“Las auditorías contables tienen que comprender que el lavado de activos está evolucionando”

Revista Nº 136 Jul.-Ago. 2006

Nada bueno puede esperarse de controles internos y externos que se vuelvan rutinarios  

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Impuestos 

El principal pecado en que pueden incurrir los auditores de los estados contables y financieros es que los controles se vuelvan rutinarios y caigan en la peligrosa actitud de verificar mediante una lista de chequeo el cumplimiento de las normas que pretenden evitar el lavado de activos y otras anomalías. Así lo asegura el ex fiscal general de la Nación Alfonso Valdivieso, en entrevista con la REVISTA IMPUESTOS.

Valdivieso pide a los directivos de las compañías que asuman mayor compromiso para reducir el riesgo de verse involucrados por desconocimiento de la normativa en procesos judiciales por lavado de activos e, incluso, por terrorismo.

Revista impuestos: ¿Cuáles fueron los avances en materia de lavado de activos durante su gestión al frente de la Fiscalía General de la Nación?

Alfonso Valdivieso: La contribución más importante fue crear conciencia, especialmente en el sector financiero, sobre la necesidad de establecer estatutos que regularan la materia. La fiscalía generó esa inquietud y tengo la satisfacción de que Colombia es pionera en ese campo. Estuvimos dedicados a crear las unidades respectivas y a asignarles funcionarios calificados. Eso ha permitido tener continuidad en el seguimiento del tema.

R. I.: ¿Qué importancia tuvo la creación de la Unidad de Lavado de Activos?

A. V.: Sin lugar a dudas, esa unidad ha ayudado a profundizar en el problema y a perseguir ese delito. Allí, se han formado muchas personas que hoy están en diferentes entidades del Estado y también en empresas particulares trabajando en ese campo.

R. I.: ¿El lavado de activos persiste como un problema serio?

A. V.: Estoy seguro de que es mas urgente enfrentar este asunto en este momento, porque se ha generalizado como práctica y ha venido colonizando un número creciente de actividades: ya no se puede hablar solamente del sector financiero, sino del sector productivo y de muchas actividades de la vida diaria. Ahora está vinculado al tráfico de armas, inclusive al tráfico de seres humanos y, sobre todo, con el terrorismo. Es un problema importante, más que hace 15 años.

R. I.: Durante su paso por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ¿qué avances hubo en esta materia?

A. V.: El haber presidido el comité de sanciones contra los Talibán, en Afganistán, y contra Osama Bin Laden me puso en contacto con las situaciones más ligadas al lavado de activos que se puedan conocer y, especialmente, relacionadas con el terrorismo. Con posterioridad a los sucesos del 11 de septiembre del 2001, también se aprobó uno de los estatutos más severos para perseguir y castigar la utilización de los dineros de origen ilícito con fines terroristas. Estuve participando como vicepresidente en el Comité contra el Terrorismo y, al mismo tiempo, tuve la oportunidad de asistir a las sesiones donde los países presentaban informes sobre cómo se estaba aplicando la resolución de la ONU contra el terrorismo. Allí aparecieron las debilidades de la comunidad internacional frente a la lucha contra el lavado de activos.

R. I.: ¿Enfrentar el blanqueo de dinero requiere instrumentos adicionales a los de naturaleza penal?

A. V.: Buena parte de lo que pudo haber sido la distorsión en esos terrenos es pensar que tales fenómenos se combaten con normas. Estoy convencido de que estas son un aspecto de la estrategia para enfrentar ese delito. Todo lo relacionado con el establecimiento de prácticas transparentes en el manejo de las decisiones de gobierno y de las actuaciones empresariales es de importancia similar a las leyes. Debemos modificar la tendencia a pensar que la acción al margen de la ley es la que produce mayores ganancias. Actuar de manera correcta es lo que debe significarnos mejores beneficios a todos los integrantes de una sociedad.

R. I.: ¿Se mantiene vigente en la sociedad el afán del dinero fácil?

A. V.: Sí, y estas prácticas son derivadas no solo del narcotráfico, sino de todo tipo de delitos. Por ejemplo, aquellos contra la administración pública. Cuántas personas que se han lucrado ilícitamente a costa del erario han logrado camuflar esos ingresos y legalizarlos. Eso ha sucedido, porque no hemos implantado estrategias preventivas y medidas para detectar esos recursos y, en consecuencia, tomar acciones contra las personas que los obtuvieron al margen de la ley.

R. I.: ¿Qué tan eficaces son las auditorías a las contabilidades de las empresas para controlar el lavado de activos?

A. V.: Tienden a volverse muy rutinarias, formalistas, manejadas a través de listados de chequeo que se van evacuando, muchas veces, con simples afirmaciones de la administración de la compañía. Hay otras exigencias, una persona que penetre a fondo en el tema y que cumpla funciones de auditoría paralelamente debe comprender que las prácticas del lavado están evolucionando.

R. I.: ¿Qué impacto tiene esa constante evolución delictiva?

A. V.: Los lavadores siguen adelantando ciertas conductas que saben que son detectadas, porque eso les permite a las auditorías y a las autoridades considerar que están produciendo resultados, pero el grueso de su acción del lavado lo van realizando con prácticas novedosas que tiempo después aparecen detectadas. En esos espacios y, especialmente, en las etapas de transición entre la implantación de una nueva práctica delictiva y la acción institucional es donde se genera la mayor proporción del lavado.

R. I.: ¿Cómo actuar?

A. V.: Sería muy importante ser mucho más exigentes, porque sabemos que la delincuencia no se ha detenido. La actividad y la creatividad del delincuente obligan a una actitud mucho más creativa por parte de los esquemas de auditoría, sin que eso signifique un cuestionamiento a lo que vienen adelantando. Pero se puede y se debe hacer mucho más; eso lo tiene que entender y practicar la alta gerencia.

R. I.: ¿Esas debilidades se evidencian en las auditorías externas e internas?

A. V.: Eso es lo que se aprecia casi en todos los controles. Se llama mucho la atención sobre el lavado, cuando hay despliegues acerca del delito y, por ejemplo, aparece una lista Clinton. No obstante, esos mismos controles ceden con el paso del tiempo. Ahí es donde nosotros tenemos que ser mucho más exigentes, tanto en las acciones internas de cada empresa como en las auditorías externas. Son esquemas que exigen renovación en sus procedimientos. Nada bueno puede esperarse de controles internos y externos que se vuelvan rutinarios.

R. I.: ¿Cómo se lograría ese mayor empeño con las auditorías?

A. V.: Es muy importante, especialmente para una situación como la de Colombia, crear más conciencia alrededor de la importancia del tema. Si esa conciencia existe, adquieren mucho más estatus en una empresa los sistemas internos de control y más justificación, las visiones que se tengan desde fuera acerca de cómo funcionan esos controles internamente.

R. I.: ¿De qué manera se deben comprometer a los auditores con esa iniciativa?

A. V.: A las personas y a las organizaciones que prestan los servicios de auditoría habría que recomendarles que no se burocraticen, que no se confíen en el nombre, en la trayectoria que tienen, porque esta no basta, sino que entiendan que están frente a retos y desafíos que cada día los obligan a tener mayores cuidados. A los organismos de control del Estado y a las entidades encargadas del cumplimiento de las normas se les recomienda no llenarse de estadísticas, sino ser más ágiles, efectivas y agresivas para que se vea un control más exigente.

R. I.: ¿Cuál es el papel de los directivos empresariales?

A. V.: El esfuerzo tiene que crear conciencia en todos los niveles de la empresa. Pero el más alto nivel de las organizaciones debe ser el más consciente de los riesgos. Eso nos lleva a otro tema, y es estar lejos de pensar que los riesgos únicamente se hallan en el sector bancario. El llamado exige alcance general. Cuando hay una conciencia plena de los riesgos, es cuando una empresa comienza a pensar. Si deja que estas prácticas se generalicen, puede incurrir en una responsabilidad que implique sanciones que, inclusive, podrían provenir de autoridades diferentes a las colombianas y crear condiciones para la extinción de dominio.

R. I.: ¿Es posible atribuir a las empresas responsabilidades por terrorismo?

A. V.: Pueden crearse condiciones para que se relacione una actividad productiva con el apoyo al terrorismo, cuando esta les facilita a personas que no tienen una relación o justificación directa con las actividades económicas de una empresa la adquisición de ciertos elementos que van a parar a manos de los terroristas.

R. I.: ¿Los empresarios ignoran las sanciones a que se exponen por lavado y terrorismo?

A. V.: Estoy seguro. Si una empresa no toma las medidas oportunas, se puede ver involucrada en un proceso de extinción de dominio y los directivos de la firma podrían ser investigados por complicidad con algún acto delictivo. Hay que estar alerta, porque estamos en un mundo en el que la “multinacional del crimen” ha ganado fuerza, proyección y penetración.

R. I.: ¿Qué piensa del “oficial de cumplimiento” como figura legal para controlar el lavado de activos?

A. V.: Tiene unas responsabilidades muy precisas. Me parece que la alta gerencia debería ser más consciente de que no se tenga simplemente para cumplir un requisito. Muchas veces, son funcionarios relegados a quienes no se les conoce su función precisa, porque no se les da ese estatus. Como en todas estas innovaciones, lo importante es que la empresa, consciente de que efectúa una erogación adicional, la vuelva un gasto productivo, lo que se podría conseguir con un “oficial de cumplimiento” con mayor reconocimiento en el seno de la organización.

R. I.: ¿Qué piensa de la auditoría forense?

A. V.: Es un campo novedoso y debe ser muy útil para auxiliar a la justicia a lograr su cometido: concluir una investigación y, rápidamente, avanzar hacia las responsabilidades en las etapas de juzgamiento. Es un campo en el que seguramente hay que hacer más para que tenga pleno desarrollo.

R. I.: ¿Qué importancia tuvo la investigación contable y financiera cuando dirigió la Fiscalía General de la Nación?

A. V.: El análisis financiero fue muy utilizado. Sin este, el país no se habría beneficiado de detectar, por ejemplo, la penetración del tráfico de estupefacientes en muchos sectores de la vida nacional. Eso se logró a través de dictámenes que permitieron seguirles la pista a recursos que terminaron siendo de empresas de fachada que circulaban por el sector financiero para seguir corrompiendo a la gente.

R. I.: ¿Hay coordinación entre las instituciones estatales que combaten el lavado?

A. V.: Es un esfuerzo que se está haciendo y hay que seguirlo perfeccionando, porque se duplican muchos esfuerzos. Las instituciones están muy dispersas, pero creo que la misma Unidad de Información y Análisis Financiero del Ministerio de Hacienda ha logrado, con un trabajo eficaz y discreto, crear la disposición de las entidades de compartir la información y de trabajar todos para el mismo propósito. Se trata de mejorar la capacidad para adelantar una estrategia envolvente, una especie de ‘Muisca’ contra la delincuencia organizada.

R. I.: ¿El tema del lavado rebasa el ámbito de la economía formal?

A. V.: Ahí tenemos el tema de la guerrilla y del paramilitarismo, que debería preocuparnos en términos del lavado de activos. ¿Dónde están esos recursos financieros que manejan?, ¿en qué empresas están?, ¿en qué acciones del mercado bursátil?, ¿qué bienes en el territorio nacional están en manos de aparentes propietarios? Ese es un inmenso campo para indagar.