“La contabilidad es una herramienta de economía, no de ley”

Revista Nº 138 Nov.-Dic. 2006

Nubia Yomara Velandia F.; 

Jhon Alexánder Álvarez D. y Andrea del Pilar Rocha G. 

Especial para la Revista Impuestos 

En días pasados, David Alexander y Simon Archer —expertos en normas internacionales de contabilidad(1)— presentaron en Colombia la versión en español de su libro Guía Miller de Normas Internacionales de Contabilidad / Normas Internacionales de Información Financiera 2005 - 2006. Esta obra busca convertirse en un manual que permita entender los parámetros para registrar y revelar la información contable, bajo las normas que allí se analizan.

En entrevista con Revista Impuestos, los dos expertos dieron respuesta a algunos importantes interrogantes que surgen en la lectura del libro, tales como: ¿cómo afectan las normas internacionales de contabilidad (NIC) el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas?, ¿cuáles han sido los resultados de las NIC en los países de la Unión Europea?, y, ¿cuál debe ser el proceso de adopción de esos estándares en las llamadas economías emergentes?, entre otros.

REVISTA IMPUESTOS: ¿Cómo se integra el cuerpo de estándares internacionales de contabilidad dentro de la dinámica de la globalización?

Simon Archer: Las NIC son aceptadas por las comisiones internacionales de bolsas de valores para las compañías inscritas. No obstante, tenemos que excluir a EE UU. Esto, en razón a que ellos no han aceptado los informes anuales con base en normas internacionales de información financiera (NIIF). La armonización generalizada de los estándares internacionales de contabilidad representa una parte importante en el desplazamiento hacia los mercados de capitales internacionales globalizados y la liberación de los flujos de capitales.

David Alexander: El único comentario que quiero agregar es que tenemos que empezar a pensar qué significa la globalización en sí. Ciertamente, lo que significa es una expansión del mercado. No quiere decir que todos debemos pensar igual en todas partes; hay que preservar cierta diversidad. Ver la posibilidad de trasladar la información contable, pero, al mismo tiempo, entender las diferentes actitudes de las naciones y sus necesidades hace de este proceso algo muy interesante.

R. I.: ¿Los sistemas de información contable deben basarse en el modelo de regulación legal antes que en fundamentos disciplinarios?

S. A.: Nosotros diríamos que es todo lo contrario. Los abogados a veces se enojan y no están de acuerdo. Ellos dicen que la obligación legal tiene que aplicarse a las normas contables, pero no están calificados para resolver problemas de este tipo. Y es un hecho histórico que, en aquellos países donde las normas contables están impulsadas por la ley tributaria, estas aportan muy poco a la transparencia en la función empresarial.

D. A.: Tenemos que definir qué queremos decir con fundamentos legales. Supongo que es la disciplina contable más que la contabilidad como profesión. Uno de los aspectos más difíciles es la relación entre contabilidad y ley. La contabilidad se puede basar en la ley, pero en el sistema anglosajón tiene más independencia, tanto como profesión como disciplina. La contabilidad está diseñada para satisfacer las necesidades de un mercado. Eso es precisamente lo que plantean los estándares internacionales: la contabilidad es una herramienta de economía, no una herramienta de ley. Tiene que ver con suministrar información económica relacionada con situaciones económicas. Los abogados tienen que seguir trabajando independientemente, aplicando y monitoreando la disciplina contable en sus fundamentos y en su práctica.

R. I.: ¿Cuál ha sido la experiencia internacional en la implementación de estándares internacionales de contabilidad y auditoría frente al ejercicio profesional del contador?

S. A.: Ha costado mucho trabajo y dinero. A los vicepresidentes financieros y contables les ha causado numerosos problemas, hasta depresiones nerviosas. Pero a las firmas de auditoría les ha dado una nueva fuente de recursos, porque la auditoría se había convertido en un comodity con márgenes muy pequeños de utilidad. La implementación de estos estándares les ha permitido agregar un nuevo valor. Lo cierto es que sí impone un gran peso para el desarrollo profesional, especialmente en aquellos países donde la profesión contable es relativamente joven.

D. A.: Gran parte de la implementación se ha fundamentado en la profesionalidad del contador y del auditor, pero eso no se logra de la noche a la mañana. Una de las posibles dificultades de las NIIF es que son diseñadas principalmente por contadores para el mercado de capitales avanzados. Eso significa que hay que estudiar cuidadosamente si son convenientes, siquiera aplicables en las economías que llamamos emergentes, por ejemplo, en Sudamérica. En países diferentes, tanto económica como políticamente, no necesariamente se aplican. Pero las NIIF, en su forma legal, deben ser aplicables tanto en países avanzados como en países emergentes.

R. I.: ¿Qué avance ha tenido la definición de estándares para las pequeñas y medianas empresas (pymes)?

S. A.: Al International Accounting Standards Board (IASB) se le ha insistido para que defina normas contables para pymes. Considero que la mejor solución es lograr la aplicación de las NIIF en las compañías que se transan en bolsa y no tratar de obligar a las empresas que no lo hacen a aplicarlas. Estas pequeñas compañías no están participando realmente del mercado global de capitales; en ese sentido, encaminarlas por esa ruta sería confundirlas. Es un pensamiento absurdo, pero podría pasar.

D. A.: No es solo cuestión de simplificar las reglas, es fomentar un cambio de actitud, de cómo se deben aplicar los estándares. La filosofía del IASB no es tener una lista de verificación, sino tener unos principios básicos y utilizar la contabilidad para la aplicación de esos principios. Esto requiere cierto grado de madurez en la profesión contable para la interpretación de estados financieros. En mi opinión, las pymes deberían ajustarse contable- mente, pero sin el grado de complejidad de las grandes empresas.

(1) David Alexander estudió Economía y Contabilidad en la Universidad de Bristol. Es profesor en la Universidad de Birmingham. Simon Archer estudió en la Universidad de Oxford y fue socio de Price Waterhouse París.