Diálogos

El nuevo gobierno de Sebastián Piñera será intrascendente en cambios laborales

Revista Nº 205 Ene.-Feb. 2018

Entrevista realizada por
Javier Rojas a José Luis Ugarte 

En entrevista con la Revista ACTUALIDAD LABORAL, el especialista chileno en derecho del trabajo expuso las razones por las cuales los trabajadores de ese país se sintieron defraudados por la presidenta Michelle Bachelet y con la reforma laboral promovida por ella, que entró en vigencia en el 2017.

Muy pocas probabilidades de que lleguen vientos favorables para los trabajadores en los próximos años prevé José Luis Ugarte, catedrático de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, a raíz de la elección de Sebastián Piñera, en diciembre del 2017, como presidente de la nación austral. El profesor Ugarte lo considera representante de un sector empresarial con tendencia política de derecha, quien continuará con el mismo modelo que ha regulado las relaciones entre empleadores y trabajadores desde la época de la dictadura militar de Augusto Pinochet.

ACTUALIDAD LABORAL: ¿Cuáles son los desafíos que enfrentan los sindicatos del mundo en la actualidad? 

José Luis Ugarte: El desafío del sindicalismo es cómo enfrentar un escenario laboral que se caracteriza por la fragmentación laboral, esto es, la existencia de múltiples formas de trabajo atípico y precario que hace más difícil la unión de intereses, que es la base de la acción colectiva de los trabajadores. Lo anterior, sumado a un fuerte contexto cultural de flexibilidad laboral que sostiene como innecesaria, y hasta inconveniente, la organización de los trabajadores.

A. L.: ¿Y cuáles son los desafíos específicos de los sindicatos latinoamericanos? 

J. L. U.: En el caso de Latinoamérica el desafío anterior se ve reforzado por la alta incidencia de la informalidad laboral. De ahí que en nuestro continente junto a la precarización laboral, hoy dominante en todo el mundo dentro de la esfera del trabajo formal, sea necesario que la acción sindical tenga el ingenio necesario para establecer nexos y propuestas con el mundo del trabajo que está más allá de la legalidad laboral. Desafío particularmente relevante en países donde la informalidad puede superar con tranquilidad el 50% del mercado de trabajo.

A. L.: ¿A cuáles causas se puede atribuir la alta incidencia de la informalidad laboral en Latinoamérica? 

J. L. U.: Fundamentalmente a la falta de acción estatal en el cumplimiento de la normativa laboral y que esa normativa contemple sanciones disuasivas y eficaces. En muchos países de nuestra región dichas sanciones son solo multas de baja intensidad, económicamente hablando, las que (además) se aplican de forma esporádica.

A. L.: ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos para los sindicatos de que las economías latinoamericanas hayan adoptado y busquen consolidar el modelo del libre comercio? 

J. L. U.: En rigor, las ventajas y desventajas dependen de qué tipo de modelo de capitalismo se adopte de las varias opciones posibles. El capitalismo social (surgido después de la Segunda Guerra Mundial) atribuía un rol central al sindicalismo: la de actor de la concertación social por la vía de la negociación colectiva. El capitalismo neoliberal (hoy dominante en América Latina) no ofrece casi ventajas, solo problemas: el sindicato es un sujeto colectivo bajo “sospecha”, que suele ser estigmatizado como un grupo de interés que busca ventajas que afectan al mercado y la productividad de los trabajadores.

A. L.: ¿Qué se debe hace en Latinoamérica para que el sindicato deje de estar bajo “sospecha”? 

J. L. U.: Los sindicatos deben salir del modelo clientelista en que el contexto neoliberal los ha situado, esto es, la idea de que el buen sindicato ‘solo’ debe preocuparse de su membresía sindical (afiliados), y tender puentes con otros sectores subalternos de las sociedades en que participan, vinculándose a la idea de sindicalismo social. El gran éxito del sindicalismo chileno en los últimos años es levantar el movimiento No más AFPs (administradoras de fondos de pensiones) que supera los marcos del tema laboral, y hace hincapié en un problema transversal como es la seguridad social.

A. L.: ¿Cree que el llamado diálogo social que promueve la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha contribuido a mejorar las condiciones laborales de los trabajadores latinoamericanos sindicalizados? 

J. L. U.: Cualquier llamado al diálogo social será simple “voz muerta” si no se hace con profundas reformas legales que coloquen como condición básica la búsqueda del equilibrio entre los actores de la relación laboral, exigiendo procesos amplios de negociación colectiva, de múltiples niveles (especialmente por rama), y con una robusta configuración del derecho de huelga. Desde el “equilibrio”, entonces, tiene sentido hablar de “diálogo social”, pero en muchos países de nuestra región las reformas laborales buscan sostener la desigualdad de poder entre las partes, no corregirla.

A. L.: ¿Cuál es el porcentaje de trabajadores chilenos afiliados a sindicatos y cómo avanza la afiliación de nuevos trabajadores? 

J. L. U.: El porcentaje de sindicalización se encuentra en torno al 15 por ciento de los trabajadores asalariados y si bien en los últimos años hubo un leve ascenso, en el 2017 ese crecimiento se detuvo.

A. L.: ¿Cuáles son las fortalezas del sindicalismo chileno? 

J. L. U.: Haber resistido momentos muy duros, tanto políticos (como la dictadura militar), como culturales. Particularmente en la década de los 90 donde el consenso neoliberal prácticamente los hizo desaparecer como actor social relevante en Chile.

A. L.: ¿Y cuáles son las debilidades? 

J. L. U.: Una excesiva fragmentación que deriva de un modelo de negociación colectiva descentralizado por empresa, lo que sumado a un pluralismo sindical desatado, hace que existan muchos sindicatos pequeños sin poder real de negociación colectiva.

A. L.: En general, ¿cuáles han sido los efectos para los trabajadores del ingreso de Chile a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)? 

J. L. U.: Ninguno en particular que se pueda destacar en favor de los trabajadores ni de los sindicatos en términos políticos. Lo único relevante desde este ámbito es la mejora en el acceso de información sobre la situación estadística de Chile. Y ahí nada que destacar para el país: Chile es una de las naciones con menos cobertura de la negociación colectiva (8%) de la OCDE, cuyo promedio es del 60%.

A. L.: ¿Cuáles ajustes principales debió realizar Chile, a su normativa laboral, para ser aceptado en la OCDE? 

J. L. U.: Ninguna, pues la OCDE no exige cambios normativos para los países en materia laboral. No es un tratado de libre comercio, ni menos de derechos.

A. L.: ¿Cuáles son los cambios sustanciales que introdujo la reforma laboral chilena que entró en vigencia en el 2017? 

J. L. U.: Se trata de una reforma decepcionante para el mundo sindical chileno. Se prometió por el gobierno de Michelle Bachelet la derogación del modelo laboral instalado en dictadura y se hizo lo inverso: se lo consolidó y perfeccionó. Sigue siendo un modelo de relaciones laborales individuales, con una negociación colectiva periférica y solo a nivel de empresa, con un derecho de huelga de difícil ejercicio y con un exceso de regulación.

Para los sindicatos la reforma plantea un desafío relevante y estratégico sobre cómo enfrentar normas que hacen más difícil su acción, entre otras: se aumentan los quorum de formación de sindicatos en empresas de menor tamaño (menos de 50 trabajadores) y se establece un engorroso sistema de servicios mínimos para la huelga.

A. L.: ¿Con la reforma laboral salieron más favorecidos los trabajadores o los empleadores? 

J. L. U.: Políticamente los empleadores. Al inicio del gobierno de Michelle Bachelet se dijo que “se equilibraría la cancha” con la reforma laboral y al final del proceso eso no ocurrió: se mantuvo la estructura tradicional derivada de la dictadura, con una profunda desigualdad entre empleadores y trabajadores.

A. L.: ¿Por qué los trabajadores no pudieron evitar esa reforma? 

J. L. U.: La capacidad política de los trabajadores y sindicatos chilenos es hoy muy baja. La coalición de centro izquierda que realizó la reforma laboral (Nueva Mayoría) no tiene un componente ideológico que dé centralidad al trabajo y los derechos colectivos de los trabajadores. En esas condiciones, y con una derecha fuertemente dominada por los intereses empresariales, no hay espacio político para que los sindicatos hubieran logrado influir en su contenido.

A. L.: ¿Qué aspectos importantes quedaron pendientes luego de aprobar la reciente reforma laboral? 

J. L. U.: En lo políticamente relevante queda prácticamente todo pendiente. Lo principal, restablecer el derecho de los trabajadores chilenos a negociar colectivamente en diversos niveles: empresa, sector y rama. Y el fortalecimiento del derecho de huelga.

A. L.: ¿Cuáles son las expectativas en el campo laboral con la elección del presidente Sebastián Piñera? 

J. L. U.: Prácticamente nulas. Piñera representa una derecha empresarial que no tiene ninguna pretensión en materia laboral que no sea la de mantener las reglas que Chile viene aplicando desde la dictadura, reforzadas con la reciente reforma laboral de Michelle Bachelet. De ese modo, este nuevo gobierno (como el anterior de Piñera) será intrascendente en cambios laborales.