El marco conceptual y la medición: una aplicación empírica a empresas argentinas

Revista Nº 66 Abr.-Jun. 2016

Martín E. Quadro*

Eliana M. Werbin**

Hugo C. Priotto***

Liliana J. Veteri****

(Argentina) 

*Especialista en contabilidad superior y auditoría.

**Doctora en ciencias económicas (con orientación en contabilidad).

***Especialista en contabilidad superior y auditoría.

****Contadora pública.

Resumen

La contabilidad financiera es originaria del ámbito anglosajón con la función inicial de rendición de cuentas. A fines de los años sesenta, este enfoque cambia hacia una visión de la utilidad de la información para la toma de decisiones. El objetivo de este trabajo, es analizar los diferentes criterios de medición en los principales rubros del patrimonio, que adoptan las empresas líderes argentinas que cotizan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (excepto entidades financieras). Se encontraron casos de empresas que usan un criterio diferente a lo establecido en el marco conceptual y en las normas particulares. En otros casos optan por criterios no consistentes ente sí.

Palabras clave:

Valores corrientes; Valores históricos; Valuación contable.

Contenido

Introducción

1. Los criterios de medición en la contabilidad

2. Los criterios de medición en el marco conceptual del IASB

3. Estudio empírico en empresas argentinas

3.1. Sujetos del análisis y metodología

3.2. Certeza y validez

3.3. Resultados obtenidos y discusión

Conclusiones

Bibliografía

Introducción

La teoría contable puede definirse como “un conjunto coherente de principios hipotéticos, conceptuales y pragmáticos que forman un marco de referencia general para investigar sobre la naturaleza de la contabilidad” (Porporato 2008).

El término “contabilidad financiera” se utiliza para individualizar un área específica de la contabilidad, cuyo propósito es brindar información para usuarios que están fuera de la empresa y que la financian.

La denominación de contabilidad financiera se relaciona con el hecho de que la información proporcionada por ella, está especialmente dirigida a aquellos que suministran los recursos financieros de una entidad. En ese sentido, entre estos “usuarios tipo”, podríamos mencionar a los inversionistas y acreedores.

La contabilidad financiera nace en el ámbito anglosajón con una función esencial de rendición de cuentas. A finales de los años sesenta, este enfoque cambia, pasándose de un mero control de la gestión (los datos contables son los encargados de mostrar el pasado) a la visión de la utilidad de la información para la toma de decisiones (los datos contables pueden ayudar a ver el futuro).

Este cambio en el enfoque es lo que Beaver (1981) llama “una revolución contable”. A su entender, la perspectiva cambia de la medición de la ganancia económica a un enfoque “informativo”. Uno de los primeros documentos que hace referencia a este tema es cuando la American Accounting Association (1966) muestra claramente este enfoque de “utilidad” de la información contable en ciertas definiciones claves: “Se define a la contabilidad como el proceso de identificar, medir y comunicar la información económica que permite formular juicios basados en información y la toma de decisiones, por aquellos que se sirven de la información” (…). “Esencialmente, la contabilidad es un sistema de información. Más precisamente, es una aplicación de la teoría general de información al problema de las operaciones económicas eficientes”.

La contabilidad financiera reporta a estos usuarios externos, principalmente mediante un cuerpo de estados financieros, cuyo propósito final es ayudarlos en su proceso de toma de decisiones. Los organismos reguladores han establecido normas contables, reglas para la preparación de la información contable.

Formando parte de estas normas, existe el denominado “marco conceptual”, que establece los conceptos fundamentales que subyacen en la elaboración y presentación de los estados financieros. El propósito principal de un marco conceptual es asistir al organismo emisor, mediante la definición e identificación de los conceptos que se utilizarán de forma consistente al momento de desarrollar las normas contables. Otros propósitos de un marco conceptual son: ayudar a entender e interpretar las normas existentes, y desarrollar políticas contables cuando deba resolverse sobre una situación específica o particular que las normas como tal no regulan.

El marco conceptual del International Accounting Standards Board (en adelante IASB), órgano emisor de normas contables a nivel internacional, fue aprobado por el Consejo del International Accounting Standard Committee (en adelante IASC) en abril de 1989, para su publicación en julio del mismo año, y adoptado por IASB en abril de 2001. En 2004, IASB y Financial Accounting Standards Board (en adelante FASB), órgano emisor de normas contables en EE. UU., iniciaron un proyecto conjunto para revisar sus respectivos marcos conceptuales.

En 2010, ambos organismos emitieron de manera conjunta dos capítulos de un marco conceptual “revisado”: el capítulo 1 (referido al objetivo de los estados financieros de propósito general) y el capítulo 3 (referido a las características cualitativas de la información financiera útil). Estos capítulos se tornaron efectivos tan pronto como fueron publicados, y hoy forman parte del actual marco conceptual de IASB.

Luego de esta primera emisión de capítulos de manera conjunta, ambos organismos suspendieron el trabajo. Sin embargo, en 2012, IASB realizó una consulta pública sobre su agenda, y muchas personas opinaron que la culminación del marco conceptual debía ser un proyecto prioritario para el organismo. Consecuentemente, el IASB retomó su proyecto para reformular el marco conceptual, pero esta vez sin la conducción conjunta de FASB.

En este camino, IASB espera tener su marco conceptual revisado para fines de 2016, ya que en este momento el Consejo aún se encuentra realizando las deliberaciones pertinentes en cumplimiento del debido proceso de emisión de normas. Se están estudiando los siguientes ítems, entre otros:

a) Elementos de los estados financieros.

b) Reconocimiento.

c) Medición.

d) Exposición.

La idea del organismo es actualizar y mejorar el marco conceptual existente, y no se revisarán los capítulos 1 y 3 ya redactados de manera conjunta con FASB, salvo que deban adaptarse de alguna manera a los cambios posteriores que se van a realizar. El marco conceptual se enfocará a asuntos que son fundamentales en el proceso contable, como las definiciones de activo, pasivo, capital, ingresos y gastos, así como el reconocimiento, valuación, presentación y revelaciones relativas (Gras 2013).

Debe recordarse que en Argentina, por vigencia de las resoluciones técnicas 26 y 29 emitidas por la Federación Argentina de Consejos Profesionales en Ciencias Económicas (en adelante, FACPCE), las empresas que cotizan en bolsa están obligadas a aplicar el cuerpo normativo emitido por IASB (Normas Internacionales de Información Financiera, en adelante NIIF) a partir de los ejercicios iniciados el 1º de enero del 2012.

Por lo anteriormente expuesto, si el IASB aprueba este cambio en su marco conceptual, en Argentina también regiría para las empresas mencionadas.

El objetivo de este trabajo, enmarcado dentro de un proyecto de investigación más amplio, es analizar los diferentes criterios de medición o valuación utilizados en los principales rubros y recopilados en notas a los estados contables por las empresas líderes argentinas que cotizan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (excepto entidades financieras). Esta información puede tomarse como punto de partida para la discusión del IASB sobre el acápite de medición, ya que más allá de lo permitido por la normativa, también debe revisarse la realidad, y los criterios que efectivamente son utilizados por las empresas y leídos por los usuarios de los estados contables, y cómo dichos criterios se articulan con la normativa existente.

Para ello, en una primera parte del trabajo se describen de manera conceptual los distintos atributos de medición, y cómo los mismos son tratados en el marco actual del IASB y en el nuevo proyecto, luego se presentan los datos obtenidos de los estados contables analizados y finalmente se abordan los resultados y conclusiones.

1. Los criterios de medición en la contabilidad

La medición se define como la asignación de números a los atributos o propiedades de objetos a ser medidos. La medida es una forma de lenguaje mediante la cual se representan los fenómenos del mundo real por números, y relaciones entre números, con la finalidad de dar rigor a las acciones encaminadas a modelarlo y a influir sobre él (López Díaz 1975).

Los objetos tienen numerosos atributos o propiedades, que son las características particulares de los mismos. En la literatura contable, se han propuesto una variedad de atributos que constituyen la base más pertinente y útil para la medición contable financiera.

Biondi (1999), establece que la valuación tiene por objeto definir cuál será la medida de valor que se va a aplicar a cada uno de los activos y pasivos y su relación con los activos consumidos. Desde la perspectiva de los tipos de transacciones de las que se deriva la medición, los atributos caen en dos clases: aquellos medidos sobre la base de transacciones por las cuales son adquiridos los activos e incurridos los pasivos (valores de entrada), y aquellos medidos sobre la base de transacciones en las cuales los activos están dispuestos para la venta u otra transferencia y se cancelan los pasivos (valores de salida).

Entre los valores de entrada se encuentran el criterio de medición a costo histórico y a costo corriente. Entre los valores de salida, hay dos que se relacionan con las expectativas en el curso normal de los negocios (valor realizable neto y valor presente) y uno relacionado con la alternativa de liquidación ordenada (valor de mercado corriente). Existen otros conceptos derivados de estos atributos básicos, tales como el valor razonable, el valor en uso, el valor recuperable y el valor para la empresa.

Se puede definir al costo histórico (García 2010) como el costo de adquisición del bien, al momento de ingreso al patrimonio de la empresa, al cual se le adicionan todas las erogaciones necesarias para colocarlo en condiciones de funcionar o de generar beneficios; es un valor del pasado. Por otra parte cuando hablamos de valores corrientes, siguiendo a García (2010), se refiere al valor del bien en la fecha que se realiza la valuación contable. Se reconocen todos los cambios en el valor de los bienes entre el momento de la adquisición y el momento de la valuación al cierre de cada ejercicio.

La discrepancia y discusión en torno a los métodos de valuación ha sido tan vasta como interesante. Algunos autores que están a favor del costo histórico, como Paton y Littleton (1940), opinan que la información contable a valores corrientes nunca es tan objetiva como aquella elaborada con base en el costo histórico, dado que estos últimos son menos manipulables. Desde el punto de vista de la determinación del beneficio, no aceptan que deba mostrarse el aumento en el valor de un activo que la empresa no intenta vender.

Paton y Littleton (1940) sostienen: “La teoría contable debe explicar los conceptos de ingresos y gastos en términos de cambios en los activos de la empresa en lugar de aumentos o disminuciones en la participación de los propietarios o accionistas”. A continuación describen el beneficio de la siguiente manera: “La contabilidad existe principalmente como un medio de calcular un residuo, un saldo, la diferencia entre los costos (como esfuerzos) e ingresos (como logros) para las empresas individuales. Esta diferencia refleja la eficacia gerencial y es de importancia particular para aquellos que producen el capital y toman la última responsabilidad”.

El estado de resultados, dicen Paton y Littleton (1940), es el informe financiero más importante, puesto que revela los resultados de las operaciones de la empresa. El balance general no es de gran importancia; sirve meramente como un eslabón que une los estados de resultados sucesivos en un cuadro compuesto de la corriente del beneficio.

Ijiri (1975) indica que la medición a costo histórico afecta la evaluación y selección de reglas de decisión, proporciona un insumo a la noción de “satisfacción”, y es impuesta de manera natural por el medio ambiente. Este autor señala que la valuación a costos históricos es el único método que incluye los requisitos esenciales para una contabilidad, en el cual se registran todos los cambios en los recursos de una entidad por medio de la relación de insumos y rendimientos.

En este sentido, la valuación de costos históricos proporciona datos que son útiles para la toma de decisiones por parte de gerentes e inversionistas conscientes en cuanto a que la historia es la única base para predecir el futuro.

En contrapartida, los autores (entre ellos Chambers, 1994) que están a favor de los valores corrientes, argumentan que son más útiles para la toma de decisiones, es decir, más pertinentes, sobre todo en economías inflacionarias, porque se necesita información futura más que información del pasado.

Además plantean que los costos históricos no son útiles porque no proporcionan información suficiente para la evaluación de las decisiones empresariales, ya que cuando los activos son adquiridos el costo histórico es un atributo pertinente, pero luego de un tiempo deja de serlo.

Al hablar de valores corrientes se puede comprobar un acercamiento de la contabilidad a la realidad económica, se entiende que todas las partidas en los estados contables o financieros pueden ser corroboradas por medio de una evidencia en el mundo real. Sprouse (1973) mantiene la idea de que el balance general incluye los elementos más fundamentales de la teoría contable y que todas las transacciones deben analizarse en términos de su efecto sobre los activos, pasivos y participación de los propietarios.

Sin embargo, los valores corrientes tienen la desventaja de que el importe de los bienes puede variar por razones de oferta y demanda, u otras causas de índole económica, independientemente de la variación de los precios experimentada como consecuencia de la inflación. Se reconocerían así resultados que no son reales; son aquellos resultados por tenencia que no tienen deducido el efecto inflacionario, entonces generan ganancias aparentes. El valor corriente es complejo de conseguir y determinar para algunos bienes y su verificación puede resultar difícil.

Finalmente, dado que el auditor de los estados contables debe obtener elementos de juicio válidos y suficientes para respaldar las mediciones y exposiciones a valor corriente de ciertos activos, pasivos y de sus variaciones, la incertidumbre asociada con una partida o la falta de datos objetivos puede que hagan imposible efectuar una estimación razonable, en cuyo caso, el informe del auditor podría no ser tan favorable como la empresa espera.

Al ser la función principal de la contabilidad ser útil para la toma de decisiones, el costo histórico aparece como la manera más objetiva y confiable de realizar la valuación (ya que le da seguridad al contador, se evitan manipulaciones, y es de fácil y bajo costo conseguir los datos), pero no es tan pertinente para la toma de decisiones sobre activos y pasivos ya que los inversionistas están más interesados en la representación fiel de la información y en el beneficio futuro, que en los hechos del pasado. Los valores corrientes proporcionan una mayor pertinencia, ya que incorporan información actual y no referida a momentos pasados.

La virtud del costo histórico radica en su superior fiabilidad, ya que es siempre imparcial, objetivo y verificable, mientras que las estimaciones basadas en el mercado pueden no serlo. Ijiri (1975) indica que la valuación a costos históricos al rechazar el reconocimiento de las pérdidas y ganancias por tenencias, está de acuerdo con el espíritu de mantener el status quo, a no ser que los cambios sean necesarios fuera de toda duda razonable. Este espíritu es esencial para resolver conflictos de interés y para mantener el orden y la estabilidad en la sociedad.

2. Los criterios de medición en el marco conceptual del IASB

Un marco conceptual tiene la misión de reducir las diferencias, hacer las veces de un instrumento armonizador entre las normas contables, regulaciones y procedimientos referidos a la preparación y presentación de estados financieros. Está claro que el objetivo de los estados financieros para el IASB es suministrar información que sea útil para la toma de decisiones económicas.

Para el marco conceptual actual del IASB (2010), la medición es “el proceso de determinación de los importes monetarios por los que se reconocen y llevan contablemente los elementos de los estados financieros, para su inclusión en el balance y en el estado de resultados. Para realizarla es necesaria la selección de una base o método de medición”.

El marco conceptual reconoce que en los estados financieros se emplean diferentes bases de medición, con diferentes grados y en distintas combinaciones entre ellas. Se mencionan los siguientes métodos:

a) Costo histórico.

b) Costo corriente.

c) Valor realizable (o de liquidación).

d) Valor presente.

Cabe destacar que el marco conceptual no trata de “costos históricos” versus “valores corrientes”, sino que directamente se refiere a los criterios de medición, siendo el primero de base histórica y los tres restantes de base corriente.

Bajo la base del costo histórico, los activos se registran por el importe de efectivo y otras partidas pagadas, o por el valor razonable de la contrapartida entregada a cambio en el momento de la adquisición. Los pasivos se registran al importe de los productos recibidos a cambio de incurrir en la obligación o, en algunas circunstancias (por ejemplo en el caso de los impuestos a las ganancias), por los importes de efectivo y equivalentes al efectivo que se espera pagar para satisfacer el correspondiente pasivo, en el curso normal de la operación.

Por otra parte, con el criterio del costo corriente, de acuerdo con lo expresado en el marco conceptual, los activos se llevan contablemente por el importe del efectivo y otras partidas equivalentes al efectivo, que debería pagarse si se adquiriese en la actualidad el mismo activo u otro similar. Los pasivos se llevan contablemente por el importe sin descontar de efectivo u otras partidas equivalentes al efectivo que se precisaría para liquidar la obligación en el momento presente.

El valor realizable o de liquidación es un valor corriente de salida, bajo el cual los activos se llevan contablemente por el importe de efectivo y otras partidas equivalentes al efectivo que podrían ser obtenidos, en el momento presente, por la venta no forzada de los mismos. Los pasivos se llevan a su valor de liquidación; es decir, los importes no descontados de efectivo o equivalentes al efectivo, que se espera pagar para cancelar los pasivos, en el curso normal de la operación.

Finalmente, bajo la base del valor presente, los activos se llevan contablemente descontando las entradas de efectivo netas futuras que se espera genere la partida en el curso normal de la operación. Los pasivos se llevan por el valor presente, descontando las salidas de efectivo netas futuras que se espera necesitar para pagar las deudas, en el curso normal de la operación.

En esta parte, el marco conceptual agrega que “la base o método de medición más comúnmente utilizado por las entidades, al preparar sus estados financieros, es el costo histórico. Éste se combina, generalmente, con otras bases de medición. Por ejemplo, los inventarios se llevan contablemente al menor valor entre el costo histórico y el valor neto realizable, los títulos cotizados pueden llevarse al valor de mercado, y los pasivos por pensiones se llevan a su valor presente. Además, algunas entidades usan el costo corriente como respuesta a la incapacidad del modelo contable del costo histórico para tratar con los efectos de los cambios en los precios de los activos no monetarios”.

Es decir, el organismo en su marco conceptual reconoce la existencia de diferentes criterios o métodos de medición, y termina concluyendo que la intensidad con que se presentan las ventajas e inconvenientes no es la misma para todos los elementos patrimoniales, por lo que no se puede afirmar de forma rotunda la superioridad de uno frente a otro, y por lo tanto, si bien admite que el método más comúnmente utilizado es el costo histórico, también expresa que es combinado con otras bases de medición.

Desde el punto de vista del objetivo de los estados financieros, al ser los usuarios de la información un grupo tan heterogéneo, es difícil satisfacer a todos con un solo criterio de valuación.

Beaver y Demski (1974) dejan bastante claro el enfoque de utilidad o información para la toma de decisiones, aunque muestran algunas debilidades del mismo, al expresar: “Parece ser que hay un consenso en que el propósito primario de los estados financieros es proveer información a los usuarios de los mismos. Sin embargo, el rol básico y fundamental de estos objetivos con este marco utilitarista y de primacía de los usuarios permanece oscuro —especulamos que esto sucede porque el problema de la heterogeneidad de los usuarios no ha sido tratado aun adecuadamente. Esto es, el reconocimiento explícito de los irreconciliables conflictos de intereses entre las distintas clases de usuarios (o entre los usuarios) provee la clave para definir este asunto de los objetivos”.

En julio de 2013, el IASB emitió un documento de discusión, denominado “A Review of the Conceptual Framework for Financial Reporting”, donde plantea cambios y revisiones al marco conceptual existente.

Respecto de la medición, expresa que el marco conceptual vigente provee una escasa guía en cuanto a la medición y cuándo las mediciones particulares deben ser utilizadas.

En primer lugar, se intenta vincular el objetivo de los estados financieros y las características cualitativas de la información financiera útil con la medición. En este sentido, expresa que la visión preliminar del IASB es que el objetivo de la medición es contribuir a la representación fiel y pertinencia de la información acerca de los recursos de la entidad, los cargos contra ellas y los cambios en los mismos, y acerca de cuán eficiente y efectivamente la dirección y el gobierno de la entidad han cumplido sus responsabilidades de manejar estos recursos.

La visión preliminar del IASB es no medir todos los activos y pasivos con el mismo criterio de medición (es decir, no todo a costo histórico o todo a valores corrientes). Cree que la pertinencia de una medición particular dependerá de cómo un activo o un pasivo contribuirá a los flujos futuros de fondos de la entidad, aspecto que es de crucial interés para inversores, acreedores y otros prestamistas.

Por ejemplo, algunos activos contribuyen directamente a los flujos de efectivo (el caso de los activos que se venden). En este caso, los usuarios de los estados financieros requerirán información acerca del precio de mercado de este activo, ya que es la contribución a los flujos de efectivo. Por el contrario, otros activos no generan flujos de fondos de manera directa, o bien se utilizan en combinación con otros activos (como las propiedades, planta y equipo). La información acerca de sus precios de mercado no será pertinente en este caso para los usuarios. Quizás es más útil una información basada en el costo de este activo y cómo el mismo es consumido.

Resumiendo, la selección de un criterio de medición, para un activo en particular, dependerá de cómo ese activo contribuirá a los flujos futuros de fondos, y para un pasivo en particular, de cómo la entidad cubrirá esa obligación.

En cuanto a las bases o criterios de medición, este nuevo proyecto menciona las siguientes:

a) Mediciones basadas en el costo.

b) Mediciones basadas en precios corrientes, incluyendo valor razonable.

c) Otras mediciones basadas en flujos de fondos.

Puede verse entonces que el concepto es bastante diferente al del marco actual, tanto en cuanto a la vinculación de la medición con el objetivo y las características cualitativas de la información útil, como en cuanto a la elección del mejor criterio para valuar particularmente un activo o un pasivo.

Es justamente en este marco de discusión que se decide analizar y estudiar cuáles son los criterios de medición utilizados por las empresas argentinas líderes que cotizan en bolsa (excepto entidades financieras), para realizar un aporte desde el punto de vista de la realidad de los emisores de estados contables.

3. Estudio empírico en empresas argentinas

3.1. Sujetos del análisis y metodología 

Se trabaja con todas las empresas que cotizan en el panel de las líderes de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires al momento de realizar el presente trabajo, excepto las entidades financieras ya que están sujetas a una normativa específica del sector, lo que arroja un total de siete empresas a diciembre del 2014. Para cada una de ellas, se consideran los criterios de medición utilizados en cada rubro y expresados en notas a los estados contables.

Los datos se obtienen de la página oficial de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (www.bolsar.com) y de la Comisión Nacional de Valores de Argentina (www.cnv.gob.ar).

3.2. Certeza y validez 

Para asegurarse de que los datos representan lo que efectivamente se quiere evaluar, la medición de los ítems incluidos en los estudios empíricos y su transformación en variables se deben someter a pruebas de certeza y validez. La medición se enfoca en la relación entre los indicadores de los estudios empíricos (las respuestas observables) y los conceptos ocultos fundamentales (conceptos teóricos). Si esta relación es significativa, el análisis de indicadores empíricos puede llevar a inferencias útiles acerca de las relaciones entre los conceptos teóricos fundamentales.

Para determinar que los indicadores empíricos utilizados representan un concepto teórico dado, se han efectuado las siguientes pruebas:

• Certeza: se relaciona negativamente con el error aleatorio (no sistemático) y se define como la capacidad de que el procedimiento de medición genere los mismos resultados en ensayos repetidos (resultados coherentes). Las fuentes típicas de error son los problemas en la codificación, en las instrucciones ambiguas, en el énfasis dado al emplear palabras diferentes, etc. En este trabajo, las fuentes comunes de error fueron controladas utilizando estados contables y datos suministrados por los sujetos del estudio, sometidos a una auditoría externa, y revisados y publicados por los organismos de contralor, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y la Comisión Nacional de Valores.

Validez: se relaciona negativamente con el error no aleatorio (sistemático) y se define como la capacidad que tiene cualquier ítem del instrumento de medición de medir lo que se intenta medir. La fuente típica de error son las escalas empleadas, la cual será controlada utilizando los estados contables y datos suministrados por los sujetos del estudio, sometidos a una auditoría externa, y revisados y publicados por los organismos de contralor, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y la Comisión Nacional de Valores. Se consideran los siguientes tipos de validez:

— Validez del contenido: se refiere a la capacidad que una medida empírica tiene para reflejar un dominio específico del contenido. En este trabajo, todos los datos se han tomado de fuentes públicas y los estudios se diseñaron teniendo en mente el dominio del contenido pertinente para la unidad de análisis definida.

— Validez de los conceptos: implica que la relación entre los múltiples indicadores diseñados para representar un concepto teórico dado y las variables externas pertinentes son semejantes en términos de dirección, fuerza y consistencia. Idealmente, la validez de las relaciones implica hallar una pauta de conclusiones coherentes entre diferentes investigadores que utilizan diversas estructuras teóricas a lo largo de varios estudios. Para controlar este tipo de validez, siempre que ha sido posible, se han empleado las medidas y escalas ya utilizadas en estudios previos. Además, se han tomado precauciones adicionales tales como la especificación a priori de la relación teórica entre los conceptos y el examen a posteriori de la relación empírica entre las medidas de los conceptos.

— Validez interna: permite que obtengamos conclusiones válidas de este estudio. Por lo tanto, se ha prestado especial atención para evitar deficiencias en el diseño de la investigación y para controlar los errores de falta de datos.

— Validez externa: se refiere a la generalización de los resultados a otros escenarios y muestras, normalmente un incremento de la validez externa implica un sacrificio de la validez interna. Como se ha explicado, los resultados de este estudio están restringidos principalmente a las empresas líderes en Argentina entre los años 2006 y 2010, por lo que a priori se ha dado más preeminencia a la validez interna. Sin embargo, se procura proveer cierta validez externa al replicar estudios diseñados y ejecutados en diferentes entornos.

3.3. Resultados obtenidos y discusión 

En la tabla 1 se presenta el resultado del relevamiento realizado de los principales criterios de medición adoptados por las empresas analizadas, en los estados contables cerrados a diciembre del 2014, para los rubros: propiedades, planta y equipo, inventarios y activos financieros.

REVCONT66 PAG 67
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REVCONT66 PAG 68
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REVCONT66 PAG 69
REVCONT66 PAG 69
 

Fuente: Elaboración propia a partir de balances publicados en (www.bolsar.com) y (www.cnv.gob.ar) a diciembre del 2014.

Si intentamos encuadrar estos criterios de valuación dentro de los mencionados por el nuevo proyecto de marco conceptual, el resultado sería:

REVCONT66 PAG 70
REVCONT66 PAG 70
 

Fuente: Elaboración propia.

Puede verse en primer lugar que hay una empresa de las siete que utiliza algún criterio aproximado pero no idéntico a lo establecido en el marco conceptual y en la norma en particular, y otra que utiliza un criterio diferente para información de fines internos, expresando esto en las notas a sus estados contables. Esto es un punto para ser tenido en cuenta, porque implica que estos criterios que pretenden tomarse como universales o válidos, a veces no reflejan todas las aristas de la realidad de los emisores de los estados contables.

Por otra parte, y de acuerdo con lo expresado en el nuevo proyecto de marco conceptual del IASB, la elección de los criterios de medición debiera hacerse en función de la contribución probable a los flujos de efectivo de los diferentes bienes.

Esto llevaría a entender la preferencia por el costo histórico en el caso de las propiedades, planta y equipo, que tienen la mayoría de las empresas (la NIC 16-Propiedades, planta y equipo permite optar por el método del costo o el método de revaluación), ya que la información más pertinente puede ser la vinculada a su costo de adquisición y la manera en que los costos son consumidos.

Sin embargo, en el caso de inventarios, la información más pertinente debiera ser la de su valor de mercado y la mayoría de las empresas sigue la NIC 2 (inventarios) que establece la valuación al menor entre costo histórico y valor neto realizable. En este sentido, el IASB luego de aprobar la modificación al marco conceptual, debería revisar las normas particulares para lograr una consistencia.

Se aprecia aquí una cierta contradicción entre el nuevo proyecto de marco conceptual y las normas vigentes, ya que se permite un método de revaluación que utiliza valor razonable o de mercado para propiedad, planta y equipo, cuando la información más relevante desde el punto de vista de los flujos de efectivo es la vinculada al costo y sus patrones de consumo. Mientras que por otro lado, la información más pertinente para los inventarios es la del precio de venta y de acuerdo a la NIC 2 deben valuarse a costo histórico.

Finalmente, para los activos financieros, se ve claramente cómo las empresas distinguen entre aquellos que pueden valuarse a valores razonables porque cuentan con un mercado transparente y conocido, y aquellos que no, que son tomados a costo amortizado o con otro criterio de valuación.

Conclusiones

La contabilidad financiera brinda información dirigida a aquellos usuarios que suministran los recursos financieros, es decir, los inversionistas y acreedores, y son los denominados generalmente como los “usuarios tipo” de la información financiera.

El IASB tiene la misión de reducir las diferencias entre las normas contables, regulaciones y procedimientos referidos a la preparación y presentación de estados financieros. Está claro que el objetivo de estos últimos para el IASB es suministrar información que sea útil para la toma de decisiones económicas. La función del marco conceptual es servir de instrumento armonizador en este proceso.

En julio del 2013, este organismo emitió un documento de discusión, denominado “A Review of the Conceptual Framework for Financial Reporting”, donde plantea cambios y revisiones al marco conceptual existente.

En cuanto a la medición (tema que nos ocupa en el presente artículo), en este documento de discusión, se intenta vincularla con el objetivo de los estados financieros y las características cualitativas de la información financiera útil. El objetivo de la medición es contribuir a la representación fiel y pertinencia de la información acerca de los recursos de la entidad, los cargos contra ellas y los cambios en los mismos, y acerca de cuán eficiente y efectivamente la dirección y el gobierno de la entidad han cumplido sus responsabilidades de manejar estos recursos.

La visión preliminar del IASB es no medir todos los activos y pasivos con el mismo criterio de medición (es decir, no todo a costo histórico o todo a valores corrientes). Se cree que la pertinencia de una medición particular dependerá de cómo un activo o un pasivo contribuirá a los flujos futuros de fondos de la entidad, aspecto que es de crucial interés para inversores, acreedores y otros prestamistas.

En este trabajo se revisaron los criterios de valuación o medición adoptados por todas las empresas líderes de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (excepto entidades financieras), para los rubros propiedades, planta y equipos, inventarios y activos financieros.

Se encontró en primer lugar, que hay una empresa de las siete que utiliza algún criterio aproximado pero no idéntico a lo establecido en el marco conceptual y en la norma en particular, y otra que utiliza un criterio diferente para información de fines internos, expresando esto en las notas a sus estados contables. Esto es un punto para ser tenido en cuenta, porque implica que estos criterios que pretenden tomarse como universales o válidos, a veces no reflejan todas las aristas de la realidad de los emisores de los estados contables.

Por otra parte, las empresas optan para propiedades, planta y equipo por la información que les parece más pertinente en cuanto a los flujos futuros de fondos, esto es, la del costo y su consumo. Sin embargo, para inventarios, por la NIC 2, se ven restringidas a no poder medirlos a su valor de mercado, que sería el atributo que mejor cumpliría la función de la contabilidad financiera, que es bridar información útil mediante los estados financieros para la toma de decisiones de inversores y acreedores.

En conclusión, queda mucho camino por recorrer aún, ya que esta modificación del marco conceptual y la alineación del concepto de medición con el objetivo de los estados financieros y las características cualitativas de la información útil, es solo el comienzo. Una vez desarrollado este marco base, el organismo tendrá que revisar a posteriori sus normas particulares para lograr un conjunto armónico. Debe lograr que la preparación y presentación de estados contables sea la que mejor satisfaga justamente las necesidades de aquellos que usan a la contabilidad financiera como herramienta y a quienes la misma tiene sentido en su función: sus usuarios principales, los que financian la empresa, es decir, inversores y acreedores.

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