El Tribunal Europeo de Derechos Humanos va a ser más exigente en materia de derechos sindicales

Revista Nº 172 Jul.-Ago. 2012

José Pastor Ridruejo 

Profesor visitante Universidad Externado de Colombia 

Según José Pastor Ridruejo, experto español en derechos humanos, la Corte Europea de Derechos Humanos, en concordancia con el principio de jurisprudencia evolutiva, irá intensificando su nivel de exigencia en el cumplimiento de los derechos sindicales de los trabajadores por parte de los 47 países europeos donde tiene jurisdicción.

En entrevista con la revista ACTUALIDAD LABORAL, Ridruejo habló de la situación actual en esta materia en el viejo continente.

ACTUALIDAD LABORAL: ¿Qué experiencias destaca de su trayectoria en el campo de los derechos humanos?

José Pastor Ridruejo: Estuve cuatro años y tres meses en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero lo que más me satisfizo fue que durante 11 años, me desempeñé como representante especial de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas para El Salvador. Una tarea muy difícil e ingrata, porque era estar entre el Gobierno y la guerrilla. Creo que ayudé un poco y me encariñé con el pueblo salvadoreño.

A. L.: Estuvo en ese país durante unos años muy difíciles.

J. P. R.: Sí, de 1981 a 1992. Realizaba una visita anual a El Salvador, hacía investigación sobre derechos humanos y luego informaba a la Comisión de Derechos Humanos y a la Asamblea General de Naciones Unidas. Era duro. Tenía que mantener un equilibrio difícil, pero ahora, con perspectiva, me siento muy satisfecho de la labor que realicé allí, porque, además, vi los derechos humanos desde la perspectiva de las víctimas, lo cual no es lo mismo que estar fallando en un tribunal con base en documentos. Fue una experiencia que me permitió aprender mucho y que, de alguna manera, me hizo ver, desde otra perspectiva, los derechos humanos, porque antes era el profesor que leía documentos. En El Salvador, vi que había víctimas que sufrían.

A. L.: ¿Cómo ve la situación actual del Tribunal Europeo de Derechos Humanos?

J. P. R.: Tiene graves problemas, no por falta de competencia de los jueces, sino por el exceso de demandas. Está agobiado de aquellas. Se hizo una reforma muy importante en 1994, otra en el 2004 y se está pensando en una tercera. Se proponen reformas, porque llegan tantas demandas que el tribunal no las revisa con la tranquilidad requerida y, sobre todo, algunas las tramita con retraso.

A. L.: ¿El Tribunal Europeo recibe casos de toda Europa?

J. P. R.: Solo atiende demandas contra Estados miembros del Consejo de Europa, el cual es mayor que la Unión Europea (U.E.) y con un ideario más humanista, mucho más antiguo que el de aquella. El consejo es menos visible, pero, en materia de derechos humanos, realmente ejemplar.

A. L.: ¿No lo sorprende que se hable de rezago en los trámites judiciales en Europa?

J. P. R.: Hay congestión en el tribunal de tantos casos que le llegan. Dicta más de 1.000 sentencias al año, aparte de las decisiones de inadmisibilidad. Esto es un trabajo tremendo y realmente se necesita una nueva reforma a fondo, que está en manos de los Estados, y no todos son muy propensos a las reformas.

A. L.: ¿Es notoria la violación de derechos humanos en Europa?

J. P. R.: En todos los Estados se violan los derechos, incluso en los nórdicos. Todos, en un momento u otro, no respetan absolutamente los derechos humanos. Esto es inherente a la función del Estado. Suiza o Suecia también son demandados. Aparte de eso, Estados con bastantes demandas, como Rusia, Ucrania, Turquía y Polonia, que son los que más tienen.

A. L.: ¿Cuál es la razón?

J. P. R.: Algunos de los países que tenían regímenes de democracia popular y de economía planificada son objeto de gran número de demandas, porque les está costando acomodarse a las exigencias de la Comisión Europea. Turquía se está esforzando en respetar los derechos humanos, porque quiere entrar en la U.E., y se lo exige. Pero el problema de Turquía es qué está haciendo frente al terrorismo del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) y hoy la lucha contra ese terrorismo intenta ser más respetuosa de los derechos humanos. En el pasado, no.

A. L.: ¿Cuál ha sido el principal obstáculo para lograr mayor efectividad de las reformas?

J. P. R.: No todos los Estados las reclaman. Por ejemplo, Rusia no quiere una reforma eficaz que la condene 500 veces al año. La reforma del 2004 tardó mucho para entrar en vigor; solo ocurrió seis años después, por oposición de Rusia.

A. L.: ¿El Tribunal Europeo de Derechos Humanos puede proteger derechos laborales?

J. P. R.: Para que un asunto llegue al Tribunal Europeo ha tenido que agotar los recursos internos de cada país. Pero, en todo caso, los recursos para fines laborales no son los más invocados ante el tribunal, porque son derechos de otra naturaleza que se protegen ante el Comité de Administración del Consejo de Europa. Existen consejos económicos, sociales y culturales donde esta clase de derechos son objeto de protección por la Carta de Turín y, solo en muy contados casos, procesos relacionados con aquellos llegan al tribunal.

A. L.: ¿Cómo opera el mecanismo?

J. P. R.: Se protegen los derechos laborales a nivel intergubernamental por el Comité de Ministros. Pero llegan a conocimiento del Consejo Europeo cuando se trata de derechos laborales recogidos por la Comisión Europea, como la prohibición de la esclavitud o del trabajo forzoso, o cuando se atenta contra la libertad de asociación sindical o, en algunos casos, si se presenta una reclamación laboral y un Estado infringe las exigencias del juicio equitativo.

A. L.: ¿Cuál podría ser la solución para enfrentar la congestión en el Tribunal Europeo?

J. P. R.: El siguiente paso, que va a ser muy difícil de dar, es mantener el tribunal, pero crear un cuerpo que resuelva las cuestiones de admisibilidad, porque la gran mayoría de las demandas que se presentan son declaradas inadmisibles, en el entendido de que la carga más importante del trabajo recaería en este cuerpo.

A. L.: ¿Qué tan factible es la reestructuración?

J. P. R.: La reforma depende de la voluntad de los Estados. Y la pregunta es si todos están de acuerdo con que se cree un sistema que funcione con tanta fluidez. Por ejemplo, Rusia sería condenada muchas más veces, aparte de que ese cuerpo costaría bastante dinero.

A. L.: ¿Se han afectado los derechos humanos en España por la crisis económica?

J. P. R.: De momento creo que no. El problema es el desempleo. Existe el derecho a una plaza de trabajo; esto no lo dice la Comisión Europea, en la Carta de Turín, cuyo cumplimiento vigila el Comité de Ministros. Pero si son derechos absolutos, cuya satisfacción depende de los recursos disponibles, hay que satisfacerlos en la medida en que el Estado pueda. Y hoy España trata, en lo posible, de dar una indemnización a todos los afectados por el desempleo, una prestación de desempleo, pero llegará un momento en que no va a poder hacerlo.

A. L.: ¿Qué opina de los movimientos sociales de “indignados”?

J. P. R.: Creo que tienen razón en quejarse. Surgieron en un momento en que los partidos políticos, en España, estaban descalificándose, riñendo y los ciudadanos los tienen, francamente, en mal concepto. Los indignados decían que los partidos políticos en lugar de discutir, descalificar y pensar en el poder, podrían acordarse de ellos. Hay que encontrar una vía adecuada, democráticamente compatible con la Constitución, para dar salida a estas pretensiones de los indignados. A los jóvenes no les gusta mucho estar sin empleo.

A. L.: ¿El tema puede ser analizado en el Tribunal Europeo desde la perspectiva de los derechos humanos?

J. P. R.: No, porque es un asunto más bien legislativo. De momento no veo qué demandas pueden llegar en relación con este descontento. Tendrá que ser un tema de agenda para la U.E., porque estos movimientos se están extendiendo por los países de aquella. Encauzar los movimientos justos es asunto para los legisladores más que para el tribunal.

A. L.: ¿En Europa oriental se vulnera el derecho de asociación de los trabajadores?

J. P. R.: Y también en Europa occidental, porque hay casos contra el Reino Unido, Suecia y, por supuesto, en contra de países de Europa Oriental. El Tribunal Europeo, en materia de derechos sindicales, va a ser cada día más exigente. Hasta ahora ha sido poco.

A. L.: ¿Por qué será más riguroso?

J. P. R.: Porque el Tribunal Europeo sigue el principio de la jurisprudencia evolutiva. Es decir, dicta sentencias de acuerdo con las circunstancias de hoy, no habla del pasado y las circunstancias actuales son distintas.

A. L.: ¿Qué tantos casos de esclavitud conoce el tribunal?

J. P. R.: Hay pocos. En trabajos forzados existen más. Al Tribunal Europeo le gusta más esta idea de trabajos forzados, porque ahora, para esclavitud, las convenciones exigen que el esclavo sea objeto de un derecho de propiedad, que es lo propio de la esclavitud. Entonces, al tribunal no le gusta eso del derecho de propiedad. Pero este suele conducir a situaciones semejantes que son de trabajo forzado.

A. L.: ¿En qué circunstancia puede haber esclavitud?

J. P. R.: Por ejemplo, en el contexto de la inmigración africana en Francia, hay un caso de trabajo forzado en donde hay coacción. Era una niña a la que se le imponía trabajar 12 horas al día, dormir con el niño pequeño de la familia, se le pagaba una retribución mísera y no tenía ningún día a la semana de vacaciones. Eso es trabajo forzado. Pero la queja fue por esclavitud y el Tribunal Europeo dijo que no, que era trabajo forzado, porque no era objeto de propiedad legal, que es lo propio de la esclavitud, según las convenciones internacionales.

A. L.: En esa situación, ¿cuál es el alcance de la sentencia del tribunal?

J. P. R.: Lo que hace el tribunal es comprobar la infracción, lo cual es una vergüenza para Francia y, además, obligar a esa nación a pagar una suma de dinero a la niña.

A. L.: ¿Qué tanto tiempo tarda una demanda en el Tribunal Europeo?

J. P. R.: Ese es uno de los problemas. Primero, una demanda debe pasar por toda la jurisdicción interna, luego llega al tribunal. Si es un caso contra Rusia, Ucrania, Turquía o Polonia, países en relación con los cuales se están presentando sentencias en una cantidad enorme, puede tardar de tres a cinco años. Y a eso hay que añadir el tiempo que ha tardado en la jurisdicción interna. O sea que el tribunal está incurriendo en un defecto al condenar a los Estados.

A. L.: ¿Es costoso recurrir al tribunal?

J. P. R.: No, no se tiene que pagar nada; se tiene que pagar un abogado. La víctima puede pedir justicia gratuita en su país. Si fuese costoso, sería favorecer a los ricos.