Diálogos

“La profesión contable todavía no tiene maduros sus conocimientos sobre NIF”

Revista Nº 206 Mar.-Abr. 2018

Javier Nelson Rojas entrevista a Jesús Orlando Corredor

Especial para la Revista Impuestos

Me sueño con un país donde se diga que, si un contribuyente cumple con sus obligaciones, si genera más empleo y cumple con el impuesto, se le va a dar un descuento tributario. No son medidas muy pretensiosas.

Dado que Colombia aceleró el proceso de adopción de las normas de información financiera (NIF) y “llegamos muy rápido” a enfrentar una nueva realidad en la cual la contabilidad y los impuestos tienen vínculos sumamente estrechos, quedó en evidencia que los contadores colombianos no han madurado suficientemente los conocimientos en materia de NIF, advirtió Orlando Corredor, especialista en derecho tributario y contador público, quien en entrevista con la REVISTA IMPUESTOS mostró su preocupación frente al hecho de que durante el 2018, probablemente, se van a presentar innumerables declaraciones del impuesto sobre la renta calculado sobre cifras contables, pero sin las respectivas depuraciones, porque “se están olvidando las diferencias entre lo contable y lo tributario”.

REVISTA IMPUESTOS: ¿Cuál es su balance sobre los efectos de la Ley 1819 del 2016?

Orlando Corredor: Desde la orilla de la administración tributaria y del Estado, acertaron en varios temas. Primero, acertaron en cuanto al recaudo, porque la reforma tributaria fue pensada para generar uno mayor. Segundo, la reforma tributaria tuvo otro gran acierto que fue imprimir un mayor grado de presión para evitar la evasión tributaria y eso se debe, entre otras cosas, a que acogimos las reglas internacionales que están sugeridas desde el plan BEPS (lucha contra la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios, por su sigla en inglés), al que Colombia adhirió. Reglas como las de empresas controladas del exterior, los beneficiarios efectivos, el reporte país por país, entran a generar un ambiente más internacional para la tributación colombiana, en el sentido de acople con los principios internacionales que se ven en todos los países del mundo, advirtiendo que el 2016 también fue un año rico en el intercambio de información tributaria, otro de los temas de internacionalización.

R. I.: ¿Y qué se puede observar desde otra perspectiva? 

O. C.: Si me paro en la orilla de los contribuyentes, pues habrá que decir justo lo contrario. Me parece que la autoridad estatal sigue fundando sus reformas, por más estructurales que las considere, en una agudización del recaudo en las personas que siempre han pagado los impuestos. En esta oportunidad, las personas naturales han salido terriblemente afectadas, y utilizo estas dos palabras, porque con las limitaciones que estableció la Ley 1819 del 2016, de la cedulación de las rentas, se prevé que la tributación de las personas naturales va a crecer bastante.

R. I.: Y respecto de las personas jurídicas, ¿cuál es el balance? 

O. C.: El hecho de haber complementado la situación tributaria con la contable era un camino al que teníamos que llegar, aunque lo hicimos muy rápido, sin un estudio previo. Hoy estamos pagando los efectos de no tener un estudio previo y, en consecuencia, no digo en términos recaudatorios, sino organizacionales, las empresas están haciendo grandes esfuerzos para tratar de cumplir con lo que dispuso la Ley 1819, en lo concerniente a contabilidad e impuestos, máxime cuando se enfrenta un atraso importante en la emisión de reglamentaciones.

R. I.: ¿Por qué la preocupación en torno al aspecto reglamentario? 

O. C.: Parte del problema que tenemos en Colombia, en materia tributaria, es la tardanza en la emisión de una reglamentación como sucede con la Ley 1819 del 2016. No es posible que a los contribuyentes obligados a llevar contabilidad se les diga que tienen que llevar un sistema de conciliación fiscal, conforme al artículo 772-1 del estatuto tributario, y que se tarde hasta el 30 de noviembre del 2017, once meses, para emitir un decreto reglamentario y que el 29 de diciembre del 2017 se establezca el formato que debe adoptarse. Eso es bochornoso para los contribuyentes y genera una situación, por lo menos, criticable, porque el Estado debería hacer una tarea más oportuna. Se entiende que hay aspectos que deben organizarse, repensarse, pero no hay derecho a que a un contribuyente lo asalten el 29 de diciembre del 2017 con la publicación de un acto administrativo que solamente se conoce el 3 de enero del 2018, cuando el contribuyente no tiene margen de ningún tipo de acción.

R. I.: ¿Qué piensa sobre la reglamentación de conciliación fiscal expedida al final del 2017? 

O. C.: Hubo ajustes, porque, en general, la profesión contable y jurídica tributaria del país se pronunció alrededor de tan importante tema. Especialmente, se logró que el sistema de conciliación fiscal se abriera en dos elementos de un elemento común. La conciliación fiscal, como quedó reglamentada, tiene dos elementos que son el sistema de control y el reporte de conciliación. En el fondo, lo más importante del sistema es el reporte de conciliación fiscal, la información que al final le llega a la autoridad tributaria mediante el reporte que emitieron el 29 de diciembre. Pero, el control fiscal quedó como suponíamos que iba a quedar: haga lo que pueda señor contribuyente. Y lo digo en esos términos, porque el reglamento estableció que el sistema de control se implementa autónomamente por el contribuyente y tiene por finalidad demostrar las diferencias que hay entre lo contable y lo tributario. Entonces, cuando se establece de esa manera, se le está diciendo al contribuyente: hágalo como pueda. Lanzar al aire una expresión como esta genera unas incertidumbres posteriores, en términos de fiscalización, porque un contribuyente adopta un sistema y cree que eso es lo que debe hacer. Pero, ponga usted a prueba eso frente a un funcionario de fiscalización, cuando le pide información, y que él no esté de acuerdo.

R. I.: ¿Cuáles son los aspectos críticos para preparar la declaración del impuesto sobre la renta bajo las NIF?

O. C.: En el marco de normas internacionales, el gran reto es demostrar que las cifras que se toman como base para determinar el impuesto de renta se han convertido suficientemente en estándares locales. La norma tributaria colombiana señala que se tome como punto de partida la contabilidad internacional y esta tiene sus propios principios, reconocimientos y mediciones. Cuando se toman esas partidas y se convierten hacia la declaración de renta, se tiene que hacer una operación conciliatoria. Esta debe ser hecha de tal manera, por los contribuyentes, que permita demostrar con suficiencia que las cifras que se registran en la declaración de renta toman como punto de partida la contabilidad, pero consideran las diferencias de reconocimiento y medición entre una y otra base. Ahí es donde está el éxito.

R. I.: ¿Qué otro aspecto le llama la atención? 

O. C.: Hay una cosa más importante que no podemos olvidar y es que el contador público y el gerente responsable de una compañía deben garantizar que la tributación de la compañía sea justo la que tenía que determinarse, a partir de normas de contabilidad, porque se está presentando una situación en las empresas y es que se están olvidando las diferencias entre lo contable y lo tributario y cuando se vaya a presentar la declaración de renta, se va a presentar un impuesto medido sobre cifras contables, sin depurarlas completamente. Es una circunstancia muy importante, porque hay que garantizarle a los dueños de las compañías que, efectivamente, el impuesto que se liquida es el que debe ser para no caer, eventualmente, en excesos o defectos de tributación.

R. I.: ¿Por qué se está presentando esa situación? 

O. C.: Primero, porque no hubo claridad desde comienzo de año sobre la aplicación de la conciliación fiscal. Segundo, porque llegamos muy rápido al tema de la contabilidad y los impuestos. Y, en este país, sin cometer un sacrilegio profesional, sigo pensando que la profesión contable todavía no tiene suficientemente maduros sus conocimientos, en términos de normas internacionales de contabilidad. Estamos en proceso. La profesión contable se está formando, pero si uno hace un balance, el ochenta por ciento (80%) se formó con normas locales, apenas el veinte por ciento (20%) se está formando con normas internacionales, y resulta que los expertos que hoy dirigen los departamentos de contabilidad son la gente experimentada de hace cinco, diez, veinte años, que fueron formados con normas antiguas. Entonces, se requiere un cambio de mentalidad y generacional, este último, con el tiempo. Pero eso está ocasionando dificultades, a pesar de haberse formado como contadores. Cuando alguien va a medir la tributación, si no tiene claro el elemento contable, obviamente, tampoco va a tener acierto en el elemento tributario. Fuimos muy acelerados en llegar al tema de la contabilidad y los impuestos, porque era necesario darle una mayor oportunidad al país de que se formara en estándares internacionales.

R. I.: ¿Cómo ha evidenciado esa realidad? 

O. C.: Observo que hay muchos encargados de las áreas contables y financieras de las empresas que todavía no reconocen, de manera clara, la diferencia que hay entre la contabilidad antigua y la nueva. Hacen grandes esfuerzos, pero a veces no la entienden. Es complejo. Eso es una amenaza. Hay que buscar soluciones. El Estado tiene que promover mayor cultura contable.

R. I.: ¿Falta normativa relativa a la conciliación fiscal? 

O. C.: No. Es suficiente. Colombia superó, hace treinta años, el tema de la información con destino a la autoridad tributaria, lo que llamábamos los anexos a la declaración de renta, y observo que estamos llegando nuevamente a eso que se dio en otra época; solamente falta que la autoridad tributaria pida los anexos en físico, porque hoy tenemos que en el formato 1732 va toda la declaración de renta y, ahora, el formato de la conciliación fiscal, donde también se va a verter toda la información de tipo contable, con las diferencias tributarias; son anexos que generan una mayor carga operativa para el contribuyente. Esa parte me parece altamente compleja, porque las declaraciones de renta se elaboran con información, pero, infortunadamente, las compañías no hacen inversión adicional en personal, tienen al contador y él tiene que preparar la contabilidad, los impuestos y ahora uno y otro formato y el medio magnético, entre otras tareas. En Colombia hemos adoptado el modelo: dame o si no te castigo. Y el término dame es pedir hasta la saciedad. Entonces, se piden la contabilidad, los documentos, los anexos, la declaración y más solicitudes y todo lo hace el contribuyente. Hay un trabajo estatal de parte de los contribuyentes que no es reconocido.

R. I.: ¿Qué significa la inversión en personal? 

O. C.: En la medida en que hay aumento de la carga operativa en las empresas, se requiere más personal para soportarla y las empresas, normalmente, no invierten en recurso adicional para las áreas de contabilidad e impuestos. Además, el Estado debería, en una reforma tributaria, premiar los cumplimientos, en lugar de penalizarlos, aunque hoy las sanciones están un poco más blandas. Pero yo me sueño en un país, como Inglaterra, donde se entrega un certificado de cumplimiento tributario a las compañías que cumplen y así estimulan a los contribuyentes. Entonces, sueño con que la legislación, en este país, dispusiera que, si pagan anticipadamente el impuesto, se les va a dar un descuento de un determinado porcentaje. Me sueño con un país donde se diga que, si un contribuyente cumple con sus obligaciones, si genera más empleo, al cumplir con el impuesto, se le va a dar un descuento tributario. No son medidas muy pretensiosas, pero serían muy aliviadoras.