La sociedad de la información y el conocimiento: cambios en el sector empresarial

Revista Nº 6 Ene.-Mar. 2005

por José Antonio Laínez Gadea y Yolanda Fuertes Callén 

1. Introducción(1) 

El término “sociedad de la información” intenta englobar la gran cantidad de acepciones que se utilizan para describir la compleja situación económica actual. Es precisamente esta complejidad la que impide encontrar un concepto unívoco que exprese de forma clara y precisa lo que se quiere definir en este escrito. Así, se habla de “sociedad de la información”, “sociedad del conocimiento”, “nueva economía” o “economía digital”.

El manejo y transmisión de la información se ha convertido en el principal motor de cambio social y desarrollo económico. La revolución digital en el ámbito de las telecomunicaciones provoca una transformación acelerada de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC). El proceso de implantación de las TIC es muy rápido y su impacto afecta a todos los sectores de la economía, así como a la sociedad.

Siguiendo a Castells(2), la actualidad representa un salto cualitativo en la experiencia humana. Si la historia de la humanidad se había definido por las tensiones entre dos polos —naturaleza y cultura—, la convergencia entre evolución histórica y cambio tecnológico ha conducido a un modelo puramente cultural de interacción y organización social. La información es el ingrediente clave de la organización social y los flujos de mensajes e imágenes de unas redes a otras constituyen la figura básica de la estructura social.

En este artículo se analiza la forma en que los principales cambios económicos y tecnológicos de las últimas décadas, así como la globalización y revolución de las TIC, han ido transformando la sociedad hasta un punto en el que la información y el conocimiento juegan un papel fundamental.

Se pretende situar, además, la problemática existente con relación al impacto que ello supone para uno de los principales agentes sociales: el sector empresarial. Con este fin se examina la respuesta dada por las organizaciones para adaptarse a esta nueva situación y se analiza, a su vez, los principales estudios y aportaciones realizadas sobre la actividad empresarial y el entorno económico en el que esta se desarrolla.

2. Nuevo escenario internacional

En las últimas décadas se han presentado una serie de cambios económicos y tecnológicos sin precedentes que configuran el nuevo escenario conocido.

El crecimiento de los mercados comerciales y financieros internacionales, la actuación de las empresas multinacionales y el comportamiento de los inversores, entre otros, han contribuido al desarrollo del proceso de globalización internacional de la actividad económica.

El paulatino incremento de los mercados comerciales internacionales ha sido favorecido por las mejoras introducidas en los medios de transporte, así como por la necesidad que tienen las compañías de acceder a nuevos mercados para ampliar su cartera de clientes. La búsqueda de recursos financieros con los que se puedan acometer nuevas inversiones ha incrementado la movilidad internacional de capitales y el desarrollo del comercio.

Las empresas multinacionales, a través de una sólida red productiva, comercial o financiera de inversiones, se han establecido en un gran número de países aprovechando las ventajas competitivas que ello les aporta. Incluso, un gran número de gobiernos, con el fin de facilitar la penetración de algunas compañías en los mercados de bienes o servicios de sus países, han favorecido los intercambios comerciales y financieros en sus ámbitos de influencia.

Este proceso de globalización amplió el ámbito de actuación de los distintos agentes económicos, lo que supone que el interés por la actividad de cualquier unidad empresarial traspasó también las fronteras nacionales, siendo de interés no solo para los usuarios del país en que se sitúa la empresa, sino también fuera del mismo. Con esto surgió un nuevo concepto: “El usuario internacional”.

Por otro lado, el incremento acelerado de la productividad y el crecimiento económico de los años 90 estuvo estrechamente relacionado con los avances de las TIC. Mientras que los precios de los semiconductores bajaron a un ritmo imparable en los últimos 40 años, su capacidad fue en aumento, a un ritmo igualmente notable. El descenso del costo de capital de las TIC ofreció fuertes incentivos, que atrajeron hacia ellas las inversiones que antes se dirigían a otras formas de capital y servicios laborales(3).

Esta nueva situación se refleja en la economía a través del sector de las TIC, respecto de ordenadores, programas informáticos, equipos y servicios de telecomunicaciones. La aplicación intensiva de las TIC ha provocado una rápida disminución de los precios y costes en los ámbitos de la informática y de las telecomunicaciones, con un impacto positivo sobre otros productos como, por ejemplo, la fabricación de aviones, automóviles e instrumentos científicos.

Gran parte de esta revolución tecnológica ha venido de la mano de internet, cuya aparición ha supuesto un cambio de paradigma tecnológico, económico y social.

Es así como el denominado “fenómeno internet” ha sido analizado desde perspectivas muy diferentes, dadas las distintas connotaciones que su utilización tiene, entre otros ámbitos, en el mundo de los negocios, la economía, la cultura, la política o la filosofía.

Siguiendo a Gómez(4), internet se podría definir como el primer medio global de comunicación bidireccional que permite a sus usuarios acceder e interactuar con millones de documentos que contienen información audiovisual de muy diversas fuentes —organismos públicos, empresas, universidades, asociaciones, particulares, etc.—, así como comunicarse entre sí de múltiples formas —correo electrónico, videoconferencia, conversaciones múltiples, etc.—. Todo ello a un costo mínimo y posibilitando la eliminación de barreras espaciales y temporales. Así mismo, permite realizar transacciones comerciales e, incluso, distribuir ciertos productos digitalizados.

De entre las múltiples características que se le atribuyen a este sistema se pueden destacar las siguientes: alcance global, universalidad en el acceso, accesibilidad 24 horas al día y 365 días al año, información permanentemente actualizada, comunicación bidireccional e interacción del usuario, contenido hipertextual, ruptura del compromiso riqueza-alcance de la información, capacidad para realizar transacciones comerciales, capacidad para distribuir productos digitales, costo reducido, personalización de la comunicación, etc.

Las estadísticas justifican tanto su trascendencia en el momento actual, así como su potencialidad futura. En este sentido, en 1995 el número de usuarios de internet en todo el mundo era de aproximadamente 44 millones de personas. Esta cifra en 1998 era de casi 182 millones y a principios del 2001 era de 414. Se encuentra previsto que para el año 2005, alcanzará los 1.000 millones de personas(5).

3. Hacia una sociedad de la información y el conocimiento

La evolución de la sociedad moderna puede describirse, según algunos autores, como la sucesión de tres etapas: la sociedad industrial, la sociedad postindustrial y la sociedad de la información.

Cada una de ellas se puede caracterizar por un hecho clave o por un factor diferencial. Superada la primera fase, cuyo factor diferenciador era el acceso a bienes materiales producidos por otros, en la actualidad se está al final de la segunda etapa —caracterizada por el acceso a los servicios que otros prestan— e iniciando los primeros pasos hacia la tercera.

Gráfica 1. Evolución de la sociedad

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Fuente: Temboury y Vila (2002)

Sin embargo, como indica Cornella(6), los distintos enfoques adoptados por los investigadores a la hora de abordar sus estudios generan cierta confusión. Diferentes acepciones, por un lado, y distintos “sistemas nacionales de cuentas” en cada país, por el otro, dan lugar a definiciones sustancialmente distintas.

3.1. Sociedad de la información. Definiciones

Los medios de comunicación utilizan actualmente términos como “nueva economía”, “la era de internet”, “la revolución de las tecnologías de la información (IT)”, “economía electrónica”, “sociedad de la información” y “economía digital”, entre otros. Las estimaciones sobre su importancia varían ampliamente, debido a la ausencia de una definición clara y comúnmente aceptada del término del que se trate y de sus componentes.

Como señala Moore(7), tres son los hechos que demuestran que actualmente la humanidad se encuentra inmersa en la sociedad de la información:

a) Las organizaciones dependen cada vez más del uso inteligente de la información y de sus tecnologías para ser competitivas, convirtiéndose así en “organizaciones intensivas” en ella.

b) Los ciudadanos también utilizan estas tecnologías en muchas de las tareas de su vida diaria, consumiendo grandes cantidades de información en el trabajo y en el ocio. El ciudadano debe desarrollar o potenciar habilidades para el mejor manejo de tales tecnologías, de manera que no quede apartado del mercado laboral, así como respecto de capacidades de análisis crítico para no ser manipulado desde el punto de vista informativo.

c) Está emergiendo un sector de la información, que actualmente se encuentra inserto dentro de la diversidad del sector servicios, con una entidad suficiente como para convertirse en uno de los grandes hipersectores de la economía, junto con el sector primario, el manufacturero, de construcción y de servicios.

Castells(8), por su parte, señala que siempre ha existido una sociedad de la información, puesto que esta siempre ha jugado un papel importante en la sociedad, entendida en el sentido más genérico de comunicación del conocimiento. Sin embargo, la emergente “sociedad informacional” es una forma específica de organización social en la que la generación, el proceso y la transmisión de información se convierten en las principales fuentes de productividad y de poder.

Desde otra perspectiva, recientemente se ha acuñado el término “nueva economía”. En la literatura económica existen dos tipos de definiciones de este fenómeno. Una de ellas abarca una noción amplia, haciendo referencia a las características del comportamiento de la economía en su totalidad, mientras que el otro conjunto de definiciones, mucho más específicas, recogen el papel del proceso de información y de las tecnologías de comunicación en la aceleración de la tendencia de la tasa de crecimiento de la producción y la productividad.

En este sentido, Duisenberg(9) establece una clara distinción entre ambas nociones. En su opinión, la visión más amplia abarca afirmaciones tales como la mejora del mercado de capitales con un constante incremento de las cotizaciones, el fin de los ciclos económicos o al menos la reducción de sus fluctuaciones, etc. Pero, según su criterio, todas estas afirmaciones no pueden ser juzgadas correctamente en el estado actual y dadas las incertidumbres con respecto a los desarrollos económicos globales, la discusión sobre la nueva economía ha quedado en la sombra. Por todo ello parece más prudente enfocar y dirigir la definición hacia aspectos más específicos.

De este modo, entre las definiciones que limitan este concepto a un cambio fundamentalmente tecnológico, podemos destacar la propuesta de Quah(10). Este utiliza el término weightless economy haciendo hincapié en el aspecto de los intangibles, con conceptos operativos tales como el conocimiento y la información. Desde este punto de vista, la economía de los intangibles comprende cuatro elementos principales:

a) Tecnologías de la información y la comunicación.

b) Capital intelectual: no solo patentes sino también marcas registradas, nombres de marca, publicidad, servicios financieros y de consultoría y educación.

c) Bibliotecas electrónicas y bases de datos digitales: se incluyen los nuevos medios de comunicación y distribución.

d) Empresas de alta tecnología.

Por su parte, el Departamento de Comercio de Estados Unidos(11) introdujo el término economía digital, poniendo énfasis en los principales sectores implicados y destacando la convergencia sin precedentes entre tecnologías de información, informática y comunicaciones.

Otros autores, como Choi, Kelly(12), Stahl y Whinston(13), hablan del nacimiento de la “economía virtual” o “economía en red”, basada en la interconexión de ordenadores, mediante un sistema. De este modo, todos los productos, los procesos y los agentes son virtuales y se encuentran en un proceso de constante innovación, incrementando la tendencia hacia la convergencia de productos, mercados e infraestructuras.

Por su parte, la Comisión Europea utiliza el término “economía electrónica”, englobando así las modificaciones del comportamiento de los agentes económicos y de los ciudadanos como consecuencia de las posibilidades que ofrece el espectacular desarrollo y asequibilidad de las TIC y, sobre todo, la evolución de internet.

Hasta el momento, las definiciones examinadas se centran en destacar cómo la revolución de la tecnología, de la maquinaria, de las técnicas y del software, entre otras, ha facilitado la recolección de datos, su almacenamiento, transmisión y presentación. De este modo, la información se convierte en un factor clave para el éxito económico. Sin embargo, no se debe olvidar que su abundancia no es garantía de conocimiento.

Por ello, autores como Linares y Ortiz(14) afirman que la “sociedad de la información” se caracteriza por basarse en el conocimiento y en los esfuerzos por convertir la información en conocimiento. Cuanto mayor es la cantidad de información generada por una sociedad, mayor es la necesidad de convertirla en conocimiento.

En la misma línea, en el Libro verde sobre la sociedad de la información(15) se enfatiza este concepto al señalar que el término “sociedad de la información” se refiere a una forma de desarrollo económico y social en el que la adquisición, almacenamiento, procesamiento, evaluación, transmisión y distribución de la información con vistas a la creación de conocimiento y a la satisfacción de las necesidades de las personas y de las organizaciones, juega un papel central en la actividad económica.

Por otro lado, como indican Cáliz, Quintanilla y Pin(16), no se debe olvidar que el conocimiento ha sido la base de todos los grandes avances desde el inicio de la civilización. Las revoluciones agrarias e industriales del siglo XVII y principios del XIX fueron consecuencia del desarrollo y difusión del conocimiento. Según Grant(17), lo que distingue la economía actual, desde esta perspectiva, es la pura acumulación de conocimiento por parte de la sociedad, el rápido ritmo de la innovación y, lo más importante, los avances de la tecnología digital.

3.2. Esfuerzos en la implantación de la sociedad de la información

Los gobiernos de los países europeos, de Estados Unidos y de algunos de los países del sudeste asiático han apostado decididamente por contribuir al desarrollo de la sociedad de la información, aprobando una serie de medidas que apoyan la inversión en equipos y tecnologías. Igualmente, han impulsado la introducción de internet en los colegios y universidades y desarrollado nuevos servicios para ofrecer a los ciudadanos, a través de la red, programas de teleformación, servicios de información, solicitud y seguimiento de trámites administrativos, etc.

La Unión Europea ha sido uno de los principales promotores de la sociedad de la información, pues ya en 1994, a partir del Informe sobre la sociedad de la información, mayormente conocido como el Informe Bangemann, elaboró un plan de actuación que incluía un paquete de medidas sobre el proceso de liberalización de las telecomunicaciones, el marco regulador, las redes y servicios, los aspectos sociales y culturales y las actividades de promoción y sensibilización.

En la Cumbre de Helsinki, celebrada en 1999, la Comisión presentó una propuesta para acelerar la transformación de Europa en una sociedad de la información —Iniciativa e-Europe—. Entre otras acciones, contemplaba el fomento del comercio electrónico, un acceso más económico a internet y el desarrollo del capital-riesgo para las pymes de alta tecnología.

A partir de entonces, el número de asuntos señalados en el plan y llevados a cabo por la Comisión Europea ha sido muy numeroso: comunicaciones, recomendaciones del grupo de expertos, informes del comité económico y social, proyectos, etc.(18).

El próximo plazo para poner en ejecución la Iniciativa e-Europe es el año 2005, época para la cual los 10 nuevos miembros integrarán sus economías con los demás países de la Unión Europea. Un acceso de banda ancha a internet que proporcione unas telecomunicaciones en línea rápidas, baratas y permanentes es el tema tecnológico generador clave en este período.

Por otra parte, y con una proyección a escala global, en el año 2001 el Consejo de la Unión Internacional de Comunicaciones (UIT) acordó celebrar una cumbre en la que se reunieran jefes de Estado, los directores generales de los organismos de Naciones Unidas, líderes de la industria, organizaciones no gubernamentales y representantes de los medios de comunicación y de la sociedad civil en un evento único de alto nivel. El aspecto central que se iba a tratar era el papel de los diversos representantes en el establecimiento eficaz de la sociedad de la información en todo el mundo. Para ello, la reunión fue estructurada en dos etapas: la primera se llevó a cabo en Ginebra (Suiza), del 10 al 12 de diciembre del 2003, y la segunda tendrá lugar en Túnez, del 16 al 18 de noviembre del 2005(19).

El resultado previsto de la cumbre es la elaboración y promoción de una declaración nítida de voluntad política y un plan de acción concreto para lograr los objetivos de la sociedad de la información, los cuales reflejen plenamente todos los intereses que se encuentran en juego. El alcance y la naturaleza de este ambicioso proyecto exigirá la realización de alianzas estratégicas con entidades públicas y privadas.

4. Las empresas en la sociedad de la información

La transición hacia una economía basada en la información y el conocimiento está cambiando el mundo de los negocios. Es así como algunos de los supuestos fundamentales en los que se cimentaba el éxito de las empresas líderes en el mercado se han modificado de la siguiente manera(20): (i) los costos de interacción y de transformación ya no son tan elevados; (ii) los activos físicos ya no desempeñan un papel protagonista en la oferta de las empresas; (iii) el acceso a la información ha dejado de ser caro y restringido y (iv) ya no se necesitan varios años, ni grandes capitales, para establecer un negocio con presencia a escala mundial. Esto, además de representar grandes amenazas para las empresas establecidas, también les genera inmensas oportunidades.

Desde comienzos de los años 80, prácticamente las compañías de todos los sectores económicos, movidas por presiones competitivas, iniciaron una profunda reestructuración. De este modo, la típica estructura de las empresas pertenecientes a la era industrial, integradas verticalmente, intensivas en activos físicos y diseñadas para explotar economías de escala, ha dado paso a organizaciones más especializadas que tienen a la innovación como la principal fuente generadora de ventajas competitivas.

4.1. El papel de las tecnologías de la información y la comunicación

Como indica Jonscher(21), las tecnologías de la información se han introducido en las empresas en tres etapas:

En una primera fase, que abarca desde el siglo XIX hasta 1960, se produce un notable incremento en la necesidad de gestionar la información para coordinar toda la actividad económica, logística y productiva de las empresas, como consecuencia del espectacular desarrollo de las tecnologías de la producción.

La segunda, que se extiende de 1960 a 1990, se caracteriza porque se introducen tecnologías de la información para automatizar la coordinación y gestión empresariales.

La última comienza a principios de los años 90, mediante la transición a la economía digital. La convergencia de la informática y las comunicaciones aceleran esta evolución y las empresas se encuentran ante la necesidad de explotar la información acumulada para facilitar la innovación y su adaptación a los continuos y rápidos cambios del entorno. De este modo, la información se convierte en un recurso de especial importancia para la actividad económica.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)(22), señala las transformaciones que la introducción de las tecnologías de la información han supuesto en la relación entre empresas:

a) Los nuevos desarrollos disminuyen en gran medida los costos de subcontratación de servicios externos y de cooperación entre compañías, los cuales contribuyen a reducir la duración de los ciclos productivos y facilitan la difusión de ideas y de conocimiento, al proporcionar las herramientas necesarias para una comunicación más rápida y amplia.

b) Por otro lado, la necesidad de desarrollar de facto normativas tecnológicas conduce a un gran número de alianzas entre compañías de alta tecnología y a la cooperación entre industrias.

Otra de las consecuencias que tienen los avances tecnológicos es la digitalización de la información. Actualmente, la información puede almacenarse en grandes cantidades y transmitirse a la velocidad de la luz. Este hecho supone un gran cambio a la hora de realizar el trabajo, pues los conceptos de espacio y tiempo cambian de manera fundamental.

En este contexto adquiere una especial relevancia el concepto de virtualidad. En la actualidad, las personas que trabajan y participan en una compañía pueden estar ubicadas fuera de ella. Las barreras geográficas desaparecen, lo cual afecta tanto a la fuerza laboral nacional como a la internacional(23). Los profesionales con talento y altos conocimientos serán requeridos para trabajar en empresas de cualquier parte del mundo sin la necesidad de un traslado físico.

Esta nueva situación del entorno requiere cambios en el estilo de dirección y el desarrollo de nuevas estructuras organizativas, que permitan potenciar el papel del capital humano y en las que los trabajadores tengan menos compartimentadas sus actividades. Estas serán más polivalentes y flexibles en lo que se refiere a tareas, horarios y ubicaciones geográficas.

4.2. La importancia de los intangibles

Hasta hace unos años, el enfoque mayoritariamente seguido por las empresas consistía en aprovechar las oportunidades de negocio basadas en la capacidad de competir que les ofrecía su tamaño. En la actualidad, en todas las industrias, aunque con distinta intensidad, la clave para incrementar la competitividad pasa por la forma en la que se combina, se gestiona y se comercializa el conocimiento.

Como indican Nonaka y Takeouchi(24), Chan Kin y Mauborgne(25) y Bueno(26), vivimos actualmente en una sociedad en la que adquieren primacía los conocimientos teóricos y los tácitos o implícitos, sobre cualquier otra clase. Es decir, aquellos que requieren de un determinado modelo mental y de un proceso concreto de creación intelectual aparecen como relevantes. Para Nonaka y Takeouchi(27) esta información es la que posibilita en la economía actual la generación y sostenibilidad de la ventaja competitiva empresarial.

En esta línea, Bueno(28) señala que en los últimos 50 años se ha protagonizado un claro proceso de cambio que ha creado la nueva realidad que caracteriza la economía del conocimiento actual, tal y como queda expresado en la gráfica 2.

Gráfica 2. El proceso de creación en la sociedad del conocimiento

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Como se puede observar, la información es útil cuando se transforma en conocimiento y se utiliza para obtener alguna ventaja competitiva.

Este conocimiento o know-how puede provenir de diversas fuentes: mejoras en la calidad y productividad, ideas del personal de ventas para ofrecer un mejor servicio al cliente, nuevos diseños técnicos o científicos, la propia cultura de la organización, el talento directivo, etc. Todos estos elementos son difíciles de identificar y percibir, puesto que no tienen entidad material y no son susceptibles de tocarse o percibirse de un modo preciso. Tales recursos se engloban bajo la denominación de “intangibles”.

Desde una perspectiva contable, los activos intangibles se pueden definir como “fuentes no monetarias de beneficios económicos futuros, sin sustancia física, controlados, o al menos influidos por la empresa, como resultado de acontecimientos y transacciones pasadas —producidos por la empresa, comprados o adquiridos de cualquier otra manera— y que pueden o no ser vendidos separadamente de otros activos de la empresa”(29).

El empleo conjunto y armónico de todos estos recursos conforma el denominado “capital intelectual”, el cual consiste en la posesión de conocimientos, experiencia aplicada, tecnología organizacional, relaciones con clientes y destrezas profesionales que dan a la empresa una ventaja competitiva en el mercado(30).

Existen diferentes clasificaciones para los activos que integran este capital, todas ellas vinculadas a propuestas realizadas por distintos autores. Como se puede apreciar en la tabla 1, en la que se recogen algunas de estas clasificaciones, existe cierta diversidad en cuanto a los factores identificados, así como en sus componentes.

Tabla 1. Propuestas de clasificación de activos que integran el capital intelectual

AutoresCategoríaComponentes
Brooking, 1997Activos de mercadoMarcas, clientela, fidelidad, acuerdos, franquicias.
Activos de propiedad intelectualKnow-how, copyright, derechos de autor, patentes, tecnología registrada.
Activos centrados en el individuoEducación, formación profesional, experiencia, liderazgo, capacidad creativa, competencias.
Activos de infraestructuraCultura corporativa, sistemas de información, filosofía de gestión, relaciones financieras, bases de datos de clientes.
Sveiby, 1997Componente externoRelaciones con clientes y proveedores, marcas registradas, reputación e imagen de la empresa.
Componente internoPatentes, ideas, organización, cultura y ambiente de la empresa.
Competencia de los empleadosEducación, experiencia, rotación de competencias, etc.
Euroforum, 1998Capital humanoSatisfacción del personal, competencias de las personas, liderazgo, trabajo en equipo.
Capital estructuralCultura organizacional, filosofía de negocio, propiedad intelectual, tecnología del producto y del proceso, procesos de captación del conocimiento.
Capital relacionalBase de clientes relevante, lealtad de la clientela, reputación, nombre de la empresa, alianzas estratégicas, interrelación con proveedores, etc.
Edvinsson y Malone, 1999Capital humanoConocimientos, habilidades y actitudes de las personas que componen la organización.
Capital estructuralCapital organizativo: formado por capital de procesos y capital de innovación.Capital clientela: relaciones con los clientes.
Proyecto Meritum, 2002Capital humanoCapacidad para innovar, saber hacer, experiencia, capacidad para trabajar en equipo, flexibilidad del empleado, motivación, lealtad.
Capital estructuralFlexibilidad organizativa, servicio de documentación, uso de tecnologías de información, propiedad intelectual o industrial, patentes.
Capital relacionalImagen, lealtad y satisfacción de los clientes, pactos con proveedores, poder comercial, capacidad de negociación.

 

Todos los elementos a los que se hace referencia en las diferentes clasificaciones son actualmente claves para la obtención de ventajas competitivas. De este modo, surge la necesidad de generar nuevos instrumentos para desarrollar la gestión y valoración de tales partidas.

Paralelamente a estos estudios conceptuales y clasificatorios del valor del capital intelectual en las empresas, son numerosos los trabajos empíricos sobre activos intangibles; por ejemplo, contrastando su influencia en la cotización de las compañías. Los trabajos de Aboody y Lev(31); Barth y Clinch(32); Lev(33); Kristen y Gregory(34); Deng, Lev y Narin(35) o de García-Ayuso(36) abordan la influencia de esos activos en el valor bursátil de las empresas, que en casos extremos sobrepasa en más de cinco veces al valor en libros. Serrano, Fuertes y Mar-Molinero(37) proponen utilizar modelos matemáticos de reducción de dimensionalidad para identificar y medir intangibles, aplicando esta técnica a una muestra de portales de internet y tiendas virtuales. Rihad-Belkaoui(38) encuentra una relación positiva entre el capital intelectual —medido como el número de marcas a registrar por la empresa— y un ratio financiero —el valor añadido entre activo total—, en una muestra de 81 multinacionales.

En cuanto a la regulación internacional que aborda la contabilidad y divulgación de activos intangibles, el International Accounting Standards Committee (IASC)(39), recoge la Norma internacional contable IAS 38 Intangible assets—. También ha propuesto borradores de normas para su discusión: ED3(IASC)(40), sobre combinaciones de negocios, IASC con modificaciones a la IAS 36(41) e igualmente IAS 38.

En Estados Unidos, el SFAS 142 del Financial Accounting Standard Board (FASB)(42), modifica las prácticas contables para el reflejo del fondo de comercio y los activos intangibles adquiridos por las empresas. Recientemente ha incluido en su agenda técnica un proyecto sobre la información que se suministrará acerca de los intangibles no reconocidos en los estados contables.

La Federación Internacional de Contables (IFAC)(43), presenta un interesante documento que recopila los aspectos clave de la valoración del capital intelectual. Por su parte, la Comisión de Expertos para la Reforma de la Contabilidad en España (ICAC), que ha elaborado el Libro blanco de la contabilidad(44), considera conveniente que se revise el tratamiento contable actual de los activos intangibles. Stolowy y Jeny-Cazavan(45) revisan la normativa que aplican diferentes países y organismos internacionales para la contabilización de los activos intangibles.

A pesar de los esfuerzos llevados a cabo hasta el momento por los diferentes organismos con el fin de alcanzar una cierta uniformidad en el tratamiento contable de los intangibles, todavía se excluye la presentación de la mayor parte de los desarrollados internamente, cuyo costo queda incluido en la cuenta de pérdidas y ganancias. Esto impide conocer el verdadero valor de muchas compañías para las que los elementos intangibles se encuentran entre los activos de mayor valor.

4.3. Respuesta de las empresas

Los retos de esta nueva realidad obligan a un replanteamiento por parte de las compañías respecto de la manera de afrontar, desde el punto de vista organizativo, los nuevos desafíos del mundo virtual. La flexibilidad, la capacidad de acción y reacción para corregir el rumbo y adaptarse a lo nuevo resultan indispensables para cualquier modelo de negocio.

Algunos autores como Pettigrew y Fenton(46) analizan las causas que conllevan a la transición de las organizaciones. De este modo, en primer lugar, señalan la doble presión ejercida por el nuevo entorno sobre las estructuras jerárquicas tradicionales. Por una parte, la multitud de niveles jerárquicos de ejecutivos medios impide que se pueda dar una respuesta suficientemente rápida, necesaria para la flexibilidad y la innovación. Por ello, muchas compañías intentan introducir estructuras más flexibles con formas organizativas basadas en proyectos. Por la otra, las organizaciones, intensivas en comunicación, requieren amplias inversiones en nuevas tecnologías de la información. Esto conlleva a su vez una continua formación de sus recursos humanos.

Ante la nueva competencia, las organizaciones responden de forma muy diferente. Algunas de las iniciativas se centran en la estructura, reduciendo niveles corporativos para reducir costos(47), o en el rediseño del trabajo y de las operaciones en unidades operativas autónomas(48). Otras se orientan al proceso, con continuas mejoras de equipos. Al respecto, algunos autores destacan las implicaciones en las actitudes y comportamiento, señalando la aparición de empresas en permanente aprendizaje(49).

En este sentido, Sveiby(50) resume en la tabla 2 los principios básicos de una empresa intensiva en conocimiento, comparada con las características de las compañías de la era industrial.

Tabla 2. Principios de una organización basada en el conocimiento

ConceptoParadigma de la era industrialParadigma de la era del conocimiento
PersonasGeneradores de costes o recursos.Generadores de ganancias.
Origen del poder del cargoNivel jerárquico.Nivel de conocimiento.
Principal función del cargoSupervisar a los subordinados.Ayudar a los colaboradores.
InformaciónInstrumento de control.Instrumento de comunicación; recurso.
ProducciónTrabajadores físicos que transforman recursos materiales en productos materiales.Trabajadores del conocimiento que transforman estos conocimientos en estructuras inmateriales.
Flujo de informaciónJerárquico.Redes informales.
Frenos a la producciónFinanzas y competencias humanas.Tiempo y conocimiento.
Forma de la producciónMecánica y secuencial.Inducida a través de redes.
Forma principal de las gananciasMaterial —agente—.Inmaterial —conocimiento, ideas nuevas, clientes nuevos, I+D—.
Relación con los clientesEn sentido único por los mercados.Interactivo por medio de las redes.
ConocimientoInstrumentos o recursos entre otros.Principal inquietud de la organización.
Objetivos de formaciónUtilización de nuevos instrumentos.Creación de nuevos activos.
Valor en bolsaInducido por los activos tangibles.Inducido por los bienes inmateriales.
EconomíaRendimientos decrecientes.Basada en retornos crecientes y decrecientes al mismo tiempo.
Fuente: Adaptado de Sveiby (2000)

 

Sin embargo, las repercusiones varían sustancialmente de un sector a otro. De este modo, sectores ricos en información como los productos digitales, servicios de información y servicios financieros y empresariales, confirman la aparición de nuevos modelos empresariales y de una competencia creciente en el mercado. Por su parte, en industrias con mayores barreras a la entrada, como la construcción y la industria pesada, es probable que el impacto sea más paulatino.

Una diferencia básica entre sectores es el potencial de ahorro y crecimiento de la productividad. Por lo general, los que son más dependientes de la información, como los servicios financieros y los productos y servicios de las TIC, son los que consiguen más ahorros de costos o mayor productividad y los que profundizan más su transformación organizativa(51).

Por otro lado, no se debe olvidar que en el entorno actual en el que compiten las empresas, caracterizado por su complejidad y dinamismo, como indican(52) el valor y el carácter idiosincrásico de la base de conocimiento organizativo, cambian a medida que las compañías competidoras desarrollan nuevas estrategias competitivas. De manera que la tarea de gestionar la base de conocimiento de la empresa resulta mucho más compleja.

5. Consideraciones finales

Los profundos cambios acaecidos en las últimas décadas en el entorno económico, político y social, diseñaron una nueva realidad donde la información y el conocimiento adquieren una gran relevancia.

Conscientes de ello, los gobiernos de los países desarrollados incentivaron la creación de toda una serie de programas y proyectos encaminados a promover la denominada sociedad de la información y el conocimiento.

En la actualidad, a pesar de la escasez de estudios profundos sobre este fenómeno, dada la novedad y velocidad de su aparición, una gran cantidad de autores ha estudiado el impacto que el nuevo entorno económico tiene sobre cada uno de los aspectos de la sociedad.

Este artículo se ha centrado en las consecuencias que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación suponen para el mundo empresarial.

De este modo, se analizó cómo en el marco de este nuevo paradigma social, la clave para incrementar la competitividad en todas las industrias pasa por la forma en la que se combina, se gestiona y se comercializa el conocimiento.

Los activos de conocimiento no son un fenómeno nuevo. Lo que resulta novedoso es la combinación única de dos fuerzas económicas: la intensificación de la competencia empresarial producida por la globalización del comercio y la desregulación en sectores económicos claves —telecomunicaciones, electricidad, transporte y servicios financieros—, así como la introducción de las tecnologías de la información. Estos dos desarrollos fundamentales han transformado profundamente la estructura de las corporaciones.

Ante esta nueva situación las empresas de todos los sectores económicos comenzaron a adaptar sus estrategias. Agilidad, flexibilidad, capacidad de respuesta, innovación en definitiva, constituyen hoy en día los cimientos sobre los que han de asentarse los pilares de las nuevas oportunidades en los negocios.

En la actualidad, la empresa está más conectada que sus predecesoras. La integración vertical ha sido sustituida por un conjunto de estrechas colaboraciones y alianzas con suministradores, clientes y empleados. Mientras que los contactos entre divisiones en la era industrial eran principalmente físicos, hoy en día son llevados a cabo de manera virtual, gracias a sistemas y programas que constituyen el capital organizacional y que, en muchos casos, se encuentran entre los activos de mayor valor de la compañía.

Las empresas más dinámicas se han empezado a preocupar por explotar todos los factores capaces de generar valor en esta nueva economía. Su actuación no se limita a gestionar los recursos tradicionalmente empleados, sino que se ha trasladado hacia un conjunto de elementos de naturaleza intangible —el “saber hacer” tecnológico y comercial, la confianza de la clientela, la imagen de marca, el control sobre la distribución, las relaciones con suministradores, la cualificación del personal, la propia cultura de la organización, etc.— que conforman el denominado capital intelectual de las organizaciones.

Ante esta situación, las compañías de todos los sectores deben aprender a combinar, gestionar y comercializar el conocimiento si quieren seguir compitiendo en el mercado.

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Llamadas

(1) El presente trabajo ha sido financiado por el Proyecto SEC2002-00238 de la Dirección General de Enseñanza Superior e Investigación Científica del Ministerio de Educación y Cultura de España.

(2) Castells, M. La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Alianza Editorial, Madrid: 1997.

(3) Comisión de las Comunidades Europeas. El impacto de la economía electrónica en las empresas europeas: análisis económico e implicaciones políticas. 2001. Disponible en: http://europa.eu.int/comm/enterprise/ict/policy/doc/com_2001_711_es.pdf. —consultada en agosto del 2002—.

(4) Gómez, A. Las claves de la economía digital. Ed. Ra-Ma, Madrid: 2002, p. 2.

(5) Diversas estadísticas sobre el alcance y el uso de internet pueden consultarse en la página web de la Internet Societywww.isoc.org/— y los datos suministrados por el Computer Industry Almanac —www.c-i-a.com/—.

(6) Cornella, A. ¿Economía de la información o sociedad de la información? En: Barcelona Management Review, Nº 8, mayo-agosto de 1998, pp. 15-24.

(7) Moore, N. The information society. En: World Information Report 1997-1998, Cap. 20, Unesco, París: 1997, p. 271. www.unesco.org/webworld/com_inf_reports/wirenglish/chap20.pdf —consultada en enero del 2003—.

(8) Castells, ob. cit., p. 21.

(9) Duisenberg, W. E-economy: will we still need banks in the future? Comunicación presentada al XVII German Banking Congreso, Berlín: 2001.

(10) Quah, D. A weightless economy. Unesco Courier, 1998. www.unesco.org/courier/1998> —consultada en marzo del 2002—.

(11) Departamento de Comercio de Estados Unidos. The emerging digital economy. Secretariat on Electronic Commerce, Washington: 1999.

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(17) Grant, R. Shifts in the world economy: the drivers of knowledge management. En: Knowledge Horizons: The Present and the Promise of Knowledge Management. Despres, C. y D. Chauvel. Butterworth-Heinemann, 2000.

(18) Toda la información sobre las iniciativas llevadas a cabo por la Unión Europea con el fin de impulsar la llamada “economía electrónica” puede consultarse en la siguiente dirección: http://europa.eu.int/information_society/eeurope/index_en.htm.

(19) www.wsisgeneva2003.org/home.html.

(20) Kelly, K. Las nuevas reglas de la nueva economía. Ed. Gránica, Barcelona: 1999.

(21) Jonscher, C. The evolution of wired life: from the alphabet to the soul-catcher chip-how information technologies change our world. Ed. John Wiley & Sons, 1999.

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(27) Nonaka y Takeouchi, ob. cit.

(28) Bueno, ob. cit.

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(48) Donovan, M. Redesigning the workplace. En: Journal for Quality and Participation, marzo de 1989.

(49) Taylor, S. Managing a learning environment. En: Personnel Management, V. 24, Nº 10, 1992.

(50) Sveiby, K. Capital intelectual. La nueva riqueza de las empresas. Cómo medir y gestionar los activos intangibles para crear valor. Ed. Gestión, Barcelona: 2000, p. 60.

(51) Comisión de las Comunidades Europeas. El impacto de la economía electrónica..., cit.

(52) Ordoñez, P. y Rodríguez, J. Gestión del conocimiento y competitividad empresarial: un marco para el análisis del capital humano. En: Revista Icade, Nº 59, mayo-agosto del 2003, p. 58.