Los beneficios tributarios como política de Estado

Revista Nº 116 Mar.-Abr. 2003

Ante situaciones no iguales se puede justificar un trato diferencial 

Natacha Mariú Alvear A. 

Especial para la revista impuestos 

Las exenciones y los beneficios se han convertido en las herramientas idóneas para que los Estados logren sus propósitos. En opinión de Francesco Fichera profesor de derecho tributario del Istituto Universitario Suor Orsola Benincasa di Napoli, el beneficio fiscal por sí mismo, está basado en el trato diferencial a los contribuyentes, pero ese tratamiento está justificado por la particularidad de cada caso.

La Revista Impuestos conversó con Francesco en el marco de las XXVIIJornadas de derecho tributario, celebradas por el Instituto Colombiano de Derecho Tributario en Cartagena, en el pasado mes de febrero.

Revista Impuestos: ¿Ha evolucionado el concepto de los beneficios fiscales? 

Francesco Fichera: No ha cambiado mucho desde mediados del siglo pasado, con la adopción de los sistemas llamados Estados sociales, es decir, Estados que intervienen en la economía en mayor o menor medida. Es lo que ustedes llaman Estado social de derecho.

Como consecuencia de esto, se han producido más cargas fiscales porque el Estado aumenta sus tareas y, por ende, tiene necesidad de mayores recursos financieros para sostener el gasto público. Como efecto, la presión fiscal aumenta y, entonces, los Estados utilizan el instrumento tributario incluso para fines no precisamente fiscales.

En efecto, las contribuciones fiscales tienen cada vez más finalidades, por ejemplo, favorecen a la familia, sostienen la educación, el desarrollo económico, favorecen ciertas regiones, etc. Y, como el Estado asume todas estas tareas, utiliza también el instrumento tributario en el cual incluye, como política, la previsión de exenciones y beneficios como herramientas que contribuyen al logro de tales propósitos.

R.I.: ¿Qué se debe hacer para que el beneficio tributario sea más justo y no vaya a crear discriminaciones entre grupos económicos? 

F.F.: El beneficio fiscal está basado en un tratamiento diferencial y crea diferencias, pero muchas veces las situaciones no son iguales y, por lo tanto, puede ser justificado un trato diferenciado. Aquí el beneficio encuentra la justificación no en el sentido formal del principio de igualdad, sino en su sentido material, es decir, tratando en forma similar las situaciones iguales y en forma diferente las situaciones distintas. Incluso la desigualdad de trato se encuentra prevista en el régimen jurídico italiano, porque, según la constitución italiana, es tarea del Estado eliminar los obstáculos que se interponen al desarrollo de la personalidad o al desarrollo económico y social. Por lo tanto, en relación con nuestro argumento inicial, incluso el gasto público muchas veces es diferenciado.

R.I.: ¿Es diferente una subvención de un beneficio tributario? 

F.F.: En algunas circunstancias son similares, en otras, son diferentes. En la práctica, los dos son instrumentos para lograr los mismos objetivos. La subvención es un instrumento de ayuda, pero muchas veces está sujeto a un procedimiento, es decir, que se tiene derecho a ella si se respetan ciertas reglas. En cambio, el sistema fiscal de los beneficios es más directo, es automático. Obviamente, el beneficio fiscal es una norma tributaria y, por lo tanto, está sujeto a las reglas del sistema de tributación, mientras que la subvención implica un proceso adicional. Ambos hacen parte de la temática de la tributación, aunque, en su aplicación, la técnica es diversa.

Por el contrario, los sistemas de las tax venture americanas son subvenciones enmascaradas. En efecto, se considera adecuado sustituir los beneficios fiscales con subvenciones, porque ellos creen que así pueden saber cuánto gastan al tomar estas medidas. Es, por tanto, una táctica para poder cuantificar.

R.I.: ¿Es mejor crear minoraciones técnicas al impuesto a la renta o beneficios tributarios? 

F.F.: Las minoraciones técnicas no son beneficios. Se trata de sustracciones, no de adiciones. Con el signo más están los recargos, con el signo menos, los costos y, entre estos costos, están las amortizaciones.

Estas hacen parte del signo menos que se integra dentro del tratamiento ordinario. En el caso italiano, por ejemplo, si hay un sector donde el ciclo de producción es de cinco años, tendrá una amortización del 20% durante ese tiempo.

El beneficio, en cambio, significa deducciones mayores que las amortizaciones, no porque se grave de más, sino para favorecer la inversión.

Entonces, si bien son siempre signos menos, en un caso hacen parte del tratamiento ordinario y, en el otro, se trata de un beneficio.

R.I.: ¿Se han creado nuevos sistemas de beneficio? 

F.F.: No hay grandes novedades. Quizás en el plano internacional sí, por el hecho de que existe una libre circulación de las personas, de capitales y de factores productivos en el mundo, lo que hace que muchos países preparen medidas especiales para atraer la inversión.

Sin embargo, hay mucha preocupación sobre este tema, porque estas medidas pueden incidir en la planeación fiscal de las empresas, así como en los costos y hasta en los precios. En el caso de la Unión Europea, están prohibidas, las medidas que favorecen a la compañía que exporta, puesto que esta va a quedar en condiciones de ventaja en el mercado exterior, con lo cual se alteran las reglas de la competencia.

R.I.: Hay una tendencia mundial de creación de tributos aparentemente extrafiscales, entre los cuales se encuentran los impuestos ambientales. ¿Cómo se puede evitar que ese fenómeno se replique en América Latina? 

F.F.: No se puede hablar de tributos extrafiscales, porque el fenómeno tributario está hecho de fiscalidad y de extrafiscalidad. Incluso, cuando hay más fiscalidad se presenta más extrafiscalidad.

Nosotros gravamos fuertemente a quien ejerce actividades que son contaminantes para desincentivarlo de realizar tal actividad. Esto podría ser inconstitucional porque viola el principio de la libre iniciativa, del ejercicio de la actividad de empresa y se trata, por lo tanto, de una tasación denominada expropiativa. Los alemanes también la conocen, pero está prohibida por cuanto va en contra de los principios de la tasación, porque se considera que el propósito de la tributación no es destruir la economía privada del ciudadano, sino que, muy delicadamente, se deben tocar sus ingresos y, al mismo tiempo, permitirles tener con qué vivir. De lo contrario, se contrariarían los principios de la fiscalidad al destruir la economía, entre otras razones, porque la fiscalidad necesita de una economía sana, lo cual, además, está garantizado por las constituciones de los Estados.

R.I.: ¿Cómo afectan las tasas fijas y altas una actividad? 

F.F.: La tasa fija tiene el propósito de impedir el inicio de la actividad, pero, en el fondo, no es lo mismo que una tasa alta, pues en este caso nos encontramos frente a las penalizaciones, que son un fenómeno opuesto al de los beneficios fiscales. Aquí se usa el instrumento fiscal para desincentivar y, por lo tanto, hago pagar al contaminador más de lo previsto como norma general, lo que significa un incremento elevado de la tarifa y, en la práctica, una penalización fiscal.