“El modelo de la OCDE en tratados para evitar doble tributación es más equitativo”

Revista Nº 179 Sep.-Oct. 2013

Javier N. Rojas 

De acuerdo con Miguel Valdés, experto en derecho tributario, de origen cubano y nacionalidad estadounidense, el modelo de tratado para evitar la doble imposición diseñado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se funda en la igualdad de capacidades de los Estados firmantes y alaba el hecho de que esa entidad esté siempre dispuesta a realizar los ajustes técnicos necesarios en aras de optimizar el instrumento.

REVISTA IMPUESTOS: ¿Por qué son importantes los convenios para evitar la doble imposición? 

Miguel Valdés: Estos tratados ayudan mucho, puesto que nos dan claridad acerca de cómo interpretar los asuntos tributarios. Lo bueno de un tratado consiste en que nunca busca ocasionar un daño, sino que siempre pretende brindar un beneficio. El tratado ofrece mucha más claridad, porque se sabe cuál es la ley que se aplica a una transacción económica. Se cuenta con un periodo en que se puede tener esa garantía, dado que en Latinoamérica se presenta volatilidad de la ley; en cualquier momento, hay una ley nueva.

R. I.: ¿Esta es una situación común en los países latinoamericanos?

M. V.: En todos ocurren frecuentes cambios, no por escrito, sino que se evidencia mucho en la interpretación. Además, cada vez que hay un relevo de personal puede haber distinta interpretación (de las leyes tributarias), porque se trata de seres humanos diferentes.

R. I.: ¿A qué obedece esa realidad?

M. V.: A la condición económica. El ejemplo revelador de esto es Brasil; nunca ha estado en una mejor condición económica, pero las autoridades interpretan las normas como quieren. En muchas ocasiones no respetan ni los tratados internacionales. Estos son la única salvación que tenemos. Brasil es un lugar muy difícil para hacer negocios, porque hay una inestabilidad (interpretativa legal) total y en un país tan grande, donde los errores cuestan tanto. Hay bastantes litigios en Brasil, porque ellos no quieren seguir interpretaciones internacionales, sino adoptar las propias que les dan a los tratados. Los brasileños dicen que usan el modelo de la OCDE, pero no lo aplican. Afirman eso dado que quieren mostrar que están haciendo las cosas profesionalmente. La realidad es que tienen su modo de hacer las cosas: copian lo que les gusta de la OCDE y lo que no, lo interpretan a su manera.

R. I.: ¿Qué se puede hacer frente a esa dificultad interpretativa de leyes y tratados?

M. V.: Una de las razones por las que Brasil dice que sus reglas (en materia de tratados de doble imposición) son distintas es por la corrupción, porque por ejemplo, en las reglas de precios de transferencia en Europa y EE.UU. hay mucho campo para la subjetividad. Entonces, las autoridades de Brasil señalan que si se les permite a los inspectores (de impuestos) recurrir a la subjetividad, básicamente se les estaría dando permiso para robar mediante los acuerdos que hacen con los contribuyentes. Esto es ridículo.

R. I.: ¿Puede tener otras causas esa inestabilidad legal?

M. V.: Nuestro sistema legal es distinto al estadounidense, porque allá tienen el common law o derecho consuetudinario, en el que se pueden hacer otras interpretaciones. Aunque también hay inestabilidad económica en EE.UU. y el fisco debe recolectar dinero; a veces, la desesperación por hacerlo es un problema.

R. I.: ¿Un tratado para evitar la doble imposición garantiza plena estabilidad jurídica?

M. V.: Da unas reglas estables, pero no puede cubrir todas las circunstancias. Entonces, siempre se van a encontrar casos en que se debe hacer una interpretación y otro puede hacer la suya. Ahí es cuando comienzan los problemas. Resulta imposible que el tratado pueda cubrir todo, porque es un documento.

R. I.: ¿Qué debe tener en cuenta una nación al momento de negociar un tratado para evitar la doble imposición?

M. V.: Lo fundamental es seleccionar una nación con la que se comercie mucho y después tomar en cuenta que no importa que se disminuya el recaudo proveniente de los contribuyentes, porque se va a recolectar mucho más por todos los negocios adicionales que van a llegar debido a ese tratado. Y eso, definitivamente, es verdad.

R. I.: ¿Así se promueve la integración comercial?

M. V.: La que se tenga en el momento o la que se va a tener en el futuro próximo, que resulta mejor todavía, porque así se estará planeando para el mañana. No solo se intensifica el comercio, sino también el número de visitantes. Con un tratado de doble imposición se van a crear las condiciones para hacer la vida más fácil a las personas; va aumentar el turismo. Además, define claramente términos que son muy importantes.

R. I.: ¿Qué piensa de la visión en materia de impuestos que adoptó la Comunidad Andina de Naciones (CAN)?

M. V.: En parte, el Pacto Andino no ayudó en nada y sí perjudicó mucho, porque establece que nada más se tiene que poner un impuesto a la renta en la fuente de esta y no que se deben tener tratados para evitar la doble tributación. Eso fue un impacto terriblemente negativo en toda la región. A pesar de que eran unos pocos los países firmantes, había otros que seguían al Pacto Andino. Y eso fue un problema, porque, de lo contrario, hubiéramos progresado mucho más. México es el único adelantado. Allá el número de tratados de doble tributación ha crecido de manera impresionante en tan poco tiempo.

R. I.: ¿El modelo de tratado para evitar la doble imposición de la CAN retrasó el desarrollo de un modelo universal en Latinoamérica?

M. V.: Definitivamente sí, y retrasó no solamente el modelo, sino también a los países. Por ejemplo, a los más pequeños y que más sufren: hasta hoy El Salvador y Nicaragua no tienen ningún tratado, mientras Guatemala apenas ha firmado el primero con España. O sea que esos países se han visto perjudicados, porque muchas personas creían que esa era la manera de hacer las cosas. Y fue una visión errada para unas naciones que están en proceso de globalización. De otro lado, un tratado de doble imposición ayuda a clarificar las reglas domésticas, en muchos casos, porque cuando uno tiene que pensar y poner conceptos en un tratado, de manera sensata, clarifica mucho las reglas internas que frecuentemente son confusas.

R. I.: ¿Cuáles son los temas neurálgicos en un tratado de doble imposición?

M. V.: Cuando se tiene un establecimiento permanente en el otro país firmante, cuál va a ser la reducción, con el tratado, en los pagos de distinta categoría, es decir, en intereses, regalías y dividendos. También es importantísimo tener una cláusula de arbitraje que defina la autoridad competente para discutir una diferencia de opinión o de interpretación entre los dos países.

R. I.: ¿Cuáles son los temas que mayor controversia suelen generar después de que entra en vigencia un tratado de doble imposición?

M. V.: La reducción de los impuestos que se imponen a los pagos de intereses, de regalías y a los dividendos, cuando se alega, por parte del contribuyente, que no tiene actividades en el país que recauda esos tributos. También hay dudas, muchas veces, con la definición de establecimiento permanente. Estos son los puntos que siempre están dando dolor de cabeza.

R. I.: ¿Se requieren cláusulas particulares de solución de controversias para afrontar esas circunstancias?

M. V.: Basta con las cláusulas generales; tenerlas es lo fundamental.

R. I.: ¿Qué aspectos son sustanciales en el protocolo de un tratado de doble imposición?

M. V.: El protocolo es maravilloso; nos permite expandir y definir las cosas un poco mejor, clarificarlas. Tiene un valor enorme, porque hace posible explicar todo lo que pasó y cuáles fueron los acuerdos a que se llegó, pues al final participaron cinco o seis expertos en la negociación y el resto de las personas que quieran saber sobre esto no lo pueden hacer, si no hay un documento que explique claramente todo.

R. I.: ¿Cómo se define el protocolo cuando los dos países firmantes tienen idiomas diferentes?

M. V.: Hay que decidir cuál es el idioma que va a prevalecer. A veces no pueden llegar a un acuerdo y entonces prevalecen los dos idiomas. Hacer la traducción de un tratado no es una ciencia, es un arte, porque se trata de lograr que tenga el mismo sentido que la persona redactora le dio en la lengua original, y eso es difícil.

R. I.: ¿Cuál modelo de tratado de doble imposición está más cerca de ser ideal?

M. V.: Me gusta mucho el de la OCDE.

R. I.: ¿Qué aspecto específico destaca?

M. V.: Es mucho más técnico, lo cual resulta importante tratándose de que los dos países se beneficien del tratado. En otras palabras, no está hecho para favorecer a una parte, como ocurre con el del Pacto Andino o con el de la ONU, que están hechos así. Y después me gusta el estadounidense. El de la OCDE es el más equitativo para todas las negociaciones y toma en consideración los dos lados de la ecuación; no está mirando a un solo lado para dar un beneficio, mira a los dos países. Y el modelo estadounidense mira para su lado, como siempre, pero en esa nación son conscientes de que tienen que favorecer a la contraparte y eso se refleja en el tratado.

R. I.: ¿Específicamente, qué le critica al modelo de la ONU?

M. V.: Todo está diseñado para ayudar a los países más pobres. Pero, hoy, cuáles lo son de verdad. ¿Se les está ayudando o perjudicando?, porque se han adoptado unos conceptos que no tienen sentido. Ese es un concepto inventado por los tratados de la ONU, a fin de que los países avanzados les otorguen un incentivo a sus ciudadanos para que inviertan en los países que más lo necesitan, concediéndoles un crédito mayor al impuesto que pagan realmente. Busca ventajas tributarias para que los ciudadanos del primer mundo inviertan más en los países del tercer mundo y entonces estos se puedan desarrollar; esa es la mentalidad de la ONU, que no comparto. Me gusta que los países empiecen como iguales y que sigan hablando claro durante la negociación. Cuando se va a negociar con alguien, se hace de igual a igual. Entonces, se averigua cuáles son las cosas que de verdad quiere y necesita un país y cuáles las que requiere el otro y ahí se comienza a buscar el acuerdo.

R. I.: ¿Considera que Chile ha liderado en Latinoamérica la tendencia a utilizar el modelo de la OCDE?

M. V.: Sí, y ha liderado mucho la firma de acuerdos de comercio con otras naciones. Ahora está tratando de ser la llave para entrar en Asia. O sea que ha liderado la situación al dar ejemplo de lo que se puede hacer con un país y se ha propuesto ir hacia adelante. Lo bueno de Chile es que no importa el partido que llegue al gobierno, la política económica no cambia; eso es imprescindible para progresar.

R. I.: ¿Cómo ha evolucionado el modelo de tratado de doble imposición de la OCDE?

M. V.: Lo positivo de esta organización es que no tiene problemas con criticarse a sí misma y reconocer si ha cometido un error. Cada vez que ha descubierto algo errado ha cambiado de posición y ha hecho algo mucho mejor para todos los países. Son una entidad técnica dedicada a hacer lo que sea bueno desde el punto de vista técnico.