Impacto de la aplicación de las NIC/NIIF por las compañías cotizadas españolas

Revista Nº 31 Jul.-Sep. 2007

Pedro Lorca Fernández  

Javier de Andrés Suárez 

Julita García Diez (España) 

Profesores Doctores Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de Oviedo 

1. Introducción

En una economía global es esencial disponer de una información comparable. Sin embargo, en numerosas ocasiones, los usuarios de la información contable se encuentran con la dificultad de que esta se elabora, presenta, percibe e interpreta de diferente forma dependiendo de cuáles sean las normas que la regulan, lo cual tiene sus efectos en las conclusiones que puedan obtenerse del análisis contable de estados económico-financieros que traspasan las fronteras del país en que se han elaborado.

Un intento de superar estos problemas lo constituye la armonización contable. Dado que la contabilidad depende del entorno (Mueller 1967; Belkaoui 1985; Nobes y Parker 1991; Choi y Mueller 1992), conseguir la armonización en un nivel regional, donde hay una mayor homogeneidad, es más fácil. Con esta premisa de base y con la pretensión de avanzar en una unión monetaria y económica, la Unión Europea (UE) se planteó desde los años setenta la armonización del derecho de sociedades. Disponer de un sistema contable que permita realizar comparaciones entre empresas de diferentes países es fundamental para avanzar en el proceso de integración en la Europa comunitaria y generar una mayor eficiencia en los mercados.

El último y más importante paso en la UE en esta dirección se dio al aprobar el reglamento relativo a la aplicación de las Normas Internacionales de Contabilidad —NIC— [Reglamento (CE) n.º 1606/2002 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de julio de 2002], en el que se establece que las cuentas consolidadas de las empresas con cotización oficial en las bolsas europeas deberán ser elaboradas, a partir del 1.º de enero de 2005, de acuerdo con normas internacionales de contabilidad(1). Además, se recoge la posibilidad de que estas normas puedan extenderse a las cuentas individuales y a todas las empresas.

La aplicación de las NIC/NIIF tendrá efectos beneficiosos para la economía en general, puesto que estas permiten un mejor control por parte de los inversores sobre la gestión realizada en las empresas, una mejor asignación de los recursos y un mayor desarrollo de los mercados. No cabe duda de que la adopción de las NIC/NIIF mejorará la transparencia, la revelación de información financiera, la comparabilidad y la liquidez de los mercados de capitales (Biddle y Saudagaran, 1989). Además, resulta evidente que la aplicación de las NIC/NIIF supondrá efectos beneficiosos para las empresas, puesto que permitirán reducir el coste de capital (El-Gazzar et al. 1999) y los costes de transacción (debido a que los mayores requerimientos de información y la calidad de los estados financieros como consecuencia de implantación de las NIC/NIIF permiten, de acuerdo con Tarca (2004), reducir las asimetrías de información y los costes de agencia). A todo lo anterior hay que añadir que permitirán mejorar la reputación de las empresas (Leuz y Verrecchia, 2000). Como resultado, es previsible que las empresas que adopten las NIC/NIIF tendrán un menor potencial para prácticas de earnings management o gestión del beneficio (Leuz 2003).

Por todo ello, no es de extrañar que las empresas contemplen la implantación de las NIC/NIIF no solo como una exigencia legal, sino como un reto, puesto que, además de ser obligatorias desde el 2005 para las sociedades cotizadas en las bolsas europeas que presentan cuentas consolidadas, cerca de un tercio de los directivos consultados por PricewaterhouseCoopers (2002) consideraban que la conversión tendría un efecto importante sobre accionistas y analistas.

En España, como en otros países de la UE, la introducción de las NIC/NIIF ha supuesto un importante cambio en su sistema contable. Pese a que son relativamente frecuentes los cambios en los sistemas contables de los países, el impacto que dichos cambios tienen sobre las cifras contables no ha sido una cuestión muy estudiada en la literatura contable. Como consecuencia de la obligatoriedad de utilizar las NIC/NIIF para la información consolidada de las empresas cotizadas, se dispone de una buena ocasión para estudiar empíricamente el efecto que tiene este cambio en el sistema contable. Dado que el sistema contable español se encuentra dentro del sistema continental y las NIC/NIIF se enmarcan en el sistema anglosajón (Ball et al. 2000), a priori podría pensarse que los cambios en las cifras contables con una y otra normativa son importantes. No obstante, también es de esperar que las empresas deseen mantener sus cifras contables sin demasiados cambios, como así lo evidencia la abundante investigación sobre earnings management (ver, por ejemplo, Graham et al. 2005). Por ello, el objetivo del presente trabajo es mostrar la incidencia real que la nueva normativa europea en materia contable tiene sobre las cifras de las empresas cotizadas en el mercado continuo español.

En la siguiente sección se analizan, desde un punto de vista teórico, las diferencias entre el sistema contable español y el del IASB. A continuación, se examina la influencia de las prácticas de gestión del beneficio en la aplicación de la nueva normativa. A partir de este marco teórico se puede, en el cuarto apartado, evaluar la repercusión que tiene la nueva normativa sobre las cifras contenidas en los estados financieros. Esto se hace desde una doble perspectiva, en primer lugar, centrada en la evolución de las principales partidas del balance y, en segundo término, analizando su incidencia sobre los componentes del resultado. La sección quinta se dedica a presentar las principales conclusiones del trabajo empírico, teniendo en cuenta sus limitaciones y señalando líneas futuras de investigación.

2. Principales diferencias entre el modelo español y las NIC/NIIF

Los sistemas contables en los países europeos con un modelo continental (como Francia, Alemania o España) consideran como fin de la contabilidad cumplir con las obligaciones fiscales, se basan en el conservadurismo contable y tienen una orientación hacia los principales stakeholders (pueden verse las diferencias entre ambos modelos, entre otros, en Doupnik y Salter 1993; Ball 2004). Por ello, se espera que en estos países el impacto de la implantación de las NIC/NIIF (basadas en el modelo anglosajón) sobre los resultados financieros y la posición de las empresas sea significativo (Jermakowicz y Gornik-Tomaszewski 2006).

En comparación con la normativa española, las normas internacionales están basadas más en principios fundamentales, son menos conservadoras, están más preocupadas por la relevancia (de ahí la importancia que se da al valor razonable como criterio de valoración) y entienden que la divulgación de la información en la memoria es fundamental (Giner Inchausti 2004). En consecuencia, seguir la estrategia europea en materia de contabilidad tiene efectos importantes en España. Las principales implicaciones que supone la adopción de las NIC/NIIF por las empresas españolas se pueden estudiar desde dos enfoques distintos. Por un lado, los cambios en el fondo de la normativa, y por otro, los cambios en cuanto a la forma de los estados financieros y a su elaboración. Este trabajo se centra en el primero de los aspectos.

Es preciso partir de que, así como el ordenamiento contable español está basado en la jerarquía de las normas (Código de Comercio, Leyes de Sociedades, Plan General de Contabilidad), las NIIF tienen su fundamento en la existencia de un Marco Conceptual (IASB, 2005) que da sentido al tratamiento de los problemas y debe justificar, en cada caso, la solución tomada. Las NIC/NIIF se basan en unos planteamientos menos inductivos y más hipotético-deductivos que aquellos en los que se apoya la normalización contable española, los cuales han dado lugar a un Marco Conceptual en el que se recogen los objetivos, valores y elementos informativos que deben estar presentes en la información contable. Su principal misión es explicar el objetivo de la información financiera, qué características cualitativas determinan su utilidad, a qué hipótesis fundamentales responde, qué reglas se utilizan para el reconocimiento y la valoración de las diferentes partidas y cuáles deben ser los principios utilizados para el mantenimiento del capital en las empresas. Las afirmaciones contenidas en el Marco Conceptual tienen en cuenta el entorno económico de libertad de mercado en el que se produce la actividad económica, de forma que los participantes tienen necesidad de información para tomar sus decisiones. No hay que olvidar que el objetivo de los estados financieros es suministrar datos acerca de la situación financiera, los resultados y los flujos de efectivo de las entidades empresariales. Tal información, además, debe ser útil a una amplia gama de usuarios al tomar sus decisiones económicas.

En consecuencia, el modelo de las NIC/NIIF ofrece diferencias tanto en los elementos patrimoniales como en las partidas que constituyen el resultado con respecto al modelo español. A continuación se examinan las mismas de forma muy sintética, puesto que un estudio más detallado se ha realizado en otros trabajos (Giner Inchausti et al. 1999; ICAC 2000; Deloitte & Touch 2002, 2003; Ernst & Young 2003; Gonzalo Angulo 2004; entre otros).

2.1. Diferencias en los elementos patrimoniales

Para el IASB un activo es un recurso controlado por la empresa como resultado de sucesos pasados, del que la empresa espera obtener beneficios económicos futuros. Se deduce de esta definición que basta el control sobre el activo para que se considere como tal, sin ser necesaria la propiedad del mismo (lo cual es una consecuencia directa de la preeminencia de la sustancia sobre la forma). Para que un activo aparezca en el balance de situación, es preciso, además de que resulte probable que se obtengan del mismo beneficios económicos futuros para la empresa, que el activo tenga un coste o valor que pueda ser medido con fiabilidad. Por beneficios económicos futuros, el Marco Conceptual entiende el potencial del activo para contribuir directa o indirectamente a los flujos de tesorería y otros equivalentes líquidos de la empresa, y pudiendo ese potencial ser de tipo productivo, o tomar la forma bien de convertibilidad en tesorería u otras partidas líquidas equivalentes, o bien de capacidad para reducir pagos en el futuro.

Por su parte, un pasivo es una deuda u obligación presente de la empresa, surgida como consecuencia de transacciones o hechos pasados, a cuyo vencimiento, y para su liquidación, la empresa espera desprenderse de recursos. Un pasivo se reconocerá en el balance de situación cuando sea probable que, del pago de esa deuda actual, se derive la salida de recursos que lleven incorporados beneficios económicos, y además la cuantía del pago a realizar pueda ser evaluada con fiabilidad. De la definición de pasivo proporcionada por el Marco Conceptual se concluye que la existencia de un pasivo se determina a través de un cálculo objetivo, basado en la probabilidad de que la empresa tenga que desprenderse de recursos que incorporen la obtención de beneficios futuros. Dicha probabilidad ha de ser revisada periódicamente. La necesidad de tener que evaluar la incertidumbre con que pueda presentarse una obligación no es razón para desechar a priori la existencia de un pasivo, lo que hace que las provisiones para riesgos y gastos, cuando aparezcan en el balance, deberán considerarse como un auténtico pasivo.

El concepto de obligación presente excluye los compromisos futuros. Por ello, es necesario distinguir entre una obligación actual y un compromiso futuro, de manera que la decisión de adquirir activos en el futuro no da lugar, por sí misma, al nacimiento de un pasivo, sino que el pasivo surge solamente cuando se ha recibido el activo o la empresa llega a un acuerdo irrevocable para adquirir el bien o servicio. En este caso, la irrevocabilidad del acuerdo implicaría que la empresa no tendría prácticamente posibilidad alguna de evitar la salida de recursos a causa del mismo.

El patrimonio neto es la parte residual de los activos de la empresa, una vez deducidos todos sus pasivos. Se observa que en el Marco Conceptual la definición de recursos propios depende de la evaluación que se haya hecho de los activos y los pasivos, con lo que las transacciones realizadas con los propietarios de la entidad, siempre que las hayan hecho en su calidad de socios, deben ser consideradas como componentes negativos o positivos de los fondos propios. Así, los compromisos de aportación de capital no pueden formar parte del patrimonio hasta que se realicen efectivamente, de la misma forma que las distribuciones de dividendos dejan de ser patrimonio neto en cuanto son exigibles por los titulares de las acciones (Gonzalo Angulo 2004: 16). Además, en un balance redactado según las NIC/NIIF no figuran los desembolsos pendientes de los accionistas ni las acciones propias, sino que se recogerán en cuentas compensadoras minorando los fondos propios, y los únicos ingresos por intereses diferidos que se reconocen en las normas internacionales son las subvenciones de capital, ya que los demás se consideran bien ingresos corrientes o bien cuentas correctoras de las partidas a las que vienen referidas.

Una característica fundamental de estas definiciones es que están más elaboradas que aquellas que utiliza la normativa contable española. De la definición de activo que se extrae del Marco Conceptual del IASB se derivan implicaciones tales como que la propiedad legal no es condición necesaria para la existencia de un activo. Tampoco es un impedimento el no haber pagado precio alguno por el mismo. Otra nota destacable es que la posibilidad de obtener rendimientos futuros es lo que determina la valoración del activo, y por tanto tal posibilidad debe evaluarse periódicamente, procediendo a la oportuna corrección en caso de que haya variado. Los pasivos son las obligaciones contraídas por la misma en el desarrollo de su actividad, es decir, constituyen la estructura financiera de la empresa junto con los fondos propios o neto patrimonial, que son las aportaciones de los propietarios de la empresa y los beneficios retenidos por la entidad. Otra diferencia importante es que el patrimonio neto no viene definido en la normativa española como diferencia entre activos y pasivos, aunque lo sea, sino que tiene componentes propios. Aunque las normas internacionales no aplican el valor razonable con carácter obligatorio a todos los activos, sino tan solo a algunos instrumentos financieros y a las existencias de las actividades agrarias, y con carácter opcional al inmovilizado, se trata de una opción preferible al coste histórico para la valoración de los rendimientos futuros esperados del activo.

También en el tratamiento contable que se le da al fondo de comercio surgen diferencias significativas, ya que el método de consolidación a utilizar para las sociedades sobre las que se ejerce control es distinto y la aplicación del método de puesta en equivalencia también difiere en función de que se sigan normas españolas o internacionales (tabla 1).

Tabla 1
Consolidación de estados financieros
 NIC/NIIFPlan General de Contabilidad Español
Sociedades sobre las que se ejerce controlUnión de interesesIntegración global
Sociedades sobre las que se ejerce influencia significativa (asociadas)Puesta en equivalencia (NIC 28)Puesta en equivalencia (VII Directiva CEE)
Sociedades sobre las que se ejerce control temporalActivos financieros disponibles para su ventaInversiones financieras a largo plazo

 

Otra diferencia entre la normativa española y la internacional se encuentra en los activos/pasivos surgidos por impuestos diferidos. En el Plan General de Contabilidad español, las diferencias temporales reflejan la distinta imputación temporal bajo el punto de vista fiscal y contable de ingresos y gastos. Sin embargo, en las NIC/NIIF surge el concepto de diferencia temporaria, que representa la diferencia entre el valor en libros de un activo o pasivo y su base fiscal, generándose el correspondiente impuesto anticipado o diferido.

Por último, hay que señalar que uno de los nueve principios contables recogidos en el Plan General Contable es el principio de no compensación, que establece que en ningún caso podrán compensarse las partidas del activo y del pasivo del balance, debiendo valorarse separadamente los elementos que las integren. Las normas internacionales de contabilidad no son tan estrictas, ya que la NIC 1, en su párrafo 33, abre la posibilidad de la compensación de partidas, siempre y cuando esté exigida o permitida por alguna otra NIC/NIIF. Sin embargo, la NIC 1 reconoce que la compensación de partidas resta capacidad al usuario para comprender las transacciones y evaluar la situación de la empresa.

2.2. Diferencias en los elementos que constituyen el resultado

Conforme a las normas del IASB, los elementos que constituyen el resultado son los ingresos, entendidos como incrementos en los recursos económicos, en forma de entradas o incrementos en el valor de los activos, o disminuciones en los pasivos, que originan aumentos en el patrimonio neto, y los gastos, entendidos como disminuciones en los recursos económicos en forma de salidas o disminuciones en el valor de los activos, o bien como incrementos de pasivos, que originan disminuciones en el patrimonio neto. La definición que la normativa da de ingresos y gastos hace referencia siempre al ejercicio económico, a la vez que excluye su relación con aportaciones o pagos a accionistas.

La definición de ingresos incluye tanto los ingresos en sentido estricto, es decir, los que surgen en el curso de las actividades ordinarias de la empresa, como las ganancias, entendiendo como tales aquellas otras partidas que, cumpliendo la definición de ingresos, pueden haber surgido o no en el curso de las actividades ordinarias. Dentro de los ingresos en sentido estricto estarían las ventas, intereses, alquileres o dividendos, mientras que las ganancias comprenderían tanto las realizadas —como pueden ser las obtenidas por la venta de inmovilizado—, como las no realizadas, que serían los incrementos de valor de los activos. Al generarse un ingreso, pueden recibirse o incrementar su valor diferentes tipos de activos, si bien estos pueden surgir al ser cancelado un pasivo. Se reconoce un ingreso en la cuenta de pérdidas y ganancias cuando se produce un incremento en los recursos económicos, relacionado con un incremento en los activos o una disminución en los pasivos, y cuyo importe puede determinarse con suficiente fiabilidad. Esto implica que el reconocimiento de un ingreso ocurre simultáneamente con el reconocimiento del incremento de un activo o la disminución de un pasivo. Normalmente, los procedimientos aplicados en la práctica para reconocer los ingresos están dirigidos a restringir el reconocimiento como tales, solo de aquellas partidas que pueden determinarse con fiabilidad y poseen un grado de certidumbre suficiente.

La definición de gastos incluye tanto los gastos que surgen en el curso de las actividades ordinarias de una empresa como las pérdidas, es decir, aquellas otras partidas que, cumpliendo la definición de gastos, pueden haber surgido o no en el curso de las actividades ordinarias de la empresa. Normalmente los gastos toman la forma de una salida o amortización de activos, y se incluye dentro de ellos conceptos como el coste de ventas, los salarios y las amortizaciones. Dentro de las pérdidas, se incluyen tanto las realizadas, por ejemplo las que resultan de siniestros o de ventas de inmovilizado, como las no realizadas. Los gastos se reconocen en la cuenta de pérdidas y ganancias cuando se produce una disminución de los recursos económicos relacionada con una disminución de los activos o un incremento en los pasivos, cuyo importe puede determinarse con fiabilidad. Esto implica que el reconocimiento de un gasto ocurre simultáneamente con el reconocimiento de un incremento en un pasivo o una disminución en un activo. Los gastos se reconocen en la cuenta de pérdidas y ganancias sobre la base de una adecuada correlación de ingresos y gastos, lo que implica el reconocimiento simultáneo o combinado de unos y otros cuando surjan directa o conjuntamente de las mismas transacciones o sucesos.

Sucede con ingresos y gastos algo similar a lo que ocurre con activos y pasivos y que está relacionado con el principio de no compensación: las normas internacionales permiten la compensación de ingresos y gastos cuando lo exija o permita alguna NIC/NIIF o bien cuando no resulten individualmente significativos, mientras que el PGC no permite en ningún caso tal compensación.

Las definiciones que proporciona el Marco Conceptual del IASB de ingreso y gasto son, como las de activo y pasivo, más explícitas que las que utiliza la normativa española, que se limita a definir ingresos como incrementos del neto patrimonial que no son consecuencia de aportaciones de los propietarios y que suponen un aumento de la riqueza empresarial, y gastos como disminuciones del neto patrimonial que no son consecuencia de una retirada de aportaciones de los propietarios y que suponen una disminución de la riqueza de la empresa.

También hay que señalar que la aplicación del criterio de valoración del valor razonable producirá diferencias que se prevé puedan ser recogidas en la cuenta de pérdidas y ganancias o directamente en los fondos propios, dentro de una reserva específica por valor razonable. En la tabla 2 se recoge el tratamiento del valor razonable para diferentes partidas.

 

Según se desprende del cuadro anterior, la contrapartida de un incremento de valor en bienes del inmovilizado como consecuencia de aplicar el valor razonable sería un aumento en los fondos propios de la empresa vía reservas de revalorización especiales, mientras que las disminuciones de valor se llevarían directamente al resultado del ejercicio. No obstante, debe matizarse tal afirmación: en el caso de incrementos de valor, si en ejercicios precedentes se hubieran reconocido pérdidas en el valor de ese mismo bien, los incrementos se considerarán directamente ganancia del ejercicio, con el límite de las pérdidas reconocidas anteriormente. En caso de reducción del valor del bien, la contrapartida sería un gasto en la cuenta de resultados de ese ejercicio, si bien debe tenerse en cuenta que, de haberse producido en ejercicios anteriores revalorizaciones positivas, el decremento deberá ser cargado directamente contra cualquier cuenta de reserva por revalorización, siempre con el límite del saldo de dicha cuenta.

3. La aplicación de las NIC/NIIF. La influencia de las prácticas de gestión del beneficio

El epígrafe anterior ha puesto de manifiesto que a priori existen motivos para pensar que el cambio en el sistema contable puede tener repercusiones importantes sobre las cifras contables. No obstante, es preciso detenerse en cómo se aplican estas normas, puesto que como señalan Leuz y Verrecchia (2000) “el IASC no tiene poder para imponer sus normas y confía en los auditores locales y las medidas específicas de cada país para dar fuerza a las mismas”. Además, Street y Gray (2001) señalan diferencias entre los países euro-continentales y angloamericanos en lo referente a la aplicación de las NIC/NIIF.

Como con todas las actividades humanas, las normas y prácticas contables, así como los mercados de capital, se encuentran afectados por la cultura (Hofstede 1984; Douglas 1989). España tiene un modelo de gobierno corporativo de stakeholder, que está dominado por bancos, gobierno o familias. Como país perteneciente al sistema continental, hay una demanda para una pequeña volatilidad en la variación del beneficio (Ball et al. 2000).

La volatilidad puede reducirse, a expensas del requisito de oportunidad de la información contable, a través de métodos contables que alisan el beneficio a lo largo del tiempo, reflejando los ingresos gradualmente durante varios períodos. El alisamiento de beneficios consiste en usar técnicas contables para reducir las fluctuaciones en el beneficio neto a lo largo del tiempo. Pese a que las reglas de reconocimiento inherentemente alisan el ingreso contable en todos los países, en los países continentales las normas contables permiten un mayor margen para la elección del momento de reconocimiento de los ingresos. En los años buenos, se puede reducir el beneficio a través de provisiones excesivas para clientes de dudoso cobro o mediante provisiones excesivas para pérdidas o gastos futuros, o por traspasos a reservas. Por el contrario, en los años malos, el beneficio contable se puede aumentar invirtiendo estos ajustes (Ball et al. 2000). Estas afirmaciones se encuentran corroboradas empíricamente por Leuz et al. (2003) que muestran que los beneficios están más alisados en Europa continental y Asia que en los países angloamericanos, después de controlar la volatilidad de los movimientos de tesorería.

Una primera razón para el alisamiento del beneficio puede encontrarse en la percepción del mercado del riesgo del negocio, ya que esta está influida por la variabilidad del beneficio. Otra motivación puede ser los incentivos a gerentes basados en el crecimiento del beneficio. La validez financiera de esta práctica es ciertamente cuestionable, puesto que está basada en el beneficio contable y no en flujos de tesorería. Sin embargo, la realidad es que esta técnica se ha observado en muchos sectores (Rivard et al. 2003). La investigación sugiere también que el mercado vigila el cumplimiento o no de objetivos de beneficio. Barth et al. (1999) señalan que las empresas que informan de crecimientos continuos en los beneficios anuales tienen una prima frente al resto. Según el estudio de Graham et al. (2005) una motivación principal para el alisamiento de beneficios es que los directores financieros suelen pensar que los beneficios alisados son percibidos por los inversores como una señal de bajo riesgo. Así, el alisamiento de beneficios se traduciría en un menor coste de capital y de deuda porque los inversores exigen una prima de riesgo menor cuando hay ganancias alisadas. Otro motivo para la preferencia por las ganancias alisadas es que alisar las ganancias hace más fácil para analistas e inversores predecir ganancias futuras, lo cual es beneficioso para el precio de los títulos emitidos por la sociedad.

Así, en el estudio antes citado de Graham et al. (2005) se obtiene evidencia empírica de que comunicar beneficios alisados para facilitar las predicciones de los analistas sobre futuros beneficios se ve como más importante en empresas que proporcionan más información a los usuarios externos y tienen un mayor número de analistas siguiéndolas. Sin embargo, los mismos autores también evidencian que las grandes empresas, aquellas con un bajo ratio y las del sector tecnológico consideran que el alisamiento de beneficios se percibe como arriesgado por los inversores.

En resumen, se puede afirmar en general que las empresas van a tener incentivos para llevar a cabo prácticas de alisamiento de beneficios, y por lo tanto ante cualquier cambio normativo tratarán de minimizar el impacto del mismo sobre sus estados financieros.

4. Incidencia de las NIC/NIIF en las empresas cotizadas

En cumplimiento del apartado 1.a) de la Disposición Final Undécima de la Ley 62/2003, de 30 de diciembre, de Medidas Fiscales, Administrativas y del Orden Social, y de la Circular 1/2005, de 1 de abril, de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, los grupos cotizados deben preparar la información financiera consolidada con base en las Normas Internacionales de Contabilidad. Puesto que el objetivo que se pretende en este trabajo es examinar la incidencia que tiene esta obligación sobre los estados financieros de las empresas, se han tomado las sociedades cotizadas españolas a las que afecta la normativa citada.

En el estudio no se ha considerado el sector financiero y de seguros porque tiene características específicas que impiden la comparabilidad con el resto de empresas. Igualmente se ha prescindido de las empresas que ya venían aplicando las NIC/NIIF. Por último, en el estudio de las variables relativas a la cuenta de resultados no se han considerado las empresas cuyo cierre de estados contables no coincidió con el 31 de diciembre del 2004 o las que presentaron estados contables con una duración inferior a un año. De esta manera se han considerado 103 empresas para el estudio de las partidas recogidas en el balance y 96 para las partidas recogidas en la cuenta de resultados.

4.1. Elementos patrimoniales

En este epígrafe se analiza la incidencia de las NIC/NIIF sobre las principales partidas del balance de situación. Puesto que la gran mayoría de los grupos cotizados españoles, de acuerdo con la excepción prevista en la NIIF 1, que regula la aplicación por primera vez de las NIIF, ha optado por aplicar por primera vez las NIC 32 y 39, que regulan los instrumentos financieros, con fecha 1 de enero del 2005, es preciso acudir al balance de apertura del 2005.

La información necesaria para el estudio se encuentra disponible en la página web de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Para las diferentes partidas integrantes del balance de situación se han tomado las cifras de cierre del 2004 conforme a normativa nacional y las de apertura del 2005 conforme a las NIC/NIIF(2). En este punto hay que señalar que los formatos de ambos modelos de estados financieros presentan algunas diferencias, dado que ciertas partidas que aparecen en el modelo NIC/NIIF no se recogen en el modelo nacional y viceversa.

La gran mayoría de los grupos cotizados en el IBEX 35 se acogieron a la exención establecida por la NIIF 1, por lo que la NIIF 3 “Combinaciones de Negocios” se ha aplicado de forma prospectiva desde la fecha de transición. Así, las combinaciones de negocios ocurridas con anterioridad al 1 de enero del 2004 no han sido reexpresadas.

En la tabla 3 se muestran las partidas del balance que han sido seleccionadas para su análisis. Esta tabla indica también el código asignado a cada una de estas partidas, que será utilizado en las tablas subsiguientes.

 

En total se han tomado 22 variables del balance elaborado con la normativa española para las que existe un concepto correlativo en el balance confeccionado de acuerdo con las NIC/NIIF. Se han omitido aquellas partidas que no existen de acuerdo con alguna de las dos normativas (gastos de constitución, acciones de la sociedad dominante a largo plazo y a corto plazo, gastos a distribuir en varios ejercicios, diferencia negativa de consolidación, inversiones inmobiliarias, activos no corrientes clasificados como mantenidos para la venta y de actividades interrumpidas, ajuste contra reservas por la transición NIIF, ajustes por valoración, pasivos directamente asociados con activos no corrientes clasificados como mantenidos para la venta y de actividades interrumpidas). Tampoco se recogen las partidas que no sufren variación (dividendos a cuenta o capital social).

La tabla 4 contiene los resultados de un análisis preliminar, de tipo cualitativo, que se ha realizado para cada partida del balance. En este análisis, por una parte, se determina el porcentaje de las empresas analizadas que ha experimentado una variación en cada concepto a consecuencia de la utilización de las NIIF con respecto a los criterios del PGC y, por otra, considerando solo las empresas que efectivamente experimentaron una variación al cambiar de normativa, el porcentaje de las mismas que experimentaron un aumento en el concepto analizado frente a las que sufrieron una disminución.

 

 

En la tabla 4 se incluyen también los resultados de una serie de pruebas binomiales para el contraste de proporciones, diseñada con el objetivo de contrastar, para cada partida, si a) el porcentaje de empresas que experimentó variación fue significativamente diferente del 50% y b) dentro de las empresas que sufrieron variación, el porcentaje de las que experimentó un aumento fue significativamente diferente del 50%. Estos resultados están incluidos dentro de sendas columnas etiquetadas con la leyenda “B”, y en las cuales se indica si el nivel de significación de la prueba no alcanza, respectivamente, los valores del 1% o del 5%.

Como se puede observar, en 20 de las 22 variables seleccionadas se produce una variación significativa en más de la mitad de las empresas consideradas. Al intentar buscar una pauta en el comportamiento del signo de la variación, los resultados recogidos en la tabla 4, no permiten ser categóricos. Para el 55% de las variables no hay un patrón dominante de aumento o disminución. Para el resto, en un 60% de los casos se produce un incremento en la mayor parte de las empresas al contabilizar con la normativa del IASB, mientras que en un 40% se produce una caída.

En concreto, las partidas en que predominan las disminuciones al pasar a la normativa IASB son:

• Otros activos intangibles. La razón de ello se encuentra en que en España los derechos derivados del arrendamiento financiero se reconocen como inmovilizado inmaterial hasta el ejercicio de la opción de compra, mientras el IASB propone su reconocimiento de acuerdo con la naturaleza del bien.

• Deudores comerciales. La caída se encuentra centrada básicamente en el sector de la construcción como consecuencia del diferente tratamiento que tienen los contratos de construcción bajo la normativa del IASB.

• Activo circulante. Debido a la importancia de la partida de deudores comerciales.

• Ingresos a distribuir en varios ejercicios. El motivo de esta caída parece deberse a que mientras la NIC 20 permite dos opciones para las subvenciones (reconocerlas como ingreso diferido o como deducción del valor del activo relacionado), sin señalar cuál de ellas es preferente, la normativa española obliga a reconocerlas como un ingreso diferido.

• Deudas con entidades de crédito a largo plazo. Debido a que en España los préstamos recibidos se clasifican con base en el vencimiento al cierre del ejercicio, independientemente de que se renueven. Por su parte, en la normativa del IASB se clasifican a largo plazo los pasivos corrientes que la entidad espera y tiene la intención de refinanciarlos y liquidarlos a largo plazo mediante cualquier tipo de línea crediticia disponible y existente.

• Provisiones. La razón de la disminución es que conceptos que darían lugar a una provisión según la normativa española no están considerados como tales en las normas internacionales. Es el caso de las revisiones o reparaciones extraordinarias del inmovilizado, para las que la normativa internacional establece que debe reconocerse un gasto en el ejercicio en que se incurra.

Las partidas para las que son predominantes los incrementos son:

• Activos a largo plazo no corrientes. En España, los derechos derivados del arrendamiento financiero se reconocen como inmovilizado inmaterial hasta el ejercicio de la opción de compra, mientras el IASB propone su reconocimiento de acuerdo con la naturaleza del bien.

• Efectivo y otros medios líquidos equivalentes. La razón es que las NIC/NIIF recogen dentro de este apartado tanto el efectivo como otros medios líquidos equivalentes.

• Reservas. Debido al ajuste contra reservas por la transición a NIC/NIIF.

• Pasivo a largo plazo. El motivo del incremento es que según las NIC/NIIF las acciones preferentes amortizables a opción del tomador, o que su amortización dependa de acontecimientos futuros que están fuera del control del emisor y del tomador, se clasifican como deudas, mientras que según la normativa española se clasifican como fondos propios.

En cualquier caso el aspecto más relevante es que aunque el total activo varía en prácticamente todas las empresas, las diferencias no son significativas. Si se atiende a las dos submasas patrimoniales que lo componen, se puede apreciar cómo se produce un incremento en los activos fijos y una caída en los activos circulantes. Por lo tanto las diferencias que se dan en el total activo parecen ser debidas más a reclasificaciones en ciertas partidas que a diferencias sustanciales entre ambas normativas.

Una vez analizada la naturaleza cualitativa de las variaciones, se hace procedente el estudio de la magnitud de tales diferencias a fin de lograr una mejor comprensión del impacto de las NIIF en los estados financieros. La tabla 5 constituye una primera aproximación a la magnitud de las variaciones experimentadas por cada una de las partidas del balance cuando se aplican los nuevos criterios basados en las NIIF. Para cada partida, se clasifican las empresas analizadas según la variación porcentual en valor absoluto que se produjo al pasar de los criterios del PGC a los de las NIIF. Esta variación se calculó de la siguiente manera(3):

 

 

 

Puede comprobarse que, para la mayor parte de las partidas, el cambio a las NIIF no significa una variación extrema en la mayoría de las empresas, ya que predominan los casos en los que la variación está por debajo del 10%. Una excepción a esto es el caso de las reservas, concepto para el cual, como anteriormente se indicó, la nueva normativa supone unos mayores cambios con respecto a la normativa española. Para otras partidas, aun predominando las empresas que no sufren variación, se constata que existe un conjunto significativo de empresas que experimentan una variación fuerte. Estas son el fondo de comercio, los otros activos intangibles, los activos financieros no corrientes, el efectivo y otros medios líquidos equivalentes, los ingresos a distribuir en varios ejercicios y las provisiones. Al igual que en el caso de las reservas, estas diferencias pueden explicarse por los mayores cambios que la normativa NIIF introduce en lo referente a la valoración de estas partidas.

Como un complemento a la evidencia anterior, la tabla 6 describe las distribuciones de cada partida del balance según cada una de las normativas aplicadas, y el resultado de la prueba de los rangos con signo de Wilcoxon que se ha efectuado al objeto de detectar si existen diferencias sistemáticas entre cada par de variables. De esta prueba se ofrece el estadístico Z, así como información acerca de los casos en que el nivel de significación no alcanza los valores del 1% o del 5%.

Tabla 6
Análisis cuantitativo de las diferencias entre la valoración según NIIF y PGC de las partidas del balance
PartidaNIIFPGCZ (Text de Wilcoxon)
MediaDesv TipQ25MedianaQ75MediaDesv TipQ25MedianaQ75
IMAT153645283318170616644594571881013-0.891
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ALNC270272341133012026276673821042771999-2.888**N
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DCOM55011182997406603121532111438-4.778**P
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ACIR116022028228698111802249822901001-4.055**P
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PNET96720521012278691080253379238860-1.864
IVAR47184007672401321-4.758 **P
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PCIR1207269166237103212222723632201037-0.011
** El nivel de significación es inferior al 1%.

N: El número de rangos positivos (Partida NIIF — Partida PGC > 0) supera al número de rangos negativos (Partida NIIF — Partida PGC < 0). P: El número de rangos negativos (Partida NIIF — Partida PGC < 0) supera al número de rangos positivos (Partida NIIF — Partida PGC > 0). (Datos en millones de •).

Los resultados contenidos en la tabla 6 sugieren que, para los otros activos intangibles, los deudores comerciales y otras cuentas a cobrar, el activo circulante y los ingresos a distribuir en varios ejercicios, la valoración según las NIIF es sistemáticamente superior, mientras que, para los activos a largo plazo no corrientes, el efectivo y otros medios líquidos equivalentes, las reservas y el pasivo a largo plazo, las normas españolas proporcionan una valoración sistemáticamente superior.

También se puede comprobar que para algunas partidas muy relevantes no se detectan diferencias significativas en las distribuciones. Este es el caso del total activo, que es una de las variables clave para la confección de numerosos ratios. Lo mismo sucede con otras variables importantes para el análisis económico y financiero, como el inmovilizado material, las existencias, las emisiones de obligaciones y otros valores negociables a largo y a corto plazo, las deudas con entidades de crédito a largo y a corto plazo, las provisiones a largo y a corto plazo, los acreedores comerciales y el pasivo a corto plazo.

4.2. Cuenta de resultados

A la hora de estudiar el impacto de la implantación de las NIC/NIIF es fundamental analizar el comportamiento de las diferentes partidas que integran la cuenta de resultados, dado que se trata de datos esenciales para los analistas.

En la información del ejercicio 2005, las firmas cotizadas deben presentar una cuenta de los resultados obtenidos conforme a la normativa NIC/NIIF, así como los referidos al ejercicio anterior. De esta manera, si se toman los datos del ejercicio 2004 (elaborados conforme a la normativa nacional), se podrán comparar las desviaciones producidas en el resultado entre ambas normativas.

Para la presentación de los resultados se seguirá el mismo esquema que en el caso de las partidas del balance. Así, se comienza recogiendo en la tabla 7 las partidas de la cuenta de resultados que han sido seleccionadas para su análisis. Esta tabla indica también el código asignado a cada una de estas partidas, que será utilizado en las tablas subsiguientes.

 

En total se han tomado 12 partidas de la cuenta de resultados elaborada con la normativa española, para las que existe un concepto correlativo en la cuenta de resultados confeccionada de acuerdo con las NIC/NIIF. Se han omitido aquellas partidas que no existen de acuerdo con alguna de las dos normativas (aprovisionamientos, diferencias de cambio, resultado por variaciones de valor de instrumentos financieros a valor razonable, resultado por variaciones de valor de activos no financieros a valor razonable, resultado por deterioro/reversión del deterioro de activos, participación en el resultado del ejercicio de las asociadas y negocios conjuntos que se contabilicen según el método de la participación, resultado de la enajenación de activos no corrientes o valoración de activos no corrientes clasificados como mantenidos para la venta no incluidos dentro de las actividades interrumpidas, resultado después de impuestos de las actividades interrumpidas, compras netas, variación de provisiones y resultados extraordinarios).

La tabla 8 contiene los resultados del análisis cualitativo realizado para cada partida de la cuenta de resultados. Al igual que en el caso de la tabla 4 se determina el porcentaje de las empresas analizadas que ha experimentado una variación en cada concepto a consecuencia de la utilización de las NIIF con respecto a los criterios del PGC. Además, para el caso de las empresas que efectivamente experimentaron una variación al cambiar de normativa, se recoge el porcentaje de las mismas que experimentaron un aumento en el concepto analizado frente a las que sufrieron una disminución.

 

En la tabla 8 se incluyen también los resultados de las pruebas binomiales realizadas según la metodología indicada para las partidas del balance. Los resultados están incluidos dentro de sendas columnas etiquetadas con la leyenda “B”, en las cuales se indica si el nivel de significación de la prueba no alcanza, respectivamente, los valores del 1% o del 5%.

Como se puede observar, en 11 de las 12 variables seleccionadas se produce una variación significativa en más de la mitad de las empresas consideradas. Al intentar buscar una pauta en el comportamiento del signo de la variación, los resultados recogidos en la tabla 8 evidencian que solo en cinco de las partidas hay un predominio claro de los aumentos o de las disminuciones al considerar la nueva normativa.

En concreto, se observan incrementos en:

— Gastos de personal.

— Gastos de explotación, por el peso que tienen los gastos de personal en los gastos de explotación.

Por otra parte, se observan disminuciones en:

— Resultado bruto de explotación, como consecuencia del incremento de los gastos de explotación.

— Ingresos financieros, debido al carácter más restrictivo de las NIC/NIIF a la hora de reconocer ingresos de esta naturaleza.

— Gastos financieros, debido al carácter más restrictivo de las NIC/NIIF a la hora de reconocer gastos de esta naturaleza. En concreto, la NIC 23 define gastos financieros en un sentido más amplio que la normativa española al incluir conceptos como las diferencias de cambio procedentes de préstamos en moneda extranjera, en la medida en que sean consideradas como ajustes a gastos financieros de la operación.

A continuación se procede a examinar la magnitud de las diferencias. La tabla 9 constituye una primera aproximación cuantitativa a las variaciones experimentadas por cada una de las partidas de la cuenta de resultados al aplicar los nuevos criterios basados en las NIIF. Al igual que en el caso de la tabla 5, para cada partida se clasifican las empresas analizadas según la variación porcentual en valor absoluto que se produjo al pasar de los criterios del PGC a los de las NIIF.

 

Puede comprobarse que en general son predominantes los casos en que las variaciones son de cuantía no muy elevada. Sin embargo, hay ciertas partidas para las que un número significativo de empresas presenta variaciones superiores al 50%. Este es el caso de la variación de existencias, de otros ingresos de explotación y de los ingresos financieros. Las razones de ello se encuentran en los mayores cambios valorativos que la nueva normativa introduce con respecto a las normas españolas.

Para completar la aproximación cuantitativa al impacto de las NIIF sobre la cuenta de resultados, la tabla 10, elaborada de una manera análoga a la tabla 6, describe las distribuciones de cada partida de la misma según cada una de las normativas aplicadas, y el resultado de la prueba de los rangos con signo de Wilcoxon.

 

La información que contiene la tabla 10 evidencia que solo se observa una aumento sistemático en la valoración al pasar a la normativa NIIF para los gastos de personal, mientras que, para el importe neto de la cifra de negocios, el resultado bruto de explotación, los ingresos financieros y los gastos financieros, la valoración según las normas españolas es sistemáticamente superior.

La caída en el resultado bruto de explotación parece deberse a un incremento de los gastos de explotación, producida en parte por el incremento de los gastos de personal. En el resto de las partidas, la explicación se debe a los mayores cambios normativos que las NIIF suponen, y que se evidenciaron en el apartado 2.

Al igual que ocurría en el caso del balance, lo más destacable es que las variables clave para la confección de numerosos ratios como el resultado del ejercicio, otros ingresos, la variación de existencias de productos terminados y en curso, ingresos de explotación, gastos de explotación, resultado neto de explotación y resultado del ejercicio atribuible a la sociedad apenas sufren modificaciones.

5. Conclusiones

Tras un largo período de armonización, las NIC/NIIF entraron en vigor en la Unión Europea a principios del 2005, si bien solo para un número limitado de empresas: aquellas que tengan obligación de consolidar y cuyos títulos estén admitidos a negociación pública en un mercado organizado de la UE. Los objetivos de comparabilidad y equivalencia en la información financiera comienzan a cumplirse en Europa y se espera que su implantación afecte a todas las empresas durante los próximos años. De una diversidad de legislaciones contables se pasa a una sola referencia legal en la contabilidad de las empresas europeas, una legislación que se aproxima más a los modelos anglosajones tradicionales que a los modelos continentales, al establecer reglas de valoración y presentación más genéricas que el actual modelo español, y cuyo objetivo es proporcionar la mejor información financiera posible al inversor.

En la muestra de empresas analizada, el total activo se ha modificado menos de un 10% para la gran mayoría de las empresas. Para el resto de partidas del balance, los cambios cuantitativos tampoco resultan considerables, salvo casos puntuales en partidas con poco peso en el balance y que surgen como consecuencia de meras reclasificaciones. Por su parte, el resultado sufre unas modificaciones inferiores al 25% para la mayoría de las empresas. Estas desviaciones parecen encontrarse por debajo de lo que inicialmente podría preverse, dado el carácter de las normas contables españolas. Es decir, el beneficio neto y el activo total neto, partidas clave para la estimación del desempeño empresarial por medio de ratios financieros, no se han visto seriamente alterados.

Esto resulta un tanto sorprendente, puesto que, pese a que desde el punto de vista teórico —así como según las percepciones de los directivos y ciertos estudios— se podía pensar que las diferencias que iban a surgir como consecuencia de implantar las NIC/NIIF en España iban a ser importantes, estas parecen haber sido menores de lo inicialmente previsto. Estos resultados plantean tres posibles explicaciones: i) las diferencias entre ambos sistemas no eran tan importantes, ii) las empresas españolas, anticipando la regulación del IASB, llevaron a cabo elecciones contables que minimizaron las diferencias entre las cifras de acuerdo con normas nacionales y las NIC/NIIF, o iii) las empresas se han decantado por una transición light que no suponga un gran cambio en las cifras contables para no desorientar a los inversores. Esta última opción no resulta muy desencaminada, dado que según los hallazgos del estudio de Street y Gray (2001) se producen importantes incumplimientos de las NIIF. Por término medio, cada compañía incumple una de las diez prácticas de valoración y/o presentación incluida en la lista de comprobación utilizada por los autores (y ello después de que los mismos le hayan dado el beneficio de la duda a las empresas).

Como limitación del trabajo vale indicar que los resultados, tal como apunta Tarca (2004), pueden ser diferentes entre países, por lo que no se pueden generalizar las conclusiones aquí obtenidas para el resto de países de la Unión Europea.

Como líneas futuras de investigación, se plantea realizar estudios comparativos con otros países de la Unión Europea que también han implantado las NIC/NIIF. Igualmente resultaría interesante analizar en qué empresas se han producido mayores cambios y qué variables podrían estar detrás de estos cambios.

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(1) El concepto de normas internacionales de contabilidad en el citado Reglamento tiene un sentido amplio, pues engloba:

las NIC, normas emitidas por el antiguo International Accounting Standards Committee —IASC— y que fueron asumidas en su integridad por el International Accounting Standards Board —IASB—;

• las Normas Internacionales de Información Financiera —NIIF— que emita el IASB;

• las interpretaciones procedentes del Standing Interpretations Committee —SIC—;

• las interpretaciones correspondientes al International Financial Reporting Interpretations Committee —IFRIC—;

• las modificaciones posteriores de dichas normas y sus interpretaciones;

• las futuras normas e interpretaciones que pueda elaborar el IASB.

(2) En este punto hay que señalar que la información se ha tomado del primer balance de apertura que depositaron las empresas en la CNMV, es decir, el presentado a la finalización del primer semestre del 2005.

(3) En aquellos casos en que la valoración de alguna partida según criterios del PGC arrojaba un valor negativo para al menos una empresa, para no desvirtuar el significado del porcentaje, se ha considerado en el denominador el valor absoluto de la valoración según el PGC.