El subcomodato mercantil

Revista N° 27 Abr.-Jun. 2010

por Miguel Ángel Borja Tovar 

Hace algunos años, con motivo del bicentenario del Código de Napoleón en materia civil, se realizó el análisis de la figura que hoy se estudia, por lo cual se hace referencia al documento histórico relatado por el abogado de la Corte Imperial de París Napoleón Bacqua en el año 1851. Sin embargo, los estudiosos del derecho saben que la promulgación del mismo fue en el año 1804.

Como una modesta aportación, se ha seleccionado inicialmente el tema del contrato de comodato, para posteriormente ubicar dentro de este la figura del subcomodato, tema poco explorado en la doctrina civil en México. Sin embargo, esta figura puede usarse en el derecho mercantil, cuando las partes que intervienen son personas morales mercantiles, es decir, una de ellas o las dos son sociedades anónimas o de comandita simple, etc.

Para iniciar el tratamiento del tema, es preciso señalar el contenido de los artículos 1875 y 1876 del Código napoleónico que a la letra y en su idioma original dice:

“Article 1875.—Le prêt à usage ou commodat est un contrat par lequel l’une des parties livre une chose à l’autre puor s’en servir, à la charge par le preneur de la rendre après s’en être servi”. 

“Article 1876.—Ce prêt est essentiellement gratuit”. 

Partiendo del contenido de estos artículos, se puede advertir que, con relación al primero, el préstamo de uso o comodato es un contrato en virtud del cual una parte le otorga a otra una cosa para que haga uso de ella, con la única obligación de restituirla después de haberla usado. Mientras que en el segundo artículo se señala que este préstamo es esencialmente gratuito.

En tal virtud, es preciso realizar un análisis tanto de la figura del comodato como del arrendamiento, ya que ambas figuras corresponden a los contratos traslativos de uso.

Para entender lo señalado, se mencionará lo que dice el maestro y notario mexicano Jorge Alfredo Domínguez Martínez: “Estos contratos tienen como denominador común que ciertamente, por su celebración, quien esté legitimado para contratar como arrendador o comodante en su caso, en sus términos, se obligará a transmitir a otro, sea el arrendatario o comodatario, el uso del bien que es objeto del contrato de que se trate”(1).

En la anterior cita, se destacan los únicos contratos traslativos de uso que nuestra legislación contempla, arrendamiento y comodato.

Parece oportuno mencionar que dentro del arrendamiento existe, tanto en la legislación como en la doctrina, la figura del subarrendamiento, con fundamento en los artículos 2480, 2481 y 2482 del Código Civil para el Distrito Federal que señalan lo siguiente:

“ART. 2480.—El arrendatario no puede subarrendar la cosa arrendada en todo, ni en parte, ni ceder sus derechos sin consentimiento del arrendador; si lo hiciere, responderá solidariamente con el subarrendatario, de los daños y perjuicios.

ART. 2481.—Si el subarriendo se hiciere en virtud de la autorización general concedida en el contrato, el arrendatario será responsable al arrendador, como si él mismo continuara en el uso o goce de la cosa.

ART. 2482.—Si el arrendador aprueba expresamente el contrato especial del subarriendo, el subarrendatario queda subrogado en todos los derechos y obligaciones del arrendatario, a no ser que por convenio se acuerde otra cosa”.

1. Concepto

Para entender ahora la figura del comodato es preciso destacar la afirmación del maestro emérito de la UNAM doctor Jorge Mario Magallón Ibarra: “Un contrato notoriamente afín al mutuo en su gestación es el comodato, pues como lo hemos considerado cuando expusimos aquella figura jurídica que le es tan similar, tuvimos presente que las dos surgen históricamente del préstamo. Cuando este se contrae exclusivamente al uso, entonces está latente el comodato”(2).

1.1. El subcomodato

El subcomodato es un contrato en virtud del cual el comodatario —subcomodante— da en comodato la cosa no consumible a un tercero —subcomodatario—.

En realidad, el subcomodato es un nuevo comodato de una cosa ya antes dada en comodato, es decir, un contrato superpuesto a otro contrato, y para el caso que nos ocupa, las partes son dos personas morales mercantiles o una de ellas física, pero con actividades empresariales, de las que habla el artículo 75 del Código de Comercio de México.

El subcomodato es una figura de subcontrato que consiste en un comodato —por sí mismo—, en el cual el comodatario se convierte en comodante —subcomodante—.

La posibilidad del subcomodato no está regulada por ninguna de las legislaciones civiles ni mercantiles vigentes en el mundo. Por lo que existen, al respecto, principalmente, dos criterios para su tratamiento en las legislaciones actuales: el de permitir el subcomodato, salvo pacto en contrario, y el de permitirlo únicamente previa autorización expresa otorgada por el comodante.

El Código Civil para el Distrito Federal no dedica ningún precepto legal para el subcomodato. Sin embargo, actualmente se establece un capítulo acerca del arrendamiento, en el que se dispone que el arrendatario no puede subarrendar la cosa arrendada, en todo o en parte, ni ceder sus derechos, sin consentimiento del arrendador, respondiendo, si lo hiciere, solidariamente, con el subarrendatario por los daños y perjuicios que puedan ocasionarse.

Por lo que se considera pertinente equiparar las disposiciones del subcomodato con las mismas especificaciones y siguiendo las mismas reglas que en el subarrendamiento.

El subarrendamiento sin el consentimiento expreso del propietario del local o habitación que se ha arrendado es, además, causa de rescisión del contrato, según el artículo 7.º, fracción II del Decreto de Congelación de Rentas de 1948.

La carga de la prueba del subarriendo recae sobre el arrendador que afirma su existencia.

El subarriendo, en México, así como la cesión de los derechos del arrendatario, requiere, en todo caso, el consentimiento del arrendador.

Agrega el Código Civil para el Distrito Federal que si el subarriendo se hiciere en virtud de la autorización general concedida en el contrato, el arrendatario hará responsable al arrendador, como si él mismo continuara en el uso y goce de la cosa.

En el caso de que el arrendador apruebe expresamente el contrato especial de subarriendo, el subarrendatario quedará subrogado en todos los derechos y obligaciones del arrendatario, a no ser que por convenio se acuerde otra cosa.

1.2. El subarriendo

El subarriendo es una figura contractual bastante frecuente, por lo que habrá sido deseable que el Código Civil le dedicara una regulación más completa.

El subarriendo es una figura contractual bastante frecuente, por lo que habrá sido deseable que el Código Civil le dedicara una regulación más completa de la que tiene.

Cuando existe la autorización general para subarrendar, en caso de subarriendo, la responsabilidad del arrendatario frente al arrendador subsiste, pues se está ante dos contratos, el de arrendamiento y el de subarriendo, dado que este no destruye a aquel. Cuando existe la autorización especial, en caso de subarriendo, el contrato de arrendamiento queda extinguido y el arrendatario liberado de las obligaciones derivadas del mismo, que pesan, en lo sucesivo, sobre el subarrendatario.

2. Elementos del subarriendo

2.1. Personales

Los elementos personales son el arrendador, el arrendatario —subarrendador— y el subarrendatario —llamado también sublocatario—.

La capacidad para ser parte en este contrato es la misma que se exige para el arrendamiento.

2.2. Reales

Los elementos reales son, como en el arrendamiento, la cosa —que aquí es subarrendada— y el precio.

En relación con el precio, procede señalar que este, en el subarriendo, es normalmente superior al convenido en el arrendamiento, pues el móvil de quien subarrienda es precisamente el de obtener un beneficio consistente en la diferencia entre lo que él paga como renta del arriendo y lo que ha de recibir como renta del subarriendo.

2.3. Formales

El elemento formal del subarrendamiento está determinado con sujeción a las mismas normas que rigen en relación con el arrendamiento.

3. Naturaleza jurídica

Así como el subarriendo es un contrato de idéntica naturaleza que el de arrendamiento, debe considerarse también al subcomodato como de la misma naturaleza que el comodato del cual toma su origen. Al fin y al cabo consiste en el comodato de la cosa precedentemente otorgada en comodato.

El reconocimiento de que el subcomodato es una relación jurídica de igual naturaleza que el arrendamiento originario o primitivo es general entre los civilistas.

4. Extensión del subcomodato

El subcomodato, según afecte a la cosa otorgada en comodato en su totalidad o únicamente en parte, se califica de total o parcial.

Así como existe el subarriendo parcial —escribe Messineo— “cuando el arrendatario consiente a otro gozar, en unión de él, de la cosa entera arrendada por él mismo, o cuando concede a otro el goce de una parte determinada de la cosa arrendada”, existe también el subcomodato parcial, cuando el comodatario —subcomodante— consiente en otorgar a otro el uso de la cosa o de parte de ella.

5. Relaciones derivadas del subarriendo

Se hace referencia a las relaciones que existen entre el comodante y el subcomodante, entre el subcomodante y el subcomodatario y entre el comodante y el subcomodatario.

Las relaciones entre el comodante y el subcomodante deben ser las mismas que se desprenden legal y naturalmente de lo pactado entre ambos, derivadas del contrato de comodato, pues este no sufre alteración alguna en virtud del subcomodato.

Las relaciones entre el subcomodante y el subcomodatario serán las que se desprendan legal y naturalmente de lo pactado entre ambos, que no ha de ser necesariamente idéntico a lo pactado en el contrato de comodato, con la posibilidad de que las condiciones sean diferentes.

Por lo que toca a las relaciones entre el comodante y el subcomodatario, se considera que lógicamente al ser contratos distintos el comodato primitivo y el subcomodato no debería existir relación alguna entre estas partes. Sin embargo, se considera que el subcomodatario, sin menoscabo de su obligación para con el subcomodante, queda obligado a favor del comodante, por todos los actos que se refieran al uso y conservación de la cosa otorgada en comodato, así como por el importe del precio convenido en el subcomodato.

6. Subcomodato y cesión de contrato de comodato

La cesión de contrato es una figura jurídica distinta del subcomodato y que, por consiguiente, debe ser diferenciada frente a este.

No puede negarse, sin embargo, que entre el subcomodato y la cesión de derechos existe cierta semejanza.

La cesión del contrato de comodato es, en nuestra opinión, un caso de verdadera y propia cesión del contrato, por la cual el comodatario subroga al propio cesionario en los derechos, pero también en las obligaciones, frente al comodante.

Señalando las diferencias existentes entre el subcomodato y la cesión de comodato, se considera que el dato diferencial entre el subcomodato y la cesión estriba en su naturaleza y en la percepción económica: en el primero, se devengan las prestaciones pactadas con regularidad y durante el tiempo concertado, existiendo siempre en el subcomodato el pago de las prestaciones; en cambio, en la segunda, esto es, en la cesión, al celebrarse el convenio se entrega de una sola vez una cantidad determinada como pago de ella, con la posibilidad de una cesión gratuita en donde el dato económico falta. Además, la cesión se verifica para siempre, no estando sujeta a plazo como el subcomodato. En otras palabras, el subcomodato y la cesión de comodato constituyen dos instituciones de naturaleza jurídica distinta: el subcomodato es un comodato como el primitivo y la cesión de comodato es una enajenación, venta o donación que tiene como objeto el crédito del comodato, el derecho al comodato.

Se pueden señalar algunas diferencias que presentan el subcomodato y la cesión del contrato de comodato, enumerando entre otras, las siguientes:

a) El subcomodato es un comodato estipulado entre el comodante y un nuevo comodatario; la cesión de comodato es una cesión de crédito que transmite al cesionario los derechos que el comodatario primitivo tenía contra el propietario, de quien el cesionario puede exigir el cumplimiento del contrato de comodato.

b) En el caso del subcomodato las cláusulas de los dos contratos pueden ser diferentes; en el de cesión, por el contrario, el cesionario no puede tener derechos ni más amplios ni más restringidos que los del comodatario cedente.

c) La cesión de comodato debe, forzosamente, alcanzar a la totalidad de la cosa otorgada en comodato; el subcomodato puede ser parcial o total.

El subcomodato supone un nuevo comodato, convirtiendo al comodatario en comodante, pero sin que el subcomodante se desligue por completo del comodato primitivo; en tanto que en la cesión del comodato el cesionario se coloca en el lugar del cedente, continuando el comodato en las mismas condiciones y quedando el comodatario originario, en virtud de la cesión de su derecho, completamente desligado de responsabilidad con quien le haya otorgado en comodato la cosa.

Entre los tratadistas españoles se ha discutido ampliamente acerca de la posibilidad legal de admitir la cesión del comodato y del subcomodato de acuerdo con el Código Civil de su país.

7. Conclusión

Así como fue legislado en México, en materia de subarrendamiento, debe considerarse hacerlo también en materia de subcomodato y cesión de comodato, debido a las exigencias de los particulares y a la necesidad de poder dirimir controversias que resulten de las relaciones jurídicas que en esta figura puedan darse.

Por otra parte, el subcomodato mercantil es una variante del subcomodato civil y no hay impedimento para que tenga esa naturaleza, ya que intervienen en el contrato dos personas morales mercantiles, de ahí que su origen sea comercial y, por consiguiente el nombre del presente artículo.

Debe considerarse con este análisis que si el comodante autoriza el subcomodato, o bien la cesión del comodato, este subcontrato podrá llevarse a efecto, pero cumpliendo con la condición de la autorización del propietario de la cosa no fungible.

(1) Domínguez Martinez, Jorge Alfredo. Derecho Civil, Contratos. Editorial Porrúa, México: 2000, pp. 381.

(2) Magallón Ibarra, Jorge Mario. Instituciones del Derecho Civil. Editorial Porrúa, t. VII, v. I, México: 1998, pp. 499.