El libre comercio va a sufrir el vendaval de la crisis generada en EE.UU. y Europa”

Revista Nº 156 Nov.-Dic. 2009

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Impuestos 

En entrevista con la REVISTA IMPUESTOS, Julio Lascano, experto argentino en derecho aduanero, manifiesta su preocupación por las manipulaciones de precios que pueden empezar a surgir en las aduanas del mundo, como táctica para contener el ingreso de bienes. Explica, además, los métodos de valoración aduanera que se comprometieron a cumplir los países firmantes del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT).

REVISTA IMPUESTOS:¿Por qué el tema de la valoración aduanera ha ganado relevancia? 

Julio Carlos Lascano: Tradicionalmente, la asignación de un valor a las mercaderías ha sido utilizada para trabar el ingreso de las mismas, como una especie de barrera económica, asignando precios arbitrarios o ficticios a las importaciones. Eso se corrigió en 1979, cuando se aprueba el convenio para la aplicación del artículo 7º del GATT. Allí, se define una metodología muy clara de valoración, donde se acepta como base el precio realmente pagado por el comprador de la mercadería que se importa a cualquier país. Este acuerdo se aplica en todas las naciones del mundo.

R. I.: ¿Antes de esa decisión, existía libre criterio en los países para hacer la valoración?

J. C. L.: En 1947, cuando se aprueba el acuerdo del GATT, aparece el artículo 7º, primer documento internacional que introduce la definición del valor en aduana, que es la base imponible de los derechos aduaneros. En ese momento, era muy importante, porque los aranceles eran muy altos y una definición clara del valor podía servir para una valoración justa.

R. I.: ¿En esa época, todavía no se imaginaba la intensificación que alcanzaría el comercio mundial?

J. C. L.: El mundo salía de la Segunda Guerra Mundial, que terminó en 1945; las economías europeas estaban destruidas; el comercio internacional muy debilitado, incluso desde antes, a partir de la crisis de 1929, los aranceles aduaneros habían subido extraordinariamente para proteger la industria local frente a la depresión económica. En 1947, se llega a una enumeración de derechos y de obligaciones de los países, en el marco del comercio internacional. Uno de los deberes es el artículo 7º, que trae esta definición del valor en aduana.

R. I.: ¿Cómo fue recibida tal medida?

J. C. L.: Cada país lo interpretó de un modo distinto. Por ejemplo, en EE. UU., lo aplicaban de una manera muy arbitraria. En ciertos casos, la mercadería importada no podía tener un valor en aduana más bajo que el de la producida en EE. UU. Eso era, claramente, una limitación, porque al que traía mercadería del exterior, le asignaban un valor equivalente al de la nacional, y sobre eso tenía que pagar todos los aranceles, con lo cual siempre estaba en desventaja para competir.

R. I.: ¿No se promulgó, en un principio, una norma precisa en esta materia?

J. C. L.: Era demasiado general, más o menos vaga, y daba pie para distintas interpretaciones. Los países europeos y los sudamericanos aplicaron un método de valoración que se llamaba la definición de Bruselas. El artículo 7º del GATT daba pie para organizar un sistema de valoración a partir de esta definición, donde no interesaba el precio realmente pagado por el comprador, sino el que la aduana estimaba que esa mercadería podía valer, si la transacción se hacía entre un comprador y un vendedor independientes, en el momento en que la mercadería arribaba al país de importación. Si se compraba dos o tres meses antes y ocurría una fluctuación de los precios internacionales, no se respetaba el precio pagado, sino el precio que valía al momento en que la mercadería llegaba a la nación importadora. Todo esto era una barrera para el comercio y, en el marco del GATT, se decidió estructurar un régimen de valoración compatible con el artículo 7º, que fuera válido para todos. Y eso ocurrió en la Ronda de Tokio del GATT, en 1979.

R. I.: ¿Qué sucedió en ese encuentro?

J. C. L.: Se aprueba el acuerdo para la aplicación del artículo 7º del GATT, que es una reglamentación muy específica, clara, de los métodos de valoración. En el año 1984, al cabo de la Ronda de Uruguay del GATT, se aprueba una segunda versión de este acuerdo, que es sustancialmente similar. Solamente se hacen algunas adecuaciones para que aquel pueda ser administrado por la Organización Mundial de Comercio (OMC), que nace el 1º de enero de 1995.

R. I.: ¿Qué ajustes esenciales surgieron en Tokio?

J. C. L.: Se establecen claramente seis métodos de valoración y se pide hacer todo el esfuerzo posible para aplicar el método del artículo 1º del valor de transacción, que acepta el precio realmente pagado por la mercadería, independientemente de las fluctuaciones de precio que hubieran ocurrido en un periodo determinado, con algunos ajustes que se prevén en el acuerdo. La nota distintiva es que el centro de la valoración lo conforman el comprador y el vendedor, ya no es la aduana la que asigna valores más o menos reales. Se debe respetar, siempre que se cumplan ciertas condiciones, que ese precio sea la base de valoración. Y esto ayuda mucho a eliminar esas trabas que se presentaban en el tráfico internacional de mercaderías.

R. I.: ¿Cuáles son los aspectos principales de los seis métodos de valoración aduanera del GATT?

J. C. L.: El método esencial es el del artículo 1º, el método del valor de transacción, que toma el precio realmente pagado o por pagar por las mercaderías, con los ajustes que se prevén en el artículo 8º. Cuando las mercaderías se importan por otros motivos que no son una venta, por ejemplo, se alquilan, ingresan en leasing o llegan en consignación para ver si se venden en el país, entonces se aplican otros métodos. El método del artículo 2º es el del valor de transacción de mercadería idéntica: se valora la mercadería de acuerdo con el valor que alguien declaró para mercadería igual. Si no se tiene mercadería idéntica, se pasa al método del artículo 3º, correspondiente al valor de transacción de mercaderías similares. Si no se puede con ninguno de estos métodos secundarios, se pasa al del artículo 5º, el deductivo; se toma la mercadería que se ha traído al país y se espera a que se venda, y una vez que eso ocurre, se descuentan los gastos internos, el flete interno del puerto de exportación hasta el depósito del comprador en el exterior, los impuestos aduaneros, el margen de ganancia del importador y se va a llegar al valor que tendría la mercadería puesta en el puerto de importación. Se van deduciendo todos los gastos posteriores a la importación, y entonces se llega a un valor promedio.

R. I.: ¿Qué otros mecanismos se contemplan?

J. C. L.: Después está el método del artículo 6º del costo de producción, que se aplica solo en el caso de mercaderías de empresas multinacionales; hay que investigar el costo de producción en origen, que es muy complejo. Prácticamente, este no se aplica. Sigue el último método, el del artículo 7º, que es flexible: si no se pudo con ninguno de los métodos anteriores, se van a tratar de aplicar procedimientos que sean compatibles con los principios del GATT y del acuerdo de valoración. O sea, con prioridad del respeto por la libertad de fijar precios de las partes y dando flexibilidad a algunos requisitos de los otros métodos, que quizás hacían imposible la aplicación del método anterior. Hay que aplicar todos estos métodos en orden secuencial. La aduana no puede elegir un método de valoración. Primero debe aplicar el método del artículo 1º; si no puede, entonces el del 2º; si no aplica este, continúa con el 3º, pero nunca puede saltar del 3º al 7º, tiene que pasar antes por el 5º y el 6º. Hay un principio de prelación.

R. I.: ¿El mundo experimenta un clima favorable al comercio exterior fluido?

J. C. L.: Estamos viviendo una crisis internacional muy grave, a partir de los desmanes de Wall Street. Hay una tendencia al resurgimiento del proteccionismo. Si bien los países están enmarcados en los acuerdos internacionales del GATT, en uno de ellos, el de valoración, se empieza, otra vez, a ver la tendencia a manipular los precios, a no respetar el precio pagado, sino a decir, por ejemplo, que un precio de importación no corresponde, porque está subfacturado o no es real. Se empiezan a poner trabas y se comienza a violar el acuerdo internacional. Me parece que la libertad de comercio, cuyo emblema es la OMC, va a sufrir los vaivenes, el vendaval de esta crisis generada en EE. UU. y Europa.

R. I.: ¿Comienza a haber decisiones de los países en contra de la mundialización económica?

J. C. L.: Exactamente, porque todos, aunque no lo digan, están contra China, el gran proveedor de mercadería barata a precios muy competitivos. Las restricciones en todo el mundo serán contra China y otros países.

R. I.: ¿Qué efectos tendrá esa situación en Latinoamérica?

J. C. L.: Vamos a encontrar trabas para exportar nuestras mercaderías. Ya tenemos algunas muy importantes en Europa para acceder con nuestros productos primarios a ese mercado. Y no parece que en el corto plazo, en este contexto de crisis, esa situación vaya a mejorar.

R. I.: ¿Qué argumenta un Estado para no aplicar el sistema de valoración del artículo 7º del GATT?

J. C. L.: Argentina, por ejemplo, está aplicando valores referenciales. Es decir, está asignando valores altos a las mercaderías importadas que son muy competitivas con respecto a las mercaderías producidas en el país. Entonces, si se entra con un valor de importación más bajo, se le dice al importador: pague doble impuesto al valor agregado sobre esa mercadería o no puede entrar.

R. I.: ¿Qué hace la OMC para promover los métodos de valoración aduanera?

J. C. L.: Está muy preocupada por las trabas que están surgiendo al comercio internacional. El director general de la OMC, Pascal Lamy, no puede cerrar los acuerdos de una nueva Ronda de Uruguay, porque Europa boicotea lo que pide Sudamérica, y a EE. UU. le reclama que no aplique aranceles arbitrarios a la importación de productos primarios. La OMC está bloqueada con esta nueva ronda, la de Doha (Qatar), que no termina de cerrarse. Por otro lado, prosperan los acuerdos bilaterales (tratados de libre comercio), dado que no hay un avance en el ámbito multilateral. Pero lo ideal sería que hubiese un acuerdo internacional.

R. I.: ¿Qué piensa de Colombia en cuanto a la aplicación de los métodos de valoración?

J. C. L.: Tiene una excelente reglamentación, lo quiero remarcar, del acuerdo de valoración. Hay una decisión de la Comunidad Andina de Naciones que lo reglamenta y después está un desarrollo excelente en el código aduanero colombiano. Argentina no tiene nada parecido a eso. Creo que eso ayuda mucho a los funcionarios aduaneros y también a los importadores, porque los funcionarios tienen bien especificado qué hacer en cada caso y cómo proceder. En él leí sobre cómo valorar mercaderías usadas y las reacondicionadas que siempre presentan dificultades a la hora de valorarse. Creo que la normativa colombiana en la materia es un ejemplo.