La historia de la contabilidad: una disciplina en auge

Revista Nº 25 Ene.-Mar. 2006

Esteban Hernández Esteve 

(España) 

Profesor Honorario de la Universidad Autónoma de Madrid  

Chairman of the Board of Trustees of The Academy of Accounting Historians 

Introducción

Durante los días 19 a 21 del mes de julio del año 2000 se celebró en Madrid el 8th World Congress of Accounting Historians. Esta fue la primera vez que se organizó en España un congreso de esta serie, que inició en Bruselas en el año de 1970, prosiguiendo en Atlanta en 1976, Londres en 1980, Pisa en 1984, Sydney en 1988, Kyoto en 1992, y Kingston, Canadá en 1996. Posteriormente, en el año 2002, se celebró el Congreso de Melbourne, para llegar, finalmente, al de St. Louis, Oxford, en los Estados Unidos en el 2004.

Al Congreso de Madrid asistieron, sin contar los acompañantes, unos 200 especialistas pertenecientes a países de los cinco continentes, como corresponde a una clase de congresos que se autotitulan de talla mundial. Este es el número de participantes que, más o menos, viene asistiendo a estos congresos, aunque el de Madrid ostenta hasta ahora, por un pequeño margen, el récord de la serie.

El éxito de estos eventos refleja el auge que durante los últimos quince o veinte años viene experimentando el interés por la historia de la contabilidad, el cual se puede evidenciar también en otras manifestaciones como: la creación de varias revistas especializadas dedicadas exclusivamente a la publicación de investigaciones sobre la materia; el establecimiento en diversos países (Australia, España, Francia, Italia, Japón, Portugal), de asociaciones de historia de la contabilidad siguiendo el ejemplo pionero de The Academy of Accounting Historians norteamericana, quienes se encargan de reunir y coordinar a los interesados en la disciplina para estimular sus investigaciones a través de la convocatoria de premios y congresos nacionales; la instrumentación de sesiones dedicadas a la historia de la contabilidad en los congresos nacionales e internacionales de contabilidad, y, por supuesto, la consiguiente multiplicación de trabajos relativos a esta disciplina, entre otros. Puede decirse entonces, que en las dos últimas décadas y dentro de sus límites, ciertamente modestos en comparación con los de otras disciplinas de mayor fulgor y reconocimiento, se ha producido una verdadera eclosión de interés por el estudio de la historia de la contabilidad. Y ello, en una época en que la historia en general y la historia económica en particular parece que están perdiendo peso relativo en el mundo académico e intelectual. ¿A qué obedece, pues, este repentino interés por una disciplina aparentemente tan concreta, tan específica y tan limitada como es la historia de contabilidad?, ¿cómo se explica?, ¿a quién puede interesar la historia de la contabilidad?, ¿en qué consiste?, ¿cuál es su campo de investigación?, ¿ha experimentado alguna evolución?, ¿cuáles son sus perspectivas?... Dedicaremos las siguientes páginas a contestar estas y otras preguntas que surjan por el camino.

1. Objeto y alcance de la contabilidad y de su historia

La contabilidad, es decir, el arte de tener cuenta y razón, o sea, “lo que se requiere en toda cosa”, como la definían nuestros antiguos autores castellanos (Covarrubias 1987: 352), es una actividad tan antigua como la propia humanidad. En efecto, desde que el hombre es hombre, y aun mucho antes de conocer la escritura, ha necesitado llevar cuentas, guardar memoria y dejar constancia de datos relativos a su vida económica y a su patrimonio: bienes que recolectaba, cazaba, elaboraba, consumía y poseía; bienes que almacenaba, que prestaba o enajenaba; bienes que daba en administración, etc. Recientes investigaciones como las de la arqueóloga Denise Schmandt-Besserat, comentadas y profundizadas en los aspectos contables por Richard Mattessich, han mostrado cómo los antiguos mesopotamios, ya hace 8.000 años, mucho antes, por consiguiente, de la invención de la escritura, llevaban las cuentas de sus bienes por medio de bolas de arcilla en las que introducían piedrecillas a las que se asignaba un valor simbólico. Por otra parte, es bien conocido el uso de tarjas, o palos de caña o de madera, de las que hasta hace bien poco se servían todavía algunos lugareños para llevar y justificar determinadas cuentas, así como también, el empleo de sistemas a base de cuerdas con nudos utilizados para llevar cuentas sin necesidad de usar la escritura.

Por otra parte, las modernas investigaciones de arqueólogos e historiadores de la antigüedad especializados en la historia de Mesopotamia, tales como Hans Nissen, Peter Damerow y Robert Englund (1990), permiten afirmar que los primeros documentos escritos que se conocen, constituidos por millares de tablillas de arcilla con inscripciones en caracteres protocuneiformes, elaboradas a finales del cuarto milenio antes de Jesucristo, es decir, hace más de 5.000 años, contienen tan solo números y cuentas, sin textos ni palabras. Este hecho hace concluir a los indicados investigadores que la escritura debió de surgir, hacia el año 3.300 a. J. C., como consecuencia precisamente de la necesidad que sentían los antiguos habitantes de Mesopotamia de registrar y dejar constancia de sus cuentas. A este objeto, instrumentaron unos sistemas numéricos ad hoc que Nissen y sus colaboradores han conseguido descifrar y explicar. No fue, pues, el deseo de legar a la posterioridad el recuerdo de hazañas guerreras, relatos de héroes o dioses, o de plasmar normas jurídicas para su permanente constancia y cumplimiento lo que motivó el nacimiento de la escritura, como se creía hasta ahora, sino simple y llanamente la necesidad de recoger y conservar las cuentas originadas como consecuencia de procesos productivos y administrativos. A la contabilidad se le debe, según estos investigadores, la invención de la escritura.

Sean ciertas o no estas conjeturas, en cualquier caso sirven de toque de atención en relación con los amplios horizontes que se abren a la historia de la contabilidad, una actividad tan importante y necesaria como para que, supuestamente, por su causa tuviera que inventarse la escritura. Tal circunstancia, por sí sola, debería bastar para que sintiéramos interés por el papel que tal disciplina ha jugado y sigue jugando en el devenir de la humanidad, compeliéndonos a superar —la más bien pobre concepción— que corrientemente se tiene de la contabilidad en el mundo intelectual y a desechar el viejo y menguado estereotipo del tenedor de libros con su visera y sus manguitos, si es que, de verdad, queremos penetrar en las posibilidades cognoscitivas, culturales e interpretativas que nos ofrece la historia de la contabilidad.

Realmente, por pequeño que sea el acercamiento que hagamos de ello, nos percataremos de que la necesidad de llevar cuentas se extiende a todas las actividades humanas que tengan una vertiente económica y manejen magnitudes mensurables que deban ser recordadas y tomadas en consideración. De acuerdo con esta necesidad generalizada, los motivos y las razones por los cuales se llevan cuentas han sido desde siempre muy variados y dispares, pero los historiadores haciendo un esfuerzo de sistematización han procurado reducirlos a dos fundamentales y primarios: en primer lugar, la necesidad por parte de agentes, factores y administradores de rendir cuenta de su gestión a sus principales y, en segundo, la necesidad sentida por comerciantes y empresarios en general de conocer el importe de sus créditos y obligaciones en relación con sus deudores y acreedores, respectivamente; un conocimiento que más tarde quiso extenderse a la marcha de su negocio y de los elementos patrimoniales en su totalidad. En principio puede parecer que ambas motivaciones son similares e indiferentes, pero lo cierto es que, según la motivación primaria que se quisiera satisfacer, el desarrollo de las anotaciones contables adoptó unas características específicas, que se fueron plasmando en dos sistemas distintos de contabilidad, los cuales convivieron en paralelo, conservando sus enfoques peculiares, hasta que la invención, allá hacia el siglo XIII de la contabilidad por partida doble, global, omnicomprensiva y perfectamente interrelacionada, vino a asumirlos a ambos y a satisfacer a la vez las dos motivaciones primarias.

No se crea que el estudio de las cuentas del pasado tiene que limitarse al conocimiento de la forma en que el dueño de las cuentas registraba sus actividades o, en el mejor de los casos, al estudio de estas mismas actividades, como posiblemente piensen los que no sigan de cerca las investigaciones modernas en historia de la contabilidad ni se hayan detenido a considerar las posibilidades que esta disciplina encierra. Nada de eso. Como modernamente se acepta con generalidad, el estudio de las cuentas abre los caminos de un vasto campo de conocimientos que abarcan también el de los planteamientos económicos y, en su caso, empresariales del interesado; de su forma de entender los negocios, de dirigirlos, controlarlos y organizarlos; de seguirlos y estar al tanto de la marcha de los mismos; de las posibilidades y alternativas de colocar el patrimonio que su tiempo y entorno le ofrecían; de su modo de relacionarse con el mundo exterior, mercados, autoridades mercantiles y políticas, dependientes y corresponsales, clientes y proveedores, agentes, corredores e intermediarios en general; del contexto institucional, social, económico, jurídico, político y religioso en que se desenvolvía; de las ideas imperantes que condicionaban ese entorno; de su actitud y grado de adaptación a las mismas; de la forma en que se procuraba su autolegitimización social, etc.

Por otro lado, siendo tan universal como se ha señalado la necesidad de llevar cuentas, es claro que el estudio de la historia de la contabilidad presenta, además, un atractivo singular: el de constituir una plataforma intelectual que permite acceder, con un perfecto grado de coherencia y justificación, sin salirse de su propia demarcación, a la investigación de los más dispares campos de la actividad humana. De esta manera, aunque cada parcela tiene, como es lógico, sus características y particularidades metodológicas, el historiador de la contabilidad lo mismo puede abordar del estudio de las actividades de la hacienda pública en general o de algún sector de la misma, que las de un ejército, una armada, un barco, un hospital, una fábrica, un comerciante, un banco, una explotación agrícola, una sociedad anónima, una casa nobiliaria, un monasterio, un hospicio, una universidad, una hermandad religiosa, un centro de investigación científica, una diócesis... Pues todas estas personas y entidades, a pesar de la gran diversidad de sus ocupaciones, tenían necesidad de llevar cuentas. Su estudio constituye, por consiguiente, un estupendo nexo de unión de actividades completamente distintas; una magnífica vía de acceso al tratamiento y conocimiento de áreas tan dispares y alejadas entre sí que apenas podrían mostrar otro vínculo de unión entre ellas.

Únase a estos factores el hecho de que existe en los archivos una inmensa riqueza de documentación contable, compuesta por libros de cuentas de todo tipo, balances, inventarios, extractos, comprobantes, etc., absolutamente inexplorada, que descansa en sus estanterías bajo el polvo de los siglos, esperando la llegada de un investigador, y se comprenderá la invencible atracción que los iniciados sienten por la investigación histórico-contable.

Como se ha indicado expresamente y, además, se infiere con claridad de todo lo expuesto, el ámbito donde se desenvuelve la contabilidad es el económico. Por ello, resulta claro que el contexto científico donde debe enmarcarse la historia de la contabilidad es el de la historia económica. El estudio de las cuentas requiere, obviamente, unos conocimientos inexcusables de la técnica contable, cuya evolución a lo largo del tiempo se erige en sí misma en objeto de estudio histórico. Pero, como ya se ha comentado, el objeto final de las investigaciones histórico-contables no se limita a los aspectos técnicos, sino que se extiende por derecho propio a problemáticas de neto carácter histórico-económico, sin excluir las ricas vertientes interdisciplinares que se hacen presentes en la mayor parte de los casos. La dificultad que para los no iniciados suponen los conocimientos técnicos requeridos para su práctica ha dado lugar a que algunos hayan calificado a la historia de la contabilidad de ingeniería de la historia económica, por considerarla su parte más difícil, intrincada y recóndita. Esta dificultad ha motivado, asimismo, que muchos historiadores económicos hayan soslayado y sigan soslayando en sus investigaciones los aspectos histórico-contables para no introducirse en un terreno resbaladizo que no conocen bien. Afortunadamente, el desarrollo de las facultades de Ciencias Económicas y Empresariales, con la inclusión de la contabilidad como asignatura obligatoria en sus programas, está haciendo perder estos recelos a los historiadores económicos de nuevo cuño, pues los antiguos, no lo olvidemos, provenían, hasta hace pocos años, de las facultades de Filosofía y Letras. Sin embargo, lo cierto es que, pese a ello, todavía no se ha llegado a un grado suficiente de implicación de los historiadores económicos en temas propiamente histórico-contables. Las perspectivas en este aspecto son, empero, esperanzadoras. A ello contribuye el hecho de que en estos momentos las dos tendencias más acusadas y florecientes de la historia económica moderna, las que han abierto nuevos horizontes y utilizado fuentes hasta ahora inexploradas, son, por un lado, la de la integración del cambio tecnológico como componente endógeno de la evolución económica, y, por el otro, la del estudio de la historia de la empresa. Ambas direcciones son confluyentes y marcan el inicio de una nueva concepción de la historia económica, cuyas coordenadas principales estarán formadas por la combinación de la historia de la empresa, la historia del cambio tecnológico y la teoría económica. Inevitablemente, el estudio de la historia de la empresa, que lleva implícita la inclusión del estudio de la evolución tecnológica, junto con la consideración de las teorías económicas que explican el devenir de los hechos, llevará en un futuro próximo a la plena incorporación de la historia de la contabilidad en el conjunto, si se quiere llegar a elaborar una historia completa y fiel de la empresa. Mientras ello no se haga, la historia de la empresa estará siempre manca, por la falta de la toma en consideración de uno de sus aspectos más importantes y esclarecedores, pues verdaderamente los libros de cuentas son las fuentes que ofrecen una visión más real, objetiva, conjuntada, e interrelacionada, vista desde sus mismas entrañas, de la situación, marcha y funcionamiento de una empresa o institución.

Sin embargo, por el momento, como se decía, los historiadores económicos, incluidos los que se dedican específicamente a la investigación de la historia de la empresa, están todavía poco integrados en el estudio de la historia de la contabilidad. Por un lado, las dificultades técnicas, pero, por el otro, el poco lustre reconocido al quehacer contable en los medios intelectuales, constituyen factores que, como se ha señalado, dificultan posiblemente la plena integración. Ello no quiere decir, obviamente, que no haya y no haya habido desde el comienzo figuras ilustres de la historia económica que no se hayan sentido atraídas por la historia de la contabilidad y no la hayan cultivado en su sentido más propio y riguroso. Recordemos, por ejemplo, los estudios de Heinrich Sieveking, de finales del siglo XIX y comienzos del XX, o más recientemente los de Raymond de Roover y Federigo Melis. Pero estas son figuras aisladas, pioneras, que comprendieron tempranamente que las posibilidades de la investigación histórico-contable iban mucho más allá de los enfoques técnicos que comúnmente se le atribuían en un principio. A estas figuras se debe también el impulso decisivo en la evolución del concepto y el alcance de esta disciplina que en este sentido se viene produciendo desde sus inicios, muy lentamente al principio y con mejores perspectivas en los últimos tiempos, según hemos comentado.

Pero hoy por hoy, pese a la existencia de los casos indicados y de otros más o menos singulares que se van dando cada vez con mayor frecuencia, debe reconocerse que dicha evolución no ha alcanzado el estadio deseable, pues el grueso de los investigadores interesados en la historia de la contabilidad está compuesto todavía por profesores o estudiosos de la contabilidad que, trascendiendo las lindes puramente técnicas e instrumentales de su disciplina, sienten curiosidad por conocer los orígenes de la misma y sus implicaciones en el desenvolvimiento empresarial, económico e institucional. Ello presenta ventajas e inconvenientes para el desarrollo de la historia de la contabilidad. Ventajas, porque la procedencia de los historiadores garantiza su competencia técnica y, por consiguiente, una correcta comprensión de la relevante problemática contable. Inconvenientes, porque esta misma procedencia encubre en casi todos los casos una carencia de específica formación historiográfica y condiciona frecuentemente una preocupación demasiado acentuada por las cuestiones técnicas, excepto en el caso de los adeptos a la “nueva historia de la contabilidad” que se sienten más atraídos por la implicación de la contabilidad en problemas sociales, políticos e institucionales, como más adelante veremos. En cualquier caso, mientras no se logre un grado de integración mayor de la historia de la contabilidad en la temática habitualmente estudiada por los historiadores económicos, la historia económica desaprovechará una de las vías de aproximación más ricas de las que dispone y la historia de la contabilidad no podrá desarrollar adecuadamente todas las posibilidades que encierra.

2. Primeros tiempos de la historia de la contabilidad. Las técnicas contables para uso de los contables (1852-1936)

De acuerdo con lo comentado, y pese al gran auge experimentado en los últimos años, la composición actual del colectivo de interesados en el estudio de la historia de la contabilidad no difiere sustancialmente de la existente en los primeros balbuceos de esta disciplina, pues fueron también profesionales o estudiosos de la contabilidad los que mostraron el primer interés por conocer los orígenes de su materia. Lo que sí ha variado considerablemente ha sido el número de integrantes del colectivo. Ya en los siglos XVI, XVII y XVIII se encuentran obras que al tratar de la contabilidad y la teneduría de libros, contienen alguna referencia a aspectos concretos de la historia de las técnicas contables o la mención de algún autor concreto. De ellas, puede que la más completa y conocida sea la publicada en París por Matthieu de la Porte en el año 1685, con el título: Le guide des négocians et teneurs de livres. En España tampoco faltan ejemplos de este temprano interés por la historia de la contabilidad, como el supuesto por el libro de Sebastián de Jócano y Madaria Disertación crítica y apologética del arte de llevar cuenta y razón, publicado en 1793. Sin embargo, estas primeras referencias histórico-contables solo constituyen citas aisladas que hablan de pasada, con carácter más bien anecdótico, de episodios señalados y concretos relativos a antiguos autores contables.

El estudio sistemático de la historia de la contabilidad, propiamente dicho, comienza más tarde, a mediados del siglo XIX. El primer libro dedicado real y específicamente al estudio de los orígenes y desarrollo de la contabilidad, aunque con referencia específica a los textos sobre la materia escritos en lengua inglesa, es el redactado por Benjamin Franklin Foster y publicado en Londres en 1852, The origin and progress of bookkeeping. No obstante, en la Europa continental se viene considerando tradicionalmente, en cambio, que fue la conferencia pronunciada por Ernesto Luchini en 1869 en los actos inaugurales de la Accademia dei Ragionieri de Milán la que, en la Edad Contemporánea, despertó de manera súbita el interés por la obra de Luca Pacioli, autor del primer texto explicando el sistema de contabilidad por partida doble, impreso en Venecia en el año 1494, y, por ende, por la historia de la contabilidad en general.

En una primera etapa, dentro de este período inicial, etapa que podría extenderse hasta finales de siglo, la historia de la contabilidad es una cuestión que interesa prioritariamente a estudiosos italianos y a los de habla alemana, todos ellos profesores o profesionales de la contabilidad. Los primeros se interesan por el tema, posiblemente, por ser de autoría italiana los primeros textos sobre la materia, y los segundos como una manifestación más del interés historicista alemán en esa época. Los autores italianos son los más numerosos, seguidos por los alemanes. Para completar la plantilla de los principales iniciadores de la investigación histórico-contable, habría que añadir tres o cuatro autores ingleses, además de un par de autores franceses y dos o tres holandeses.

Prácticamente todos los trabajos realizados en esta etapa conciben fundamentalmente la historia de la contabilidad como el estudio de los autores y los tratados contables del pasado, aunque no faltan algunos estudios aislados sobre libros de cuentas, realizados, sobre todo, por los autores alemanes. Dentro del sector de estudio predominante, las investigaciones se interesan primordialmente por los orígenes de la contabilidad en general y del sistema de la partida doble en particular. De esta manera, se escriben diversos trabajos sobre la contabilidad en la antigua Roma y los pueblos de la antigüedad en general, se presta particular atención a los caracteres distintivos de la partida doble y se destaca el avance que supone este método sobre los precedentes. Se halla también en este período algún trabajo dedicado al estudio de la profesión contable.

La segunda etapa de este período, constituida por el primer tercio del siglo XX, se caracteriza por una intensificación de los estudios en lengua alemana y una incorporación a cercano nivel de autores de lengua inglesa. Por su parte, los italianos ven severamente reducida su participación, tan importante en el tramo anterior. En el primer tercio de este siglo se registran tan solo dos aportaciones significativas en lengua italiana, y ello a comienzos del período, como si se tratase de una prolongación del entusiasmo inicial. Son dignos de mención también los trabajos de algunos holandeses, así como, sobre todo, los de un belga, Raymond de Roover, que merece trato especial, porque muy poco después se convertirá en el verdadero impulsor y configurador de la historia de la contabilidad moderna, antes de acreditarse como extraordinario experto en historia de la banca, de los cambios, de los documentos de crédito y del pensamiento económico, todo ello gracias posiblemente a los conocimientos prácticos de contabilidad y del tráfico mercantil adquiridos en su etapa de empleado contable en una compañía naviera y en un banco. Por su parte, Francia sigue participando también en la investigación histórico-contable de la época, aunque en un menor grado.

En esta etapa hay que destacar también los trabajos de dos españoles, Fernando López y López y José María Cañizares Zurdo, que se suman al concierto de los historiadores de la contabilidad europeos. El primero, relacionado sobre todo con la escuela de habla alemana y muy en particular con Karl Peter Kheil, del que tradujo una obra en 1902; y el segundo familiarizado especialmente con la escuela francesa.

Al igual que ocurría en la etapa anterior, también la mayoría de los trabajos realizados en esta segunda etapa concibe fundamentalmente la historia de la contabilidad como el estudio de autores y tratados contables del pasado. Esta es una característica general de este primer período, que abarca desde el trabajo de Foster hasta los inicios del segundo tercio del siglo XX. Dentro de ella, se siguen escribiendo trabajos sobre la contabilidad en la antigua Roma y, asimismo, se continúa prestando singular atención a los primeros tiempos de la partida doble y a las ventajas que presenta sobre los métodos anteriores. Encontramos también algún trabajo aislado dedicado al estudio de la profesión de auditor de cuentas. De otra parte, se incrementan los estudios sobre libros de cuentas, realizados, sobre todo, por autores alemanes, que de alguna manera trascienden en la mayor parte de los casos la pura problemática contable, para penetrar en el campo de la historia económica. Pero, en general, debe decirse que en esta etapa de la historia de la contabilidad el tema prioritario sigue siendo el de la evolución de las técnicas contables y la identificación y señalamiento de las novedades que se producen dentro de ellas. Son trabajos claramente realizados por estudiosos de la contabilidad, interesados casi exclusivamente por la evolución y progreso de su disciplina. Sin embargo, tal como se apuntaba, destacan algunas excepciones que, con más ambición y sin descuidar los aspectos técnicos, presienten ya la importancia de la historia de la contabilidad como método de aproximación a la problemática histórico-económica.

3. Apertura de horizontes de la historia de la contabilidad (1937-1969)

La aparición en 1937 del artículo de Raymond de Roover: Aux origines d’une technique intellectuelle: La formation et l’expansion de la comptabilité à partie double, abre un segundo período en la investigación histórico-contable. Este artículo fue publicado, y ello ya es de por sí un hecho significativo en los Annales d’Histoire Economique et Sociale. Su publicación constituyó un hecho relevante para el futuro desarrollo de la historia de la contabilidad, marcando un punto de inflexión en la evolución de sus planteamientos, de su ambición, altura y rigor científicos, así como de su encuadramiento dentro de las disciplinas histórico-económicas.

En el transcurso de este período, se va despertando paulatinamente un interés cada vez más amplio y generalizado por la historia de la contabilidad, alcanzando esta un contenido más pleno. Este interés ya no se centra solo en la evolución y desarrollo de las técnicas contables estudiadas fundamentalmente a partir de los tratados antiguos, sino que dedica mayor atención al descubrimiento y estudio de fuentes primarias, es decir, de los libros de cuentas de las respectivas épocas, multiplicándose las investigaciones sobre los mismos. Tal circunstancia propicia la ampliación del campo de estudio de la historia de la contabilidad que, en contacto directo con los libros de cuentas, no solo se interesa ya por las prácticas y técnicas contables pretéritas, sino también por su participación en las técnicas empresariales de dirección, administración y control, de las que se la considera expresión genuina, y finalmente por el estudio de las operaciones registradas en los libros, junto con el del contexto en el cual las mismas tienen lugar. La historia de la contabilidad comienza así a contextualizarse. Extra-polados dichos planteamientos a nivel macroeconómico, no solo se consideran ya las innovaciones contables como un producto y una consecuencia de las necesidades cambiantes planteadas por el progreso del entorno mercantil como hasta entonces se había hecho, sino que se empieza a estudiar también el papel de la contabilidad en la propia configuración del entorno. En especial, se presta atención al papel de la partida doble, junto a otras innovaciones propias de la época renacentista italiana, como factor interactivo en las profundas transformaciones en el ámbito de la organización comercial producidas en la Baja Edad Media. Dichas transformaciones constituyeron, por su importancia, lo que se ha dado en llamar la Revolución Comercial del siglo XIII, que fue estudiada detalladamente por Raymond de Roover (1942, 1965). Esta revolución supuso una profunda renovación en los modos, usos, técnicas y actitudes en la forma de entender y practicar los negocios, marcando un verdadero hito en la historia económica, no solo por el extraordinario auge que experimentaron las transacciones mercantiles, sino sustancialmente y, sobre todo, por los profundos y revolucionarios cambios experimentados, que llevaron consigo la transformación del pequeño capitalismo doméstico en el incipiente capitalismo comercial de los grandes hombres de negocios sedentarios, demasiado ocupados, sabios e importantes para viajar de feria en feria ofreciendo sus mercancías.

Este proceso que, en gran parte, fue causa desencadenante de la decadencia de las ferias de la Champaña, auténtico eje de la vida comercial de la época, trastocó el equilibrio de poderes mercantiles en Europa, relegando a un segundo plano a los comerciantes flamencos, para colocar en lugar preeminente a los hombres de negocios italianos, verdaderos protagonistas de la revolución comercial, que armados de las nuevas técnicas de organización, gestión y control de los negocios, que desarrollaron y dominaron antes que nadie, e imbuidos por la nueva mentalidad, perfectamente conscientes de las inmensas posibilidades que su capacidad y las nacientes circunstancias les abrían, no dudaron en romper con el antiguo sistema, dejando de acudir a las ferias y estableciendo, en su lugar, filiales permanentes en Flandes, Francia, España, Inglaterra, etc., con lo que se convirtieron en monopolizadores directos del comercio exterior de media Europa. Hasta ese momento el comercio de la Europa central y meridional con los países orientales había pasado principalmente por las ferias de la Champaña. Allí llevaban a vender los mercaderes italianos los productos adquiridos en Oriente, que eran comprados por los comerciantes flamencos para su distribución en la Europa central y occidental. A su vez, los flamencos vendían allí los productos adquiridos en los países de esa zona, que en gran parte eran comprados por los mercaderes italianos para su reventa en Oriente.

Al establecer los italianos filiales propias en las principales plazas europeas occidentales para vender directamente sus productos, dejaron de acudir a las ferias, con lo que los mercaderes flamencos se vieron apeados de su privilegiado papel de intermediación al no encontrar clientela en su principal mercado, las ferias de la Champaña, frecuentadas hasta entonces por comerciantes de todos los países para el común intercambio de sus productos, vendiendo los que traían de sus lugares de origen para comprar otros con los que aprovechar el viaje de retorno. De esta manera, los mercaderes flamencos fueron las primeras víctimas de la agresividad comercial y del espíritu innovador de los comerciantes italianos, pues al convertirse estos en sedentarios y establecer casas en Brujas, primero, y luego en París, Londres, etc., hicieron fallar uno de los eslabones más importantes en las ferias de la Champaña, instrumentando un nuevo circuito comercial directo, al margen de las mismas, circunstancia que influyó decisivamente en la decadencia y languidecimiento de estas, así como en la quiebra de la posición de los mercaderes flamencos.

La Revolución Comercial del siglo XIII, con el paso de los mercaderes itinerantes y el régimen de ferias a los grandes mercaderes banqueros sedentarios con filiales y agentes en las principales plazas de contratación, fue posible gracias a una multitud de innovaciones desarrolladas durante los tiempos inmediatamente anteriores por los mercaderes italianos en materia de técnicas comerciales, de contabilidad, derecho mercantil, seguros, prácticas bancarias, instrumentos de crédito, organización y dirección de empresas, etc. Su dominio proporcionó a los mercaderes italianos una situación verdaderamente privilegiada, con un adelanto de más de ciento cincuenta años en relación con sus competidores europeos, en lo que podría denominarse con justicia una especie de Renacimiento económico italiano, anterior al artístico y arquitectónico. Entre estas innovaciones que, según decimos, hicieron factible el paso del comercio itinerante al comercio sedentario se encuentran el desarrollo de formas de asociación más permanentes y consolidadas, el desarrollo de instrumentos de crédito más sofisticados que posibilitaban la situación y transferencia de fondos de una plaza a otra sin desplazamiento físico del dinero, el desarrollo de los seguros marítimos posibilitando a los comerciantes el desplazamiento del riesgo a los aseguradores, el desarrollo de los medios de comunicación y de transporte, y sobre todo de la seguridad de sus rutas, el desarrollo de los negocios bancarios con la transformación de los antiguos cambistas o negociantes de dinero en auténticos banqueros con redes de corresponsales y agentes en toda Europa, etc. Entre todos estos factores que coadyuvaron al advenimiento de la revolución comercial se encontraba también el desarrollo de los métodos y técnicas contables, que hasta entonces habían consistido mayormente en la anotación de transacciones y operaciones de préstamo o pago aplazado, a efectos de recordatorio o de rendición de cuentas, sin ánimo ni planteamientos de globalidad e interrelación. La introducción y generalización de la contabilidad por partida doble proporcionó un marco sistemático para sintetizar y ganar una visión general, completa y rápida de la situación y marcha de los negocios. Ello permitió un control y seguimiento más perfectos de las operaciones encomendadas a filiales y agencias, facilitando el establecimiento de las mismas.

Sea como fuere, el conocimiento del papel jugado por la contabilidad en las transformaciones experimentadas por las macroestructuras organizativas del comercio internacional en el transcurso de la baja Edad Media, constituyó una revelación e inició el interés por estudiar el rol desempeñado por la contabilidad en la configuración de la sociedad moderna, interés que en la actualidad aparece como si fuera un hallazgo que reclaman en exclusiva los militantes en las filas de la “nueva historia de la contabilidad”. Por otra parte, este mismo conocimiento permitió corregir algunas exageraciones, expuestas apresuradamente y sin demasiado conocimiento de causa, sobre el papel jugado por la partida doble en el surgimiento del capitalismo moderno, papel supuestamente decisivo y sine qua non para algún historiador económico como Werner Sombart (1919), en contra de lo que afirma la realidad histórica, como demostró cumplidamente Basil Yamey, otro de los grandes impulsores de la historia de la contabilidad (Yamey: 1949, 1962).

En este mismo período, se publicaron las grandes historias generales de la contabilidad que, deben emplearse todavía hoy, aun a sabiendas de que las mismas requieren una profunda revisión. Me refiero a la Storia della Ragioneria de Federigo Melis (1950) y a la Histoire et doctrines de la comptabilité de Joseph-H. Vlaemminck (1956).

La inmensa mayoría de los investigadores histórico-contables de este período sigue procediendo del campo de la contabilidad, aunque algunos de ellos como Raymond de Roover, Federigo Melis y otros, sin abandonar su interés inicial por la historia de la contabilidad, se incorporarán luego plenamente al campo de la historia económica, en el que llegarán a alcanzar gran autoridad y prestigio, posiblemente, como ya se indicaba más arriba, debido a sus grandes conocimientos prácticos del mundo de los negocios. Por otra parte, debe destacarse el hecho de que la participación de investigadores italianos, tan nutrida durante la primera etapa del período anterior y que ya había experimentado una notable disminución en la segunda, sufre inexplicablemente un eclipse casi total en este período. El liderazgo en la investigación pasa a manos de estudiosos de lengua francesa e inglesa.

De estos tiempos es también la obra clásica de Paul Garner sobre la evolución de la contabilidad de costos, así como la colección de estudios sobre historia de la contabilidad publicada por Littleton y Yamey y la utilísima galería de los grandes autores contables de Stevelinck y Haulotte comenzada en 1956.

4. Consolidación, auge y revolución epistemológica y metodológica (a partir de 1970)

El año 1970 marcó un hito importante en el desarrollo moderno de la historia de la contabilidad, abriendo un nuevo período, el actual, por haber tenido lugar el Primer Simposio de Historiadores de la Contabilidad, celebrado en Bruselas gracias a los desvelos y a la iniciativa de Ernest Stevelinck, uno más entre los grandes impulsores de nuestro tiempo. Como guía de la exposición realizada con motivo del simposio se editó un catálogo de los autores de tratados contables antiguos que conserva todavía toda su utilidad a pesar del tiempo transcurrido (Stevelinck: 1970). Por otra parte, el simposio dio pie para que los historiadores de la contabilidad, hasta entonces dispersos, pensaran en agruparse, en editar un órgano de difusión y en convocar nuevas reuniones. Tal fue el origen del Comité International des Histo-riens de la Comptabilité, promovido por el propio Stevelinck y que nunca llegó a ser totalmente operativo, del Committee on Accounting History de la American Accounting Association, pronto fracasado, y de la subsiguiente Academy of Accounting Historians norteamericana, de la que ya se ha hablado. Este fue también, como se ha dicho, el origen de los actuales congresos mundiales de historiadores de la contabilidad y asimismo fue el origen remoto de The Accounting Historian, primera revista de historia de la contabilidad, que surgió como primitivo órgano de comunicación de la Academia, publicado desde enero de 1974 hasta finales de 1976, ya que en 1977 apareció con otra textura y ambición su continuador, el actual The Accounting Historians Journal. Todas estas novedades, que, a su vez, dieron lugar a nuevas asociaciones, nuevas revistas y nuevos contactos, con el consiguiente efecto estimulador y la gratificante secuela de nuevas y abundantes investigaciones, abarcando más temas y épocas, con mayor integración en un contexto histórico-económico, fueron de alguna manera fruto de la estela dejada por el simposio de Bruselas, organizado por Stevelinck.

Por esta época también, se publicó, bajo el nombre de Historic Accounting Literature, la primera serie de la monumental colección de reimpresiones de tratados antiguos de contabilidad, que puso a disposición de los estudiosos las obras más relevantes en este campo (Bywater: 1978). Unos años más tarde esta magnífica iniciativa sería completada con la publicación de una segunda serie, igualmente importante (Yamey: 1989). Todos estos hechos justifican que estos años reciban el nombre de período de consolidación del estudio de la historia de la contabilidad.

Por otra parte, en la segunda mitad de este período se produce uno de los acontecimientos más importantes en lo tocante a la expansión del interés por la historia de la contabilidad y a la apertura de horizontes en su campo de investigación. Me refiero a la aparición de la “nueva historia de la contabilidad”, que surge con fuerza y como un movimiento confrontado con la historia de la contabilidad tradicional, o “convencional”, como prefieren denominarla los adeptos de aquella, abriendo un agrio debate epistemológico y metodológico sin precedentes en el seno de la historia de la contabilidad.

La “nueva historia de la contabilidad” es un fruto más, tardío, de los movimientos postmodernos de relativismo y contestación a los cánones y planteamientos culturales heredados, que durante las últimas décadas han invadido todos los ámbitos intelectuales y artísticos. Dentro de su medio específico, la “nueva historia de la contabilidad” ha nacido del ayuntamiento y maridaje de las nuevas ideas epistemológicas y metodológicas sobre la historia en general con el nuevo paradigma crítico radical de investigación de la contabilidad. Como los demás hijos del postmodernismo, —en lugar de venir con un pan bajo el brazo—, la nueva criatura ha venido al mundo, o al menos esta parece ser la voluntad de algunos de sus fundadores, con el decidido propósito de descalificar y arrumbar a la “historia tradicional de la contabilidad”.

Como circunstancia curiosa, debe señalarse que estos fundadores tienen a gala proclamar que su grupo no está compuesto de historiadores, sino de sociólogos, politólogos, etnólogos, ideólogos, etc., queriendo, posiblemente, hacer hincapié con ello en el carácter multidisciplinario de sus investigaciones. Recuerdan con esta afirmación, salvando las distancias, las palabras de nuestro admirado poeta León Felipe cuando decía que “cualquiera sirve, cualquiera, para enterrar a los muertos; cualquiera, menos un sepulturero”. Con todo, y a pesar de su pretensión, lo cierto es que todos o casi todos los componentes del grupo de nuevos historiadores de la contabilidad son profesores o profesionales de la contabilidad.

La “nueva historia de la contabilidad” no constituye, en realidad, una escuela o un cuerpo unitario de doctrina, sino un conjunto variado de enfoques y formas de entender la disciplina que, a menudo, muestran importantes diferencias entre sí. Por ello, los comentarios que se hagan al respecto, útiles porque intentan explicar el trasfondo de la cuestión, no deben elevarse a nivel general. En cualquier caso, sí es cierto que los partidarios de la “nueva historia de la contabilidad” comparten unas ideas y tendencias comunes que hacen que este conjunto de enfoques y planteamientos se distinga, según sus seguidores, de las formas tradicionales en que la historia de la contabilidad se ha venido entendiendo y practicando.

Los dos grandes rasgos distintivos de la “nueva historia de la contabilidad” en relación con la “tradicional” son, a juicio de sus prosélitos, los siguientes: En primer lugar, la proclamada pérdida de la fe en la posibilidad de alcanzar la objetividad en el estudio y descripción de los hechos históricos. En segundo lugar, el abandono de esa especie de darwinismo histórico-contable, consistente en pensar que la contabilidad, lo mismo que las demás actividades humanas, está sujeta a un proceso más o menos lineal de progreso continuado bajo el estímulo de las necesidades de adaptación a los requerimientos del entorno. Los adeptos de la “nueva historia de la contabilidad” niegan la existencia de este proceso evolutivo hacia el progreso y postulan, por el contrario, que lo significativo, lo que debe estudiarse con mayor énfasis, no son los cambios evolutivos, sino las situaciones de ruptura, de interrupción, de retroceso. Por otra parte, no creen tan importante la adaptación de la contabilidad a los requerimientos del mundo exterior, como la forma en que la contabilidad ha contribuido y sigue contribuyendo a influenciar su entorno y, por ende, la configuración y evolución de la sociedad.

Obviamente, esta última concepción responde a la idea de que la contabilidad no debe ser estudiada como una técnica, sino como un elemento de configuración del contexto social y organizativo de la humanidad, concepción en la que podría estar de acuerdo la mayor parte de los historiadores tradicionales de la contabilidad si se la desprende del carácter excluyente y dogmático con que los nuevos historiadores revisten todas sus afirmaciones.

En la adopción de estos planteamientos antievolutivos han tenido especial importancia las ideas de Michel Foucault, que, de una manera u otra, han influido en casi todos los adeptos a la “nueva historia de la contabilidad”, ejerciendo en algunos de ellos un influjo tan fuerte que los ha configurado como un grupo específico dentro del conjunto. En el contexto que nos ocupa, las ideas de Foucault que más han afectado a los nuevos historiadores de la contabilidad en general han sido las relativas a las relaciones saber-poder y al papel de la disciplina en la sociedad de nuestros días. En efecto, desde que la humanidad hiciera estallar a finales del siglo XVIII el corsé de los gobiernos autoritarios para hacer valer los ideales de libertad, las capas dirigentes de la sociedad han tenido que ir arbitrando nuevas formas indirectas de disciplinar y gobernar a sus miembros. La contabilidad forma parte de este proceso, que Foucault ilustra a partir del Panopticon de Jeremy Bentham, es decir, de esa prisión circular en la que los guardianes pueden ver y vigilar a los presos sin ser vistos, de forma que estos se sientan constantemente vigilados. La contabilidad directiva o de gestión ofrece a los foucaultianos un ejemplo patente de este proceso dentro del contexto contable, pues dicho sistema permite observar el funcionamiento de toda la organización y asegurar la vigilancia y el control del comportamiento y rendimiento de sus trabajadores. Naturalmente, para los foucaultianos, la contabilidad de gestión no ha sido desarrollada por motivos de racionalidad puramente económica, sino más bien como consecuencia de esa búsqueda, nunca explicitada por las capas dirigentes, de medios de disciplina, control y vigilancia sociales.

De acuerdo con su teoría de que los procesos sociales se desarrollan inexorablemente bajo el signo de la búsqueda de situaciones de poder y prevalencia, otro de los temas que más llaman la atención a buena parte de los seguidores de la “nueva historia de la contabilidad”, pues les permite desarrollar sus ideas preferidas, es el de la formación de la profesión contable y el consiguiente movimiento agrupacionista, con el establecimiento de asociaciones en defensa de los intereses generales del gremio. Debe decirse que, con independencia del planteamiento apriorista que se adopte, parece que esta es, efectivamente, una de las cuestiones más interesantes a las que puede dedicar su atención la moderna investigación histórico-contable.

Por otra parte, y en consonancia también con las pautas de la historia postmoderna, otros campos de investigación que gozan de la predilección de algunos sectores de la “nueva historia de la contabilidad” son los relativos a las dificultades que algunas minorías marginadas, como las constituidas por mujeres, gentes de color, etc., han hallado en el pasado para integrarse en las filas oficialmente reconocidas de la profesión contable. Producto de estos mismos esquemas es la aparición en el campo de la historia de la contabilidad de la llamada “historia oral”, es decir, la investigación histórico-contable a partir de evidencias o testimonios orales, lo que, a fin de cuentas, responde a la idea de que, así como así, los hechos históricos no pueden probarse.

En efecto, el derrumbamiento y rechazo de la llamada “ilusión de la objetividad” —“that noble dream”, como la calificaba burlonamente Peter Novick— han hecho restar importancia a la investigación y exposición de los hechos histórico-contables y han cambiado la actitud del nuevo historiador hacia los mismos. No se trata ya de “dejar hablar a los hechos por sí mismos”, como pretendían ingenua o taimadamente los historiadores tradicionales, sino de formular interpretaciones apriorísticas que puedan ser verificadas por los hechos, más que permitir que sean los hechos los que establezcan las interpretaciones que se derivan de ellos mismos. La reflexión teórica debe preceder, así, a la búsqueda y recopilación de los hechos. Hacer lo contrario significaría caer en el archiconocido pecado del anticuarismo que los nuevos historiadores de la contabilidad reprochan, venga o no a cuento, a los tradicionalistas. Es decir, en la recogida y descripción de hechos por vana erudición, sin intentar interpretarlos o buscarles una explicación. Esta posición es la que hace que los nuevos historiadores de la contabilidad desprecien la investigación en archivos y la búsqueda de fuentes primarias.

Se habrá observado que, como se ha apuntado ya, los planteamientos básicos de la “nueva historia de la contabilidad” no son, en efecto, sino una transposición más o menos lineal de las ideas barajadas en la moderna discusión historiográfica, combinadas con los planteamientos radicalizados del nuevo paradigma crítico de la investigación contable. En esta radicalización y afán excluyente, así como en la decidida voluntad de utilizar la historia de la contabilidad como instrumento de interpretación ideológica para poner de manifiesto y combatir la perpetuación de estructuras capitalistas explotadoras, en lugar de procurar investigar los hechos lo más objetiva y neutralmente que se pueda, con el simple propósito de conocer y explicar nuestro pasado en toda la medida en que ello sea posible, radica posiblemente el punto más débil y auténticamente criticable de los nuevos planteamientos.

Es difícil prever lo que traerá el futuro, pero las modas pasan y las pugnas ceden. Solo lo auténtico permanece. Lo mismo ocurrirá, posiblemente, en relación con esta pugna en el campo de la historia de la contabilidad. Cuando todo haya pasado, no habrá en sentido estricto nueva historia ni historia tradicional en sus acepciones actuales. La historia de la contabilidad, sin adjetivos, habrá incorporado a su corpus los aspectos positivos traídos por la nueva historia, nacidos sobre todo de la reflexión a que ha forzado la crítica emitida por los partidarios de los nuevos planteamientos, crítica casi siempre exagerada e injusta, pero útil porque ha obligado a pensar y a desprenderse de adherencias y hábitos no beneficiosos adquiridos con el tiempo. Por otra parte, se habrá beneficiado del ensanchamiento de horizontes propiciado por la “nueva historia de la contabilidad”, así como de la atención e interés suscitados en favor de la disciplina gracias al enconado debate mantenido entre los partidarios de las dos tendencias.

Conclusión

En las páginas precedentes se ha intentado exponer, a grandes rasgos, la naturaleza y objeto de la historia de la contabilidad, su campo de estudio, su encuadramiento científico, la composición del colectivo de investigadores, la evolución de todos estos conceptos y magnitudes, el debate epistemológico y metodológico que se está llevando a cabo actualmente entre los partidarios de las tendencias posmodernistas y tradicionales, etc.

De todo lo expuesto, nos interesa fundamentalmente retener la idea de que, surgida de la curiosidad de unos profesores y profesionales interesados en conocer los orígenes de la disciplina que les ocupaba, la historia de la contabilidad ha ido evolucionando con paso lento pero firme hacia su reconocimiento como uno de los enfoques más técnicos y difíciles, pero también más prometedores de la historia económica: La ingeniería de la historia económica. Esta evolución ha venido marcada por la ampliación del interés investigador que, en un principio, se centraba en el estudio de las técnicas contables a partir de los tratados de autores antiguos, para pasar luego, con este mismo objeto, al estudio de los libros de cuentas y demás documentación contable y, de ahí, al estudio de las operaciones registradas y demás aspectos relacionados con el funcionamiento, marcha y gestión de la empresa o institución dueña de la documentación, así como con el contexto en el que esta estaba inserta. Por último, el interés investigador se ha extendido también a la influencia ejercida por la contabilidad y las instancias contables sobre la configuración de su entorno social, en el más amplio sentido de la palabra.

Al mismo tiempo en que se producía esta evolución, el colectivo de interesados en la historia de la contabilidad, compuesto hoy todavía en su inmensa mayoría por profesionales y profesores de contabilidad, se iba enriqueciendo con la incorporación de estudiosos pertenecientes al campo de la historia económica.

Todos estos hechos han provocado un auge inusitado del interés por la historia de la contabilidad, que se ha visto estimulado también por el debate al que se hacía referencia, con resultado de un aumento extraordinario de las investigaciones y la correlativa fundación de asociaciones y revistas, convocatoria de numerosos congresos y encuentros de trabajo, etc.

A la vista de todo ello, dada la riqueza de las fuentes documentales existentes, totalmente inexploradas en su inmensa mayoría, y la importancia de los conocimientos que dichas fuentes pueden proporcionar, puede pronosticarse para el futuro un número cada vez mayor de interesados en la historia de la contabilidad, entendida en el sentido señalado de forma de enfoque y vía de aproximación a la problemática histórico-económica.

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