Entre la contabilidad creativa y el delito contable(1)

Revista Nº 12 Oct.-Dic. 2002

Juan Monterrey Mayoral 

(España) 

Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad 

Universidad de Extremadura, España 

1. Introducción

He realizado una pequeña encuesta entre algunos conocidos, profesionales de la dirección de empresas, y les he preguntado qué entienden por “contabilidad creativa”; la mayoría han respondido de una manera vaga e imprecisa, asociando el término con una especie de práctica artística. En realidad, se han acercado bastante a mi idea de que la contabilidad creativa es, ante todo, un arte: el de manipular la información que las empresas proporcionan a los usuarios externos, sin que éstos adviertan tal proceder. Claro, que como todas las artes, cuanto mayor sea el nivel técnico del artista mucho mejor, pues será más difícil de detectar.

En realidad, el fenómeno de la manipulación contable es de magnitud y complejidad creciente: la sofisticación cada vez mayor de las estructuras financieras de las empresas y la competitividad del mundo de los negocios ejercen una importante presión en los gerentes, lo que alimenta y favorece la distorsión intencionada de la información contenida en los estados financieros. Además, se trata de una cuestión importante, pues sus consecuencias económicas afectan a la asignación de recursos de todas las partes interesadas en la información financiera. Pero en nuestra opinión, es muy difícil precisar los bordes de este fenómeno y señalar con nitidez dónde empieza la manipulación; más aún, todos sabemos cuáles deben ser las prácticas éticas y cuáles son las prácticas realmente fraudulentas, pero existe una amplía zona intermedia en la que creemos que no es posible trazar con claridad la frontera entre ambas.

Pues bien, es probable que todo ello sea, en alguna medida, consecuencia de la existencia de principios contables que permiten la introducción de la subjetividad como ingrediente básico —e inevitable— de su funcionamiento. En una ocasión, un amigo, director de una pequeña empresa con problemas financieros, comparaba las cuentas anuales —con un cuadro que hay que pintar, y las normas contables con la pintura y los pinceles. La suya era una visión extrema de la contabilidad creativa que no nos hizo mucha gracia, pero tenemos la impresión de que se trata de una creencia desgraciadamente bastante extendida, y de que los responsables de su existencia no son únicamente los gerentes y administradores de las firmas—, ellos solo tienen el lienzo (las cuentas anuales), así que para pintar el cuadro que dice nuestro amigo necesitan también la pintura y los pinceles que la regulación contable les proporciona, en unas ocasiones involuntariamente y en otras de manera consciente: recordemos algunas normas emitidas ad hoc para determinadas empresas(2).

En efecto, el modelo contable se basa en la existencia de principios y normas cuya aplicación conduce a mostrar la imagen fiel, es decir, conduce a una verdad formal que es algo así como el valor que se le supone al soldado. Pero como veremos en epígrafes posteriores, y como ha escrito Cea (1994), las cuentas anuales pueden ser impecables en el plano jurídico-formal y sin embargo, estar “aderezadas” con amplias dosis de creatividad, sin que desde el exterior de las empresas sea posible detectar la manipulación. Si es así, resulta evidente que eliminar las prácticas creativas es tan imposible como intentar poner puertas al campo, pero ello no impide reconocer como necesario que deben adoptarse medidas para limitar estas conductas, sobre todo desde la esencial función de los auditores.

En este documento, el término “contabilidad creativa” se empleará exclusivamente para referirnos a la información contable externa, y por tanto no engloba cuestiones como fraudes internos, alcances en fondos, etc.(3); tampoco se utilizará en sentido peyorativo, a pesar de sus connotaciones negativas. En este sentido, el trabajo pivotará en torno a la idea central expuesta por Naser (1993), entre otros autores, de que las organizaciones tienen una tendencia natural a adoptar procedimientos contables que minimicen cualquier efecto económico desfavorable y resalten los que consideran más favorables.

El resto del trabajo se organiza de la forma siguiente: el epígrafe siguiente se dedicará a deslindar los conceptos relacionados con la contabilidad creativa, el epígrafe 3 a precisar su naturaleza y objetivos; el epígrafe 4 a ilustrar algunas de las prácticas creativas y de manipulación más usuales; el 5, a exponer algunas de las posibles medidas tendentes a impedirlas o limitarlas, y el 6 y último a las conclusiones finales.

2. La contabilidad creativa: alcance y significado del término

Una de las cuestiones de la disciplina contable que recibe un mayor número de comentarios críticos es su enorme imprecisión terminológica; un elocuente ejemplo de ello es la variedad y diversidad de acepciones que se emplean para designar lo que genéricamente podríamos denominar prácticas de manipulación contable: contabilidad creativa, políticas contables agresivas, alisamiento de resultados, elección contable, fraude, etc. En nuestra opinión, todos estos términos presentan analogías, pero en todo caso son diferentes, por lo que seguidamente precisaremos el alcance de cada uno de ellos.

En primer lugar, el concepto básico de todos los anteriores es el de política contable, que engloba el conjunto de métodos y procedimientos de reconocimiento, valoración y revelación de la información elegidos por cada compañía, y que son aplicados de manera uniforme en el tiempo. Es importante subrayar que este último requisito, la uniformidad, es la condición esencial para poder caracterizar la elección de métodos y procedimientos como una verdadera política contable, puesto que el terreno de la creatividad comienza precisamente allí donde termina la uniformidad.

Ahora bien, la investigación contable suele distinguir entre lo que se denominan políticas contables conservadoras y políticas contables agresivas. Para Davidson, Stickney y Weil (1988, p. 628), políticas conservadoras son las que mediante su implementación conducen a la obtención de los menores resultados acumulados en cualquier momento de tiempo, así como a mostrar activos y recursos propios más reducidos; por el contrario, son políticas agresivas las que tienden a ofrecer el mayor nivel de resultados acumulados, activos y recursos propios también en cualquier momento. Creemos que nada hay que objetar respecto de las políticas contables, ya sean conservadoras o agresivas, habida cuenta de que están trazadas con base en el estricto marco de los principios y normas existentes.

No obstante, la literatura contable considera que la opción por implementar políticas conservadoras o agresivas no es, por regla general, un acto neutral, sino que puede estar motivado por los intereses de los gerentes y administradores, que no tienen por qué ser coincidentes con los objetivos de las empresas. Así, la elección contable se denomina eficiente cuando su propósito, como escriben Christie y Zimmerman (1994, p. 542), es seleccionar los procedimientos contables que mejor apoyen la toma de decisiones y, por tanto, mejor contribuyan al objetivo de maximizar el valor de la firma. Por el contrario, la elección contable es oportunista cuando la selección de métodos contables tiene como propósito fundamental el propio interés de la dirección de la compañía; esta distinción entre procedimientos eficientes y oportunistas no debe conducir a asociar elección contable eficiente con políticas conservadoras y elección oportunista con políticas agresivas. Como veremos más adelante, en algunas ocasiones los gerentes pueden tener incentivos para actuar de manera oportunista y optar por alternativas conservadoras que depriman el resultado.

A diferencia de la política contable, conservadora o agresiva, que puedan implementar las empresas, cuyos ingredientes básicos son el apego al cumplimiento de las normas y, muy especialmente, la uniformidad en su aplicación, la contabilidad creativa consiste en manipular la información para alterar de manera artificial lo que sería el resultado “natural” deducido o determinado con arreglo a la política contable trazada por la empresa. Así pues, coincidimos con Naser (1993, p. 59) en afirmar que la contabilidad creativa es, en sentido amplio, transformar las cuentas anuales de lo que tienen que ser a lo que se prefiere que sean, por lo que para implementar este tipo de prácticas se requiere incumplir los principios y normas contables o abandonar la uniformidad en su aplicación, que en el fondo es la misma cuestión(4).

Otra práctica de manipulación generalmente identificada con la contabilidad creativa es el alisamiento del resultado, que en realidad se trata de un caso particular de aquélla: manipular la información para conseguir una serie histórica de resultados con la menor volatilidad posible. Así pues, el alisamiento, no es ni más ni menos que una de las muchas y variadas formas de contabilidad creativa, quizás la más popular en la literatura contable.

Por último, y ya en el terreno de la conducta fraudulenta y malintencionada, y de sus posibles repercusiones penales, el artículo 290 de nuestro Código Penal castiga la conducta consistente en falsear las cuentas anuales de forma idónea para causar un perjuicio económico a la sociedad, a sus socios y a terceros. En este sentido, Bajo (1996, p. 13), señala que el delito contable se puede concebir como un delito de peligro para el patrimonio, por ser éste objeto de protección jurídica, o como un delito de lesión del derecho a la información acerca de los acontecimientos económicos y jurídicos de las sociedades. No obstante, la novedosa tipificación del delito contable, a partir de la reforma del Código Penal de 1995 y el escaso tiempo transcurrido desde su entrada en vigor, no han hecho posible que la jurisprudencia pueda delimitar con mayor precisión qué se entiende, y cuál debe ser su alcance, por “falsear las cuentas anuales de forma idónea” para causar un perjuicio económico.

3. Naturaleza y objetivos de la contabilidad creativa

La contabilidad creativa suele concebirse como una estrategia frente a las dificultades financieras en las empresas, en el deseo de transmitir a los usuarios la visión más optimista posible de las firmas. Sin embargo, no son los problemas económicos el único elemento favorecedor de este tipo de prácticas; en ocasiones, los gerentes y administradores pueden tener como objetivo alisar los resultados, e incluso reducirlos, ya que las motivaciones para su manipulación pueden ser de muy variada índole.

Aunque en la literatura contable abundan pruebas inequívocas acerca de la existencia de contabilidad creativa y de las motivaciones para su práctica, existe un sesgo, en nuestra opinión muy notable, ocasionado por el hecho de que los investigadores se han interesado exclusivamente por analizar y explicar los mecanismos de la elección contable, en el segmento de las grandes empresas, allí donde existe una separación casi absoluta entre propiedad y gestión de las corporaciones, y se ha ignorado por completo cuáles son las razones que explican la elección contable en las pequeñas y medianas empresas, en las que no siempre existe separación entre propiedad y gestión y donde la teoría de la agencia no puede brindar explicaciones satisfactorias. Intuitivamente, creemos que los mecanismos de la elección contable son muy diferentes en un segmento y en otro.

Ahora bien, ¿por qué existe la contabilidad creativa? Para explicar este fenómeno suelen invocarse dos razones: fundamentalmente, por la existencia de una fuerte asimetría de información entre el interior y el exterior de las firmas, que hace muy difícil detectar desde el exterior las prácticas de manipulación, pero en cierta medida también porque el marco legal de la contabilidad la favorece. Respecto de la primera cuestión, es evidente que la dirección de las empresas dispone de una información que no llega a ser conocida por los usuarios de las cuentas anuales. Esta asimetría proporciona la ocasión para, entre otras muchas conductas amparadas en esta circunstancia, implementar prácticas de contabilidad creativa, en el convencimiento de que desde el exterior de la compañía será muy difícil su detección. Solamente el establecimiento de algún mecanismo de monitorización, como la auditoría, puede limitar la manipulación contable.

No obstante, conviene destacar que en ocasiones, la literatura contable engloba bajo el término contabilidad creativa determinadas prácticas que nada tienen que ver con la información contable. Giner (1992) y Pineda (1996) diferencian acertadamente ambas cuestiones, denominando respectivamente “organización creativa” y “decisiones de gestión” al conjunto de medidas adoptadas por la dirección de las empresas en épocas adversas para mitigar la caída de resultados; así, recortar gastos de I + D, de mantenimiento, de inmovilizados, de marketing y publicidad, etc., en este tipo de situaciones de recesión son actos de gestión que no deben confundirse con los procesos de manipulación de la información contable, más concretamente de alisamiento, y que son por completo ajenos al ámbito de la contabilidad.

En segundo lugar, suele aceptarse que en ocasiones son las propias normas contables las que abonan el terreno para la adopción de prácticas creativas. En este sentido, es evidente que la existencia de principios contables que permiten la introducción de criterios subjetivos son el caldo de cultivo para la manipulación, esto es, lo que Cea (1994, p. 7) denomina de “prefabricación del resultado”. Debe reconocerse que la discrecionalidad en la aplicación de algunos principios contables, en especial del principio de prudencia, constituye un freno al optimismo de los gerentes y un mecanismo de protección frente a la incertidumbre de los negocios, pero al mismo tiempo alimenta la creatividad.

Por ello, y partiendo de reconocer que la flexibilidad de algunas normas contables es, en nuestra opinión, inevitable y necesario, creemos que se trata de elegir entre lo malo y lo peor. Lo malo es, entendemos, que existan principios como el de prudencia, cuya aplicación abierta, incluso dentro del rigor, conduce a prácticas creativas; pero lo peor es que no existiera. ¿Podríamos imaginar las cuentas anuales sin principio de prudencia, en especial en el segmento de empresas en el que no existen mecanismos de monitorización como la auditoría?

Si la asimetría de información y la flexibilidad de las normas contables suelen aceptarse como los pilares básicos de la contabilidad creativa, ¿cuáles son los incentivos que tienen las firmas para practicarla? Pueden dividirse en tres tipos: incentivos para mejorar el resultado, incentivos para mantenerlo o alisarlo, y, por supuesto, también incentivos para reducirlo. A ellos nos referiremos a continuación, pero antes es conveniente hacer mención de un aspecto esencial: vamos a analizar los incentivos para aumentar, alisar o reducir los resultados, pero evidentemente, con relación al que sería el resultado “natural”, sin ser manipulado. ¿Y cuál es éste?

Un trabajo no publicado de Chaney, Jeter y Lewis (1997) explica muy bien esta cuestión. El resultado “natural” es, según estos autores, el nivel medio de resultados que los gerentes intuyen que la empresa generará a lo largo de los ejercicios futuros; por tanto, se trata de un nivel de resultados no conocido en el exterior de la firma. Esta idea está basada en la hipótesis, formulada por Friedman (1957), de que los consumidores ajustan su nivel de consumo tomando como referencia lo que será su nivel de renta media permanente, mejor que sobre los ingresos que puedan obtener coyunturalmente en un determinado período de tiempo.

De manera análoga a los consumidores, los gerentes prefieren formular resultados contables con base en su idea de nivel permanente, mejor que en un resultado que incluya tanto componentes permanentes como transitorios. Tomando, este nivel estimado como referencia, y según dicho nivel sea o no elevado, es como adoptan la decisión de aumentar, reducir o alisar artificialmente los resultados. En la práctica, es realmente difícil explicar las razones por las que una empresa decide manipular sus resultados, aunque la investigación contable ha señalado algunas, si bien con bastante imprecisión.

3.1. Incentivos para elevar la cifra de resultados

En cuanto a los incentivos que tienen las compañías para elevar sus resultados, suelen señalarse como tales la existencia de planes de remuneración acordados entre gerentes y empresa basados en beneficios, el endeudamiento y la generación de resultados a niveles reducidos. En cuanto a la primera cuestión, la evidencia empírica ha documentado con precisión que las firmas en las que la dirección está sujeta a planes de remuneración basados en resultados, existe una mayor propensión a exhibir el mayor nivel posible de éstos, bien mediante la adopción de políticas contables agresivas (dentro del marco de los principios contables), bien mediante la manipulación de la información. Los trabajos de Healy (1985) y Healy, Kang y Palepu (1987) son los que en nuestra opinión aportan una evidencia más acabada de esta hipótesis.

El segundo de los incentivos para aumentar la cifra de resultados es la existencia de elevados niveles de endeudamiento. Reducir el perfil de riesgo de la firma y evitar el incumplimiento de posibles acuerdos sobre deuda con acreedores financieros son razones para intentar manipularlos al alza. El trabajo de Watts (1977) fue el pionero en proporcionar evidencia empírica de la relación existente entre nivel de deuda y resultados amplificados, siendo probablemente el de Sweeney (1994), discípula del anterior, uno de los mejor construidos y completos en esta línea.

Por último, la obtención de resultados deprimidos es una poderosa razón, la más importante, para intentar mejorarlos artificialmente. El realizado por De Angelo, De Angelo y Skinner (1994) es el trabajo más representativo para ilustrar la elección contable de las compañías con pérdidas o con resultados en declive, y ratifican este comportamiento.

3.2. Incentivos para alisar el resultado

El alisamiento del resultado es el tipo de manipulación contable más estudiada, si bien son numerosos los autores que se muestran escépticos con la evidencia empírica obtenida, dada la dificultad existente en identificar esta conducta desde el exterior de las empresas. Los estudios sobre alisamiento parten de considerar que los gerentes seleccionarán aquellos métodos contables que incrementen el nivel de resultados y que al mismo tiempo reduzcan su varianza, para que la serie histórica de éstos ofrezca un aspecto más estabilizado y surta efectos beneficiosos para la política de dividendos, los precios de las acciones y el perfil de riesgo de la empresa (Monterrey, 1997).

De nuevo, los planes de compensación salarial se erigen como una de las razones que explican las prácticas de alisamiento. Gaver, Gaver y Austin (1995) y Holthausen, Larcker y Sloan (1995) ponen de manifiesto que cuando los resultados caen por debajo de los límites convenidos para obtener compensaciones salariales existe una tendencia a manipularlos para elevarlos; en sentido contrario, si los resultados están optimizados la conducta será la opuesta, es decir, se tenderá a deprimirlos.

Pero en nuestra opinión, es el deseo de ofrecer un perfil de riesgo reducido la razón fundamental para alisar resultados. Es evidente que cuanto menor sea su volatilidad, menor es la incertidumbre respecto a sus posibilidades de ser pronosticado, más favorecida se ve la política de dividendos (especialmente en empresas cuya política es rígida), mejor se comportan los precios bursátiles y en mayor medida se favorece la captación de recursos financieros, y probablemente a menor coste. En España, Pina (1988) y Apellániz (1991) han documentado la existencia de prácticas de alisamiento.

3.3. Incentivos para reducir el resultado

Es un error bastante extendido asociar la contabilidad creativa exclusivamente a las prácticas de alisamiento o de elevación del resultado, cuando en bastantes ocasiones también se emplean para reducirlo de manera considerable, lo que se denomina “big bath” ; como veremos, no faltan incentivos para ello. Así, la obtención sistemática de resultados abultados puede interpretarse como la consecuencia de rentas de monopolio, con el consiguiente riesgo de incurrir en costes políticos significativos. Para reducir este riesgo, las firmas en esta situación suelen optar por soluciones de carácter conservador, como han verificado los trabajos de Zimmerman (1983) y Zmijewski y Hagerman (1981).

También existe una cierta propensión a reducir los resultados cuando se produce un cambio en la dirección de las firmas; así, en el primer ejercicio del nuevo equipo ejecutivo existe una probabilidad mayor de que éste lleve a cabo una especie de “operación limpieza” en los estados financieros para eliminar con cargo a resultados cualquier residuo de impurezas: dicha operación no se interpretará como una señal negativa de su gestión, pero se favorecerá para el ejercicio siguiente un notable cambio positivo en el resultado, que, por supuesto, se considerará como una manifestación inequívoca de los aciertos de los nuevos gestores.

Como en los casos anteriores, la existencia de planes de remuneración de nuevo puede incentivar la reducción del resultado. Holthausen, Larcker y Sloan (1995) demuestran cómo en firmas con pérdidas persistentes los gerentes pueden incrementarlas incluyendo todas las posibles pérdidas potenciales futuras, para forzar en ejercicios posteriores un espectacular cambio al alza en resultados y obtener una mejora de su remuneración.

Por último, existe una muy poderosa razón para ofrecer un resultado deprimido: reducir el coste que supone el impuesto sobre beneficios. Aunque la minimización de las cargas fiscales es un objetivo que está presente en todos los planteamientos empresariales, cobra especial importancia, por su prioridad, en el segmento de las pequeñas y medianas empresas y en aquéllas donde el accionariado está fuertemente concentrado, en muchas ocasiones es la propia unidad familiar, y no existe separación entre propiedad y gestión de la compañía.

4. Formas de contabilidad creativa

Como ya hemos comentado con anterioridad, la contabilidad creativa puede adoptar multitud de formas y procedimientos, generalmente muy difíciles de detectar. En el cuadro Nº 1 se ofrece un listado de algunas de las prácticas de contabilidad creativa más usuales, sin ánimo de agotar el amplísimo abanico de posibilidades existentes. Es importante señalar que no hemos considerado como tales cuestiones que en nuestra opinión deben considerarse decisiones de gestión, como las operaciones fuera de balance, y que permanecen al margen de los aspectos contables.

Todas estas prácticas cobrarán mayor o menor importancia y estarán extendidas en un grado mayor o menor dependiendo, ante todo, de las probabilidades de detección por los auditores y de la necesidad que tenga cada firma de realizarlas. El cuadro Nº 2 siguiente ofrece una descripción detallada de dichas prácticas, y en él se señalan sus efectos sobre los resultados, tanto a corto como a largo plazo, y sobre el nivel de endeudamiento. En este sentido, debe llamarse la atención al hecho de que por regla general como escribe Rojo (1993), la contabilidad creativa está motivada en objetivos de carácter especulativo y a corto plazo, si bien en la mayoría de las ocasiones las prácticas creativas también tienen efectos a largo plazo, más diferidos pero tan importantes como a corto, y en muchas ocasiones surtiendo el efecto contrario al que se pretende provocar.

 

 

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5. Medidas contra la contabilidad creativa

Como comentábamos al inicio de este trabajo, no es posible eliminar las prácticas de contabilidad creativa, pero sin embargo, tan deseables como necesarias son la implementación de medidas tendentes a limitar su generalización. En este sentido, han sido muchas las propuestas que se han enunciado, que podemos resumir en las siguientes:

a) Reforzar el papel de los auditores

En nuestra opinión, la auditoría es la medida primordial contra la generalización de las prácticas de manipulación contable. No basta con salpicar de salvedades los informes de auditoría; creemos que los intereses de terceros —y terceros casi siempre profanos en materia contable y financiera— no están adecuadamente protegidos si no se da un paso hacia adelante y se emiten opiniones adversas ante prácticas de contabilidad creativa cuya detección, hasta la fecha, y en nuestro país, se resuelven con una salvedad, sin más. Hasta la fecha, no conocemos la emisión de opiniones adversas en ninguna compañía cotizada en el mercado bursátil español, y la evidencia pone de manifiesto qué ocasiones no han faltado para ello.

b) Implantación efectiva de comités de auditoría e incorporación de consejeros externos

En otros países, los comités de auditoría han supuesto una medida efectiva contra las prácticas de contabilidad creativa, al constituir un mecanismo adicional de monitorización y control de la actuación gerencial, al tiempo que una garantía para los auditores. También la incorporación a los consejos de administración de personas independientes parece apropiada como mecanismo de limitación de la manipulación contable; un excelente trabajo de Beasley (1996) aporta evidencia empírica consistente en que la inclusión de miembros externos en los consejos reduce muy significativamente la posibilidad de manipulación fraudulenta en los estados financieros.

c) Mejorar el nivel de revelación de la información contable

En España, la reforma mercantil operada en 1989 y la entrada en vigor del nuevo Plan General de Contabilidad en 1990 ha sido una ocasión bien aprovechada para reforzar muy considerablemente el nivel de revelación. No puede ocultarse que la difusión de la información financiera es un juego en el que ha de buscarse un difícil equilibrio entre la obligación de difundir datos y el coste asociado a exhibirlos públicamente, lo que puede afectar a la posición competitiva de las empresas; pero informaciones como el cash flow de operaciones, mucho menos manipulables que el resultado contable y que los recursos de operaciones, o un mayor detalle de los pasivos registrados en balance, por poner algunos ejemplos, hubieran sido muy efectivas no para limitar, pero sí para que los usuarios puedan identificar la existencia de prácticas creativas. Solo la riqueza de la infórmación puede ayudar a los usuarios a identificar este tipo de conductas.

d) Mayor precisión en las normas contables

Compartimos la creencia de Cuccia, Hackenbrack y Nelson (1995) de que existen incentivos para la contabilidad creativa cuando las normas contables están redactadas de manera ambigua y emplean términos vagos e imprecisos, mientras que aquéllas que menos narrativas y ofrecen una mayor precisión y concreción, eliminan en mayor medida la posibilidad de prácticas de manipulación.

e) Eliminar las transacciones potenciales y los sucesos contingentes del cálculo del resultado

Cea (1994) propone excluir del cálculo del resultado las transacciones potenciales y los sucesos de naturaleza contingente, como medida para eliminar la creatividad en su determinación. Ciertamente, la consideración como información en memoria de este tipo de sucesos eliminaría gran parte, pero no todos, de los mecanismos de manipulación, pero en este caso el resultado contable, como magnitud descriptiva de la capacidad de generación de riqueza, debería ser redefinida.

f) Limitar la libertad de los gerentes en la elección contable

Naser (1993) propone restringir al máximo la posibilidad de que los gerentes asuman competencias en materia de elección contable, como medida efectiva para impedir la manipulación de la información y que puedan ser juez y parte en los casos en los que su remuneración esté vinculada al nivel de resultados. No obstante, nos parece muy difícil su implementación, máxime cuando la dirección siempre puede justificar su mejor conocimiento, de la empresa como argumento para diseñar aquellos procedimientos contables que mejor reflejen las circunstancias económicas y financieras del negocio.

6. Resumen y conclusiones finales

La contabilidad creativa es un terreno, por su propia naturaleza, abonado a la opinión abierta, dada la dificultad de su delimitación y quizás también, la imposibilidad de deslindar de manera objetiva los límites de la actuación fraudulenta. A lo largo de este trabajo hemos realizado un breve recorrido por los aspectos que nos han parecido más significativos: su naturaleza, los incentivos para practicarla y las múltiples y variadas formas que puede adoptar. Por último, hemos descrito algunas de las medidas que se han invocado para limitar y restringir las prácticas de manipulación de la información. No queremos finalizar sin llamar la atención sobre la importancia de la cuestión, por afectar a la asignación de recursos y a los intereses económicos de las partes interesadas en las compañías, por la evidente dificultad de identificar este tipo de conductas y por la necesidad de establecer medidas que impidan la manipulación.

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(1) Este documento ha servido de base para las conferencias impartidas en la Universidad Autónoma de Madrid (jun./97) y en el centro de Estudios Financieros (Madrid, oct./97).

(2) Véase la Orden Ministerial de 12 de marzo de 1993, que alteraba el régimen contable de determinadas diferencias de cambio para empresas concesionarias de autopistas de peaje.

(3) Estas cuestiones de índole interna están tratadas con profundidad en los excelentes manuales de Weil, Wagner y Frank (1995) y Bologna y Lindquist (1995).

(4) A diferencia de esta idea, Amat y Blake (1995a, 1995b) consideran que la contabilidad creativa implica la manipulación dentro del marco estricto de la actuación permitida por la legislación, sin englobar prácticas fraudulentas.