INSTRUCCIÓN ADMINISTRATIVA 7 DE 1997 

(Marzo 13)

Ante inconvenientes surgidos últimamente en relación con la nacionalidad, como vínculo jurídico y político que es del estado con sus miembros y en relación con los medios establecidos para acreditarla, le corresponde a la Superintendencia de Notariado y Registro en el desarrollo de sus funciones de dirección y coordinación del servicio de registro del estado civil hacer algunas precisiones acerca de la prueba testimonial y los criterios que han de tenerse en cuenta para su valoración frente al registro de nacimiento.

Es del normal conocimiento que el testimonio se constituye en prueba subsidiaria del certificado médico cuando se procede a la inscripción del nacimiento de una persona dentro del mes siguiente a la fecha de ocurrido el hecho; igualmente ha de serlo que el mismo conforma, aunque en última instancia, el conjunto de medios establecidos por la ley, para los mismos fines, pero cuando a la inscripción del hecho se acude fuera del término señalado anteriormente (D. L. 1260/70, arts. 49 y 50; el último, modificado por el D. L. 999/88, art. 1º).

Bajo la convicción de que este instrumento demostrativo participa a plenitud del sistema de persuasión racional instituido por la ley procesal civil, es obvio concluir que han de tomarse en consideración ciertas pautas de discreta sensatez que en el ámbito valorativo proyecte la obtención de certeza de las calidades de los declarantes y de la ciencia de su testimonio, de suerte que se induzca a un buen grado de credibilidad respecto de un componente tan esencial en el estado civil de una persona, como es la nacionalidad, determinante de su capacidad de ejercicio y de obligarse.

Así, ha de tenerse en cuenta que las personas que comparecen ante el funcionario del registro a dar cuenta de aspectos esenciales de un hecho como aquél que es objeto de inscripción en este registro son, en principio, órganos de la prueba y, por ende, han de estar circundadas por la probidad como estado de rectitud y bondad propio de las personas pero que para estos efectos se apoya, sustancialmente, dada la condición de testigo, en la honestidad de costumbres y en las cualidades subjetivas que ellas ofrezcan. Ello, porque la experiencia muestra que, a una mayor pureza en los aspectos señalados por la prueba, normalmente le corresponde un mayor índice de veracidad. No puede merecer igual crédito alguien de moralidad discutible o que exhiba un bajo grado de preparación intelectual.

Otro derrotero, quizás de mayor relieve, es el de la ciencia del testimonio, proyectado a la fuente de conocimiento que tenga el testigo, de enorme importancia dado que facilita al funcionario un precioso elemento de juicio para valorar el alcance probatorio de la declaración. No hay que olvidar la enorme diferencia entre conocer los hechos que se declaran con ciencia propia por haberlos percibido con los sentidos —lo cual otorga al testimonio mayor entidad evidenciadora— y el informar sobre los mismos por referencia, por rumor o con fundamento en el dicho de otros, lo cual le resta a la prueba la eficacia requerida.

En una situación como esta, originada en la rogación de una inscripción de nacimiento con base en testigos, el notario recepciona un testimonio; y entonces, se trata de una práctica ante la cual ha de procurar porque ese medio probatorio sea responsivo, exacto y completo en los términos indicados por la ley procesal civil vigente; y el alcanzar ese objetivo, supone aplicar —y hacerlo debidamente— las disposiciones que regulan los requisitos y las formalidades para materializar la prueba, con preguntas que sean breves y sencillas, acomodadas a la capacidad del declarante, despojadas de visos capciosos, no sugerentes ni ofensivas y sí pertinentes de cara al objeto de la prueba.

Igualmente, se debe velar porque los testigos demuestren constancia y una sólida coherencia; es decir, que en el desarrollo de su declaración exhiban apreciaciones congruentes en las circunstancias principales; o, lo que es igual, es cometido inexcusable de los notarios el averiguar los motivos de un testimonio vacilante o incierto porque quien lo rinde actúa sin resolución, con incertidumbre y visible temor a comprometerse con aseveraciones categóricas. Defectos de este linaje, obedecen a falta de ciencia o de probidad y, en esas condiciones, la prueba carece por completo de valor.

Es importante advertir que la adopción de este instructivo obedece a cuestionamientos jurisprudenciales contenidos en pronunciamientos recientes frente a actuaciones notariales en la recepción de la prueba testimonial para acreditar el nacimiento de las personas, y que han permitido la expedición de documentos con apariencia legal y que acreditan el carácter de nacional por nacimiento, respecto de personas que no lo son.

No deben olvidar que la inscripción de un nacimiento es básica para la expedición del documento de identidad que, desde luego, acredita la nacionalidad colombiana por nacimiento, circunstancia de excepción para la aplicación del artículo 35 de nuestra Carta Política.

N. del D.: Esta instrucción va dirigida a notarios del país.

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