El derecho laboral enfrenta la globalización

Revista Nº 115 Ene.-Feb. 2003

En el área laboral, se presume que la globalización traerá cambios en temas tales como las relaciones contractuales y su remuneración 

Pedro Antonio Molina Sierra 

Especial para la Revista Actualidad Laboral y Seguridad Social 

El mundo se está globalizando. Colombia y 33 países más del continente no podían ser ajenos a esa realidad y encararon, desde hace más de siete años, el reto de la integración del hemisferio. Si el calendario se cumple, el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que integrará dichas economías, será firmado a más tardar en enero de 2005.

Este tratado comercial aglutina a todos los países que conforman el continente, con excepción de Cuba, y aspira a ser el más grande del mundo y a reunir a su alrededor un producto interno bruto cercano a los 8.5 billones de dólares y a más de 850 millones de personas.

Desde ya se pronostican grandes cambios en todos los niveles, en todas las áreas y en todos los países. A esa evidente realidad no podían escapar los temas sociales y el derecho laboral que, de una u otra manera, serán afectados por el remezón de las economías.

La apertura de mercados, el aumento considerable de competitividad entre productos foráneos y nacionales, el rediseño empresarial y el incremento del comercio, son las posibles consecuencias que en el ámbito comercial sucederán en América y que incidirán en el empleo y en las relaciones laborales.

La realidad normativa y laboral

Antes de encarar el reto, dice el vicepresidente de Comercio Exterior de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), Eduardo Visbal, es necesario mirar con detenimiento las normas laborales para saber en qué estamos y para dónde vamos.

“Colombia maneja unos códigos laborales bastante obsoletos que fueron creados hace más de 40 años, cuando las condiciones económicas y sociales eran muy diferentes a las que actualmente estamos viviendo. La realidad económica actual y el proceso de globalización obligan a adaptar esos códigos, para la generación de empleo y de inversión extranjera. Claro que, con o sin ALCA, las normas laborales tienen que ser objeto de una profunda renovación”, señaló Visbal.

En igual sentido se pronunció la viceministra del Trabajo, Luz Stella Arango, quien manifestó que las reformas laboral y pensional, recientemente tramitadas ante el legislativo, buscan poner a Colombia a tono con el contrato de trabajo que rige en Latinoamérica y hacer más flexible la relación obreropatronal, para que de esta forma, se reactiven sectores de la economía de singular importancia tales como el comercio, la hotelería y el turismo.

Para el analista laboral de Argentina, Adrián Goldín, las legislaciones laborales de América Latina tienen, entre otros rasgos comunes, un alto intervencionismo estatal y una brecha profunda entre el derecho y la realidad porque las normas se elaboran, se proclaman pero nunca se aplican.

Las legislaciones laborales andinas coinciden en ser bastante proteccionistas del trabajador porque, durante mucho tiempo, se desconocieron los derechos de los mismos. Sin embargo, debido a las crudas crisis que nuestros países han venido enfrentando, los gobiernos se han visto en la necesidad de disminuir y flexibilizar tal protección”, anotó Pedro Sarmiento, especialista en comercio exterior.

Aunque el experto peruano en derecho laboral Mario Pasco Cosmópolis considera difícil evaluar las legislaciones en el área laboral, advierte que es necesario revisarlas constantemente porque se trata de un tema muy sensible a los cambios en el entorno social y económico.

De acuerdo con un estudio realizado por el Fraser Institute de Canadá, el cual mide el grado de libertad económica de cada Nación en el mundo, Colombia es un país poco competitivo en materia laboral.

 

revlab115eldere.JPG
 

 

Andrés Mejía Vergnaud, director de la Fundación Desarrollo a través de la Libertad, entidad encargada de orientar dicho estudio en el país, explica la importancia de la investigación: “En términos generales, se considera que los países con puntajes más altos están mejor preparados para afrontar la globalización, ya que sus instituciones permiten que los procesos propios de la integración global se realicen de forma ágil y poco costosa”, señaló Mejía.

En el campo laboral, el índice considera los siguientes factores: impacto del salario mínimo, flexibilidad en la contratación y el despido, impacto de las negociaciones colectivas, incentivos negativos provenientes de beneficios al desempleado y uso del servicio militar obligatorio en las fuerzas armadas.

El promedio general de Colombia fue de 3.5 sobre 10.

Según Mejía, en términos de preparación para la globalización y el ALCA, las instituciones laborales son de gran importancia, pues, al ser más flexibles, incentivan la inversión y la contratación, reduciendo a la par el desempleo.

Otro factor que ha incidido negativamente en la calificación de Colombia, en esta área social y del derecho, es el creciente desempleo. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en los primeros nueve meses del año pasado, el desempleo en la región aumentó a 9.2%, siendo el más alto en los últimos 22 años.

La OIT explicó así el fenómeno: “La subida del desempleo se debe principalmente a las duras políticas de ajuste para enfrentar las consecuencias de la desaceleración del crecimiento económico mundial y la crisis que afecta a varios países de la región, particularmente Argentina”.

Colombia ocupó el segundo lugar de tasa de desocupación con un promedio de 16.8%, detrás de Argentina que llegó al 21%. Otros países con grandes índices de desempleo son: Uruguay (16.5%), Venezuela (15.5%), Perú (9.4%) y Chile (9.3%).

En el mismo período, México registró la menor tasa de desempleo con el 2.8%, superando a Ecuador (6.3%) y Brasil (7.3%).

En el ALCA

Mientras algunos especialistas ven con optimismo el proceso de globalización, sectores sindicales han asociado la integración americana con la flexibilización laboral, la precariedad del trabajo y el aumento del desempleo.

En este ámbito, se presume que los cambios más importantes que se aproximan tienen que ver con los contratos de trabajo y su remuneración, la armonización de la normativa, la inmigración y circulación de mano de obra y los nuevos desarrollos laborales derivados de la adopción de tecnología.

Aunque Pasco es relativamente pesimista frente a la operatividad que representa para los países andinos el ALCA, cree que la tarea más urgente de este lado del continente es encarar el reto con unidad.

“Eso pasa en cierta medida por una aproximación de nuestras legislaciones laborales, que sin llegar a la unidad (virtualmente imposible), las armonice en torno a los grandes temas, entre ellos, los que la OIT destaca como esenciales: libertad sindical, negociación colectiva, eliminación total de la servidumbre y erradicación de las peores formas de trabajo”, dijo Pasco.

Hernando Gutiérrez, especialista en investigación jurídica, manifestó que el escenario y desarrollo del derecho laboral en el ALCA dependerá, en gran medida, del avance de las negociaciones y la prevalencia de los sistemas jurídicos.

“No se necesita ser visionario para prever que el derecho laboral va a empezar a sufrir impactos muy fuertes derivados de tres aspectos: políticas de competencia dentro de las empresas, movilidad de los mercados y relación laboral en un contexto de libre circulación de mercancías y de servicios”, señaló Gutiérrez.

Un factor que Marcel Tangarife, experto en temas comunitarios, destaca de la integración, se refiere a los cambios en la mano de obra: “La libre circulación de personas implica, de alguna manera, la adopción de normas jurídicas andinas que van a tener incidencias laborales. En tal escenario, es preciso que la normativa se armonice o que se adopten acuerdos laborales entre los países sobre seguridad social y pensiones. De esa manera, el tiempo que un colombiano trabaja en otro país podrá surtir efectos pensionales en otras legislaciones y, claro está, también en la nuestra”.

Sobre la competencia de la mano de obra, Arango advirtió que la posible presencia de la China en los acuerdos será un motivo para revisar las normas laborales, porque este país asiático ofrece una mano de obra supremamente barata con la cual debemos competir.

Sarmiento advierte que el ALCA puede provocar una reducción permanente de la demanda de ciertos tipos de servicios laborales, como es el caso de los trabajadores poco especializados. “Por otra parte, ciertos trabajadores de sectores competidores de la importación podrían perder sus empleos cuando se perfeccione el proceso de integración hemisférica, teniendo en cuenta que podrían dejar de funcionar las empresas que no cuentan con las capacidades de adaptación necesarias para enfrentar la liberalización del comercio durante la primera etapa de transición”.

Pese a que Goldín muestra cierto grado de preocupación por los riesgos que el ALCA pueda significar para el sistema de protección de los trabajadores, la remuneración económica y la movilidad de capital, cree que existen suficientes mecanismos jurídicos en la OIT, en los tratados y cartas internacionales de derechos humanos y sociales, en las cláusulas sociales de los tratados internacionales y en la acción sindical, para que sean respetados los derechos de los trabajadores.

Gutiérrez también manifiesta que las nuevas relaciones laborales dependerán, en un porcentaje alto, del sistema jurídico —anglosajón o romano— que prime en los acuerdos. Desde ya se atreve a pronosticar que será el derecho anglosajón.

“Mientras los países latinoamericanos estamos acostumbrados a manejar una doble relación en el derecho laboral (individual y colectiva), el anglosajón está fundamentalmente circunscrito al derecho colectivo basado en el principio de la autonomía y la libertad contractual. En ese orden de ideas, si prevalece el anglosajón, las garantías individuales, conocidas como prestaciones irrenunciables, sufrirán unos cambios drásticos o desaparecerán”, pronosticó Gutiérrez.

Sobre la generación de empleo, Gutiérrez asegura que la solicitud de mano de obra no calificada aumentará “porque Colombia es un país en donde abunda”. A la vez, Visbal compara nuestra situación con el tratado comercial entre Canadá, México y Estados Unidos, denominado NAFTA (por sus siglas en inglés), en donde, según el experto, México se ha beneficiado considerablemente.

Según cifras entregadas por Visbal, en este país el nivel de desempleo bajó a cifras sorprendentes y hoy es el más bajo de América Latina (2.8%), mientras su economía se ubicó, en el ámbito mundial, en el undécimo lugar.

Si de empleo se trata, un estudio de la firma Araújo Ibarra & Asociados sobre el ALCA, señaló que en los próximos años se generarán más de 10 millones de empleos directos en todo el continente.

Oposición sindical

Quizá la mayor oposición al proceso de integración continental ha venido de parte de los sectores sindicales y de movimientos de antiglobalización que dudan de los beneficios referidos y pronostican el aumento de la pobreza y de la brecha económica que separa a los países desarrollados de los del tercer mundo.

Víctor Pardo Rodríguez, ex presidente del Consejo Consultivo Laboral Andino, solicitó del ALCA mayor participación para los sectores sociales dentro de la negociación, la incorporación de un acuerdo laboral en el tratado y la consulta general en el ámbito continental de los compromisos que se vayan firmando.

Pardo también mostró su preocupación por el nulo reconocimiento de desigualdad económica entre los países negociantes, el tratamiento preferente que, según él, se le viene dando a las multinacionales y la violación de varios convenios firmados y adheridos a la OIT.

Otro dirigente sindical que no esconde su inconformismo frente a la globalización es Miguel Morantes, secretario general de la Confederación de Trabajadores de Colombia, quien señaló: “La inundación de los mercados a los países en vía de desarrollo va a conducir a la quiebra irremediable de las micro, pequeñas y medianas empresas que no van a tener cómo competir con las multinacionales. Eso producirá mayor desempleo y pobreza”.

Morantes no pone en duda las cifras económicas sobre el NAFTA, pero explica que, si bien el desempleo disminuyó en México, los contratos como la maquila aumentaron la precarización, la flexibilización, el subempleo y la explotación de la mano de obra. Igualmente manifestó: “La democracia desaparecerá porque todas las relaciones laborales se reducirán a los acuerdos pactados en el ALCA, la salud se encarecerá porque se está negociando la protección de las patentes y la eliminación de los genéricos, se disminuirá el salario mínimo porque se necesita mano de obra barata, casi gratuita, para competir, y la agricultura se terminará de agravar porque los países desarrollados ofrecen grandes subsidios”.

En defensa del NAFTA, Pasco señaló: “Este tratado ha producido cifras impresionantes a favor de México que nadie puede, sensata y desapasionadamente, afirmar que en ese país se haya producido efectos nefastos que otros procesos han acarreado en otros países. El NAFTA tiene un importante componente laboral que el ALCA debería abordar”.

Visbal y Tangarife tampoco comparten la teoría de los sindicalistas. “En el ALCA, desde el inicio, se fijó como regla universal la negociación de convenios y de acuerdos a la luz del respeto de los derechos y de las normas laborales y ambientales. Es decir, cada vez que se encaran conversaciones, lo primero que se abordan son los temas laborales”, dijo Visbal.

En opinión de Tangarife, la creación de un grupo de negociación exclusivo para tratar los temas laborales, propuesto por algunos sectores sindicales, pudo haber sido un arma de doble filo. “Me parece que agregarle un componente laboral a una negociación comercial podría resultar contraproducente porque los países desarrollados podrían utilizar las normas laborales como barreras encubiertas, para evitar el ingreso de bienes y servicios en sus territorios. Por ejemplo, estarían en capacidad de decir: Si utilizan niños para el cultivo de flores yo no las compro porque el trabajo infantil lo condena la OIT”.

 

revlab115eldere2.JPG
 

 

ATPA, nada gratuito

Uno de los primeros referentes de la integración continental es la recién renovada Ley de preferencias arancelarias andinas (ATPDEA). A través de esta norma, vigente hasta el 2006, Colombia recibió una amplia gama de beneficios arancelarios para ingresar sus productos a Estados Unidos.

Los sectores que más se favo-recieron con la apertura fueron el atún, el calzado y cuero, los textiles y las confecciones, el azúcar, las flores y las joyas.

De acuerdo con cifras entregadas por el Ministerio de Comercio Exterior (Mincomex), la nueva ley de exportaciones generará cerca de 350.000 empleos directos, principalmente en los sectores anteriormente descritos. Sólo en textiles y confecciones se espera dar trabajo a cerca de 240.000 colombianos.

“En el área de las flores, por ejemplo, esta industria se encuentra al frente en desarrollo alternativo. De manera global, ha generado más de 150.000 empleos en Colombia, principalmente en el sector agrícola, en los últimos cinco años. Sin el ATPA, es muy probable que muchos de los trabajadores del sector terminen trabajando en cultivos ilícitos en otras partes del país”, dijo un informe del Mincomex.

A pesar de que a primera vista el ATPA parece un generoso tratamiento comercial por parte de Estados Unidos, algunos sectores económicos mostraron su preocupación por las contraprestaciones a las que llegó Colombia para acceder al mismo.

El primer inconforme fue Alberto Bravo, presidente de la Asociación de la Industria Farmacéutica Nacional, por los acuerdos firmados para proteger las patentes de los medicamentos y vetar, según el dirigente gremial, por tres años, a la producción local.

“Es el precio que pagamos para obtener los beneficios del ATPA”, señaló Bravo una vez expedido el Decreto 2085 de 2002, el cual estableció un nuevo reglamento en esta materia.

Sobre este tema, Gutiérrez opinó: “Normalmente estas ayudas unilaterales suelen ir amarradas al cumplimiento de ciertas condiciones que vigila el departamento de comercio de Estados Unidos. Con este departamento, Estados Unidos impone sanciones a países en los cuales su legislación vulnera intereses comerciales estadounidenses. Con el ATPA, se impusieron algunas reglas que Colombia tuvo que acatar y que, muy probablemente, serán también negociadas en el ALCA”.

Gutiérrez también es crítico de la manera como se conceden los beneficios unilaterales, pues en estos países desarrollados se otorgan tantos subsidios a los productos agrícolas, que traban el ingreso de productos e imposibilitan la competencia para los países andinos.

Mientras las negociaciones siguen su curso normal, diversos sectores a favor y en contra de la globalización, continúan discutiendo su conveniencia o inconveniencia. El tema laboral es uno de los ingredientes que suscita mayores controversias.

 

revlab115eldere3.JPG