El FMI y su relación con los bancos privados: ¿banca sin riesgos?

Revista Nº 5 Oct.-Dic. 2004

por Janet Dine 

1. Introducción(1) 

Resulta extraño que en el “debate sobre la globalización” las empresas multinacionales están al frente de la discusión pero, al mismo tiempo, algunas de las más grandes tienden a evadir el escrutinio. La atención se enfoca sobre las compañías manufactureras de bienes tangibles que terminan en manos de los consumidores. Estas operaciones le dan un mayor velo de invisibilidad a los movimientos de los grandes bancos.

Así, a pesar de que el total de los activos de los cinco bancos principales del mundo se encuentran estimados en 4.807.294 millones de dólares(2), sus actividades frecuentemente han abandonado la agenda de la globalización. Sin embargo, la manera como la arquitectura financiera mundial ha manejado las recientes crisis ha llevado en varias oportunidades a que los bancos reciban grandes utilidades manejando riesgos muy bajos, lo que ocurre en parte por las soluciones brindadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Underhill y Zhang ven el crecimiento de las multinacionales como una amenaza a la legitimidad política doméstica al debilitar la autoridad de los Estados por encima de la macroeconomía y de la política social y al ser significativo en la formulación de la política económica doméstica. A su juicio, “la integración con estructuras financieras globales ha fortalecido la posición de los actores del mercado privado por encima de la autoridad pública. Actores privados poderosos han llegado a dominar la formulación de políticas económicas nacionales, que en su idea de extraer beneficios de la integración global, tienden a servir los intereses de los agentes del mercado”(3).

Sin embargo, el FMI ha sido, con razón, altamente vituperado por la condicionalidad de sus políticas, al exigir grandes reducciones en la prestación de servicios sociales a cambio de sus préstamos(4), lo que está por fuera de los propósitos financieros que alguna vez persiguió. Estas exigencias han sido severamente cuestionadas, al igual que el efecto que las decisiones recientemente tomadas sobre ajuste estructural han tenido sobre los más pobres en los países acreedores.

Según Stiglitz, “el FMI persigue no solamente los objetivos establecidos en su mandato original de apoyar la estabilidad global y asegurar que haya fondos para aquellos países que enfrentan una amenaza de recesión al seguir políticas expansionistas. Está también persiguiendo los intereses de la comunidad financiera (...). La ideología simplista de un mercado libre permitió crear la cortina detrás de la cual los mercados reales del nuevo mandato pueden transarse. El cambio en mandato y objetivo, aunque aparentemente silencioso no fue sutil: pasó de servir intereses económicos globales a servir los intereses de las finanzas globales(5). La liberación del mercado de capitales puede no haber contribuido a la estabilidad económica global pero sí abrió un vasto número de nuevos mercados para Wall Street”(6).

Este nuevo análisis del FMI se refiere en parte a las políticas “bail-out”(7) que ha perseguido. Todo con el argumento de que apoya préstamos en áreas de riesgo a bajo precio, porque es de todos conocido que el organismo tiene como función apoyar la moneda del país en cuestión, cuando hay amenaza de crisis.

Eichengreen y Ruhl describen el riesgo moral así: “Se alega que los inversionistas han podido escapar a los costos financieros de las crisis mediante la extensión de los préstamos internacionales de rescate. Estas fianzas —como son descritas por sus detractores— permiten a los gobiernos contar con los fondos requeridos para pagar a sus acreedores, que a su vez pueden salir del país sin sufrir pérdidas. Al no estar sometidos a los costos de las crisis, los investigadores no toman en cuenta los riesgos al prestar y la consecuente falta de disciplina de mercado permite a los gobiernos alistarse para una caída dolorosa”(8).

El argumento respecto a que el FMI se encuentra al servicio de las finanzas internacionales nace básicamente de su insistencia respecto de la liberalización, en particular de la cuenta de capital. Con ello la entidad busca permitir la circulación de flujos de capital de una manera libre alrededor del mundo. Sin embargo, aunque esto puede resultar beneficioso para la comunidad financiera, no necesariamente es bueno para los países en desarrollo. “El coctel de flujos libres de capital, las tasas de cambio flotantes, la liberalización financiera doméstica en los países del G3 y las innovaciones no reguladas en instrumentos e instituciones financieros, como los derivados y los fondos de salvaguardias, han aumentado dramáticamente la inestabilidad financiera después del colapso del estándar oro-dólar”(9).

La inestabilidad resulta de un sistema de liberalización basada en presunciones neoclásicas, incluyendo los flujos perfectos de información. “Si se pregunta cuál de las presunciones neoclásicas se aplica de tal manera que permita el desarrollo de las crisis —financieras—, sería la estructura de la información sobre cuya base se toman las decisiones de préstamo. Más allá de la decisión de cada inversionista individual, sus expectativas sobre la base de sus estimados de lo fundamental, los inversionistas toman sus decisiones sobre la base de que se espera que hagan los demás, lo que resulta en un comportamiento masivo”(10).

Esta apreciación se basa en el “análisis del concurso de belleza” de Keynes, que se refiere a un juego que apareció en un diario del Reino Unido en los años 30, en el cual se solicitaba a los lectores analizar unas fotos y decidir cuáles mujeres serían juzgadas como las más hermosas por todos los lectores. “En otras palabras, los lectores no ganaban por dar su opinión personal sobre la belleza de las mujeres, ni siquiera por analizar cuál sería la personal de otros, sino por adivinar lo que los demás, en promedio, creían que era la opinión generalizada. En los mercados financieros un trader no apostaría a un precio con base en sus propias creencias sobre el valor fundamental, sino de acuerdo con lo que según su análisis puede ser la opinión promedio del valor del activo. La analogía del concurso de belleza permite entender por qué los participantes del mercado tienden a meterse en un comportamiento de rebaño y por qué las valoraciones del mercado están sujetas a cambios súbitos en el ‘sentimiento del mercado”(11).

Por su parte, Underhill y Zhang señalan que “más de 70 crisis financieras y monetarias de proporciones y características diferentes han ocurrido, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo durante las dos últimas décadas”(12). Según afirman los autores, “un antecedente común a estos desarrollos es (...) el proceso intenso de liberación financiera global e integración (...). En la medida que las crisis financieras se han vuelto más frecuentes y severas en las últimas dos décadas, ha surgido el cuestionamiento acerca de si la cada vez mayor frecuencia y severidad de las crisis está relacionada con la emergencia de un orden financiero liberal y transnacional”(13).

Mientras que las políticas internas juegan un importante papel en las crisis financieras nacionales, muchos estudios muestran que existen otros dos factores que influyen en gran medida. El primero es el papel de los especuladores y el segundo es el “capitalismo anquilosado a escala global y que se presenta en el apalancamiento del FMI a Wall Street”(14). Las oportunidades para los especuladores aumentan cada vez que se abren los mercados, tal y como lo hacen las oportunidades para los bancos multinacionales más poderosos.

El papel del “bail-out” se discute más adelante. No obstante, se debe decir que una vez pasada la crisis asiática de 1997 una buena cantidad de informes buscaron identificar los casos fuente(15). Es así como la historia identificó dos interpretaciones diferentes: (i) una explicación interna que buscaba culpar a los gobiernos que sufrían las crisis y (ii) un argumento externo que se enfocaba en los mercados financieros internacionales(16). Es importante tener en cuenta que el FMI tiene la posibilidad de formular una explicación conveniente para eximirse de su culpa.

Uno de los postulantes clásicos al respecto es Moore: “La mayor responsabilidad por estos colapsos —Asia 1997, Argentina 2002— se encuentra en los legisladores de políticas domésticas, por supuesto”. No obstante admite en el mismo párrafo que la propia magnitud de los flujos monetarios crea fuerzas tan grandes “que solamente pueden ser resistidas por las naciones más poderosas”(17). La explicación interna de la crisis asiática ve la causa del colapso “en la conexión cercana establecida entre los países por políticas y sistemas financieros centrados en los bancos”.

Los Estados proveyeron garantías implícitas a estas entidades, lo que les permitió prestar dinero únicamente a las sociedades que tenían buenas conexiones políticas. En la medida en que se aliviaron los controles de capital, los acreedores extranjeros prestaron a las entidades financieras y los créditos explotaron, a pesar de las múltiples señales de alerta que se presentaron en junio de 1997. Externamente, el influjo de capital a los países del Este asiático fue estimulado por las tasas de interés cercanas a cero, que prevalecieron en un Japón moribundo, así como por el continuo pesimismo del inversionista sobre prospectos de negocios en Europa.

El consumo y las importaciones crecieron, en la medida que bajaron los volúmenes de exportación. Con el movimiento acelerado de China hacia los mercados mundiales, los inversionistas extranjeros cambiaron su atención a las oportunidades en el continente, de manera que la dependencia de la balanza de pagos de Asia del Este en flujos de capital de corto término aumentó. Cuando la alarma tailandesa sonó, los inversionistas alertados retornaron rápidamente de una moneda a la otra(18).

Como se verá, la explicación externalista se enfoca más claramente en la inestabilidad inherente de la liberalización seguida por el comportamiento grupal(19).

Hoy en día los economistas identifican tres tipos de crisis monetarias(20). “Las crisis de primera generación, como la mexicana de 1982, involucran déficits presupuestales excesivos que llevan a déficits insostenibles de cuenta corriente, terminación de las reservas y finalmente a la devaluación. El culpable aquí es claramente el gobierno nacional”(21).

Las de segunda generación se causan por dificultades macroeconómicas temporales a las que se puede responder de dos maneras diferentes o manteniendo tasas fijas de interés e incurriendo en pérdidas a corto término de output y empleo o por la devaluación y decrecimiento de las tasas de interés(22). “Ambas soluciones tienen sentido dependiendo del desarrollo de la estrategia de desarrollo gubernamental y las prioridades. Pero los mercados financieros pueden apostarle a una respuesta (...). La especulación obliga entonces al gobierno a incrementar las tasas a límites por encima de lo que de otro modo sería necesario, lo cual aumenta el costo de mantener tasas de cambio fijas. Con el tiempo el gobierno es llevado a devaluar contra su deseo, lo que genera utilidades para los especuladores con éxito. En este escenario el gobierno es la víctima y los especuladores los villanos”(23).

No se deben olvidar dos cosas. En primer lugar, es muy difícil distinguir entre “especulación” y “aprovechamiento”, donde puede ocurrir que los bancos, como la mayoría de las entidades financieras poderosas, estén involucrados en ambos. También se tiene que recordar el análisis de la creciente volatilidad financiera. Estas dos situaciones hacen necesario que los especuladores creen herramientas de derivados y que fluyan libremente las finanzas en el mundo, lo cual se constituye como un dogma de fe gracias al “consenso de Washington”.

Por su parte, las crisis de tercera generación involucran la banca gemela y las crisis financieras(24). “Inicialmente fueron atribuidas a una legislación y supervisión incipientes y a una política económica pobre que culpaba una vez más a los gobiernos nacionales y a su anquilosada clientela capitalista (...). Hoy día se reconoce que las crisis de tercera generación son más complejas y pueden incluir varios efectos de equilibrio múltiple y que se originan desde el exterior debido a los efectos de contagio o porque involucran capitalismo anquilosado en un contexto global, mediante la garantía que le da el FMI a Wall Street”(25).

El “efecto bail-out”se analizará más adelante, al igual que las políticas del FMI y la respuesta del sector bancario, que será examinada en orden cronológico desde la liberación hasta la crisis por la imposición del ajuste estructural. En este punto es importante señalar la causa multifactorial de las crisis de tercera generación, que incluye políticas macroeconómicas de los países del G3.

Reinhart y Reinhart asocian las crisis monetarias con la volatilidad de las tasas de cambio del G3(26). Otros estudios las relacionan con los aumentos en el interés del dólar(27). Sin embargo, al analizar la crisis del Este de Asia, Stiglitz afirma: “En retrospectiva resulta claro que las políticas del FMI no solamente exacerban las bajas pero también son responsables por iniciar una liberación financiera rápida del mercado de capitales que fue probablemente la causa más importante de la crisis, aunque las políticas erradas de parte de los mismos países jugó un papel adicional”(28). La más significativa de estas políticas es la liberación de los flujos de capital.

2. Liberalización

De acuerdo con Jagdish Bhagwati: “Una densa red de luminarias de pensamiento similar en las instituciones poderosas —Wall Street, el Departamento del Tesoro, el Departamento de Estado, el FMI, el Banco Mundial— han hecho suyos los argumentos favorables sobre los que tiene el libre comercio sobre los mercados y lo han aplicado para promover la movilidad del mercado libre en todas partes”(29). Asumir la liberación de los mercados de capital y la aceptación de flujos de capital resulta difícil de comprender sin entender el papel fundamental del FMI en la acreditación del crédito.

En efecto, la entidad tiene el poder de alterar las políticas domésticas de los Estados, al sugerir simplemente que la calificación del crédito de un país debe bajarse, lo que trae consigo la imposibilidad de acceder a un crédito de cualquier especie o por lo menos haciéndolo demasiado costoso. Mientras un país puede preferir controles al crédito limitados, es improbable que pueda desear alejarse definitivamente de tener acceso al crédito. Es así como se vuelve entonces claro cuál es el poder del FMI.

¿Por qué entonces el FMI insiste en la liberalización del mercado de capitales? Según Stiglitz, la presión que ejerce este organismo hacia esa apertura se inició con el argumento de que apoyaría la estabilidad económica al diversificar las fuentes de fondos, el aumento de la eficiencia al desmontar los controles de capital ineficaces, así como en la creencia en la gran eficiencia de los mercados y la ineficiencia de los controles gubernamentales sobre las actividades del mercado(30).

En su opinión, estos argumentos resultan falsos sobre la base de que es claro que la liberalización disminuye la estabilidad global, que los controles de capital utilizados adecuadamente pueden evitar que los “dineros calientes” lleguen rápidamente a un país en los momentos de prosperidad, para llevarlo a la recesión y, adicionalmente, a que la intervención gubernamental sensata en los mercados pueda proteger las industrias locales frágiles hasta que estén listas para competir globalmente. El Banco Mundial está de acuerdo en que los ingresos de capital pueden tener un efecto negativo al crear una mayor volatilidad, pero también afirma que existen tres beneficios potenciales: (i) permiten la financiación de los déficits comerciales, facilitando a los países invertir más de lo que ahorran y así acumular capital más rápidamente; (ii) toleran la importación de tecnología, lo que resulta esencial en la construcción de una capacidad productiva y (iii) pueden mejorar el trabajo del sector financiero(31).

El apoyo a la liberalización se basa en la creencia de que los beneficios son mayores que el efecto del aumento de la volatilidad. Oxfam identifica otra gran desventaja de los flujos de capital, “los pagos de intereses y la repatriación de utilidades puede llevar a una sequía insostenible de los recursos de un país”(32). Aunque discutida en un contexto diferente, la disminución de la evasión de impuestos es señalada por Oxfam como un mecanismo que cuesta a los países en desarrollo unos 15 mil millones de dólares por año(33). Aunque la relación entre tarifas bajas de impuestos y la liberalización del capital no se puede evidenciar(34), “la liberalización de capital se relaciona probablemente con la capacidad administrativa para cobrar impuestos sobre capital, lo que es difícil de controlar en las regresiones econométricas” y “la evasión de impuestos internacional sería simplemente imposible bajo un control internacional estricto de los flujos de capital”(35).

Contrario al punto de vista de Stiglitz, ¿Será cierto que los beneficios son mayores que las desventajas? Una revisión profunda de la literatura hecha por Oxfam de los estudios que buscan medir el efecto a largo plazo de los flujos de capital sobre la inversión concluye: “Los análisis empíricos resumidos en esta sección dejan al lector con una sensación de confusión. En décadas pasadas, la liberalización de las cuentas de capital puede haber tenido en promedio un efecto positivo causal en el crecimiento —o probablemente no (...)—. La falta de una relación fuerte entre los flujos de capital y el crecimiento, junto con una relación débil entre la liberalización de la cuenta de capital y los flujos del mismo, presenta algunas dudas sobre la causalidad de la relación entre la liberalización de la base de capital y el crecimiento”(36).

Hay dos asuntos importantes aquí: los flujos de capital y la liberalización de la cuenta de capital. Los estudios muestran que no existe una prueba “causal” de que los flujos de capital aumenten el crecimiento, ni existe una fuerte evidencia acerca de que la liberalización de la cuenta aumente los flujos de capital. Muchos de los ensayos para medir los efectos identifican una relación más que una causación y, por lo tanto, llevan a sospechas, ya que las variables relevantes que afectan el crecimiento se pueden omitir.

La escogencia del país puede también ser significativa, ya que otros estudios evidencian que “el éxito trae éxito” y que el capital se siente atraído por economías en crecimiento. El único resultado claro es que la política de “una talla única” resulta ineficiente, por cuanto el efecto del flujo de capital depende críticamente de factores individuales dentro del país en cuestión, incluyendo una “capacidad de absorción” adecuada. Particularmente, puede ocurrir que “un cierto umbral de desarrollo requiera ser alcanzado antes que la liberalización pueda resultar beneficiosa”(37).

Si el efecto general tanto en los flujos de capital como en la liberalización de los mismos se pone en duda, puede resultar útil considerar los beneficios y desventajas estudiados individualmente. Se recordará que el primer beneficio identificado por el Banco Mundial fue el de conseguir un aumento en la inversión, logrando una acumulación de capital.

Según la entidad, un aumento en los flujos de capital privado equivalente a un 1% del PIB ha acrecentado la inversión local en un 0.72% del PIB en promedio en el Sur, durante las últimas tres décadas(38). Sin embargo, esta tendencia se debilitó considerablemente en los 90, en comparación con los 70 y 80(39), debido al aumento de las fusiones y adquisiciones derivadas de programas de privatización, así como la significativa salida de capital que ocurrió simultáneamente(40).

Aunque resulta claro que los aumentos en inversión ocurren, lo hacen de manera diferente según el país. Si bien las razones para ello no son claras, el Banco Mundial encuentra alguna evidencia de que la “capacidad de absorción” de la inversión extranjera directa aumenta con una mejor educación y con el impacto de la deuda a corto plazo sobre los aumentos de inversión con estabilidad política(41).

En un estudio efectuado en aproximadamente 100 países, Rodrik no encontró una relación entre las cuentas de capital abiertas y el comportamiento económico a largo plazo, una vez los otros determinantes del crecimiento son controlados(42). Por su parte, Stiglitz afirma que la inestabilidad tiene un efecto negativo en el crecimiento económico(43). Igualmente, los estudios realizados por Quinn, Klein y Olivei parecen encontrar una asociación positiva y estadísticamente significativa entre la apertura financiera internacional y el crecimiento financiero a largo plazo(44).

Mientras tanto, Williamson se pregunta: “¿Serán resultados en conflicto o será posible reconciliarlos? (...). Los primeros tres estudios —que no hallaron ningún impacto— utilizan una variable que mide si la cuenta de capital fue abierta o cerrada, mientras que Quinnand Olivei buscó construir una medida del grado en que la cuenta de capital se abrió (...). Hoy en día la mayoría de los países liberalizaron la inversión extranjera directa (IED) relativamente temprano y la mayoría también liberó el capital a largo plazo antes que el de corto plazo (...) por ello tenemos fuertes razones para creer que la liberalización de la IED, la existencia de un portafolio de inversiones y otros capitales a largo plazo deberían beneficiar el crecimiento, esto es lo que normalmente se llama el último paso —en la apertura a un número ilimitado de flujos de dinero a corto plazo— problemático”(45).

Williamson concluye, por lo tanto, que los estudios muestran que la apertura a capital de largo plazo es útil, mientras que la exposición a la movilidad del capital a corto plazo es dañina. Adicionalmente, se debe tener en cuenta que los estudios de Quinn, Klen y Olivei incluían países desarrollados, mientras que los de Rodrik y Stiglitz se enfocaron en países en vías de desarrollo.

El segundo beneficio identificado por el Banco Mundial es la importación de tecnología, gracias a la IED. En resumen, las habilidades para beneficiarse de esta u otras maneras son específicas en cuanto al país y a su industria. Pareciera depender de la capacidad de absorción del Estado, que aumenta dramáticamente con una mejor educación. Los países más pobres tienen la capacidad de absorción más baja y son más propensos a sufrir los peligros sociales y ambientales que llegan con la IED.

El tercer beneficio identificado consiste en el mejoramiento de la capacidad y la eficiencia de los sistemas financieros locales. El Banco Mundial afirma: “Un mayor desarrollo del sector financiero puede esperarse con un rápido crecimiento económico y que mayores flujos de capital internacional se asocian con mejoramientos en la profundidad y liquidez del sector financiero. Sin embargo, un flujo de capital extranjero no puede garantizar por sí solo mejoramientos en el sector financiero. Las consecuencias a corto plazo pueden ser desfavorables, dada la volatilidad de los flujos de capital que puede tener unas implicaciones negativas para la salida de fondos y para el empleo”(46).

Este endoso poco atractivo se aumenta con algunas dudas adicionales por parte de Oxfam. Aceptando el vínculo que existe entre el desarrollo del sector financiero y el crecimiento en la mayoría de los casos, Oxfam cita a Dirham, cuyo estudio muestra: “La relación entre el desarrollo del mercado de valores y el crecimiento no puede hacerse con muestras que incluyan únicamente países de ingresos bajos y que la interacción del desarrollo del mercado de valores con el nivel del PIB produce resultados significativos que sugieren que la promoción del desarrollo financiero a través de los mercados de valores no es una buena idea en países de bajos ingresos”(47).

Adicionalmente, mientras la relación entre flujos de capital y el desarrollo financiero es aceptada, el Banco Mundial acepta que esto solo sirve para países con ingresos medios(48). Por su parte, los estudios de Stiglitz y Rodrik arriba mencionados indican que no existe relación o que esta es muy débil entre la apertura de los mercados financieros y el crecimiento. Para Williamson esto “conlleva una inquietud importante: ¿por qué las cuentas de capital abiertas no pueden traer los mismos beneficios a los países en desarrollo, como lo hacen frecuentemente respecto de las naciones industrializadas? Una razón puede ser que los países en desarrollo necesitan una constelación de instituciones económicas, legales y sociales que no están normalmente presentes en los países industrializados para minimizar los costos asociados con la liberalización de la cuenta de capital y para hacer coincidir la apertura financiera con un crecimiento económico”(49). Esto es similar a la capacidad de absorción anotada anteriormente.

Oxfam cree que incluso en aquellos casos en que la relación puede ser evidenciada, “la dirección de causalidad sigue siendo problemática, ya que el capital global está más predispuesto a llegar a países con mercados financieros bien desarrollados”.

La relación entre flujos y crecimiento depende de la habilidad de los sistemas financieros para mejorar la asignación de capital a las industrias, pero existen muchas razones por las cuales dicha relación puede caerse. Entre otros por la ausencia de marcos regulatorios fuertes y el consecuente crecimiento de la actividad criminal de los mercados de valores(50).

Así, “existe buena evidencia de que el desarrollo financiero aumenta la asignación de capital en las industrias y empresas y por lo tanto fortalece la productividad de la economía y el crecimiento. Sin embargo, la evidencia que apoya el punto de vista que la apertura al capital extranjero aumenta el desarrollo financiero es mucho más débil. Según Williamson, ‘el aumento de la inequidad en el ingreso, asociado con una liberalización de la cuenta de capital y la integración del mercado global, pueden deteriorar en el largo plazo el crecimiento económico’(51). De esta manera, existen razones para creer que la liberalización de la cuenta de capital puede empeorar la asignación de recursos en países de bajos o medianos ingresos, incluyendo la falta de una supervisión financiera adecuada, la existencia de distorsiones de precios o la pequeñez de los mercados de capitales. La inestabilidad macroeconómica puede también afectar la asignación de recursos financieros”(52).

Pero, ¿qué ocurre con las desventajas? Los temas fiscales son dejados de lado en este debate, pero el aumento de las posibilidades de evasión debe ser tenido en cuenta como un factor. Sin embargo, la principal desventaja identificada por la mayoría, con la excepción notable del FMI, es el aumento de la volatilidad. “En un mundo neoclásico, la movilidad del capital traería aumentos en la ineficiencia de asignación del capital sin compensar los costos. De hecho, muchos economistas están convencidos de que existen varios costos importantes, de los cuales el más obvio es que el endeudamiento externo expone a los países a un mayor riesgo de crisis financieras”(53).

Dejando de lado los argumentos acerca de que la liberalización de las cuentas de capital no causó la crisis asiática, Williamson analiza la estructura de aquellos mercados en los países afectados, comparándolos con aquellos que no fueron tocados por la crisis. De esta manera concluyó que la mayor diferencia entre países afectados y no afectados está en “si habían o no liberalizado la cuenta de capital de la balanza de pagos. Todos los países en crisis esencialmente habían abierto flujos sin control de fondos de corto plazo y permitían el endeudamiento externo de sus monedas, como ocurrió en Tailandia. Ninguno de los países ajenos a la crisis había abierto las cuentas de capital, con excepción de Singapur, e incluso mantuvieron el control sobre el préstamo externo de dólares de Singapur, lo que minimizó la especulación extranjera en contra de su moneda”(54).

En este punto, Oxfam se pregunta si el efecto es transitorio o permanente y, si en el último caso, aumenta los impactos positivos de los flujos de capital en el crecimiento(55). Mientras que los estudios parecen apoyar posiciones tanto optimistas —la falta de existencia de efectos a largo plazo— como pesimistas —efectos permanentes—(56), algunos apoyan más un análisis profundo. El Banco Mundial señala que las crisis financieras tienen un efecto desproporcional en los pobres debido a su impacto en la salud, educación y nutrición y que esto normalmente no se recobra mediante un simple mejoramiento en el crecimiento(57).

El impacto de la inequidad no debería dejar de tenerse en cuenta al considerar un crecimiento general de las tasas. Eatwell y Taylor presentaron una hipótesis que relaciona las bajas tasas de crecimiento de finales de los 70, con la creciente volatilidad ocurrida después del colapso del sistema de cambio oro-dólar de 1971(58). En otras palabras, el aumento de la liberalización, lo que lleva a la volatilidad, causa un daño mundial. Al respecto señalan:

“a) Tasas de cambio flexibles tienden a desalinearse a mediano plazo. Es difícil o casi imposible enfrentar exposiciones de la moneda a mediano plazo y las decisiones empresariales de inversión pueden ser mal guiadas, lo que afecta el crecimiento. Las fluctuaciones a corto plazo de las tasas de cambio pueden ser enfrentadas pero con un costo.

b) Tasas de cambio volátiles alimentan la volatilidad de las tasas de interés.

c) La volatilidad tanto de las tasas de cambio como de las tasas de interés aumenta las tasas de interés real a largo plazo (...), los deudores deben pagar primas de riesgo más altas para cubrir la posibilidad de crisis financieras, el contagio de crisis financieras o el bajonazo de las tasas de cambio. Esto ocurre no solamente en el Sur sino que también en el Norte —por ejemplo Escandinavia, Japón y la zona monetaria europea, a finales de los 80 y principios de los 90—.

d) Tasas de interés altas y volátiles reducen la inversión y atacan a las empresas, especialmente aquellas con altas tasas de endeudamiento y pequeñas empresas que no tienen un acceso fácil al crédito. Esto lleva a un alto número de quiebras empresariales, las cuales afectan el crecimiento económico. Altas tasas de incumplimiento en los bonos corporativos justifican las tasas de interés altas en el largo plazo, lo que genera un circulo vicioso”(59).

A pesar de no aceptar en su totalidad esta tesis y de citar otros factores que pueden ser significativos, como las crisis petroleras de 1974 y 1979, la finalización del potencial europeo frente a los Estados Unidos en la década de los 70, el descenso del progreso tecnológico en esos años, los conflictos sociales y disturbios en el Sur y teniendo en cuenta que todavía se requiere mucha investigación Oxfam afirma: “La tesis de Eatwell y Taylor debería concentrar las mentes de los investigadores y legisladores que consideran la reforma de la arquitectura financiera global. Implica que las finanzas mundiales han disminuido el crecimiento a largo plazo, tanto en el Sur como en el Norte”(60).

También significa que los estudios comparativos de naciones individuales no suministran la mejor metodología de investigación, puesto que “en el mejor de los casos, más investigación con una metodología internacional puede establecer claramente que la liberalización de la cuenta de capital favorece el crecimiento, dada la arquitectura financiera global post Bretton Woods, por ejemplo tratando de controlar los movimientos de capital cuando los centros financieros más grandes les permiten libertad de movimiento, lo cual puede ser contraproducente”(61).

Incluso si este estudio hipotético estableciera esta relación, solo podría significar que la liberalización es, en el mejor de los casos, una solución. Para mejorar el crecimiento, la arquitectura financiera global debe controlar las fluctuaciones entre las monedas más fuertes.

3. El papel de la banca privada

Dado el advenimiento de la liberalización, ¿cómo operan los bancos dentro de ella? El primer impacto de la liberalización de los flujos de capital en los países más pobres es frecuentemente el debilitamiento o desaparición de los bancos locales, los cuales resultan desplazados por los bancos multinacionales.

Evidentemente, esto tiene como ventaja la estabilidad del capital. A falta de un advenimiento regulatorio es predecible que el banco incumplirá. “Las desventajas son claras: un aumento en la competencia puede llevar a un mejoramiento en los servicios. La mayor fuerza financiera de los bancos extranjeros puede traer estabilidad”(62).

Sin embargo, como se verá, el flujo de dinero a los países en desarrollo se da según lo que decida la institución del Norte, buscando un buen retorno. Esto puede dejar atrás a los pequeños negocios que buscan préstamos menores y que causan costos de administración por parte del banco. Adicionalmente, la tentación desde la perspectiva del banco extranjero es reducir el riesgo al optar por préstamos a corto plazo, lo que aumenta el factor de volatilidad. Lo que sí es claro es que la expansión del crédito sigue a la liberalización.

Existe evidencia acerca de que la inversión entra a los países en desarrollo por la búsqueda de nuevos mercados de inversión, más de lo que se hace en el Sur, por el deseo o la necesidad genuinos de capital(63). Los estudios muestran que hay relaciones importantes entre los flujos de monedas del Norte hacia el Sur y respecto de los períodos de políticas monetarias menos fuertes en Estados Unidos. “El efecto es mayor para los préstamos bancarios. Los períodos laxos usualmente corresponden al inicio del ciclo de negocios y los bancos tienen dos razones para expandir sus préstamos al exterior: las tasas de interés locales son bajas y las operaciones de préstamo doméstico que valen la pena son pocas”(64).

Los términos de estos préstamos, al igual que su duración, han sido criticados por ser altamente influenciados por el comportamiento del FMI en los momentos de crisis financieras. En varias oportunidades significativas el fondo ha reaccionado a crisis ingresando grandes cantidades monetarias para estabilizar la tasa de cambio. Los críticos señalan que esto tiene dos efectos principales. En primer término, el conocimiento de lo que va a suceder crea un riesgo moral al establecer los términos de los préstamos. El riesgo no se estima por la ausencia del entendimiento acerca de que esto va a suceder. Así que el riesgo para los inversionistas extranjeros es significativamente menor.

En segundo lugar, cuando ocurre la crisis de hecho, el dinero ingresado permite a los inversionistas extranjeros y a los ricos locales sacar su capital. “El riesgo moral se ve cada vez más como un problema en los mercados financieros internacionales y la posibilidad de compartir el riesgo con el sector privado se ve cada vez más como la solución. Los inversionistas, se afirma, han podido escapar a los costos financieros de las crisis al prorrogar los préstamos internacionales de rescate. Estos ‘bail-outs’ —como son descritos por sus críticos— proveen a los gobiernos los fondos requeridos para pagar a sus acreedores, quienes pueden entonces abandonar el país sin pérdidas. Al no estar sujetos a los costos de las crisis, los inversionistas no toman en cuenta los riesgos de prestar y la consecuente disciplina de falta de mercado permite a los gobiernos caer rápidamente”(65).

Eichengreen y Ruhl discuten los problemas que trae diseñar un sistema de “bail-outs” y sus sugerencias se discuten junto con su análisis de las limitadas iniciativas adoptadas por el FMI, después de las crisis asiáticas. Eatwell muestra cómo los países pierden el control de sus políticas fiscales al abrir los mercados. Las tasas de interés de largo plazo se ven afectadas por los sentimientos de los mismos. Como los intereses de los bonos a largo plazo son simplemente el entendimiento del mercado respecto de lo que ocurrirá con las tasas de interés de corto plazo más una prima de riesgo y vencimiento calculadas, si este —por ejemplo la banca— cree que las iniciativas de un banco central para bajar las tasas de corto plazo no son probables, las tasas de interés a largo plazo se mantendrán altas para beneficiar a los acreedores(66).

Sin embargo, si el banco central aumenta las tasas de interés de corto plazo, los mercados ven esto como un movimiento adecuado para poner la inflación por encima de los presupuestos de los rendimientos de largo plazo, la actividad económica disminuye, la inflación se mantiene baja y las tasas de interés reales de largo plazo se mantienen altas para beneficiar a los acreedores(67).

El peligro de esta falta de control es que “el orden financiero más orientado hacia el mercado y hacia lo multinacional que ha surgido en las últimas tres décadas ha alineado frecuentemente la política económica y los procesos regulatorios con las preferencias de los intereses privados poderosos y ha alterado crucialmente la naturaleza de los objetivos de la política pública en temas monetarios y financieros. Si el sector financiero y la política regulatoria se someten a los intereses privados no solamente se arriesga la legitimidad sino que además significa la inestabilidad económica y la crisis, como ha sido altamente revelado a través de los recientes episodios de tornados económicos y desfases sociopolíticos en Asia y Latinoamérica”(68).

4. Aumento de la inequidad

Una banca con poco o sin ningún riesgo recae más fuertemente sobre las economías pequeñas. Como lo señala Oxfam, “el gran tamaño de las grandes economías las protege de las más severas formas de desalojo de capital, simplemente porque este no tiene a dónde irse: si todos los inversionistas europeos quisieran mover su riqueza a Estados Unidos no encontrarían suficientes oportunidades de inversión con rendimiento. El Sur es mucho más vulnerable a la salida de capital flotante, lo cual reduce de gran manera el campo de la política monetaria expansionista”(69).

El temor a la volatilidad mantiene altas las tasas de interés, en beneficio de los inversionistas. La habilidad de los gobiernos para llevar a cabo políticas expansionistas en los tiempos de recesión también se debilita por las reacciones del mercado a déficits presupuestales cada vez mayores y a una inflación cada vez más alta. En ambos casos los bancos demandarán más rendimientos, desacelerando la actividad económica.

Underhill y Zhang señalan que la liberalización de los mercados financieros es frecuentemente discutida sin un claro entendimiento de los efectos que causan en la política social. En efecto, “las dificultades que la transformación de las estructuras del mercado financiero pueden presentar para lograr mayores compromisos políticos a los gobiernos democráticamente elegidos no son tenidas en cuenta”(70).

Las fórmulas para subir las tasas de interés y los presupuestos balanceados que propone el FMI apoyan el argumento de Stigliz en el sentido de que el organismo trabaja principalmente en el interés de la comunidad financiera internacional, más que en el de los países en desarrollo. Igualmente, confirman el reclamo de que entre el FMI y la banca internacional han inventado la banca sin riesgo.

La insistencia en la construcción de reservas hecha por el Fondo y los gobiernos nacionales que temen la volatilidad también apoya el flujo neto de recursos del Norte hacia el Sur. “Una parte sustancial de los flujos de capital Sur-Norte consiste en la compra de divisas por parte de los bancos centrales que buscan proteger las economías locales de reversos súbitos de flujos de capital. Esta práctica equivale a una póliza de seguro comprada por los gobiernos nacionales para proteger a los inversionistas nacionales y globales”(71). Lo anterior significa que en muchas ocasiones el costo de la IED es realmente más alto que sus beneficios.

El énfasis en las fuerzas del mercado por parte del FMI no le ha permitido liberarse de críticas por distorsionar el mercado, tanto en los términos de sus préstamos como respecto del efecto del riesgo moral que tienen sus operaciones de rescate.

“Los préstamos del FMI ofrecían altos rendimientos del 10% por debajo de las tasas del mercado. De los 117 mil millones de dólares prestados a Asia del Este, bajo el auspicio del Fondo, la región ahorra aproximadamente 12 mil millones al año en pagos de intereses. En tres años, Corea del Sur, Tailandia e Indonesia habrán recibido una transferencia de riqueza de por lo menos 35 mil millones, básicamente de contribuyentes de Estados Unidos y el Oeste europeo. Pero esta suma significará un traslado de riquezas de occidentales de clase media a gobiernos del Oriente asiático, bancos y sus dueños y de ahí a ricos inversionistas occidentales y japoneses que arriesgaron capital en mecanismos absurdos —o probablemente no tan absurdo, ya que tenían posibilidades de salir adelante—. Todas estas transacciones llevan a un impuesto regresivo alto”(72).

El peligro que se corre al no reformar este sistema es “si la mezcla política se deja a los dictados de las presiones del mercado financiero y a los intereses privados dominantes, la legitimidad y los beneficios de la apertura financiera pueden resultar insostenibles políticamente con el tiempo (...) —existe— un alto grado de conflicto entre la globalización de las finanzas y las formas democráticas de ‘gobierno”(73).

5. Respuestas a las crisis

Al analizar la crisis de Asia del Este, Stiglitz anota que la respuesta del FMI fue suministrar “grandes cantidades de dinero —el total de las finanzas, incluyendo el apoyo de los países del G-7 llegó a 95 mil millones de dólares—, para que los países pudieran sostener la tasa de cambio. El FMI pensaba que si el mercado creía que había suficiente dinero en las arcas, no habría necesidad de atacar la moneda y que por lo tanto la ‘confianza’ se reestablecería. El dinero cumplía otra función: permitía a los países suministrar dólares a las firmas que habían tomado prestado de bancos occidentales para repagar los préstamos. En consecuencia, fue una salida de los bancos internacionales al igual que del país; los prestamistas no tuvieron que enfrentar las consecuencias de haber hecho malos préstamos. Y país por país, en los cuales los dineros del FMI fueron utilizados para sostener temporalmente la tasa de cambio a un nivel insostenible, hubo otra consecuencia: los ricos locales tomaron ventaja de la oportunidad de convertir su dinero a dólares, a una tasa de cambio favorable y llevarla al exterior”(74).

Louis Uchtielle coincide: “Gran parte de los 55 mil millones de dólares que fueron dados en prenda por la comunidad internacional para Corea del Sur —tal como los 40 mil millones para Indonesia y los 17 mil millones para Tailandia antes de ello— llegará finalmente a manos de prestamistas que desecharon grandes sumas para proyectos riesgosos que nunca ocurrieron. Los planes de rescate se centran en los bancos coreanos. Los industrialistas de la nación, que tomaron prestados billones de dólares de ellos para establecer nuevas fábricas no han obtenido suficientes utilidades para repagar sus deudas. Los bancos, por supuesto, obtuvieron su dinero en parte de los depositantes coreanos. Otros fondos llegaron de parte de extranjeros, grandes bancos europeos, americanos y japoneses, por ejemplo —que prestaron con entusiasmo a los bancos coreanos esperando compartir las utilidades—. Los dineros del FMI, del Banco Mundial y de países individuales serán canalizados en gran medida a través del gobierno coreano y su banco central hacia el sistema bancario privado. En algunos casos, los acreedores extranjeros podrán ser repagados directamente. En la mayoría de ellos el dinero irá a salvar algunas instituciones y a cerrar otras pagando a sus acreedores. Este repagará a los depositantes y a los acreedores extranjeros. Para finales del año pasado —1996—, los bancos de Corea del Sur debían casi 60 mil millones de dólares a los bancos extranjeros, según el Bank of International Settlement”(75).

Finalmente, los préstamos del FMI o del Banco Mundial son otorgados no solamente con un precio financiero, sino también con el acuerdo para realizar “reformas estructurales”. Aunque el Fondo niega rotundamente tener algún papel en asuntos políticos, muchos han argumentado lo contrario. Stiglitz lo pone de manera sucinta: “El FMI tomó más que una posición imperialista (...) desde que casi cualquier tema estructural puede afectar el comportamiento general de la economía y con ello el presupuesto del gobierno o el déficit comercial, veía casi todo como dentro de su dominio, así los préstamos incluyeran un plan de ajuste estructural”.

Así mismo agrega: “Tanto el FMI como el Banco Mundial aseguran que la imposición de condiciones para la ‘condicionalidad’ de los préstamos es diseñada por los propios países y generalmente incluyen medidas para ‘apoyar una mayor eficiencia en el gasto gubernamental’, y vienen con la recomendación acerca de cómo diseñar mejores redes de seguridad social desde que los ‘programas de ajuste típicamente tienen un impacto en la distribución del ingreso, en el empleo y en los servicios sociales”(76).

Underhill y Zhang relacionan la tensión entre regímenes democráticamente electos, responsables frente a su electorado y la apertura financiera: “Los procesos de integración financiera global y la apertura del espacio económico doméstico han atacado de muchas maneras —aunque no han eliminado— la autonomía de los gobiernos nacionales en el manejo de sus variables macroeconómicas, despojando políticas de bienestar social y tomando opciones estratégicas sobre el carácter de sus respectivas sociedades”(77).

6. Los préstamos del FMI y el crecimiento

Como se ha indicado, los efectos de la IED en el crecimiento no es un asunto fácil de analizar. Pero surge la inquietud: ¿acaso los préstamos del FMI logran alcanzar objetivos macroeconómicos y/o apoyar el crecimiento? Una vez más las metodologías de medida son problemáticas, ya que resulta imposible analizar el país en cuestión, como lo hubiera sido sin la ayuda que recibió.

Sin embargo, una revisión de los estudios llevados a cabo por el FMI en 1990 concluyó: “Un resumen de los resultados obtenidos por varios estudios que han evaluado los efectos del ajuste por programas de fondos de ayuda en los objetivos macroeconómicos principales (...) conduce a tres conclusiones. En primer lugar, normalmente hay un mejoramiento en la balanza de pagos y la cuenta corriente, aunque un número de estudios no muestra los efectos de los programas. En segundo término, la inflación generalmente no se ve afectada por los programas. Finalmente, los efectos en la tasa de crecimiento son inciertos y los estudios muestran un mejoramiento o los que no muestran ningún cambio, quedan subvencionados por aquellos que indican un deterioro en el primer año de un programa”(78).

Otros análisis son más directos: “Además de despertar en gran parte a la economía general, los préstamos del FMI han atacado a los países menos desarrollados específicamente. Por ejemplo, una revisión de los receptores de los préstamos del FMI indica que la mayoría no están mejor económicamente hoy —medido en términos de riqueza per cápita— que lo que estaban antes de recibir esos préstamos. De hecho, muchos están más pobres. De los 89 países menos desarrollados, 48 de ellos recibieron fondos del FMI entre 1965 y 1995 y no están mejor, económicamente hablando, de lo que estaban antes. De los 48 países, 32 están más pobres que antes y 14 de los 32 tienen economías que son por lo menos 15% más pequeñas que lo que eran antes de su primer préstamo del FMI”(79).

Estos estudios son problemáticos todos, por cuanto el número de variables que debe ser considerado es enorme, desde la fluctuación de los precios hasta los cambios en las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de otras condiciones del mercado. Sin embargo, no resulta claro que los préstamos del FMI, a pesar de su condicionalidad, logren objetivos macroeconómicos o que apoyen el crecimiento.

7. ¿Cuáles son los efectos en la inequidad?

Underhill y Zhang encuentran que existe prueba, incluso hasta ante una crisis ausente de problemas financieros, de que la integración financiera ha conducido a la desigualdad cada vez mayor de la renta y a la revocación de las políticas del bienestar, asociadas tradicionalmente a la democracia social(80).

Es así como la cada vez mayor incertidumbre económica lleva a demandas por un mayor gasto en bienestar, el cual no se puede hacer debido a las metas financieras de la tasa de cambio y a la estabilidad monetaria, impuestas por el sentimiento del mercado. Estas tensiones crean una crisis para la democracia, la cual se ve aumentada por inequidad: “Aunque la integración financiera tiende a beneficiar a los dueños de activos muebles y mejora su capacidad para enfrentar la volatilidad del mercado, generalmente lleva a pérdidas de bienestar en los factores internacionalmente inmóviles de producción, como las firmas localmente orientadas, el empleo y la agricultura. Esto, junto con una reducida intervención gubernamental en las actividades del mercado, ha contribuido a un aumento en la inequidad del ingreso entre los diferentes grupos sociales entre los países”(81).

La presión para cortar el gasto de los servicios públicos se causa en gran parte, afirman, por el riesgo del pánico especulativo, que obliga a las políticas económicas locales a plegarse ante el sentimiento del mercado.

Los efectos de la volatilidad financiera en la inequidad nacen de múltiples factores. Mientras que por definición los pobres poseen menos activos, las fluctuaciones en el valor de los activos no los afecta directamente. Sin embargo, la pérdida para los gobiernos es inmensa: “Las crisis más severas han costado a los gobiernos entre un 20 y un 50% del PIB, con un costo fiscal acumulado de 662 mil millones —de dólares— en 1995”(82).

Esencialmente, este es el costo incurrido por la defensa de la moneda y representa “una gran transferencia de poscontribuyentes y usuarios de los servicios públicos a los depositantes, acreedores y accionistas de los bancos”(83). Estas cifras se relacionan con la defensa de la moneda. Otros efectos ocasionados son los siguientes:

a) Aumento de la deuda del gobierno.

b) Disminución de los ingresos del gobierno.

c) Disminución de la credibilidad crediticia con aumento de las tasas de interés.

Todo lo anterior lleva al empobrecimiento de los gobiernos y a la menor habilidad para la prestación de los servicios, aun antes de que la “condicionalidad” exija disminuciones en el gasto gubernamental. “Difícilmente es necesario demostrar en detalle que las crisis financieras resultan altamente costosas para aquellos países que las experimentan: es suficiente con citar los recientes eventos en Asia oriental. Una razón para que estos costos resulten tan altos es un fenómeno al que se le ha prestado poca atención, la estigmatización —algo que nunca ocurriría en un modelo neoclásico—. Esto significa que los países en desarrollo que se encuentran en crisis no tienen capacidad para tomar voluntariamente prestados dineros de los mercados de capital internacionales de ninguna manera. Eso no ocurre en los países desarrollados (...). Este es uno de los pocos aspectos en los cuales parece haber una diferencia sistemática entre los países en desarrollo y los países desarrollados. Otra diferencia es la incapacidad de los países en desarrollo de tomar préstamos en su propia moneda, lo que en algunos casos se denomina el ‘pecado original’. Esto significa que un colapso de la moneda disminuye el valor de los agentes que toman prestado en el exterior, al punto que puede llevar a quiebras de gran tamaño, como ocurrió en varios países del Este asiático”(84).

Adicionalmente, los impuestos en los países en desarrollo tienden a ser regresivos, así que un aumento en los mismos afectará el ingreso de los más pobres de una manera desproporcionada(85). La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) muestra que en América Latina en los años 80 y 90 y en Asia en los 90, incluso después de un período de recuperación de dos años, los salarios seguían siendo bajos y el desempleo fue mayor que antes de que se presentaran las respectivas crisis financieras(86).

Diwan indica que el empleo ha sido el “absorbente del choque” de las crisis financieras, permitiendo a las firmas recuperar rentabilidad después de ellas y todavía más, teniendo en cuenta que la participación del empleo en el PIB es bajo después de una crisis y que los “términos de los choques comerciales y financieros inducen a un descenso inicial de la participación del empleo, el cual se compensa con correcciones consecuenciales, debido a que las relaciones industriales se transforman permanentemente”(87). Para 32 países en desarrollo este efecto asciende a una pérdida en el empleo equivalente a los 27 mil millones de dólares al año en promedio, dos terceras partes de los cuales serán pérdidas permanentes(88).

Otros factores de inequidad incluyen:

a) Pérdida de la mano de obra no calificada a favor de la mano de obra calificada.

b) Las empresas pequeñas pueden experimentar una nacionalización del crédito como resultado de la liberalización de la cuenta de capital, ya que los préstamos grandes son administrativamente más eficientes.

c) Las firmas y agricultores pequeños son más vulnerables a las fluctuaciones de la tasa de cambio, que no pueden enfrentar.

d) La evasión de impuestos solo puede ser llevada a cabo por los ricos y los gobiernos asumen sus costos.

e) Solamente los ricos pueden tener acceso a mecanismos de control sofisticados.

Oxfam concluye: “La inestabilidad financiera mundial genera transferencias masivas de ingresos y riquezas del público general en el Sur, incluyendo a los pobres, hacia los ricos, tanto en el Sur como en el Norte. (...) tres canales de redistribución conjunta son la prueba de una transferencia, con una magnitud tal que excede los beneficios de los ingresos de capital derivado del crecimiento: el descenso de la participación del empleo en el PIB, el costo fiscal de las crisis bancarias y la evasión fiscal. Aunque la parte de estas transferencias que es asumida por los pobres es desconocida, es esperable que sea alta. Los impuestos tienden a ser regresivos o por lo menos no muy progresivos en los países en desarrollo y los déficits fiscales se reducen frecuentemente a reducir el gasto, que ataca a los pobres(89).

Por su parte, Williamson llama la atención sobre el tema de la erosión de la base fiscal como consecuencia de la movilidad de capital: “No hay duda que la evasión fiscal es una gran motivación para la inversión extranjera. Por oposición a la diversificación del riesgo, la utilidad del inversionista significa un costo para la sociedad (...). Ya que aquellos que son dueños del capital tienden a estar relativamente bien, la consecuencia es una distribución de ingreso más inequitativa”(90). Concluye diciendo que si bien este efecto se siente especialmente en los países más ricos, la transferencia de riqueza hacia fuera desde los países más pobres puede también ser significativa, en la medida que las disparidades de riqueza crecen allí.

8. Reforma

George Soros(91) escribe: “A pesar de lo negativo, apoyo profusamente la globalización. La apoyo no solo por la extrarriqueza que produce, pero aún más por la libertad que ofrece. Lo que yo llamo una sociedad abierta y global puede asegurar un mayor grado de libertad que la ofrecida por un Estado individual. Considero los actuales arreglos, en los cuales el capital puede moverse libremente, pero en el que los aspectos sociales son descuidados, como una forma distorsionada de una sociedad global abierta”.

Es así como él y Moore claman por reformas institucionales con los siguientes propósitos:

a) Contener la inestabilidad de los mercados financieros.

b) Corregir la tendencia en nuestras instituciones comerciales y financieras internacionales que favorece a los países desarrollados que las controlan.

c) Complementar la OMC, que facilita la creación de riqueza, con instituciones igualmente poderosas dedicadas a otros objetivos sociales, como la reducción de la pobreza y el suministro de bienes a una escala global.

d) Mejorar la calidad de vida en los países que sufren de gobiernos corruptos, represivos o incompetentes.

“La orden del FMI en Indonesia de abolir los subsidios alimentarios y de queroseno se veían bien en el papel. Pero el impacto en los pobres fue devastador. Las revueltas, las muertes y la violencia de la comunidad eran predecibles. La política económica global debe poner atención y enfocarse en la estabilidad política, social y étnica. Esto no quiere decir que no se deba hacer nada: hay que fijarse en la secuencia antes de sentenciar a las sociedades a tormentos violentos. Las teorías, adoradas en la seguridad del mármol de los palacios institucionales, pueden tener implicaciones mortales en sociedades frágiles. Las reformas radicales son frecuentemente necesarias, pero sin las infraestructuras políticas y civiles básicas. Muchas de las reformas recientes han permitido a la oligarquía aprovecharse de las economías en la medida que pasan de un control a ser sociedades más abiertas y libres”(92).

Según señala Moore: “Aunque el libre comercio y los mercados justos resultan muy buenos, no son un objetivo por sí solos, no se trata como algunos sugieren de abolir todos los impuestos y el papel del gobierno y así terminar la pobreza de la noche a la mañana. Existen muchos bienes —bien herencia, salud o vivienda para los pobres— que el mercado por sí solo no puede suministrar. Los sistemas de justicia, política, defensa y seguridad son y deben permanecer como responsabilidad básica del Estado (...) necesitamos redes y sistemas de seguridad económica y política, no solamente para proteger a los pobres y a cada uno del otro, sino para preservar el mercado contra sí mismo. El mercado abierto del lunes puede convertirse en un mercado monopolizado el viernes y en ese caso todas las virtudes de los mercados libres peligran. La tendencia natural de los negocios es buscar una mayor participación en el mercado. Es por esto por lo que políticas de competencia, transparencia y de competitividad son necesarias”(93).

Así mismo cree que “los bienes públicos son mejor pagados por todos, puesto que solos nunca lograremos los parques, museos, galerías de arte, aire limpio, instalaciones educativas o policía requeridas para hacer una vida que valga su promesa”(94).

9. El papel de la insolvencia

El efecto neto que ha sido creado con el sistema es el de reducir a los países a la misma posición de las compañías que operan en una jurisdicción, pero sin una institución legal básica. Este ingrediente principal, que no aparece, es la insolvencia.

Muchos países son insolventes bajo cualquier definición del mismo término y, sin embargo, no tienen acceso a los mecanismos que se han establecido por las leyes nacionales para distribuir el riesgo de la actividad empresarial entre los participantes. Los Estados se ven obligados a tomar parte en actividades de libre comercio y a evitar el uso de mecanismos proteccionistas para reducir el riesgo.

Al mismo tiempo, la comunidad financiera internacional les previene de declararse insolventes, redirigiendo el riesgo a aquellos que financiaron estas actividades comerciales riesgosas. No existe ninguna razón por la cual un régimen de insolvencia internacional no se deba establecer como un medio para permitir a un país volver a comenzar libre de deudas y todas las razones por lo que esto debiera ocurrir.

Normalmente, los riesgos asumidos en las compañías se han aprobado por los participantes en las empresas. El consentimiento de algunos Estados está en duda, ya sea por la imposición del libre comercio por el FMI, el Banco Mundial, la presión de la OMC, por arreglos bilaterales impuestos por Estados poderosos o porque gobiernos corruptos o no representativos han impuesto los riesgos en su población.

(1) Este texto hará parte del libro Companies, international trade and human rights, el cual será publicado por Cambridge University Press en diciembre del 2004. Traducción realizada por la abogada Claudia Caballero Leclercq.

(2) Según cifras del Bank of America y publicadas en The Guardian, el 28 de octubre del 2003.

(3) Underhill, G. y Zhang, X. Global structures and national imperatives: in search of normative underpinnings for international financial order, p. 78.

(4) Véase el capítulo 1 y, para un estudio de un PRSA, la sección del Banco Mundial de este trabajo.

(5) Itálicas en el original.

(6) Stiglitz, J. Globalization and its discontents. Allen Lane, London: 2002, p. 206-7.

(7) Este término en español podría traducirse como echar una mano, brindar soporte o prestar apoyo en momentos de crisis (nota del editor).

(8) Eicheengreen, B. y Ruhl, C. The bail-in problem: systematic goals, ad hoc means. En: http://emlab.berkeley.edu/users/eichengr/.

(9) Taylor, L. y Eatwell, J. Global finance at risk. The New Press, New York: 2000. En: Oxfam Global Finance, Nº 26.

(10) Williamson, J. Costs and benefits of financial globalization. Citado por Underhill and Zhang. International financial governance, p. 44.

(11) Oxfam. Global finance. Nº 26.

(12) Underhill, G. y Zhang, X. International financial governance under stress: global structures versus national imperatives. Cambridge University Press, 2003, p. 1.

(13) Ibídem.

(14) Oxfam. Global finance. Nº 28.

(15) Fondo Monetario Internacional. International Capital Markets. FMI, World Economic Outlook, Washington: 1998; Group of 7. Declaration of G-7 finance ministers and central bank governors. G7, 1998. En: www.imf.org/external/np/g7/103098dc.htm; Group of 22. Report of the working group on international financial crises. G-22, Washington: 1998; Group of 22. Report of the working group on transparency and accountability. G-22, Washington: 1998; Comité Ejecutivo de las Naciones Unidas sobre Asuntos Económicos y Sociales. Towards a new international financial architecture. Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Santiago: 1999.

(16) Story, J. Reform: what has been written? Citado por Underhill, G. y Zhang, X. (eds.). International financial governance, cit. p. 27.

(17) Moore, M. World without walls. Cambridge University Press, Cambridge: 2003, p. 32.

(18) Story, J. Reform…, cit., p. 27.

(19) Soros, G. The crisis of global capitalism: open society endangered. Public Affairs, New York: 1998.

(20) Krugman, P. Currency crises. En: Feldstein, M. (ed). International capital flows. University of Chicago Press, Chicago: 1999.

(21) Oxfam. Global finance. Nº 28.

(22) Para una discusión acerca del papel de los controles de capital en el sistema monetario internacional véase Athukorala, P. Crisis and recovery in Asia: the role of capital controls. E. Elgar Cheltenham, 2003.

(23) Oxfam. Global finance. Nº 28.

(24) Sharma, S. The Asian financial crisis. Manchester University Press, 2003.

(25) Oxfam. Global finance. Nº 28.

(26) Reinhart and Reinhart. What hurts most? 2001.

(27) Frankel, J. y Roubini, N. The role of industrial policies in emerging market crises. US, National Bureau of Economic, research-working paper 8634, Cambridge: 2000.

(28) Stiglitz, J. Globalization…, cit, p. 91.

(29) Story, J. Reform…, p. 32.

(30) Stiglitz, J. Globalization…, pp. 100-102.

(31) World Bank. Global development finance 2001. World Bank, Washington: 2001.

(32) Oxfam. Global finance. Nº 38.

(33) Oxfam. Tax havens: releasing the hidden billions for poverty eradication. Oxfam Policy Papers, Oxford: 2000.

(34) Oxfam. Global finance. Nº 35.

(35) Ibídem.

(36) Oxfam. Global finance. Nº 42.

(37) Oxfam. Global finance. Nº 41, donde se citan cinco documentos recientes (2001): Bekaert, G.; Campbell, H. y Lundblad, C. Does financial liberalization spur growth? National Bureau of Economic Research, working paper 8245, Cambridge: 2001; Edwards, S. Capital mobility and economic performance: are emerging economies different? National Bureau of Economic Research, working paper 8076, Cambridge: 2001; Arteta, C.; Eichengreen, B. y Wyplotz, C. When does capital account liberalization help more than it hurts? National Bureau of Economic Research, working paper 8414, Cambridge: 2001; Quinn, D.; Inclan, C. y Toyoda, A.M. How and where capital account liberalization leads to economic growth. Documento presentado en 2001 American Political Science Review, 30 de agosto del 2001.

(38) World Bank. Global development finance 2001. World Bank, Washington: 2001.

(39) Ibídem, fig. 3.3.

(40) Oxfam. Global finance. Nº 43. Las fusiones y adquisiciones consisten en la transferencia de la propiedad del capital existente y de esta manera puede ser contrastado con las inversiones directas extranjeras denominadas “greenfield”, las cuales envuelven la creación física de capital.

(41) World Bank. Global Development Finance, cit. Oxfam. Global finance, Nº 44.

(42) Rodrik, D. Who needs capital account convertibility? En: 1998 Princeton Essays in International Finance, pp. 55-86.

(43) Stiglitz, J. Capital market liberalization, economic growth and instability. En: Volt 28, Nº 6, World Development, 2000, pp. 1075-86.

(44) Quinn, D. The correlates of change in international financial regulation. En: Volt 91, Nº 3, American Political Science Review, 1997, pp. 531-51; Klein, M. y Olivei, G. Capital account liberalization: financial depth and economic growth. Working paper 7384. National Bureau of Economic Research, Cambridge: 1999.

(45) Williamson, Costs and benefits…, cit., p. 48.

(46) World Bank. Global development finance…, cit., p. 70. Oxfam. Global Finance. Nº 48.

(47) Oxfam. Global finance. Nº 48, citando a Durham, J. Econometrics of the effects of stock market development on growth and private investment in lower income countries. Queen Elizabeth House, working papers 53, Oxford.

(48) World Bank. Global Development Finance 2001.

(49) Williamson, Costs and benefits..., cit., p. 49.

(50) Oxfam. Global finance. Nº 49.

(51) Williamson, ob. cit., p. 47.

(52) Oxfam. Global finance.

(53) Williamson, J. Costs and benefits…, cit., p. 44.

(54) Ibídem, p. 46.

(55) Oxfam. Global finance. Nº 50.

(56) Para un análisis de un rango de estudio véase el capítulo 11 de Oxfam. Global finance. Sharma, S. The Asian financial crisis. Manchester University Press, 2003.

(57) World Bank. Global economic prospects. World Bank, Washington: 1999, p. 48.

(58) Eatwell, J. y Taylor, L. Global finance at risk. The New Press, New York: 2000.

(59) Como se resume en Oxfam. Global finance. P. 51. Se omiten referencias al respecto que respaldarán estudios posteriores.

(60) Oxfam. Global finance. Nº 55.

(61) Ibídem.

(62) Stiglitz, J. Globalization…, cit., p. 69.

(63) Oxfam. Global finance. Nº 13.

(64) Ibídem, citando en particular a Reinhart y Reinhart. What hurts most? Documento presentado ante la Conferencia del National Bureau for Economic Research para la Prevención de Crisis Monetarias en Mercados Emergentes, llevado a cabo en Monterrey (México), del 20 al 31 de marzo del 2001.

(65) Eichengreen, B. y Ruhl, C. The Bail-In Problem…, cit.

(66) Eatwell, J. International capital liberalization: the impact on world development. Center for Economic Policy Analysis, working paper series III, Nº 8, New York.

(67) Ibídem.

(68) Underhill, G. y Zhang, X. International financial governance…, cit., p. 6.

(69) Oxfam. Global finance. Nº 58.

(70) Underhill, G. y Zhang, X. International financial governance…, cit., p. 7.

(71) Oxfam. Global finance. Nº 61.

(72) Sacks, D. y Thiel, P. The IMF’s big wealth transfer. En: McQuillan, L. y Montgomery, P. (eds). The International Monetary Fund. Hoover Institution Press, Stanford, California: 1999, p. 32-3.

(73) Underhill, G. y Zhang, X. International financial governance…, cit., p. 6.

(74) Stiglitz, J. Globalization and its discontents…, cit., p. 95.

(75) Uchitelle, L. A bad side of bailouts: some go unpenalized. En: McQuillan, L. y Montgomery, P. (eds). The International Monetary Fund, cit., pp. 28-29.

(76) FMI. Conditionality: fostering sustained policy implementation. En: McQuillan, L. y Montgomery, P. (eds). The International Monetary Fund, cit., pp. 68-71.

(77) Underhill, G. y Zhang, X. Global structures and political imperatives; in search of normative underpinnings for international financial order. En: Underhill, G. y Zhang, X., International financial governance…, cit., pp. 77 y 78.

(78) Khan, M. The macroeconomic effects of fund-supported adjustment programs. En: McQuillan, L. y Montgomery, P. (eds). The International Monetary Fund, cit., p. 51.

(79) Johnson, B. y Schaefer, B. Why the IMF is ineffective. En: McQuillan, L. y Montgomery, P. (eds). The International Monetary Fund, cit., p. 56.

(80) Underhill, G. y Zhang, X. Global structures and national imperatives: in search of normative underpinnings…, cit., p. 80.

(81) Ibídem, p. 80.

(82) Oxfam. Global finance. Nº 35.

(83) Ibídem.

(84) Williamson, J. Costs and benefits…, cit., p. 44.

(85) Oxfam. Global finance. Nº 35.

(86) Unctad. Trade and development report 2000: global economic growth and imbalances. Naciones Unidas, Geneva: 2000.

(87) Diwan, I. Labor shares and financial crises. World Bank, Washington: 1999. Oxfam. Global finance. Nº 34.

(88) Ibídem.

(89) Oxfam. Global finance. Nº 77.

(90) Williamson, J. Costs and benefits…, cit., p. 47.

(91) Soros, G. Soros on globalization. Public Affairs, New York: 2002.

(92) Moore, M. World without walls, cit., p. 228.

(93) Ibídem, p. 239.

(94) Ídem.