La contabilidad ambiental en el desarrollo sostenible

Revista Nº 25 Ene.-Mar. 2006

Eduardo Mantilla Pinilla 

(Colombia) 

Economista y Especialista en Docencia Universitaria 

Docente Investigador de Contaduría Pública y Administración de Empresas,  

Universidad Cooperativa de Colombia 

Introducción

En el presente artículo se exponen de manera sencilla, los avances de investigaciones realizadas en la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC) —seccional Bucaramanga— sobre contabilidad ambiental, como una opción que ofrece respuesta a la necesidad de contar con información y parámetros que hagan posible evaluar la sostenibilidad ambiental dentro del proceso de desarrollo de las naciones y así cumplir con lo pactado en la cumbre de Río de Janeiro en el año 1992. Evento en el que no solo se asume la responsabilidad política del “desarrollo sostenible”, sino que se recomienda, entre otros, la incorporación de la “contabilidad ambiental” al sistema de cuentas nacionales. Sin embargo, a la fecha se ha avanzado poco en esa materia, adoleciendo de herramientas e instrumentos para medir y evaluar de manera integral los avances en la sostenibilidad en los procesos de desarrollo de las naciones.

El trabajo consiste en un sistema de contabilidad ambiental, como modelo conceptual, contando con la articulación de su propio sistema de valoración para fijar el valor relativo de las condiciones ambientales y sus cambios y estructurado como “sistema de cuentas de control y balanza ambiental, Sccobamb”, de tal forma que opere como un buen complemento en la evaluación del componente económico por interrelación con el sistema de contabilidad tradicional y con algunas prácticas de evaluación social.

El Sccobamb incorpora en su estructura, unidades sistémicas independientes, partiendo del sistema de información sectorial y de los recursos, sistema de valoración, sistema de registro o balanza ambiental y sistema de indicadores. Para un mejor entendimiento de los supuestos y aseveraciones particulares del modelo, se hace una breve descripción de los antecedentes en contexto y se describe, aunque de manera sencilla, el contenido y operación del Sccobamb, y un sistema de control y verificación de las acciones ambientales (auditoría integral ambiental).

1. Antecedentes

1.1. Por qué el desarrollo sostenible

Los seres humanos en su lucha por la supervivencia y en su afán por la acumulación de riqueza, han asumido en su historia diferentes formas de organización y producción, avanzando con dinamismo en la adopción de procesos productivos, mediante una constante innovación en la creación y transformación de satisfactores, permitiéndole al hombre proveerse no solo de los diferentes elementos que colman sus necesidades, sino la concentración de excedentes de capital, con el logro de marcados niveles de acumulación.

El afán por acrecentar riquezas, característico de las sociedades que se orientan bajo modelos de economía liberal (sociedad capitalista), junto a la irracionalidad humana, hacen incierto el futuro del planeta; al construir para sí y los demás seres vivos, un medio hostil, como consecuencia del uso inapropiado e intensivo de la naturaleza —con el respectivo agotamiento tanto de los recursos renovables como no renovables—, y a la persistente carga de contaminantes al componente natural, en medio de constantes desatinos económicos causantes de los profundos desequilibrios sociales que se evidencian en el flagelo de la pobreza característico de la sociedad moderna.

Los errores históricos, que en esencia son la respuesta a una concepción equivocada del desarrollo, al centrarse sobre las cosas, es decir, sobre los satisfactores materiales de las necesidades y no sobre el origen y tipología de estas; desconociendo que, en realidad, el desarrollo se refiere es a las personas y no a las cosas(1), hacen que los modelos orientadores del mismo, resultaran excluyentes de significativos segmentos poblacionales o desarticulados en el contexto, impidiendo así la permanencia o mejoramiento de condiciones de bienestar social con equidad y construyendo un escenario ambiental degradado.

En respuesta a las dificultades sociales y ambientales prevalecientes que comprometen la supervivencia y el bienestar humano; bajo el liderazgo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se efectuó la primera gran cumbre de la tierra, conocida oficialmente como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (Cnumad), en Río de Janeiro (Brasil) en el año 1992. De ella se destacan significativos avances con el compromiso —de los diferentes gobiernos allí reunidos— de repensar el desarrollo económico hacia la eliminación de las descompensaciones sociales y controlar la creciente destrucción de la naturaleza y el ambiente; como resultado de dicha reunión se firmó el pacto mundial del desarrollo sostenible, “... el cual enfrenta las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de hacer frente a sus propias necesidades”(2).

Los compromisos establecidos en la cumbre obligan —en consecuencia— la orientación del desarrollo con propósitos sostenibles, en el marco de una economía globalizante como referente imperativo del modelo neoliberal; implicando el avance en saberes y acciones que eliminen toda incertidumbre sobre la continuidad de la vida en la tierra y, por consiguiente, la del género humano en condiciones de bienestar individual y social. Ahí, se debe recordar siempre, que siendo el hombre el centro de todas las actividades en el planeta, con su aparente dominio sobre él, su permanencia depende de cómo él la administre. Él, por consiguiente, debe ser eficiente en la gestión de los recursos naturales y su entorno.

Con el nuevo compromiso para el desarrollo y el pacto de incorporar la contabilidad ambiental en las cuentas nacionales, surgen interrogantes de ¿cómo hacerlo y cómo evaluarlo? Si bien es cierto que en la búsqueda de la sostenibilidad se ha logrado avanzar de manera significativa con la orientación de la política, articulada a un contexto legal de acción y vigilancia, en lo económico, lo social y lo ambiental; el esfuerzo es insuficiente, si no pueden ser evaluados regularmente los procesos, condiciones y resultados. Es la contabilidad especializada para cada componente del desarrollo, la herramienta útil de evaluación y control.

2. Un sistema contable integral, la alternativa para medir el desarrollo sostenible

En virtud de las circunstancias que rodean el desarrollo de una Nación y el papel que en este juegan los recursos de la naturaleza, como fuente de suministro de los elementos fundamentales de todo proceso productivo, es imprescindible contar con herramientas que faciliten el control y evaluación del manejo ambiental, de los impactos provocados por acciones humanas o por la misma naturaleza y del registro contable de los recursos y costos ambientales, para que sean comparables periódicamente con los hechos económicos, definiendo avances hacia la sostenibilidad.

Las sociedades modernas buscando evaluar sus progresos han introducido en sus sistemas de gestión, tanto oficial como privada, algunos mecanismos de evaluación y control de las acciones que definen los procesos hacia el desarrollo nacional, con propósito sostenible, soportados en la construcción de sus propias normas y en la implementación de bases contables, pero que en ningún momento reflejan una visión integral de los componentes que hacen del desarrollo un proceso sostenible.

En el objetivo de evaluar el desarrollo de una Nación, siempre se ha medido el comportamiento económico, asimilando las variaciones presentes en los agregados económicos a partir de los cuales se define si los hechos son sostenibles o no, utilizando como instrumento la contabilidad financiera y las cuentas nacionales, cruzando información con algunos indicadores de referencia social e indicadores de aporte económico a la gestión ambiental, lo que resulta insuficiente.

Para la sostenibilidad social se cuenta con el balance social como único instrumento, el cual, si es evaluado en su propósito, resulta deficiente, al no permitir la valoración comparada de la cualificación del hombre, su bienestar y el de la sociedad, en la expresión de los aspectos intangibles que forman parte importante del valor de los negocios y los avances en la producción intelectual, como pilar del fortalecimiento de la riqueza de una Nación, para su proyección hacia el bienestar generacional.

Aparte de los ajustes imprescindibles que se deben efectuar al balance social, queda por resolver en la evaluación del desarrollo sostenible, la medición y evaluación de la sostenibilidad ambiental, en donde la alternativa quedó planteada en el compromiso de incorporar la contabilidad ambiental en las cuentas nacionales (Cumbre de Río).

Se debe tener presente que la incorporación de cuentas ambientales a la estructura ya definida y, de alguna manera, eficiente de la contabilidad nacional, puede resultar contraproducente, al tenerse que alterar información importante en la medición de los agregados económicos nacionales. Es importante tener en cuenta, además, que los recursos naturales valorados en términos monetarios como bienes sociales, mas no como privados, por sus efectos en la cadena alimentaria o por el equilibrio de los ecosistemas, su agotamiento se traduciría en un valor negativo del producto interno, al tener que registrar el uso y desgaste de la naturaleza como la amortización o consumo de capital (capital natural o recursos naturales de producción), que por sus características, representaría un mayor valor —al valor agregado— por la utilización como fuente de materias primas e insumos o como depósito de los desechos.

Un ejemplo claro lo constituye el hecho de que un árbol utilizado en la producción, implica la eliminación de beneficios sociales y ambientales que son fundamentales para la vida en el planeta, por consiguiente, no debe ser valorado por su capacidad leñosa, maderable o por sus frutos, sino por la recuperación atmosférica, la protección del suelo y por servir de hábitat a otras especies, entre otros beneficios, resultando, en consecuencia, superior el valor del daño al de la producción de mercancías.

De ahí que lo ideal sea contar con la estructura de un subsistema de contabilidad ambiental, como elemento constitutivo de un sistema integral de contabilidad nacional, independiente en su operación, valoración y registro, interrelacionado con las cuentas nacionales y con la contabilidad o balance social por medio de indicadores bien definidos y diseñados objetivamente, según los propósitos de evaluación. Véase en la figura 1 el esquema del desarrollo sostenible, articulado al sistema de contabilidad nacional, constituido por los sistemas contables para los componentes del desarrollo.

 

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En síntesis, el concepto de desarrollo, como proceso dinámico de supervivencia y bienestar, implica la articulación de los tres componentes, si se quiere asegurar la permanencia de la vida en el planeta. Los componentes económico, social y ambiental, aunque medibles y evaluables independientemente, solo con su análisis integral en un sistema de contabilidad nacional, permite el reconocimiento de los avances en el desarrollo sostenible.

Se debe enfatizar que la contabilidad ambiental no debe ser incluida dentro de la estructura de la contabilidad nacional, por centrarse en el registro de valores establecidos para los recursos naturales, los cuales no obedecen a contrapartidas, puesto que el valor de la naturaleza es independiente —en lo absoluto— de todo proceso económico y porque el valor de su agotamiento supera el de los bienes obtenidos en su explotación; pudiendo llegar a afectar los resultados contables tradicionales. En consecuencia, la contabilidad ambiental debe operar como un sistema satélite, suministrando datos para la evaluación integral del desarrollo, con información cruzada y evaluación por indicadores.

2.1. La gestión ambiental y la contabilidad ambiental

Es claro que con la permanencia de las condiciones ambientales se asegura la sostenibilidad ambiental y con ella la disposición de recursos naturales para hacer sostenible la producción de satisfactores de necesidades y contar, a su vez, con un entorno natural agradable y sano para el hombre, lo que demuestra que el componente ambiental es prioritario en el desarrollo de una Nación.

Si se quiere alcanzar con eficiencia la sostenibilidad ambiental, es importante contar con procesos de tecnología limpia que garanticen el uso adecuado de los recursos naturales y del ambiente, no solo en orden a la legislación nacional e internacional y en coherencia con las políticas sociales y económicas de cada país, sino, además, con técnicas y métodos adecuados de control, medición y evaluación, que hagan posible el seguimiento a procesos y acciones frente al contexto natural, como el aseguramiento de instrumentos que faciliten la orientación del quehacer económico, en procura de espacios de bienestar en mejoramiento continuo, definidos por la calidad de vida en un ambiente sano.

Para un seguimiento oportuno y coherente del propósito del desarrollo, es importante realizar una planeación económico-ambiental, a partir de un sistema de información que posibilite la identificación de las condiciones de los recursos ambientales y los cambios que resultaren de los impactos originados en las actividades propias del hombre o por fenómenos de la naturaleza.

Si bien es cierto, como lo ha demostrado el transcurrir del tiempo, los procesos productivos conllevan de manera inevitable al agotamiento de recursos tanto renovables como no renovables por su utilización; la situación se hace más severa, al corresponder la producción a procesos que con sus emisiones contaminan el medio, alterando las características de la naturaleza o si la explotación de los recursos corresponde al uso irracional de la naturaleza.

De los resultados de las evaluaciones de sostenibilidad, deben los gobiernos establecer prioridades entre el crecimiento económico y la conservación del medio natural; sin desconocer que resulta inevitable el crecimiento en la producción, por las implicaciones que esto tiene en la satisfacción de las necesidades y supervivencia del hombre, ante una población creciente y dinámica en gustos y preferencias. Por esta razón, la política ambiental no se debe dirigir exclusivamente a evitar la explotación o utilización de los recursos naturales, sino a la reorientación de las acciones que minimicen los efectos nocivos y al diseño de tecnologías de recuperación, mientras se logre progresar de manera significativa, en la sustitución de recursos y tecnologías de cero emisión.

Aunque el Estado es el responsable de la orientación de la política ambiental, velar por la estabilidad y conservación del medio, debe ser compromiso de todos y cada uno de los miembros de cada sociedad, siendo de trascendental importancia, los aportes que la comunidad científica realice, con la creación de nuevos conceptos sobre procesos productivos y tecnologías limpias. Como complemento a esto debe existir una política verificable, tanto en los procesos como en los resultados, debiéndose establecer parámetros de medición, apoyados en estadísticas y registros comparables en el tiempo, para poder opinar de manera acertada sobre la sostenibilidad ambiental.

En apoyo al establecimiento de estándares ambientales internacionales, para orientar las acciones empresariales se articulan las normas ISO 14000, aportando una guía para la implementación del Sistema de Gestión Medioambiental (SGA), el cual debe ser apoyado con la compilación y comprobación de hechos que expresen el estado de permanencia en la disponibilidad y condiciones de los recursos naturales y ambientales.

Las organizaciones deben garantizar datos que faciliten la valoración, evaluación y control ambiental, porque buena parte de las condiciones ambientales depende de la eficiencia en el manejo ambiental del sector productivo, por ser este el mayor contaminador al utilizar la naturaleza como fuente de materiales e insumos y destino de sus desechos. En consecuencia, estas deben clasificar las erogaciones vinculadas en el manejo ambiental, teniendo en cuenta los conceptos contables tradicionalmente establecidos y en orden a la necesidad de información de la contabilidad ambiental.

Los registros contables de la organización, al incorporar los hechos económicos con fundamento ambiental, facilitarán indicadores de gestión ambiental en la empresa, pero para asegurar procesos con calidad ambiental, se deben articular sistemas de control tanto en la ejecución de los planes de manejo como en los registros contables, soportes de un auditaje periódico, con lo cual se evaluará el desempeño financiero y los resultados o impactos ambientales en la organización, responsables de los costos socio-ambientales. En la figura 2 se presenta el contenido de la evaluación del desempeño en un sistema de gestión ambiental.

En particular, pese a los esfuerzos en la política ambiental, Colombia no cuenta con herramientas para la evaluación objetiva en los avances hacia la sostenibilidad ambiental, por cuanto, en la actualidad, solo se dispone del registro de las inversiones y gastos en la contabilidad tradicional (oficial y privada); es decir, sobre las erogaciones o dineros vinculados en la gestión o ejecución de la política ambiental, sin reflejar datos que establezcan las condiciones o cambios en los recursos naturales, que resulten de las acciones humanas y fenómenos naturales. Estos registros, aunque resultan importantes en la medición de la sostenibilidad ambiental, por lo que puedan aportar para la calificación de la gestión y la política ambiental, resultan insuficientes para emitir cualquier juicio sobre la disponibilidad y calidad de recursos naturales.

 

Fuente: Medición de la sostenibilidad ambiental. Eduardo Mantilla Pinilla.

 

Para optimizar la información, la contabilidad financiera ambiental debe reflejar los dineros vinculados con el fin de eliminar o mitigar los daños causados con las actividades de las organizaciones y en correspondencia a las variables que definen tanto el valor de los recursos como el de sus cambios, ajustando los planes de cuentas oficiales y privados en coherencia con los conceptos que incorpora el sistema de contabilidad ambiental, que se verán más adelante.

3. El “Sccobamb” como sistema de contabilidad ambiental

El diseño del sistema de cuentas de control y balanza ambiental “Sccobamb”, corresponde a una estructura de información contable que articula en su cuerpo operativo, métodos de valoración y registro del inventario natural; determinación y registro de los costos ambientales por contaminación, estructurados en la balanza ambiental y complementados con el cálculo de indicadores que sirven de herramienta estatal para la orientación del desarrollo; está integrada, a su vez, por un sistema de información que debe contar —mediante el suministro de datos— con la participación de entes oficiales y privados que manejen cifras básicas para la determinación de variables de cuantificación o valoración de los diferentes recursos.

3.1. Concepto de contabilidad ambiental

Para avanzar en el diseño del sistema, fue importante definir y comprender el concepto de contabilidad ambiental —por analogía— con el concepto de contabilidad generalmente aceptado, pero bajo un nuevo paradigma de valoración y registro, en orientación a su objetivo; la medición de la sostenibilidad.

“La contabilidad ambiental, no es más que el sistema que permite el reconocimiento, organización, valoración y registro de las condiciones y cambios en los recursos naturales y del ambiente, articulando indicadores de evaluación de la sostenibilidad ambiental en el contexto del desarrollo, estableciendo sistemas de información que faciliten el control y fiscalización de las acciones que afectan la condición de la naturaleza y el desarrollo nacional”.

Como ya se ha mencionado, el desarrollo de una Nación debe ser evaluado de manera integral, el hombre, su entorno natural y la economía. No obstante, durante años solo se ha determinado la condición económica; los resultados o hechos que la soportan se determinan y registran bajo patrones monetarios, a diferencia de lo social y lo ambiental, en los cuales se realiza su medición con la cuantificación en unidades físicas o valores cualitativos, lo que hace heterogénea la información sobre las variables y parámetros que demuestran la relación existente entre la satisfacción de necesidades, el bienestar de la comunidad y el desempeño de las organizaciones de producción y distribución de bienes y servicios, dificultando la evaluación objetiva y, por ende, la orientación de la política de desarrollo nacional.

Es necesaria la valoración monetaria de los resultados en la política social y la de los inventarios de recursos naturales y costos ambientales, para facilitar comparaciones coherentes con el comportamiento de la economía, pero teniendo en cuenta que el valor de lo social y lo ambiental no depende de la cantidad de dinero que se destine en el manejo o gestión, sino de parámetros y variables que deben ser definidas de acuerdo a los beneficios que se reflejen en el bienestar de las personas.

Es importante precisar que: “La conservación, mantenimiento y recuperación medioambiental, implica la vinculación de dineros, pero el valor de cada recurso obedece a su disposición, a su condición y a la relación con el hombre y su contexto”.

De otra manera, si lo fundamental es establecer la permanencia del bienestar y de los espacios de supervivencia con relación al entorno natural, no bastan las comparaciones en el tiempo sobre la existencia o alteración física de los recursos, establecidas en los estudios de impactos ambientales; porque de hecho, el inventario físico de recursos ambientales o la descripción de sus características, dificultan una comparación acertada y objetiva con los hechos económicos, por corresponder a expresiones o patrones referenciadores, de diferente tipología.

Un ejemplo lo constituye lo impropio que resulta la inferencia de conclusiones de sostenibilidad a partir de un análisis en la producción de (x) millones de pesos en muebles de madera como aporte al PIB, con el agotamiento de (n) árboles o con cierto número de hectáreas de flora, con lo cual solo se está midiendo el agotamiento del recurso flora, mas no el efecto que esto tiene en el equilibrio ambiental y bienestar de los seres vivos; resultando imposible medir el impacto de la industria de la madera en la sostenibilidad, o definir las compensaciones necesarias para reponer o recuperar los daños causados en el entorno.

Una situación apremiante por resolver es la valoración ambiental en cifras monetarias, como alternativa eficiente en la comparación cruzada de los efectos de la actividad económica, en la condición ambiental. Esto no es tarea fácil, pues el bienestar del hombre por la calidad de su entorno, no corresponde a los beneficios directos derivados del usufructo de la naturaleza, ni exclusivamente de la disponibilidad y utilización del dinero para darle trato a los bienes ambientales como bienes privados, en donde su valor se tasa en un mercado; porque el valor de los recursos ambientales no corresponde a valores inducidos por la individualización o privatización de sus beneficios, sino al equilibrio de vida en el planeta.

Es cierto que el hombre aporta esfuerzos económicos para la reproducción de los elementos de la naturaleza, pero esta acción solo es facilitadora en la ubicación y reposición de recursos, siendo la misma naturaleza la encargada de la generación y transformación de los recursos, como en el caso de la flora y la fauna, las cuales resultan de la transformación de energía en materia (biomasa) —proceso independiente de la intervención del hombre—. Los dineros destinados en este tipo de gestión ambiental no forman parte del recurso, haciendo incoherente el concepto tradicional de valor de la producción agropecuaria y forestal.

En cuanto a los costos ambientales, un concepto al que hay que dar claridad, hace referencia a que estos resultan del sacrificio que se hace de la naturaleza con el correspondiente efecto en el bienestar del hombre y no exclusivamente de las erogaciones efectuadas para recuperar o producir recursos, pues la recuperación requiere de períodos definidos de tiempo durante los cuales se afecta la calidad de vida de la población y demás seres relacionados con los recursos afectados o impactados.

Si lo que se pretende es evaluar la sostenibilidad ambiental, es importante entender que esta solo es posible en la medida en que los recursos se mantengan en volumen y condiciones, pues toda reducción del inventario natural o la alteración de características en los diferentes elementos que lo constituyen, es sinónima de contaminación, con las consecuencias lógicas en el bienestar social y equilibrio natural.

Atendiendo los razonamientos hasta aquí expuestos, el sistema de cuentas ambientales propuesto “Sccobamb”, constituye un nuevo paradigma contable, al responder con independencia en la fijación de valor de los recursos, diferente al sistema de precios de mercado y al asumir una dinámica de registro diferente a la costumbre contable.

En síntesis, el sistema difiere en su esencia de los sistemas contables financieros, tanto en la dinámica de los registros como en su origen y soportes, en razón de que el valor de los recursos no lo definen las transacciones comerciales de sus beneficios privados, sino el valor agregado de los diferentes beneficios en su contexto e interrelacionados con el hombre; los beneficios sociales, económicos, ambientales y los costos corresponden al sacrificio de los recursos que implica su agotamiento o alteración, identificados en las reposiciones, recuperaciones y externalidades, entre otros, como se verá más adelante.

La estructura del Sccobamb se construye con apoyo en las referencias obtenidas de las diversas ópticas y trabajos investigativos que se han efectuado en el ámbito nacional e internacional sobre temas ambientales, sin perder la óptica de lo que representan los recursos en el proceso de supervivencia. Con esto se logra el diseño conceptual de un modelo de valoración y registro de las condiciones ambientales y sus costos, que cumpla con el propósito de determinar y evaluar —bajo un mismo patrón de medida— la moneda, la gestión integral del desarrollo y sus resultados, con la comparación por indicadores, al interrelacionar sus componentes.

En la figura 3 se presenta la estructura del sistema de cuentas de control y la balanza ambiental “Sccobamb” y su contenido sintético. Esta refleja un manejo integral de información que va más allá de la simple clasificación y registro de datos de recursos naturales, pues el sistema de contabilidad ambiental debe asegurar todos los datos pertinentes para su correcta operacionalización, lo cual implica, por ende, la articulación de fuentes de información y clasificación de datos, técnicas y métodos de valoración de recursos y determinación de costos ambientales, registro sistemático en las cuentas y sistema de evaluación por indicadores.

 

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Para facilitar la medición de los avances en la sostenibilidad ambiental, el sistema contable propuesto cuenta con el diseño de un software denominado al igual que el modelo contable Sistema de Cuentas de Control y Balanza Ambiental (Sccobamb), constituido por nueve (9) módulos independientes que recopilan la información sobre datos y variables constitutivas del valor por recurso y un programa central que consolida toda la información para la valoración del inventario de los recursos, su registro y movimiento de cuentas ambientales y cuentas de capital (inversiones y gastos), articulando el cálculo y manejo de los indicadores (estructura, costos, gestión, resultados e impacto).

3.2. Contenido del ‘Sccobamb’

El sistema de cuentas de control y balanza ambiental, contiene:

• Un sistema de información sobre los recursos o hechos relacionados con estos, a partir de las diferentes bases de datos que manejan las instituciones oficiales o privadas, como: estadísticas de existencias o inventario natural, caracterización de recursos individualmente o por ecosistemas, estadísticas de situaciones que parametrizan los beneficios y efectos de la contaminación en el hombre, su economía y su mismo entorno, tanto por su uso como por la alteración de sus atributos.

• Un sistema para la valoración en patrón moneda de los recursos y los costos ambientales, definido en orden a un enfoque antropocéntrico de valor relativo a los beneficios y efectos, mas no bajo la concepción de valoración intrínseca, valor absoluto o con el mismo tratamiento de los bienes privados que definen su valor a precios de mercado.

• Un sistema de cuentas estructurado en la balanza ambiental, con registros por partida sencilla, conformado por dos grupos de cuentas: las cuentas ambientales para el registro de inventarios y costos ambientales y las cuentas de capital, constituidas por el flujo de las inversiones y gastos efectuados en la ejecución de la política ambiental.

• Un conjunto de indicadores que actúan como instrumentos de comparación y evaluación integral, al permitir análisis tanto al interior del sistema ambiental como por cruce con la contabilidad nacional. Esto implica que la evaluación y control de los valores se efectúan otorgándole importancia a indicadores estructurados para el cruce de información con otros sistemas de datos, tales como la contabilidad financiera de organizaciones de carácter oficial o privado, la contabilidad estatal o pública y registros del sector salud sobre morbilidades, entre otros.

3.2.1. De las cuentas ambientales

A las cuentas ambientales corresponden cada uno de los recursos, registrándose de manera independiente cuando están totalmente intervenidos por el hombre, producto de sus actividades agropecuarias o en la explotación de recursos naturales y los recursos asociados en una unidad constituida e indivisible porque pierde su función natural, definido como un ecosistema integral.

Los recursos representan las cuentas de primer orden o cuenta principal, cada una de ellas se divide en subcuentas o de segundo orden, de acuerdo a los parámetros que definen la importancia de los beneficios por su uso, disposición o según sean sus características. Algunas de estas, a su vez, contemplan cuentas de tercer orden, teniendo como base los usos específicos o clasificaciones comerciales.

A las cuentas ambientales corresponden dos clases de registro independientes entre sí, el de inventarios y el de los costos ambientales, por cuanto la determinación del valor para los dos tipos de registro corresponde a métodos de cálculo diferente. Para los costos ambientales se debe tener en cuenta que estos no son originados de manera exclusiva en la reducción de los inventarios, sino en la alteración de los atributos de los recursos, reflejados en las consecuencias sobre el hombre, su economía y su entorno. En sí el registro corresponde a:

• Inventarios que definen un valor patrimonial de los recursos como activos naturales de una sociedad o valor de existencia del recurso, excepto la atmósfera y el sonido que no posibilitan ni ameritan una valuación por este concepto; el valor de los inventarios de cada recurso lo conforman los registros en subcuentas definidas de acuerdo a los beneficios generados y de conformidad con las normas regionales, nacionales e internacionales de clasificación; teniendo presente que los registros se alteran por cambio en los volúmenes o extensiones que constituyen los inventarios y por alteración de las características de los recursos.

• Costos ambientales. Debido a que estos no se originan solamente en el cambio del inventario físico del recurso, sino en un complejo de variables determinadas en la alteración de los beneficios, efectos colaterales y externalidades —que modifican el equilibrio en el planeta y la condición de bienestar y supervivencia de la humanidad—, se establecen como herramienta útil en la evaluación de los impactos ambientales de la actividad económica y en la medición de la sostenibilidad.

Los datos sobre existencia, condiciones y los cambios en los recursos, se procesan de acuerdo con los métodos y técnicas definidos para asignar valor monetario a todos y cada uno de los componentes de la naturaleza, constituyendo la base del registro de las cuentas ambientales.

Las dinámicas de registro en las cuentas ambientales las define el registro por partida simple del valor de cada recurso, incorporando dos tipos de registro, uno corresponde a las condiciones o inventarios y el otro a los cambios o costos ambientales, excepto las cuentas de atmósfera y sonido, en las cuales el registro corresponde solo a los costos, al resultar imposible cuantificar los inventarios y, no menos difícil, asignarle valor a su existencia.

La partida sencilla tiene validez porque lo realmente importante es demostrar la sostenibilidad de los recursos, es decir, la permanencia de las características y el volumen; lo cual es independiente del flujo monetario que la procure, del valor comercial de los productos obtenidos por su explotación, de la apropiación y venta de los recursos o de la intencionalidad de pago para sostenerlos.

3.2.2. De las cuentas de capital

En el caso de las cuentas de capital, se registran simplemente las inversiones y gastos de conservación, mantenimiento y recuperación ambiental, ya registrados en la contabilidad financiera de carácter oficial y privada.

Las cuentas de capital la conforman dos grupos: las de primer orden, denominadas cuentas de inversión, y las cuentas de gastos, correspondientes a las asignaciones que se efectúan dentro de los programas de manejo ambiental, tanto por parte del sector privado como el oficial. Estas dos partidas se clasifican en subcuentas o cuentas de segundo orden, según sea el carácter de la erogación, de tipo general o por cada recurso. En las cuentas de inversión se registran las erogaciones que constituyen un componente físico en el desarrollo de la política ambiental, mientras los gastos se refieren a partidas diferentes a componentes materiales.

Si bien es cierto que todos los componentes del Sccobamb son de trascendental importancia como sistemas de información contable ambiental, merece especial atención el sistema de valoración, por cuanto de su método y concepción depende la eficiencia en la medición y evaluación de la sostenibilidad ambiental y del desarrollo de la Nación.

3.2.3. De la valoración ambiental

La perpetuidad de la vida en la tierra es responsabilidad de quienes administran el planeta, es decir, “del mismo hombre”. De ahí, la importancia de que los procesos económicos y demás acciones humanas no sigan poniendo en peligro la permanencia de los recursos naturales y las condiciones ambientales, como soportes del bienestar y la supervivencia.

Los recursos naturales y ambientales son alterados con mayor frecuencia en los procesos propios de la actividad económica, lo que implica la adopción de patrones de valoración y de variables comparables con los parámetros utilizados en la evaluación económica, si se quiere llegar a un juicio preciso o lo más aproximado en la determinación de la sostenibilidad. Es decir, en la evaluación de la sostenibilidad ambiental, como elemento imprescindible del verdadero desarrollo de una Nación, se deben establecer valores monetarios a los recursos naturales y ambientales, por su relación con la supervivencia y el bienestar del hombre, propósito central de la economía.

• La valoración ambiental y el fundamento económico. En la valoración de los recursos de la naturaleza se ha avanzado muy poco. En algunos países se han adoptado métodos y técnicas de valoración ambiental, recurriendo a las teorías clásicas de valoración, en donde el valor (precio) lo establece el mercado; asignación fundamental en el análisis y determinación de bienes privados, lo cual no es propio en los bienes naturales o libres, cuyos beneficios son de carácter colectivo y no se pueden privatizar.

Es importante recordar, una vez más, que la humanidad en la medida en que permanece o habita la tierra, se constituye en la simple administradora de la misma y sus contenidos naturales; esta ha sido creada por Dios para el disfrute del hombre, pero se debe asumir como un préstamo generacional —“hoy estamos nosotros, mañana nuestros hijos y a partir de ahí nuestra descendencia”—, ya que del manejo que se le dé hoy depende el bienestar de las generaciones futuras.

No es atrevido afirmar que: “La contabilidad ambiental se convierte en testigo de la forma como asumimos nuestra responsabilidad con el futuro de la humanidad, nuestra propia descendencia y el legado de Dios, el planeta y la vida en él”.

El hecho de ser un legado, todo el contexto natural, implica que su valor real no pueda ser expresado en patrones monetarios; de ahí que la propuesta se refiera a la valoración relativa de la naturaleza como un valor aproximado en la medición de la sostenibilidad, en procura del redireccionamiento de las acciones del hombre a la preservación de la vida y la naturaleza.

Antes de contemplar cualquier método de valoración de recursos naturales, es importante para su interpretación aclarar los fines y propósitos que con ello se persigue, mereciendo especial atención el fundamento de la contabilidad ambiental; ya que si bien los propósitos se asemejan a los de toda contabilidad —servir de herramienta de evaluación y control—, sus características obligan la adopción de una dinámica especial.

De otra manera se debe recordar que como el propósito de la contabilidad ambiental es suministrar información para evaluar las sostenibilidad de los recursos y su aporte al desarrollo sostenible, las cuentas deben expresar en relación con el bienestar social, el valor de los recursos y sus cambios, porque la sostenibilidad no implica solamente la permanencia de recursos, sino también las condiciones de bienestar. Además, son los costos ambientales los que al considerar variables respecto a efectos en el hombre —su salud, economía y entorno—, permiten una aproximación a la medición de la sostenibilidad ambiental en el desarrollo nacional.

Si bien es cierto que existe una estrecha relación entre los recursos de la naturaleza y el dinamismo de la economía, el valor de los recursos va más allá del simple beneficio económico generado por las transacciones de su usufructo, al ponerse en riesgo el equilibrio ambiental y un bienestar colectivo o social. Estas dos condiciones impiden la valuación de los recursos en un mercado como si fuese factible la privatización de sus beneficios; sin embargo, tampoco lo es atribuirle valor por los egresos vinculados en su conservación, mantenimiento o recuperación, puesto que los recursos de la naturaleza son fuente de grandes beneficios, originados en los mismos procesos de transformación natural.

Un ejemplo claro lo constituyen las plantas, que no obstante ser cultivadas y cuidadas por el hombre para su usufructo, su crecimiento es producto de la transformación de la energía en materia, mas no de la cantidad de dinero que se haya asignado para su sostenimiento, lo cual solo permite evaluar su beneficio económico, excluyendo variables importantes como la oxigenación de la atmósfera, la protección del suelo, la conservación del agua y servir de hábitat para otras especies vivas, potencializando así su valor por encima de lo económico.

Dada la complejidad en los beneficios aportados por los recursos de la naturaleza, su valoración real está distante de cualquier método existente, por consiguiente, se deben ajustar procesos y técnicas que aproximen su valor relativo al hombre y sus beneficios directos e indirectos, es decir, bajo un enfoque antropocéntrico.

• La valoración ambiental y el paradigma contable. De la misma complejidad en la valoración de los recursos, se desprende la dificultad en adoptar el paradigma contable de la partida doble para ejecutar la contabilidad ambiental, obligando el establecimiento de un nuevo paradigma contable, la partida simple. De hecho, la importancia de la partida doble ha quedado demostrada en su misma historia y trascendencia, por consiguiente, un enfoque diferente no significa una revaluación o poner en entredicho su funcionalidad, como tampoco es la razón contradecir las costumbres y las normas contables que rigen la información de la actividad económica nacional, lo importante es complementar los sistemas de información para acceder a la evaluación del desarrollo sostenible.

Lo realmente significativo con la contabilidad ambiental, es hacer coherente el origen del valor de cada recurso, su determinación y su registro contable, para una correcta evaluación de la sostenibilidad ambiental en contexto con el desarrollo nacional.

Al no tener cada recurso el origen de su valor en una transacción económica, sino en un complejo de variables y métodos, difícilmente el registro contable debe corresponder a una contrapartida monetaria, pues su valor es independiente del ingreso que se origine en sus beneficios por explotación económica o en los dineros vinculados para su conservación.

Los dineros que se originan o vinculan con relación a la naturaleza, sirven como agregados o variables intervinientes en su valoración y para un análisis comparativo en la evaluación del proceso de sostenibilidad. No obstante, no sirven como determinante absoluto del valor relativo del recurso, pues esto solo refleja su importancia económica, la cual ya se ha registrado en la contabilidad financiera de la empresa cuando se incorporan los recursos como insumos o factores de producción, con los respectivos ajustes contables, dejando a un lado la verdadera importancia de la naturaleza, que es un elemento fundamental en el bienestar y la supervivencia de la humanidad, conllevando —a la postre— que este desconocimiento permita su devastación, otorgando primacía más a lo económico y material que a cualquier otra cosa.

Si los recursos naturales y ambientales no obedecen su valor a transacciones económicas, esto implica una independencia de los flujos monetarios —por privación de sus beneficios o por la remuneración de factores de producción—, por no ser bienes producidos por el hombre, debiendo efectuarse su registro contable por su valor relativo a efectos sobre la calidad de vida, lo cual no tiene contrapartida. Como ejemplo se puede citar el hecho de canalizar un río: el valor de las inversiones no implica un mayor valor del recurso hídrico; este depende del volumen de agua y la calidad o características de la misma, en consecuencia, como no es una transacción la que determina el valor del recurso hídrico, el asiento contable en la balanza ambiental se debe efectuar por partida sencilla, en donde este esfuerzo económico se registra en las inversiones dentro de la cuenta de capital, mientras el recurso es valorado conforme a la metodología sugerida en el Sccobamb (valor de reposición y recuperación), para lo cual se registra en la correspondiente cuenta ambiental (recurso agua, agua superficial segura).

Los dineros vinculados o comprometidos en acciones de conservación y control ambiental, se registrarán como cuentas independientes, en la balanza ambiental, bien sea como inversión o gasto, según sea el resultado del egreso e independientemente del registro financiero que se realice en la organización responsable del flujo monetario.

En el caso de los ingresos originados en el aprovechamiento o explotación de los recursos, se registrarán como un mayor valor del recurso, siempre y cuando los beneficios se obtengan en uso ambiental, es decir, no se haga necesaria la eliminación del recurso de la naturaleza, y, de igual manera que en las inversiones o gastos, serán registrados en la contabilidad financiera de la organización, sin que en los dos casos constituya doble contabilización.

En síntesis, la contabilidad ambiental implica el cambio de paradigmas, tanto en el origen de los valores como en la dinámica de registro, en coherencia con su propósito contable y con el origen del valor de los recursos de la naturaleza, y sin pretender reñir con la costumbre contable establecida desde Lucas Pacciolo, sino establecer un complemento a los sistemas contables tradicionales, en busca de una verdadera integralidad en la evaluación del desarrollo nacional.

3.3. Valoración de los recursos naturales y ambientales

¿Qué determina el valor de los recursos? Establecer el valor de los recursos de la naturaleza en términos monetarios, es quizás el tema más complejo dentro del análisis del desempeño de una economía, cuando se pretende evaluar sus avances en el desarrollo con sostenibilidad. Si el dinamismo económico se mide por el flujo de dinero, todos sus efectos —sociales y ambientales— se deben comparar y evaluar con los mismos patrones, de lo contrario, las expresiones que resulten de los análisis serían subjetivas e incomparables, careciendo de una importancia relativa para redireccionar la política de sostenibilidad.

La valoración o determinación de costos ambientales, implica el reconocimiento de las condiciones y las características de los recursos, porque de ello depende su valor relativo y aproximado en referencia a los beneficios y efectos sobre el hombre, puesto que las cosas tienen valor en la medida en que le reportan algún bienestar al hombre, adquiriendo, a su vez, la categoría de bienes.

Es claro que la ciencia económica, en su constante teorización, ha dado respuesta con la fijación de precios a la expresión del valor de cambio de las cosas que se provee el hombre para la satisfacción de sus necesidades; pero para el caso de los bienes naturales —denominados en un momento histórico como bienes libres—, vale la pena revisar los conceptos sobre valor.

Se empleó el término de bienes naturales con el fin de enfatizar la importancia que posee la naturaleza en la satisfacción de las necesidades de la humanidad. Hay que aclarar, que bien es todo elemento material capaz de satisfacer una necesidad, de manera directa e indirecta, siendo totalmente cierto para los recursos naturales, pero que a diferencia de los demás bienes, los beneficios no son objeto de usufructo privado o individual, por ende, no obedecen su valor a transacciones en los mercados o valor de cambio.

Cuando los elementos adquieren la categoría de bienes, es porque se les atribuye un valor de uso por la capacidad para satisfacer necesidades, el cual es identificable, pero no medible, porque depende del sujeto que lo usufructúa o se beneficia directamente, y en esto influyen muchos factores de tipo social, psicológico y cultural, que no corresponden a patrones de fácil cuantificación.

La responsabilidad en el establecimiento del valor de las cosas, corresponde a los mercados como fijadores de precios en patrones monetarios; destacándose la importancia de ello, al hecho de que la articulación de todos los mercados en un país, define el sistema de precios que rige la actividad económica y su dinamismo por la interacción de los diferentes agentes económicos que originan y estructuran el sistema.

Si se revisa con cuidado el origen del conjunto de bienes que se intercambian en una Nación, sería relevante el papel de los recursos de la naturaleza; sin embargo, el valor de estos bienes objeto de explotación no definen su valor en el sistema de precios, porque los beneficios económicos obtenidos son solo un reflejo parcial del aporte al bienestar de la humanidad, pues es el ecosistema el que contextualiza la vida en el planeta, el que rige y perpetúa la misma por los equilibrios resultantes de la interrelación natural; condición que permite afirmar que los recursos naturales corresponden a una categoría de bienes, superior a la de los bienes económicos, debiendo ser tratados de una manera diferente.

Los recursos de la naturaleza y del ambiente en esencia son bienes, pero, a diferencia de los demás, el disfrute de todos sus beneficios no puede privatizarse, por su carácter de bienes colectivos, tanto para el hombre como para los demás recursos que conforman el ecosistema global; por consiguiente, cuando el hombre accede a los beneficios ambientales, no puede definirse un valor de cambio, y si este existe, es por usufructo parcial de los beneficios, básicamente por aprovechamiento del componente económico que se deriva de actividades o explotación del sector primario de la economía. Esto implica la adopción de métodos y el establecimiento de parámetros que aproximen al valor relativo del bienestar integral originado en la naturaleza (socioambiental y económico), por su simple exposición como recurso libre y fuente de múltiples beneficios, porque lo importante —y que se pretende con la contabilidad ambiental— es asignar valor monetario a los recursos de la naturaleza como elementos individuales de beneficio colectivo, según su relación y disposición en el contexto del hombre y como ecosistemas integrales para concluir con la evaluación de su sostenibilidad.

En los bienes económicos se identifican dos categorías de valor, el de uso o satisfacción de una necesidad privada y el de cambio, siendo este último, el reflejo del beneficio económico; mientras que en los bienes o recursos naturales priman los beneficios colectivos y de interrelación sistémica entre ellos, los beneficios individuales existen, pero como aporte parcial. En consecuencia, en la naturaleza se definen tres tipos de beneficios que determinan su valor de uso:

Beneficio económico. Se establece al ser la naturaleza la proveedora de todos los materiales utilizados en los procesos productivos y de un innumerable conjunto de bienes para consumo directo, siendo explotados comercialmente en las economías de mercado. Estos beneficios se obtienen en desuso ambiental o uso ambiental; en el primer caso, se tienen aquellos elementos naturales que para satisfacer una necesidad se requiere de la eliminación de la naturaleza o de su agotamiento; correspondiendo a los beneficios en uso ambiental, los derivados del usufructo del recurso sin su agotamiento parcial o total.

Beneficio ambiental. El beneficio ambiental se identifica en la misma condición natural por la interrelación de recursos, al establecerse la cadena de equilibrio sirviendo unos recursos como hábitat de otros, con la conformación de la cadena alimentaria o al servir unos recursos como protectores o recuperadores naturales de otros. Dichos beneficios serán contemplados en detalle en la valoración del correspondiente recurso generador.

Beneficio social. Es conocido que un ambiente sano permite una comunidad sana, porque de la calidad del entorno del hombre depende en gran medida su salud. Es la naturaleza la que le brinda al hombre espacios de comodidad en su entorno, la flora elimina las distorsiones —ruido y polución— ocasionadas por las actividades propias del mundo moderno, protege el suelo y estabiliza el clima, entre otros.

De lo anterior se desprende que los recursos naturales no poseen valor de cambio y que en patrones monetarios contemplan un valor superior al que se podría establecer con la determinación de los beneficios económicos generados; sin embargo, resultaría imposible definirlos en términos absolutos y reales, porque de ellos depende la vida en el planeta, lo cual no se transa en un mercado.

Con la contabilidad ambiental se plantea el establecimiento de los aportes de la naturaleza al proceso de sostenibilidad en el desarrollo, el cual está en función del bienestar y la supervivencia de la sociedad que se evalúa, por consiguiente, es en la valoración relativa al bienestar del hombre, en donde se puede aproximar la medición y evaluación del componente ambiental como partícipe trascendental en el verdadero desarrollo de una Nación y como máxima expresión de la calidad de vida de la sociedad.

El Sccobamb soporta un sistema de valoración ambiental para los diferentes recursos y en coherencia con la disposición de las cuentas estructuradas en la balanza ambiental, bajo el concepto de valoración multivariable, las cuales corresponden al beneficio integral (económico, social y ambiental).

La propuesta, por el carácter innovador, al cambiar paradigmas en lo contable y en la fijación del valor de los recursos de la naturaleza, ha requerido de significativos esfuerzos que conduzcan a demostrar la pertinencia de los procesos y resultados en la medición de la sostenibilidad ambiental; pues aquí lo verdaderamente importante no es contar con cifras que expresen el valor real del patrimonio natural de una sociedad, sino disponer de cifras que permitan evaluar el comportamiento histórico de la calidad e inventario de recursos con relación a la evolución de la economía y el bienestar social, para así conceptuar sobre las perspectivas generacionales.

Si se ha logrado avanzar de manera significativa en la estructura de la contabilidad ambiental, de todas maneras hay mucho por recorrer, si se quiere alcanzar una cultura ambiental y aprovechar espacios para el conocimiento integral de los profesionales de la Contaduría y profesiones afines.

4. La valoración atmosférica —metodología ‘Sccobamb’—

Como ya se expresó, la propuesta contempla un sistema de valoración con cobertura para todos los recursos ambientales, pero como referencia, acá se expone el método establecido para determinar los costos por contaminación atmosférica, el cual es muy singular.

El recurso aire —por sus características— no es objeto de valoración en su inventario, puesto que la atmósfera cambia permanentemente de condición y lugar (Mantilla: 2005).

La atmósfera es un recurso fundamental para la subsistencia de los seres vivos, evidenciándose con su alteración, deterioros en la salud, básicamente por agentes contaminantes que generan enfermedades de alto riesgo. Por consiguiente, la valoración se limita a la determinación de los costos ambientales, generados por los cambios que se producen en la calidad del aire que se respira, reflejados en las erogaciones necesarias para corregir dichas afecciones y los efectos económicos directos e indirectos por alteración de la producción y sus costos.

La contaminación atmosférica es un problema mundial que involucra aspectos sociales, económicos y de salud en la humanidad, por lo tanto, lo esencial es conocer cuánto se está pagando para tener una buena salud. Al identificar las diversas patologías de origen atmosférico se puede determinar el costo de tratamiento de estas, sirviendo como variable en el método utilizado y, de esta forma, se conoce el valor económico del impacto negativo por la contaminación del aire, que, en este caso, se llamará daño emergente que genera en las personas pérdidas temporales de su capacidad de trabajo y gasto en el tratamiento de las enfermedades.

— Definición del método. Si se hace la valoración del recurso aire, al igual que otros recursos ambientales básicos en la supervivencia del hombre, este no tiene precio por su existencia, pero la alteración de su estructura produce efectos negativos en el hombre. Esto implica que la contaminación del aire (alteración de los niveles mínimos de aceptación por el ser humano), debe ser valorado por el costo de corrección del daño emergente. El método consiste en calcular cuánto gastan los individuos para tratar las enfermedades producidas por contaminación atmosférica; según los informes médicos, un alto índice de morbilidad respiratoria tienen como agente patológico el estilo de vida y ambientes mal sanos, caracterizados por la alta polución del aire. A este problema se suman efectos económicos al alterar la producción agrícola por lluvias ácidas, por las incapacidades en la población económicamente activa ocupada, por el pago de incapacidades médicas, etc.

En la eliminación del daño causado o condición patológica se debe tener en cuenta:

Costo del tratamiento:

• Consultas.

• Exámenes.

• Medicamentos.

• Dispositivos.

• Cirugías.

• Costo alternativo.

• Pago de incapacidad.

• Costo cesante.

Costo emergente en la producción. Pérdida total o parcial de cosecha por precipitación contaminada:

• Valor de la producción esperada.

• Valor de la producción real.

Método:

 

Donde:

VCA: Valor contaminación del aire.

Ct: Costo de tratamiento de la enfermedad.

Ca: Costo por incapacidad o lucro cesante.

Cep: Costo emergente en producción por pérdida en cosecha por precipitación contaminada.

Ct = Co + E + M + D + Cr

Donde:

Ct: Costo del tratamiento.

Co: Valor de las consultas.

E: Valor de los exámenes.

M: Valor de los medicamentos.

D: Valor de los dispositivos.

Cr: Valor total de las cirugías.

Ca = Cc

Donde:

Cc: Costo cesante o ingreso dejado de recibir.

Cep = Vpe - Vpr

Donde:

Cep: Costo por pérdida total o parcial de la cosecha.

Vpe: Valor de la producción esperada.

Vpr: Valor de la producción real.

Con esta propuesta, el costo ambiental por contaminación atmosférica mide el costo social para una comunidad circunscrita a la zona de influencia de las instituciones de salud, el cual debe complementarse con información que dé la posibilidad de identificar la procedencia de la polución, para así poder orientar la política de gestión ambiental. De ahí que el Sccobamb, en el módulo diseñado para el sector salud, permita mapas de frecuencias que establecen las áreas o zonas de concentración de población afectada, a partir de lo cual se identificarán las fuentes emisoras, bien sea por observación de zona o por análisis de mapas de dispersión.

Bibliografía

ASOCARS. (2002) El conversatorio, Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible. Casa Editorial El Tiempo, Año 1, n.º 1, mayo del 2002, Bogotá.

AZQUETA OYARZUN, Diego. (1996) Valoración económica de la calidad ambiental. Universidad de Alcalá de Henares. Ed. McGraw - Hill.

MANTILLA PINILLA, Eduardo y OTROS. (1998) Diseño conceptual de un sistema de cuentas para el control y la balanza ambiental. (Circulación interna), UCC, Bucaramanga.

MANTILLA PINILLA, Eduardo y OTROS. (1999) Los costos ambientales en los proyectos de desarrollo. (Circulación interna), UCC, Bucaramanga.

MANTILLA PINILLA, Eduardo y OTROS. (2005) Medición de la sostenibilidad ambiental. Bogotá: Ed. Educc, p. 134.

MAX-NEEF, Manfred y OTROS. (2001) Desarrollo a escala humana. Montevideo: Ed. Nordan Comunidad, p. 148.

(1) Max-Neef, 2001, p. 25.

(2) Asocars, mayo del 2002, p. 7.