Las administraciones tributarias del mundo temen que los ingresos globales terminen en paraísos fiscales

Revista N° 159 Mayo-Jun. 2010

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Impuestos 

Alexandra Ochoa Vargas 

Coordinadora área tributaria legal EQUM Ltda. 

Debido al sensible incremento de las transacciones electrónicas en el planeta las administraciones de impuestos del mundo están preocupadas porque una creciente proporción de los ingresos de los contribuyentes termine en paraísos fiscales, como Bahamas, Islas Caimán o Mónaco, afirma Charles Gustafson, catedrático estadounidense en temas fiscales.

El experto participó en un encuentro internacional de derecho tributario, realizado en la Universidad del Rosario en Bogotá, y en entrevista con la REVISTA IMPUESTOS habló de planeación tributaria, de los contratos de estabilidad tributaria y de otros temas de actualidad.

REVISTA IMPUESTOS: ¿Qué efectos ha tenido en EE. UU. la crisis económica en lo concerniente a la planeación tributaria?

Charles Gustafson: Una de las formas más dramáticas en que la recesión afectó la planeación tributaria fue visible después de septiembre del 2009, cuando finalizó la crisis bancaria. Esto tiene que ver con la planeación sobre el ingreso, como era de esperarse. Pero en cuanto a la planeación sobre las pérdidas operacionales, dado que estas podían ser asumidas por las compañías que adquirían otras empresas, se generaron algunas limitaciones para reducir el incentivo que llevó a que una compañía comprara otra con pérdidas, a fin de usar estas para su beneficio y, por eso, hubo cierta flexibilidad por parte del Departamento del Tesoro. De hecho, esto fue muy criticado en algunas instancias, porque algunos observadores decían que el Departamento del Tesoro estaba permitiendo la adquisición de compañías para que sus pérdidas fueran utilizadas, especialmente por los bancos, en formas que iban contra el código tributario. Este es un ejemplo muy dramático sobre el efecto de la crisis en la planeación tributaria.

R. I.: ¿Qué otra incidencia puede señalar?

Ch. G.: Un segundo efecto fue el siguiente: cuando las pérdidas son constantes, algunas veces las compañías eligen este tipo de situaciones para implementar cambios estructurales, porque a menos que aquellos estén libres de impuestos para la organización, representan un costo importante. Pero si la compañía registra grandes pérdidas, hay algún alivio en los costos o quizás no se genere una gran responsabilidad fiscal. Estos son dos ejemplos muy claros sobre cómo tuvo impacto la recesión en la planeación tributaria de las empresas.

R. I.: Sin tener en cuenta la situación financiera actual, ¿cuál es el marco de referencia para la planeación tributaria de las empresas estadounidenses?

Ch. G.: Mayores ganancias y menores impuestos. Nunca he visto a una compañía que quiera una planeación tributaria que le genere mayores impuestos a futuro. Se mantienen los dos objetivos clásicos de la planeación tributaria: Evitar los impuestos y, si no se puede lograr, diferirlos, en especial si no se pagan intereses sobre tales impuestos diferidos.

R. I.: Si alguien está considerando la opción de invertir en otro país, ¿qué tan importante es la estabilidad jurídica para la planeación tributaria?

Ch. G.: Ese es un tema muy interesante. El Fondo Monetario Internacional, y creo que también el Banco Mundial, a lo largo de los años, han realizado estudios, al igual que otras organizaciones, con el propósito de enumerar las consideraciones que analizan las compañías al momento de decidir en dónde invertir. Curiosamente, los impuestos ocupan un lugar de menor importancia frente a la percepción de la estabilidad jurídica, las relaciones laborales, las comunicaciones, los medios de transporte y la estabilidad política. También, algunas veces, el tema de la corrupción en otro país es más importante, porque una empresa no quiere verse envuelta en una situación en donde tenga que pagar sobornos para proteger su inversión.

R. I.: ¿Por qué este aspecto resulta determinante?

Ch. G.: Desde hace bastante tiempo, las compañías de EE. UU. se han visto afectadas por una norma denominada Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, la cual impone sanciones tributarias y de otro tipo a las empresas que pagan sobornos en otros países. Además, la Organización de Estados Americanos también tiene un tratado anticorrupción. El propósito es que esto derive en una menor corrupción. Históricamente, el cometido ha sido que si un país toma medidas orientadas a reducir la corrupción, esto hará surgir oportunidades de inversión para más empresas en otros países.

R. I.: ¿Resulta interesante para un inversionista estadounidense la posibilidad de firmar un acuerdo de estabilidad tributaria en Colombia?

Ch. G.: Cualquier posibilidad de reducir la carga tributaria es interesante para un inversionista, no importa cómo se haga. La extensión del beneficio depende de otras circunstancias que él afronta a través del tiempo. Cuando asesoraba a los países en desarrollo y algunos proyectos de las Naciones Unidas y del Banco Mundial, siempre insistía en que se debía conocer lo mejor posible la situación de las empresas con las que se iba a negociar, porque, de lo contrario, se podrían ceder impuestos que no fueran un verdadero incentivo. Por ejemplo, una empresa norteamericana con exceso de crédito fiscal, lo cual significa que está pagando impuestos en el extranjero más altos de lo que le es permitido deducir por este concepto, puede querer un incentivo tributario, porque tiene la posibilidad de tomar los impuestos ya pagados en algún otro país y reducir, en un país como Colombia, los impuestos que paga en EE. UU.

R. I.: Una compañía estadounidense que no ha suscrito un contrato de estabilidad jurídica en Colombia, frente a otra que sí lo ha firmado, ¿podría invocar la cláusula de no discriminación establecida en un eventual CDI entre EE. UU. y Colombia?

Ch. G.: No. Las estipulaciones sobre no discriminación fueron diseñadas principalmente para que los inversionistas estadounidenses no fuesen discriminados si se les comparaba con inversionistas colombianos.

R. I.: ¿Qué opina de la decisión de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de recortar la lista de paraísos fiscales?

Ch. G.: La iniciativa de la OCDE está generando efectos muy positivos y es necesario que sea permanente: Se destaca la cantidad de gobiernos que están tomando medidas para salir de la lista de paraísos fiscales. Esto se debe ver como un éxito. Al haber generado una respuesta de esa naturaleza, tal vez surja otra forma de abordar el problema. No me considero muy optimista en algo como esto, porque los tiempos cambian y los problemas del 2003, no son los mismos del 2009. No creo que porque esa medida esté funcionando, sea la respuesta definitiva al problema de los paraísos fiscales.

R. I.: Entonces, ¿cuál sería la solución a ese problema?

Ch. G.: No existe una única respuesta. Los problemas se van a volver más difíciles, porque las administraciones de impuestos alrededor del mundo que tienen verdaderos sistemas tributarios están muy preocupadas por el impacto de las transacciones electrónicas. Su temor es que todos los ingresos mundiales terminen en las Bahamas, en las Islas Caimán o en Mónaco, porque con solo oprimir un botón, se pueden trasladar los activos a un paraíso fiscal. Por lo tanto, hay mucha cooperación, porque las administraciones de impuestos del mundo tienen un interés común, a menos que se esté en representación de un paraíso fiscal. Pero creo que se va a dar una mayor cooperación en esta materia. El relativo éxito que ha tenido EE. UU. en el caso del banco UBS en Suiza (en el que un empleado de esta entidad ayudó a un millonario estadounidense a evadir impuestos ante el fisco de EE. UU.) va a ser como un prototipo para examinar hechos como este en otras situaciones.

R. I.: ¿Cómo pueden lidiar el problema de los paraísos fiscales las administraciones de impuestos de los países en desarrollo?

Ch. G.: Se debe recordar que el objetivo no es el banco, sino el contribuyente. La importancia del banco radica en que puede ser un cómplice, como al parecer ocurrió en el caso del UBS, respecto de la evasión de impuestos, o cuando menos puede tener información que el gobierno tiene derecho a solicitar bajo los tratados internacionales, si el banco opera en Colombia, a menos que este país haya firmado un tratado en el que se establece que no se solicitará ese tipo de información. Colombia tiene un derecho absoluto, amparada en su propia ley, de obtener información.

R. I.: ¿Qué implicaciones tiene ser un país que se menciona en el listado de paraísos fiscales de la OCDE?

Ch. G.: El hecho de aparecer en la lista de paraísos fiscales no cambia nada, excepto que los gobiernos que figuran en aquella detestan ser consideradas como tales y que los señalen como malos, y es por eso, que han tomado medidas para salir de la lista, no porque alguien les vaya a invadir su país, si permanecen en esta. Hasta donde sé, no se han discutido sanciones económicas o similares, porque, a veces, las consecuencias funcionan como una presión sutil, como el caso de la cultura ciudadana en el gobierno del alcalde Antanas Mockus en Bogotá hace algunos años.

R. I.: ¿Cuál sería el límite entre la elusión, la planeación tributaria y la evasión?

Ch. G.: En EE. UU. la planeación tributaria es una práctica común. La elusión es un objetivo de la planeación tributaria. La evasión de impuestos es un crimen. Algunas veces, la planeación tributaria no funciona, porque el plan es muy agresivo y puede ocurrir que el contribuyente no vaya a la cárcel, pero pierde el caso. Los planeadores tributarios han sido muy exitosos, por lo que el Congreso de EE. UU. ha adoptado mecanismos de defensa como la subsección F (regla del código tributario estadounidense según la cual una sociedad norteamericana debe pagar impuestos sobre los ingresos de sus subsidiarias en el extranjero). Las cortes desarrollan argumentos de fondo sobre la forma. Respecto a la evasión tributaria, se va a la cárcel por incurrir en esta, constituye un delito tipificado, y si no se declaran los ingresos, eso es evasión y no planeación tributaria.

R. I.: ¿Cuál sería su recomendación para los negociadores colombianos del tratado de doble imposición con EE. UU.?

Ch. G.: Que todo depende de la ley colombiana en cuanto a cuáles sociedades son tenidas como contribuyentes domésticos del impuesto sobre la renta. Asumo que Colombia, al igual que otros países, distingue entre los contribuyentes nacionales y los extranjeros, por lo que diferencia entre una sociedad contribuyente nacional y una empresa contribuyente extranjera.

R. I.: ¿Qué opina de las sanciones penales por faltas tributarias?

Ch. G.: Esa es una parte muy importante de la tributación. Las leyes fiscales pueden ser conocidas, pero comprender las consecuencias depende de cómo administre la ley el gobierno. Los administradores de impuestos alrededor del mundo, hablando en forma general, están de acuerdo en que el mecanismo más exitoso para recaudar impuestos depende de un fenómeno que se conoce como el cumplimiento voluntario. Se dice que históricamente, en EE. UU., el nivel de cumplimiento voluntario se da porque la gente cree que el sistema es justo y porque el vecino paga sus impuestos, entonces hay una tendencia a pagarlos. Ningún gobierno tiene los recursos suficientes para golpear en la puerta de cada ciudadano y preguntarle sobre su impuesto a cargo, por lo que las sanciones civiles y penales respaldan el cumplimiento voluntario. Esto ayuda a generar la sensación de justicia.