, donde se caracteriza a la moneda como el instrumento que progresivamente da lugar a la identificación de la propiedad sobre la riqueza.

“Con cierto apresuramiento, se acostumbra a caracterizarlo (al mercantilismo) por un monetarismo absoluto, es decir por una confusión sistemática (u obstinada) entre las riquezas y las especies monetarias. De hecho lo que “mercantilismo” instaura no es una identidad más o menos confusa entre unas y otras, sino una articulación reflexionada que hace de la moneda el instrumento de representación y análisis de la riqueza, y a la inversa, de la riqueza el contenido representado por la moneda”(27) .

Es interesante observar como, las nuevas positividades que emergen con el capitalismo, determinan una racionalidad del capital que resulta imbuida del “principio de subjetividad jurídica”, es decir acompañada del “proceso real de transformaciones jurídicas de las relaciones humanas que acompaña el desarrollo de la economía monetaria y de mercado y que entraña modificaciones profundas y múltiples de naturaleza objetiva” (28) . Estas transformaciones que soportan el piso económico tienen que ver con la consolidación de la propiedad privada; de unas relaciones orgánicas patriarcales donde el paterfamilia es propietario de la fuerza de trabajo de su descendencia, se pasa a una relaciones jurídicas donde las relaciones económicas resultan mediatizadas jurídicamente bajo la forma del contrato. De una apropiación de hecho, se pasa a una propiedad jurídica donde empieza a existir la posibilidad de la libre posesión y enajenación (29) . En este nuevo espacio, la contabilidad asume un suelo epistemológico económico mediado especialmente por lo jurídico, donde el eje directriz del paradigma contable gira hacia los costos y la eficiencia, entendiendo la productividad y el rendimiento derivado del uso de la propiedad del capital. En este nuevo espacio, lo económico es pensado en íntima relación con lo jurídico; por ejemplo, “un acuerdo comercial no es un fenómeno sicológico, ni una idea, ni una forma de la consciencia, es un hecho objetivo, una relación económica ligada indisolublemente a su forma jurídica que también es objetiva” (30) .

Al tratar el desarrollo de la partida doble son múltiples los criterios que se asumen. Desde una de las perspectivas puede afirmarse, que al generalizarse las relaciones capitalistas, igual se generaliza el uso de esta metodología contable de cálculo que expresa la racionalidad controladora a la que son sometidas estas relaciones. De tal manera, esta metodología de cálculo posibilita el control al plusvalor que no es otra cosa que control sobre la relación salarial; al establecerse claramente la diferenciación entre empresa (activo) y propiedad (pasivo), la partida doble construye un campo de observación y medición que permite identificar las formas de financiación, de participación de los factores y de repartición del beneficio; permite identificar las formas de relación salarial, los controles a la organización de los procesos de trabajo y los controles a la magnitud del salario en dinero. En últimas, mediante la partida doble se ejerce el control a la propiedad.

Desde la perspectiva comentada, la estructura teórica y conceptual de la contabilidad sería formulada a través de categorías derivadas desde la positividad y el entendimiento que se manifiestan en las relaciones sociales. En este sentido la función activo por ejemplo, tendría que observarse en su intima vinculación con relaciones sociales, las cuales manifiestan en forma concreta las características de la organización productiva, las formas de administración del trabajo, los medios, recursos y finalidades, que en la actividad misma propician resultados en función de la satisfacción de necesidades. La función activo, así, tendría que ver con los atributos propios y esenciales de la organización social que históricamente ha construido sus formas de producción, de regulación y control, de dirección de la gestión productiva, igual sus simbologías y formas de comunicar los asuntos de la riqueza. La concepción de la función activo , sería el resultado de la comprensión del principio de actividad, como aquel fundamento que posibilita la emergencia de acciones concretas, productivas, de gestión, simbólicas, culturales, donde se hacen presentes los procesos de trabajo.

Desde luego la concepción de la función activo quedaría limitada si no se comprende cabalmente la esencia de la función pasivo la que referirá a la forma empresa que se desarrolla en estricta correspondencia con el marco institucional correspondiente y que en última instancia define referentes y criterios de medición y control. El marco institucional, particularmente se torna determinante al momento de definir las reglas de financiación, que se operacionalizan a través de normas (31) . En la práctica las reglas de financiación que pueden ser instrumentales y decisionales, caracterizan las formas de financiación que dependen de la política global financiera del país y que están ligadas a la medición, valorización y distribución del capital en su forma general; de este modo la función pasivo resulta determinante frente a la función activo a la que le demarca reglas de medición respecto de la realización del valor económico; en últimas esta función define la concepción de riqueza y sus correspondientes formas de apropiación y de propiedad.

En síntesis, la contabilidad identifica la escisión entre empresa y capital mediante la emergencia de la función pasivo que se define en íntima relación con la expresión monetaria y que como resultado favorece la precisión de las remuneraciones, es decir de las magnitudes monetarias para cada factor, así: renta -naturaleza, salario-trabajo, beneficio-empresa; de allí que podamos inferir que la contabilidad progresivamente fue construyendo y explicando el sistema de partida doble, como simbología y metodología emanada de la organización del capital, posibilitando mediante su contenido y esencia la demarcación de los factores productivos y sus correspondientes remuneraciones, que resultan precisadas en función de estructuras de propiedad.

Es importante acotar que la función activo y pasivo de la contabilidad, permite comprender la existencia de una estrecha relación entre esta y la economía; estas funciones de la contabilidad reexpresan los hechos económicos en hechos contables, caracterizando su campo de observación como derivado de los fenómenos que se suceden con ocasión de la actividad económica. Desde luego ello no quiere decir que los hechos contables retomen todos los hechos económicos, pues en la práctica muchos de ellos resultan intraducibles; por ejemplo, “la valoración de un capital humano, cuya formación no es debida a la empresa, cualquiera que sea la importancia del hecho en la actividad económica, del mismo modo, la influencia del director de empresa o de uno de sus ejecutivos sobre la actividad de dicha empresa” (32) .

Las funciones activo y pasivo definen dos formas diferentes de observar el campo de la contabilidad con sus respectivos enfoques, el de actividad y el institucional. El enfoque de actividad hace referencia a los medios y riquezas estructurales de que se dispone para organizar la producción, que necesariamente tienen que ser acotados en el tiempo y el espacio. Desde este enfoque el campo de observación contable fundamentalmente se centra en describir la actividad económica y social en función de la concepción de riqueza definida previamente. En este sentido las hipótesis teóricas que orientan el modelo contable de descripción se traducen en “reglas” para su diseño, formalización y funcionamiento; así por ejemplo, si se trata de describir la actividad de producción, previamente se tendrán que formular las hipótesis, que derivadas de la concepción de riqueza precisen el uso de este concepto. Estas precisiones darán lugar a la formulación del sistema de información y medición, pues “no cualquier forma de recopilar la información sirve a su vez para cualquier definición de producción, suponiendo que la descripción de esta actividad fuera el objetivo del modelo” (33).

Desde el enfoque de actividad el modelo contable debe tener en cuenta elementos básicos que resultan imprescindibles en la descripción, como son: los sujetos económicos, los actos económicos que desarrollan dichos sujetos y los objetos de los actos referidos (34) . En el marco de estas interacciones y relaciones también se debe tener en cuenta condiciones estructurales que se presentan en la forma de organización de los medios, las formas de administrar el trabajo, las intencionalidades de los sujetos y en la orientación general social y económica; estas condiciones estructurales resultan mediadas por la cultura y el ambiente que les determina atributos propios y esenciales, sin los cuales es imposible caracterizar los proyectos productivos en el marco de una historia empresarial y productiva específica.

Desde el enfoque de actividad el modelo contable dará cuenta de condiciones técnicas y sociales a partir de las cuales se estructuran y combinan los componentes principales: trabajo, objetos de trabajo, medios e instrumentos de producción, cuyos resultados pertenecen al sistema social que los aprovecha en el proceso de actividad productiva, sociopolítica y cultural. En el enfoque de actividad resulta de importancia la descripción y conocimiento de los “procesos de trabajo”, los cuales se acotan dependiendo de la naturaleza de los procesos de producción que se insertan en procesos históricos determinados y de los cuales hay que tener en cuenta su complejidad, multiplicidad y su temporalidad o dinámica. Por la vía de utilización de este enfoque es posible identificar los recursos naturales y ambientales que en general “forman la base sobre la que se apoyan muchos procesos productivos, que serían impensables en su ausencia” (35) .

Desde el enfoque institucional, el modelo contable se estructura atendiendo básicamente a criterios establecidos desde la concepción de propiedad y donde la función pasivo adquiere importancia en tanto interpreta y aplica las formas de regulación que resultan determinantes frente a los esquemas de reproducción. Estas formas de regulación o formas institucionales se analizan desde cuatro puntos de vista, que permiten esclarecer el origen de las regularidades que orientan los procesos que se desarrollan al interior de la estructura económica: 1. Desde la moneda que define el modo de conexión entre las distintas unidades económicas. 2. Desde la relación salarial que caracteriza la medición en cuanto a la forma particular de apropiación de los excedentes. 3. Desde la concurrencia, porque describe las modalidades según la cual se ponen en relación los diferentes centros de acumulación y 4. desde la “forma empresa” que caracteriza como jurídico el espacio económico de distribución del valor.

Desde este plano institucional, el campo de observación contable resulta mediatizado por clasificaciones que dan cuenta de centros autónomos de decisión, como: empresas no financieras, instituciones financieras, administración pública, hogares, resto del mundo, sociedades anónimas, limitadas, etc.

Desde el enfoque institucional la función pasivo cumple un papel estratégico en la organización de la producción en tanto implementa las correspondientes restricciones a la valorización del capital. Estas restricciones que también son financieras y ambientales, en la práctica, definen el control de propiedad que se extiende al control de las prácticas de gestión propiamente dichas. El análisis de estas restricciones permitirá comprender el sentido y dinámica que asume la “cuenta” en contabilidad, dando lugar a los referentes interpretativos que explican la evolución de la riqueza en sus aspectos cualitativos y cuantitativos, estáticos y dinámicos.

En la práctica la diferenciación de estos dos enfoques, permite no solo una visión analítica de la situación de riqueza y de propiedad en un momento determinado, sino también el establecimiento de criterios de medición, valoración, ordenación, clasificación, y lo que resulta importante, de regulación y control de la riqueza en el marco de la propiedad, con el objetivo de garantizar las condiciones de reproducción y sostenibilidad de entidades consideradas en el tiempo y el espacio. Desde luego estos enfoques (de actividad e institucional), también permiten determinar las limitaciones de la contabilidad en cuanto a precisar todas aquellas externalidades(36) que afectan a las masas patrimoniales y que por diversas razones no son tenidas en cuenta.

Desde el enfoque de actividad las cuentas se convierten en instrumentales que facilitan la indagación y posibilidad de estructurar el sistema de controles a la productividad y en general de indicadores referidos a la eficiencia de la organización como tal. Desde el enfoque institucional las cuentas sintetizan las formas a partir de las cuales se explica la asignación de recursos que finalmente están determinados por los precios; con base en esta información, en últimas, las empresas organizan los procesos productivos.

Caracterizar los enfoques en contabilidad resulta determinante para efectos de los análisis que se deriven del sistema de cuentas; por ejemplo, desde el enfoque de actividad, una cuenta representativa del activo expresaría las condiciones cualitativas que se manifiestan en el proceso de producción y entregaría los elementos para comprender la eficiencia y la productividad; esta misma cuenta, desde el enfoque institucional, expresaría las condiciones que desde el mercado determinan los criterios de valoración a través de la vía precios y que da la posibilidad de efectuar los análisis de gestión, además de entregar referentes para efecto de comparaciones externas (indicadores). Las cuentas de activo desde el enfoque institucional, permitirán establecer desde la valoración, las relaciones que existen y las formas de conexión entre las unidades económicas, sus relaciones con los centros de acumulación, las tendencias que sigue las variaciones de la forma empresa.

Conclusión

Tradicionalmente la contabilidad ha obviado la reflexión sobre la relación entre riqueza y propiedad, generando confusión al momento de establecer mediciones y magnitudes que resulten enlazando criterios de la actividad con criterios institucionales. Como consecuencia de tal situación, emergen problemáticas relacionadas con la falta de concreción de los objetos a medir y de los objetivos a alcanzar; en esta tendencia los fenómenos económicos resultan analizados como simples legalidades que nada tienen que ver con la realidad de los procesos productivos e institucionales, por supuesto afectando la información y el sistema de decisiones que resulta contrario a las necesidades reales de expansión, crecimiento, desarrollo y sostenibilidad de las empresas o unidades económicas consideradas. Buena parte de esta problemática se identifica tajantemente al reconocer que la contabilidad no es aprehendida desde la perspectiva científica y comprensiva, donde lo histórico, dinámico y sistémico, resulta decisivo para la composición de estructuras teóricas que den cuenta de la realidad y prospección de los hechos. El efecto se traduce en análisis parciales de las condiciones sociales y técnicas de la producción de riqueza afectando drásticamente los parámetros de planificación y utilización de los recursos tanto a nivel macro como del espacio micro. Para operar en un plano distinto es imperioso reconocer que en la actualidad, los desarrollos disciplinares de la contabilidad resultan decisivos, de cara a la formulación de modelos contables que faciliten las decisiones económicas y sociales.

En estos aspectos disciplinares la contabilidad ha avanzado en el reconocimiento de programas de investigación que pretenden la formulación de hipótesis transformadoras. Desde el punto de vista de construcción del “programa de investigación contable”, la partida doble se ha constituido en el pivote que ha permitido:

1. El reconocimiento de la contabilidad con pasado histórico, empírico, analítico, científico.

2. La identificación de lo estático y dinámico, inmerso en la realidad de los hechos económicos y sociales.

3. La identificación de lo permanente y lo transitorio que modifica permanentemente la riqueza estructural de la organización social.

4. La identificación de las cantidades y cualidades, que en forma sintética se expresa a través de la “cuenta” y que en su interpretación descubre las correspondientes relaciones sociales de producción imperantes en una época.

5. La identificación de formas de financiación ligadas a marcos institucionales expresados a través de la “forma-empresa” y que determinan los niveles de eficiencia y eficacia del aparato productivo.

6. La identificación del precio como relación social que determina la distribución de las diferentes formas de riqueza.

7. La identificación de estructuras de valoración y comunicación, determinando grados de certeza y validez sobre la administración, reproducción y control de los recursos.

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(1) Franco, Rafael. 1984. Contabilidad integral, Teoría y normalización. Investigar, p. 23.

(2) Cuadrado, E. Amparo. Valmayor L. Lina. 1998. Teoría contable. Metodología de la investigación contable. Editorial McGraw-Hill. España, p. 142.

(3) La construcción de un sistema de cuentas y balances para explicar el fenómeno de la valorización, por ejemplo, implicará la presencia de modelos que expliquen adecuadamente los hechos en sus relaciones macro-micro; de esta manera la contabilidad, tendrá mayores posibilidades de explicar a través de las relaciones de balance, las relaciones técnicas y sociales de producción.

(4) García, Moisés. Contabilidad social. Instituto de planificación contable. España.

(5) La cuenta “capital” como categoría contable representa una instancia desarrollada del método de medición por “partida doble” que tiene por objeto sintetizar el movimiento de valores y de circulación de mercancías, explicando la estructura del excedente de producción y su correspondiente apropiación. En el plano macro la cuenta de capital, igual, cumple con el objetivo de posibilitar la aplicación y el control de los excedentes que generan los diferentes sectores y espacios productivos.

(6) En el capitalismo las relaciones de mercancías y las relaciones monetarias son una característica permanente. En este sentido la circulación económica está mediatizada por la presencia del dinero; de allí que resulte vital la presencia de instituciones que controlen la estructura del sistema monetario.

(7) Mora, Luciano. 1995. Curso de contabilidad ambiental y problemas conexos. IDEA.

(8) Gil, Manuel. 1984. Aportes para el estudio del interés sobre el capital propio. Teuken. Argentina, p. 367.

(9) Las relaciones de mercado son relaciones esencialmente sociales centradas en el “precio”, de tal manera, el estudio del capitalismo monopolista y del capitalismo competitivo debe empezar por el funcionamiento del mecanismo de los precios. (Gamble, 1985, p. 144).

(10) Cortés, Magdalena. 1985. Bases de contabilidad nacional. DANE, Bogotá, p. 42.

(11) Astorí, Danilo. 1978. Enfoque crítico de los modelos de contabilidad social, FCE, México, p. 63.

(12) Cañibano, Leandro. 1984. Análisis contable de la realidad económica. Instituto de planificación contable, España, p. 52.

(13) Astorí, Danilo. 1978. Op. cit. p. 63.

(14) Del concepto de información depende la caracterización del sistema contable en cuanto a las magnitudes susceptibles de medición. “En general, aun cuando existen magnitudes susceptibles de medición directa, gran parte de las medidas contables, implican la necesidad de procesos previos de agregación o distribución, cuya naturaleza define los procedimientos de medición en la ciencia de la contabilidad como esencialmente derivados” (Requena, p. 25).

(15) “Para resolver este problema, las cuentas satélite económico-ambientales se diseñan de tal forma que se puedan relacionar variables monetarias con variables físicas, integrando así en una sola cuenta estos dos tipos de información”, propuesta que tiene problemas en tanto no se ha profundizado adecuadamente lo referido a los sistemas de medición. (DNP, 1994, p. 164).

(16) Requena, José M. Homogeneización de magnitudes en la ciencia de la contabilidad. p. 67.

(17) Frente a la categoría de “totalidad”, como concepción, se dan diferentes posturas. En este trabajo, el criterio de totalidad se asume como la aprehensión de la esencia de una realidad estructurada.

(18) El concepto de patrimonio ofrece un inconveniente derivado de su fuerte delimitación y ascendencia jurídica que hace considerarlo casi siempre como adscrito a una persona física o jurídica. Al incluir dentro de la contabilidad los procesos de obtención de magnitudes macroeconómicas significativas, no puede hablarse con igual criterio de patrimonio, lo que hace que esta conceptualización sea, en algunos aspectos, algo limitada (Casanovas, 1976, p. 21).

(19) Meyer, Jean. 1974. Contabilidad nacional y contabilidad de empresa, p. 37.

(20) Fernández Pirla, José M. 1976. Teoría económica de la contabilidad, p. 466.

(21) Astorí, Danilo. 1978. Op. cit, p. 109.

(22) Retomado de documento de trabajo de Universidad Nacional de Colombia. Propuesta de creación de estudios de la empresa en la facultad de ciencias económicas de la Universidad Nacional. Fundamentos teóricos. 28 de febrero de 1994.

(23) Harroy, Paul. 1974. La economía de los pueblos sin maquinismo. Ediciones Guadarra, Madrid, p. 130.

(24) El método de partida doble en contabilidad ha sido objeto de diversas definiciones. Una de ellas, la que consideramos más acertada, tiene que ver con el principio de dualidad dialéctica que da cuenta de todas aquellas causas que inciden directa y efectivamente en la variación de la riqueza estructuralmente vista, determinando los efectos correspondientes.

(25) Casanovas Parella, Ignacio. 1976. Representación contable de flujos económicos y financieros. Editorial Hispano Europea, Barcelona, p. 22.

(26) Ariza, Danilo. La vitalidad de la partida doble. Tercer simposio nacional de investigación contable y docencia, Boletín Nº 1, noviembre de 1994, p. 8.

(27) Foucault, Michel. Las palabras y las cosas, p. 172.

(28) Pasukanis, Evgeny B. Teoría general del derecho y el marxismo. Editorial La Pulga Ltda. p. 40.

(29) Cazadero, Manuel. afirma: ”entre 1455 y 1637 se delimita la propiedad sobre la tierra; estos cambios están vinculados a una profunda penetración de la economía monetaria en las áreas rurales inglesas, complementada con la confiscación de las propiedades eclesiásticas (Cazadero, p. 109).

(30) Pasukanis, Evgeny B. Op. cit., p. 45.

(31) El marco institucional donde se desenvuelve el correspondiente programa de control se entiende compuesto de normas, destacándose fundamentalmente el sistema económico y el aparato estatal, en los que principalmente se han institucionalizado acciones racionales con respecto a fines, las cuales se comprenden como de carácter instrumental y decisional.

(32) Meyer, Jean. 1974, op. cit., p. 23.

(33) Astorí, Danilo. p. 32.

(34) Astorí, Danilo. p. 33.

(35) Azqueta, Danilo. Op. cit. Valoración económica de la calidad ambiental, p. 8.

(36) Se dice que estamos en presencia de una externalidad (economía externa). Cuando la actividad de una persona (o empresa) repercute sobre el bienestar de otra (o sobre su función de producción), sin que se pueda cobrar un precio por ello, en uno u otro sentido (valoración económica del medio ambiente).