Italia encareció la justicia laboral para los trabajadores

Revista Nº 200 Mar. Abr. 2017

 

En esa nación europea, los procesos laborales ante un juez dejaron de ser gratuitos para el trabajador, y si pierde el caso, puede ser condenado a pagar los
costos legales del empleador.

En entrevista con la Revista Actualidad Laboral el abogado italiano Andrea Lassandari, académico de Derecho laboral en la Universidad de Boloña (Italia) y conferencista de la versión veinticinco del Encuentro de exbecarios de las universidades habló de las causas que han intensificado el desequilibrio de fuerzas entre el capital y el trabajo, en ese país.

ACTUALIDAD LABORAL: ¿La tecnología altera la relación entre empleador y trabajador? 

Andrea Lassandari: Siempre ha sido así. Si hablamos de agricultura, en Italia, hace sesenta años, después de la Segunda Guerra Mundial, el 90% de la población trabajaba en esa actividad; hoy es el 5%. Esto se llama revolución tecnológica. Así lo hemos visto con la industria en los años ochenta y noventa. Ahora son las tecnologías electrónicas las que traen estas novedades importantes. Pero hay diferentes posturas acerca de si genera grandes problemas de desempleo como dicen algunos o si no es así. Si en algunas oportunidades se pierde empleo, en otras se va a generar. Hay una tendencia, en general, a la reducción del empleo. No sé si solo es un problema de la tecnología o más de naturaleza política.

A. L.: ¿Y, además, puede ser un problema de la estructura de las economías?

A. Las.: Puede ser discutible que un cierto nivel de desempleo sea propio del equilibrio de poder como lo decía Carlos Marx, quien lo llamaba ejército de reserva. Pero no estoy convencido de que con las políticas económicas de la Unión Europea se esté luchando realmente contra el desempleo.

A. L.: ¿La Unión Europea no tiene un derrotero contra el desempleo? 

A. Las.: Hay diferentes prioridades. Y existe una relación de poderes entre países del norte y del sur, y todos hablan de que es necesario solucionar el problema del desempleo, pero no se hace lo que se debería para resolverlo. En general, no hay políticas coherentes con el propósito de reducirlo.

A. L.: ¿Se tiene un doble discurso en la Unión Europea, uno de integración en torno a objetivos como el empleo, pero en la práctica se actúa en contravía de esa finalidad?

A. Las.: Si leemos los tratados, son bastante claros con la Unión Europea social, más que antes. Pero las políticas económicas e industriales y la ideología, realmente, no dan prioridad a este problema. Así como hay un problema con la tecnología, se presenta otro de falta de políticas públicas. Cada país tiene su situación particular, aunque exista una tendencia general en los países de la Unión Europea.

A. L.: ¿Qué importancia tiene la tecnología como factor que afecta la buena relación entre empleador y trabajador?

A. Las.: En este contexto, no se sabe realmente si se va a profundizar el problema del desempleo. Este existe, no sé si solo por la tecnología o, también, por otras causas. El desempleo es un gran problema y puede ser que las nuevas tecnologías lo vayan a incrementar. Pero, con respecto a las políticas incoherentes, se ha hablado, con relación a los jubilados, de reducir los alcances de las protecciones. Hoy, en toda Europa, se manifiesta una tendencia a subir la edad para jubilarse. Esto contrasta con la intención de reducir el empleo juvenil, porque si las personas tienen que trabajar hasta los 65 años de edad o más y después no tienen las prestaciones adecuadas, serán impulsados a trabajar como jubilados. Esto sería un problema, porque no se crean los espacios de trabajo de los que se habla para los jóvenes. También se podría hablar de la calidad de estos trabajos que es muy baja. Hay impacto sobre el mercado de trabajo, sobre la relación de trabajo, en particular, se presenta el problema del control privado, que hoy es enorme, mucho más fuerte que antes, y la necesidad de proteger la privacidad. Mucho se habla, pero no se hace mucho, porque el control es muy grande. Hay problemas en el derecho sindical; ¿cómo se sindicalizan estos nuevos trabajadores que laboran con esas modalidades nuevas de contratación (sin contratos formales de trabajo)?

A. L.: ¿Puede disminuir el respeto a los derechos laborales por causa de la tecnología?

A. Las.: El derecho del trabajo tiene la necesidad de modificarse, no solo de adaptarse. El objetivo fundamental de crear equilibrio entre capital y trabajo, que ha sido el propósito histórico del derecho del trabajo, ahora se está perdiendo. Con esta situación se desarrolla el poder unilateral del empleador; se reduce la protección del trabajador contra ese poder. Aunque hay tendencias claras de modificación, el derecho del trabajo muere o modifica las técnicas. No digo que cambie sus objetivos, porque no me gusta un derecho del trabajo en el que el derecho de los empresarios esté contra el de los trabajadores. El objetivo es construir una sociedad equilibrada, contribuir a la construcción de una relación entre capital y trabajo que sea más equilibrada, pero necesita nuevas técnicas normativas para lograrlo.

A. L.: ¿Cuáles serían esas técnicas normativas?

A. Las.: Puede ser que se necesite que el sindicalismo modifique su organización, si quiere enfrentar estas nuevas exigencias. Puede ser que, en protección social, sea indispensable hablar de instituciones nuevas que protejan más al ciudadano que al trabajador, si el trabajo se hace más frágil.

A. L.: ¿Propone la creación de una institución más enfocada en atender al ciudadano que al trabajador?

A. Las.: Eso también resulta peligroso, pero es necesario razonar sobre esto. El instituto del que se habla en Europa tiene muchas variantes y es más una entidad que protege contra la pobreza y no está orientada a brindar garantías a los ciudadanos. Aquella primera versión me interesa menos.

A. L.: ¿Cómo sería la institución que plantea?

A. Las.: Que piense en un ciudadano de mayor dignidad que ya no es pobre, sino que está por encima de la línea de pobreza, que es cuasi universal. Una institución que garantice el derecho a muchos ciudadanos que están en transición de un trabajo a otro y enfrentan la dificultad de qué hacer entre un trabajo y otro. Se trata una entidad en la cual se tome en consideración a un trabajador que trabaja más, porque labora en su casa con la computadora y parece que está más libre y no es cierto.

A. L.: ¿Se requieren ajustes en el modelo de contrato de trabajo?

A. Las.: El problema está en el derecho del trabajo, el cual no se puede modificar por las partes de un contrato laboral, sino que se aplica a la relación de trabajo. Esa normativa puede necesitar algunas modificaciones, pero las que siempre están haciendo en Europa, las continuas reformas, no van a lograr el objetivo que me interesa, pues van encaminadas a otros objetivos como la liberalización, la flexibilización y el incremento de los poderes de los empresarios.

A. L.: ¿Cómo se puede recuperar el equilibrio entre capital y trabajo?

A. Las.: Este siempre es el punto esencial, el equilibrio o el desequilibrio. La tecnología es un caballo de Troya, por un razonamiento de poderes, porque se puede utilizar para introducir cambios o para justificar que se imponga una medida. En Italia se puede decir que una determinación la impone la Unión Europea o la necesidad de adaptarse a la tecnología o la competitividad. Pero el punto central es la relación de poder entre el capital y el trabajo.

A. L.: ¿Qué pueden hacer los sindicatos en aras del equilibrio de fuerzas entre el capital y el trabajo?

A. Las.: Los sindicatos, en Europa, tiene dos problemas fundamentales. Primero, de representación correcta de los intereses, de las necesidades de los trabajadores, en lo cual tienen errores. Pero el problema principal es de efectividad de la acción sindical, de la debilidad del sindicato. No es solo un asunto relacionado con el hecho de que no se entienda bien cuál es la eficiencia de un trabajador desde la perspectiva de la tecnología o desde otra óptica, sino que a pesar de que se comprenda esa necesidad, el sindicato no tiene la fuerza para lograr lo que pretende. Este es el aspecto central. También es un tema de adaptación organizativa, de representación, pero, realmente, existe un problema de relaciones de fuerzas entre el sindicato y la empresa.

A. L.: ¿Cuál es la razón de esa situación de los sindicatos?

A. Las.: La causa fundamental es la globalización. Anteriormente, cuando se hacía una buena huelga, se lograba, más o menos, lo que se quería. Hoy, si se hace la huelga y no se les da a los sindicatos lo que quieren, el precio de las acciones de la empresa en huelga sube y están contentos los socios de la misma, porque al mercado le gusta que no se den concesiones a los sindicatos. En ese momento el empresario resiste o despide colectivamente, lo cual gusta mucho al mercado financiero. Por otra parte, si hay huelga, la empresa puede decir que se traslada a cien o doscientos kilómetros del lugar actual, a otro país, donde no hay huelgas, el trabajo cuesta la mitad y la empresa hace lo que quiera. Eso lo ha hecho la ensambladora de automotores Fiat, en Italia, en los últimos años. Ha presentado nuevas condiciones de trabajo y les ha dicho a los trabajadores y a los sindicatos que las acepten o se va a otro país. Esa es la debilidad sindical.

A. L.: ¿La prevalencia de la movilidad del capital favorece la rápida relocalización de las plantas de producción de las empresas?

A. Las.: El capital puede ir adonde no hay limi­tación de reglas sobre su movimiento. La única cosa que no se puede mover es el trabajo; este tiene fronteras terribles. El sindicalismo también debería internacionalizarse, globalizarse. Debería renunciar a las organizaciones de carácter nacional en los países y a las diferencias que también son muy grandes de país a país. Si el sindicalismo logra este objetivo de internacionalizarse, que es enormemente difícil, no sería débil.

A. L.: ¿El creciente número de trabajadores autónomos dificulta el desarrollo de un sindicalismo universal?

A. Las.: Sí. En Italia también se presenta este fenómeno desde hace tiempo. Pero hay falsos autónomos, porque en la nueva relación organizacional, con los trabajadores realmente autónomos, en teoría, el poder de la empresa se debilita, pues a los empresarios no les pueden ordenar que hagan determinada actividad u otra. Lo que muchas empresas quieren son trabajadores autónomos que cuesten menos en sus derechos, pero a quienes se les pueda ordenar hacer las actividades requeridas y esos son los falsos autónomos. Simplemente, se hace una simu­lación jurídica contractual para reducir los gastos laborales.

A. L.: ¿Por qué es más fuerte en Italia ese fenómeno de los trabajadores falsamente autónomos?

A. Las.: La economía italiana, en Europa, introdujo una competencia con las empresas de otros países a partir de que las empresas italianas ofrecían productos de menor costo y también con un poco de menor calidad. Aquellas eran los chinos de Europa. En Italia siempre estuvo presente una competencia con base en la reducción de los gastos y ahora con mayor razón, porque el sistema económi­co no está bien. Las empresas alemanas compiten, sobre todo, con fundamento en la calidad del producto. En Italia existe esa tendencia a bajar los costos, además, impulsada por el Estado, gracias a las leyes que flexibilizan la contratación de trabajadores, que reducen los gastos y los derechos laborales. Esta tendencia es un suicidio, porque debería ser lo opuesto; ir en el mismo sentido del modelo alemán, de productos de altísima calidad. Italia no puede reducir los costos de producción hasta los límites del sudeste de Asia, de África o de algunos países de Suramérica, porque hay otros países que siempre tendrán costos inferiores.

A. L.: ¿Qué ha hecho el derecho laboral italiano para contener ese modelo económico de bajos costos?

A. Las.: El derecho se modifica mediante las reformas ante el Parlamento, así que el derecho laboral también se modifica mediante aquellas. Sobre el asunto específico de los falsos autónomos, no sería demasiado difícil demostrar que lo son. Pero cuántos trabajadores están dispuestos a acudir al juez a iniciar una causa al respecto. No se trata de un problema técnico, es de alternativas del mercado de trabajo. Técnicamente, si son falsos autónomos, un juez lo resuelve muy fácil, pero hay quien se decide a presentar el caso a la justicia y quien opta por no hacerlo, debido al temor de perder el trabajo. Hoy también existe una tendencia a reducir el acceso de los trabajadores a la justicia, pues se ha hecho más costosa para ellos.

A. L.: ¿De qué modo se ha encarecido la justicia laboral?

A. Las.: Hasta hace algunos años, el proceso judicial laboral del trabajador era gratis, ahora se paga como los otros procesos. Además, existen leyes conforme a las cuales, si el trabajador pierde la causa, el juez lo condena a pagar las expensas de la contraparte.

A. L.: ¿Es decir que disminuyeron los conflictos ante la justicia laboral?

A. Las.: Muchísimo, pero, nuevamente, con una medida contra los trabajadores, contra los más débiles.