La tarjeta electrónica fiscal elevó la ética de los contribuyentes en Brasil

Revista Nº 164 Mar.-Abr. 2011

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Impuestos 

Tras la implementación en Brasil de impresoras con una memoria electrónica que registra la facturación de los establecimientos comerciales, la tributación del impuesto de circulación de mercaderías y servicios (ICMS), equivalente al impuesto sobre las ventas (IVA) en Colombia, aumentó entre el 20% y el 40%, en los 27 Estados del país.

Joao Keunecke, director de mercado internacional de la firma Urmet Daruma, una de las empresas que busca ofrecer en el mercado colombiano esa tecnología, conversó con la REVISTA IMPUESTOS sobre los cambios en la cultura tributaria brasilera que se derivaron de esta innovación.

REVISTA IMPUESTOS: ¿A qué se dedica el grupo Urmet Daruma?

Joao Keunecke: La compañía Daruma nació en Brasil, hace un poco más de 40 años, por iniciativa de japoneses que llevaron tecnología al país, en el campo de las telecomunicaciones. En 1994, el grupo italiano Urmet compró a Daruma y le agregó las actividades de automatización de equipos para el comercio y la banca. Ahí empezó la producción de terminales e impresoras para distintas aplicaciones en esos sectores. Diez años después de haber adquirido a Daruma, el grupo decidió entrar al mercado de las impresoras que funcionan con una tarjeta electrónica que graba la información de la facturación para fines fiscales. O sea que solamente tenemos seis años en esa actividad y somos la empresa número uno en Brasil. Actuamos en otros países, como Italia y Venezuela, pero estamos dedicados a los puntos de venta del sector del comercio. Cuando cualquier negocio comercial, supermercado o farmacia, por ejemplo, necesita controlar sus ventas, nosotros podemos proveerle los equipos que se ubican en el punto de pago.

R. I.: ¿Qué expectativas tienen en Colombia?

J. K.: Con la reglamentación de la ley que establece las especificaciones de memoria y de transmisión de los datos a la administración tributaria nacional en Colombia, el país se torna en un mercado mucho más interesante para nosotros, porque va a haber un volumen normal de reposición en los puntos de venta (POS) o de remodelación de estos. Claro que ya hay muchos muy bien equipados, y bastaría con instalarles la impresora fiscal. Así lo podremos hacer, pues también ofrecemos la impresora fiscal para los POS.

R. I.: ¿Qué llevó a la compañía a especializarse en impresoras fiscales?

J. K.: Se convirtió en un mercado en ascenso en Brasil, pues allá cada punto de venta, por ley, debe tener la impresora fiscal.

R. I.: ¿Cuándo se promulgó esa ley de impresoras fiscales en su país?

J. K.: En el 2000. En Brasil, lo que ustedes llaman impuesto sobre las ventas (IVA), se conoce como ICMS. La recaudación de este impuesto no es federal, sino estatal. Entonces cada uno de los Estados empezó a promulgar la ley que obligaba a contar con la impresora fiscal en los establecimientos de comercio, y en muchos se recurrió a beneficios compensatorios, para aliviar los costos de implantación. El proceso se adelantó por categorías de contribuyentes: primero las grandes empresas y, de ahí, se fue bajando de nivel; se crearon grupos especiales de beneficio social, porque había pequeños comerciantes, como los que venden comidas rápidas o las heladerías de esquina, que no tienen la misma capacidad de pago de una empresa para invertir en un equipo que no es barato.

R. I.: ¿Cuánto cuesta esa tecnología?

J. K.: Un equipo completo para un punto de venta, con una impresora que tenga la tarjeta fiscal, una computadora, una caja y un lector de código de barras puede valer alrededor de 2.600 dólares.

R. I.: ¿Cómo se desarrolló el proceso con los pequeños negocios?

J. K.: El parámetro fue el nivel social. Las personas naturales, cuyas familias vivían de un pequeño negocio, se transformaron en empresas de régimen simple. En Brasil, el contribuyente va a la administración tributaria, declara el tipo de negocio, la facturación y se le determina un impuesto que se denomina presuntivo. En consecuencia, deberá pagar ese impuesto durante el año gravable. Esto lo establece la administración tributaria de cada uno de los 27 Estados de Brasil.

R. I.: ¿Qué inconvenientes ocasionó la implantación de la impresora con tarjeta fiscal electrónica?

J. K.: Como cada Estado reglamentaba el software y los mecanismos de protección para la impresora fiscal, llegó el día en que tuvieron que conversar todas las autoridades tributarias de los Estados, con el fin de unificar los requisitos. Ahora la ley fiscal es igual en cuanto a las características de la impresora y a la manera como se hacen los reportes a la administración tributaria. Todo está unificado. Eso facilitó las condiciones para los fabricantes, porque redujo los costos, pues si se fabrican piezas distintas para cada Estado, el costo aumenta. En Brasil, existen cinco fabricantes de impresoras fiscales.

R. I.: ¿Qué efectos ha tenido la aplicación de esa tecnología?

J. K.: En la mayoría de los Estados, los alimentos de la canasta básica están exentos. Y esto fue posible porque la recaudación subió después de implantar las impresoras fiscales. Cuando empezó el proyecto teníamos, en promedio, una tarifa nacional del ICMS del 18%. El alza en la recaudación posibilitó a los Estados ofrecer incentivos de interés social, pues a algunos les interesaba gravar menos ciertos rubros. Entonces, empezó a bajar la tarifa. Actualmente, hay Estados que tienen productos con ICMS del 7%, del 12% y otros con tarifa de cero.

R. I.: ¿Las tarifas del ICMS varían en cada Estado según la actividad económica de que se trate?

J. K.: Sí. Se puede producir un alimento, por ejemplo, gravado con el 18%. Pero si se trata de un alimento no tan elaborado industrialmente y que va directo a los grupos de ingresos más bajos de la población, puede estar gravado con una tarifa de cero.

R. I.: ¿La ley sobre la impresora con tarjeta electrónica fiscal tiene también alcance nacional en Brasil?

J. K.: No, porque el Gobierno Federal dejó ese tema en manos de los Estados, pues la gran recaudación del ICMS corresponde a estos. Pero por cada factura, se pueden pagar tres o cuatro impuestos en Brasil: el ICMS, el PIS (con destino a programas de integración social), la contribución para el financiamiento de la seguridad social (Cofins) y el impuesto sobre productos industrializados (IPI), que son federales. O sea que, al ser estos recaudados simultáneamente, el Gobierno Federal acabó por beneficiarse de la ley relativa a la impresora fiscal.

R. I.: ¿La información de cada impresora fiscal llega a la administración tributaria estatal y a la federal?

J. K.: Sí, y cada una fiscaliza lo que le corresponde. Cuando se unificó la ley fiscal, se homologó la manera de comunicar los datos. Eso ocurrió en el 2005.

R. I.: ¿Todos los establecimientos comerciales de Brasil tienen impresora con tarjeta fiscal?

J. K.: Sí. El proceso de implantación culminó en el 2007.

R. I.: ¿Hoy se sanciona a quien no la tenga?

J. K.: Sí, con multas y el cierre del establecimiento. Pero lo que pasó en Brasil fue que la ética general de los contribuyentes se elevó mucho, porque como no hay opción, se tienen que pagar los impuestos, no hay cómo evadir. Entonces, se pagan los tributos o se expone el inconformismo ante los representantes del poder legislativo, por la carga tributaria que sobrellevan los contribuyentes. Insisto en que la medida de la tarjeta electrónica en las impresoras de facturas elevó el nivel ético. En algunos Estados se subió la tributación en un 40% y en otros, al menos, en un 20%. Incluso, ahora, los Estados y el Gobierno Federal están muy interesados en legalizar a los vendedores ambulantes, para que no queden por fuera de las estadísticas. Si ellos están legalizados con un impuesto bajo, aparecen en las estadísticas y podrán ser incluidos socialmente.

R. I.: ¿Qué beneficios se pueden reconocer en el mundo por la instalación de impresoras fiscales?

J. K.: Todos los países que han implantado la tecnología subieron el nivel de recaudo tributario. Esta iniciativa empezó hace muchos años en Italia, donde la evasión era alta. Luego, esa primera ley mundial sobre tarjetas electrónicas fiscales comenzó a ser imitada. En América Latina, México fue el primer país que copió esa ley italiana. Enseguida, la aplicaron, simultáneamente, Brasil y Argentina. Existe una ley, un tanto distinta, en Chile, donde no se certifica la impresora fiscal y tampoco la solución integral tecnológica de un punto de venta. Allí se puede instalar la impresora fiscal o llevar los libros contables para fines tributarios. Sin embargo, muchos contribuyentes se están pasando a la impresora fiscal, porque es mucho más fácil de operar, mientras que los libros complican la vida.

R. I.: ¿Brasil ya alcanzó el máximo desarrollo de la impresora fiscal?

J. K.: Vamos para la etapa en que no se va a tener necesidad de la memoria en la tarjeta fiscal. La transmisión de la información de las ventas diarias va a ser mediante comunicación en tiempo real: se cierra la caja cada día, un chip de celular instalado en la impresora envía los datos de cierre de facturación a la administración tributaria y el establecimiento comercial recibe el mensaje electrónico de comprobación de la oficina central de recaudo.

R. I.: ¿Esa es la tecnología que van a traer a Colombia?

J. K.: No, porque la ley no lo ha determinado así. Como está por empezar la operación de esa innovación, se deben tener todas las protecciones. Aquí se van a dar los primeros pasos, se va a empezar a subir la escalera y esto debe hacerse peldaño a peldaño. Se va a operar con dos datos: en la memoria fiscal de la impresora, cuando se cierre el día de facturación, se grabarán los datos y luego se transmitirán a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN). Realmente, la transmisión se hará en dos momentos. La memoria simplemente es una especie de cupón, de comprobante electrónico de las operaciones diarias de facturación de un establecimiento comercial.

R. I.: ¿En Colombia, será posible la transmisión inalámbrica de los datos de facturación en tiempo real?

J. K.: Sí. Pero las tecnologías conocidas están cambiando mucho con el paso de los meses. Por eso, le sugerimos mantener el módulo de transmisión de datos con posibilidades de ser reemplazado, pues en dos años, por ejemplo, puede ser que no se fabrique un determinado chip. Claro que eso lo tendrá que analizar la autoridad tributaria con las empresas de telefonía móvil que proveen ese servicio de transmisión inalámbrica de datos, más que con nosotros.

R. I.: ¿En Brasil, ya se realiza la transmisión de datos tributarios de modo inalámbrico?

J. K.: Se ha desarrollado, pero no está reglamentada todavía. O sea que no es obligatoria. Hoy solo existe, de manera generalizada, la impresora fiscal, sin la comunicación para transmitir datos en tiempo real. Los establecimientos comerciales reportan mensualmente la información sobre la facturación a las administraciones tributarias. El registro en la memoria de la impresora fiscal es diario, pero el reporte a las autoridades es mensual. Este se puede realizar durante los tres días hábiles siguientes al cierre contable del mes y los impuestos se pagan en cada Estado, regularmente, a lo largo de los nueve días hábiles posteriores a ese cierre.

R. I.: ¿Qué beneficios tiene la tecnología para la administración tributaria colombiana?

J. K.: Con cierres contables y tributarios el día 30 ó 31 de un mes, la administración tributaria colombiana sabrá los primeros días del mes siguiente cuánto va a recaudar por aquel período.

R. I.: ¿Cómo se puede controlar que los establecimientos dejen de facturar, ocasionalmente, con la impresora fiscal?

J. K.: Después de la puesta en marcha de la ley de impresoras fiscales es muy difícil la evasión. Además de la promoción de una cultura ciudadana de pago de los impuestos mediante el empleo de esta tecnología, entre quienes no están acostumbrados a hacerlo. La entidad tiene un trabajo importante que hacer en ese aspecto.

R. I.: ¿Pero se puede evitar expedirle la factura a un cliente?

J. K.: Sería muy difícil, porque eso implicaría un riesgo, pues si la ley obliga a hacer la emisión automática de la factura, una vez que un cliente va a un establecimiento y no recibe la factura, él se va a extrañar. Puede que esa persona no sea un funcionario de fiscalización, pero podría serlo. En Brasil, en los últimos tiempos, no recuerdo haber comprado algo sin que me dieran la factura.