Enfoques conceptuales en la elaboración de la información contable consolidada

Revista Nº 21 Ene.-Mar. 2005

José Valeriano Frías Aceituno(*) 

(España) 

Doctor en Ciencias Económicas 

Profesor del Departamento de Economía Financiera y Contabilidad 

Universidad de Granada 

Introducción

El principio que subyace en la elaboración de la información contable consolidada es la consideración del grupo como una unidad económica de orden superior, y la necesidad por parte de todos aquellos agentes interesados en el mismo de su análisis unitario, como un todo frente a la pluralidad de sus partes.

La utilidad de los estados financieros consolidados, aunque con intereses muy distintos, es extensible tanto a usuarios internos como externos, y dentro de estos últimos, tanto del sector privado como público. Así, dentro del colectivo de usuarios interesados en la información contable consolidada se puede considerar, junto a los gestores, propietarios, acreedores, futuros inversores, trabajadores y clientes de la unidad económica, a aquellos otros agentes a los que desde distintas perspectivas se les considere interesados en conocer la situación económico-financiera y los resultados del grupo, como pueden ser la administración pública, los auditores, analistas financieros, las organizaciones sindicales, etc.

Por tanto, los estados contables consolidados, al igual que sucede con los estados contables individuales, difícilmente podrán cubrir de una manera satisfactoria todas las necesidades de información de los distintos grupos de usuarios, ya que cada uno de ellos presentan, en muchas ocasiones, unas necesidades concretas y, a veces, contrapuestas a las de otros. Su objetivo principal será pues, satisfacer adecuadamente las necesidades de aquellos usuarios que se consideren los principales destinatarios de esta información(1).

La elaboración de los estados contables consolidados puede abordarse, según se ha venido considerando tradicionalmente por parte de la doctrina contable, desde dos teorías o enfoques conceptuales puros(2): la teoría financiera o de la extensión, en la que se considera como usuarios principales a los accionistas de la sociedad dominante; y la teoría económica o de la entidad, en la cual los accionistas del grupo como unidad económica son los destinatarios principales de la información consolidada.

Las diferencias entre ambos enfoques son significativas, hasta el punto de condicionar aspectos tales como: el perímetro de la consolidación, la consideración de los intereses de los socios externos, la eliminación de resultados derivados de operaciones intragrupo, la fecha de cálculo de la diferencia de primera consolidación, el reconocimiento de las plusvalías y minusvalías latentes asignables a los activos y pasivos identificables de la sociedad participada, el reconocimiento del fondo de comercio o de la diferencia negativa de consolidación y la asignación del neto.

En este sentido, el profesor Cóndor (1998, p. 45) considera que “al interpretar estados contables consolidados, así como al analizar las normas relativas a la elaboración de cuentas consolidadas, es necesario tener presente cuál es la filosofía inspiradora de las mismas, ya que (...) el tratamiento que se da a algunos aspectos de la problemática de consolidación no solo es distinto en cuanto a procedimientos, sino que su planteamiento cambia radicalmente si se parte de la idea de que la información se destina preferentemente a los accionistas de la sociedad que está a la cabeza del grupo”, teoría financiera, “o bien si se pretende reflejar la realidad compleja del grupo como unidad económica”, teoría económica.

Conscientes de la incidencia que el enfoque adoptado tiene sobre la imagen que los estados contables consolidados nos ofrecen del grupo, en este trabajo, en primer lugar, banalizaremos tanto la consideración como la cuantificación de los intereses de los socios externos en ambas teorías(3). Posteriormente, determinaremos cuál ha sido el criterio adoptado en las Normas Internacionales de Información Financiera (en adelante NIIF), en relación con estos dos aspectos.

1. Teoría financiera versus teoría económica: los intereses de los socios externos

1.1. La consideración de los intereses de los socios externos(4) 

Como impulsores de la teoría financiera podemos citar a Robson y Duncan (1969, p. 17), para los cuales “el principal objetivo en la presentación de los balances de situación consolidados y otros estados del grupo es proporcionar unos documentos en los que se reflejarán la situación y los resultados del grupo de sociedades, desde el punto de vista de los accionistas de la sociedad holding, considerándolos como los propietarios últimos del grupo”. Las cuentas consolidadas son consideradas como una extensión o prolongación de los estados contables individuales de la sociedad dominante, que se confeccionarán solo cuando la situación económica, financiera y de los resultados de la sociedad dominante se refleje mejor mediante estos que a través de sus cuentas individuales.

Los socios externos(5) no tienen la consideración de propietarios. Por tanto, los fondos propios que se reflejan en el balance consolidado son los atribuibles a la sociedad dominante, es decir, los aportados por los accionistas de la misma. Los intereses de los socios externos, esto es, aquella parte del capital, reservas y resultados del ejercicio de las sociedades dependientes que no pertenecen directa o indirectamente, a través de otras empresas dependientes, a la sociedad dominante, es considerada como una especie de financiación externa “sui géneris”, ya que no hay obligación de reembolso, ni remuneración contractual asegurada, al obtenerse esta vía dividendos, que dependerán de la capacidad de generar beneficios de las dependientes. Se reflejarán en el balance consolidado bien como un pasivo, o bien como una partida intermedia entre las obligaciones del grupo y el neto patrimonial atribuible a la sociedad dominante, solución esta última que ha sido adoptada mayoritariamente(6).

Por tanto, el resultado consolidado se identifica con el resultado atribuible a la sociedad dominante. Los resultados de las sociedades dependientes atribuibles a los socios externos se consideran, en la cuenta de pérdidas y ganancias consolidada, como un gasto o ingreso financiero.

La teoría económica, por su parte, fue desarrollada por el profesor Moonitz (1942, pp. 241-242), según el cual “un balance de situación consolidado contiene una lista de los activos y pasivos asignados a un grupo considerado como una única unidad operativa. El neto patrimonial es, por tanto, el neto patrimonial del grupo considerado como un todo”. Los socios externos son también aportantes de fondos propios(7), ya que “la participación de los socios externos refleja claramente una relación de propiedad porque no hay obligación de pagar nada” (Moonitz, 1960, p. 46). La cantidad asignada a los socios externos se reflejará en el balance consolidado dentro del neto patrimonial y en una partida separada de los fondos propios atribuibles a los accionistas mayoritarios(8).

Por tanto, se considera como usuarios principales de la información consolidada a todos los accionistas del grupo como unidad económica(9), es decir, tanto a los accionistas mayoritarios como a los socios externos. El resultado consolidado será el obtenido por el grupo como unidad económica que aglutinará a los resultados atribuibles a los accionistas mayoritarios y a los socios externos.

1.2. La cuantificación de los intereses de los socios externos

En este apartado se analizará el criterio adoptado en cada una de las dos teorías, en aquellos aspectos que influyen en la cuantificación de los intereses de los socios externos como: la eliminación de resultados derivados de operaciones intragrupo, la fecha de cálculo de la diferencia de primera consolidación, el reconocimiento de las plusvalías o minusvalías latentes asignables a los activos y pasivos identificables de las sociedades dependientes, el reconocimiento del fondo de comercio o de la diferencia negativa de consolidación y la asignación del neto.

1.2.1. Eliminación de resultados derivados de operaciones intragrupo

Cuando una sociedad del grupo enajena un bien, concede un crédito, o presta un servicio a otra del grupo, obtiene un resultado que puede ser positivo o negativo si la operación no se realiza por su coste(10), sino que establece un precio que comprende este más un margen. Dicho resultado puede ser considerado como tal bajo la perspectiva individual de cada una de las empresas, pero no desde el punto de vista del grupo. El importe que de estos resultados se considera no realizado y, por tanto, habrá que eliminar, dependerá del enfoque que se adopte en la elaboración de los estados contables consolidados.

En la teoría financiera, los resultados derivados de operaciones internas se consideran ficticios y, por tanto, son objeto de eliminación en la medida en que no se hayan realizado para los accionistas de la sociedad dominante, considerados como los propietarios últimos del grupo.

Así pues, cuando el origen de la operación se localiza en la sociedad dominante se elimina la totalidad de los resultados, mientras que cuando se halla en una sociedad dependiente el porcentaje de resultados atribuible a los socios externos no es objeto de eliminación. El resultado imputable a los socios externos se reconoce como un mayor o menor coste del elemento vendido o servicio prestado(11). Para los socios externos, “no existe el grupo como tal (...) de ahí que los resultados obtenidos en cualquier transacción, sean para ellos auténticos resultados. La eliminación no puede en este caso ser realizada por la totalidad, sino por los resultados ficticios a nivel grupo, o sea, los de la mayoría; la otra parte no puede ser eliminada puesto que es ajena al grupo” (Cañibano y Cea, 1972, p. 56).

Bajo la consideración del grupo como una unidad económica de orden superior, las transacciones realizadas entre las empresas del grupo son similares a las que se realizan entre distintas sucursales de una misma empresa. Por tanto, en la teoría económica los resultados obtenidos en las transacciones intragrupo han de eliminarse por la totalidad, con independencia de que el origen de la transacción se localice en la sociedad dominante o en la dependiente, puesto que una entidad económica no puede reflejar resultados derivados de una transacción realizada consigo misma.

1.2.2. Fecha de cálculo de la diferencia de primera consolidación

En ambos enfoques conceptuales, cuando la unidad de decisión se obtiene por vínculo financiero y la participación mayoritaria en el capital se adquiere en una única operación de compra, la fecha para determinar la diferencia de primera consolidación es aquella en la que se adquiere la participación financiera mayoritaria. Se compensa el valor contable de la participación financiera que la sociedad tenedora posee en la sociedad participada con la fracción de los fondos propios que dicha participación representa en el momento en que se efectuó la compra de los títulos.

No obstante, cuando el control no se alcanza en una única operación de compra sino en varias, a lo largo de un cierto período de tiempo, el momento en el que se realiza la comparación depende de la teoría bajo la cual se lleva a cabo la elaboración de la información contable consolidada.

Bajo la teoría financiera, para cada compra de participaciones financieras que incremente el porcentaje de participación se realizará una comparación entre lo que se pagó por los títulos y la fracción correspondiente del neto en el momento de la compra, obteniendo la correspondiente diferencia de primera consolidación(12). Se pone el énfasis en el momento en que se realiza la adquisición de los títulos, aunque en dicha fecha no se hubiese obtenido el control. Hay una homogeneidad temporal, ya que siempre se comparan dos cantidades cuyos valores se refieren a la misma fecha.

Sin embargo, en el enfoque económico la diferencia de primera consolidación se calcula en el momento en que se haya obtenido el control, comparando el coste de todas las participaciones financieras adquiridas hasta esa fecha con la parte proporcional de los fondos propios que representan dichas participaciones en la sociedad participada en el momento en el que se ha obtenido el control. Por tanto, existe una falta de correspondencia temporal entre las cantidades sometidas a comparación. Los netos generados desde la fecha en la que se adquiere cada participación hasta la fecha en la que se obtiene el control condicionará el importe de la diferencia de primera consolidación y, por consiguiente, los intereses de los socios externos.

1.2.3. Reconocimiento de las plusvalías o minusvalías latentes asignables a los activos y pasivos identificables

En la diferencia de primera consolidación se pueden distinguir dos partes conceptualmente distintas y susceptibles de un tratamiento contable específico:

a) El importe derivado de la discrepancia entre el valor contable de los bienes, derechos y obligaciones adquiridas y su valor razonable de mercado (diferencia asignable o de valoración);

b) La cuantía correspondiente a la diferencia entre el coste de los títulos y el valor razonable de mercado de los bienes, derechos y obligaciones adquiridas (diferencia inasignable o de adquisición). La diferencia inasignable puede ser tanto positiva como negativa.

La diferencia asignable se imputa directamente a los elementos identificables, tanto de activo como de pasivo de la sociedad participada, bien aumentando el valor de los activos o reduciendo el de los pasivos si la diferencia es positiva, o bien disminuyendo el valor de los activos y revalorizando los pasivos si la diferencia es negativa, en función del porcentaje de participación de la sociedad tenedora en el capital de la participada.

Cuando los elementos que originaron la diferencia asignable no formen parte del activo de la sociedad participada en el momento de efectuar la consolidación o el valor de mercado de ciertos activos o pasivos sea de difícil determinación, toda la diferencia de primera consolidación es considerada indebidamente como diferencia inasignable.

En el enfoque financiero, la parte de los activos y pasivos exigibles de la sociedad participada adquiridos por la sociedad tenedora se incorporan al balance consolidado por su valor de mercado, mientras que el resto se incorpora por su valor contable. Así pues, para calcular los intereses de los socios externos se tiene en cuenta los valores contables reflejados en la contabilidad individual de la sociedad participada y no los de mercado. Se produce una heterogeneidad valorativa que no refleja el valor completo de tales elementos.

Cuando se adopta el enfoque económico, los activos y pasivos exigibles de las sociedades participadas se incorporan al balance consolidado por su valor de mercado trasladándose a los socios externos la parte de la plusvalía o minusvalía latente correspondiente a su porcentaje de participación. Por tanto, para calcular los intereses de los socios externos se tienen en cuenta los valores de mercado de los elementos patrimoniales de la sociedad participada.

1.2.4. Reconocimiento del fondo de comercio o de la diferencia negativa de consolidación

La diferencia inasignable positiva se produce cuando el precio pagado por las acciones es superior al valor razonable de mercado de los elementos adquiridos. Si el sobreprecio está justificado por la existencia en la sociedad dependiente de activos intangibles tales como prestigio, clientela, ubicación del negocio, organización, equipo directivo, cuota de mercado, expectativas del negocio, etc., no computados en su valor patrimonial y de los cuales se esperan obtener unos beneficios, a esta diferencia se le denomina fondo de comercio de consolidación. En consecuencia, no existe diferencia entre la naturaleza del fondo de comercio surgido como fruto de la consolidación del fondo de comercio que se refleja en las cuentas individuales de una empresa que ha realizado la adquisición de un patrimonio determinado. Estamos haciendo prevalecer el fondo económico sobre la forma jurídica.

Cuando la diferencia positiva tiene su origen en errores de estimación o en el poder de negociación de la sociedad vendedora, representa un quebranto patrimonial que debería reconocerse como un gasto extraordinario.

La diferencia inasignable negativa surge cuando el precio pagado por las acciones es menor al valor de mercado de los elementos adquiridos. Esta diferencia, denominada diferencia negativa de consolidación, puede deberse a la posibilidad de haber realizado la adquisición en condiciones ventajosas, a la necesidad de acometer unos gastos futuros que posibiliten situar a la sociedad dependiente en un nivel normal de beneficios con respecto a otras de riesgo similar o a la evolución desfavorable que se espera en la rentabilidad de la empresa adquirida.

En el primer supuesto, la diferencia será considerada como un ingreso diferido para el grupo. En los dos restantes, “la diferencia recibirá el tratamiento de provisión para riesgos y gastos cuyo grado de exigibilidad dependerá del vencimiento de la obligación que está cubriendo. Su aplicación a resultados compensará el efecto reductor que sobre estas producirá la ejecución de los gastos o pérdidas previstas” (Blasco, 1997, p. 45).

El fondo de comercio y la diferencia negativa de consolidación se reconoce en cada uno de los dos enfoques de forma distinta. En la teoría financiera, el fondo de comercio o diferencia negativa de consolidación que se refleja en los estados contables consolidados no es el de la totalidad del negocio de la sociedad dependiente, sino tan solo la parte satisfecha o reconocida al adquirir la participación financiera.

Sin embargo, en la teoría económica se refleja todo el fondo de comercio o diferencia negativa de consolidación. Al considerar el grupo como una unidad económica, el patrimonio de la dependiente se valorará por su valor real total, calculado sobre la base del coste de adquisición de la participación financiera que la sociedad dominante tiene en el capital de la dependiente. Se reconoce la parte del fondo de comercio o diferencia negativa de consolidación imputable a los socios externos.

En el siguiente ejemplo se pondrán de manifiesto las diferencias expuestas anteriormente entre ambos enfoques:

Las sociedades “A” y “B” forman un grupo desde el 1-01-X1, fecha en la que la sociedad dominante “A” adquirió por 1.350 u.m. el 60% de las acciones de la sociedad “B”, cuando el neto de la sociedad “B” estaba compuesto por 800 u.m. de capital y 400 u.m. de reservas. En dicha fecha el valor de mercado de un activo, en concreto, un terreno, excedía del valor contable en 600.

Los balances de situación de las sociedades “A” y “B” al 1º de enero del año X1 eran los siguientes:

Balance General
Enero 1º 20X1
DescripciónSociedad ASociedad B
Activo  
Terrenos-1.400
Participación financiera en “A”1.350-
Resto del activo52.5503.000
Total activo53.9004.400
Pasivo y patrimonio  
Capital500800
Reservas12.300400
Pasivo exigible41.1003.200
Total pasivo y patrimonio53.9004.400

La diferencia de primera consolidación en la fecha de adquisición de la participación financiera mayoritaria toma un valor de 630 u.m. (1.350 - 0’6 x 1.200).

Teoría financiera

Una parte de la diferencia de primera consolidación, en concreto 360 u.m. (0’6 x 600), se imputa como un mayor valor del terreno de la dependiente, incorporándose al balance consolidado por 1.760, [(0’6 x 2.000) + (0’4 x 1.400)]. Las 270 u.m. restantes de la diferencia de primera consolidación constituyen un fondo de comercio. Los intereses de los socios externos en el balance consolidado son 480 u.m. (1.200 x 0’4). Su participación en el capital y las reservas de la sociedad dependiente se determina sobre la base de los valores contables reflejados en la contabilidad individual de esta.

Teoría económica

El valor de mercado del patrimonio de la sociedad dependiente calculado sobre la base del coste de adquisición de la participación financiera es de 2.250 u.m. (1.350/0’6). Así mismo, las 630 u.m. de la diferencia de primera consolidación implica 1.050 u.m. (630/0’6) de exceso del valor de mercado del neto patrimonial de la sociedad dependiente sobre su valor contable (2.250 – 1.200). De este importe de 1.050 u.m. se imputan 600 u.m. a los terrenos y, el resto, 450 u.m., se constituyen en el fondo de comercio total. Los terrenos de la dependiente se incorporan al balance consolidado por su valor razonable de 2.000 u.m. [(0’6 x 2.000) + (0’4 x 2.000)]. Las 450 u.m. del fondo de comercio total incluyen las 270 u.m. (450 x 0’6) del fondo de comercio atribuible a los accionistas mayoritarios más las 180 u.m. (450 x 0’4) del fondo de comercio atribuible a los socios externos. Los intereses de los socios externos en el balance consolidado son 900 u.m. (2.250 x 0’4).

1.2.5. Asignación del neto(13) 

En la teoría financiera, donde los accionistas de la sociedad dominante se consideran como únicos accionistas del grupo, el neto consolidado se identifica con el neto que de cada una de las sociedades del grupo es atribuible a dichos accionistas. Con la finalidad de determinar este importe, en la elaboración de los estados contables consolidados se ha de asignar el neto de cada una de las sociedades dependientes entre la sociedad dominante y cada colectivo de socios externos, teniendo en cuenta la interrelación existente entre todas y cada una de las sociedades dependientes(14). Posteriormente, al neto de la sociedad dominante se le sumará el importe que se le haya imputado en la anterior asignación, obteniendo el neto atribuible a los accionistas de la sociedad dominante. De este modo, a los socios externos se les asignará aquella parte del neto de las sociedades dependientes que no pertenezca, directa o indirectamente, a la dominante del grupo.

La anterior asignación se ha representado en el gráfico 1, donde se ha considerado un grupo de sociedades formado por una sociedad dominante (sociedad 1) y tres dependientes (sociedad 2, 3 y 4). En el ejemplo todas las sociedades están totalmente interrelacionadas, es decir, cada una de ellas posee participaciones financieras en el capital del resto, y por consiguiente, cada empresa está participada por las restantes.

 

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Fuente: Elaboración propia

Bajo la teoría económica, los accionistas del grupo como unidad económica o socios de carácter externo vendrían constituidos por el conjunto de personas físicas y/o jurídicas, exceptuando a las sociedades que forman el grupo, que poseen acciones de las sociedades que actúan bajo criterios de dirección única. Por tanto, los fondos propios del grupo estarían compuestos por los atribuibles a los socios de carácter externo de la sociedad dominante, tradicionalmente denominados accionistas mayoritarios, más los atribuibles a los socios de carácter externo de las sociedades dependientes conocidos como socios externos o accionistas minoritarios.

Es importante resaltar, como se puede observar en el gráfico 2, que cuando una o varias empresas dependientes tienen participaciones financieras en el capital de la dominante, los accionistas de la dominante no coinciden con los accionistas mayoritarios dado que las sociedades dependientes no tienen tal consideración. Las sociedades dependientes tienen la condición de accionistas de la sociedad dominante pero no de accionistas mayoritarios.

 

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Fuente: Elaboración propia

Para determinar el neto del grupo atribuible a los accionistas mayoritarios y a cada colectivo de socios externos se ha de asignar el neto de cada una de las sociedades del grupo entre los accionistas mayoritarios y los minoritarios de cada una de las dependientes, teniendo en cuenta la interrelación entre todas y cada una de las sociedades que forman el grupo (gráfico 3). A los socios externos se les asignará aquella parte del neto tanto de la sociedad dominante como de cada una de las dependientes, que no pertenezca, directa o indirectamente, a los accionistas mayoritarios.

 

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El criterio seguido en la asignación del neto podrá afectar tanto al importe de las diferencias de primera consolidación atribuibles a los distintos colectivos de socios como a la cuantía imputable a los mismos de las reservas generadas o aplicadas desde la fecha de primera consolidación o de los resultados del ejercicio(15).

2. Criterios adoptados en las NIIF

A continuación, se analizarán los criterios que se han adoptado en las NIIF con respecto a la consideración y cuantificación de los intereses de los socios externos(16).

2.1. La consideración de los intereses de los socios externos

Bajo la teoría financiera, los intereses de los socios externos han de reflejarse en el balance consolidado dentro del pasivo exigible o como una partida intermedia entre las obligaciones del grupo y el neto patrimonial.

No obstante, esta consideración no está en concordancia con las líneas marcadas en el marco conceptual del IASB (1989) para la emisión de normativa contable internacional(17), ya que para el IASB, un pasivo (o también denominado pasivo exigible) es “una deuda actual de la empresa, surgida a raíz de sucesos pasados, al vencimiento de la cual, y para cancelarla, la empresa espera desprenderse de recursos que incorporan beneficios económicos” (IASB, 1989, pfo. 49).

Teniendo presente las anteriores premisas, los intereses de los socios externos no pueden ser considerados como pasivo en los estados financieros consolidados, ya que no suponen una obligación presente para el grupo como consecuencia de una transacción pasada y, por tanto, ni tiene un vencimiento, ni es una obligación irrevocable de salida de recursos financieros del grupo. Tampoco podrían representarse en una situación intermedia entre el neto y el pasivo, ya que según el marco conceptual del IASB, todo elemento patrimonial representativo de la situación económico-financiera o bien es considerado activo, o bien pasivo o, finalmente neto. Por tanto, su ubicación más acorde debería situarse dentro del neto, ya que las aportaciones de los socios externos se dirigen a aumentar las inversiones de las empresas del grupo, sin la existencia de obligación alguna de reembolso de los recursos que aportan, ni de una contraprestación fijada de antemano.

Dado que la subdivisión del neto “puede ser relevante para las necesidades de toma de decisiones por parte de los usuarios de los estados financieros” y que “también puede servir para reflejar el hecho de que las partes con intereses en la propiedad de la empresa, tienen diferentes derechos en relación con la recepción de dividendos o el reembolso del capital” (IASB, 1989, pfo. 65), sería conveniente la distinción, dentro del neto, entre el patrimonio neto correspondiente a los accionistas de la sociedad dominante y los intereses de los socios externos. La presentación de los intereses de los socios externos dentro de los fondos propios y en una partida separada del neto atribuible a la sociedad dominante sería compatible con unos estados contables consolidados donde la información vaya destinada preferentemente a los accionistas de la sociedad dominante.

Este ha sido el criterio que se ha propuesto en los párrafos 33 y 34 de la Norma Internacional de Contabilidad Nº 27 (en adelante NIIF-27(18)) (IASB, 2003, párrafos 33-34) al establecer que:

“Los intereses minoritarios podrán presentarse en el patrimonio neto de los estados financieros consolidados, separados del patrimonio neto correspondiente a los propietarios de la controladora. También se presentarán por separado los intereses minoritarios en las ganancias o pérdidas consolidadas”.

“El beneficio o pérdida es atribuida a los accionistas de la dominante y a los intereses minoritarios. Porque ambos son neto patrimonial, la cantidad atribuida a los intereses minoritarios no es ni ingreso ni gasto”.

Por su parte, el IASB sigue el criterio económico al considerar que los intereses de los socios externos podrán reflejarse en el balance consolidado como parte integrante de los fondos propios. Así mismo, al constituir el resultado atribuible a los socios externos como aquella parte del resultado consolidado que no es atribuible a los accionistas de la sociedad dominante, y no un gasto o un ingreso en la cuenta de pérdidas y ganancias consolidada.

2.2. La cuantificación de los intereses de los socios externos

2.2.1. Eliminación de resultados derivados de operaciones intragrupo

La elección del criterio económico en la eliminación de resultados derivados de transacciones intragrupo se pone de manifiesto en la NIIF-27 al señalar en el párrafo 25 que se han de eliminar “enteramente las ganancias y pérdidas provenientes de transacciones intragrupo, si están reconocidas en los activos, tales como existencias o activo fijo”. Así mismo, deben ser eliminadas en su totalidad “las pérdidas no realizadas derivadas de transacciones intragrupo, si han sido deducidas para llevar al valor contable de los activos, a menos que el costo de los mismos no sea recuperable”. Por tanto, se ha de eliminar la totalidad del resultado tanto si el origen de la operación tiene lugar en la sociedad dominante como en la dependiente. Al no considerarse realizado la parte de los resultados imputable a los socios externos, los intereses de estos se calculan teniendo en cuenta la eliminación de resultados por operaciones internas.

2.2.2. Fecha de cálculo de la diferencia de primera consolidación

En el párrafo 39 de la IFRS3(19) (en adelante, NIIF-3), se señala que la fecha en la que se debe realizar el cálculo de la diferencia de primera consolidación es aquella en la que se obtiene de forma efectiva el control de la adquirida. No obstante, cuando el control se haya obtenido mediante sucesivas adquisiciones, se deberá realizar en cada adquisición una comparación entre el valor de la inversión realizada y el de la participación en el valor razonable de los activos y pasivos netos identificables adquiridos (IASB, 2004, pfo. 58). Así pues, en este aspecto se sigue la teoría financiera.

No se recoge la posibilidad de considerar como fecha de primera consolidación aquella en la que el grupo estuviera obligado a elaborar los estados financieros consolidados o los formulara voluntariamente, cuando estas sean posteriores a su efectiva incorporación al grupo.

2.2.3. Reconocimiento de las plusvalías o minusvalías latentes asignables a los activos y pasivos identificables

Los activos y pasivos identificables de las sociedades participadas se deben incorporar al balance consolidado por su valor de mercado, trasladándose a los socios externos la parte de la plusvalía o minusvalía correspondiente a su porcentaje de participación (IASB, 2004, pfo. 40). Al ser valorados los intereses de los socios externos según su participación en los valores razonables de los activos y pasivos identificables de las sociedades dependientes y no en los valores contables reflejados en sus contabilidades individuales, se está aplicando el criterio económico.

2.2.4. Reconocimiento del fondo de comercio o de la diferencia negativa de consolidación

Se sigue el criterio adoptado en la teoría financiera al no reconocer la totalidad del fondo de comercio o diferencia negativa de consolidación de la sociedad dependiente sino solo la parte satisfecha o reconocida al adquirir la participación financiera NIIF-3 (pfos. 51 y 56). Por consiguiente, no se reconoce la parte del fondo de comercio o diferencia negativa de consolidación imputable a los socios externos.

2.2.5. Asignación del neto

El criterio que se ha de seguir en la asignación del neto se pone de manifiesto en el párrafo 4º de la NIIF-27 al definir los intereses minoritarios (intereses de los socios externos), como aquella parte de los resultados netos de la explotación, así como de los activos netos de la dependiente, que no pertenecen, bien sea directa o indirectamente a través de otras empresas dependientes, a la dominante del grupo. Al adoptar el criterio financiero, en la elaboración de la información contable consolidada el neto de cada una de las sociedades dependientes se habrá de asignar entre la sociedad dominante y los socios externos de cada dependiente.

Conclusiones

Si bien la elaboración de la información consolidada puede abordarse desde alguno de los planteamientos conceptuales puros, teoría financiera o económica, el IASB no se decanta por ninguno de estos enfoques. En las NIIF se adopta un enfoque híbrido o postura intermedia entre los mismos, en la que, primando una u otra, encontramos aspectos particulares de la contraria.

La ausencia de una teoría de consolidación generalmente aceptada ha conducido a una selección confusa de alternativas y, a veces, contradictorios e inconsistentes procedimientos. Por ello, los usuarios de los estados financieros consolidados deberán conocer el criterio subyacente utilizado en su elaboración, así como la naturaleza y contenido de las cuentas que son peculiares o propias de los mismos, para poder analizarlos e interpretarlos de una forma adecuada y no incurrir en interpretaciones erróneas. También deberán conocer cuáles son las ventajas y limitaciones que estos estados contables presentan.

La consideración como usuarios principales bien a los accionistas de la sociedad dominante, o bien a los accionistas del grupo como entidad así como la expresión de sus necesidades de información, debería ser el aspecto clave que condicione la forma en la que se ha de realizar la asignación del neto. No obstante, este aspecto de la problemática de la consolidación contable tradicionalmente no ha sido considerado por la doctrina contable como un rasgo diferenciador de las dos teorías y, sin embargo, tiene una incidencia muy importante tanto en la imagen que del grupo nos ofrecen los estados contables consolidados como en el posterior análisis que se realice de los mismos.

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(*) El autor agradece las opiniones y sugerencias aportadas en este artículo por el profesor Dr. D. Manuel Pedro Rodríguez Bolívar del Departamento de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Granada (España).

(1) En los distintos marcos conceptuales FASB (1985, pfo. 30), IASB (1989, pfo. 10) y AECA (1999, pfo. 29), se establece, con carácter preferente, la primacía de un reducido grupo de usuarios sobre el resto.

(2) Véase, entre otros, a: Cóndor (1988), García López (1991 y 1993), Cea (1992), iglesias (1992), Pacter (1992), Blommaert (1997), Archel (1998), Rivero eet al. (1998) y Nurnberg (2000).

(3) Con repecto al perímetro de la consolidación, aspecto que no abordaremos en este artículo, cabría destacar por la originalidad y profundidad con la que aborda el tema los siguientes trabajos: Gonzalo y Tua (1982), Cea (1982), Tua (1996), y Bejarano y Corona (2004).

(4) El profesor Clark (1993), realiza un estudio acerca de la consideración de los intereses de los socios externos a lo largo del siglo XX.

(5) Conjunto de personas físicas y/o jurídicas, exeptuando a las sociedades que forman el grupo, poseedoras de títulos emitidos por las sociedades dependientes.

(6) Como partidarios de la primera postura encontramos, entre otros autores, a: Kohler (1963), Cooper y Ljiri (1983), Pacter (1991) y Gonzalo (1994). Como defensores del segundo criterio podemos citar a Smolinsky (1963) y a Pahler y Mori (1991).

(7) La consideración de los intereses de los socios externos como componente del neto patrimonial del grupo también ha dsido compartida por otros autores, entre ellos: Sapienza (1960), Scott (1979), García y López (1991), Heufner y Largay (1992), Farreras y Rabaseda (1996), Abad et al. (1997), Larrán (1997), Diéguaz (2000) y Larrán et alt. (2000).

(8) Término con el que tradicionalmente se ha venido denominando al conjunto de personas físicas y/o jurídicas, exeptuando a las sociedades dependientes del grupo, poseedoras de títulos emitidos por la sociedad dominante.

(9) Constituidos por el conjunto de personas físicas y/o jurídicas, exeptuando a las sociedades que forman el grupo, poseedoras de títulos emitidos por las sociedades que actúan bajo criterios de dirección única.

(10) Por precio de coste se entiende “el de adquisición al exterior del grupo más los incrementos de valor derivados de las operaciones que haya podido sufrir el bien en el seno del grupo, pero, en cualquier caso, sin componente alguno de beneficios” (Cóndor 1988, p. 145).

(11) Smolinsky (1963) denomina a este procedimiento como método adjunto.

(12) Al realizar la eliminación inversión-fondos propios puede surgir una diferencia, positiva o negativa, dado que es muy probable que el importe satisfecho por los títulos no coincida con el valor atribuido en el balance a los activos y pasivos adquiridos. Esta diferencia entre ambos importes es lo que se conoce como diferencia de primera consolidación.

(13) A efectos de la elaboración de los estados contables consolidados, se distingue en el neto tres partes: a) Fondos propios en la fecha de primera consolidación; b) Reservas generadas o aplicadas desde la fecha de primera consolidación, y c) Resultados del ejercicio. El importe del neto que se asignará será la cuantía resultante tras realizar los ajustes de homogeneización y las eliminaciones económicas por operaciones internas.

(14) La determinación de los coeficientes de dominio efectivo necesarios para realizar esta asignación cuando una o varias sociedades dependientes tienen participaciones financieras en el capital de la dominante puede consultarse en Frías (2003), Frías y Rodríguez (2003) y Frías y Rodríguez (2004).

(15) La incidencia del criterio adoptado en la cuantía de los resultados atribuibles a cada colectivo de socios puede verse en Rodríguez y Frías (2004).

(16) La profesora Román et al. (2001) realizan una comparación de los criterios adoptados en aspectos tales como la finalidad de consolidación, sujeto de la consolidación, obligación de consolidar, eliminaciones por operaciones internas y la eliminación inversión-fondos propios de las NIIF y las normas contables sobre consolidación aplicables en Argentina, Chile, España y México. Esta comparación se realiza entre las distintas normativas vigentes a 30 de junio del 2000.

(17) Véase al respecto IASB (1989, pfo. 6).

(18) Con respecto a la denominación correcta de las normas interanacionales el profesor Gonzalo (2003, p. 3) señala que "hay mucha confusión (...) derivado de la tradición conservacionista anglosajona respecto a los nombres de las reglas contables. El nombre correcto es el de NIIF (en inglés, International Financial Reporting Standards, IFRS), donde se agrupan tanto a las viejas normas internacionales de contabilidad (en inglés, International Accounting Standards, IAS, emitidas por el organismo predecesor del IASB, el International Accounting Standards Committee, IASC, como a las que el nuevo IASB está emitiendo desde el 2002 que también recibe el nombre específico de NIIF, con el número correspondiente (la NIIF 1 es la adopción por primera vez de las NIIF). En el nombre genérico NIIF también entran las interpretaciones de las normas. Por esta razón todavía se puede seguir utilizando la referencia a una NIC concreta con su nombre y número pero ya no se emitirán más NIC en el futuro”.

(19) IASB (2004).