La divulgación del capital intelectual en internet: caso de las empresas colombianas

Revista Nº 25 Ene.-Mar. 2006

Juan Vianey Gómez Jiménez*  

Julieth Emilse Ospina Delgado**  

Emma Osorio Medina***  

(Colombia) 

* Docente e investigador área de Finanzas  

** Docente e investigadora área de Contabilidad  

*** Docente e investigadora área de Economía Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas Pontificia Universidad Javeriana (Cali) 

Introducción

La típica estructura de las empresas pertenecientes a la sociedad industrial, integradas verticalmente, intensivas en activos físicos y diseñadas para explotar economías de escala, ha dado paso a organizaciones más especializadas cuya principal fuente de ventajas competitivas es la innovación (Laínez y Fuertes, 2004). Como consecuencia de los muchos y rápidos cambios que se han dado a todo nivel y en todas las direcciones, en la actualidad los negocios y las personas son partes constitutivas de una nueva sociedad y de una nueva economía, esto es, la sociedad de la información y la economía del conocimiento (Bueno, 1998; Castells, 1998; Drucker, 1999).

Hoy es válido hablar de que el valor de las organizaciones se incrementa cuando estas son más intensivas en conocimiento, tecnología, relaciones, destrezas profesionales, investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), y, en general, en todos aquellos factores que, careciendo de sustancia física, se han convertido en los principales conductores y creadores de valor. Los intangibles, que hasta hace apenas dos décadas eran casi irrelevantes para determinar el valor de una compañía, ahora se constituyen en el principal capital (Sveiby, 1997; Roos et al., 2001; Lev, 2003; Edvinsson y Malone, 2004).

Así, pues, los intangibles han traído consigo una problemática al actual modelo contable. Las demandas de información por parte de usuarios internos y externos ya no se centran únicamente en datos financieros y los interesados en la información quieren conocer en detalle cómo ha sido el actuar de la empresa en todos los aspectos, principalmente aquellos que tienen que ver con su compromiso de buen ciudadano corporativo y los que contribuyen a la creación de valor.

En consecuencia, resulta imprescindible para la nueva economía y sus empresas hacer gestión de sus intangibles; ya no se trata únicamente de gestionar y optimizar los activos y recursos tangibles propios de una sociedad industrial, ahora las compañías tendrán más y mejores ventajas competitivas, en un mercado altamente complejo como el actual, si su gestión se enfoca en la adquisición, creación y/o transferencia de intangibles.

En este sentido, se requiere que los intangibles de los cuales depende el valor de la empresa sean identificados y medidos para poder gestionarlos adecuadamente (Cañibano et al., 1999). En el proceso de identificación y medición de los recursos físicos y tangibles de las organizaciones, el modelo contable tradicional ha sido fundamental. Sin embargo, ante las actuales condiciones de la economía dicho modelo resulta ineficaz para la medición y valoración de los intangibles porque la mayoría de los hechos económicos que se integran a los informes contables y financieros son de naturaleza transaccional-financiera en términos de unidad de medida y basados en conceptos como la propiedad jurídica de los recursos (Cañibano et al., 1999; Edvinsson y Malone, 1999; Kaplan y Norton, 1999; Gandía, 2002) La inclusión de los intangibles en el modelo contable requeriría un replanteamiento de estos aspectos.

Pero cuando una empresa es intensiva en intangibles también lo debe ser en transparencia. Las demandas de información son más fuertes hacia las entidades que incorporan un alto contenido de tecnología y de conocimiento en sus procesos, ya que los inversionistas suponen que en el futuro la variabilidad de los resultados será mayor y que intentar hacer proyecciones de los mismos es más complicado que para compañías que no son intensivas en este tipo de recursos. La incertidumbre se origina en cuanto a que este tipo de empresas dispone de recursos para invertir en capital humano, desarrollo de marcas, innovación de procesos, desarrollo de nuevos productos y de clientes, etc., y que esta clase de inversión no se puede apreciar en los informes anuales tradicionales.

Mas no son únicamente los inversionistas actuales y potenciales los que demandan mayor información; el conocer sobre el actuar de las empresas cuenta hoy con un amplio grupo de agentes económicos y sociales conocidos como los stakeholders. El enfoque de estos —de énfasis europeo— considera que la empresa no se consolida solo por la interacción de un propietario y su administrador (tradición angloamericana), sino por la coalición de intereses colectivos de propietarios, gestores, empleados, clientes, inversores, proveedores, Estado y comunidad (Gómez y Calvo, 2004). Bajo esta perspectiva, la información que divulgan las empresas en sus estados contables debe ser el reflejo de las decisiones que ella ha tomado en relación con todas las variables (económicas, sociales y ambientales) del entorno en que se encuentra. También los usuarios de la información están interesados en conocer cuál es la posición de la empresa frente aspectos referentes a la ética de los negocios, los derechos humanos, la corrupción y otros que ratifican su real compromiso con la sociedad (Muñoz y Arnau, 2003).

Considerando la dificultad de incorporar la información sobre intangibles en los informes contables, han tomado vigencia otros medios divulgativos. Es un hecho que las tecnologías de información y comunicación desempeñan actualmente un papel preponderante en la vida social, cultural y económica de la sociedad en general y de las empresas en particular. Internet se ha convertido en un medio cada vez más importante en la actividad empresarial y se percibe como una alternativa para divulgar información no solo relevante, sino también estratégica hacia los agentes externos de la compañía.

El Internet, como parte de las tecnologías de información y comunicación, aparece como “el primer medio global de comunicación bidireccional” (Laínez y Fuertes, 2004). El punto clave de todas las ventajas que proporciona la red se encuentra en la “conectividad”, en la posibilidad de ofrecer y demandar información en tiempo real y de satisfacer de inmediato las necesidades informativas, incentivando un nuevo tipo de comercio que se extiende por todo el mundo (Cañibano, 2004).

Existe evidencia empírica sobre la divulgación de información a través de Internet. Gandía (2002), Monclús (2003) y Bonsón (2004), han analizado la difusión de información sobre intangibles a través de esta red informática. Por su parte, Caba y Castillo (2003), también realizaron un importante aporte al analizar la revelación de información financiera a través de Internet de las empresas colombianas que hacían parte de la Bolsa de Valores de Colombia, en el año 2002. Este último estudio, aunque está enfocado en un tema diferente, permite dar un referente con el cual se puede contrastar algunos resultados y evidenciar si los bajos índices de divulgación de información y de utilización de Internet, por parte de las empresas, han mejorado con el tiempo.

Así las cosas, el objetivo planteado para este artículo es conocer el grado de revelación que sobre capital intelectual realizan a través de Internet las empresas que hacen parte del IGBC. Para el propósito descrito, se ha estructurado el presente artículo en cinco partes. Después de la introducción, se presentan algunas apreciaciones acerca del modelo contable actual, seguido de un tercer apartado en donde se define y se da a conocer la estructura del capital intelectual. En un cuarto apartado se exponen los resultados del estudio habiéndose presentado previamente la metodología desarrollada en la investigación y, finalmente, se dan las conclusiones.

Dos resultados emergen de este estudio: no hay un uso que pueda considerarse como hipotéticamente óptimo de Internet y el nivel de divulgación de información sobre capital intelectual, por parte de las empresas que conforman el IGBC, es muy bajo.

1. Los intangibles: nuevos retos para el modelo contable tradicional

En Colombia uno de los referentes actuales más importantes sobre los retos del modelo contable es aportado por Franco (2003), en cuyo estudio describe las principales tradiciones y enfoques en contabilidad y, a la vez, plantea la necesidad de desarrollar un modelo de contabilidad integral en el cual tenga cabida la realidad social y no solo la económica-financiera como hasta ahora, cobrando plena importancia para su propuesta los recursos intangibles que hacen parte de dicha realidad.

En el ámbito internacional se destacan estudios como los de Cañibano (2004) y Túa (2004), que no solo permiten comprender que los intangibles le exigen al modelo contable un replanteamiento de sus bases conceptuales de cara a las nuevas exigencias del contexto social, económico y cultural, sino que profundizan con rigor en aspectos propios de la teoría contable.

Tal vez una de las críticas fundamentales, planteada por la mayoría de autores en el tema de los intangibles y la pertinencia del modelo contable actual, es que existe una diferencia entre el valor de mercado de la empresa y su valor en libros contables, que se ha representado en el market to book ratio. Los estudios empíricos han evidenciado que cerca de un 70% del valor que no se está reconociendo en el modelo contable está representado en los intangibles (Roos et al., 2001; Edvinsson y Malone, 2004). Si estos recursos no son identificados, tampoco es posible una adecuada gestión de ellos (Cañibano et al., 1999).

Las normas y prácticas propias de la contabilidad financiera, hasta ahora, han estado orientadas al reconocimiento y medición de los activos físicos tangibles que contribuyen a la generación de valor financiero. Los hechos económicos que se integran a los informes contables son —en gran medida— aquellos originados a partir de una transacción mercantil, perfectamente medible en términos de unidad de medida y basados en conceptos como la propiedad jurídica de los recursos, aspectos que requieren un replanteamiento conceptual para la inclusión de los activos intangibles en el modelo contable que sea útil a los procesos de toma de decisiones internos y externos.

Franco (2003) sostiene que los enfoques que se han desarrollado en el mundo no abordan el tema contable desde lo social a pesar de ser evidente su vínculo con la teoría de la sociedad; afirma que se deben superar los métodos propios de los enfoques patrimonialistas, jurídicos y economicistas que no permiten representar y valorar lo que el autor denomina como recursos determinantes de la identidad de una comunidad y que reconfiguran el concepto de transacción. Estos y otros aspectos conforman lo que para el autor implican unas rupturas epistemológicas de la contabilidad tradicional, jurídica y económica, abriendo campos insospechados para su desarrollo como disciplina que informa no solo el pasado y el interior de las empresas, sino el futuro y el entorno de las mismas.

Una de las razones que obstaculiza el desarrollo de un nuevo modelo contable, según Rodríguez (2004), es que no se ha avanzado fuertemente en el estudio de la naturaleza propia de los activos intangibles, puesto que no es la inmaterialidad lo que les confiere características diferenciales propias, ni aun la dificultad de vincularlos con los ingresos que han de producir, sino el carácter particular que tienen, es decir, su originalidad.

En esta dirección, Rodríguez (2004) sostiene que propuestas como las de Lev y Zarowin (1999), reconocidos autores en materia de información para la nueva economía, todavía continúan abordando el tema de los intangibles desde la óptica de lo financiero, es decir, que consideran ellos que es solo cuestión de ampliar las fronteras de la información financiera y revelar lo que hasta ahora se ha obviado, aspecto que no compartimos por quedar limitado aún al tradicional modelo contable patrimonial sin plantear una reconceptualización para la contabilidad. Por el contrario, defendemos la idea de elaborar nuevos tipos de informes diferentes a los financieros tradicionales por fuera de las mediciones monetarias y de la igualdad contable fundamental.

Sin embargo, los primeros acuerdos debieran darse en torno al concepto de intangibles y la forma en que podrían considerarse como parte del modelo contable. De acuerdo con Lev (2003), intangibles, capital intelectual y conocimiento son lo mismo y pueden ser usados indistintamente. Otros autores usan el término “intangibles” como sustantivo y, en ocasiones, como adjetivo calificativo acompañando nombres como “activo”, “inversión” y “recurso”. Hoy, no solo existe dificultad para establecer una definición correcta, sino que no hay un marco de referencia internacionalmente aceptado para la identificación, medición y difusión de información sobre los intangibles; existen muchos esfuerzos, pero aislados y en diferentes partes del mundo (Cañibano y Gisbert, 2003).

De acuerdo con Stolowy y Jeny-Cazavan (2001), citado por Cañibano y Gisbert (2003), existen dos tipos de definición sobre activos intangibles en las normas contables: “a) la que intenta acercarse y definir el concepto de activo intangible, y b) la que se limita a recoger una lista o inventario de los elementos que se encuentran en la categoría de activos intangibles”. Afirman los autores, refiriéndose a la normativa española, que no recoge más que un inventario de los elementos considerados como activos inmateriales, tratándose más de una clasificación que de una definición en sí misma. En este estudio se considera la definición de activo intangible como aquel “identificable, de carácter no monetario y sin apariencia física”.

Es posible afirmar que todas las iniciativas normativas, incluida la colombiana con el Decreto 2649 de 1993, tienen incorporado un concepto de activo, que, en términos generales, hace referencia a tres elementos: a) es un recurso obtenido y controlado por la empresa, b) es producto de transacciones o eventos pasados, y c) representa un derecho a obtener beneficios futuros. Sin embargo, y bajo estas condiciones, la definición de activo intangible se enfrenta a las dificultades que los diferentes organismos reguladores tienen, al existir en ellos diversos conceptos que repercuten directamente en los procesos de reconocimiento, valoración y control. Un ejemplo de ello sería el caso de los gastos de investigación y desarrollo y su incertidumbre para generar beneficios futuros (Larrán y Sotomayor, 2005).

No obstante, a pesar de las dificultades en la medición y valoración de los activos intangibles, muchas empresas del mundo han dado pasos importantes hacia la revelación de información relacionada con el tema, ya sea como notas a los estados financieros o como parte de su informe de gestión, o a través de su página web corporativa. Las empresas han entendido que una política de información proactiva trae beneficios que inciden directamente en el valor de ella (Babío, et al., 2001).

2. Intangibles: origen, definición y clasificación

Aunque desde la década de los setenta se hablaba de temas relacionados con el capital intelectual, específicamente sobre capital humano, fue a comienzos de la década de los noventa cuando el término “intangibles” tomó fuerza. El análisis del valor de las empresas y la diferencia que se presentaba entre su valor en libros y el valor de mercado, suscitó una serie de inquietudes que autores como Nonaka (1991) resolvieron incorporando en sus estudios la presencia de los intangibles internos y externos.

Los intangibles empiezan a formar parte del vocabulario empresarial a partir de la publicación del informe de capital intelectual realizado en 1994 por la multinacional sueca de seguros Skandia. El informe se estructuró considerando cuatro enfoques: innovación y desarrollo, clientes, procesos y humano. Esta publicación estuvo orientada por Leif Edvinsson, director de capital intelectual, quien posteriormente desarrolló un escrito que es de obligatoria referencia actualmente. El punto de partida, al igual que en el caso de Nonaka, es la diferencia entre los valores de mercado y los libros de las empresas (Edvinsson y Malone, 1997).

Sin embargo, la presencia e importancia de los intangibles no siempre ha estado ligada a la diferencia de valor de la empresa. Las contribuciones realizadas por Kaplan y Norton con el Balanced scorecard, tomando los inductores de valor identificados en las perspectivas de aprendizaje, procesos, clientes y financiera, plantean desde otro ángulo la presencia de recursos y actividades, no siempre tangibles, que son fundamentales para alcanzar de manera integral los resultados de la compañía.

Otra contribución que hoy es referente obligado es la de Sveiby (1997). Este autor parte de la misma premisa de diferencia entre los valores de la empresa y en tres categorías de capital intelectual (empleados, estructura interna y estructura externa) desarrolla su herramienta de medición de intangibles conocida con el nombre de Intellectual Assets Monitor. La propuesta de Sveiby ha tenido gran aceptación y su clasificación es la más usada por parte de los investigadores.

A finales de la década de los noventa, otras propuestas sobre medición y gestión de capital intelectual han merecido la atención de la comunidad científica, académica y empresarial. Por un lado, los aportes provenientes de los países nórdicos, en especial los desarrollados por el Proyecto Nórdica y por el Ministerio danés de Ciencia y Tecnología, cuya experiencia les ha permitido ofrecer no solo herramientas de medición, sino también de gestión de capital intelectual. Por otro lado, y teniendo en cuenta los aportes anteriores, proyectos como Intelect, Meritum e Intellectus, han venido a consolidar muchas de las propuestas existentes y han buscado proveer herramientas prácticas que ayuden en la difusión, medición y gestión de los intangibles (Sáenz, 2003 y Sáenz, 2004).

Producto de esos esfuerzos se han construido definiciones que contienen los mismos elementos. Se entiende por capital intelectual el conjunto de intangibles que posee una organización y que son fuente de riqueza futura (Lev, 2003; Sáenz 2004). Al respecto, Bueno y Salmador (2000), siendo más explícitos, argumentan que el capital intangible de una empresa es el conjunto de competencias básicas distintivas de carácter intangible que permiten crear y sostener una ventaja competitiva. Estas competencias básicas son: actitudes (valores), de conocimientos tácitos y explícitos y de capacidades (habilidades, talentos y experiencias) de carácter personal, tecnológico y organizativo.

Estas definiciones evidentemente vienen muy de la mano de la estructura de capital intelectual, que parece tener mayor aceptación. Tres categorías han sido identificadas y sobre ellas se han realizado tanto las propuestas de modelos de medición como las de gestión de capital intelectual. Estas categorías son:

Capital humano: hace referencia a los conocimientos individuales y grupales, habilidades, experiencias, formación y actitudes de las personas que hacen parte de la organización. Este capital no es de propiedad de la empresa, sino de las personas que trabajan en ella; se puede adquirir por una entidad, pero de forma temporal.

Capital estructural: es el capital que es propiedad de la empresa y está representado por el conocimiento de las personas y equipos que ha sido explicitado, sistematizado e interiorizado. Sistemas de información y comunicación, rutinas organizativas, tecnología disponible, cultura y sistemas de valores hacen parte de este capital.

Capital relacional: se refiere al conjunto de relaciones que la empresa mantiene con su exterior y que son logradas por las personas que laboran en ella. Este capital es importante en la medida en que se construye una red de relaciones que contribuye a la continua creación de valor. Clientes, proveedores de bienes, servicios y de capital; competidores, comunidad, administración pública, ONG, universidades, etc., son los agentes con los cuales se busca crear y mantener relaciones sólidas que ayuden a la permanencia de la entidad afianzando aspectos como lealtad, imagen corporativa, satisfacción, compromiso social, entre otros.

Los intangibles son recursos y capacidades escasos, valiosos y difíciles de imitar o de sustituir (Barney, 1991). Y, tal como afirma Nonaka (1991), los intangibles son elementos que lejos de desvalorizarse con el uso se aprecian con el tiempo.

3. El capital intelectual en las empresas incluidas en el IGBC

3.1. Objetivo, muestra y metodología

El objetivo del estudio es determinar el grado de revelación de información que sobre capital intelectual hacen a través de Internet las empresas colombianas que han sido seleccionadas para conformar el IGBC. Como un propósito específico, se pretende analizar si las empresas sacan provecho de un medio tan importante como lo es Internet, por lo que intentaremos evaluar la navegabilidad en las páginas web.

El IGBC está conformado(1) por 25 empresas, de las cuales se han analizado 20 que poseían página web y suministraban información relacionada con diferentes aspectos de la compañía.

Desde el punto de vista metodológico se ha procedido de la siguiente manera: 1. Se determinaron los diferentes aspectos a analizar de las páginas web corporativas de las empresas que conforman la muestra. 2. Se consultaron las páginas web de estas sociedades en los primeros quince días del mes de mayo del 2005, debido a que en esa fecha ya habían pasado las asambleas anuales y, con el fin de disponer de la misma información en el momento de construir el índice, era más fácil mantener los mismos criterios de calificación en un período de tiempo corto.

Muchas de las investigaciones que se han realizado sobre medición y divulgación de capital intelectual han tomado como modelo el propuesto por Sveiby (Sáenz, 2004). En nuestro caso, la construcción del índice de divulgación se llevó a cabo teniendo en cuenta la realidad empresarial colombiana, pero considerando las tres categorías de capital intelectual que parecen tener mayor consenso: capital humano, capital estructural y capital relacional. A su vez, estas categorías se han dividido en 17 elementos, que son conformados por 60 indicadores que -a nuestro juicio- son los de mayor probabilidad de ser divulgados por las empresas (Véase anexo 1).

Para optimizar la parte operativa en la construcción del índice de divulgación, se realizó una codificación por categorías y por elementos, que también pueden ser apreciadas en el anexo 1. Como escala, hemos tomado la más usada, según la literatura, en índices de divulgación: cero (0) para los indicadores que no son divulgados por las empresas, uno (1) para aquellos indicadores que son presentados en forma narrativa y dos (2) puntos para aquellos que son presentados en forma cuantitativa.

La calificación de los indicadores se consolidó en primera instancia sobre las tres categorías de capital intelectual y fue convertida a una escala de 0 a 5, siendo 5 la nota máxima alcanzada por la categoría cuando se suministraba información cuantitativa sobre todos los elementos. El índice de divulgación se construyó sobre la calificación obtenida en las categorías, las cuales tenían una participación similar, es decir, 33%.

3.2. Resultados

El análisis de los resultados lo hemos dividido en los resultados de navegabilidad de las páginas web y en los relacionados con la divulgación de información sobre capital intelectual.

3.2.1. Análisis de navegabilidad

Los resultados de este análisis están en consonancia con los obtenidos en el estudio realizado por Caba y Castillo (2003) sobre el grado de divulgación de información financiera.

De las 25 empresas que conforman la muestra, el 84% de ellas (21) poseen web corporativa, destacándose en ellas una clara orientación comercial, ya que la totalidad de las compañías con páginas web destacan los sitios para presentar la entidad, sus productos y los mecanismos para ser contactados. Así mismo, el 76% de las empresas (16) publican notas de prensa y/o noticias sobre las mismas. A pesar del enfoque comercial, solo el 67% presenta su información en español e inglés.

El 71%, 15 empresas, publican en su página web los informes anuales. Sorprende el hecho de que siendo organizaciones que cotizan en bolsa de valores, solo 11 de ellas (52%) presenten información bursátil e informes anuales completos con notas explicativas a los estados financieros y en forma comparativa con otros períodos. En igual forma, el 48% de las mismas, es decir, 10 tienen un sitio destinado a su relación con los inversores.

Dado el auge que está teniendo en Colombia el tema de gobierno corporativo, parece ser aceptable el nivel de divulgación que sobre ello realizan las empresas del IGBC. En total, 14 empresas han estipulado un espacio para dar a conocer lo que están realizando en materia de gobierno. En contraste, es poca la difusión que se hace sobre responsabilidad social, solo 9 empresas han destinado un sitio en su página corporativa para este aspecto. También el tema medioambiental es poco difundido, ya que solo 4 entidades (las cementeras) informan sobre su actuar en relación con este asunto.

Los aspectos sobre los que menos se informa en sus páginas corporativas son:

• Recursos humanos: aunque generalmente la mayoría de las empresas insiste en la importancia de su equipo humano, solo 4 divulgan alguna información.

• Ofertas de empleo: apenas 4 compañías poseen sitio para este aspecto, pero en una de ellas se indica que no hay posiciones vacantes y en otra que el sitio está en construcción.

• Investigación, desarrollo e innovación: aspecto fundamental en el tema de capital intelectual que solo es tratado por una empresa.

En la mayoría de las páginas web de las entidades analizadas no se encontró un motor de búsqueda, lo que dificultó la localización de información que se encontraba dispersa. Parte de la información que se ofrecía era muy escasa, general y, en algunos casos, desactualizada.

Es importante mencionar que varias de las empresas analizadas, han destinado un sitio en su página web para informar sobre temas como recursos humanos, inversionistas, medio ambiente y responsabilidad social, pero a la fecha del presente estudio, algunos de estos sitios carecían de contenido o era imposible su acceso por encontrarse en construcción. Sin embargo, es un hecho positivo el interés que empiezan a tener las compañías por revelar información voluntaria.

Las tres empresas que cumplen con el mayor número de criterios de navegabilidad seleccionados son: Compañía Nacional de Chocolates S.A. con 16 criterios; Interconexión Eléctrica S.A. y la Corporación Financiera Nacional y Suramericana S.A., con 14 criterios cada una (Véase anexo 2).

3.2.2. Resultados de la divulgación de información sobre capital intelectual

Para la obtención del índice de divulgación de información en Internet, se consideraron 20 empresas, ya que una de las entidades, en su página web, solo contenía la presentación de la empresa y una amplia biografía de su inversionista principal.

El índice promedio de divulgación de capital intelectual fue de 0,46 sobre 5 (9,2%), lo que indica que la revelación de información sobre intangibles es muy baja, ya que en promedio no se alcanzó a un 10%. Si partimos del hecho que este resultado es obtenido con las principales empresas que cotizan en bolsa, no parece ser muy esperanzador que en el país exista una cultura de revelación de información sobre activos intangibles por parte de estas. Un estudio comparativo entre compañías cotizadas y no, aportaría nuevas referencias para futuras investigaciones.

La mayor información revelada corresponde al capital relacional, con una calificación promedio de 0,54 sobre 5 (10,8%), seguida por la divulgación de información sobre capital humano, con 0,52 (10,4%), y, finalmente, capital estructural, con un puntaje promedio más bajo, 0,31 (6,2%). En el anexo 3 se presenta el detalle de estos cálculos.

En cuanto a elementos de capital intelectual, las empresas informan con mayor detalle sobre el elemento "reputación corporativa", obteniendo un puntaje promedio de 1,20 sobre 2 puntos. Es muy frecuente encontrar información sobre las "relaciones sociales y con el medio ambiente", que, al igual que el elemento "capacidades", obtiene un puntaje promedio de 0,95, seguido por la información sobre "relaciones con instituciones de promoción y mejora de la calidad" con un puntaje promedio de 0,85.

Se revela algunos datos acerca de "relaciones con los clientes" y "propiedad intelectual e industrial", que obtuvieron un puntaje promedio de 0,65, mientras que se obtuvo muy poca información sobre los "esfuerzos en I+D+i" y los "resultados de la innovación" con puntajes promedio de 0,30 y 0,25, respectivamente. Estos resultados parecen indicar que las empresas quieren dar a conocer su compromiso con la sociedad y asuntos medioambientales, pero que son celosas en la divulgación de información que pueda ocasionarles desventajas competitivas.

A diferencia de la gran mayoría de estudios, el caso colombiano no se caracteriza por tener como categoría de capital intelectual con mayor divulgación al capital humano. Resulta sorprendente que el elemento de capital intelectual con más bajo puntaje promedio haya sido el de "aptitudes" con un promedio de 0,10 sobre 5 (2%). Este elemento contiene indicadores alusivos a la formación superior de los empleados.

En cuanto al ranking de empresas, las que tienen mayor índice de divulgación son Bancolombia S.A., Compañía Nacional de Chocolates S.A., Interconexión Eléctrica S.A., con un índice cercano a 1 sobre 5, en contraste con empresas como: Carulla Vivero S.A., Corporación Financiera del Valle S.A., Suramericana de Inversiones S.A. y Tablemac S.A., que no superan el 0,1 sobre 5 (Véase anexo 3).

Teniendo en cuenta que varios estudios establecen que determinados sectores de actividad económica, por la naturaleza de sus productos y la investigación y desarrollo realizados, son más proclives en la divulgación de información sobre capital intelectual (Meek et al., 1995) y que las empresas que poseen mayor capital intelectual, en comparación con las de mayor capital tangible, tienden a ser más activas en la medición, registro y divulgación de información sobre intangibles (Guthrie et al., 1999), hemos considerado conveniente explorar el comportamiento de las compañías de la muestra según el sector de actividad al que pertenecen.

En el cuadro 1 se puede apreciar la ubicación sectorial de las 20 empresas analizadas. Al tener una distribución no uniforme, no fue posible un análisis sobre la propensión de sectores a divulgar mayor información sobre capital intelectual.

 

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Las tres empresas que obtuvieron un mayor puntaje en el índice de divulgación pertenecen a los sectores financiero, manufacturero y eléctrico en su orden. Así mismo, las tres que lograron un menor puntaje pertenecen a los sectores comercio, financiero y manufacturero, respectivamente. Se podría afirmar que el sector de actividad al que pertenece la empresa no influye en el grado de divulgación de información en materia de intangibles, es decir, las entidades no tienen en cuenta qué están haciendo las demás empresas del sector en materia de divulgación de información.

Conclusiones

El hecho de que el 20% de las empresas estudiadas no posea un web site corporativo da a entender que Internet no ha sido considerado —en la actividad empresarial— como un medio importante en el desarrollo de sus actividades. Igualmente, puede expresar el desconocimiento acerca de los beneficios que se pueden obtener al ser parte de una red en la que concurren con frecuencia y facilidad gran cantidad de personas. También podría ser reflejo de la política asumida por algunas organizaciones que encuentran en la inseguridad social una razón para no hacer pública la información.

El uso de Internet por parte de las compañías colombianas se encuentra aún en una fase inicial, pues, a pesar de que las empresas seleccionadas en la muestra para el estudio son entidades grandes y cotizadas en bolsa, el principal interés en sus web sites radica en poder presentar y comercializar sus productos y servicios y no en ofrecer información de valor para sus stakeholders.

Se ha evidenciado un desaprovechamiento de Internet por parte de las empresas analizadas, no solo por la baja oferta informativa en temas no financieros, sino por tener información desactualizada, incompleta, muy general y, en muchos casos, inaccesible. Tampoco la oferta informativa en materia financiera es aceptable. De un 67% de empresas que publican información financiera, la mayoría solo se limita a presentar el balance general y el estado de resultados.

Considerando como punto de partida los resultados de Caba y Castillo (2003), se evidencia que el avance y la mejora en la calidad y cantidad de información publicada a través de Internet, por parte de las empresas colombianas cotizadas en bolsa, es mínimo. Al no evidenciarse una tendencia creciente en la revelación de información general, difícilmente podría esperarse divulgación de información sobre capital intelectual.

Dado que las empresas con mejores resultados no alcanzan al 20% de la escala, sobre una calificación de 0 a 5, consideramos como muy baja la divulgación que sobre capital intelectual realizan las empresas que hacen parte del IGBC, máxime si consideramos que en países como España las sociedades con mejores índices han alcanzado un 60% (Sáenz y Gómez, 2005).

En la mayoría de estudios empíricos sobre divulgación de capital intelectual, la categoría con mayor puntuación ha sido la de capital humano, situación que se evidencia en los resultados de las investigaciones en países desarrollados. En el caso colombiano, la categoría de capital intelectual con mejor índice promedio de divulgación es la de capital relacional, lo que indica que para las empresas del IGBC los productos, clientes, alianzas, canales de comercialización y los aspectos sociales entre otros, ocupan un lugar preponderante.

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N. del E.: Los autores de este documento señalan que la información de las empresas mencionadas en el mismo, es de carácter público y fue tomada de las páginas web de cada compañía, en el mes de mayo del 2005.

(1) Estructura vigente para el primer trimestre del año 2005.