“El fraude y la responsabilidad del auditor”

Revista Nº 132 Nov.-Dic. 2005

Si el auditor se confabula con el fraude, debería ser encausado legalmente. 

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Impuestos 

La responsabilidad del auditor no consiste en descubrir fraudes, advierte el experto de la firma transnacional de auditoría Baker Tilly, Geoff Barnes, quien considera que la responsabilidad de la veracidad contable de una organización descansa primordialmente en sus directivos.

Para este especialista extranjero, que visitó recientemente Colombia con motivo del desarrollo de una alianza estratégica de Baker Tilly con LAC Asociados, la misión del auditor es emitir conceptos técnicos a partir de los informes financieros y contables de una empresa. Sin embargo, cree que de las conocidas experiencias, como Enron y Parmalat, la disciplina de la auditoría y los profesionales que la ejercen sacaron valiosas enseñanzas. En diálogo con la REVISTA IMPUESTOS, el auditor habló sobre este tema.

REVISTA IMPUESTOS: ¿Qué repercusiones han tenido las fallas en Enron y Parmalat en el ejercicio de la auditoría?

Geoff Barnes: La profesión de auditoría, durante muchos años, ha sido responsable de imponer el orden en los mercados de capitales en el mundo. Enron y Parmalat han sido hechos especiales que la auditoría ha tenido que enfrentar. Veo el tema de Enron como un campanazo para los auditores. No obstante, muchas auditorías son realizadas diariamente en todo el mundo, sin ningún problema. Sin embargo, no sugiero que el asunto Enron no hubiera causado daño a la profesión.

R. I.: ¿Las deficiencias en la auditoría fueron las causantes de esos descalabros? 

G. B.: La responsabilidad del auditor es el reporte sobre la contabilidad, que no es preparada por él mismo. Las compañías de abogados que operan internacionalmente establecen con claridad que la responsabilidad por la contabilidad está en manos de los directores y de los gerentes de las empresas, mientras la responsabilidad del auditor consiste en hacer los comentarios acerca de las cuentas que han presentado esos directivos.

R. I.: A raíz de esos hechos, ¿qué cambios se han dado en la auditoría? 

G. B.: Los cambios se han referido no solo a cómo hacer la auditoría, sino acerca de la responsabilidad de los auditores. La Ley Sarbanes Oxley ha querido que los auditores de las compañías paguen una gran retención, por ser independientes, y que no provean a la misma empresa otros servicios adicionales que en el pasado ofrecían, tales como asesorías jurídicas, en tecnología, de contabilidad y de impuestos. Acerca de políticas de buen gobierno, se dispuso la rotación del socio responsable de la auditoría en una compañía.

R. I.: ¿Cómo han influido esos cambios en el resto del mundo? 

G. B.: Cualquier compañía estadounidense cuyas acciones se negocien en bolsa debe cumplir con esa ley. Si una firma de EE. UU. tiene actividades en otros países, los auditores que las realizan también deben cumplir con aquella. En Inglaterra y Europa han respondido positivamente a esa ley, la han acogido y muy pronto algunos aspectos de la misma serán incorporados en una nueva ley europea llamada la “octava directiva”, que va a ser aprobada por la Unión Europea. Se aprovechará la oportunidad para regular una serie de asuntos adicionales relacionados con la auditoría, como la rotación de los auditores, la restricción de servicios de las firmas de auditoría y la redefinición de directrices éticas.

R. I.: ¿Cuáles son los puntos fundamentales de las directrices éticas? 

G. B.: No quiero que se piense que la auditoría nunca ha tenido directrices éticas. La estructura misma de la profesión, durante más de 100 años, se ha construido sobre parámetros éticos. Con el paso del tiempo y la velocidad de los cambios en el mundo, la auditoría está revisando sus postulados éticos. Los cambios reflejarán mucho de lo que hemos significado en el pasado, que comprende conceptos como integridad, honestidad, transparencia e independencia.

R. I.: ¿En Latinoamérica se podrían presentar casos como los de Enron o Parmalat? 

G. B.: No veo la razón. Todo el continente está en cambio, pero para mejorar. Hay más estabilidad política y económica en muchas partes, lo que lleva al mayor control de los mercados de capitales, del gobierno de las empresas y de las firmas de auditoría. En la medida en que transcurran los años, el riesgo de otras situaciones como Enron y Parmalat se reducirá en el mundo.

R. I.: ¿Es responsabilidad de la auditoría tratar de impedir los fraudes en las empresas? 

G. B.: La responsabilidad del auditor no es descubrir un fraude. De hecho, en Europa, en la jurisprudencia, no recuerdo algún caso en el que un auditor haya sido enjuiciado por no descubrir un fraude. Por lo que entiendo, la firma italiana responsable de la auditoría de Parmalat también puso énfasis en este mismo punto. Los directores presentaron unas cuentas incorrectas a la auditoría. Hubo un caso muy interesante, en el Reino Unido, en el que el juez dijo que un auditor era “un perro vigilante, pero no un cazador”.

R. I.: ¿Está de acuerdo con penalizar a los auditores en ciertos casos? 

G. B.: Si el auditor se confabula en el fraude, debería ser encausado legalmente.

R. I.: ¿Qué enseñanza deja un caso como Enron? 

G. B.: Las lecciones que hemos aprendido en el ámbito global son: primero, ser sinceros y ajustarse a la formación profesional. Segundo, asegurarse de permanecer independientes y no dejar que los clientes muy adinerados digan qué se debe hacer. Tercero, estar preparados para decirles a los clientes que se vayan, si la firma de auditoría no está conforme con la honestidad de ellos. Cuarto, no ser demasiado confiados acerca del papel de la firma auditora en un entorno siempre cambiante a gran velocidad. Y cinco, aceptar los cambios por el bien de la profesión y de las compañías a las que se les adelantan auditorías.

R. I.: ¿Cree que Colombia necesita cambios legales para ofrecer estabilidad a los inversionistas extranjeros? 

G. B.: Pienso que sí, pero eso es cierto en todos los países. Las naciones ambiciosas que quieran desarrollarse necesitan financiación, y esta proviene de los impuestos, de las utilidades de las empresas y de la inversión extranjera. Esos inversionistas esperan que las contabilidades y todos los demás documentos legales se preparen de manera honesta, de acuerdo con los estándares internacionales de contabilidad. Con base en mi poco conocimiento de Colombia, pero reconociendo que quiere ser un país exitoso en los mercados mundiales, espero que se acoja a los cambios corporativos y contables.

R. I.: ¿Los estándares internacionales de contabilidad garantizan una auditoría más eficiente? 

G. B.: Sí. Antes mencioné que la responsabilidad de la contabilidad recae en los directores de la compañía. Si por ley se exige que esta cumpla con los estándares internacionales, se reducen los riesgos. En otras palabras, se elimina la posibilidad de que los directores no les reporten explicaciones completas a los auditores.