Gestión humana

La enfermedad como camino… a la falsa estabilidad laboral

Revista Nº 206 Mar.-Abr. 2018

Manuel Puerta Jaramillo 

Consultor organizacional Kon Sentido
manuel.puerta@oks.com.co 

Escribir un artículo requiere inspiración e interés. La inspiración la recibo desde la obra de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke La enfermedad como camino(1), para quienes tuvieron como propósito descubrir el sentido profundo de las enfermedades, transformar una vida y así lograr una interpretación distinta de la medicina. El interés nace de mi experiencia profesional, conociendo la tragedia de los trabajadores enfermos y de las empresas, y ver cómo ambos destruyen valor y pierden competitividad; todo esto en un ambiente caótico de leyes, tutelas y sentencias, y un sistema de seguridad social con escasos recursos para asumir de fondo la tarea que le corresponde en programas de recuperación y prevención que desde la inteligencia económica son los más rentables.

Para animar al lector en la aplicación efectiva de esta reflexión, porque las cifras son fundamentales en cualquier negocio, lo invito a calcular el efecto que para una organización tienen las incapacidades y los ausentismos de los trabajadores por razones de salud; analizar cada una las labores en las que tienen reubicados y calcular el costo de los reemplazos; calcular el impacto económico de la contribución efectiva a la empresa; dimensionar desde lo cuantitativo y cualitativo la afectación personal y familiar de cada uno de esos trabajadores enfermos y accidentados; calcular el efecto económico que tiene en la moral y la cultura de la organización una fatalidad, un accidente o una enfermedad de origen laboral; y, finalmente, calcular cuántos años considera que le va a tomar solucionar de manera responsable el tema. Sume lo anterior y lo trae a valor presente. Si hoy conoce esos datos y está tranquilo con la respuesta, pase a otro artículo de esta revista; si no está tranquilo y no le interesa el tema, pero es de su responsabilidad, le recomiendo desaparecer este artículo y asegurarse de que no esté al alcance de su jefe o de un integrante de la junta directiva. También es una opción avanzar algunos párrafos más, hasta que la lectura tenga sentido para usted.

Continúo con un concepto fundamental para desarrollar el tema y está relacionado con lo que significa el estar sano. La salud es una de las riquezas básicas fundamentales para disfrutar la vida, y se materializa en un estado en el que nos sentimos sanos, entendiendo por estar sano la ausencia total de enfermedad y dolor. Esta riqueza es la base fundamental para desarrollar un proyecto económico y un proyecto de vida; la salud está por encima de cualquier otra riqueza básica del hombre. Sé que existen entidades que viven de destruir valor y vida, pero este artículo es para analizar a las personas y las organizaciones que abiertamente declaran la importancia de contar con ambientes sanos de trabajo. Recuerdo la frase de un CEO de una organización global de manufactura: “No quiero producir un gramo de papel que involucre una gota de sangre”.

Las empresas son conscientes de la importancia de atraer y retener talento y ellos han generado lo que se conoce como una marca empleadora (employer branding), que les permita construir una buena imagen pública en el mercado laboral. Esta propuesta de valor es la promesa que les hacen las empresas de lo que le pueden ofrecer al talento. Cada empresa crea su propia promesa: algunas lo hacen a través del conocimiento que pueden adquirir, otras declaran la felicidad como su objetivo fundamental, otras que son el mejor lugar para trabajar, otras crean ambientes de innovación. Lo cierto es que existen tantas promesas como organizaciones. El problema es que ninguna de esas promesas puede ser posible si la gente no está sana, saludable, protegida y segura. Y de esta promesa hablan muy pocas organizaciones o lo dan por hecho, sin comprender lo que puede estar pasando en la salud y la seguridad de sus trabajadores y cómo el entorno de trabajo y la cultura pueden afectarlos.

Sin lugar a dudas, proteger a un trabajador enfermo es un derecho fundamental, pero el tema no termina en la protección, debe evolucionar hasta su recuperación. El problema es que existen prácticas organizacionales y actitudes de trabajadores que terminan destruyendo valor. Sé que hasta este momento, para el lector, lo expresado es un concepto muy fácil de entender; sin embargo, es todo un reto lograr materializarlo en términos de las acciones concretas que permitan su comprensión, aplicación y coherencia, y es en este punto en el que ahora quiero enfocar el análisis.

Para quienes hemos tenido responsabilidades directivas en una organización, sabemos la gran alegría y satisfacción que producen atraer al mejor talento, facilitar su crecimiento y lograr su máxima capacidad de contribución al negocio, la vida, la familia y la sociedad. Pero no todo es satisfacción, también hemos vivido la profunda tristeza de tener que llamar a un hogar para comunicar que un colaborador ha perdido la vida, o ha tenido un accidente en el trabajo. En este punto la promesa está incumplida y no se logró tener la responsabilidad de devolver sano y salvo todos los días a una familia. Y nos preguntamos por la efectividad de la promesa y por la corresponsabilidad de empresas y trabajadores en cuanto a la salud y la seguridad en el trabajo. Según datos de la OIT, para el año 2015, el número de accidentes y enfermedades relacionados con el trabajo cobran al año la vida de más de dos millones de personas; que cada año los trabajadores son víctimas de unos 268 millones de accidentes no mortales que causan ausentismos de al menos tres días del trabajo y unos 160 millones de nuevos casos de enfermedades profesionales(2)

El mantenernos sanos es un tema de corresponsabilidad entre empresa y trabajador, en donde ambas partes deben tener el mismo interés, la misma disposición y aportar para que la salud sea una realidad. Dicho lo anterior, es de esperarse que todos los involucrados con la salud y la seguridad asuman las responsabilidades en función del “bien-estar” de los trabajadores y de la organización. Pero eso no es necesariamente lo que sucede y aparecen “los falsos positivos de las enfermedades y los accidentes” soportados en las ganancias ocultas conscientes e inconscientes y en los intereses perversos como una clara muestra del “mal-estar” de los individuos y las empresas. Este punto es el que hoy con preocupación azota a empleados, empleadores y al sistema de seguridad social, destruyendo valor y poniendo en riesgo la sostenibilidad de las empresas, de las familias y de la sociedad.

Lo primero que nos tenemos que preguntar es qué interés puede tener una persona en accidentarse o enfermarse, o qué interés pueden tener las empresas en que los trabajadores estén mal. Por obvias razones nadie va a querer que esto suceda, es absolutamente lógico pensar que todos queremos estar bien. El problema es que el sistema puede ser tan perverso y las ganancias detrás de los accidentes y las enfermedades tan críticas, y la legislación tan incoherente y absurda, que las enfermedades se convierten al igual que los accidentes en opciones perversas de destrucción de valor. Y explico: en una economía en la que tener un trabajo formal es a toda luz un privilegio de unos pocos, en el que la mano de obra está sobreofertada y el riesgo de las empresas de disminuir esta es tan latente, que la enfermedad termina por convertirse en una opción de lograr la estabilidad laboral reforzada que garantice un ingreso económico permanente. Sé que esto suena completamente irracional, pero este es precisamente el peligro de las ganancias perversas que terminan creando una cultura en la que la sobrevivencia es la única opción, así, para ello, se tenga que perder salud y bienestar.

Las organizaciones tienen que verificar qué tan sano es su sistema de reconocimiento a la salud y la seguridad, y, para ello, se pueden preguntar: ¿Tienen sistemas de compensación que reconocen por igual la contribución de trabajadores sanos y enfermos?, ¿Las actividades que se les encomiendan a los trabajadores enfermos están por fuera de las actividades típicas de la organización? ¿Los trabajadores son libres de asistir a las citas médicas y terapias de recuperación? ¿El sistema de seguridad social no responde y mientras se incapacitan? ¿Los trabajadores son libres de seguir o no los protocolos de seguridad y son libres de usar o no los elementos de protección personal? ¿Tiene la empresa implementado un sistema de bonos o rifas de la seguridad o premios para las áreas que no se accidentan? Si alguna de las preguntas anteriores goza de una respuesta positiva “habemus problema, y es así, porque estamos provocando una ganancia secundaria en la que el trabajador pudiera tener un incentivo para no recuperarse. En el caso de los trabajadores, la situación a veces es más traumática y aterradora, y las preguntas son: ¿Por su enfermedad o accidente se siente abandonado por la empresa? ¿El sistema de seguridad social no responde y están las ARL y las EPS disputando de quién es la responsabilidad de atenderlo? ¿Su supervisor o jefe “ya no puede contar con usted”? ¿Se siente amenazado y tiene temor de reincorporarse porque tiene una enfermedad que realmente lo limita y la empresa ya no lo requiere? ¿Lo han llamado varios abogados para ofrecerle sus servicios? ¿Su jefe quedó mal ante la empresa por su enfermedad o accidente y perdió puntos y bonificaciones porque le “dañaron el indicador de seguridad?”. Si cualquiera de las situaciones anteriores se está presentando, puede llegar a la conclusión perversa de querer inscribirse en el programa “estar enfermo paga” y también “habemus problema”.

¿Qué salida nos queda? Revisar en profundidad la cultura de la salud y la seguridad en el trabajo, las prácticas y los elementos que componen el sistema integrado de gestión de salud y seguridad en el trabajo. Los trabajadores deben estar comprometidos durante toda su vida laboral con su salud y mantener sus condiciones de empleabilidad de manera permanente. Si infortunadamente ocurre un accidente o enfermedad, exigir que las garantías de atención se presten y asumir el reto de su nueva condición de vida como una oportunidad para reincorporarse en la medida de lo posible con su proyecto de vida, lo aprendí de mi padre, que desde su estado de invalidez generó valor hasta el momento en que su vida se apagó del todo. Lo anterior es fundamental revisarlo y definir un programa de intervención estricto, disciplinado, coherente y responsable para que al final del día “ser y estar sano pague”.

Finalmente, la gran responsabilidad la tenemos cada uno con nuestra propia vida, y acá cobra un gran significado el concepto de autocuidado, es decir la capacidad que las personas tenemos de tomar decisiones responsables frente a nuestra propia salud. Esto se logra desde el hogar y termina con empresas que promueven entornos saludables, con un trato digno a los empleados en el que los jefes son ejemplo y modelo de lo que significa estar bien.

Mi propósito es generar reflexión… el suyo, si cree que esto tiene sentido, es generar acción. Todas las teorías y conceptos son inútiles, salvo que hagamos algo con ellos.

(1) Título original: Krankheit Als Weg 1983 C. Bertelsmann Verlag GmbH, München.

(2) World Day for Safety and Health at Work 2005: A background paper [pdf 65kb].