“La pugna fiscal que viven los países de la Unión Europea”

Revista Nº 141 Mayo-Jun. 2007

Javier N. Rojas. 

Especial para la Revista Impuestos 

En entrevista con la Revista Impuestos, Manuel Lucas, doctor en derecho de la Universidad Complutense de Madrid y profesor en derecho financiero y tributario de la Universidad Alcalá de Henares, habló de la intensa competencia que se vive entre los países de la Unión Europea por ofrecer las mejores condiciones tributarias para incentivar el establecimiento de nuevas empresas.

Revista Impuestos: ¿Qué ha significado para España tener un impuesto de renta general del 35% para las sociedades y otro del 30% para las pymes?

Manuel Lucas: La experiencia ha sido muy buena. Fue una medida relativamente reciente, de hace unos siete años. Se pensó que las pymes, que son la gran mayoría de las organizaciones que están naciendo, no debían tener una fiscalidad demasiado gravosa, porque podían morir en el intento. Si la tenían, destruirían su tejido empresarial y, en consecuencia, se ocasionaría mayor desempleo.

R. I.: ¿Cuál es el criterio que justifica esa medida?

M. L.: Para mover la economía, se tiene que dar un tratamiento preferencial a las pymes que inician su existencia, incluso hay exoneraciones fiscales para los primeros años en determinados impuestos y con una tasa en renta que no es elevada. Si llegan a ser grandes empresas, se supone entonces que tienen una dimensión óptima para exportar o desarrollar subsidiarias en otros países, con lo que la tasa del impuesto de renta puede ser algo superior.

R. I.: ¿El fomento a las pymes se apoya en otros argumentos?

M. L.: Lo que se ha pretendido es otorgarles un tratamiento más favorable, porque, según algunos estudios, entre el 85% y el 90% de las empresas españolas son pequeñas y medianas (en promedio, cada una factura cerca de ocho millones de euros al año). Al mismo tiempo, esto ha sido auspiciado por unas recomendaciones y estudios de la Unión Europea según los cuales diversos Estados se pusieron de acuerdo en que las pymes deben ser tratadas favorablemente o corren el peligro, a mediano plazo, de no poder competir con las grandes empresas.

R. I.: ¿Los Estados deben tener una política tributaria de fomento a las pymes?

M. L.: Hay varias medidas financieras y tributarias que pueden promover el desarrollo de las pymes. Si se quiere beneficiar a los empresarios locales, las pymes tienen que estar favorecidas respecto del régimen general de grandes empresas, que muchas veces son multinacionales. Si los pequeños y medianos empresarios en un país quieren crear una empresa, no deberían tener un trato asfixiante. Existirían otras medidas fiscales en relación con, por ejemplo, inversiones encaminadas a eliminar, mediante un convenio de doble tributación, las imposiciones que plantean reparos a empresas para entrar en un país.

R. I.: Pero, ¿qué mecanismo particular incentiva la creación de compañías?

M. L.: El impuesto de sociedades para las nuevas empresas, pues, como en los primeros años no hay beneficios, no tienen que pagar impuestos. Entonces, según la legislación española, las pérdidas se van acumulando y cuando haya beneficios, se compensan con las pérdidas de los últimos 15 años, de tal forma que si el negocio tiene pérdidas, no paga impuestos, y cuando registra sus primeras ganancias, tampoco lo hace, porque se compensan las ganancias con las pérdidas anteriores. Es decir que una estructura que potencie el nacimiento de empresas no debe abrumarlas con una fiscalidad muy elevada.

R. I.: ¿Por qué España redujo la tarifa del impuesto de renta?

M. L.: Existe una competencia fiscal de alcance internacional. Cuando las empresas tienen demasiados gastos y costos, obtienen menos beneficios y son menos rentables. Como hay otros países en Europa del este o naciones cercanas que ofrecen condiciones favorables en esos aspectos, se da una deslocalización de empresas que destruye el tejido empresarial. Esto se debe a que las empresas encuentran costos laborales y fiscales más reducidos en los países a donde van a situarse, que compensan los mayores costos de transporte de los productos.

R. I.: ¿Qué efectos se derivan de esa situación?

M. L.: Aparte de eso, muchas empresas se están yendo a producir a economías emergentes, por ejemplo, Asia. Mientras tanto, en el ámbito europeo, los distintos países están compitiendo fiscalmente en el impuesto de sociedades, para lograr la relocalización de empresas o para evitar que lo hagan en otra nación. Algunas voces comentan que debe buscarse una alternativa para que no sea un juego con un final negativo, que ocasione pérdidas de ingresos tributarios para todos los países, porque no se ponen de acuerdo sobre una armonización de la Unión Europea en la materia, es decir, regular un impuesto sobre las sociedades que debería estar, por ejemplo, entre el 25% y el 30%.

R. I.: ¿En qué términos se está dando la competencia tributaria en Europa?

M. L.: Los países europeos han recurrido a las ayudas estatales. A veces, bajan la tributación. Por ejemplo, Alemania la ha reducido, era una de las naciones que más carga fiscal tenía. Italia ha bajado la tributación en la época de Berlusconi. Irlanda también la ha reducido bastante. Pero han existido, además, ayudas fiscales. Por ejemplo, todo aquel que se establezca en Irlanda no va a pagar impuestos durante 10 años. En Europa, hay una normativa que prohíbe las ayudas de Estado para favorecer la ubicación de empresas en el país que las promulgue. Por eso, ha habido sanciones por parte de la Unión Europea, porque ciertas naciones contravenían esa medida.

R. I.: ¿Qué se avizora con respecto a esa fuerte competencia tributaria en Europa?

M. L.: Es una cosa de locos. Creo que está bien una cierta reducción de impuestos, pero una del 10% sobre sociedades no me parece que deba mantenerse. Se tendría que llegar a un consenso de armonización del impuesto sobre sociedades, al igual que hay otros armonizados, como el IVA. Se piensa que el más difícil de deslocalizar es el impuesto sobre la renta a las personas físicas, porque depende de la residencia, y la gente no cambia tanto de esta por motivos fiscales. Pero, entre tanto, las empresas sí pueden reubicarse.

R. I.: ¿Qué destaca del convenio para evitar la doble imposición suscrito entre España y Colombia?

M. L.: Trata muy favorablemente los dividendos y, sobre todo, los dividendos de filiales españolas. Es decir que para una empresa española sería muy interesante establecer una filial en Colombia o viceversa, porque los pagos de dividendos entre filiales y matrices no tributan por el impuesto de remesa, que en España es del 15%.