La quiebra de Lehman: errores no aprendidos del caso Enron(1)

Revista N° 43 Jul.-Sep. 2010

Juan Miguel del Cid Gómez 

(España) 

Catedrático 

Escuela Universitaria de Economía Financiera y Contabilidad 

Universidad de Granada 

Introducción

Los principios de contabilidad generalmente aceptados de Estados Unidos (GAAP) constituyen un sistema de información financiera basado, en su mayor parte, en reglas, con cientos de páginas de normas contables acumuladas durante décadas. También contienen un gran número de las denominadas “líneas divisorias” (líneas de demarcación entre lo aceptable y lo no aceptable). Un entorno económico dinámico, con una remuneración de los directivos que se fundamenta cada vez más en los resultados de la empresa, y una ingeniería financiera innovadora han propiciado el desarrollo de productos y métodos contables cuya finalidad económica consiste en ajustarse a la letra, cuando no al espíritu de estas “líneas divisorias”. El hundimiento de Enron y otros fraudes empresariales de finales del pasado siglo y principios del actual pusieron de manifiesto este problema, así como la falta de independencia y necesidad de supervisión de la profesión auditora.

Los fraudes generalizados aumentaron la conciencia de que una gestión empresarial adecuada es esencial para el funcionamiento eficiente de los mercados financieros. El desarrollo de mecanismos muy sofisticados de financiación empresarial que escapan a una supervisión adecuada puso de manifiesto la falta de transparencia del sistema financiero internacional. La actividad de otros agentes, como analistas financieros y agencias de calificación crediticia, también fue puesta en cuestión. Las recomendaciones sistemáticamente sesgadas de analistas contribuyeron de forma significativa a la sobrevaloración de numerosos valores mobiliarios de sectores relacionados con las nuevas tecnologías. También se planteó la posibilidad de una intervención reguladora en el ámbito de las agencias de calificación crediticia por el desarrollo de nuevos instrumentos financieros para la transferencia de riesgos y por la creciente importancia de las calificaciones como apoyo a los operadores del mercado y como herramienta para las autoridades de supervisión. La quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y el resto de episodios de la actual crisis financiera son una muestra de la debilidad de la memoria en el campo de las finanzas y de lo poco que hemos aprendido de los errores del pasado.

1. El colapso de Enron

Enron fue una compañía energética que pasó de la nada a tener unos ingresos de 100.000 millones de dólares y más tarde al colapso y a la quiebra, y todo ello en un corto periodo de tiempo. En solo 15 años, Enron creció pasando de ser una pequeña firma de gas en Texas a ser la séptima compañía más grande de los Estados Unidos, con 21.000 empleados en más de 40 países. Su compleja estructura corporativa era una madeja de más de 3.000 sociedades, lo que hacía prácticamente imposible auditarla mediante métodos convencionales. Enron pasó de ser una empresa que vendía gas a una punto com, comercializadora de servicios en línea, según sus directivos, una “nueva forma” de comprar y vender electricidad. Enron es el emblema de todo lo que iba mal en los “felices 90”: codicia empresarial, escándalos contables y bancarios, tráfico de influencias y desregulación. Enron arrastró en su caída a Arthur Andersen, una de las firmas de auditoría más respetadas, por las demandas y sanciones a las que tuvo que hacer frente por mala práctica profesional.

Cuando los trucos contables mediante los cuales Enron había escondido las deudas y exagerado los beneficios salieron a la luz, se vio que la empresa no era lo que parecía. Enron utilizó toda una serie de prácticas complejas de ingeniería financiera para ocultar el engaño —valgan de ejemplo las siguientes— (Stiglitz: 287-313):

• Contabilizar como ingreso una venta que se entregará en el futuro, pero no los gastos para comprar el gas y la electricidad (los ingresos sin gasto generan enormes beneficios).

• Crear una empresa ficticia llamada Raptor (entidad para fines específicos) a la que vendía el gas que después volvería a recomprar. Este compromiso creaba un pasivo que no se registraba. Ambas sociedades no eran objeto de consolidación.

• Los préstamos de los bancos se hacían a Raptor que podía utilizarlos para pagar el gas que tenía que comprar para entregar el año siguiente.

• El banco se siente seguro ya que Raptor tiene un contrato de recompra del gas por Enron y si el precio es alto podrá pagar los intereses.

• Raptor es una empresa altamente rentable, propiedad de los directivos de Enron que la utilizan para enriquecerse.

El caso Enron es un ejemplo de utilización intensiva de entidades para fines específicos. Estos instrumentos son útiles ya que permiten financiar nuevos negocios transfiriendo el riesgo del balance de la matriz al de la subsidiaria. También posibilitan que otros inversores externos entren a financiar el nuevo proyecto. Para que estas entidades que estaban por fuera del balance se integraran en la consolidación, el fundador tenía que conservar la mayoría de derechos de voto. Sin embargo, el fundador de estas entidades fue capaz de mantener el control sin tener la mayoría de derechos de voto. La forma jurídica de estas entidades podía ser una sociedad limitada, pero también una fundación o un fideicomiso. La Accounting Research Bulletin (ARB) 51, Consolidated Financial Statements, emitida en 1959, no fue capaz de dar una respuesta satisfactoria a este tipo de dispositivos. Ello posibilitó que Enron los utilizara como instrumentos fraudulentos para sacar deudas y pérdidas de la contabilidad e inflar el resultado. Enron excluyó de los balances consolidados a tres sociedades que debieron estar incluidas, en las cuales se reflejaban enormes pasivos que afectaban la cuentas globales y que ponían en evidencia la verdadera y crítica situación de la empresa.

Ante estas prácticas contables más que dudosas, los ejecutivos de la auditora de Enron se plantearon renunciar al cliente, sin embargo decidieron continuar, pensando en los futuros beneficios, ya que los 52 millones de dólares de facturación del año 2000 (27 millones por consultoría y 25 por auditoría) iban camino de llegar a un centenar de millones de dólares en poco tiempo. Poco después la firma auditora destruyó documentos para ocultar a los investigadores su papel en la crisis de Enron y fue declarada por un jurado, culpable de obstrucción a la justicia. Esta decisión junto con un cúmulo de demandas fue el puntillazo final para la auditora, al quedar su reputación y perspectivas gravemente minadas tras la espectacular quiebra del gigante energético Enron.

2. Restaurar la confianza de los inversores

Aunque el caso Enron tuvo unas graves consecuencias, es uno más de la larga lista de escándalos corporativos de la época. Así, la antigua cúpula de WorldCom fue acusada de falsificar información y engañar a sus accionistas. La compañía suspendió pagos a mediados del 2002. Los antiguos altos ejecutivos de Tico International fueron procesados por fraude y apropiación indebida de cientos de millones de la compañía, a la que convirtieron en su banco privado. El fundador y los ex presidentes de Adelphia Communications, dos de sus hijos y dos antiguos ejecutivos fueron acusados de fraude bursátil y bancario que llevó a la bancarrota a la empresa con una deuda acumulada de 18.600 millones de dólares.

Estos escándalos financieros generalizados acabaron por derrumbar los fundamentos de la economía de mercado: la creencia de que los mercados se bastan a sí mismos para manejar con eficacia, no digamos con justicia, toda la economía. La autorregulación se reveló como una trampa, que lejos de llevar al grado de regulación más adecuado, condujo a la supresión irreflexiva de todo mecanismo regulador.

Para restaurar la confianza de los inversores se publicó en 2002 la Ley Sarbanes-Oxley, cuyo objetivo era mejorar las normas de gobierno corporativo a través de distintas medidas:

• Existencia de mayoría de consejeros independientes.

• Un papel más efectivo de los consejeros no ejecutivos.

• La existencia de un comité de nombramientos y de control corporativo compuesto totalmente por consejeros independientes.

• La creación de un comité de retribuciones compuesto totalmente por consejeros independientes.

• El establecimiento de un comité de auditoría, compuesto por consejeros independientes con mayor autoridad y responsabilidades.

• Un mayor control por los accionistas de los planes de retribuciones con acciones (stock options).

• La adopción y divulgación de guías de gobierno corporativo y códigos de ética para directivos y empleados.

• La prohibición de préstamos personales a ejecutivos.

• La devolución por el presidente ejecutivo y el director financiero de los incentivos recibidos (stock options) y las ganancias obtenidas de la venta de acciones durante el año anterior, si la información financiera fuera incierta.

• Una certificación firmada por el presidente ejecutivo y el director financiero afirmando que la compañía ha establecido procedimientos para verificar la fiabilidad e integridad de la información suministrada a los inversores.

Al comité de auditoría se le asignan un conjunto de funciones:

• Contratación y cese de los auditores independientes.

• Aprobar los servicios de auditoría y consultoría que se prestarán a la compañía.

• Revisar el informe de los auditores sobre la calidad de los procedimientos de control interno.

• Velar por la independencia de la firma de auditoría y la rotación del socio principal encargado de la auditoría.

• Revisar junto al auditor los problemas derivados de la revisión y la respuesta de la gerencia.

• Discutir los estados financieros auditados con la gerencia y el auditor independiente.

• Discutir las políticas de evaluación y gestión del riesgo.

También se llevó a cabo la reforma de la profesión auditora mediante la creación del Public Company Accounting Oversight Board (PCAOB), entre cuyas funciones están el registro de las compañías auditoras; la emisión de normas de auditoría, de control de calidad, ética e independencia de las auditoras y la realización de controles y procedimientos disciplinarios. Se reguló la independencia de los auditores, mediante un conjunto de incompatibilidades como llevanza de la contabilidad, diseño e implementación de sistemas de información, servicios de valoración, auditoría interna, servicios actuariales, funciones gerenciales, broker, banca de inversión y servicios legales.

Con respecto a la información financiera, se introducen una serie de mejoras:

• Los informes financieros deben incluir las transacciones, contratos y obligaciones fuera de balance (incluidos pasivos contingentes), y las relaciones con entidades no consolidables u otras personas, que tengan o puedan tener efecto en la situación financiera de la empresa.

• La información financiera proforma incluida en cualquier informe periódico o nota de prensa debe presentarse de forma que no contenga información incierta o incompleta y reconciliada con los PCGA.

• Obligación de informar de las transacciones accionariales realizadas por la dirección y accionistas que posean más del 10% de cualquier clase de acciones.

• Obligatoriedad de un informe anual de evaluación de la efectividad del control interno, en el que se exprese la responsabilidad de la gerencia de establecer y mantener una adecuada estructura de control interno y procedimientos para elaborar la información financiera.

• Difusión en tiempo real de información sobre cambios materiales en la situación financiera y en las operaciones.

Por último, la Ley Sarbanes-Oxley exigió la separación entre las divisiones de banca de inversión y analistas de valores, así como hacer públicos los conflictos de intereses que puedan producirse en este sector.

3. La quiebra de Lehman: la historia se repite

El banco de inversión Lehman Brothers, que por entonces era la cuarta entidad bancaria de Estados Unidos, se declaró en quiebra el 15 de septiembre del 2008 tras fracasar las negociaciones para su venta, horas después de que el Bank of America comprara Merrill Lynch y en medio de maniobras internacionales para apuntalar el inestable sistema financiero. La solución inicial para Lehman, que incluía la venta de sus activos rentables al grupo británico Barclays, se abandonó después de que la entidad del Reino Unido renunciara por la negativa del Departamento del Tesoro a dar respaldo financiero a la operación. El Departamento del Tesoro, que ya había acudido al rescate del banco Bear Stearns y de las entidades hipotecarias semipúblicas Freddie Mac y Fannie Mae, se negó a hacer lo mismo en favor de Lehman al considerar que ello haría que los bancos exigieran siempre el respaldo del Estado en estas situaciones.

En marzo del 2010 vio la luz un documento (conocido como informe Valukas, nombre del presidente del bufete Jenner & Block) elaborado a solicitud del juez que supervisa en Nueva York el proceso de liquidación del banco de inversión(2). En él se establece que Lehman recurrió a operaciones fuera de balance para presentar un menor índice de apalancamiento. El informe también apunta la responsabilidad de los ejecutivos del extinto banco de inversión por recurrir a complejas técnicas financieras para maquillar su contabilidad y evitar una peor calificación por parte de las agencias calificadoras de riesgo. En este sentido, el autor del informe llega a la conclusión de que el primer ejecutivo de la firma fue como mínimo gravemente negligente y que existe una base sólida para demandar a la firma auditora por una mala práctica profesional.

En el año 2001, varios directores de unidades de negocio y representantes de distintas divisiones como tesorería, crédito, políticas contables, asesoría legal y cumplimiento acordaron evaluar cómo Lehman podía utilizar el SFAS 140 para gestionar su balance. El resultado de este análisis fue el diseño de un mecanismo denominado “Repo 105”, que Lehman utilizó a lo largo de los años sucesivos. Pero es a mediados del 2007 cuando Lehman se enfrenta a un nuevo desafío: el mercado empieza a demandar que los bancos de inversión reduzcan el tamaño de su balance y bajen el ratio de apalancamiento. Hasta ese momento, las agencias de calificación, medios de comunicación y analistas centraban su atención en los ingresos y en la cuenta de pérdidas y ganancias de la entidad. El colapso de la titulización y del mercado de deuda estructurada intensificó la presión sobre los activos que los bancos de inversión mantenían en sus balances y su grado de apalancamiento. Desde ese momento Lehman se enfrenta a una creciente dificultad para vender sus activos problemáticos y recurre de forma intensiva a la utilización del “Repo 105” para satisfacer las expectativas del mercado y conseguir financiación.

4. Las prácticas contables del “Repo 105”

Un contrato de venta con pacto de recompra (repo) es un acuerdo en el cual una parte (vendedor o prestatario) transfiere un activo financiero a otra parte (comprador o prestamista) como garantía de un préstamo de dinero en efectivo. El vendedor se compromete a recomprar el activo financiero cuando trascurra un plazo determinado, pagando el precio prefijado más los intereses. Esta operación se considera como un préstamo simple con la garantía de un título valorado a precio de mercado que desempeña la función de colateral. En caso de incumplimiento por el vendedor de su obligación, al final del plazo que fija el acuerdo, el comprador se apropia del título que ha servido de garantía en el préstamo. De forma esquemática la operación sería:

En la fecha de venta:

 

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En la fecha de recompra:

 

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Este tipo de operaciones son utilizadas ampliamente por las instituciones financieras como instrumento de financiación a corto plazo. Al igual que otros grandes bancos de inversión, Lehman realizó operaciones de repos por decenas de miles de dólares en el curso normal de sus negocios con el propósito de obtener recursos financieros (repo ordinario), contabilizándolas como transacciones de financiación. Este tratamiento contable produce las siguientes consecuencias:

• Los activos financieros transferidos permanecen en el balance de Lehman durante la duración del contrato.

• El dinero que entra como consecuencia del préstamo incrementa el total del activo del balance de Lehman.

• El pasivo se incrementa ya que Lehman registra la obligación de devolver el dinero prestado.

En las ilustraciones que siguen se muestra de forma simplificada el efecto que las transacciones de un repo ordinario tienen sobre el balance de Lehman y los ratios de apalancamiento.

 

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Si Lehman realiza operaciones de repos ordinarios con sus activos financieros por importe de 50 mil millones de dólares, estos activos permanecen en el balance, Lehman recibe dicho importe como dinero prestado incrementado su tesorería y además contabiliza un incremento de sus pasivos por pacto de recompra. Como consecuencia su balance y sus ratios de apalancamiento se incrementan (balance 2).

 

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Si Lehman utiliza el dinero prestado para pagar deudas (pasivos por pacto de recompra), el efecto que ello produciría sobre el balance y los ratios de apalancamiento sería neutral (balance 3).

 

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En un repo ordinario la diferencia entre el valor de los títulos transferidos y el dinero recibido (“haircut” en la terminología de Lehman) era del 2%, mientras que en las transacciones englobadas bajo la denominación “Repo 105” esa diferencia podía llegar al 5%, 8% e incluso más.

Lehman tuvo que realizar las operaciones del “Repo 105” a través de su filial Lehman Brothers International Europe (LBIE) con sede en Londres, ya que en EE. UU. no le fue posible obtener una opinión de los abogados favorable al tratamiento contable como una venta. Esta filial al ser consolidada en las cuentas del grupo producía un impacto favorable sobre los ratios de apalancamiento. Los activos financieros pasaban de una compañía a otra a través de una operación intragrupo. Una vez recibidos por LBIE, los títulos eran transferidos mediante una operación del “Repo 105” a un comprador europeo. El dinero recibido en la operación era transferido a Lehman en EE. UU. que lo utilizaba para pagar deudas a corto plazo. Cuando el contrato finalizaba, LBIE recompraba los títulos y los transfería a Lehman en EE. UU. a través de una operación intersocietaria.

Aunque Lehman informó que todas las operaciones de repos recibían un tratamiento contable como operaciones de financiación, la entidad registró las operaciones del “Repo 105” como ventas de activos financieros bajo FAS 140(5). Esta norma permite al vendedor de un activo en una operación de repo contabilizar la transacción como una venta, si dicha transacción cumple determinadas condiciones. Sin embargo, la mayoría de operaciones no cumplen con estas condiciones por lo que no pueden ser consideradas como ventas y, por tanto, los activos transferidos no pueden ser sacados del balance. El tratamiento de una transacción de repo como una venta produce varias consecuencias desde un punto de vista contable:

• Se considera que los activos financieros han sido vendidos y, por lo tanto, son transferidos fuera del balance del vendedor durante la duración del contrato, incluso si el vendedor está obligado a su recompra en una fecha determinada.

• El vendedor del activo no reconoce ninguna deuda que represente la obligación de devolver los fondos prestados, aunque el trasfondo económico de la operación sea la financiación.

• Aunque el activo del vendedor disminuye al transferir los valores financieros, el dinero recibido como préstamo deja el total del activo en la misma cantidad.

Por ejemplo, supongamos que Lehman realiza operaciones del “Repo 105” por 50 mil millones de dólares, contabilizándolos como una venta. De esta forma los activos financieros salen del balance y a cambio Lehman recibe la misma cantidad en su tesorería, con lo que el total del activo permanece invariable. Al mismo tiempo, Lehman no registra pasivo alguno que represente la obligación de devolver el dinero recibido. De esta forma, los ratios de apalancamiento permanecen en el mismo valor anterior a la operación (balance 4).

 

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La estrategia seguida por Lehman para reducir su apalancamiento fue utilizar el dinero recibido de la venta de activos financieros en el “Repo 105” para pagar los pasivos por pacto de recompra. De esta forma, Lehman consigue reducir su activo total y sus ratios de apalancamiento (balance 5).

 

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Cuando el contrato del “Repo 105” llega a su término, Lehman devuelve la cantidad de dinero prestada más el interés establecido y los activos financieros retornan a su balance. Aunque con las operaciones del “Repo 105” Lehman obtuvo dinero, el objetivo principal no era la financiación, ya que esta se podía haber conseguido a un coste más barato con operaciones de repos ordinarios.

El objetivo de Lehman al realizar operaciones por miles de dólares con el “Repo 105” al final de cada trimestre de 2007 y 2008 no fue otro que el de remover fuera del balance que tenía que depositar en la Comisión de Valores y Bolsa de EE. UU. —SEC, por sus siglas en inglés— los activos financieros y, como consecuencia, disminuir sus ratios de apalancamiento.

Para analizar la improcedencia de esta práctica contable basta con analizar el contenido del FAS 140. Cuando se realiza la cesión de un activo financiero, para determinar si el mismo se debe dar de baja en su totalidad, FAS 140 requiere que se analice si la entidad ha perdido o no el control del activo cedido. La pérdida del control se produce cuando se dan simultáneamente los siguientes requisitos:

i) los activos cedidos están fuera del alcance del cedente (incluso en situaciones de insolvencia legal);

ii) los cesionarios pueden vender o pignorar los activos cedidos y

iii) el cedente ni está obligado a recomprar o rescatar los activos antes del vencimiento ni tiene la capacidad unilateral de hacer al cesionario devolverlos.

Por otra parte, bajo la versión de Lehman, el ratio de apalancamiento neto (activo neto/capital tangible) representaba una medida más útil del apalancamiento, al excluir determinados activos de bajo riesgo. En sus estados financieros intermedios, Lehman define el activo neto como el activo total excluyendo:

• El dinero y los valores depositados con fines regulatorios.

• Los valores recibidos como garantía.

• Los valores comprados bajo pacto de reventa.

• Los valores prestados.

• Los activos intangibles y el fondo de comercio.

Para el cálculo del capital tangible, Lehman incluye el capital menos los intangibles y el fondo de comercio.

5. Otra vez la pregunta: ¿dónde estaban los auditores?

El informe Valukas considera que existe suficiente evidencia para plantear varias demandas contra la firma de auditoría de Lehman, por malas prácticas profesionales. Una de las principales responsabilidades de los auditores externos es expresar una opinión sobre si los estados financieros de una empresa expresan en todos los aspectos significativos su imagen fiel de acuerdo con los principios de contabilidad generalmente aceptados. Las normas profesionales de auditoría han sido emitidas para garantizar que los auditores externos cumplen sus obligaciones cuando revisan los estados financieros.

En Estados Unidos, estas normas de auditoría generalmente aceptadas fueron emitidas en un principio por un organismo privado como el American Institute of Certified Public Accountant (AICPA). Posteriormente, en 2002 la Ley Sarbanes-Oxley autorizó al PCAOB a emitir normas profesionales que las firmas de auditoría registradas deben aplicar cuando revisan los estados financieros anuales e intermedios. De acuerdo con estas normas de auditoría:

• Los auditores han de emplear la debida diligencia profesional en el desarrollo de la auditoría de cuentas y en la preparación del informe.

• Los auditores han de obtener un conocimiento suficiente del control interno de la entidad que les permita planificar la auditoría y determinar la naturaleza, momento y extensión de las pruebas a realizar.

• Los auditores tienen que obtener evidencia suficiente y adecuada que les permita formarse una opinión sobre los estados financieros objeto de auditoría.

• El informe de auditoría debe establecer si los estados financieros son presentados de acuerdo con los principios de contabilidad generalmente aceptados.

• El informe de auditoría ha de contener una opinión sobre los estados financieros tomados en su conjunto, o una explicación de por qué no se puede expresar una opinión.

Los auditores de Lehman incurrieron en una serie de malas prácticas profesionales. Por ejemplo, no notificaron al comité de auditoría la utilización del “Repo 105” por parte de los directivos de Lehman con el objetivo de manipular fraudulentamente el balance. Además, la auditora debería haber discutido con el comité de auditoría la calidad de los principios contables aplicados que permitieron eliminar temporalmente entre 30.000 y 50.000 millones de dólares del balance al final de cada trimestre del 2008.

De acuerdo con las normas de auditoría, los auditores deben discutir con el comité de auditoría las políticas contables, las transacciones inusuales y la claridad e integridad de los estados financieros. La discusión también debería incluir aquellos temas que tienen un impacto significativo sobre la imagen fiel, la verificabilidad y neutralidad de la información contable incluida en los estados financieros. Contrariamente a todas estas exigencias, la auditora no comunicó ningún asunto relativo al “Repo 105” a los miembros del comité de auditoría.

Por otra parte, la auditora también falló en la revisión de los estados financieros relativos a los dos últimos trimestres de 2008 que ofrecían una falsa imagen de la situación de Lehman, por la utilización masiva del “Repo 105” con el objetivo de aligerar el balance y reducir el ratio de apalancamiento neto.

Aunque la revisión de los estados financieros intermedios es de un alcance inferior al de una auditoría de las cuentas anuales, los auditores no están exentos de aplicar procedimientos analíticos y hacer preguntas al personal responsable de la contabilidad para determinar si los estados financieros se han elaborado de acuerdo con los principios de contabilidad generalmente aceptados.

Así mismo, los auditores que realizan la revisión de los estados financieros intermedios deben tener un conocimiento de los negocios del cliente que les permita identificar los potenciales errores que contengan los estados financieros.

Con respecto a la gerencia, los auditores deben preguntar sobre las alegaciones de fraude recibidas de empleados, analistas, reguladores u otros, así como sobre las situaciones complejas o inusuales que pueden tener un efecto sobre los estados financieros intermedios. La auditora no realizó preguntas a la gerencia ni desarrolló procedimientos analíticos relativos a transacciones significativas que ocurrieron al final de los trimestres del 2008 ni analizó su impacto en los estados financieros. La firma auditora conocía o debería haber conocido la falsedad de las notas a los estados financieros, dado que estas notas describían todos los repos como operaciones de financiación, sin revelar las transacciones del “Repo 105”. La firma auditora tenía una obligación profesional de comunicar esta circunstancia a la gerencia y al comité de auditoría y recomendar la corrección de los estados financieros, y, en su caso, emitir un informe poniendo de relieve la materialidad de los errores.

El informe del examinador concluye que la auditora tuvo conocimiento de la utilización por Lehman del “Repo 105” desde el año 2001, de la existencia de transacciones de este instrumento por cantidades muy significativas en los años 2007 y 2008 y de la utilización que Lehman hizo de los valores del ratio de apalancamiento neto ante la prensa, agencias de calificación e inversores.

Conclusiones

La quiebra de Enron hace una década puso de manifiesto las deficiencias del modelo de gobierno corporativo por el que se regían las empresas de Estados Unidos. Este y otros importantes escándalos empresariales provocaron una pérdida de confianza de los inversores en la integridad de la información contable y en la auditoría como mecanismo para garantizar que las cuentas reflejen la imagen fiel de las empresas.

Contables y auditores venían utilizando a fondo numerosas argucias, acuciados por la necesidad de cumplir con las expectativas de los mercados financieros. Registrar como facturación ventas comprometidas pero no realizadas o eliminar de los balances deudas que se endosan a terceros mediante el recurso no siempre legítimo de crear entidades para fines específicos eran prácticas habituales.

Además, la falta de independencia de los auditores motivada por la prestación simultánea de servicios de consultoría por cifras millonarias provocó una pérdida de confianza sin precedentes en la profesión auditora.

La reforma de las normas contables, el establecimiento de servicios incompatibles con la auditoría, el reforzamiento del papel de los consejeros independientes y de los comités de auditoría, entre otras medidas, sirvieron para restituir la confianza en la integridad de los mercados financieros.

Sin embargo, el estallido de la crisis financiera ha vuelto a situar en el punto de mira la actuación de los directivos de algunas entidades financieras por la manipulación de las cifras contables. Esta vez el objetivo era aligerar el balance y reducir los ratios de apalancamiento para gozar del beneplácito de las agencias de calificación crediticia. El dispositivo contable diseñado ad hoc por Lehman fue el “Repo 105”. Entre el público surge otra vez una pregunta de difícil respuesta: ¿dónde estaban los auditores?

(1) Este artículo, en lo relativo a las prácticas contables de Lehman Brothers, la actuación de sus directivos y la presunta responsabilidad de su compañía auditora, está sustentado en las conclusiones del documento: United States Bankruptcy Court Southern District of New York. Report of Anton R. Valukas, Examiner. Volume 3 of 9. Jenner & Block LLP. New York. March 11, 2010. http://lehmanreport.jenner.com.

(2) United States Bankruptcy Court Southern District of New York. Report of Anton R. Valukas, Examiner. Volume 3 of 9. Jenner & Block LLP. New York. March 11, 2010. http://lehmanreport.jenner.com.

(3) El apalancamiento bruto para los ejemplos que siguen se calcula por cociente entre el activo total y los recursos propios.

(4) El apalancamiento neto para los ejemplos que siguen se calcula: (activo total - activos en garantía) dividido entre los recursos propios.

(5) Accounting for Transfers and Servicing of Financial Assets and Extinguishments of Liabilities. Statement of Financial Accounting Standards n.º 140. FASB.

Bibliografía

Financial Accounting Standards Board, FASB (2000) Accounting for Transfers and Servicing of Financial Assets and Extinguishments of Liabilities. Statement of Financial Accounting Standards n.º 140.

— (1959) Accounting Research Bulletin (ARB) 51, Consolidated Financial Statements.

Sarbanes-Oxley Act of 2002. Public Law 107-204.

STIGLITZ, J. E. (2003) Los felices 90. La semilla de la destrucción. Madrid: Taurus.

United States Bankruptcy Court Southern District of New York. Report of Anton R. Valukas, Examiner (2010) Vol. 3 of 9. Jenner & Block LLP. New York. March 11.

http://lehmanreport.jenner.com