Diálogos

La Constitución ha dado lugar a interpretaciones más allá del equilibrio ideal entre empleador y trabajador

Revista Nº 207 Mayo-Jun. 2018

Entrevista realizada por 

Javier Rojas A. Germán Valdés 

En entrevista con ACTUALIDAD LABORAL habló de los postulados que desarrolla en su reciente libro titulado Derecho laboral individual, publicado con el sello editorial Legis.

ACTUALIDAD LABORAL: ¿Cuál fue la fuente de inspiración de su reciente libro ‘Derecho laboral individual’?

Germán Valdés: El móvil lo ubico en otro libro que escribí en 1985 sobre derecho laboral individual. Siempre quise complementar esa obra, que editó la Universidad del Rosario, pero, con las ocupaciones, uno va dándole largas hasta que hace unos cuatro o cinco años retomé la idea y fui agregando capítulos paulatinamente hasta que finalmente lo acabé. Hubo un segundo móvil originado en mis actividades docentes. Pensaba mucho en que los estudiantes lo oyen a uno en clase, copian y después, en un parcial, lo que escriben está errado y uno les dice que hay un error y ellos contestan que así lo tienen en sus apuntes. Les comento: una cosa es lo que yo digo y otra lo que ustedes apuntan. Entonces, para evitarme esa excusa, resolví decirles: lo que yo les digo está en un libro y lean.

A. L.: ¿Qué novedades van a encontrar los lectores en este libro con respecto al de 1985? 

G. V.: Mucho, porque en estos treinta años he ido construyendo nuevos conceptos, nuevas ideas, ha habido nuevas leyes, cambios en las leyes anteriores y hay mucha expresión jurisprudencial ya no solo de la Corte Suprema de Justicia, sino también de la Corte Constitucional. O sea, hay un gran volumen de nuevos elementos de pensamiento y conceptuales para adicionar a lo que fue el libro anterior.

A. L.: ¿Por qué su interés en el derecho laboral individual y no el derecho colectivo laboral?

G. V.: Ambos me interesan muchísimo. El derecho laboral individual es más conceptual, más de contenido jurídico. En el derecho colectivo hay ingredientes de política laboral. Además, hay un mundo algo diferente, porque las relaciones colectivas se mueven con otros impulsos. O sea, la posición global de la empresa frente a ciertas pretensiones es un poco diferente.

A. L.: Dada la realidad actual de la economía, ¿las relaciones laborales necesitan más del derecho laboral individual o del derecho colectivo laboral?

G. V.: El derecho colectivo debería tener mejor difusión en nuestro medio, porque es la vía para que los trabajadores puedan ascender, en cuanto a las condiciones económicas, pero eso supone una construcción conjunta de recíproco apoyo entre la empresa y el sindicato. En nuestro medio esa relación ha sido más de choque que de mutua construcción y, por eso, se ha desperdiciado, por parte de los trabajadores, una buena herramienta para mejorar las condiciones; como la han usado más en la posición de contrapartes y no de coautores de las nuevas prerrogativas, pues los empleadores, en forma general, han ido adquiriendo una posición de recelo, de desconfianza y, por lo tanto, no se ha podido dar fluidamente ese mejoramiento. Además, los trabajadores sindicalizados en nuestro país todavía representan un número muy bajo, frente a la globalidad de trabajadores. Eso hace que el derecho laboral individual conserve muchísima preponderancia.

A. L.: ¿Irá en aumento la preponderancia del derecho laboral individual, en los próximos años, frente al derecho colectivo laboral?

G. V.: No. Va a conservarse, queda igual, no le veo posibilidades de cambio. Esta situación lleva, en lo que conozco, cuarenta años y no le veo gran evolución.

A. L.: ¿Su experiencia en la Corte Suprema de Justicia se ve reflejada en su nuevo libro?

G. V.: Lo que uno vive todos los días lo va enriqueciendo. Uno lee, escucha, comparte y eso siempre va agregando elementos para ir formando conceptos. Cuando estuve en la Corte Suprema de Justicia (1995-2003), naturalmente, tuve unas fuentes muy valiosas de información, de conceptualización, pero, además, tuve el privilegio de contar con unos compañeros de sala realmente brillantes y pude escuchar sus posiciones, sus opiniones; aunque uno esté solamente oyéndolos, va recibiendo información sobre muchos de los libros que han leído y que la transmiten en algunas de las controversias que se suscitan alrededor de cada proceso. La estadía en la Corte Suprema de Justicia ayudó significativamente a crear o consolidar muchos de los conceptos que quedan ahora en el libro.

A. L.: ¿Su paso por la Corte Suprema lo llevó a cambiar alguna tesis de su libro anterior con respecto a la nueva obra?

G. V.: No recuerdo que haya cambiado alguna posición. Sí tengo claro que algunas se pulieron, se mejoraron, se complementaron, pero no recuerdo que hubiera habido un cambio. Por el contrario, profundicé en algunas posiciones en las que estoy convencido, aunque mis compañeros de sala no las compartieran.

A. L.: ¿Cuáles de los asuntos debatidos en la Corte Suprema de Justicia, durante su período como magistrado, destaca?

G. V.: En realidad es mucho lo que uno escribe estando en la Corte Suprema de Justicia. Tal vez un punto donde la Sala laboral tuvo una importante posición, con base en un proyecto que elaboré, fue frente a la protección a la mujer embarazada o en licencia para lactancia. Es el mismo fuero de maternidad de hoy, aunque la norma cambió recientemente. Era mejor la redacción anterior, pero de todos modos la posición de la Corte Suprema es válida frente al texto anterior y al nuevo. Hubo otros temas de mucho contenido sobre la figura de los reintegros, o sea, la distinción entre despido injusto e ilegal y el reintegro que deriva de este último. Este tópico es valioso. También se construyó bastante sobre la cesantía; cuando ingresé a la Corte, en 1995, los cambios que introdujo la Ley 50 de 1990, en materia de cesantías, estaban comenzando a llegar a la Corte Suprema de Justicia. Entonces, con los compañeros de sala se construyeron unos pronunciamientos valiosos.

A. L.: ¿En ese momento la Corte Suprema de Justicia comenzaba una nueva era de la jurisprudencia laboral en el marco de la Constitución de 1991?

G. V.: Había nuevas figuras que provenían de la Ley 50 de 1990, pero, además, comenzaba a desarrollarse la polémica sobre el contenido y significado del artículo 53 de la Constitución, acerca de qué significaban esos principios establecidos en ese artículo y qué modificaciones traían frente a los primeros artículos del Código Sustantivo del Trabajo.

A. L.: ¿Cómo se dio esa transición de la anterior era jurisprudencial a la nueva?

G. V.: Hubo cambios importantes. Inclusive estos conllevaron a que, en un momento dado, existiera cierta distancia en algunos temas laborales con la Corte Constitucional. Por ejemplo, la Corte Suprema de Justicia, en ese momento, valoraba las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), pero no le reconocía efecto vinculante como sí se lo reconoció, en algunos fallos, la Corte Constitucional.

A. L.: ¿A partir de la Constitución de 1991 se generaron dos vías para resolver los conflictos laborales entre empleador y trabajador?

G. V.: Sí se produjeron cambios importantes; unos se plasmaron en sentencias de la Corte Suprema y otros en las de la Corte Constitucional. En realidad, sí cambió algo la forma de ver el derecho laboral individual y el colectivo.

A. L.: ¿Considera positivo que un trabajador tenga la posibilidad de solucionar un conflicto laboral mediante la justicia laboral o recurrir a la figura de tutela?

G. V.: El Código Sustantivo del Trabajo fue concebido con una gran visión, clara, equilibrada, de corte social, naturalmente, pero sin olvidarse de que en la relación laboral hay dos partes y se deben considerar los intereses de ambas. El Código Sustantivo es muy equilibrado, muy protector, pero razonablemente protector. En cambio, el artículo 53 de la Carta es radicalmente más garantista del trabajador y eso supone un cambio que le genera una posición secundaria, a los empleadores, de sus legítimos intereses. Empleador y trabajador, ambos, se necesitan. No se trata ni de explotar al uno, ni de acabar al otro, sino de lograr una relación armónica. Pero el artículo 53 de la Constitución ha dado lugar a interpretaciones que van un poco más allá del equilibrio ideal entre empleador y trabajador.

A. L.: ¿La Corte Constitucional, con base en el artículo 53 de la Constitución, está sustituyendo al derecho laboral individual?

G. V.: No creo que llegue hasta allá. Ahora, la verdad, percibo que las dos cortes, con el transcurso del tiempo, han ido encontrándose en unos conceptos básicos. Luego, hoy por hoy, no hay tanta distancia entre el pensamiento de una y de otra. Y, si hay algunas diferencias, realmente, se han reducido mucho.

A. L.: ¿Qué instrumentos existentes en la ley laboral antes de la Constitución de 1991 convendría restablecer en la normativa actual?

G. V.: Todo lo que está en el Código Laboral me parece muy valioso. Hay una figura del código, ha existido desde hace 70 años, pero poco se usa y es la revisión del contrato, sea individual o colectivo. Es una figura muy civilizada que invita al diálogo. Cuando el empleador tiene situaciones de dificultad sobrevinientes que pueden afectar la estabilidad de la empresa, aquel puede hablar con sus trabajadores o con el sindicato para modular los costos laborales de la empresa y, aunque esa figura ha sido muy cuestionada por los pensadores garantistas, en realidad, su esencia es muy protectora del trabajador, porque el mensaje es: si los costos laborales son muchos, acuerden entre empleador y trabajadores, redúzcanlos, pero que no se eliminen plazas de trabajo. Un empleador que no tiene cómo pagar la nómina, pues simplemente acude a los despidos. Aquí la figura consiste en no despedir a nadie, que se deje la planta de personal tal cual está y si se necesita reducir los costos se habla con los trabajadores y buscan alguna solución.

A. L.: ¿A qué le atribuye el poco empleo de esa figura?

G. V.: Trabajador y empleador se ven como contrapartes y no como cocreadores de una relación constructiva para ambos.

A. L.: ¿Se puede hablar de impunidad en la administración de justicia laboral?

G. V.: Depende de lo que uno entienda por impunidad. No la hay en materia laboral. Los trabajadores tienen acceso a la tutela, al proceso ordinario y siento que los jueces cumplen adecuadamente su función. Sin embargo, es inquietante que de nuevo se está llegando a un momento de acumulación excesiva de procesos y eso demora las decisiones judiciales. Si uno ve la justicia pronta y cumplida, como debe ser, pues esas demoras contradicen ese postulado y podría, por esa vía, hablarse de que algunas acciones negativas, en la relación laboral, no tienen castigo o este se demora mucho en llegar.

A. L.: ¿Se puede repetir el fenómeno de congestión en los juzgados laborales?

G. V.: Sí. Algunos juzgados están volviéndose muy demorados. Las audiencias que fijan para seis, siete u ocho meses son un síntoma preocupante. Ahora, lo de la Corte Suprema de Justicia ya era angustioso. O sea, ha tenido un recargo desbordado y esto generó una gran demora para resolver los litigios que conocían. Con las nuevas salas de descongestión, se han logrado liberar numerosos procesos que estaban hace muchos años a la espera de un fallo.

A. L.: ¿Pero esa señal de los juzgados no resulta inquietante?

G. V.: Sí, es muy preocupante. Normalmente, uno presentaba la demanda o la contestación y tenía audiencia al mes o a los dos meses. Cuando hablé de seis meses es que en algunos juzgados suspenden una audiencia, porque, por ejemplo, no alcanzaron a evacuar todas las pruebas y la continuación de la audiencia es a seis o siete meses. Hay juzgados que las programan a quince días o a un mes, pero hay otros que se han ido rezagando.

A. L.: ¿A qué se puede atribuir ese rezago?

G. V.: Hay mucho trabajo para cada juzgado. En eso influye significativamente la tutela que es tan fácil de tramitar; genera un volumen importante de trabajo que, además, desplaza al normal.

A. L.: ¿Qué opina de la oralidad en la justicia laboral?

G. V.: Obviamente, la oralidad es parte de los postulados del proceso laboral y permite avanzar al ritmo de la palabra. Hay ciertas dificultades de orden logístico; algunas veces las grabaciones no quedan bien o no se escuchan bien. Pero, en general, opera adecuadamente. Hay una deficiencia y es que a las partes las escuchan en la audiencia, en que se va a dictar el fallo, pero muchas veces el fallo ya lo tienen construido, luego resulta medio inútil la exposición que hacen las partes. Y otro punto en que hay una deficiencia es que existe una norma en el tratado de libre comercio con EE. UU. que obliga a tener por escrito las decisiones finales de los procesos laborales. Y eso no se está cumpliendo. El tenerlo por escrito puede, para algunos, ser algo superfluo, pero es muy importante, porque queda mejor redactado, presentado, estructurado y se pueden identificar mejor las razones o los fundamentos del fallo.