La noción de siniestro en los seguros de responsabilidad y de gastos

Revista Nº 13 Oct.-Dic. 2006

por Marcel Fontaine 

1. Introducción

La noción de “siniestro” es una de las más fundamentales dentro del derecho de los seguros. El contrato de seguro, aleatorio, se caracteriza por el hecho de que el asegurador se encuentra subordinado a la realización de un hecho incierto: el “riesgo”. Su ocurrencia se constituye en el “siniestro”. El inmueble asegurado contra incendio se incendia. La persona asegurada por vida fallece.

La aparición del siniestro es un hecho importante en muchos niveles. Su efecto principal es desencadenar la obligación de cobertura en cabeza del asegurador, siempre y cuando haya ocurrido durante el término de cobertura bajo el contrato de seguro. Igualmente, el siniestro hace nacer a cargo del asegurado algunas obligaciones como la de atenuar el daño —véase, por ejemplo, en el derecho belga, el artículo 20 de la Ley del 25 de junio de 1992 sobre el Contrato de Seguro Terrestre, en adelante, LCST—(1) y la de advertir al asegurador sin retardo (LCST, art. 19).

En principio, el siniestro es el punto de partida de la prescripción de la acción en pago del capital o de la obligación de indemnizar (LCST, art. 34). El contrato de seguro es nulo cuando se refiere a un riesgo “putativo”, situación en la que el siniestro ya ha ocurrido al momento de la terminación del contrato (LCST, art. 24). Importa entonces determinar con precisión el momento en el que se presenta el siniestro, pues con su ocurrencia se generan diferentes efectos jurídicos.

En los seguros de bienes, como en los de personas, una determinación de este tipo no suscita en general ninguna dificultad particular. El incendio se produjo el 10 de mayo. El asegurado falleció el 14 de octubre. Pueden surgir problemas probatorios respecto de circunstancias concretas —el siniestro, por ejemplo, ocurrió en un lugar difícil en el cual las comunicaciones son deficientes—, pero, en principio, resulta fácilmente localizable en un determinado momento en el tiempo.

Esto puede ser diferente en los seguros de responsabilidad y en algunos seguros de gastos. Esta cuestión, hace poco percibida, ha llamado la atención desde hace varios años en el derecho belga(2). Igualmente, la doctrina francesa ha realizado algunas reflexiones(3).

2. Seguros de responsabilidad

El siniestro está definido como la realización del riesgo. Sin embargo, ¿esta definición simple se le aplicaría a los seguros de responsabilidad? La respuesta es no. La transposición de la noción de siniestro a este sector de seguros conlleva, en efecto, respuestas más complejas.

El riesgo cubierto es aquel en el que la responsabilidad del asegurado podría estar comprometida. Pero entonces, ¿cuándo ocurre? Varios estadios se suceden en la ejecución de una responsabilidad: la culpa, el daño, la primera reclamación de la víctima, la intención eventual de una acción judicial, la decisión que condena al asegurado. El siniestro no sucede sino al término de un proceso susceptible de durar varios meses o, incluso, años(4).

En consecuencia, no es posible determinar un momento único y preciso en el cual aparecería, ya que este se realiza, en su duración, durante varias etapas. Entonces, la cuestión resulta más importante que en los seguros de responsabilidad, por cuanto las consecuencias jurídicas que se le atribuyen al siniestro son particularmente numerosas.

Así, en el derecho belga, además de las causales que le son comunes a todo contrato de seguros, las cuales son suficientemente conocidas —nulidad del seguro sobre riesgos “ya ocurridos” a la conclusión del contrato, obligaciones del asegurado de atenuar el daño y de avisar al asegurador y obligación de indemnización a cargo del asegurador—, la ocurrencia de un siniestro le otorga al asegurador de responsabilidad el derecho y la obligación de asumir la dirección del litigio (LCST, art. 79), le permite al afectado interponer una acción directa contra el asegurador (LCST, art. 86), el régimen de inoponibilidad de las excepciones relacionadas con la acción directa distingue entre las excepciones anteriores y posteriores al siniestro (LCST, art. 87) y empiezan a correr varios términos de prescripción —de la acción de la víctima contra el asegurador, la del asegurado contra el asegurador, la de recurso eventual del asegurador contra el asegurado— (LCST, art. 34).

A propósito de cada uno de estos efectos jurídicos, y al no corresponder el siniestro a un momento exacto en el tiempo, es necesario preguntarse con cuál estadio de la cristalización progresiva del mismo conviene relacionarlo(5). La conclusión más importante es que las respuestas son diferentes. En cada caso se trata de ubicar la regla en cuestión con la fase más apropiada del proceso.

En efecto, no es suficiente referirse a las condiciones clásicas de la responsabilidad —error-nexo de causalidad-daño— para concluir que hay siniestro desde el instante mismo en que se conjuguen estas condiciones, pero solamente en ese momento. Los efectos múltiples que el derecho de seguros le da a la noción de siniestro lleva a otro tipo de apreciaciones.

La nulidad de la cobertura del riesgo ya realizado no se aplica sino a los siniestros plenamente realizados. Especialmente, se verá que la cobertura de los “riesgos de anterioridad” incluye los hechos generadores anteriores a esta, que no han dado lugar, todavía, a una reclamación por parte de la víctima(6).

Por el contrario, las obligaciones del asegurado “en caso de siniestro” se originan muy temprano en el proceso. La obligación de prevenir y atenuar las consecuencias del siniestro se pone en marcha desde que este se comienza a manifestar —un asegurado por responsabilidad deberá reducir las consecuencias posibles de la falta que haya cometido sin esperar a un primer daño eventual—.

En el derecho belga se ha presentado una discusión en relación con la problemática de los siniestros “inminentes” sobre los que se pueden contratar diferentes medidas de prevención o, por lo menos, dar lugar a la asunción de los gastos por parte del asegurador(7). La obligación de notificar la ocurrencia del siniestro nace al menos desde la primera reclamación de la víctima, pero no puede aparecer con anterioridad. Frecuentemente, las pólizas estipulan la obligación de declarar las “amenazas de siniestro”, es decir, los errores cometidos que pueden ser susceptibles de dar lugar a responsabilidad(8).

Pero, ¿qué sucede con las obligaciones del asegurador? En lo que concierne a la dirección del litigio, el derecho belga establece que este debe asumir el hecho y la causa por cuenta de su asegurado “... a partir del momento en que —su— garantía (...) es debida, y para lo mismo a lo que se le haya llamado”(9) (LCST, art. 79). El primer miembro de la fórmula no puede ser comprendido literalmente, porque la deuda del asegurador no se establecerá sino dentro del término del proceso hacia el cual se dirija; sin duda, debe entenderse que el asegurador tendrá que asumir la defensa en caso de que la garantía sea susceptible de deberse si la responsabilidad del asegurado tenía que establecerse. A pesar de la formulación del texto, el factor temporal que hay que retener no se encuentra en el primer miembro, sino en el segundo: la obligación de asumir el hecho y la causa tiene efecto desde que se acude a ella(10).

Por el contrario, la indemnización completa de la víctima supone que todos los elementos constitutivos de la responsabilidad, incluido el daño en toda su extensión, estén establecidos y relevados de toda contestación, lo que no puede ocurrir sino en la última instancia de un proceso que haya durado años(11).

La persona perjudicada tiene acción directa contra el asegurador del responsable (LCST, art. 86). Según la preceptiva: “El seguro hace nacer a favor de la persona lesionada un derecho propio en contra del asegurador”(12). El derecho se confiere a quien resulta “lesionado”. Es así como la ocurrencia del daño da lugar a la acción directa.

En el derecho belga, la acción directa de la víctima está combinada con un régimen de inoponibilidad de las excepciones que depende de si el seguro es o no obligatorio (LCST, art. 87). En el primer caso, las excepciones, nulidades y decaimientos “... que tienen su causa en un hecho anterior o posterior al siniestro”(13) son inoponibles a la persona perjudicada, fórmula que hace indiferente la localización precisa del siniestro.

Por su parte, en los seguros no obligatorios, las excepciones, nulidades y pérdidas del derecho a la indemnización “que encuentran su causa en un hecho anterior al siniestro”(14) son oponibles. Incluso en los seguros obligatorios es oponible a la víctima la expiración del contrato que haya tenido lugar antes de la ocurrencia del siniestro”(15). En este punto, la división entre las excepciones oponibles y no oponibles nos parece que debe estar fijada con ocasión de la ocurrencia del daño, momento en el que se cristalizan los derechos de la víctima y las condiciones de la responsabilidad que se reúnen por primera vez —incluso aunque estas condiciones sean debatidas o que todavía se pueda desarrollar el daño—.

La prescripción de la acción directa de la víctima toma su curso “... al contar el hecho generador del daño o si hay infracción penal a partir del día en que ella haya ocurrido”(16). Toda vez que “... cuando la persona lesionada prueba que no tenía conocimiento de su derecho en relación con el asegurador sino en una fecha posterior, la mora no comienza a correr sino a partir de esta fecha...”(17) (LCST, art. 32, §2). En consecuencia, durante el proceso, tres momentos diferentes son susceptibles de tenerse en cuenta. La acción de recurso del asegurado contra el asegurador de responsabilidad prescribe “a partir de la demanda de la persona lesionada”(18) (LCST, art. 34, §1º al 3º). En relación con la acción de recurso del asegurador contra su asegurado, es el “día de pago por parte del asegurador, salvo caso de fraude”(19), lo que constituye el punto de partida de la prescripción (art. 34, §3). Una vez más, aquí se constata cómo cada regla relativa al siniestro se relaciona con un momento específico del proceso(20).

La célebre pregunta sobre la extensión del tiempo de la garantía del seguro de responsabilidad también se relaciona con el hecho de que el siniestro constituye un fenómeno progresivo. En efecto, el contrato de seguro se concluye por una cierta duración. El siniestro toma en sí mismo un cierto tiempo para desarrollarse a plenitud.

Puede suceder que todo el proceso de su ocurrencia se inscriba dentro de la duración del contrato, en cuyo caso la cobertura es plenamente desarrollada. Pero, igualmente, es factible que el proceso sea llevado a cabo en el momento en que el contrato produce sus efectos, especialmente si el “hecho generador” ha tenido lugar con anterioridad; es el tema del “riesgo de anterioridad”. Lo inverso es igualmente posible, en particular si el “reclamo” de la persona perjudicada se formula después de la finalización del contrato; se trata del “riesgo de posterioridad”. Este tipo de situaciones son más frecuentes cuando el contrato es de corta duración y es lo que corresponde a la tendencia actual. En casos como este, ¿se debe la cobertura?

El carácter evolutivo del siniestro justifica que la asunción del riesgo por parte del asegurador sea concebible. Una cobertura retroactiva de riesgos realizados antes de la conclusión del contrato de seguro es, en principio, prohibida(21). Sin embargo, la situación puede ser diferente en los seguros de responsabilidad, por el carácter evolutivo del siniestro; con la simple producción del hecho generador no se ha materializado el siniestro. Solo hasta que se produzca el hecho generador, tendrá lugar el siniestro.

En cuanto al riesgo de posterioridad, este no se concibe, igualmente, sino cuando el siniestro corresponde a un proceso y cuando, a la terminación del contrato, aquel se hubiera iniciado pero sin llegar al punto de que la víctima presente una reclamación. Necesariamente, surge la inquietud de saber si un siniestro en curso debe ser o no cubierto. Las cláusulas “claims-made” tienen por objeto acortar la asunción de tales siniestros. Las preferencias de los aseguradores por una solución como esa son bien entendidas, pero la posición de los asegurados resulta evidentemente diferente.

El objeto de la presente contribución no es desarrollar esta problemática en sí misma. La cuestión es bien conocida. En Francia, especialmente, ha dado lugar a posiciones doctrinales y jurisprudenciales importantes(22).

En Bélgica, el legislador ha tomado una posición extrema en la LCST, la cual aligeró con la reforma del 24 de diciembre de 1994(23). En el régimen actual, las cláusulas “claims-made” quedan, en principio, prohibidas; el artículo 78 §1 de la ley establece: “La garantía del seguro opera sobre el daño ocurrido durante el término del contrato y se extiende a las reclamaciones formuladas después de la finalización del contrato”(24). Por su parte, el nuevo §2 abre la puerta a ciertas excepciones para la exclusión de las pólizas “claims-made”, pero bajo condiciones restrictivas.

En el campo de aplicación de este §2, las partes pueden convenir, en efecto “... que la garantía del seguro se refiere únicamente a las peticiones de reparación formuladas por escrito en contra del asegurado o del asegurador durante el término del contrato por un daño ocurrido durante el mismo”(25). Tal es el alcance de las cláusulas “claims-made”. Sin embargo, el riesgo de posterioridad debe permanecer cubierto dentro de ciertos límites. El §2 impone tomar en consideración, bajo ciertas condiciones, las reclamaciones formuladas por escrito dentro de los 36 meses siguientes a la finalización del contrato. Además, esta admisión limitada de pólizas “claims-made” queda excluida dentro de los seguros masivos, tales como el de responsabilidad civil por automóviles, de vida privada y de incendio —riesgos simples—.

Este difícil compromiso entre posiciones que por mucho tiempo fueron defendidas acaloradamente revela la importancia de la noción de siniestro en los seguros de responsabilidad.

3. Seguros de gastos

En el derecho belga, la categoría de “seguros de gastos” tiende a ser reconocida al lado de los seguros reales y de los de responsabilidad.

En la LCST, el legislador consagró algunas disposiciones en relación con el seguro de protección jurídica. Estas disposiciones fueron normalmente consagradas en el título dedicado a los seguros de daños, pero les reservó un capítulo distinto (LCST, arts. 90-93), al mismo nivel que los capítulos reservados, respectivamente, a los seguros de bienes (LCST, arts. 53-76) y a los de responsabilidad (LCST, arts. 77-89). En efecto, el seguro de protección jurídica no es un seguro de bienes ni uno de responsabilidad. Contrariamente a los primeros, no cubre un bien determinado, sino un conjunto del patrimonio del asegurado; por oposición a los segundos, no protege este patrimonio contra una deuda de responsabilidad, sino contra los gastos que lo graven.

Esta manera de actuar del legislador ha conducido a que la doctrina intente sistematizar la noción de seguro de gastos, de la cual el seguro de protección jurídica no es sino una aplicación. Otros ejemplos de seguros de gastos aparecen especialmente en el seguro de asistencia, la cobertura de gastos médicos y farmacéuticos y el seguro de gastos generales permanentes.

La idea de estudiar esta nueva categoría de seguros es seductora. Pero, ¿cuál sería su régimen? Se ha reflexionado acerca de las particularidades comunes a los seguros de gastos(26). En el contexto del presente estudio se establecerá que la noción de siniestro presenta, frecuentemente, el mismo carácter evolutivo que en los seguros de responsabilidad.

En ciertos seguros de gastos, la ocurrencia de un siniestro es fácilmente localizable en el tiempo: por ejemplo, la necesidad de repatriar un vehículo accidentado en asistencia turística y la presentación de la factura de la clínica en seguros de hospitalización. Sin embargo, a veces es diferente.

Así, en el seguro de protección jurídica, los litigios contra los cuales hay prevención pueden aparecer, desarrollarse y concluir en el curso de un proceso más o menos largo. Si en esta rama, el asegurador se compromete a cubrir la necesidad de asistencia jurídica eventual de un asegurado, ¿en qué preciso momento surge el “siniestro”?

Supóngase que la protección jurídica se invoca en un asunto de responsabilidad médica. El hecho generador es la administración de un tratamiento en 1990. El paciente descubre que es víctima de problemas anormales en 1995. La identificación de la causa no aparece sino en 1997. Después de ensayar sin resultado obtener una indemnización amigable, el paciente llama al asegurador del médico en el 2001. ¿Cuándo se presenta el siniestro en el sentido del seguro de protección jurídica suscrito por la víctima?

Esta cuestión se descompone rápidamente en varias subpreguntas, según las circunstancias. Si el contrato de seguro fue concluido en 1994, ¿el asegurador puede pretender que el riesgo ya se realizó y que el siniestro fue constituido por la ocurrencia del hecho generador? ¿En qué momento se sitúa la obligación para el asegurado de declarar el “siniestro”? ¿A partir de cuándo comienza a contar la prescripción de tres años de la que el asegurado dispone, en el derecho belga, para actuar en garantía contra el asegurador? ¿Cuándo está el asegurado obligado a otorgar cobertura, particularmente cuando prometió una asistencia en especie?

Estas cuestiones dan lugar a una serie de debates y a discusiones doctrinales en el derecho belga(27). Todas son importantes. De la definición señalada de siniestro surge, con frecuencia, la cobertura o la ausencia de la misma.

Parece que aquí, como en los seguros de responsabilidad, conviene descartar toda respuesta unívoca. La noción de “siniestro” no se puede relacionar de una vez por todas con un solo hecho determinado —el hecho generador, el descubrimiento del hecho generador, la identificación de la contraparte, el inicio de discusiones amigables, el fracaso de las negociaciones, la asignación en derecho, etc.—. El “siniestro” en los seguros de protección jurídica es un proceso, como en los seguros de responsabilidad. En general, como las diferentes reglas legales que se refieren a la noción de siniestro omiten realizar distinciones, le corresponde al intérprete determinar la etapa del proceso en la cual cada una de las reglas se debe aplicar adecuadamente, dada su finalidad.

Por ejemplo, se puede estimar que la obligación de declarar el “siniestro” no nace desde el hecho generador, sino desde el momento en que un litigio se cristaliza. Sin duda, este es también el momento en que comienza a correr la prescripción de la acción del asegurado contra el asegurador.

En este sentido se pronunció el Tribunal de Comercio de Bruselas en una de sus decisiones. Una persona falleció el 2 de enero de 1991, después de un accidente de tránsito. Sus hijos promovieron una acción indemnizatoria contra el asegurador del responsable. En 1994, el tribunal declaró fundada parcialmente la demanda, para lo cual afirmó que de los ingresos del difunto se debía deducir la pensión alimentaria que este le pagaba a su exesposa. Esta, quien no se hizo parte en la primera acción, decidió entonces actuar contra el responsable para obtener reparación de la pérdida de su pensión; fue así como exigió cubrir los gastos del proceso correspondiente a su asegurador de protección jurídica.

El asegurador se rehusó a intervenir, para lo cual alegó tanto la pérdida del derecho a la indemnización por una declaración extemporánea del siniestro, como la prescripción trianual. Para el asegurador, el “siniestro” ocurrió efectivamente en 1991.

El tribunal consideró que en los seguros de protección jurídica el siniestro está constituido por “la ocurrencia de un litigio”. De ahí que la demandante no hubiera considerado que podía tener justas pretensiones contra el responsable, sino después de tener conocimiento del juicio de 1994 y sin que participara en el primer proceso. La declaración de “siniestro” se le hizo al asegurador de protección jurídica dentro de una demora razonable después de haber tenido conocimiento de la decisión y la prescripción no comenzó a correr sino a partir del momento en que la demandante sintió “la necesidad” de actuar contra el responsable(28).

Por oposición, el Tribunal de Comercio de Mons le permitió al asegurador de protección jurídica valerse también de la prescripción, pero en circunstancias muy diferentes. El hijo del asegurado fue asesinado en abril de 1989 y el padre de la víctima obtuvo el pago de perjuicios del asesino, al terminar el proceso penal. En septiembre de 1992, el padre reclamó a su asegurador de protección jurídica cubrir los honorarios del abogado ocurridos a lo largo del juicio. Así, el tribunal estimó que en un caso como este, el asegurado debió ser consciente de la posibilidad de hacer valer sus derechos desde que tuvo conocimiento del asesinato de su hijo y de que la prescripción de su acción contra el asegurador de protección jurídica ya había ocurrido en septiembre de 1992(29).

Estas dos decisiones, cuyos resultados son opuestos, dada la diferencia de circunstancias de especie, se apoyan en la misma concepción del momento en que en los seguros de protección jurídica se tiene que tomar en cuenta para hacer correr el término de la prescripción de la acción del asegurado contra el asegurador —y, en el primer caso, el plazo para la declaración del “siniestro”—. En estas dos consideraciones, el momento pertinente del proceso es aquel en que se manifiesta la necesidad de protección jurídica, lo cual ha sido llamado la “crisis jurídica”(30).

No obstante, esta posición no equivale a una definición absoluta del siniestro en el seguro de protección jurídica. Solamente, se trata de precisar el momento del proceso en el que conviene ligar estos dos efectos importantes, como lo son la obligación de avisar al asegurador y el punto de partida de la prescripción. Otros efectos podrán tener uniones diferentes; así, la obligación que tiene el asegurador de asumir los gastos expuestos no adquirirá toda su importancia sino al momento de la finalización del proceso.

4. Conclusión

El derecho de los seguros es un terreno fértil en el que los conceptos fundamentales todavía no han terminado plenamente su maduración. Este es el caso de la noción de “siniestro” en los seguros de responsabilidad y en los seguros de gastos —ellos mismos son fruto de una decantación reciente—. En estas ramas, el siniestro no es un fenómeno puntual, sino un proceso que se prolonga en el tiempo. Cada efecto que el derecho le otorga conlleva un trabajo distinto de localización, adaptado al problema que se plantea resolver.

(1) Sobre esta legislación, véase, especialmente, Fontaine, M. Droit des assurances. Bruselas: 2006 y la presentación realizada en la Revista Ibero-Latinoamericana de Seguros, 1994, pp. 65-78.

(2) Véase, especialmente, Fontaine, M. Droit des assurances…, cit., nº 683-702 y 772-775; Crijns, M.A. La notion de sinistre en assurance protection juridique, note sous. Comm. Bruselas: 1997. En: Dr. Cons., 1997, pp. 371-379 y 141-143; Dubuisson, B. Risque et sinistre en assurance protection juridique. En: Colle, Ph. y Fagnart, J.L. (eds.), Aspects Particuliers de l’Assurance Protection Juridique, Amberes y Bruselas: 1998, pp. 33-61.

(3) Especialmente, sobre este tema, véase: Lambert-Faivre, Y. Risque et sinistre en assurance protection juridique. En: Rev. Gén. Ass. Terr., 1986, pp. 645-659; Le sinistre en assurance de responsabilité et la garantie d’indemnisation des victimes. En: Rev. Gén. Ass. Terr., 1987, pp. 193-223; Droit des assurances. 11.ª ed., 2001, especialmente, nº 643.

(4) Especialmente, sobre este tema, véase Janssens-Brigode, A. L’assurance de responsabilités. Bruselas: 1961, pp. 40 y 41; Dalcq, R.O. Les assurances de responsabilité. Questions générales. En: Fontaine, M. y Binon, J.M. (eds.), La Loi du 25 Juin 1992 sur le Contrat d’Assurance Terrestre, Lovaina-la-Nueva y Bruselas: 1993, pp. 190-192; Delvaux, Ph. Les assurances de responsabilité. Questions speciales..., cit., p. 209.

(5) Cf. Dalcq., R.O. Les assurances de responsabilité..., cit., pp. 190-192, en relación con los diferentes significados con los que el término “siniestro” debe tomarse según la disposición del caso.

(6) Infra.

(7) Bajo el imperio de la antigua Ley del 11 de junio de 1874 sobre Seguros, la Corte de Casación había decidido que el asegurador de responsabilidad debía asumir los gastos expuestos por su asegurado con el fin de prevenir la ocurrencia de un daño inminente que habría conllevado su responsabilidad —se trataba de reparar una antena de televisión a punto de caer sobre una propiedad vecina (Cass., 22 de enero de 1976, Pas., 1976, I, 583)—. Esta decisión sorprendía, pues la interpretación que prevalecía era que la obligación de prevenir el daño y la asunción correlativa de los gastos por parte del asegurador, no aparecía sino al momento de ocurrencia del “siniestro” —véase Vernimmen, G. Obligation de prévention et prise en charge des frais par l’assureur. En: Rev. Gén. Ass. Resp., 1977, nº 9743—. La Ley del 25 de junio de 1992 adoptó una posición híbrida: la obligación de atenuación no se refiere sino a las “consecuencias del siniestro” (art. 20), pero el asegurador asume igualmente los gastos consecuenciales “medidas de urgencia tomadas a iniciativa del asegurado para prevenir el siniestro en caso de peligro inminente...” (art. 52) —véase Fontaine, M. Droit des assurances…, cit., nº 302-314—.

(8) Una práctica análoga se presenta en el seguro de crédito.

(9) “… à partir du moment où —sa— garantie (...) est due, et pour autant qu’il y soit fait appel”.

(10) Para la crítica de este texto, véase, igualmente, Dalcq., R.O. Les assurances de responsabilité..., cit., pp. 196 y 197.

(11) Esto no evita el pago eventual de las provisiones.

(12) “L’assurance fait naître au profit de la personne lésée un droit propre contre l’assureur”.

(13) “… trouvant leur cause dans un fait antérieur ou postérieur au sinistre”.

(14) “… trouvant leur cause dans un fait antérieur au sinistre”.

(15) “… intervenue avant la survenance du sinistre”.

(16) “… à compter du fait générateur du dommage ou, s’il y a infraction pénale à compter du jour où celle-ci a été commise”.

(17) “… lorsque la personne lésée prouve qu’elle n’a eu connaissance de son droit envers l’assureur qu’à une date ultérieure, le délai ne commence à courir qu’à cette date... ”.

(18) “… à partir de la demande en justice de la personne lésée”.

(19) “… jour du paiement par l’assureur, le cas de fraude excepté”.

(20) Otra dificultad relacionada con la noción de “siniestro”en seguros de responsabilidad se relaciona con el fenómeno del “siniestro en serie”: un solo hecho generador conlleva una serie de daños —un error en la fabricación de un producto alimenticio provoca un gran número de envenenamientos—. ¿Se trata de varios siniestros? La pregunta resulta de interés en varios sentidos, especialmente por la aplicación de techos y pisos de indemnización y para la identificación de los gastos de atenuación de las consecuencias del “siniestro” —¿debe el asegurador asumir los gastos de retiro de un producto decidido después del primer incidente? ¿Se trata de prevenir la extensión del mismo siniestro, o de prevenir siniestros futuros?—. Convencionalmente, las pólizas cuidan con frecuencia la definición de siniestro. Véase, especialmente, Piedbœuf, F. Les frais de prévention et de retrait. En: Les Assurances de l’Entreprise, II, Bruselas: 1998, pp. 185-188; Rogge, J. L’assurance des risques d’exploitation. En: Les Assurances de l’Entreprise…, cit., p. 191; Fagnart, J.L. L’étendue de la garantie. En: La Loi du 25 Juin 1992, Actes du Recyclage Organisé par le Jeune Barreau de Bruxelles, Bruselas: 1995, p. 37.

(21) Supra.

(22) Especialmente, véase Lambert-Faivre, Y. Droit des assurances…, cit., nº 642-647 y las varias referencias citadas.

(23) Especialmente, véase Fontaine, M. Droit des assurances…, cit., nº 601-613.

(24) “La garantie d’assurance porte sur le dommage survenu pendant la durée du contrat et s’étend aux réclamations formulées après la fin de ce contrat”.

(25) “… que la garantie d’assurance porte uniquement sur les demandes en réparation formulées par écrit à l’encontre de l’assuré ou de l’assureur pendant la durée du contrat pour un dommage survenu pendant cette même durée”.

(26) Véase Fontaine, M. Les assurances de frais. En: Melanges Offerts à R.O. Dalcq., Responsabilités et Assurances, Bruselas: 1994, pp. 189-201.

(27) Véase, especialmente, Crijns, M.A. La notion de sinistre en assurance protection juridique…, cit., pp. 371-379; Dubuisson, B. Risque et sinistre en assurance protection juridique…, cit., pp. 33-61; Fontaine, M. La notion de sinistre en assurance de protection juridique…, cit., pp. 141-143 y las referencias citadas.

(28) Comm. Bruxelles, 24 févr. 1997. En: Rev. Dr. Cons., 1997, 367 y la nota precitada de M.A. Crijns.

(29) Comm. Mons, 17 déc. 1996. En: Rev. Dr. Comm. B., 1997, 701, nota de J.L. Fagnart.

(30) Especialmente, véase la nota sobre el seguro de protección jurídica. Fontaine, M. Naturaleza del contrato. Asegurabilidad del riesgo. En: Rev. Gén. Ass. Resp., 1983, nº 10649.