El estudio y la práctica profesional de la auditoría interna en Venezuela

Revista Nº 49 Ene.-Mar. 2012

Andrés Grisanti Belandri 

(Venezuela) 

Licenciado en Contaduría Públic 

Maestría en Administración de Empresas, mención Finanzas Profesor, Departamento de Auditoría, Impuestos y Sistemas de Información Facultad de Ciencias Económicas y Sociales Universidad de Carabobo 

Certified Internal Auditor (CIA) Otorgada por The Institute of Internal Auditors (IIA) 

Introducción

La auditoría interna dentro de las organizaciones de hoy en día es una función operativa de suma importancia en la órbita del complejo mundo de las empresas, teniendo como norte, en primera instancia, la búsqueda de la eficacia y la eficiencia de las instituciones en las que se llevan a cabo sus funciones.

La concepción moderna de la auditoría interna está dirigida a aportar valor agregado a las organizaciones, fungiendo como una unidad que debería existir más para contribuir al proceso de mejoramiento continuo que para estar en busca de errores o irregularidades cometidos en la organización. Se debe acotar que, si bien los aspectos financieros, son de importancia para las unidades de auditoría interna, no son los únicos puntos sobre los cuales se debe hacer énfasis, ni mucho menos, ya que también merecen interés otras áreas distintas a la financiera que deben considerarse dentro del ámbito de influencia de la función de auditoría interna.

Los interesados en la gestión de una empresa son muchos y de muy variada naturaleza, los cuales estarán preocupados por sus necesidades propias, pudiéndose identificar entre estos a los accionistas, trabajadores, el gobierno, los clientes, acreedores, entre otros, siendo las unidades de auditoría interna un actor que contribuye a que las sociedades se manejen en la dirección adecuada desde el punto de vista organizacional. Basta con dar un vistazo a los numerosos y graves escándalos corporativos de muchas empresas a nivel mundial producto de fraudes y desfalcos, para tener una idea de la importancia que cada vez más está tomando y seguirá teniendo la función de auditoría interna como agente regulador de la administración en las organizaciones, haciéndose énfasis en este trabajo respecto a la importancia que se le da a la misma en el ámbito académico universitario, así como su aplicación práctica y desarrollo en el entorno empresarial en Venezuela.

En primera instancia habría que enfatizar que quizás mucha gente se pregunta cuál es la diferencia entre un auditor interno y un externo, pensando probablemente una buena cantidad de personas que muchas de las labores de uno se entrelazan y no pareciese tener mayor distinción que el alcance del trabajo o de la emisión de un dictamen, entendiéndose que el externo hace un trabajo menos detallado que el interno y que usualmente éste último no emite informes para uso fuera de la empresa.

Si bien es cierto en oportunidades los auditores externos pueden trabajar en conjunto con los auditores internos, existen múltiples diferencias entre ambos, como es el caso de las orientaciones de sus funciones, naturaleza del trabajo, independencia profesional y los resultados esperados, por citar algunas, lo cual permite afirmar que si bien las disciplinas son de ámbitos profesionales afines, su ejercicio en la práctica es distinto.

Un símil sobre lo anteriormente acotado y que se podría extrapolar al área de la auditoría, es la comparación que se hace en la labor profesional de un abogado cuando su función es ser juez en un juicio y la de otro profesional de las ciencias jurídicas que hace las veces de abogado litigante. Seguramente, ambos, para graduarse en una facultad de Derecho, estudiaron las mismas asignaturas, y al concluir sus carreras obtuvieron sus títulos como abogados de la República, pero al tomar caminos distintos, uno como juez y otro como abogado en el libre ejercicio de su profesión, sus desarrollos profesionales y la perspectiva de la profesión ante la vida se asume desde ángulos diferentes.

Un juez debe ser necesariamente imparcial e independiente, para impartir justicia de manera adecuada. Siendo un abogado litigante, por otro lado, defensor de una causa particular, su labor estará parcializada en busca del beneficio de quien lo contrate. En el caso de la contaduría pública, siempre se ha percibido que la auditoría externa es el ejercicio profesional por excelencia de los contadores públicos independientes, y si bien lo es, no es el único ámbito de acción. El contador público, cuando hace una auditoría externa, tiene como finalidad principal emitir una opinión imparcial e independiente sobre los estados financieros de una empresa que lo contrate para tales fines, con el objeto de darle credibilidad a las cifras de los mismos, esto es, dar fe pública, pero un contador público que se gradúe en esta carrera también puede ejercer labores dentro de una empresa como contralor, tesorero, jefe de costos, encargado del área de presupuestos empresariales, etc., y, por supuesto, como auditor interno, siendo en todos estos casos clara su relación de dependencia con quien lo emplea.

El espectro de las funciones de auditoría interna dentro de una organización empresarial es más amplio que el de los auditores externos, porque además de la auditoría de los estados financieros, que es el principal ámbito de acción de los auditores externos, la unidad de auditoría interna abarca trabajos relacionados con auditorías administrativas, operacionales, de cumplimiento, e inclusive trabajos especiales por fraudes o desfalcos. De acuerdo con lo anterior, podría afirmarse, entonces, que las labores de auditoría interna pueden ser ejercidas por contadores públicos, y de hecho lo son, pero no necesariamente todos los auditores internos deben ser contadores públicos.

Como consecuencia de la cada vez más compleja y dinámica realidad de los negocios en un mundo tan globalizado como el actual, los mecanismos empresariales de control interno tienen una importancia preponderante en el éxito de la gestión de las organizaciones, y no cabe duda que la función de auditoría interna ejerce un papel de relevancia en este ámbito.

Como consecuencia, entre otras circunstancias, de los muy sonados y espectaculares fraudes corporativos a nivel mundial, las auditorías y revisiones de los controles internos en el presente no hacen tanto énfasis en aspectos cuantitativos y cifras como en el pasado, habiendo variado el enfoque hacia la revisión y evaluación de aspectos cualitativos, tales como la integridad de la gerencia, los valores éticos, la competencia profesional del personal o la filosofía de cómo hacer los negocios.

La revisión de los aspectos organizacionales blandos (soft) es tan o más importante en la actualidad que las variables más tangibles, verificables y constatables, como las cifras que se reflejan en los estados financieros producto de los activos que se compran, de las deudas que se contraen o de los bienes o servicios que se facturan, todo lo cual al final se verá reflejado en los estados financieros que emita la compañía.

En síntesis, la auditoría interna no debe verse exclusivamente como un mecanismo concreto de detección de fraudes o irregularidades en las organizaciones empresariales, sino como una herramienta coadyuvante para una mejor gestión de las compañías, especialidad en la cual aún pareciese faltar mucho camino por recorrer en Venezuela, tanto en el ambiente académico de la educación superior como en el desempeño de esta disciplina en los sectores empresariales, sea que la función de auditoría interna esté ubicada en el ramo de las grandes organizaciones corporativas o desarrolle su actividad en el sector de la pequeña y mediana empresa.

1. Conceptualizaciones

1.1. Noción general sobre la auditoría

La raíz etimológica del vocablo auditoría proviene del verbo latino audire, que significa ‘oír’. Esto se debe a que los primeros auditores realizaban su función calificando la verdad o falsedad de lo que les era sometido a su verificación, principalmente oyendo. En este sentido, Meigs et ál. (1983: 27) señalan que “el significado de la palabra ‘auditor’ era ‘el que escucha’, y era correcto en la era en que los registros contables del gobierno se aprobaban solamente después de una audiencia pública en la que las cuentas se leían en voz alta”.

Por ser quizás la auditoría financiera la de mayor data, el común de las personas piensa que cuando se habla de auditoría en primer término se está haciendo referencia a la revisión de hechos contables o numéricos, y si bien ello pudiese tener asidero, no necesariamente debe ser así. La teneduría de libros y la contabilidad, desde sus inicios históricos, fue practicada tan pronto como la civilización alcanzó un estadio en que comenzaron a efectuarse operaciones comerciales.

Desde la época medieval hasta la llegada de la Revolución Industrial, las auditorías que se realizaban tenían como motivación principal comprobar si los individuos que desempeñaban puestos de responsabilidad fiscal en los gobiernos o aquellos que ejercían actividades comerciales, se comportaban e informaban de forma honesta, circunstancias las cuales se acentuaron de manera muy importante con la entrada de la era industrial.

La Revolución Industrial (2011) fue un lapso histórico ubicado entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, en el que Gran Bretaña, en primer término, y luego el resto de Europa continental, experimentan el mayor conjunto de cambios socioeconómicos, tecnológicos y culturales de la historia de la humanidad hasta ese momento, habiendo sido la economía sustentada en el trabajo manual desplazada por otra, dominada por la manufactura y la industria, así como el progreso del comercio fue beneficiado por la mejora de las rutas de transportes de distinta naturaleza.

El desarrollo de nuevos modelos de maquinaria en las dos primeras décadas del siglo XIX posibilitó la manufactura en otras industrias y acrecentó también su producción, por lo que en la Revolución Industrial se amplía la cantidad de productos y se reduce el tiempo en el que estos se elaboran, dando así paso a la producción en serie, ya que se simplifican labores complicadas en múltiples operaciones sencillas, disminuyéndose de esta forma los costos de producción e incrementándose la cantidad de unidades fabricadas bajo el mismo costo fijo.

Por supuesto, el impacto de la Revolución Industrial cambió también la forma de controlar administrativamente los negocios. Señala Holmes (1979: 4) sobre la contabilidad y la auditoría lo siguiente: “en las postrimerías del siglo dieciocho algunos individuos se establecieron autonombrándose contadores públicos; comúnmente, eran poco más que copistas y escribientes. En el siglo diecinueve hizo su aparición el tenedor de libros experto”.

La información recopilada y resumida por el tenedor de libros experto, con el crecimiento exponencial de los negocios para la época, devino en la consolidación posterior de los auditores profesionistas, que en primera instancia tuvieron como función principal el descubrir transacciones fraudulentas y localizar errores en los informes elaborados por los contables. Si bien ello en primera instancia pudo haber sido cierto, con los cambios industriales y tecnológicos que han experimentado las organizaciones empresariales en nuestros días, la auditoría se ha convertido en un servicio que aporta el valor agregado de la credibilidad de la información, tanto internamente para los dueños de las empresas como para efectos de los terceros que depositan confianza en la razonabilidad de la actuación de la gerencia de la compañía, siempre y cuando la misma haya sido auditada.

En los tiempos que vivimos, los profesionales de la contabilidad y la auditoría han variado paulatinamente a través de los años sus actuaciones para amoldarse a los modernos sistemas de procesamiento electrónico de datos, formándose, educándose y adquiriendo destrezas del ambiente computacional, haciendo que esto ayude en la realización más expedita de muchas labores en estas disciplinas.

A medida que los aspectos rutinarios propios de la ejecución de la contabilidad y la auditoría se han agilizado, producto de la utilización de herramientas informáticas, el ejercicio de estas actividades ha tenido la posibilidad de perfeccionarse y de ampliar el alcance de las mismas.

A grandes rasgos, y según definición general dada por la Real Academia Española, la auditoría consiste en la revisión sistemática de una actividad o de una situación para evaluar el cumplimiento de las reglas o criterios objetivos a que aquellas deben someterse. En adición a lo anterior, la auditoría puede definirse, en términos un poco más específicos, como un proceso sistemático para conseguir y valorar de forma objetiva las evidencias referidas a información sobre actividades económicas y otros acontecimientos relacionados, cuyo propósito se fundamenta en establecer el grado de correlación del contenido informativo con las evidencias que le dieron origen, así como determinar si dicha información se ha preparado de acuerdo con los principios dispuestos para el caso.

Sobre la anterior definición resulta importante destacar lo atinente al proceso sistemático, queriendo esto significar que en toda auditoría debe existir una serie de procedimientos lógicos y organizados que el auditor debe observar, para la recopilación de la información que requiere para expresar su opinión final sobre el asunto examinado. Sin embargo, es necesario señalar que estos procedimientos variarán de acuerdo a las circunstancias y características que presente cada entidad, lo cual no significa que el auditor no deba dar cumplimiento a los estándares generales establecidos para el desempeño profesional.

Las auditorías pueden ser hechas para muy distintos fines y necesidades, y dependerá de ello la normativa profesional que deba ser aplicada. Por ejemplo, los auditores externos o independientes tienen como principal campo de acción el examen de estados financieros de una compañía con el objeto de emitir una opinión sobre la razonabilidad de los mismos, y a tales efectos existen unas Normas Internacionales de Auditoría desarrolladas y aprobadas por el Consejo de la Federación Internacional de Contadores (IFAC, por su sigla en inglés). Los auditores externos no son empleados de la empresa y prestan sus servicios bajo la figura de honorarios profesionales.

Por su parte, los auditores internos, al ser personal de la empresa y comportarse como unidades de apoyo dentro de las organizaciones a las cuales pertenecen, si bien también pueden hacer trabajos sobre asuntos financieros y contables, sus labores igualmente pueden ser dirigidas al estudio y evaluación de aspectos gerenciales u operativos de la compañía, con el objeto de proporcionar valor agregado y mejorar la funcionalidad dentro de una entidad.

La normativa por la cual se deben regir los auditores internos son las Normas Internacionales para el Ejercicio Profesional de la Auditoría Interna, normas que son emitidas por el Instituto de Auditores Internos (IIA, por su sigla en inglés).

1.2. Auditoría interna

En sus inicios, la auditoría interna dirigió sus labores principalmente hacia las áreas financieras y contables de las empresas, sin embargo, ello ha dado un importante vuelco desde ya hace un buen tiempo. Esta importante función en las organizaciones comprende el estudio y evaluación de un amplio espectro de actividades operacionales de muy diferente naturaleza, desarrollando una extensa gama de servicios de aseguramiento y de consulta.

Ciertamente, en los años recientes se ha presentado un considerable aumento en la cantidad de compañías que han instaurado la unidad de auditoría interna dentro de sus organizaciones, ello debido principalmente a la mayor complejidad de las actividades económicas, así como a un significativo despliegue de las compañías en su ámbito nacional e internacional.

The Institute of Internal Auditors (IIA), define a la auditoría interna como sigue:

“La auditoría interna es una actividad independiente y objetiva de aseguramiento y consulta, concebida para agregar valor y mejorar las operaciones de una organización. Ayuda a una organización a cumplir sus objetivos, aportando un enfoque sistemático y disciplinado para evaluar y mejorar la eficacia de los procesos de gestión de riesgos, control y gobierno”.

De esta definición interesa resaltar lo atinente a que la auditoría interna es una actividad independiente. Si bien es cierto los auditores internos por regla general son empleados de la compañía donde prestan sus servicios, a menos que esta actividad sea prestada vía outsourcing, dicha independencia se refiere a su libertad y autoridad para ejercer su labor dentro de la organización.

En este sentido la Declaración sobre Normas y Procedimientos de Auditoría número 5 emitida por la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela (1983), señala en el numeral 6.º del pronunciamiento lo siguiente: “la independencia se refiere a la capacidad de los auditores internos para llevar a cabo sus funciones sin ser influenciadas o restringidas por aquellos de quienes dependen administrativamente o a quienes están auditando”. Si la independencia de una función de auditoría interna es cierta, condición esta indispensable, la solidez de esta unidad se basará en los atributos y desempeño del departamento y de las personas que ejecuten el trabajo.

De acuerdo con las Normas Internacionales para el Ejercicio Profesional de la Auditoría Interna, las normas de atributos corresponden a las cualidades de las entidades e individuos que prestan servicios de auditoría interna, así como las normas de desempeño describen las actividades de auditoría interna y los criterios para medir su desempeño. Las normas de atributos y desempeño proporcionan los lineamientos respecto a todos los servicios de auditoría interna de aseguramiento y consultoría.

La unidad de auditoría interna es responsable de implantar procesos que proporcionen un aseguramiento razonable a las distintas partes interesadas en que la actividad de auditoría interna opere de forma eficiente y eficaz, y que sea percibida por aquellas partes interesadas como un factor que añade valor y mejora las operaciones de la entidad. Por su parte, la consultoría puede comprender un amplio abanico de actividades, que pueden ir desde trabajos formales definidos en convenios escritos, hasta actividades de muy variada naturaleza.

Muy sucintamente podría decirse que la auditoría interna dentro de una organización es una unidad que se encarga de regular los controles internos dentro de una empresa: es el control de los controles, pudiéndose sostener que el alcance de la auditoría interna abarca el examen y evaluación del sistema de control interno de una entidad respecto a si el mismo es idóneo y eficaz, siendo el control que funciona por medio del examen y valoración de lo adecuado y efectivo de otros controles.

2. La auditoría interna y su marco legal en Venezuela

En nuestro país el ejercicio de la actividad de auditoría externa o independiente es de exclusividad de aquellos profesionales con título de contadores públicos. La ley que rige el ejercicio de la contaduría pública (1973) contempla dentro de su articulado en el capítulo correspondiente al ejercicio profesional, los servicios por los cuales los contadores públicos pueden ser requeridos y están debidamente autorizados por ley.

En el artículo 7.º del precitado instrumento legal se presenta una lista de las actividades que pueden ser ejercidas por los licenciados en contaduría pública, haciéndose énfasis y dándole preeminencia a las labores de auditoría, examen y certificación de información de terceros, esto es, el ejercicio liberal de la profesión.

El origen y las motivaciones para una auditoría pueden ser de muy diversa naturaleza, bien sea que se vayan a examinar aspectos financieros, o el interés sea la evaluación de una gestión administrativa u operacional, e inclusive pudiendo ser el fin del trabajo detectar o descubrir fraudes o desfalcos. En este sentido, lo que interesa resaltar aquí es el porqué se debe hacer cada tipo de auditoría y quién puede realizar cada una de ellas. La razón básica para llevar a cabo una auditoría independiente es el requerimiento regulatorio de un aval externo respecto a que la información suministrada a los socios de la empresa y a la comunidad financiera en general posea una seguridad razonable en la cual se pueda confiar, debiendo ser esta labor solamente ejercida por contadores públicos.

Por otra parte, el trabajo de auditoría interna, en primera instancia y principalmente, está motivado por el empeño de la gerencia de poseer un recurso interno que oriente su atención en los procesos organizacionales y que promueva la eficacia y la eficiencia de las operaciones empresariales. Si bien labores de esta naturaleza pueden ser ejercidas por contadores públicos, ello no es considerado como ejercicio profesional, y a tales efectos el artículo 9.º de la Ley del Ejercicio de la Contaduría Pública preceptúa lo siguiente:

“No constituye ejercicio profesional de la contaduría pública el desempeño de las siguientes actividades: llevar libros y registros de contabilidad; formular balances de comprobación o estados financieros; actuar como auditor interno; preparar informes con fines internos; preparar e instaurar sistemas de contabilidad; revisar cuentas y métodos contables con el propósito de determinar la eficiencia de los mismos”.

Obsérvese que en el artículo que se cita, expresamente se señala que no constituye ejercicio profesional de los contadores públicos actuar como auditores internos. Lo anterior está sustentado esencialmente en que un auditor interno es un empleado de la empresa en la cual presta su labor, lo cual hace suponer que no es independiente ante los ojos de los terceros fuera de la organización por el trabajo que desempeña.

La Ley del ejercicio de la contaduría pública, como se dijo, le da importancia capital al ejercicio profesional independiente, y como tal queda enfatizado en el artículo 9.º de la misma.

Comoquiera que sea el asunto, sí podría afirmarse que para desempeñar labores de auditoría externa independiente, específicamente en el caso de la auditoría financiera, necesariamente se debe ser contador público, pero no todo auditor interno tiene porque ser contador público.

Un licenciado en contaduría pública puede prestar sus servicios como auditor interno, pero también pueden desempeñarse en funciones de auditoría interna profesionales de distintas ramas del saber, como podría ser el caso de administradores, economistas, abogados, ingenieros u otros cuya experticia técnica le pueda ser beneficiosa a la entidad que necesite de sus servicios.

La relevancia de la auditoría interna a nivel mundial ha tenido un importante repunte, entre otros aspectos, por legislaciones promulgadas para el control interno de las organizaciones empresariales en muchos países industrializados, ello principalmente como consecuencia de sonados escándalos financieros de grandes corporaciones, siendo una de ellas la conocida Ley Sarbanes & Oxley, sancionada en los Estados Unidos en el 2002.

Sobre esta ley y su relación con la auditoría interna se profundizará en el aparte 5.2 de este escrito, pero lo que interesa señalar ahora es que dicho instrumento legal fue creado para regular la actuación de las compañías de capital abierto que cotizan en el mercado público de valores, legislación que fue seguida en buena medida por muchos países de las denominadas economías desarrolladas. En el caso de Venezuela, instrumentos legales de naturaleza similar no existen para las empresas que cotizan en el medio bursátil, ello principalmente debido al muy escaso florecimiento de este mercado en el país.

De acuerdo a lo que se ha expresado, es clara la relevancia que tiene la función de auditoría interna en el ámbito de las organizaciones privadas; sin embargo, creemos necesario también hacer una mención de la misma en el sector público. En este sentido, precisa Grisanti (2009: 485):

“El enfoque de las auditorías internas que se realizan en entidades del Estado, es y debe ser diferente, a las auditorías de las compañías privadas, tanto por el marco legal que rige para los organismos gubernamentales, como por los fines económicos y sociales que persiguen este tipo de entidades”.

Sobre lo anterior habría que añadir que una empresa privada tiene como inicial y principal objetivo el fin de lucro, y es sobre ello que se apoyará para cumplir sus restantes objetivos, entre ellos la responsabilidad social corporativa. Un ente del Estado, por su parte, si bien también puede perseguir la generación de utilidades económicas, ello no será su principal norte, sino, en teoría, la satisfacción del bienestar público.

Las entidades pertenecientes a la administración pública en Venezuela están sujetas a un régimen legal y reglamentario que de por sí las hace distintas a las organizaciones privadas, y dicho marco legal, de acuerdo a la naturaleza de la actividad que se realice, regulará aspectos contables, financieros, presupuestarios y de control de las organizaciones adscritas al sector público.

Sobre este último punto —el control de las organizaciones—, la plataforma de regulación del sector público en el país tiene, por un lado, la existencia de un sistema de control interno cuya responsabilidad es de la Superintendencia de Auditoría Interna y, por el otro, un sistema de control externo, a cargo de la Contraloría General de la República, tal como se contempla en el artículo 5.º de la Ley Orgánica de la Administración Financiera del Sector Público (2008).

Comoquiera que este es un estudio de auditoría interna, lo que interesa resaltar aquí es lo atinente al control interno de los entes y organismos gubernamentales, que, como ya se dijo, es una responsabilidad final de la Superintendencia de Auditoría Interna. Esta superintendencia es un órgano del poder ejecutivo que debe concebir sus acciones en función de los objetivos de la planificación estatal y las políticas públicas, y así garantizar razonablemente la existencia de un sistema de control interno eficiente que, además de resguardar los bienes públicos y verificar la legalidad de los procesos, proporcione un flujo de información cierta, real y oportuna a las autoridades de cada ente, para introducir los correctivos necesarios durante la ejecución y lograr la continuidad de las acciones sobre la base de los resultados de cada ejercicio fiscal.

En síntesis, trátese de que la auditoría interna se lleve a cabo en un medio de empresa privada o de que dichas funciones se ejerzan en el ámbito de entidades gubernamentales, la misma es de capital importancia para propender a que el control interno de las organizaciones funcione de la mejor manera posible.

3. Situación de la auditoría interna en Venezuela

Para poder entender en toda su dimensión el estatus del estudio y de la práctica profesional de la auditoría interna en el país, es necesario examinar cuál es la importancia que se le da a la disciplina en las instituciones de educación superior, así como indagar en manos de quiénes descansa el ejercicio de esta importante función en las organizaciones empresariales. A continuación se muestran los principales aspectos a destacar sobre este particular en ambas esferas.

3.1. El estudio de la auditoría interna en las universidades

Si se hace una revisión de los planes de estudios de la carrera de contaduría pública en las universidades del país, se podrá ver que están diseñados en dirección al ejercicio independiente de la profesión, esto es, la auditoría externa, lo cual en primera instancia luce lógico. Sin embargo, no por ello se le deben cerrar los espacios a otras especialidades íntimamente ligadas con la contaduría pública, entre ellas, por supuesto, la auditoría interna.

A este respecto, ya se mencionó en este escrito que la ley del ejercicio de la carrera le da preeminencia a la actuación independiente de la contaduría pública, pero, repetimos, ello no debería influir de manera tan determinante a la hora de la confección de los programas universitarios de la carrera. Es menester señalar que se hace énfasis en la carrera de contaduría pública, porque al menos en el caso de Venezuela, cuando las organizaciones empresariales requieren personal para sus departamentos de auditoría interna, el perfil profesional de las ofertas de empleo mayoritariamente va dirigido hacia los contadores públicos.

Es de conocimiento general, dentro del medio de las personas que han estudiado la carrera de contaduría pública en las diversas universidades del país, que la materia de auditoría Interna no forma parte de la oferta regular en los planes de estudios, teniéndose la suerte a medias en algunas de ellas de que dicha materia se dicte como electiva.

Decimos “suerte a medias”, porque en esos casos, que son excepciones y no la regla, la asignatura de Auditoría Interna se dicta más por una inquietud propia del profesor que motoriza la idea y no como producto de un plan coordinado en el seno de las autoridades que rigen el destino de la carreras que se cursan para obtener la licenciatura como contador público en las instituciones de educación superior.

En cuanto a los estudios subsecuentes al pregrado, entiéndase posgrados, resulta lógico no encontrar ofertas de la especialidad de auditoría interna, como de hecho ocurre, en la esfera de las especializaciones o maestrías, ya que si difícilmente la materia se ve en algunas universidades en pregrado, y además como electiva, el resultado esperado es que no se siga profundizando en unos saberes cuyas bases no están bien sustentadas.

En los estudios de cuarto nivel en el ámbito de ciencias contables en Venezuela no se encuentra la mención de auditoría interna, aunque, es justo decirlo, la materia sí es dictada en algunas de las maestrías relacionadas con la contabilidad y la auditoría, lo cual al menos es un paso positivo en la dirección adecuada, aunque, en nuestro parecer, primero deberían fortalecerse las bases del pregrado, para luego pensar en profundizar en los estudios de postgrado.

Acerca de la necesidad académica del estudio de la auditoría interna, ya hace unos años atrás, en estudio adelantado al respecto por Grisanti (2005), se planteaba el interrogante respecto a la relación existente entre el nivel profesional de la auditoría interna en Venezuela y la importancia que se le daba a esta especialidad en los programas de estudio del subsistema de educación superior, habiéndose obtenido resultados poco satisfactorios al respecto, situación sobre la cual se podría afirmar, con suficientes elementos de juicio, que a la fecha el estudio y la investigación de la auditoría interna en las universidades venezolanas no está en la situación más conveniente.

El principal hallazgo del referido estudio, producto del trabajo de campo realizado, arrojó como resultado que ciertamente la formación académica formal en auditoría interna en las universidades era muy superficial, en el caso de que la hubiese, y que en muchas universidades, tanto públicas como privadas, la auditoría interna no era siquiera materia de estudio, circunstancia por demás preocupante, debido a la consecuencia directa que ello trae en la calidad de las personas que luego se emplearán en departamentos de auditoría interna de organizaciones que requieran de estos servicios especializados.

Al no existir una apropiada plataforma de educación formativa para la auditoría interna, tanto en pregrado como en posgrado, buena parte de la adecuada instrucción académica y profesional de las personas que se dedican a esta actividad queda en sus propias manos, a través de los cursos de extensión y de mejoramiento profesional que se pueden tomar, ya sea por iniciativa propia o por exigencias de adiestramiento de las empresas.

Lo anterior puede ser subsanado en parte si los practicantes de la especialidad dedicasen esfuerzos para tratar de obtener la reconocida titulación CIA (Certfied Internal Auditors), que es otorgada a nivel mundial por el Institute Internal Auditors, y cuyo programa es administrado en el país por el Instituto de Auditores Internos de Venezuela. Sin embargo, la tasa de CIA en relación a la cantidad de auditores internos que hay en el país es muy reducida.

Ciertamente pueden conseguirse, como de hecho ocurre, buenos auditores internos; sin embargo, debe insistirse que ello es más producto de un esfuerzo propio de la persona interesada en mejorar sus aptitudes y destrezas, aspectos que se verían potenciados si el auditor interno emprende dedicación en tratar de lograr la ya mencionada acreditación CIA.

En resumen, a nuestro entender, el proceso de formación de los auditores internos, al menos en Venezuela, está invertido, ya que primeramente se obtiene sobre la marcha en el ejercicio profesional la calificación en el área, y posteriormente, de acuerdo al esfuerzo personal e interés de los auditores internos prácticos, los mismos pueden llegar a mayores niveles de capacitación mediante los estudios de mejoramiento profesional que pudiesen tener a la mano, siendo el norte ideal la obtención de la certificación internacional que se otorga en la materia.

3.2. Ejercicio profesional de la auditoría interna en el país 

De acuerdo con lo descrito, pareciese que, desafortunadamente, el ejercicio de la especialidad de auditoría interna en Venezuela, al menos hasta el momento, ha sido desarrollado con marcados visos de empirismo, salvo las contadas excepciones de aquellos profesionales que por iniciativa propia han profundizado en el estudio de la auditoría interna con estándares de alta calidad, como serían los casos de aquellas personas que han podido lograr a la fecha certificaciones reconocidas en la materia. Debe entenderse, sin embargo, que esta situación debería cambiar en el corto y mediano plazo, debido al proceso indetenible de globalización de los negocios que se viene dando desde hace algunos años, y el cual se profundiza cada vez más.

La situación de la escasa educación formal en auditoría interna no es sin embargo exclusiva de Venezuela, y solo a título de referencia se puede citar un interesante trabajo que en este sentido publicó el Instituto Mexicano de Auditores Internos A.C. y el Instituto Mexicano de Contadores Públicos (2000), concerniente a la práctica profesional de la auditoría interna en México y Estados Unidos. Producto del estudio comparativo luego de un trabajo de campo aplicado a una muestra muy representativa de empresas en ambos países, se pudo determinar que un porcentaje cercano al 60% de las personas que laboran en departamentos de auditoría interna en Estados Unidos poseían certificaciones otorgadas por The Institute of Internal Auditors, mientras que en el caso de México, este porcentaje se sitúo en 1%, lo cual a todas luces muestra una brecha desproporcionada. Sobre este particular debe acotarse, como ya se ha mencionado, que la acreditación CIA es el título de mayor prestigio que se otorga a nivel mundial a los profesionistas de la auditoría interna.

En el mapa de la situación del ejercicio de la auditoría interna en el espectro empresarial en Venezuela, podrían identificarse dos claros segmentos. Por un lado, se tiene al sector que aglutina a las pequeñas y medianas empresas (Pymes), y por el otro, el de las grandes empresas o corporaciones.

Esta división se realiza debido a las claras diferencias intrínsecas desde el punto de vista organizacional y de control que tienen las pequeñas y medianas entidades, en las que principalmente los accionistas y la gerencia son de tipo familiar, encontrándose por su parte en las estructuras gerenciales de las grandes empresas definiciones organizativas y de funcionamiento bastante bien desarrolladas, al menos en teoría.

Como regla general, en el sector de la pequeña y mediana empresa las compañías no poseen una plataforma apropiada dentro de las entidades para implantar mecanismos de comprobación que sirvan para hacerle seguimiento al funcionamiento de la estructura organizacional desde el punto de vista de los controles internos.

Es claro que el pequeño y mediano empresario le ponen un mayor énfasis a los aspectos operativos de sus negocios, dejando en lugares subalternos los tópicos de control organizacional, al considerar los mismos en muchos casos como un mal necesario. No es aventurado sostener que un porcentaje representativo de las empresas de este sector no cuenta con unidades formales de control interno en sus instituciones destinadas a hacer las veces de auditoría interna o departamentos de control interno, lo cual es muestra del escaso interés que se tiene respecto a la “conciencia de control” en este tipo de compañías, quedando muchas veces esta responsabilidad en manos de las personas que ejecutan las labores contables.

Lo anterior es debido principalmente a que los dueños de este tipo de empresas solo toman en cuentan los aspectos de control interno cuando se presentan fraudes o desfalcos, y como ello necesariamente tiene que ver con aspectos y variables financieras, en estos casos lo más práctico y que pareciese más natural es acudir a un contador público.

La realidad en las grandes empresas respecto al desarrollo de la auditoría interna en comparación con las Pymes, si bien es mejor, tampoco es la ideal. La gran mayoría de las grandes compañías, por no decir todas, están sometidas a auditorías externas de sus estados financieros, realizadas por contadores públicos independientes. Y aunque esto es lo deseable para todas las organizaciones ubicadas dentro de este sector, ello no significa que no sea necesaria la existencia de una unidad o departamento de auditoría interna dentro de la entidad.

Los auditores externos, como parte de su trabajo, deben estudiar y evaluar el funcionamiento del control interno de la empresa examinada para fijar la naturaleza, el alcance y la oportunidad de las pruebas a realizar a los distintos rubros que conforman los estados financieros, pero no opinan sobre el funcionamiento del control interno, sino que lo hacen sobre las cifras que representan la información financiera de la compañía a una fecha y por un periodo determinado.

Por su parte, la labor de los auditores internos, según se encuentra en la definición del IIA, está orientada a apoyar a la organización en los procesos de gestión de gobierno, riesgos y controles, con el fin de que logre sus objetivos de negocio y ayudando a mejorar la eficiencia y eficacia de las operaciones. La auditoría interna cumple un rol evaluador dentro de estos procesos. De acuerdo a este enfoque, es necesario considerar que aunque los auditores internos deben estar alerta a la existencia de errores o irregularidades, no se puede circunscribir el servicio solo en estos aspectos, tal como lo hace un departamento de asuntos internos dentro de un organismo policial, debido a que esto no está en concordancia con la definición de auditoría interna emitida por el IIA.

La existencia de un competente departamento de auditoría interna en una organización contribuye en forma apreciable a darle un adecuado tono al ambiente y a la estructura de control interno de las empresas que tienen un departamento de este tipo. Un ejemplo de esta influencia se puede observar en la opinión mejorada del control interno que pueden tener los auditores independientes de una empresa cuando en la misma existe un departamento de auditoría interna, pudiéndose revisar a este respecto lo contemplado en la Norma Internacional de Auditoría 610 (2004), que desarrolla el punto concerniente a la Consideración del Trabajo de Auditoría Interna por parte de contadores públicos independientes.

En la normativa antes referida, entre otros aspectos, se contempla que, si la evaluación sobre la unidad de auditoría interna por parte de los auditores independientes es satisfactoria, podría haber una reducción en el alcance de los procedimientos de auditoría debido a la mayor confianza que se podría estar depositando en los controles internos de la empresa examinada, dependiendo ello, claro está, de si la auditoría interna es relevante para la evaluación del riesgo hecha por los auditores externos.

Ahora bien, con base en lo planteado, cabría preguntarse: ¿qué tipo de profesionales son los que forman parte de los departamentos de auditoría interna en las compañías que tienen estas estructuras? La práctica muestra que buena parte del personal que conforma los departamentos de auditoría interna tiene como principal aval haber laborado en firmas de contadores públicos independientes, esto es, son auditores externos, y si bien es claro que existen vasos comunicantes entre las auditorías externas e internas, la formación técnica así como la visión y perspectiva profesional son distintas.

Lo anteriormente señalado ha sido constatado en la práctica, y a ese respecto puede consultarse tanto el estudio ya antes citado del Instituto Mexicano de Auditores Internos A.C. y el Instituto Mexicano de Contadores Públicos (2000) como a Grisanti (2005), en los que, producto de los trabajos de campo realizados, se consiguieron porcentajes bastante superiores al 50% sobre este particular en ambos casos.

4. Acreditación internacional en auditoría interna

Para abordar el punto de las acreditaciones en auditoría interna es necesario hacer referencia a dos aspectos principales, a saber: el organismo que rige a nivel mundial la práctica profesional de la especialidad, así como las condiciones y características de la certificación que se expide con validez internacional para la auditoría interna.

4.1. The Institute of Internal Auditors (IIA)

El IIA es una asociación profesional internacional fundada en Nueva York en 1941, y cuya sede principal se encuentra ubicada en Altamonte Springs, Florida, Estados Unidos. El IIA es la voz global de la profesión de la auditoría interna, y busca cultivar, promover y difundir el conocimiento y la información vinculada con la auditoría interna y temas conexos, estableciendo y manteniendo altos estándares profesionales y éticos para los practicantes de esta especialidad, y que según información obtenida de la página web del IIA (www.globaliia.org), agrupa a más de 170.000 miembros a nivel mundial en 165 países.

En adición al Institute of Internal Auditors, debe mencionarse igualmente la existencia de la European Confederation of Institute of Internal Auditing (ECIIA), la cual es una institución radicada en Europa, dependiente del IIA, que tiene como misión fundamental fomentar y desarrollar el ejercicio de la auditoría interna en las naciones de ese continente.

Respecto a nuestra subregión, en 1995, fue concretada la creación de la Federación Latinoamericana de Auditoría Interna (FLAI), también adscrita al IIA, siendo esta una organización profesional que tiene como misión buscar la profesionalización de los auditores internos en América Latina. También persigue, entre sus objetivos principales, agrupar las organizaciones competentes y reconocidas de auditores internos de la región.

El IIA tiene entre sus principales actividades la emisión y publicación de las normas y pautas que rigen el ejercicio profesional de la auditoría interna, las cuales son conocidas como las Normas Internacionales para el Ejercicio Profesional de la Auditoría Interna (Niepai), siendo el objeto principal de dichas normas definir los fundamentos esenciales para la praxis de la auditoría interna, proveyendo un marco de referencia para desarrollar e impulsar actividades de auditoría interna con valor añadido, estableciendo las bases para evaluar el desempeño de la actividad, todo ello con el objeto de fomentar la mejora de las operaciones y procesos organizacionales.

Esta normativa internacional de auditoría comprende las Normas de Atributos, las Normas de Desempeño y las Normas de Implantación. Las de atributos se refieren a las cualidades de las entidades e individuos que prestan servicios de auditoría interna. Las de desempeño se centran en la descripción de las actividades de auditoría interna y en los criterios para medir su ejecución. Por su parte, las Normas de Implantación versan sobre la aplicación específica a trabajos concretos de aseguramiento, consultoría u otros. Las normas señaladas, más el Código de Ética emitido por el IIA, son guías de obligatorio cumplimiento dentro del marco para la práctica profesional de la auditoría interna a nivel mundial.

Es importante señalar asimismo que el IIA es considerado en el plano internacional como el líder en la práctica y el estudio de la auditoría interna, no solo por la normativa que emite con carácter y aceptación internacional, sino también por las distintas certificaciones profesionales otorgadas por este instituto que avalan acreditaciones de tipo clase mundial. Las certificaciones que controla y avala el IIA son: CIA, CCSA, CFSA y CGAP (por sus siglas en inglés). La primera de ellas, CIA, es la más antigua y de mayor renombre a nivel internacional, y se explicará en detalle en el aparte siguiente. Las otras titulaciones corresponden a certificaciones en autoevaluación de control (CCSA), en auditoría de servicios financieros (CFSA) y certificación profesional en auditoría gubernamental (CGAP).

4.2. Certified internal auditor (CIA)

CIA es una designación profesional para el auditor interno que significa auditor interno certificado, siendo un título de reconocimiento internacional que ha sido desarrollado por el IIA, existiendo a la fecha más de 65.000 personas que han logrado esta designación en todo el mundo, ubicándose el inicio de dicha certificación en la década de los años setenta del siglo pasado.

CIA es la única titulación técnica reconocida mundialmente que avala la capacidad e idoneidad de los auditores internos en el desempeño de esta disciplina, y es una magnífica oportunidad para profundizar en los conocimientos y destrezas requeridas para lograr una competente formación profesional. La obtención de la designación CIA se logra aprobando un riguroso examen que está subdividido en cuatro módulos o partes, las cuales pueden aprobarse en conjunto o individualmente, y al completarse las mismas se entrega el certificado y la cinta CIA, siendo el marco general del contenido del examen CIA como sigue:

Parte I: el rol de la actividad de auditoría interna en el gobierno, riesgo y control.

Parte II: realizar el trabajo de auditoría interna.

Parte III: análisis de negocios y tecnología de información.

Parte IV: habilidades de administración de negocios.

Cada parte de la certificación corresponde a una prueba de selección múltiple de un considerable número de preguntas, las cuales deben ser contestadas necesariamente dentro del lapso previamente establecido para ello, requiriéndose un alto porcentaje de interrogantes respondidos correctamente, de acuerdo a una tabulación determinada por el IIA, siendo los parámetros de éxito para la obtención de la aprobación del examen sumamente exigentes, todo lo cual contribuye al alto prestigio de esta certificación.

Durante el año 2011, el IIA acordó reducir la certificación de cuatro partes a tres, depurando y actualizando los tópicos a evaluar, previéndose que dicho cambio sea aplicable a mediados de 2013.

Estas pruebas son rendidas desde el año 2008 mediante exámenes basados en computadoras (CBT, por su sigla en inglés), las cuales son administradas por proveedores debidamente reconocidos en este tipo de gestiones.

Entre los requisitos exigidos para poder tener opción a presentar los exámenes CIA están la formación académica así como la experiencia profesional en el área de la auditoría interna. Respecto al primer punto, quienes deseen obtener la titulación CIA deben poseer un título de una institución universitaria reconocida, no siendo la experiencia laboral sustitutiva del grado universitario requerido. En cuanto a la experiencia profesional, los candidatos a la certificación deben poseer un mínimo de 24 meses de experiencia en auditoría interna o áreas equivalentes, pudiéndose aceptar como experiencia equivalente labores desempeñadas en las disciplinas de auditoría y evaluación, auditoría externa, cumplimiento y control interno o aseguramiento de calidad.

Debe señalarse adicionalmente que los auditores internos, luego de obtener la certificación, están obligados a satisfacer requerimientos de educación profesional continuada para mantenerla, lo cual debe reportarse al IIA con periodicidad de cada dos años luego de la obtención del título CIA, de acuerdo a parámetros establecidos por la institución.

Ciertamente, el certificado CIA contribuye de manera significativa con el profesional que obtiene el título, en la profundización de sus conocimientos en áreas tales como controles internos organizacionales, la tecnología de información, contabilidad y finanzas, entre otros. En síntesis, es un aval de la competencia y compromiso profesional.

5. La auditoría interna y su influencia en los controles gerenciales

5.1. Informe COSO

Los requerimientos para la instauración de convenientes controles internos en las estructuras empresariales no son recientes. En 1992, con adenda en 1994, en Estados Unidos, fue elaborado y publicado por un comité de organizaciones patrocinadoras un documento sobre el control interno, mejor conocido como Informe COSO (Committee of Sponsoring Organizations of the Treadway Commission). Dicho informe es una guía para la aplicación y seguimiento de los controles internos por parte de las grandes organizaciones en dicho país.

Sobre este modelo de control interno señala Mantilla (2005: 13), en una traducción del Informe COSO: “el control interno consta de cinco componentes interrelacionados, los cuales son inherentes a la forma como la administración maneja la empresa. Los componentes están ligados, y sirven como criterio para determinar cuándo el sistema es objetivo”. Los componentes que señala Mantilla del control interno son: ambiente de control, valoración de riesgo, actividades de control, información y comunicación y monitoreo.

A raíz de los graves escándalos y fraudes empresariales acontecidos al inicio del siglo XXI, el Comité Interdisciplinario que produjo el Informe COSO constituyó, conjuntamente con la prestigiosa firma de contadores públicos independientes Price Waterhouse Coopers & Co., un consejo consultor para revaluar con base en los resultados, la emisión de una nueva propuesta de estructura conceptual de control interno.

De acuerdo a lo anterior, para el año 2004 se produjo un documento identificado como Enterprise Risk Managament (ERM por su sigla en inglés), el cual también es conocido como COSO II, modelo este que le da preponderancia a la administración de riesgos empresariales.

El ERM, en síntesis, integró el marco conceptual del control interno (COSO I), con la gestión de riesgos empresariales (COSO II), ampliándose los componentes del modelo ERM de cinco elementos a ocho, a saber: ambiente interno, establecimiento de objetivos, identificación de eventos, valoración de riesgos, respuesta al riesgo, actividades de control, información y comunicación, y monitoreo.

Sobre lo anterior debe enfatizarse que el ERM no es un proceso en serie en el que un elemento influye exclusivamente en el siguiente, sino que es un modelo multi e interfactorial, dinámico e interdependiente.

Como se ha señalado, si bien tanto el COSO I como el ERM son modelos de gestión de los controles internos organizacionales producidos en los Estados Unidos, los mismos han sido conocidos y aplicados ampliamente más allá de sus fronteras, y por supuesto importantes grupos empresariales en Venezuela, al igual que en Latinoamérica, han estudiado y aplicado dichos modelos en el seno de sus organizaciones, ya que los mismos son un patrón de tecnología empresarial con altos estándares de calidad.

Con base en todo lo anterior, resulta importante resaltar el papel que debe ejercer la función de auditoría interna en la evaluación de los controles internos, y muy especialmente en lo referente a la gestión de riesgo empresarial, punto sobre el cual Estupiñán (2006) precisa que el auditor interno debe obtener un entendimiento de las expectativas del riesgo en general de la empresa, coordinando entre los distintos grupos y personas que tengan un rol importante en ese proceso, en cuanto a las responsabilidades y actividades relacionadas con el riesgo, las cuales deberían estar establecidas en los planes estratégicos de la entidad.

En este sentido, debe señalarse que las normas internacionales para la práctica de la auditoría interna establecen un conjunto de reglas dirigidas al manejo de la metodología de la gestión de riesgos empresariales, con el objeto de evaluar y mejorar la eficacia de los procesos empresariales del control y gobernanza corporativa, debiéndose dejar claro que aunque, como se ha mencionado anteriormente, la auditoría interna funge como una unidad evaluadora del funcionamiento de los controles internos de una organización, la administración del riesgo empresarial es una responsabilidad clave de la junta directiva y de la alta gerencia de la compañía.

5.2. Ley Sarbanes & Oxley

La Ley Sarbanes & Oxley es un instrumento legal paradigmático respecto al control de las organizaciones de capital abierto que surgió en Estados Unidos, pero que tuvo y tiene una trascendencia globalizada, sosteniendo en este sentido Galindo y Mir (2007) que las medidas encaminadas a reforzar el funcionamiento de los mercados financieros desde el ámbito legal tienen como protagonista principal la mencionada Ley Sarbanes & Oxley, como precursora de un conjunto de actuaciones que tienen repercusión internacional, dado su marcado carácter extraterritorial.

La Ley Sabarnes & Oxley, promulgada en el año 2002 por el Congreso norteamericano, es conocida así por el nombre de sus dos ponentes, Paul Sarbanes, senador demócrata, y Michael Oxley, representante republicano.

Se dice que su repercusión es internacional, debido a que todas aquellas compañías estadounidenses de capital abierto reguladas por la Comisión Nacional de Valores de Estados Unidos, muchas de ellas trasnacionales con sede en varios países alrededor del mundo, están obligadas a seguir los parámetros establecidos por este instrumento legal.

La Ley Sarbanes & Oxley desarrolla varios aspectos de distinta naturaleza, entre los cuales merece destacar la creación de una junta supervisora de contabilidad pública, la emisión de reglas de independencia de los auditores, normativa sobre la responsabilidad corporativa, parámetros para la mejora en la calidad de la información pública así como el establecimiento de un fuerte régimen sancionatorio. De lo acabado de acotar, uno de los sobresalientes aspectos a resaltar es la sección 404 de la ley, sobre la cual Castro (2004: 14) indica lo que sigue:

“Una de las principales modificaciones al control interno de acuerdo con la sección 404 de la Ley Sarbanes-Oxley, es la que exige a los auditores certificar los resultados no solo financieros sino también los procesos por los cuales los estados financieros son determinados. La ley obliga a una auditoría formal que incluya la documentación, las pruebas y la certificación de los controles internos de la compañía”.

Como se puede leer en la cita anterior, el énfasis de los requerimientos de información auditada no solo se hace sobre los aspectos cuantitativos, esto es, las cifras de los estados financieros, sino que también se exige una evaluación cualitativa referida al funcionamiento de los controles internos de la empresa. Sobre este particular, la firma de contadores públicos que esté auditando a la compañía bajo revisión deberá refrendar e informar sobre la evaluación del control interno hecha por la gerencia, indicando la responsabilidad de esta en el establecimiento y mantenimiento de una adecuada estructura del mismo.

La evaluación del control interno financiero deberá ser valorada, documentada y certificada por la alta gerencia de la empresa, y, como se señaló, auditada por el contador público independiente. El informe del control interno emitido por la gerencia deberá declarar la responsabilidad de la misma, identificar la red de controles, indicando las debilidades importantes, si las hubiese, y hacer una evaluación de su efectividad.

Ciertamente, la responsabilidad por el funcionamiento de los controles internos es de la alta gerencia corporativa, y será esta quien produzca el informe sobre el funcionamiento de los mismos para que sea evaluado por los auditores externos, pero la importancia y presencia de la auditoría interna en las organizaciones regidas por los parámetros de la Ley Sarbanes & Oxley es vital, ya que una unidad de auditores internos bien calificada profesionalmente, preferiblemente con titulación CIA, en buena medida ayudarán a darle un adecuado tono a la organización en lo atinente al funcionamiento de los controles internos organizacionales, trasmitiendo y permeando a través de toda la estructura de la empresa, tanto horizontal como verticalmente, convenientes comportamientos y reglas de juego institucionales que contribuirán en el desarrollo de una adecuado ambiente de control organizacional.

Conclusiones y reflexiones finales

Los problemas relacionados con el adecuado funcionamiento del control interno en las compañías han sido y son una inquietud preponderante de las gerencias de las organizaciones, y dicha preocupación es extensible a todos aquellos que de una manera u otra se han visto afectados por la ocurrencia de importantes fraudes empresariales, como serían los accionistas, trabajadores, inversionistas, bancos, organismos reguladores gubernamentales, entre otros.

En este sentido, es clara la importancia que juega la auditoría interna en los procesos de evaluación y seguimiento de los controles internos, aspecto en el cual se enfatizó en el desarrollo de este escrito. Como síntesis de lo expuesto en este trabajo, podrían resaltarse los siguientes puntos:

— Al menos en el caso de Venezuela, situación que quizás se pueda repetir en algunos otros países latinoamericanos, una parte importante del ejercicio profesional de la auditoría interna es ejercida por personas que no tienen la debida formación académica en el área.

— En las carreras universitarias impartidas en las instituciones de educación superior del país relacionadas con las áreas de administración, contabilidad y finanzas la presencia en los programas de estudio de asignaturas vinculadas con la auditoría interna es muy escasa, por no decir inexistente.

— En la práctica, el ejercicio profesional de la auditoría interna es absorbido por contadores públicos, buena parte de ellos con experiencia previa en auditoría externa. La auditoría interna bien puede ser desarrollada por contadores públicos independientes, pero no es un nicho exclusivo de ellos, debido a que otros profesionales de distintas disciplinas perfectamente pueden hacer las veces de auditores internos como consecuencia de la multiplicidad de aspectos que abarcan las entidades empresariales.

— El Institute of Internal Auditors, con sede principal en Estados Unidos y con presencia en más de 160 países, como institución que dicta las pautas en el plano internacional para la práctica profesional de la auditoría interna, debe ser guía para elevar el nivel profesional de quienes ejerzan en esta especialidad. La obtención de la titulación CIA otorgada por el IIA debería ser una aspiración de todo auditor interno que desee alcanzar altos estándares de calidad.

— Debido al enfoque e importancia que se le da cada vez más a la administración de riesgos empresariales, el papel no solo que tiene la función de auditoría en las estructuras organizacionales será cada vez más relevante. Tal como lo establece el IIA, la auditoría interna es una actividad de consultoría y aseguramiento, independiente y objetiva, orientada por la premisa de añadir valor con la finalidad principal de mejorar las operaciones de la organización.

— Por último, como apreciación final, debe dejarse claro que la auditoría interna y la externa son dos profesiones distintas, muy importantes ambas, y que cada una ofrece gran valor a las organizaciones empresariales y partes interesadas.

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