Hacia el reino de la subjetividad: una crítica al modelo contable del valor razonable

Revista N° 38 Abr.-Jun. 2009

Carlos Valle Larrea 

(Perú) 

Supervisor de auditoría de firma representante de BDO en el Perú 

Miembro del Instituto Peruano de Investigación y Desarrollo Tributario 

Docente del programa de Contabilidad de la Escuela de Negocios 

Universidad de Lima 

Introducción

El objeto del presente trabajo es exponer una aproximación a la problemática originada por la presentación de los estados financieros a valores razonables, dejando atrás el tradicional modelo del costo histórico. Este cambio de paradigma contable implica una serie de retos y riesgos, tanto para los profesionales contables como para los usuarios de los estados financieros. El análisis efectuado se concentra en la información financiera para uso de terceros, dejando para un futuro trabajo los aspectos relacionados con la contabilidad gerencial o de emisión de reportes para uso interno de las entidades.

1. Desaparición del modelo contable tradicional

 

Históricamente el proceso de preparación de estados financieros ha tenido la secuencia detallada en la figura 1, donde la información proveniente de documentos fuente (como facturas, planillas de trabajadores o notas de ingreso a almacén) era anotada de manera sistemática en los libros y registros contables, de forma resumida o individualizada, para dar origen a asientos de contabilización cuyas expresiones monetarias eran recogidas en el libro mayor y sobre la base de las acumulaciones de saldos elaborar estados financieros para uso de terceros. Las cifras que mostraban estos estados financieros, eran en su mayoría verificables por estar soportadas con documentos que evidenciaban las transacciones que realizaba la entidad. Si una empresa comercial presentaba una mayor utilidad bruta que otra competidora de similares características, era porque efectivamente había comprado más barato o vendido más caro, con lo que podían sacarse conclusiones certeras sobre su mejor desempeño. De la misma forma, podían compararse ratios de rotación de activos fijos y activos totales sobre la convicción de que la expresión que representaban en el balance era efectivamente lo que les había costado a las empresas adquirirlos. Hoy en cambio, la utilización de valores razonables distorsiona sustancialmente este tipo de comparaciones. Por ejemplo, ciertos tipos de bienes como los activos biológicos o ciertos concentrados minerales se contabilizan de acuerdo con las Normas Internacionales de Información Financiera —NIIF—(1) vigentes a valores razonables(2), por lo que ya no se podría concluir, para el caso de un conjunto de empresas dedicadas al cultivo de espárragos, cuál ha incurrido en menores costos de cultivo. Algo parecido ocurre también con dos empresas que arriendan unidades inmobiliarias similares ubicadas en una misma parte de la ciudad. Si una adquirió sus inmuebles a mitad de precio que la otra, el lector de los estados financieros no podrá notar esto si es que ambas empresas han optado por contabilizar estas propiedades a valores razonables conforme a la Norma Internacional de Contabilidad – NIC 40(3).

 

El esquema que paulatinamente han ido estableciendo las NIIF lleva cada vez a una mayor separación entre la realidad cuantitativa de la documentación fuente y las cifras presentadas en los estados financieros. El proceso contable tradicional mostrado en la figura 1 queda sustancialmente modificado, tal como se aprecia en la figura 2. Las transacciones originalmente son contabilizadas a su valor histórico, para posteriormente (dependiendo de las políticas contables adoptadas por cada NIIF) efectuar ajustes para mostrar los saldos a valores razonables. Se dan incluso casos donde no existe una relación directa, ya no solo entre la documentación fuente y los estados financieros, sino entre los mismos libros contables y los estados financieros. Esta situación se da, por ejemplo, en aplicación de la NIC 21 – Efectos de las variaciones en los tipos de cambio de la moneda extranjera, cuando la moneda funcional de la entidad es distinta a aquella de curso legal del país en la que se llevan los libros contables(4) o, en los estados financieros consolidados, cuya formulación está sustentada por una hoja de trabajo (al igual que en el ejemplo anterior de la moneda funcional), puesto que no existen libros consolidados. En estos dos ejemplos, los documentos clave para garantizar una adecuada preparación de los estados financieros resultan ser las hojas de trabajo de conversión a moneda funcional o de consolidación, respectivamente. Si estos documentos están mal elaborados, de nada serviría toda la corrección y razonabilidad que tengan los estados financieros fuente (sea que resulten del circuito tradicional de la figura 1 o preparados bajo las NIIF vigentes, conforme a la figura 2).

2. El afianzamiento del concepto de valor razonable como modelo predominante en las NIIF

En el cuadro 1 se puede apreciar, para las NIIF vigentes actualmente a nivel internacional, la importancia que ha adquirido la contabilización de operaciones a valores razonables, al punto de estar presente en la casi totalidad de categorías usuales de activos, quizá con la única excepción importante de las existencias que, conforme a la NIC 2, continúan registrándose bajo el costo histórico. De las normas señaladas, no todas registran el valor razonable de la misma manera, en ciertos casos se les deduce los gastos de venta en los que se estima incurrir para la enajenación de los activos (como ocurre con la NIC 41 y la NIIF 5), y en otras no se considera deducción alguna (este es el caso de las NIIF 6 y las NIC 16, 38, 39 y 40), pero todas tienen en común efectuar correcciones al costo histórico originalmente registrado para mostrar en su lugar una expresión contable basada en el valor que le asigna el mercado al activo(5).

Cuadro 1
Situación actual de la contabilización de activos a valor razonable
Tipo de activoMarco regulatorioAplicación del valor razonable
Instrumentos financieros (que no sean inversiones en subsidiarias, asociadas o negocios conjuntos)NIC 32 y 39Obligatorio para las categorías de “activos financieros a valores razonables con cambio en resultados” (valores negociables) y “activos financieros mantenidos para la venta”
ExistenciasNIC 2No permitido, excepto para las empresas que negocian materias primas cotizadas
Inmuebles, planta y equipoNIC 16Tratamiento alternativo permitido (revaluaciones)
IntangiblesNIC 38Tratamiento alternativo con restricciones (revaluaciones de intangibles con mercado activo)
Inversiones permanentes (en subsidiarias, asociadas y negocios conjuntos)NIC 27, 28 y 31Tratamiento alternativo permitido
Inversiones inmobiliariasNIC 40Tratamiento alternativo recomendado
Activos biológicosNIC 41Obligatorio
Activos no corrientes mantenidos para la ventaNIIF 5Obligatorio
Intangibles provenientes de la exploración y evaluación de recursos mineralesNIIF 6Tratamiento alternativo permitido
Activos provenientes de procesos de combinaciones de negociosNIIF 3Obligatorio

 

Se debe recalcar también que el proceso contable tradicional esquematizado en el cuadro 1 no es un sinónimo de objetividad pura. Tal como lo señala el párrafo 33 de la NIC 8 – Políticas contables, cambios en las estimaciones contables y errores, el uso de estimaciones es inherente a la preparación de estados financieros y no menoscaba su utilidad. La contabilidad asume que las estimaciones efectuadas por la entidad se basan en la mejor información disponible. Cualquier cambio de una estimación tendrá, conforme a la NIC 8, efecto prospectivo (es decir, afectará el año corriente y ejercicios futuros) porque se entiende que se basa en información más actualizada o relevante. Si la entidad hubiera efectuado una estimación en el pasado considerando datos deficientes o ignorando aspectos relevantes, se presentaría un error, que de acuerdo con la NIC 8 dará lugar a reestructuración de los estados financieros de años anteriores.

El uso de estimaciones es un aspecto básico para la medición de activos y pasivos. Dentro de los activos, las estimaciones son muy relevantes para las cuentas valorativas (como las provisiones para cobranza dudosa o desvalorización de inventarios), la determinación de la vida útil de activos como las maquinarias y equipos de cómputo(6) y el monto recuperable del impuesto a la renta diferido originado por pérdidas tributarias. Dentro de los pasivos, existe incluso el concepto de provisión, definido por la NIC 37 – Provisiones, activos contingentes y pasivos contingentes como aquellos pasivos respecto de los cuales se tiene incertidumbre sobre su cuantía o periodo en el cual serán desembolsados. Son ejemplos de este tipo de pasivos las provisiones por garantía de productos o por cierre de asentamientos mineros. La incertidumbre en el caso de las provisiones por garantías de productos se debe a que se desconoce cuántas de las unidades vendidas deberán ser reparadas o cambiadas y qué tipo de fallas se producirán durante la vigencia del plazo de garantía otorgado a los clientes. En el caso de las provisiones por cierre de minas existe una serie de factores que pueden hacer variar hacia arriba o abajo el monto de la provisión, teniendo entre estos, la vida remanente de la mina determinada por las reservas estimadas de mineral, la tecnología para remediar daños ambientales y la legislación ambiental(7).

Como puede apreciarse en los casos mencionados, el uso de estimaciones, con la inevitable carga de subjetividad que llevan consigo, no ha estado ausente del proceso contable tradicional. De igual manera, el valor razonable aparece también dentro del proceso contable tradicional bajo el concepto de costo o mercado, el menor; aplicable para la valoración de todos los activos registrados a costos históricos y que se relaciona con el principio de prudencia, que tradicionalmente ha sido definido como el registro de transacciones de manera tal que resulte el menor patrimonio posible para la entidad, lo que llevaba en concreto a contabilizar todas las pérdidas conocidas y los ingresos solo cuando eran realizados. Robert N. Anthony definía el criterio de prudencia de la siguiente manera: “(...) en los casos en los que el contable tiene a la mano dos o varios caminos razonables a seguir, generalmente adoptará aquel mediante el cual pueda mostrar la cifra menor de dos valores de activo relativos a una partida determinada, o en el que registrará una operación en forma tal que la participación del propietario resulte inferior de lo que sería de otra manera” (Anthony 1968: 37). Bajo el método de valor razonable, en cambio, los activos llegan a estar en muchos casos por encima del costo histórico, lo que en esencia resulta una contradicción con el principio de prudencia o principio conservador.

Una de las características de fiabilidad que debe tener la información financiera es definida en el párrafo 37 del Marco Conceptual de las NIIF como “(...) la inclusión de un cierto grado de precaución, al realizar los juicios necesarios para hacer las estimaciones requeridas bajo condiciones de incertidumbre, de tal manera que los activos o los ingresos no se sobrevaloren, y que las obligaciones o los gastos no se infravaloren”. El Marco Conceptual de las NIIF no señala una diferencia de aplicación de este criterio de precaución, según se trate de activos contabilizados bajos costos históricos o razonables, pero si los registros a valores razonables llevan en una gran cantidad de casos a incrementar el valor del activo por encima de sus costos históricos, evidentemente no se está siguiendo el objetivo de mostrar la menor participación de los propietarios, que figura en la definición citada de Anthony, que se podría llamar concepto tradicional del principio conservador. Aunque el Marco Conceptual de las NIIF no es explícito, resulta evidente que la mención a que el contador debe tener un cierto grado de precaución, cita hecha anteriormente del párrafo 37, implica una mayor tolerancia del principio de prudencia, que podríamos llamar concepto contemporáneo del principio conservador, que para el caso de la contabilización a valores razonables podría entenderse como: si se tienen una serie de métodos alternativos para determinar el valor razonable de un activo debe tomarse aquel que represente el menor incremento patrimonial para la empresa. Pero la controversia aquí aparece por el hecho de que existe una amplia variedad de técnicas y criterios para determinar el valor razonable de algunos activos y que puede resultar muy oneroso para las empresas utilizar todo lo que sea aplicable para de ahí decidir que resulta lo más conservador, por lo que el principio conservador contemporáneo solo podría aplicarse dentro del límite de metodologías de medición efectuadas por la entidad, lo que lo hace aún más limitado y menos confiable.

Un tema adicional respecto al debilitamiento del principio de prudencia se encuentra bajo la aplicación de la NIC 36 – Deterioro del valor de los activos. Conforme a dicha norma el valor recuperable debe calcularse comparando el valor en libros de un activo o unidad generadora de efectivo(8) con el mayor importe resultante entre el valor de tasación o los flujos futuros del mismo activo o unidad generadora de efectivo, dando lugar a una provisión por deterioro en caso de que el valor en libros sea mayor al concepto que se compara. En una aplicación del concepto tradicional del principio conservador debería considerarse más bien el menor valor resultante entre ambos conceptos, puesto que llevaría a reflejar la menor participación patrimonial de los accionistas dentro de la entidad(9).

3. Las limitaciones del concepto contable de valor razonable

Las NIIF que hemos detallado en el cuadro 1 tienen una definición de valor razonable que no presenta divergencias y es establecida como “el importe por el cual podrían ser intercambiados un activo o cancelado un pasivo, entre partes interesadas y debidamente informadas, en una transacción realizada en condiciones de independencia mutua”(10). Esta definición tiene como ideas centrales los conceptos de apropiada información y mutua independencia. Ambos conceptos hacen referencia a un mercado de competencia perfecta, donde las partes transan acuerdos de compra y venta, en igualdad de condiciones(11). En la práctica, la mayor parte de los mercados distan mucho de estas características, existiendo una sola (monopolio) o unas pocas entidades (oligopolio) que ofertan un bien o servicio concreto que interactúan en mercados con grandes cantidades de clientes carentes de un efectivo poder negociador y que desconocen toda la información relevante respecto a los productos que adquieren y los sustitutos que pueden existir. En el mismo sentido, el supuesto de independencia mutua no es siempre la regla general, una gran cantidad de transacciones en el mercado se producen entre partes vinculadas y quienes se dedican a elaborar estudios de precios de transferencia, conocen de sobra las grandes dificultades existentes para encontrar comparables cuando los productos ofertados tienen características propias (como ocurre, por ejemplo, con productos más diferenciados como calzado o bienes de tecnología). Los productos homogéneos (como los commodities) o fácilmente comparables, constituyen la excepción y no la regla dentro de la economía (esto mismo también aplica para el caso de los servicios)(12).

3.1. Limitaciones de la utilización de valores razonables sobre la base de cotizaciones

Los precios de los activos que cuentan con cotizaciones, sea que procedan de mecanismos centralizados de negociación (como las bolsas de valores y de productos) o acuerdos privados cuya información se encuentra disponible para otros usuarios (situación que ocurre, por ejemplo, en contratos de compra venta inscritos en registros públicos), constituyen un factor crucial para reducir el grado de subjetividad en la contabilización a valores razonables, en la medida que se trata de importes contrastables producto de transacciones reales acordadas entre distintos sujetos. No obstante, el hecho de que existan cotizaciones de un activo no garantiza que haya un mercado lo suficientemente amplio y sólido para decir que las cotizaciones determinadas a través de este equivalgan al concepto contable de valor razonable. No es lo mismo una acción blue chip perteneciente a una empresa cuya mayoría de títulos patrimoniales son cotizados en bolsa y negociados frecuentemente entre un universo disperso de agentes económicos que una acción cuya circulación alcanza a duras penas al 5% del total de títulos de esa clase emitidos por una empresa o una acción cotizada cuya tenencia está concentrada en un pequeño grupo de emisores. Un valor cotizado en bolsa no es garantía suficiente para asegurar que sus cotizaciones equivalgan siempre a valores razonables que transarían dos partes debidamente informadas. Los tenedores de los paquetes mayoritarios de acciones pueden tener información mucho más relevante para determinar los valores razonables de sus inversiones que aquellos grupos minoritarios que las cotizan en una bolsa(13). Las futuras versiones que se emitan de las NIIF y en especial de la NIC 39 deberán tener restricciones más severas para definir cuándo los valores de cotización equivalen a valores razonables, a efectos de solo considerar como estos últimos, aquellos casos en los cuales el instrumento financiero o el activo cotiza en un mercado donde existe una suficiente atomización de vendedores y compradores que mitigue el riesgo de manipulación o distorsiones materiales en la cotización.

3.2. Técnicas para determinar los valores razonables de activos que carecen de cotizaciones contrastables

Corrientes de pensamiento económico tan importantes como la escuela marginalista austriaca, iniciada por Carl Menger, definen el valor como algo subjetivo y propio de cada individuo, negando que sea una cualidad intrínseca de los bienes en sí mismos. Es decir, si los valores de mercado contrastables, como las cotizaciones bursátiles, tienen en sí mismos una raíz subjetiva, la determinación de valores de mercado para bienes que carecen de negociación frecuente, mediante el uso de técnicas como las que se comentarán brevemente a continuación, representa incrementar el grado de subjetividad a la subjetividad.

La existencia de cotizaciones contrastables no es la regla general, la mayor cantidad de activos que pueden o deben ser contabilizados a valores razonables carecen de un mercado activo donde se negocien, y la determinación de su valor razonable exige el empleo de técnicas de valorización. Dentro de estos casos tenemos entre los más sencillos las metodologías de tasación de activos fijos o intangibles, pero existen también otros más complejos como la utilización de flujos de caja descontados o los modelos matemáticos estadísticos de valorización de instrumentos financieros derivados.

Respecto a las tasaciones, los peritos calculan normalmente los valores de tasación sobre la base de metodologías preestablecidas por normas legales o entidades reguladoras, que incluyen usualmente como parámetros los conceptos de valor comercial (valor de mercado estimado del bien) y el valor de realización inmediata (valor comercial deducidos los gastos en que incurriría el propietario para vender el bien, como son, entre otros, publicidad y comisiones). De estos dos conceptos el que mejor calza con la definición de valor razonable depende de las intenciones de la entidad respecto al empleo del activo. Si piensa continuar con su explotación deberá ser registrado a valor comercial, mientras que si se estima enajenarlo lo más apropiado resultaría considerar el valor de realización inmediata, puesto que conforme al Marco Conceptual de las NIIF todos los activos deben ser mostrados al valor que se estima recuperar a través de su uso, consumo o venta.

Una de las técnicas más importantes utilizadas para la determinación de valores razonables de activos que carecen de cotización de mercado (como activos financieros disponibles para la venta, inversiones en asociadas o subsidiarias, activos biológicos, etc.) consiste en la determinación de los valores presentes de los flujos futuros proyectados que se estima generará su explotación. Esta técnica de estimación implica determinar tres elementos fundamentales: la tasa de descuento a aplicar para calcular los valores presentes, los montos y el periodo de tiempo en el cual se generarán los flujos futuros. Y aunque las NIIF señalan parámetros para determinar estos elementos, no existe certeza de que dos entidades distintas que efectúen valorizaciones bajo esta técnica lleguen a resultados similares en la medición de un mismo activo. Por ejemplo, pueden tener discrepancias en la magnitud de los elementos que constituyen la tasa de descuento (entre otros, la tasa libre de riesgo, el riesgo crediticio y el grado de relación existente entre el retorno de la inversión y el retorno del mercado en su conjunto, llamado también coeficiente beta), la vida útil o periodo de duración del activo (que en sí es siempre una estimación, afectada entre otros factores por el coeficiente de obsolescencia tecnológica que se estime y los cambios en las regulaciones vigentes, que pueden limitar o extender el plazo de explotación de un activo como ocurre con las concesiones y las regulaciones ambientales) y los montos de los flujos futuros estimados (afectados, entre otros temas, por crecimiento proyectado de la industria, posible aparición de competidores y variación de los precios internacionales).

4. Los riesgos de la contabilización a valores razonables

Un argumento en contra del uso generalizado de la contabilización a valores razonables estriba en el hecho de que los precios a los que se negocian bienes como las acciones, los metales o las propiedades inmobiliarias están sujetos a los vaivenes de la percepción que tengan los diferentes agentes económicos sobre las condiciones actuales y futuras del mercado, apreciaciones que en muchos casos distan de un criterio moderadamente conservador y pueden ser sumamente emocionales o impulsivas. Los mercados no son inmunes a excesos de optimismo y los “efectos burbuja” en sectores como el inmobiliario o bursátil, trasladan a los estados financieros de las empresas inversoras, a través de la contabilización a valores razonables, supuestos beneficios resultantes de apreciaciones exageradamente altas de valor.

Los economistas han estudiado con detalle el hecho de que los sistemas económicos atraviesan periodos cíclicos de expansión y depresión. El riesgo de la contabilización a valores razonables es mayor aún en las etapas del ciclo económico anteriores a una depresión, puesto que todo el optimismo previo de los agentes económicos comienza a tornarse en una ola de desconfianza y preocupación que hace caer las altas cotizaciones del mercado, arrastrando también a las empresas inversoras que tienen que registrar los cambios en el valor de mercado de sus inversiones como una pérdida que afecta resultados o, en determinadas circunstancias, como rebajas en cuentas patrimoniales. En ciertos casos, como la contabilización de instrumentos financieros mantenidos para negociar (agrupados en la categoría de activos financieros a valor razonable con cambio en resultados de la NIC 39) o inversiones inmobiliarias contabilizadas a valores razonables conforme a la NIC 40, los incrementos en los valores de mercado van directamente al estado de resultados y pueden ser objeto de distribución como dividendos. Una empresa que decide distribuir dividendos en un ejercicio anterior a una caída de los valores razonables de sus inversiones, corre el riesgo de verse descapitalizada si la baja posterior del valor de las inversiones le genera pérdidas importantes, que pudieran incluso llevarla a una situación patrimonial deficitaria.

Bajo una contabilidad basada en costos históricos, en cambio, las altas cotizaciones producto de las etapas de gran optimismo en el mercado no se reconocerán en los estados financieros del inversionista, salvo que decida enajenar los activos aprovechando la coyuntura de alta cotización; mientras que serán menores las pérdidas producto de los ciclos de depresión económica, puesto que la caída no es desde la cima que representa el pico máximo de valor de cotización del mercado del periodo de auge, sino que proviene del nivel más conservador del costo de adquisición del bien.

El riesgo mencionado en los párrafos anteriores es mayor aún en el caso de empresas que invierten en acciones cotizadas cuya mayoría de títulos no se negocia en bolsa. Pensemos, por ejemplo, en el caso mencionado anteriormente de una empresa cuyos valores cotizados apenas alcanzan al 5% del total de títulos de esa clase emitidos y cuya tenencia mayoritaria está concentrada en un pequeño grupo de inversionistas. Estos pueden, a través de movimientos en el mercado de valores (que pueden provenir incluso de “acuerdos bajo la mesa” ilegales o cuando menos criticables éticamente), llevar a apreciaciones o caídas artificiales del precio de un valor, como ocurre, por ejemplo, cuando se pone a la venta pequeños paquetes accionarios que son comprados por empresas vinculadas generando una carrera de los precios hacia el alza que afecta al conjunto de las acciones. El “precio actualizado”, creado por la carrera alcista al ser una cotización bursátil, será tomado como valor razonable tanto por las empresas que mantienen la tenencia del grueso de las acciones (que puede incluir también una compañía matriz holding) como por la pequeña porción de accionistas dispersos. Aunque el beneficio no vaya directamente a resultados del ejercicio (como es el caso de las empresas holding o las inversionistas en asociadas), puede, si se sigue la contabilización a valores razonables de la NIC 39, mejorar el patrimonio neto de las entidades inversionistas, lo que hace más atractivos sus estados financieros para captar nuevos accionistas o préstamos bancarios(14). En el caso de acciones con una tenencia desconcentrada (para las que sí resulta razonable tomar como valor de mercado la cotización bursátil) una maniobra alcista podría verse desbaratada por la aparición de muchos vendedores oportunistas que actuando como contrapeso llevarían el precio a la baja debido a un incremento sustancial de la oferta.

Resumiendo lo expuesto en líneas anteriores, aún cuando existan valores de transacción negociados que puedan considerarse equivalentes de valor razonable, como las cotizaciones bursátiles, precios de negociación de los commodities o los valores por metro cuadrado de las unidades inmobiliarias negociadas en un área específica de la ciudad, los mismos tienen un fuerte componente de subjetividad derivado de las expectativas de los agentes económicos que pueden verse afectadas por circunstancias como rumores del mercado, expectativas o “ruido político” que en muchos casos originan una alta volatilidad de los precios de mercado(15).

La utilización de valores razonables también puede dar lugar a una aparente mejora en los ratios de una entidad. Por ejemplo, en una empresa que opta por contabilizar sus inmuebles a valores revaluados en lugar de costos históricos, si el valor de mercado de estos bienes es mayor que su costo histórico se generará un excedente de revaluación que incrementa el patrimonio e implica una mejora en ciertos ratios como la relación patrimonio neto entre activos totales. El cambio de política de contabilización de los inmuebles a valores revaluados no da lugar a reestructuración de la información financiera comparativa (ver al respecto el párrafo 17 de la NIC 8 y las disposiciones expresas sobre revaluación de la NIC 16), lo que puede llevar a un analista de estados financieros poco diligente a hablar de una mejora en la situación patrimonial de la empresa respecto al período anterior, lo cual no puede afirmarse a priori por estar ambos ejercicios, para el caso de los activos fijos, expresados sobre bases de contabilización diferentes. Será necesario entonces, para formular una conclusión, ajustar los activos fijos a una sola de las bases de medición disponibles (costos históricos o valores revaluados) de ambos ejercicios.

Para finalizar esta parte, donde de manera resumida se han comentado algunos riesgos que acarrea la contabilidad a valores razonables, se debe mencionar que la utilización de metodologías como la de flujos de efectivo proyectados lleva a obtener mejores resultados o incrementos patrimoniales a aquellas empresas que sean más optimistas y arriesgadas en sus pronósticos. En ciertos casos estas mediciones agresivas pueden contagiarse a otras empresas con parámetros más conservadores, en especial las que deben obtener ciertas rentabilidades mínimas, como las administradoras de fondos de pensiones, o aquellas que compiten por captar flujos de inversionistas institucionales, como las sociedades administradoras de fondos de inversión, a efectos de no sufrir una pérdida de inversionistas institucionales o quedar desplazadas. Metodologías de medición más agresivas llevan consigo el riesgo de sobrevalorización. Incluso, en este tipo de metodologías puede llegarse a valores razonables más optimistas a través de variaciones no tan dramáticas en las tasas de descuento o correcciones de los flujos futuros que se estima obtener.

5. Algunas consideraciones para reducir los riesgos y aprovechar las ventajas de la contabilidad a valores razonables

Quienes defienden la contabilidad a valores razonables argumentan, entre otras razones, la incapacidad del modelo contable tradicional para medir apropiadamente los instrumentos financieros derivados(16) y la posibilidad de mostrar el valor actual de una entidad a la fecha de balance, frente al modelo antiguo que únicamente muestra datos históricos. Estos argumentos son efectivamente valederos y, además, al ser la tendencia de las NIIF orientarse cada vez más hacia el valor razonable, queda la tarea, inconclusa aún, de proponer políticas de revelación que ayuden al lector a interpretar de manera más apropiada las cifras de los estados financieros. En tal sentido, se señala que los valores históricos deben ser de conocimiento del usuario de los estados financieros, para que pueda sacar sus mejores conclusiones. Empero, esta tarea resulta complicada, porque cuando una entidad registra sus operaciones a valores razonables es sumamente difícil identificar los costos históricos, sobre la base de la información que actualmente exigen revelar las NIIF. No existe una única cuenta que sea depositaria de los ajustes a valores razonables de las partidas del balance general (lo que simplificaría en alto grado el problema que se está analizando), pudiendo estos ajustes formar parte del resultado del ejercicio corriente (como ocurre, por ejemplo, con los activos biológicos y las inversiones inmobiliarias) o registrarse en cuentas patrimoniales como excedente de revaluación (aplicable en casos como la revaluación de activos fijos e intangibles) o ganancias no realizadas (que se dan, por ejemplo, para el registro de los activos financieros disponibles para la venta). Incluso, el registro de los ajustes por valor razonable en una cuenta patrimonial no garantiza que dicho monto permanezca por siempre inalterado en dicha cuenta, puesto que puede ser objeto, entre otros casos, de transferencias a resultados del ejercicio (lo que ocurre, por ejemplo, con las ganancias no realizadas cuando se registra la baja de un activo financiero mantenido para la venta, conforme al párrafo 55.b de la NIC 39) o por el traslado a resultados acumulados del excedente de revaluación realizado como producto de la enajenación o el uso de un activo fijo revaluado (ver párrafo 41 de la NIC 16). En casos como los mencionados, los ajustes por contabilización a valores razonables pueden ser empleados para cubrir pérdidas, incrementar el capital o ser distribuidos entre los propietarios del negocio, con lo cual se pierde su rastro.

Por lo expuesto en el párrafo anterior, se considera que sería de mucha utilidad para los lectores que se estableciera como una revelación mínima en la NIC 1 efectuar una conciliación que partiendo de los valores razonables permita mostrar los costos históricos de la entidad. Ofrecemos como modelo de esta conciliación un sencillo ejemplo en el cuadro 2, y aunque no estamos del todo satisfechos con esta propuesta de formulación, que debe ser perfeccionada conforme se le confronte con casos reales, se considera que la misma puede constituir un punto de partida para abordar esta problemática.

Cuadro 2

Empresa ABC S.A.
Conciliación de saldos del balance general a valores razonables
con sus costos históricos al 31.12.08
(expresado en unidades monetarias)
DescripciónImporteAjustes por valor razonableCostos históricos
En excedente de revaluaciónEn resultados del ejercicioEn resultados acumuladosGanancia no realizada
Efectivo100,000    100,000
Cuentas por cobrar350,000    350,000
Existencias600,000    600,000
Activos biológicos150,000 (50,000)(10,000) 90,000
Activo fijo1,200.000(800,000)   400,000
Inversiones disponibles para la venta300,000   (100,000)200,000
Total activos2,700,000    1,740,000
Proveedores(600,000)    (600,000)
Cuentas por pagar diversas(500,000)    (500;000)
Total pasivos(1,100,000)    (1,100,000)
Patrimonio neto(1,600,000)800,00050,00010,000100,000(640,000)
Disposición de los ajustes por valores razonables      
Aplicación para cubrir pérdidas acumuladas (300,000)    
Dividendos distribuidos   (10,000)  
Saldo remanente de los ajustes a valores razonables en el balance general al 31.12.08 500,00050,000 100,000 
      

 

El modelo de conciliación adjunto permite desnudar a los estados financieros de todos los ropajes que implican los valores razonables, para mostrar las cifras bajo costos históricos, respetando eso sí, la base del principio de costo o mercado, el menor. Así mismo, este modelo muestra las disposiciones efectuadas de los ajustes a valores razonables, permitiendo apreciar, por ejemplo, entidades que han distribuido dividendos cuyo origen son resultados acumulados provenientes de este tipo de ajustes en lugar de operaciones con terceros. Esta conciliación también permitiría evaluar el impacto en el patrimonio que podría generarse por caídas fuertes en los valores de mercado de activos negociados en mercados centralizados. Es importante mencionar también que la obtención de los costos históricos de las partidas de balance no resulta una tarea impracticable para la mayoría de empresas, pues la mayoría de NIIF que permiten la contabilización a valores razonables, detalladas en el cuadro 1, señalan que en el momento de su registro inicial estos activos deben registrarse a sus valores históricos, por lo cual queda registro de estos en los libros de la entidad.

6. Reflexiones finales

Refiriéndose al campo del derecho, el profesor Richard A. Epstein (Epstein 2005) hace notar para el caso de los Estados Unidos (aunque esto es también observable en otras sociedades), sobre la notable complejidad que han adquirido las normas legales, lo que ha significado un gran incremento en el número de abogados y de los litigios que patrocinan, sin que esto se traduzca en mayor productividad de la colectividad. Aunque las NIIF por su propia naturaleza carecen de imperio de ley como las normas legales, constituyen también un cuerpo normativo, respecto al cual ya es hora de preguntarse si no se está haciendo tan complejo que lejos de ayudar a mejorar el mundo de las transacciones económicas se está complicando innecesariamente o se está privando a los usuarios de los estados financieros de referentes más próximos a su capacidad de entendimiento e interpretación. Por ejemplo, ciertos modelos de valorización de derivados financieros implican sofisticadas técnicas de estadística y matemáticas financieras que no son del dominio general ni de los profesionales contables, lo que implica el riesgo que gran parte del soporte de las cifras de los estados financieros sea tomado por estos como “opiniones de otros expertos” dejando a los contables como simples registradores de transacciones sobre la base del viejo pero robusto modelo de la partida doble. Los cambios en el paradigma contable implican nuevos retos para contables que parten de una modificación de los conocimientos que reciben durante su etapa de formación profesional, así mismo, dichos cambios, exigen una permanente actualización durante el ejercicio de la carrera.

Lo expuesto en el presente trabajo no significa que el autor esté en contra de la contabilidad a valores razonables (en otros artículos, publicados anteriormente, se han efectuado, sin ningún viso de crítica, análisis relacionados con este tema), pero se considera necesario mantener cierta base de información histórica, por la mayor carga de objetividad que posee, como información útil para los lectores de los estados financieros.

Bibliografía

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VALLE LARREA, C. (2007) “Valuación de Garantías: Aspectos Contables y de Control Interno”, Revista Peruana de Derecho de Empresa, n.º 63, mayo, Lima: Asesorandina SRL Publicaciones.

(1) En lo sucesivo cuando mencionemos las NIIF nos estamos refiriendo también a las Normas Internacionales de Contabilidad – NIC.

(2) La NIC 41 – Activos biológicos define a estos como animales y plantas que siguen un proceso de transformación biológica inherente a su naturaleza. Esta norma señala que todos los activos biológicos deben ser contabilizados a su valor razonable hasta la fecha en la cual son cosechados o recolectados, estando luego de ese momento bajo los alcances de la NIC 2 – Inventarios, constituyendo el valor razonable previo el punto de partida de su contabilización. En el mismo sentido la NIC 2 permite la contabilización de las materias primas cotizadas en mercados internacionales a su valor razonable.

(3) La NIC 40 – Propiedades de inversión define las inversiones inmobiliarias como aquellos inmuebles no ocupados por el propietario que son destinados a obtener rentas o plusvalías, sin que se estime venderlas en el curso ordinario de las operaciones. Conforme a la NIC 40 las inversiones inmobiliarias pueden contabilizarse al costo o valor razonable, siendo este último método el recomendado.

(4) La NIC 21 define la moneda funcional como aquella que corresponde al entorno económico principal donde opera la entidad. Cuando la moneda funcional no es aquella en la que son llevados los libros contables de la entidad, se requerirá efectuar una conversión bajo el método histórico que tiene por objeto mostrar los saldos de los estados financieros como si los libros fueran llevados en la moneda funcional. El tema de determinación de la moneda funcional es en muchos casos un asunto complejo que excede los alcances del presente trabajo.

(5) Respecto a los pasivos financieros, los mismos, conforme a la NIC 39, deben ser también medidos (al menos en la contabilización inicial) a su valor razonable, pero se trata de un tema que no se desarrollará en el presente trabajo.

(6) El plazo en el cual se deprecia un activo fijo representa el periodo en que se estima que generará beneficios económicos y es, antes que nada, una cuestión de criterio basada en la experiencia y expectativas del negocio. Sin embargo, es frecuente encontrar equipo industrial que continúa siendo explotado pese a que ya se encuentra totalmente depreciado (la revelación de esta información es una exigencia establecida por el párrafo 79.b de la NIC 16 y puede ser de suma utilidad para aquellos lectores de los estados financieros interesados en analizar la razonabilidad de las tasas de depreciación aplicadas por la entidad o la conveniencia de optar por la contabilización de ciertos rubros del activo a valores razonables).

(7) La pertinencia de la información relevante para calcular las provisiones por cierre de minas hace muy complicado el tema de su estimación. Por ejemplo, si se trata de estimar la vida útil de la mina, puede considerarse al inicio de actividades un periodo de 30 años basado en las cotizaciones del mineral y los procesos de extracción a utilizar. Pero este cálculo puede verse afectado por alzas importantes en los precios internacionales que hacen rentable la extracción en vetas de baja ley o las mejoras tecnológicas.

(8) La NIC 36 responde en general a la pregunta de si el valor en libros de los activos no corrientes (como inmuebles, maquinaria y equipo, intangibles e inversiones permanentes) podrá ser recuperado por las operaciones futuras del negocio. El deterioro se mide conforme a la NIC 36 por activo individualizado o unidad generadora de efectivo (esta última definida como el conjunto más pequeño identificable de activos que genere flujos de efectivo independientes para la entidad).

(9) Existe, adicionalmente, un territorio que no está bien delimitado entre la NIC 16 y la 36 cuando la revaluación del activo en lugar de incrementar su valor en libros, lo reduce. Conforme al párrafo 40 de la NIC 16 esto implica que la entidad reconozca inmediatamente un gasto en el ejercicio o rebaje cualquier excedente de revaluación previamente reconocido. Sin embargo, bajo la NIC 36, previamente a esto, deberían determinarse los flujos futuros que generará el activo y registrar un gasto o reducción de un excedente de revaluación previo, solo si estos flujos son menores al valor de tasación actualizado. Es probable que versiones más actualizadas de estas normas delimiten mejor la situación descrita.

(10) Ver, por ejemplo, los párrafos 6 de la NIC 16, 8 de la NIC 38 ó 9 de la NIC 39.

(11) Adicionalmente las NIC 38 y 41 hacen referencia al concepto de mercado activo, que en su definición implica que los bienes y servicios que se intercambian son homogéneos, la existencia permanente de compradores y vendedores y precios disponibles al público, conceptos más relacionados aún con la definición teórica de un mercado de competencia perfecta.

(12) Es notorio, en el tema de la gran subjetividad del valor razonable, el hecho de que muchos estudios de precios de transferencia suelen emplear metodologías que no determinan un precio puntual de mercado para un producto, sino un rango dentro del cual se considera que una transacción entre partes vinculadas está dentro del mercado. Si se tiene un rango de posibilidades para determinar el valor razonable de un bien, dependerá de los intereses del emisor de estados financieros pegarse a un extremo u otro de este. En todos los casos se encontrará “dentro del mercado”.

(13) Se debe mencionar también el hecho de que las bolsas de muchos países en vías de desarrollo pueden tener un volumen de negociación tan pequeño que impiden la formación de un verdadero mercado de valores. En ciertas circunstancias esto lleva también a una sobrevalorización de los títulos que se negocian debido a que existen importantes inversionistas institucionales (como ocurre con el caso de las administradoras de fondos de pensiones peruanas) que obligadas por la legislación a canalizar la mayoría de fondos que perciben en el mercado local generan una gran demanda para una reducida lista de valores, llevando a estos últimos al alza, a veces en una proporción significativa respecto a su valor patrimonial contable o incluso su valor patrimonial ajustado a valores de mercado de los activos y pasivos del negocio.

(14) Es cierto que con un estado financiero consolidado desaparece todo este efecto burbuja, pero muchos usuarios de la información financiera centran su análisis en los estados individuales descuidando la importancia que debe tener la información consolidada.

(15) La volatilidad es definida en el párrafo GA82.f de la NIC 39 como “la magnitud de los futuros cambios en el precio del instrumento financiero u otro elemento”. Para contrarrestar estas variaciones se han creado una serie de productos financieros conocidos comúnmente como derivados (futuros, swaps, opciones, entre otros) cuyo uso busca precisamente proteger a las empresas contra los riesgos de la volatilidad (los derivados pueden ser también utilizados con fines especulativos, pero este es un asunto que no se desarrollará aquí). No obstante, la eficacia de la cobertura que proporcionan estos instrumentos dista de ser perfecta en gran número de circunstancias, llevando a las entidades a otros terrenos con nuevos riesgos de volatilidad.

(16) En efecto, la mayor parte de este tipo de instrumentos no requieren de una inversión significativa por parte de la entidad contratante y por ello su costo histórico suele ser inmaterial, respecto a los derechos u obligaciones originadas por las variaciones en el valor de mercado de los activos subyacentes.