El sueño laboral de los actores colombianos

Revista Nº 185 Sep.-Oct. 2014

Los actores del país se sindicalizaron con el apremiante objetivo de lograr condiciones de trabajo decente.

Javier N. Rojas 

Especial para la revista Actualidad Laboral 

El histórico desequilibrio que ha caracterizado la oferta y la demanda en el mercado laboral de la televisión colombiana se acentuó, en el primer semestre del 2014, en detrimento de la calidad de vida de los artistas nacionales, debido a la convergencia de algunos factores negativos.

En efecto, la proliferación, en los dos canales privados de televisión del país y durante los horarios de mayor audiencia, de concursos para descubrir nuevos artistas y de programas de telerrealidad, al igual que la preferencia por los actores extranjeros para realizar producciones nacionales y la transmisión de los partidos del Mundial de Fútbol de Brasil llevaron a que se redujera, sensiblemente, la oferta de trabajo para los actores.

Tal situación se convirtió en el escenario perfecto para que tuviese acogida la iniciativa, entre ellos, tradicionalmente renuentes a las figuras de agremiación, de crear una organización sindical desde la cual se pudiera abogar por sus derechos laborales. En consecuencia, el pasado mes de mayo, se constituyó la Asociación Colombiana de Actores (ACA), que durante las primeras semanas, posteriores a su conformación, logró afiliar alrededor de 900 personas.

Caracol Televisión le manifestó a la Revista ACTUALIDAD LABORAL que apoya este tipo de iniciativas, “en especial aquellas que provienen de los actores, quienes hacen parte fundamental de nuestras producciones”.

Por su parte, el actor Julio Correal, secretario de asuntos laborales de ACA, comenta: “Generalmente, las crisis son las que determinan el surgimiento de organizaciones como esta. Nos empezamos a reunir y a hablar del tema (sindicato) a partir de una coyuntura muy especial y es que la producción, este año, en televisión, bajó muchísimo y para rematar pusieron al aire, en el horario triple A (de mayor audiencia), en el canal RCN, una telenovela brasilera. Eso, sumado a unas situaciones que ya se estaban volviendo recurrentes y preocupantes, como un exceso de extranjeros en la televisión nacional, hizo que decidiéramos reunirnos y empezar a charlar sobre la necesidad de constituir una organización de carácter civil o sindical, y esta última fue la que terminamos haciendo”, señala.

“Hace como 20 años hubo un intento de agremiación que se llamó Acto, que no era un sindicato, sino una organización de carácter civil que agremiaba a los actores y no sé cuántos años duró, exactamente, pero para algunos de sus miembros fundadores y los que dirigieron ese proceso tuvo un desenlace fatal, en términos laborales, ya que algunos tuvieron que soportar vetos por parte de la industria”, comenta Correal.

En ese contexto y transcurridos más de 20 años sin ningún tipo de organización, surgió este sindicato en el que, según este actor, se está trabajando en pro de dignificar la producción y de mejorar las condiciones para los actores, “no solamente de los que trabajamos en teatro, en cine, en televisión o en publicidad, sino de todos los trabajadores de la industria del entretenimiento”.

Expresa que en televisión se emplean tres formas de contratación de actores: por mes, por capítulo y por llamado. “Generalmente, los actores protagónicos tienen contratos por mes, pero son contratos de prestación de servicios. O sea que estamos sometidos al régimen tributario y al pago de pensión (y de salud) que contempla la ley para el trabajador independiente”. Algunos actores pueden suscribir contratos de exclusividad con los canales privados de televisión o con alguna productora, pero tal situación es excepcional. Por lo tanto, “de 1.500 actores que aparecemos registrados en la sociedad de gestión y de cerca de 900 del sindicato, quienes tienen ese tipo de contratación no pasan de cuatro o cinco personas”.

“Es decir, nuestra posibilidad de ahorro se limita a ganar muy bien y esperar que los periodos de vacancia no sean muy largos. En mi caso particular, por ejemplo, veo que están anunciando una novela en el canal Caracol que terminé de grabar en febrero del 2014 y desde ese mes a la fecha (agosto del 2014) no he tenido un contrato como el que tuve en esa novela, con una participación importante”. Anota que para esta producción televisiva fue contratado bajo la modalidad de capítulo, con la ventaja de que aparecía en muchos de estos, lo cual le significó ingresos razonables. Sin embargo, reconoce que el tipo de contratación más lucrativa es el mensual.

Con respecto a la probabilidad de que los actores firmen contratos laborales, Correal considera que, “por ley, sería posible y debería ser así, porque en los contratos realidad todos tenemos horario, jefe y remuneración”. Pero esas son las disposiciones impuestas por la industria y “como hemos sido un gremio absolutamente atomizado, entonces todos los actores suelen firmar los contratos bajo esas condiciones”.

Poder de negociación

De otro lado, la única posibilidad de cobrar regalías por repeticiones o por la venta al exterior de una obra dramática audiovisual ha estado “mediada por el éxito”. Es decir, depende de qué “tan exitoso y famoso eres y, en esa medida, puedes negociar con una empresa de televisión. Pero los que estamos en el medio y los que están abajo, ni qué decir, pues esa posibilidad no existe”.

“Aquí se presentan, casi como un privilegio, los actores que tienen condiciones como las 12 horas de trabajo por día. Considerarlo así ‘es ridículo’, puesto que la jornada laboral corresponde a ocho horas.

“Hay unos acuerdos de transporte con ciertas productoras y programadoras”, según los cuales, en su jornada laboral, después de las nueve de la noche y antes de las seis de la mañana se les paga a los actores el valor de su traslado en taxi. “Pero eso no es norma, son cosas que han quedado del pasado y algunos las aplican. Es muy curioso, el transporte, siempre, lo tienen garantizado los actores protagonistas. Es decir, las condiciones ideales solamente están en la parte más alta de la pirámide, que es donde está la mejor remuneración, como las horas máximas de trabajo, el transporte, las condiciones que se piden. A veces es tan excluyente que en un set de grabaciones es fácil encontrar que hay un camerino para los protagonistas y otro para el resto”.

Correal precisa que el tiempo de grabación de una producción dramática para televisión ha variado. El formato de “la telenovela tradicional que podría durar 120 capítulos de una hora o 240 capítulos de media hora, ha sido desplazado por lo que llaman las series. Entonces, esas novelas que se hacían en 10 meses, un año o, a veces, hasta en 16 meses, ya casi no se realizan. Ahora se hacen más series de televisión y estas, por lo regular, son seis meses de trabajo. El contrato por mes es el que más se anhela por una razón simple”: hay un pago fijo mensual, mientras que por capítulo el actor cobra de acuerdo con los que grabe al mes.

Las condiciones de contratación se deciden de común acuerdo entre el actor y el canal de televisión o la productora de televisión (empresa subcontratada por un canal para realizar una obra dramática audiovisual), aunque la capacidad de negociación del actor depende, en cierta medida, de qué tanto reconocimiento tenga entre el público, en un momento determinado.

“No a todo el mundo se le mide con el mismo rasero”. Cuando el personaje a encarnar por un actor va a aparecer con mucha frecuencia en una producción televisiva, se prefiere la contratación del actor por mes. “Siempre, la línea protagónica y coprotagónica de una serie o de una novela va a estar contratada por mes”, manifiesta Correal.

Comenta que hay un periodo de trabajo, regularmente en todas las producciones, que es el de los ensayos, el cual puede abarcar un mes antes de empezar las grabaciones y no se paga a los actores. Además, puede ocurrir que se convoque a un actor para grabar escenas de un capítulo, determinado día, pero si se presenta un imprevisto ajeno al actor y la grabación se posterga, no se le pagan honorarios ese día. Mediante la gestión del sindicato ACA buscará que se pague a los actores ese tiempo que estuvieron disponibles para trabajar.

Según Correal, “en algunos casos, hasta que no se haya cumplido un porcentaje de la participación del actor en un capítulo (de la producción audiovisual) no le pagan”. O sea que un actor puede trabajar un determinado mes, “pero no necesariamente cobrar en el siguiente. Existe otro agravante: las fechas de pago. Casi en ninguna producción son fijas”. Los pagos pueden realizarse el quinto, el octavo o el décimo día hábil de cada mes. “Hay empresas muy cumplidas con los pagos y otras no”. Por ejemplo, en la actividad publicitaria, los pagos se hacen después de 45 o 60 días de la grabación de una producción publicitaria.

Normativa contraproducente

Otro inconveniente que afrontan los actores consiste en que la cuenta de cobro por prestación de servicios que se presenta a la empresa de televisión, en un determinado mes, debe llevar anexo el documento que comprueba el pago de la seguridad social correspondiente al siguiente mes, en el que la empresa le va a desembolsar los honorarios al artista.

“El drama de los colegas que llevan un tiempo sin trabajar es que les sale un contrato y para poder cobrar tienen que endeudarse con el fin de pagar la seguridad social. Eso no es culpa de las empresas, es culpa del Gobierno, porque se inventaron un sistema absolutamente perverso: el régimen de los trabajadores independientes, el cual implica que uno no pague seguridad social por lo que haya recibido, sino sobre lo que va a recibir. Eso es un absurdo, un despropósito increíble”.

En la ACA “estamos estudiando si lo que más nos conviene es un contrato laboral para tener aseguradas unas cesantías y una posibilidad de pensión. Aunque todos vamos pagando pensión, porque si no lo hacemos, pues no tenemos cómo cobrar, hay otras experiencias como la de los futbolistas, que es la desalarización. Es decir que hacemos una parte del contrato por un salario y otra parte como bonos, para no afectar tampoco (a los empresarios de televisión), pero sí comprometerlos a que paguen la seguridad social”.

Mediante la gestión del sindicato, “nos interesa mucho recuperar las reglas que existen en todo el mundo sobre los pagos de repetición; que cada vez que nuestra imagen salga (al aire en televisión) nos paguen. ¿Qué más nos interesa? poder establecer unas tarifas mínimas, sobre todo para proteger a quienes, hasta ahora, están llegando al medio y para evitar el canibalismo” que se desata en el mercado laboral de los actores ante la inexistencia de unos valores mínimos de referencia que favorezcan la remuneración digna.

“Nos hemos reunido con la gente de los canales de televisión. Ellos han sido nuestros empleadores y, realmente, les estamos agradecidos”. Pero “queremos condiciones favorables para todos, que la industria crezca, que siga siendo un buen negocio y que muchas familias que vivimos de este se puedan seguir alimentando de la actuación. No nos interesa quebrarla, nos interesa que la industria eche para arriba, porque así hay más trabajo”.

Correal agrega que alrededor de una producción de televisión, el elenco de una novela o de una serie puede llegar, regularmente, a los 50 actores, a veces más. Y al sumarle el talento humano requerido para la producción, en una sola unidad de trabajo puede llegar a las 60 personas, más el proveedor de alimentos, el proveedor de transporte, los empleados de oficina, entonces, “estamos hablando de una industria que genera bastante empleo”.

En tanto avanza, en el Congreso de la República, el trámite y la eventual aprobación de una ley del actor colombiano, “si me preguntan qué queremos, por ahora diría que un tratamiento diferente en términos tributarios y de cómo se paga nuestra seguridad social, mientras cambiamos el modelo de contratación. No podemos estar sometidos a que si uno se gana más de 10 millones de pesos, cuando le va bien, entonces, la retención en la fuente pasa a ser del 28%. O sea, cuando uno ve el pago, se da cuenta de que entre esta retención, el pago de seguridad social y la comisión del ‘manager’ (20%), el ingreso se reduce alrededor del 50%”, asegura.

Respecto a las eventuales represalias por parte de las empresas de televisión a los actores afiliados al sindicato, recuerda que las hubo en el pasado, pero por ahora no hay evidencia de estas. “Algunos de quienes figuramos en la junta directiva estamos trabajando (con las empresas de televisión). Esperamos que siga así, porque, además, por las características de nuestro trabajo hay un problema y es que el fuero sindical no nos cubre”, debido a la inexistencia del contrato de trabajo.

María Eugenia Penagos, actriz y directiva del Círculo Colombiano de Artistas (CICA), afirma: “Cuando empecé a trabajar en televisión teníamos un contrato mediante el cual nos pagaban vacaciones, primas y cesantías, cuando nos liquidaban”. También pagaban las cotizaciones a salud y a pensión. Además, “he tenido un sentido muy preciso del ahorro y, algún día, en esa época, alcancé a visualizar lo de la pensión”. Y a pesar de que “los contratos dejaron de ser laborales para convertirse en contratos de prestación de servicios, yo seguí aportando al Seguro Social”.

Manifiesta que alrededor de 1984, las programadoras de televisión, antecesoras de los canales privados, comenzaron a introducir cambios en los contratos de trabajo que se suscribían con los actores, en desmedro de sus derechos laborales, sin la protesta de ellos.

Hacia 1986, el CICA firmó un acuerdo con la Asociación Nacional de Medios de Comunicación (Asomedios), mediante el cual se estableció que “los actores, de manera independiente, es decir, sin que exista ninguna subordinación laboral, prestarán a las productoras servicios de actuación para la grabación de obras dramatizadas”. A pesar de la existencia de ese acuerdo, los contratos que suscribían los empresarios de televisión con los actores incluían una cláusula en la que estos renunciaban a los pagos “por concepto de repetición en la emisión de una obra dramatizada y a las regalías”.

Según Correal, el CICA “fue una organización muy activa en el pasado, incluso, tuvo logros como los acuerdos concretos entre la industria audiovisual y los actores. Pero, realmente, esos acuerdos, hoy, están convertidos en letra muerta, porque, aunque existen, en todos los contratos, cuando los firmamos, renunciamos a aquellos, dado que aceptamos que nos hagan un único pago, en el cual se incluyen todos los derechos que puede cobrar un actor”.

Explica que en los contratos con los canales de televisión o con las productoras se solía establecer unos porcentajes de pago al actor por la repetición televisiva de un dramatizado o por la venta de este al exterior y se fijan, además, condiciones mínimas en materia de alimentación, espacios de descanso y horas máximas de trabajo por jornada, “pero eso desapareció y ‘olímpicamente’ empezamos todos a renunciar y si la gente joven no sabe, ni siquiera, que existe el CICA, mucho menos que existía un acuerdo llamado CICA-Asomedios”.

Correal recuerda que ante el racionamiento del suministro de energía eléctrica ocurrido en el país, en 1992, por causa del fenómeno climático de El Niño, las programadoras de televisión comenzaron a enfrentar dificultades financieras y los actores desistieron temporalmente de los derechos incorporados en el acuerdo entre CICA y Asomedios. “Fue como un gesto de buena voluntad de los actores hacia la industria por efecto de la crisis de ese momento, pero, tal como ocurre con todas las medidas de emergencia en este país, se plantean como decisiones transitorias y terminan siendo permanentes”.

Competencia desleal

Penagos expresa que “cada año, el CICA evaluaba, miraba el índice de precios al consumidor y comunicaba a las programadoras las tarifas que comenzarían a regir al comienzo de cada nuevo año. Eran tarifas mínimas de protagonistas y coprotagonistas, entre otras, que servían de base a los actores para negociar sus honorarios con las empresas televisivas.

No obstante, muchos actores comenzaron a desconocerlas y a negociar por debajo de estas, con el fin de ganar un contrato, asegura Penagos. “Y eso es un pecado mortal. No somos conscientes de todo el mal que le hemos hecho al gremio por falta de unidad y por pensar que algo que se reglamenta y que se acuerda con las programadoras, debe cumplirse por el bien de todos”.

Entre tanto, Gloria Gómez, actriz de televisión con amplia trayectoria, comenta: “Para ser honesta, siempre dejamos solo al CICA en su lucha por los derechos de los artistas. Pero ahora, la ACA ha generado una gran convocatoria, “porque estamos en un momento de crisis; el 90% de los actores, en este momento, está sin trabajo”.

Penagos asegura que un mejor modelo de contrato para los actores tendría que analizarse, “con la intervención del Ministerio del Trabajo”, mediante una mesa de trabajo en la que participen los canales de televisión y los artistas. “Pero el ministerio tiene que hacer un análisis sobre cómo son nuestros trabajos, nuestros contratos y hablar con nosotros para que podamos exponerle por qué sí tenemos dependencia laboral”, puesto que si una empresa de televisión cita al actor a una determinada hora del día, él debe cumplir. Además, no puede cambiar su apariencia física, durante el tiempo que sea necesario para la producción, si así lo requiere el personaje que encarna.

Considera que en los programas de televisión unitarios, es decir, aquel que contiene argumento y elenco de actores distinto cada vez que se emite, se pueden remunerar los artistas participes mediante el contrato de prestación de servicios, pero cuando se trata de producciones de numerosos capítulos se debería firmar un contrato laboral con aquellos.

Gómez asegura que “está parada la producción de televisión, porque las ‘baterías’, este año, se fueron para el Mundial de Fútbol”. Igualmente, “los dueños de los dos canales se han dedicado más a hacer realities y ese tipo de programas (de entretenimiento), que nos han quitado 15 horas semanales para los dramatizados, que es mucho”.

“Nosotros teníamos antes toda la franja de ocho de la noche a diez y treinta de la noche. Entonces, había más novelas. Estas, aquí, son de media hora; ahí ya van, diario, dos medias horas perdidas, por cada canal, para los programas dramatizados”.

Explica que se ha desencadenado una competencia por la audiencia, entre los dos canales privados de televisión, en la que compiten, fundamentalmente, con la emisión de programas de telerrealidad. “RCN Televisión estaba produciendo varios programas de drama y los tiene guardados”. Entonces, se pregunta la actriz, “para qué producen más”, si actualmente disponen de varios productos audiovisuales sin emitir.

Anteriormente, “se hacía una producción casi al tiempo” que se emitía a la misma hora. Por ejemplo, si un producto dramático para televisión “era un éxito total”, se alargaba la historia. Si “había personajes que iban cogiendo más fuerza, entonces iban escribiéndole más a él. Pero, ahora, terminan los productos, no los ponen a que el público los vea y los apruebe o los desapruebe, sino que los terminan súbitamente”.

Negocios son negocios

Infortunadamente, la televisión “es una industria y no tienen corazón como para decir que por los actores” puede cambiar decisiones empresariales. Para enfrentar esa crisis, considera importante, “primero, unirnos. Nosotros deberíamos pedirle al Estado que tengamos unas condiciones que nos favorezcan en el momento en que estamos trabajando”, asevera Gómez.

“El hecho de tener estos contratos de prestación de servicios hace que no tengamos ninguna gabela. Puede ser que uno, en comparación con otros trabajadores, pueda ganar un poco más, a veces. Pero en las épocas en que no se tiene trabajo, se acaba todo eso, porque no se puede desmontar el ritmo de vida que se lleva, de un momento a otro”, señala.

El predominio del contrato de prestación de servicios, en el medio laboral de la televisión, ha sido un perjuicio, que ha ocurrido, en parte, por “descuido y por ignorancia” de los mismos actores que no se han preocupado por conocer la legislación laboral que regula su labor y por la falta de unidad gremial.

“Solamente, en este siglo, el Estado hizo que fuera obligatorio pagar la cotización a seguridad social como trabajadores independientes, pues antes no lo hacíamos. Pero, me imagino que la gente joven sí se va a poder pensionar, los de la vieja generación no, porque ya no podemos, ya nunca vamos a alcanzar a hacer las semanas que se necesitan”, sostiene Gómez.

“Cuando empecé a hacer televisión (en 1971), las programadoras lo vinculaban a uno al seguro social; eran contratos a término fijo, en el sentido de que le decían al actor: se va a realizar una novela que tiene 120 capítulos y, durante el tiempo de la producción, el actor era afiliado al seguro social”.

Según la normativa tributaria, critica la actriz, “nos hacen pagar el IVA adelantado, teniendo en cuenta lo que nos ganamos el año anterior. Yo, por ejemplo, en este momento (agosto del 2014), llevo 13 meses sin trabajar y tenía que pagar el IVA de acuerdo con lo que me gané el año pasado cuando trabajé. ¿Con qué lo pago?, si la prioridad son los gastos básicos”.

Cree conveniente la creación de un tercero e, incluso, de un cuarto canal de televisión, “porque habría más producciones que hacer” y, así, se generaría una sana competencia en el mercado laboral del sector y por el favoritismo de la teleaudiencia, entre los canales.

Así mismo, insiste: “Lo que más les interesa a los actores es tener unas condiciones decentes de trabajo. “Por ejemplo, para la gente que lleva tanto tiempo (en la televisión), para poderse pensionar, tendría que haber una continuidad de trabajo y sumarlo. Eso existía. Así no estuviera presente, en un contrato (esta disposición), si una persona llevaba determinado número de años (de vinculación laboral a una actividad) había una continuidad de trabajo”, así fuera por periodos de semanas. “Pero nadie se va a atrever a pelear eso, porque nosotros solamente tenemos dos patrones y ellos perfectamente pueden generar vetos a los actores. Tenemos que lograr que el Estado nos respete y nos dé las condiciones de cualquier trabajador y si uno tiene el respaldo de las leyes, pues los que nos contratan tienen que cumplirlas”.

Entre tanto, Sandra Milena Hernández, presidenta de la Unión Nacional de Organizaciones Artísticas Uno A, afirma que “el mismo Estado no reconoce al artista como un trabajador de la cultura, y es un tema que evidenciamos como prioritario para que se puedan generar unos mecanismos de reconocimiento al estado laboral del artista. Él figura como una persona independiente que a la hora de tener una contratación con el Estado”, por ejemplo, suele enfrentar dificultades para cumplir en el respectivo trámite contractual, precisamente, porque “no tiene un reconocimiento específico”.

“Ese tema nos preocupa y estamos generando, primero, diagnósticos” y, en segundo lugar, se busca “unir esfuerzos, experiencias, de toda la gente que a lo largo” de los últimos 40 años ha trabajado en el campo artístico. “Hemos tratado de ir mirando qué espacios de orden legislativo se pueden generar para empezar a darle una protección al artista en el campo laboral”, porque, hasta ahora, “se ha hecho una serie de ejercicios sueltos”, puntualiza Hernández.

El pasado 21 de agosto, se realizó una audiencia pública, en el Congreso, con nutrida participación de los afiliados a la ACA, sobre la situación laboral de los actores colombianos, certamen en el cual el ministro del Trabajo, Luis Eduardo Garzón, y la ministra de Cultura, Mariana Garcés, se comprometieron a conformar una mesa de trabajo en la que se planteen las fórmulas legales que permitan comenzar a materializar el sueño de los actores colombianos de alcanzar condiciones dignas de trabajo.