El derecho del trabajo surgió bajo la presión de la clase trabajadora

Revista Nº 167 Sep.-Oct. 2011

Marcio Tulio Viana  

Profesor Universidad Externado de Colombia 

El Derecho Civil y el Derecho Penal, así como otras ramas del Derecho, originalmente se desarrollaron por determinación de las clases sociales dominantes en el mundo occidental, recuerda el ex juez laboral y catedrático brasilero Marcio Tulio Viana, quien destaca la condición excepcional en la que surgió el derecho del trabajo como producto de la lucha por los derechos de los trabajadores en las fábricas creadas para la conveniencia del sistema capitalista. En entrevista con ACTUALIDAD LABORAL, el experto advierte sobre el amplio terreno que ha ido ganando la tendencia hacia la flexibilización laboral en el sistema judicial de su país.

A. L.: ¿En Brasil existe un Código del Trabajo?

M.T.V.: Casi tenemos un código, porque en el pasado hubo una serie de leyes dispersas que fueron compiladas; los legisladores de esa época reorganizaron y complementaron dichas normas. Se puede decir que se trata de un código, aunque se le llame Consolidación de las Leyes del Trabajo. Sin embargo, después de esa tarea de organización surgieron muchas otras leyes, así que hoy contamos con el código, pero también con muchas leyes al respecto que se encuentran dispersas.

A. L.: ¿En qué año surgieron las principales normas del código?

M.T.V.: En 1943, y la consolidación se llevó a cabo en 1953.

A. L.: ¿Qué motivó la promulgación de esas normas laborales en 1943?

M.T.V.: Vivimos el régimen autoritario de Getúlio Vargas. Era un modelo en el cual el presidente (de facto) Vargas pretendía industrializar el país. Ese propósito exigía no solo fábricas, sino también normas de protección a los trabajadores. El modelo político hacía que los trabajadores dieran apoyo al gobierno; era una mezcla de intereses personales y nacionales.

A. L.: ¿Es decir que el Código del Trabajo tiene rasgos de autoritarismo?

M.T.V.: Se debe hacer una división, porque el derecho nacido en esa época tiene una parte colectiva y otra individual. La pertinente al derecho colectivo fue modificada, en cierta medida, para que los sindicatos apoyaran al gobierno y tuvieran un rol más asistencial que combativo en el sentido de obtener beneficios para los trabajadores, por ejemplo, en cuanto a salud y vacaciones. Se buscaba que promovieran la ayuda mutua y no que hicieran huelgas. La parte individual es sustancialmente de protección al trabajador. Entonces, sus normas son protectoras y no propiamente de un matiz autoritario.

A. L.: ¿Esas primeras normas laborales eran favorables a sindicatos y trabajadores?

M.T.V.: Sí. Como las normas eran complejas, extensas y con disposiciones de protección al trabajador muy fuertes, el sindicalismo no tenía muchas razones para luchar, porque todo el derecho estaba ya construido. Era una forma de aminorar la dimensión combativa de los sindicatos.

A. L.: ¿Cómo se protegían los derechos de los trabajadores antes de 1943?

M.T.V.: No se hacía de una forma tan amplia, no solamente por la dispersión de las normas, sino porque estas no protegían demasiado al trabajador, entonces, la gran ley de ese año fue un marco histórico. Casi no había sindicatos antes de esa ley. Aquellos fueron conformados más o menos artificialmente. Existían, pero no como un fenómeno obrero; no eran unidos. La ley prácticamente creó los sindicatos, pues los que se formaron al inicio del siglo XX eran muy combativos, ya que querían derribar el sistema capitalista, eran anarquistas. Getúlio Vargas acabó con esos sindicatos combativos y constituyó unos no combativos, sin ideología, para que así su gobierno pudiera estar tranquilo. Y también porque era un modo de facilitar la industrialización del país. Los industriales de la época pudieron tener al sindicato como un interlocutor y un adversario tranquilo que podía ayudar a controlar a la clase obrera.

A. L.: ¿Qué cambios esenciales han tenido las normas laborales?

M.T.V.: Hemos tenido dos tendencias. La primera consistió en suprimir algunas medidas autoritarias de la ley anterior en cuanto a la dimensión colectiva. La Constitución de 1988 eliminó la posibilidad de que el Estado interviniera en la actividad sindical, porque aquel podía controlar, incluso, las elecciones sindicales, cómo se hacían y cuántas personas se elegían. Toda la vida sindical estaba sometida a la ley. El gobierno también podía cambiar un dirigente que fuera subversivo por un interventor. La huelga era prácticamente prohibida, porque los requisitos para decretarla eran tan difíciles de cumplir que resultaba casi imposible hacer una huelga legal.

A. L.: ¿Y qué medidas se tomaron?

M.T.V.: Todas esas disposiciones fueron eliminadas por la Constitución de 1988. Sin embargo, quedaron algunas, por ejemplo, todo trabajador, aunque no sea miembro del sindicato, debe pagar una contribución anual para este. Es casi una forma de impuesto, corresponde a un elemento del modelo autoritario, porque era un modo de cooptación del sindicato, de lograr que este pudiese existir, aunque sin legitimidad, sin representación efectiva, pues el dinero para operar le llegaba de todos modos.

A. L.: ¿Los trabajadores siguen pagando esa contribución?

M.T.V.: Sí. Además, en Brasil se puede tener un solo sindicato por tipo de actividad económica en cada municipio, que es la mínima división territorial. Si alguien quiere establecer un sindicato en determinado municipio debe seguir dos reglas: no se puede formar un sindicato en la empresa y tampoco es posible constituir uno según el oficio de los trabajadores. Se debe crear un sindicato que corresponda a la actividad económica de la empresa. Por ejemplo, si se va a operar en el comercio de textiles, se puede conformar un sindicato de trabajadores en el comercio de textiles, sin importar el trabajo que cada uno desempeñe. La única excepción son los trabajadores independientes y algunos otros profesionales. Pero la segunda regla es que si en el municipio ya existe un sindicato de trabajadores en el comercio de textiles, no se puede crear uno adicional.

A. L.: ¿Qué otro hecho ha incidido en los fundamentos de la normativa laboral?

M.T.V.: Se vive una tendencia a otorgar mayor libertad a los sindicatos. La jurisprudencia, las decisiones judiciales, la interpretación de la Constitución, todo camina en ese sentido, que aparentemente es positivo, pero, que en el fondo, tal vez no lo sea tanto. En la dimensión del derecho individual tenemos una tendencia diferente: se trata de la inclinación mundial hacia la flexibilización. Esta se concreta de varios modos mediante la ley que consolidó las leyes del trabajo. Muchos artículos y otras nuevas normas afectan, casi siempre, en dirección a la flexibilización. Pero las modificaciones más importantes no se han hecho así, son menos visibles. Se trata de cambios en la jurisprudencia, aunque no en la mayor parte de esta. Pero es una tendencia que empieza a influenciar a los jueces. Se han visto interpretaciones favorables a la flexibilización en la jurisprudencia, en parte de la doctrina y en la fiscalización del trabajo.

A. L.: ¿Y de qué manera se ha afectado la realidad cotidiana?

M.T.V.: Por ejemplo, antes, cuando un fiscal (inspector) del trabajo llegaba a la empresa y descubría que un trabajador no ganaba horas extra, aplicaba una multa, es decir, sancionaba directamente al empleador. Había un pequeño procedimiento administrativo, pero se impartía la multa, como en las infracciones de tránsito. Hoy, los inspectores deben dar una nueva oportunidad a los empleadores. Es un modo de flexibilizar, porque un empleador puede no aplicar la ley laboral y esperar una segunda oportunidad, si un día, por casualidad, llega un inspector. Entonces, se puede afirmar que la flexibilización se hace a través de la no aplicación de la norma. En consecuencia, la empresa adquirió más fuerza mientras que los sindicatos son menos poderosos, de manera que esta puede decidir qué norma laboral aplica y cuál no. La tercerización también ayuda en ese proceso, pues la gran empresa a la que no le resulta factible incumplir la ley sin generar un escándalo puede hacerlo a través de las compañías que subcontrata. Así, los contratos con la gran empresa se abaratan, porque las pequeñas explotan a los trabajadores. Las grandes aparecen como respetables, mientras las pequeñas que les prestan sus servicios hacen el “trabajo sucio”.

A. L.: ¿Desde cuándo se está presentando el fenómeno de la flexibilización?

M.T.V.: Especialmente, desde la década de los noventa. Es un fenómeno mundial que tiene muchas explicaciones, como la misma globalización y la ideología, pero tiene una causa poco observada aunque muy importante. El Derecho del Trabajo, a diferencia de las otras ramas del Derecho, ha surgido bajo la presión de la clase trabajadora. A pesar de que no fuera particularmente así en países como Brasil, en general, el Derecho del Trabajo, que es de arquitectura europea, ha sido construido básicamente gracias a la presión de la clase trabajadora. Tradicionalmente son las élites, las clases dominantes, las que hacen el derecho que les conviene. El Derecho del Trabajo pudo nacer, porque los trabajadores se agruparon, hecho que no sucedió con el Derecho Civil, ni con el Penal, que son ramas del Derecho hechas especialmente para la clase que tiene el poder. El Derecho del Trabajo se explica por el nacimiento de un derecho que impone obstáculos a la explotación, que fue edificado poco a poco por la presión de la clase trabajadora. Esa presión se justifica por varios factores, pero uno muy fuerte fue la existencia de la fábrica, pues esta reunió a los trabajadores en un mismo ambiente físico en el cual aprendieron a luchar.

A. L.: ¿La legislación laboral brasilera garantiza plenamente los derechos de los trabajadores?

M.T.V.: Aunque esté flexibilizada en algunos puntos, en teoría, sí, pero no en la dimensión de la protección al puesto de trabajo, a pesar de que hoy se reconoce la estabilidad de un dirigente sindical, la de una mujer embarazada y en otras situaciones. La Constitución garantiza la protección al empleo, pero conforme a una ley complementaria que todavía no existe. Desde hace más de 10 años, algunos jueces intentan interpretar la Constitución con el fin de garantizar la estabilidad de los empleados. En general, todos entienden que es posible despedir un obrero por cualquier razón si se paga la indemnización. Pero esta no es suficiente para que el trabajador se sienta en condiciones de defender sus derechos cuando estos le son violados. Es una indemnización insuficiente para que el trabajador se anime a reclamarle al empleador que le pague las horas extras. Muchos trabajadores tienen miedo de ir a la justicia, porque piensan que pueden quedar marcados frente a futuros empleadores.

A. L.: ¿Cuánto tarda en ser resuelto un proceso laboral?

M.T.V.: En general, la justicia del trabajo brasilera funciona muy bien. Tenemos tres instancias, tres grados, pero es muy difícil sobrepasar el segundo grado, porque solo en casos especiales el proceso llega a la tercera instancia. Y cuando avanza hasta allí, la solución se demora dos o tres años. La mayoría de los casos termina en el primer grado y puede durar algunos meses. En mi región, Minas Gerais, no dura más de un mes. Tarda dos meses más en pasar al tribunal de segundo grado. Entonces, el juez tiene condiciones para concretar rápidamente su sentencia en muchos casos. La primera instancia está a cargo de un juez, la segunda corresponde a un tribunal de una jurisdicción determinada y la tercera corresponde a un tribunal que examina solamente la materia del derecho y no la del hecho. Busca uniformar la interpretación de los tribunales y hace que la Constitución sea respetada. Tenemos también el Supremo Tribunal, pero de cada 100.000 acciones laborales emprendidas solamente unas 10 llegan a dicha instancia.